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domingo, 11 de febrero de 2007

LO POLÉMICO DEL CESARISMO DEMOCRÁTICO

Jeroh Juan Montilla
CONTENIDO
¿Héroes, hombres representativos o gendarmes necesario?
El cesarismo
Lo polémico del cesarismo democrático
Apreciaciones finales
Bibliografía
¿HEROES, HOMBRES REPRESENTATIVOS O GENDARMES NECESARIOS?
Paradójicamente el discurso histórico tiene su espacialidad. Zonas retóricas para el encuentro y el desencuentro temático. Recintos donde el habla histórica rompe su continuidad semántica dándole cabida a términos emigrados de la geografía. Michel Foucault (1979) las llama metáforas geográficas. Palabras como territorio, campo, desplazamiento, dominio, suelo, región y horizonte son nociones que han trasladado disciplinalmente sus raíces de lo geográfico hacia lo histórico. Su uso en la dimensión temporal de lo histórico abre novedosas perspectivas al momento de observar y analizar el acontecer del hombre. No es extraño que Fernand Braudel se obsesione por lo estructural cuando aplica la noción de tiempo largo a una etapa histórica del mundo del Mediterráneo. Véase como el discurso estructuralista entre historiadores abunda en nociones geográficas. Ahora bien, siendo consecuentes con este espíritu metafórico, puede reiterarse que lo temático constituye un espacio para establecer encuentros y desencuentros historiográficos. La historiografía viene a ser entonces una hidra de innumerables cabezas temáticas, donde los acuerdos y desacuerdos se despliegan sobre una diversidad interpretativa.
En el agosto de 1833 se produce un encuentro amistoso entre un historiador inglés, Thomas Carlyle, y un filósofo norteamericano, Ralph Waldo Emerson. Este encuentro de la sencilla ritualidad de lo amistoso trasciende a la fraternidad en lo temático. Carlyle, influido por el idealismo y el romanticismo alemán publica en 1841 el ensayo histórico Sobre los héroes. Emerson, filósofo trascendentalista, publica en 1850 su ensayo Hombres representativos. Para el primero la llamada historia universal es en el fondo el hacer de los grandes hombres, los llama los forjadores y los moldes, en fin la historia, para él, es la biografía de los grandes hombres. Estos son los héroes, figuras caracterizadas por un sentido trascendente de divinidad, profecía, poesía, sacerdocio, creatividad y mando. Semidioses para el culto permanente de los pueblos. Emerson presenta en su ensayo otra especie afín, los hombres representativos o ejemplares. Aquí se destacan también seis características, ejemplificadas en el filósofo, el místico, el escéptico, el poeta, el mundano y el escritor. Todos representan las posibilidades que en potencia tiene cada ser humano. En Carlyle los modelos son Odín, Mahoma, Dante, Shakespeare, Lutero, Ben Jhonson, Rousseau, Burns, Cromwell y Napoleón. En Emerson se destacan las figuras de Platón, Swedenborg, Montaigne, Shakespeare, Napoleón y Goethe. Según Jorge Luís Borges (1978), refiriéndose a Emerson dice: “El plan de la serie es idéntico al de la serie de Carlyle. Yo sospecho que Emerson cultivó el parecido formal para que resaltaran con plenitud las diferencias esenciales” (Págs. XII y XIII) Estas diferencias, hurgando el fondo de los textos, no resultan a fin de cuentas antagónicas sino más bien cómplices, o en un mejor término, complementarias. Es evidente entonces como estos dos intelectuales del siglo XIX se encuentran en la región de lo histórico con matices del monismo platónico, lo uno recoge lo esencial, las ideas y las sombras en el famoso mito de la caverna. Sobre esa multiplicidad de seres sensibles, que son los pueblos o las circunstanciales muchedumbres, se proyecta inevitablemente la figura ideal del héroe u hombre representativo. Este es un sino indeclinable o inevitable, necesario en la contingencia histórica.
Dentro del ámbito de la historia republicana venezolana sería interesante plantearse la siguiente interrogante: ¿Hasta donde nuestros más connotados y férreos historiadores, partidarios del positivismo no siguen reproduciendo, a su manera, esta tesis histórica de héroes u hombres representativos? Ya no con los ribetes emotivos del discurso romántico sino matizados ahora bajo la funcionalidad metodológica de lo científico. Cerrando más el círculo cabría preguntarse lo mismo frente al tema del cesarismo democrático, planteamiento realizado en las primeras décadas del siglo XX por el historiador positivista Laureano Vallenilla Lanz. Este historiador, desde 1905 hasta su edición completa en1919, publica un polémico ensayo historiográfico titulado Cesarismo Democrático, donde, después de un análisis de la violencia política, social y militar de la Guerra de la Independencia y su continuidad en el transcurso del resto del siglo XIX, concluye en la tesis de que solo la figura de un gendarme o caudillo necesario resolvería esta situación de inestabilidad en función de una paz verdadera.
Ya que al principio se precisó a los temas historiográficos como regiones para el encuentro y el desencuentro el presente ensayo tiene la intención de desplegarse, hasta donde sea posible, dentro del tema del cesarismo democrático, como espacio donde se convocó, y todavía se sigue convocando, una serie de posiciones disímiles o semejantes. Auscultar, a través de la polémica desatada, hasta donde el discurso positivista de Laureano Vallenilla Lanz no sigue reproduciendo de fondo las tradicionales obsesiones de la historiografía romántica venezolana.
EL CESARISMO
En una de sus defensas Laureano Vallenilla Lanz (1983) escribe que el propósito que inspira su libro Cesarismo democrático es “contribuir a la elaboración de un sentimiento nacional” (Pág. 335). Es un libro dirigido hacia las nuevas generaciones, tiene la esperanza de que estas sepan que solo se puede fundar un derecho político es solo sobre “hechos sociales e históricos indiscutibles” (Pág. 335). El sistema de gobierno que impere será el reflejo de la idiosincrasia y nivel cultural del pueblo. Las leyes no se crean en función de darle solución a las necesidades, de facilitar el camino al progreso, sino al contrario, primero se alcanzan las bases de la prosperidad y después se elabora la legalidad. El derecho efectivo precede al derecho escrito.
¿De donde emerge la tesis del Cesarismo democrático? Las fuentes filosóficas principales de Vallenilla Lanz son Comte, Spencer, Taine y Renan. Según Ángel Cappelletti (1992) de estos autores saca sus objeciones “contra la constitución democrática y contra el régimen representativo y federal imperante en Venezuela” (Pág. 263) Estas objeciones lo acercan, en algunos puntos, a los fascistas italianos, aunque en realidad Vallenilla Lanz siempre parte de una postura más o menos ecléctica para aplicar su concepto y método histórico. Alude también Cappelletti el racismo solapado de Vallenilla Lanz a pesar de este lo ataca abiertamente, igualmente menciona su crítica al sutil ejercicio teocrático de la iglesia en las naciones americana, pero acepta la función de control social de esta sobre la población..
Otra pregunta necesaria es ¿Que se entiende por cesarismo y que entiende por esto, particularmente, Vallenilla Lanz? Según Guillermo Cabanellas: “Inspirándose en las omnímodas facultades ejercidas por Julio Cesar, luego de vencer a sus enemigos, especialmente a Pompeyo, en Farsalia (48 a. de J.C.), se denomina cesarismo el sistema de gobierno autocrático, donde una sola persona ejerce todos los poderes del Estado… Históricamente el vocablo se aplica al bonapartismo” (Pág. 134) El término tiene una referencia histórica, el gobierno absoluto de Julio Cesar. Las llamadas repúblicas nobiliarias, plutocráticas e imperialistas romanas degeneraron en un caudillismo que marca una etapa de crisis que es zanjada por el gobierno personalista de Julio Cesar. Es claro con esta referencia lo del cesarismo, pero el término “democrático” es el que resulta contradictorio si se tiene claridad ya en el primer término. Uno y otro resultan antagónicos. Pero esta nuevamente la historia aclara esta extraña alianza terminológica. María de los Ángeles Yannuzzi (1998), citando a Robert Michels dice que
"Napoleón III admirablemente caracterizó la naturaleza del bonapartismo cuando declaró de su sistema que estaba basado en la democracia, desde que todos sus poderes estaban conferidos por el pueblo, mientras en organización era jerárquico, desde que tal organización era esencial para estimular las capacidades que dormitan en los varios grados de la sociedad." (MICHELS, 1959: 218, n. S/N) (Pág. 1).
Esta definición de democracia se aparta de la tradicional, la rousseauniana, ya el pueblo no delega el poder en los representantes sino en el único representante. Esta es una “democracia” autoritaria, plebiscitaria, y el líder es convalidado por el pueblo, él la única voz. Hay una relación sentimental entre él y las masas. La fuerza de su carisma es la expresión de su legitimidad. El cesarismo es un fenómeno apasionante, tanto que Gramsci (1934), un crítico acérrimo del autoritarismo, hablaba de dos tipos de cesarismo, uno regresivo y otro progresista:
El cesarismo es progresista cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y temperamentos limitativos de la victoria, es regresivo cuando su intervención ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, también en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, los cuales, sin embargo, tienen un valor, una importancia y un significado diferentes que en el caso anterior. César y Napoleón I son ejemplos de cesarismo progresivo. Napoleón III y Bismark de cesarismo regresivo. (Pág. 1)
Estos argumentos, sin contextualizarlos histórica e ideológicamente, podrían encajar perfectamente en el Cesarismo Democrático. Para Vallenilla Lanz los cesarismos de Páez y Gómez serían progresistas, verdaderamente democráticos, ya que ellos contribuyen a establecer hechos sociales e históricos indiscutibles.
LO POLEMICO DE CESARISMO DEMOCRATICO
El Cesarismo Democrático provocó una interesante polémica para el momento de su aparición. Unos argumentos a favor y otros en contra. Las ideas en discusión básicamente fueron la apreciación por parte de Vallenilla Lanz de que la Guerra de Independencia fue una guerra civil gracias a la participación mayoritaria de venezolanos tanto en las filas de los realistas como en las de los patriotas. Otro planteamiento es el de cesarismo democrático representado en la figura del gendarme necesario, esa especie de paladín histórico, que gracias a su prestigio, carisma y firmeza militar pondría fin a ese anárquico enguerrillamiento que causaba al país la enfermiza proliferación de pequeños caudillos. A continuación se expondrán de modo breve algunas de las opiniones emitidas en vida del historiador, se tomó para su trabajo las contenidas en los apéndices del primer tomo de las Obras Completas de Laureano Vallenilla Lanz (1985), en edición del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Santa María. Se toman sólo como referencias aquellas opiniones de carácter más o menos polémico, o de figuras de reconocida trayectoria literaria o historiográfica para el momento.
Una de estas primeras opiniones fue la de Hilarión Antich (1985). Este autor admite a medias la tesis de la guerra civil para explicar el proceso militar de la independencia, para él los mismos argumentos que justifican el carácter civil de la confrontación pueden probar también el carácter internacional de la contienda: “la guerra de Independencia fue en parte guerra civil y en parte guerra internacional, pues aquellos son los hechos y esto, el espíritu de ella” (Pág. 229) Antich admite lo que el llama “la participación criolla”, pero la significación de la conflagración no la ofrece tan solo la nacionalidad de la mayor parte de sus actores, si bien en un primer momento predominan los criollos, eso, para él, no fue en todo el transcurso de la guerra. Esta significación la configura también el sentido de los intereses en pugna, y este último es de tipo internacional, es una vieja nación enfrentada a otra nación naciente.
Otro crítico a la idea de guerra civil es Samuel E. Niños (1985). El cual toma como punto de apoyo su desconfianza en las fuentes usadas por Vallenilla Lanz. Para Niños los documentos depositados en los archivos españoles es obvio que no favorezcan a los independentistas:
La parte mala eran los americanos, y en todas las comunicaciones así nos hacían aparecer los españoles. De modo pues, que de eso están abundantes aquellos viejos estantes… A los españoles les convenía decir; y así lo hicieron creer, y de ello han dejado constancia en sus archivos, que la guerra de Independencia no era tal, sino disturbios domésticos entre los mismos colonos, entre hijos de una misma madre, por disidencias y ambiciones locales (Pág. 231)
El autor para reforzar esta idea explica que el envío de Morillo con 15.000 soldados estaba bajo esa apariencia, tanto que el título que le confirieron al salir fue el de Pacificador, un mediador de la paz entre los dos bandos hermanos en pugna, aunque al desembarcar su proceder fue distinto.
Las opiniones del cubano Álvaro de Heredia y del español Emiliano Ramírez Ángel solo muestran admiración por la personalidad historiadora de Vallenilla Lanz. De igual parecer es lo que dice Cristóbal Real. Guillermo A. Sherwell dice estar en desacuerdo con la teoría del determinismo sociológico que fundamenta las tesis principales de Vallenilla Lanz, sin embargo no razona este desacuerdo y se dedica a elogiar el estilo e intenciones del libro. La de Lisandro Alvarado más que una opinión es un resumen periodístico de las tesis presentadas en Cesarismo Democrático.
Desde Colombia las opiniones son distintas. Vargas Vila (1985) desde España dice que las ideas de Vallenilla Lanz le “son tan diametralmente opuestas” (Pág. 245), aunque que parece tener por norma, en casos como este, no discutir las ideas de sus amigos. Gabriel Porras Troconis muestra reticencias al planteamiento de la guerra civil, aunque promete un detenido estudio para rebatir ésta y otras ideas del libro. Eduardo Santos (1985) viene a ser el crítico más significativo que tiene el Cesarismo Democrático para los años de su publicación, es con quien el autor tiene una polémica directa por la defensa de sus tesis. Santos de entrada expone que hay un panorama de restricción política en Venezuela, esto no permitiría un verdadero ejercicio intelectual para los escritores venezolanos, no hay condiciones para una polémica abierta. No valdría la pena discutir con Vallenilla Lanz a sabiendas de que este estaría cuidando el peso y alcance político de sus argumentos. Ellos desde Colombia si podrían hacerlo ya que allí se hay libertad de disentir. Cree que Vallenilla Lanz es:
…un escritor de primer orden, espíritu cultivadísimo, sabe presentar sus ideas en forma sugestiva y de rara elegancia; encubre lo que para nosotros son malsanos errores, con el manto de una prosa tan elegante como sabia, y hace en lo que a nosotros se refiere, afirmaciones totalmente reñidas con la realidad…” (Pág. 292)
Esto lo lleva a rebatir a una serie de apreciaciones que Vallenilla hace en su libro de la historia colombiana. Al final toca la idea central del Cesarismo Democrático: el gendarme necesario. Para Santos los países americanos, menos Colombia, necesitan de un tirano, el camino de la legalidad puede concederles igualmente todas las riquezas necesarias y si un tirano llegara gobernarlos y desarrollar las riquezas naturales del país, perderían moralmente ante el peso de un régimen opresivo que los llevaría al servilismo colectivo. En otro artículo este autor replica a la tesis de Vallenilla Lanz de que en Colombia impera un régimen teocrático. Esta tesis plantea que en Colombia la iglesia católica domina la vida política. Ante este argumento la polémica va y viene restregándose uno a otro que tanto la iglesia manipula la vida en el país del adversario.
Miguel de Unamuno muestra su acuerdo con la idea de guerra civil, la justifica como la única forma guerrera de fecundidad histórica. Para él las guerras entre pueblos distintos o razas, “que no se entienden ni consienten”, son las de conquista, estas son “más naturales que históricas”. Unamuno llama a estas guerras civiles hispano-americanas, donde los hermanos confrontados son “hermanados en la guerra y por la guerra”
Cerramos esta parte colocando en este encuentro y desencuentro las visión de un intelectual estudioso del positivismo, Arturo Sosa Abascal (1985). Sosa Abascal, sin asumir una postura crítica alguna, desarrolla una larga y detallada descripción de la obra de Laureano Vallenilla Lanz, toca aspectos, como su vida, las obras, sus aportes al pensamiento venezolano, las fuentes de sus ideas y su visión del hombre revelando el sentido de la raza, la violencia y el progreso, también el hombre como pueblo y dentro de la élite político-social. Del aspecto hombre interesan para los fines de este ensayo es la visión del hombre como héroe, por ser colindante con las tesis de Carlyle y Emerson expuestas al principio. Antes todo Sosa Abascal establece que la noción de héroe que el entiende, de acuerdo al pensamiento de Vallenilla Lanz”, es más terrenal y no la del semidiós, que “…por héroe entendemos ese hombre que en las circunstancias concretas de la historia y de la evolución de la sociedad se convierte en eje central de la situación (Pág. 156) Es el elemento que confiere significación y representa los sentimientos sociales. Es el individuo carismático que con su hacer decidido y visión penetrante tiene la capacidad oportuna para darle un camino a la sociedad. El modelo de esta definición es Simón Bolívar. Si esta última se combina con la visión que Laureano Vallenilla Lanz preconiza de la evolución social en Venezuela, “va a dar como resultado la tesis del Gendarme Necesario y su teoría del Cesarismo Democrático” (Pág.156)
La tesis del gendarme necesario parte de la idea de que un gobierno realmente efectivo no necesita ajustarse a las constituciones nacionales, ni a las mas novedosas teorías de libertad e igualdad sino que debe es acoplarse al pueblo que encabeza, sólo así logrará el mayor bienestar común. Esto lleva a Vallenilla Lanz a particularizar su concepción de la democracia, reduciéndola a una naturaleza de carácter nacional. Desde la independencia el verdadero hacer democrático del país se ejerce es función de un predominio de lo individual fundamentado en lo colectivo. Este César es la democracia personificada., el representa y regula el ejercicio de la soberanía. Sólo él garantiza la igualdad colectiva. El aparece del seno de las crisis sociales y gracias a su intuición y efectividad impulsa el surgimiento de la nacionalidad y el estado para mantenerla.
APRECIACIONES FINALES
Las tesis de Vallenilla Lanz son un acontecimiento discursivo, podría decirse, en el lenguaje del análisis genealógico que las nociones de cesarismo democrático y de gendarme necesario constituyen ser las pretendidas unidades discursivas principales. Este discurso constituye una forma de saber hecha desde el poder, más allá de la individualidad de Vallenilla Lanz su habla discursiva es la del poder vigente, es un habla que se impone y a su vez ejerce su capacidad de exclusión de discursos contrarios. Véase que las opiniones realmente polémicas para el momento se cuelan es desde la prensa extranjera. Ahora bien el discurso de Vallenilla Lanz tiene como aval el hecho de estar amparado en el saber académico vigente, el cual cuenta con el impacto escénico de ser una novedad aparentemente coherente con sus fuentes europeas. Los intelectuales positivistas venezolanos son, bajo el gomecismo, una especie logia intelectual protegida institucionalmente y de una formación respetable.
Una de las cosas que desarma y confunde a muchos opositores a las tesis del Cesarismo democrático es el manejo de una armazón conceptual con referencias científicas muy calificadas, esto deja traslucir la decadencia, la falta de vitalidad y la merma en la capacidad de respuesta en el discurso historiográfico de tendencia romántica. Ya el arrebato no es suficiente para lograr de la certidumbre retórica. Ya el país es dominado por hombres inflexiblemente pragmáticos y ladinos en el ejercicio de la violencia política. Para estos nuevos amos el poder nos un asunto de coraje, sino de cálculo, de vínculo oportuno, de colocar el saber académico a su favor, de darle una participación en el ejercicio de la dominación para doblegar su posible sentido de disidencia.
El discurso histórico de Vallenilla Lanz sacraliza académicamente la realidad política vigente. Para esto recurre al mismo historicismo de siempre, pero ya con tintes de ciencia. Para él hay algo ya dado en el ser nacional, hay un origen, una naturaleza, tan solo se está asistiendo a su despliegue. El bien del cual disfruta para ese instante la sociedad venezolana se fundamenta en ese origen que dilucida con las herramientas metodológicas del positivismo. Esa instintividad igualitaria, el individualismo indisciplinado, los predominios de casta, de clase y de oligarquía, eso marca los pasos evolutivos del país. Eso mismo incuba al gendarme necesario, no hay escapatoria, la única salida es lógica, tomar otro camino es retardar lo positivamente inevitable.
Ese proceso es presentado por Vallenilla Lanz como algo natural. Pero la realidad, desde una interpretación genealógica, es que el acontecer histórico no es natural, mucho menos necesario. Todo en él es creación humana, por lo tanto contingente. No hay proceso necesario. Eso que Vallenilla Lanz proclama como el carácter del hombre venezolano no es más que un pasado escrito desde un presente, su presente gomecista. En el presente del historiador hay intereses, no hay la tan anunciada objetividad, es solo un conocimiento que guarda detrás de su parafernalia científica un modo específico de asimilación y dominio de lo real. Como bien dice Felip Vidal Aulabell (2005) “…se organiza este nuevo saber en función de una interpretación interesada” (Pág. 1) Para Aulabell la historia es múltiple y esta misma multiplicidad no constituye nada en si misma, no hay un fundamento ontológico o teleológico que mas allá de la contingencia histórica pueda fundamentarla, la importancia sólo está en función de las expectativas, conocimientos e intereses vigentes. Para él “…si el mundo nos parece lógico es porque lo hemos logicizado (Pág. 1).
Lo importante en torno a estas reflexiones que motiva este libro de Vallenilla Lanz, no es el grado de verdad de los planteamientos del texto, interesante es acercarse y ver como esos planteamientos pudieron convertirse en una verdad con vigencia. El desplazamiento de estas nuevas interpretaciones no demuestra nada, sólo evidencia su pérdida de dominio, las verdades también son víctimas en el fragor de lucha de los asuntos humanos. Las nuevas afirmaciones genealógicas no pretenden negar el terreno positivo sobre el cual se construyó el discurso de Vallenilla Lanz, busca sólo quebrar las unidades conceptuales de su discurso, para sacar a la luz otras evidencias ocultas por legitimidades discursivas precedentes.
Finalmente diremos que Cesarismo Democrático se concibe con el fin de desmontar todo el discurso historiográfico romántico que se elaboró sobre la Guerra de Independencia. Ahora bien, esta labor negadora pasa por mantener solapadamente, a pesar suyo, elementos de ese discurso romántico. La noción héroe es tomada y reinterpretada, el discurso positivista no va al fondo en su labor cuestionadora, hay elementos románticos fundamentales a los cuales no puede substraerse. Es paradójico que un icono tan cuadradamente romántico como es el héroe y sus implicaciones terminen por ser el sustento del nuevo discurso, tan sólo se matizan las condiciones de semidios y se fortalece las aptitudes carismáticas. Podría decirse que la noción de héroe se afianza en el discurso positivista porque aquello oscuro sale a la luz y es justificado en función de las nuevas intencionalidades del poder. La crueldad y la violencia, tan obviadas o sublimadas por el discurso romántico, ahora es prácticamente legitimada gracias a las descripciones del medio donde el héroe desarrolla su personalidad política.
BIBLIOGRAFÍA
Borges, Jorge Luís (1978) Estudio preliminar. En: En Carlyle y Emerson. De los héroes. Hombres representativos. (Pp. IX-XIV) México: Editorial Cumbre.
Cabanellas, Guillermo (1989) Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual. Buenos Aires: Heliasta.
Cappelletti, Ángel J. (1992) Positivismo y evolucionismo en Venezuela. Caracas: Monte Ávila.
Carlyle y Emerson (1978) De los héroes. Hombres representativos. México: Editorial Cumbre.
Foucault, Michel (1979) Microfísica del poder. Madrid: La Piqueta.
Sosa Abascal, Arturo (1985) El pensamiento político positivista venezolana. Caracas: Centauro
Gramsci, Antonio (1934) El cesarismo [Página en línea] Disponible: http://www.gramsci.org.ar/8/50.htm . [Consulta: 2005, julio 9]
Hilarión Antich (1985) La guerra de la Independencia no fue una guerra civil. En: En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp. 227-229 ) Caracas: Universidad anta María.
Samuel E. Niños (1985) La guerra de la Independencia no fue una guerra civil. En: En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp.230-235 ) Caracas: Universidad anta María.
Santos, Eduardo (1985) Sobre las teorías del señor Vallenilla Lanz. En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp.291-303) Caracas: Universidad anta María.
Unamuno, Miguel (1985) Cesarismo Democrático. En: En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp. 227-229 ) Caracas: Universidad anta María.
Vallenilla Lanz, Laureano. (1991) Cesarismo Democrático y otros textos. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
Vallenilla Lanz, Laureano. (1983) Por qué escribí “Cesarismo Democrático” En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp. 335 y 336) Caracas: Universidad anta María.
Vargas Vila (1985) Carta. En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp.245) Caracas: Universidad anta María.
Vidal Aulabell, Felip (2005) La genealogía como método y el uso genealógico de la historia [Página en línea] Disponible: http://serbal.pntic.mec.es/~cmuno211/vidal29.pdf
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