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miércoles, 3 de noviembre de 2010

El brillo de una trompeta y su maestro


PARA RECORDAR A GERMÁN CORDERO
Y LOS AÑOS DE TODA LA MÚSICA
Alberto Hernández

**Hace algunos años, se despidió de todos sus amigos un ser humano cuya trayectoria vital marcó a Villa de Cura y su gente.
** Hoy lo recordamos en el sonido tutelar de un instrumento, los saltos del corazón y unas ganas de seguir soñando lo convirtieron en continuador de una herencia: seguir tocando desde la eternidad.

En los sueños de Germán Cordero siempre hay música. El brillo de la trompeta y su sonido lo conducen a una gran orquesta donde los niños hacen el coro.
Una calle de Villa de Cura lo ve pasar. En su bolsa lleva el cargamento de lujo. A paso lento se hace casa con el calor de los Niños Cantores de su pueblo, donde labora al lado del padre Salvador Rodrigo. Por una ventana el asomo del día, mientras los agudos pasan rozando siluetas y sombras que el sol proyecta contra la pared de la escuela de música.
Una historia singular
-En 1940 quise fundar una escuela de música para niños, pero no encontré la fuerza, el apoyo que me empujara a realizar este sueño. Eso me creó una gran desilusión, pero no me amilané. Tenía casi 16 años. Ya en el 38 me había iniciado como trompetista, bajo la tutela de mi maestro de letras y música, don Víctor Ángel Hernández, violinista, hijo de don Rafael Hernández León. En Cagua hay una escuela que lleva su nombre. Ese aprendizaje me impulsó a viajar a Caracas, Valencia, Maracay, pero regreso en 1941, cuando tomo la dirección de la Orquesta Junín de Santa Cruz de Aragua, y a la vez era trompeta de la Orquesta de Cagua.
La historia no tendría sentido si no reconociéramos el humor y la alegría de este hombre que continúa contando sus sueños, enseñando lo que registra su manera de afrontar la vida.
-Más tarde, ingreso a la banda Marcial de Aragua. Por esos años fundo la Orquesta Casino del Trópico. Es la primera que fundo.
(Mientras el ritmo tropical venezolano habitaba los oídos de Cordero, el mundo se agitaba con Pérez Prado y su “Mambo Jambo, Patricia, Cherry Pink and Apple”, movimiento que hacía escozor en los pies y corroboraba la calidad musical de América. Cordero recogía variaciones y estilos que fueron alimentando su rigor a la hora de interpretar. No es extraño, de pronto, verlo con su trompeta paseando el jazz. Benny Goodman, Duke Elliington, Glenn Miller o los reflejos de Les Brown. Esta reminiscencia viene a tino mientras vaciamos unos tragos en la acogedora y cordial morada de este profesor que se siente a sus anchas en el tiempo vivido y sonado).
Ahí vamos
-en 1942 fui trompetista con Simón Díaz en San Juan de los Morros, pero desapareció la orquesta y tuve que encargarme de su rehabilitación en 1962 cuando nace la Orquesta Siboney. Toda esta historia, rodeada de saltos y trompicones, es para decirte que la música ha sido mi pasión, un remanso. Ah, claro, es por eso que ingreso a trabajar como profesor en algunas escuelas como la Simón Rodríguez, Teresa Carreño, Leopoldo Tosta y Padre Jiménez, por allá por el año 1960. Y luego me conceden el honor de ser docente del Liceo Alberto Smith. Trabajé durante 27 años en la Penitenciaría General de Venezuela como profesor, y con el padre Salvador Rodrigo tengo 12 años laborando con los Niños Cantores de Villa de Cura. De manera que viendo un poco hacia atrás se puede seguir contando.
(la tertulia se empata con la llegada del padre Salvador Rodrigo. Idas y venidas en el tiempo enriquecen la conversación. La música tropical, un poco de jazz y el trabajo de este sacerdote que hace milagros en su local de Carrizalito, donde los Niños Cantores han revelado la magia de sus voces).
Dos infartos, tres hemiplejías
-Yo tengo un problema matemático que suma cinco: dos infartos y tres hemiplejías forman parte de mi currículum. Sin embargo, después de esos cinco percances, ingreso a la Banda del estado Guárico en 1955 como primera trompeta. Hasta 1975, cuando me encargué de la dirección. Logré elevarla a Banda de Concierto.
Trabajé como director de esa agrupación hasta 1993 cuando me jubilan. Fíjate, saltando en el tiempo como venimos, gracias al trabajo con las escuelas primarias, en un acto realizado en la Simón Bolívar, el profesor Barrios me ayudó a ingresar al Alberto Smith. Claro, aparecieron las mezquindades, pero ese es un tema que debe preocuparle a los mezquinos, no a mí. Por algo jugué al sitio donde al fin me quedé, en el liceo.
Sin abandonar todo el trabajo, año a año, durante 57, el profesor Germán Cordero le ha tocado al santo Sepulcro en su procesión, récord jamás superado. Una gran cantidad de músicos pueden dar fe de esta afirmación.
-Y si del lado sagrado se trata, trabajo hermoso. Pero también, ya por el mundano, soy el creador de la letra y música del insigne y digno El cotejo mocho, invento maravilloso de nuestro amigo el poeta José Manuel Morgado.
En algún lugar del corazón del profesor Germán Cordero dejamos la trompeta y el brillo de sus sonidos. Mientras tanto, en Villa de Cura, un solo canto: seguir tocando hasta que el cuerpo aguante.
(Un mal día para todos, el profesor Cordero tomó sus bártulos y se marchó a organizar la Gran Orquesta Celestial, razón por la cual por la tardes en La Villa se oye un trompeta que rompe las distancias).

2 comentarios:

franklin dijo...

Excelente Musico Compositor

alfredo gonzalez dijo...

Este ilustre señor fue alumno de mi bisabuelo Don Victor, todavia recordamos en casa de mi abuela aquellos ratos donde el Sr. Cordero alegraba el momento con su musica