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domingo, 30 de agosto de 2009

La antropología del llano de Adolfo Rodríguez

José Obswaldo Pérez


Gozo debe uno sentir cuando uno ve incorporar a un nuevo libro en la historiografía venezolana. Especialmente de un guariqueño como de nuestro amigo Adolfo Rodríguez, con su nueva producción que lleva por titulo Los Llanos: enigma y explicaciones de Venezuela (Ediciones el perro y la rana, 2009). Más aún cuando la pretensión del libro tiene que ver con el origen y el presente, con lo que somos hoy día. Con la cosmovisión de esa Venezuela profunda, la cual un prócer como Bolívar tuvo la revelación de entender y trasladarse al llano para aliarse con el caudillo de Páez y hacer la Independencia con los caballos del llano.

Cuando Adolfo Rodríguez investiga la historia de los llanos y de los llaneros trata por definir la llaneridad como mito fundacional de Venezuela, y pareciera que está reflexionando sobre nuestra propia experiencia actual (digo, sobre nuestro proceso histórico nacional). Porque pareciera que estamos leyendo un lúcido ensayo sobre la construcción de otro nuevo consenso, de otro nuevo "ideal nacional", menos hispánico tal vez, más bolivariano, probablemente, pero con una carga de historiocidad y datos etnográficos que conformarían una nueva práctica y estructura reflexiva de entender la historia.

Adolfo, posiblemente sea el hombre más inquieto y acucioso en la indagación antropocultural de nuestras culturas llaneras y quien, quizás, pone en relieve la investigación académica de la llaneridad. Más allá de ser un cientista social no deja de ocuparse de sus proyecciones en los enfoques an­tropológi­cos que envuelven a la sociedad llanera (culturas rurales, leyendas y folklore) sobre ese manto geográfico que se extiende en nuestros llanos colombo-venezolanos.

El llanero ha estado siempre presente en la literatura nacio­nal, en la historio­grafía y en los ensayos filosóficos, si bien la conceptualización de esta categoría social suele tornarse nebulosa y varía mucho según los auto­res, porque hay los críticos que no gustan de ese concepto que podría rayar a los extremos ideológicos. Pero, cualquiera sea la extensión que se dé al término, los rasgos más fuertes de la figura y de la épica llanera -de su mito, en suma- provienen del rol del llanero como neoetnicidad y como autodefinición de un gentilicio.

El llanero, en el primer tiempo, fue el cazador ecuestre de ganado cimarrón a quien se procura repri­mir porque­ amenazaba la "propiedad del rey" (especialmente, los inte­reses de los licenciatarios de hatos) y luego la de los hacenda­dos. Es también el "hombre libre", no sujeto a la familia pa­triar­cal ni a las formas de com­pulsión laboral y de control social de las clases subal­ternas. Fue el jinete libre y rebelde, perse­guido injustamente por la autori­dad, que desafía el orden y amenaza la propiedad de los hatos: el que man­tiene "la lanza erguida" pues no se doblega ante los opresores, vengando los abusos de los orgullosos funciona­rios de la ley. Él posee los valores tradiciona­les del coraje y la gene­rosidad, las destrezas para domi­nar el medio natural, encarna el ideal de vida de los pobres y oprimi­dos del cam­po. Hace lo que los demás ansían y quizás no se atreven a hacer. Son precisamente los rasgos del heroísmo campesino de todos los tiempos.

Los Llanos, de Adolfo Rodríguez, trata de un asunto crucial para comprender el código de la cultu­ra llanera que se generó en el ambiente rural de la Venezuela precolonial. El arquetipo del llanero visto desde los ángulos histórico, místico, literario y artístico. Es un libro bien pensado, consumido para la reflexión. Un gran aporte para la comunidad científica y cultural del Guárico y el resto del país.

miércoles, 19 de agosto de 2009

DIARIO DE INVIERNO. MOSCÚ-2009

Edgardo Malaspina


DOMINGO, 4 DE ENERO


19 grados bajo cero.

Unos pájaros cantan por la ventana. Veo unas películas soviéticas. Todas con el mismo argumento revolucionario: buscan a los traidores a la patria. Pienso, retrospectivamente, que más rápido los hubiesen encontrado con solo mirarse en un espejo, pues se acusaban los unos a los otros. Nos paseamos por las estaciones del Metro, que son verdaderos museos. El río Moskvá está congelado. Una mujer embarazada entra al vagón con un niño en sus manos. Suplica limosnas. Con ese cuadro patético nunca me encontré en la Rusia socialista. En la estación del Metro Ploshad Revolutsi (¡Todavía se llama así!) está una estatua, entre muchas hermosas de bronce, de un soldado con un perro. Todos pasan y tocan el perro. Lo acarician suavemente y siguen. Es un rito, una manifestación del carácter religioso de los rusos.

Yo también lo hago. Las caricias han dejado su huella sobre el perro y es notable la erosión en la anatomía metálica del animal. Hay una estación en honor a los guerrilleros soviéticos de la Gran Guerra Patria, como llaman

los rusos la segunda guerra mundial. Se denomina Partizanskaia. Allí está una estatua enorme de Zoia Kosmadamianskaia, una heroína que recuerda lejanamente a Juana de Arco. En las aldeas los alemanes vivían en las casas de los rusos, sobre todo en el periodo de las nevadas. Stalin emitió un ukaz de tierra arrasada contra el enemigo. Zoia cumplió el decreto al pie de la letra:

quemó los ranchos en los campos para que los alemanes se murieran de frío. Pero, claro morían también los rusos dueños de las moradas. Los alemanes la colgaron. Ahora que la historia es revisada (siempre será revisada, nadie nunca escapará de ese juicio) muchos opinan que no reúne lo requisitos para que se le venere como heroína, pues la tal Zoia fue entregada a los alemanes por los propios rusos que veían en ella un azote que los dejaba sin abrigo en pleno hielo invernal. Además,muestran hasta sus historias clínicas de paciente siquiátrica para desacreditarla.


LUNES, 5 DE ENERO


14 grados bajo cero.

Un gorrión salta de un árbol a otro. El gorrión tiene el mismo color grisáceo de los árboles desnudos. El ave se posa sobre la nieve y luego vuela hasta su nido sobre un abedul muy alto.

En la noche vamos al restaurant Glavpivtorg. Está ambientado en los años setenta y ochenta del siglo XX, y la música es de esa época. Sirven una bandeja de tragos que llaman la locomotora: infusiones alcohólicas y vodkas de distintos sabores. Lida, Katia , esposa e hija de Serguei, respectivamente; Natalia, Natalí y yo brindamos por la navidad que se va, por el invierno ,y porque son otros tiempos mejores sin persecuciones políticas y colas enormes en los mercados. Por los ventanales se ve la nieve caer bajo una luz tenue. El termómetro de la calle marca 20 grados bajo cero. La gente camina apresurada. La orquesta toca la Bamba en perfecto español. En el segundo piso hay una biblioteca, porque se supone que el bar es para intelectuales, gente de trabajo, pero del siglo pasado. Allí están las obras de Marx y Lénin; y es casi seguro que están solamente en este sitio público cumpliendo la función decorativa que les impuso la rueda dialéctica de la historia de la que tanto hablaron ellos. De regreso caminamos un largo trayecto hasta el Metro. De nuestro lado, una placa recuerda que allí trabajó Andropov, uno de los últimos jerarcas soviéticos. La KGB está del otro lado de la calle. En el medio está la redoma donde una vez estuvo imponente la estatua de su fundador, Félix Dezhenki .Ahora allí hay una piedra que simboliza las cárceles de los reprimidos en la era soviética. Por supuesto, la piedra no está sola: un arbolito navideño la acompaña.

sábado, 15 de agosto de 2009

“LA MALDICIÓN”. CUENTO FANTASMAL APUREÑO

Hugo Rafael Arana Páez

Miembro investigador del Centro de Estudios Histórico-Sociales del Llano Venezolano Casa de Bolívar. Articulo publicado en el diario “ABC” el 3-8-2008 Nro. 64.288
















Era el verano del año 1927, cuando el cura párroco de la población de Santa Bárbara de Arichuna, Jesús María Rodríguez, leía aquel escueto oficio del obispo de Calabozo, anunciándole su traslado a otra parroquia; enseguida solicitó al viejo bonguero del pueblo, Pablito Armas, sus servicios para que lo trasladara urgentemente a San Fernando y de allí emprender rumbo a Calabozo, capital de la Diócesis; antes que los arichuneros se enteraran de su reubicación. Así fue como en una soleada mañana del mes de diciembre, el sacerdote se embarcó en el bongo de cuatro bogas; que navegando aguas arriba, desde Arichuna a San Fernando transportaría junto con su habitual carga de quesos, cueros de res y algunas libras de plumas de garza a su único y distinguido pasajero.

El río Apure en verano se halla pleno de doradas playas, donde las gaviotas revolotean, protegiendo empecinadamente sus huevos y sus polluelos; mientras que los peces eluden hábilmente los ataques de estas palmípedas. Asimismo en sus espumosas riberas, al pie del barranco, los caimanes serenamente acechan a la descuidada presa. Mientras que las aguas encrespadas por la brisa, corren en su largo peregrinar hasta el río padre, allá en Boca Apure. Contemplando este escenario Iba en la embarcación el afligido padre evocando los gratos momentos compartidos con los chivatos del pueblo: el jefe civil, algunos comerciantes y algunos dueños de hatos, en los que disfrutaba aquellas gratas y prolongadas veladas de amenas tertulias, propicias para recordar eventos, como las hazañas de Arévalo Cedeño en la Plaza Bolívar de Cazorla y en San Fernando de Atabapo, cuando el año veintiuno derrotó, enjuició y fusiló a Tomás Funes. Asimismo se acordaba de la noche que él hizo gala de excelente conversador, describiendo a sus contertulios la fracasada acción militar acaecida en San Fernando el 20 de mayo de 1922, comandada por el General trujillano Waldino Arriaga, contra el Presidente del Estado Apure, doctor. León Febres Cordero; pero mas tristeza le producían los gratos momentos que le deparaban aquellos ricos trozos de queso Camembert, acompañados de los exquisitos tragos de brandy o de vinos importados, que habían adquirido sus anfitriones en “El Masparro” o “El Delta”, cuando estos vapores procedentes de Ciudad Bolívar rumbo a San Fernando atracaban en la población, para abastecerse de leña. También rememoraba las canciones de moda interpretadas por Gardel; las cuales entre trago y trago se dejaban escuchar en la recién adquirida Victrola, que había traído de Ciudad Bolívar su amigo, el hacendado Don Pedro Daniel Acosta. Mientras se hallaba absorto en sus pensamientos; no se percataba que las gotas de agua le salpicaban el rostro y le empapaban la sotana; hasta que un cohete lanzado desde arriba del barranco por Cheíto Arenas, estalló ensordecedoramente muy cerca de la embarcación, despertándolo de su grata evocación. Sin embargo el bongo de pillote a punta de palanca y espadilla continuaba remontando lentamente el Apure. Arriba en el barranco, Cheíto Arenas, reía a carcajadas, por cuanto, al enterarse del traslado del infortunado sacerdote; se propuso agraviarlo, a tal fin, congregó una considerable multitud, constituida por gente del pueblo; algunos iban a pie, otros en burros y los mas pudientes a caballo. Quería significar “Cheíto” con esta afrenta que el pueblo de Arichuna estaba contento, porque el cura se marchaba de la villa. Entre tanto una vieja que iba en la comparsa vociferaba con voz chillona.

-¡Gracias a Dios que ese cura se fue! -Lo que hacia era jalá caña de la buena, onde Don Pedro!-

Otra añadía –No jile, ¿acaso no iba a da misa bien palotiao?-

Mientras otra le recriminaba.

-¡Ay mija no digas eso!- y persignándose exclamaba, -¡Que Dios nos ampare, porque este pueblo quedó ahora como capilla sin santo!-.

Entretanto el loco “Modestico” echado en el suelo entre sus perros, al escucharlas, se persignó y dijo.

- ¡Ave María Purísima! , ¡Ave María Purísima!, ¡que Dios nos agarre confesaos!- .

El gentío seguía a “Cheíto”, quien pavoneándose alegremente los entusiasmaba obsequiándoles botellas de ron y de anís; así entre tragos, música, gritos y cohetes iban celebrando la despedida del cura. Desde el bongo, el afligido sacerdote los observaba y casi clamando al cielo, lanzó aquella frase.

-¡Perdónalos Señor, no saben lo que hacen!-

Conmovido expresaba su pesar al viejo bonguero.

-Chico, que gente tan mal agradecida, yo que los bauticé, los casé, le bauticé sus hijos y le suministré los santos oleos a sus familiares moribundos. ¡Ahora vea como me pagan!-

Ante el mutis de Pablito, continuó

-¡No importa, Pablito todo se lo dejo a Dios!-

Después de un prolongado silencio, el bonguero lanzó un escupitajo de tabaco al agua, para responderle muy pausadamente.

-¡Mire padre, lo que sucede es que a esa gente la entusiasmó “Cheíto”, dándole aguardiente, tabaco y música de viento y por si fuera poco hasta les llenó los bolsillos de plata, pa que lo acompañaran!-

Después de lanzar otro salivazo al río, continuó.

-¡Ah y se me olvidaba decile padre, que al regreso les va a poné una ternera allá en La Encantadora!. ¡Así padre que él es el único culpable de esa marramuncia!-.

El padre no le contestó, se quedó abstraído en sus pensamientos, mientras el bongo a punta de palanca de las bogas, continuaba remontando lentamente el río. Arriba en el barranco la alegre muchedumbre seguía a “Cheíto”, que sobre los lomos de “Centella” cargaba un saco lleno de cohetes que los lanzaba a la embarcación, con la intención que explotaran lo mas cerca de ella. Al fin el bongo atravesó la Boca Arichunita y hasta allí lo siguió la enloquecida multitud. Viendo la indignación reflejada en la cara del sacerdote, Pablito irrumpió de nuevo con su ronca voz.

-¡Mire Padre, no le haga caso a ese loco, es que “Cheíto” ha sido mamador de gallo toa su vida y a según me han dicho que él hace eso porque usté nunca lo invitaba a sus reuniones!-.

Callados continuaron hasta llegar a una playa, ocupada por bandadas de gaviotas y cotúas. Esta playa se hallaba frente al Hato Médano Largo; propiedad de Don Pedro Daniel Acosta. Allí fue donde el padre se acercó al bonguero para rogarle.

-¡Pablito, atraca aquí en esta playa!-

De inmediato el bonguero le respondió.

- ¿Padre que va a hace ahí? ¿A ve si nos varamos? Usté sabe que en esta época las aguas no son profundas!-.

El padre nuevamente suplicó

-¡Mira hijo te agradezco que atraques, es que tengo que hacer algo muy importante aquí!-.

- ¡Esta bien padre lo voy a complacé! , ¡pero tenga cuidao con una raya!.

Rápidamente enrumbó la embarcación hacia la costa. Al acercarse a la orilla el sacerdote saltó ágilmente, escuchándose el chapoteo del agua mojando la sotana que afanosamente recogía. Al pisar tierra se internó velozmente en el arenal y cuando consideró que estaba bastante alejado de la embarcación; con el misal y el viejo rosario en sus manos se arrodilló en la caliente arena; alzando la mirada al cielo y extendiendo los brazos imploró.

-¡Dios mío, maldigo a José Antonio Arenas y hasta la quinta generación de sus descendientes, por el escarnio que me ha hecho!-.

Súbitamente el cielo se cubrió de negros nubarrones y la suave brisa se tornó en tolvanera, levantando enormes chorros de arena y un ensordecedor trueno enmudeció los graznidos de las gaviotas y las cotúas; mientras que el padre arrodillado permanecía inmutable. Don Pedro Daniel Acosta, dueño de Médano Largo y compañero de tragos del cura; desde el corredor de la casona del hato, divisó en la lejanía un bulto negro en la playa. Intrigado se preguntaba.

- ¿Qué es aquello?- .

En medio del chubasco bajó el barranco, cruzando apresuradamente el trayecto que lo separaba del bulto, hasta percatarse que se trataba de su amigo el sacerdote; que arrodillado y con los brazos extendidos miraba al cielo. Extrañado le preguntó.

-¿Padre que hace allí?-.

El cura absorto en su petitoria no lo escuchó. Al fin hecha la solicitud; se levantó y percatándose de la presencia del amigo le saludó.

–Disculpe Don Pedro, pero es que estaba rogándole a Dios que me acompañe en este viaje.

Sorprendido por el comportamiento de su amigo, le preguntó adonde iba y éste muy nervioso le respondió.

-Voy a hacer unas diligencias a la Diócesis de Calabozo y vuelvo pronto

En medio del fuerte chaparrón, Don Pedro lo abrazó y diciéndole.

-¿Si es así?. ¡Apúrese Padre, que está lloviendo y el río se va a poné mas bravo!

Despacio, muy despacio el sacerdote se encaminó rumbo a la embarcación, mientras en voz baja continuaba implorando a la justicia divina, castigo para el mamador de gallo y sus descendientes. Satisfecho llegó a la orilla y rápidamente se embarcó; mientras que el intrigado bonguero le preguntó.

-¿Padre, que hacia arrodillado en esa playa tan caliente?-.

El sacerdote le respondió con un silencio espectral, apenas una sardónica sonrisa salía de la comisura de sus labios; atemorizando más al sorprendido bonguero, quien en alta voz le dijo a los cuatro marineros.

-¡Empujen muchachos, vamos a seguí el viaje, que nos agarra la noche!-.

Callados continuaron navegando entre las encrespadas aguas; agitadas por el fuerte chaparrón que no cesaba.

De regreso a Arichuna, procedente de la Boca Arichunita, rumbo a La Encantadora venía Cheíto Arenas, feliz, fumando su cabo de tabaco sobre su caballo, del que pendía el enorme saco donde todavía quedaban algunos cohetes que no había lanzado. Ufanado de haber cumplido su cometido; cuando pasaba por La Sinfonía, dio la última aspirada al cabo de tabaco y lo lanzó al suelo; lamentablemente éste cayó en el saco; produciendo una estruendosa explosión que se escuchó hasta en “La Encantadora”, donde sus amigos lo esperaban con la ternera. El estallido lanzó por los aires en pedazos a jinete y montura; súbitamente la multitud consternada calló; las cuerdas dejaron de vibrar y los capachos de agitarse; a la vez que una fuerte tormenta se desató sobre la atemorizada y acongojada población; mientras que una vieja a gritos sentenciaba.

-¡Bendito sea Dios!-, ¡María purísima!, ¡ese es el diablo que se quedó en el pueblo!-.

- ¡No ese no es el Diablo!, ripostó otra, esa es Santa Bárbara que castigó a Cheíto por haberse burlado del padre Rodríguez-.

Después se supo que el cura había maldecido en la playa del “Hato Médano Largo” hasta la quinta generación de los Arenas. Desde ese momento sus descendientes, por si acaso, jamás celebran con fuegos artificiales el día de la Santa patrona de Arichuna.

Fotografía: Arturo Alvarez D´ Armas.

viernes, 14 de agosto de 2009

NOTAS INGLESAS

DÍA DEL LIBRO EN INGLATERRA


Adolfo Rodríguez



En un programa de la TV inglesa vemos los pormenores de la denominada THE GALAXY BRITISH BOOK AWARDS correspondiente al año 2009. Se celebra desde 1990. Me explica Clara Rosa, quien me sirve de traductora, que es como el Oscar o el Grammy del Libro en UK. Es 5 de Abril Domingo de Ramos o Palm Sunday como se le dice aquí a este comienzo del periodo aqui denominado Easter equivalente a nuestra Semana Santa

Las áreas contempladas en la mencionada premiación son: Libro del Año, Autor del Año, Nuevo Escritor del Año, Libro Infantil del Año. Biografía del Año, La Mejor Lectura seleccionada por un Club de Lectores, Libro de Ficción Popular, Libro Popular de No Ficción y Policial del Año.

He aquí los triunfadores:

New writer Tom Rob Smith, nacido en 1979, por su libro Child 44

Popular Fiction Devil May Card (El Diablo debe cuidarse) historia de James Bond de Henry Sebastián Faulks

La Biografía del Año, Dream from my father, la autobiografía de Obama, inasistente, al decir de una de las comentaristas, por estar ocupado salvando el mundo.

El Autor del Año: Aravind Adiga, de origen hindú, por su obra El Tigre blanco (The White Tiger)

Un Club de lectores selecciona como mejor lectura: ¿Cuándo habrá buenas noticias? (When will there be good news?) de Kate Atkinson:

Entre el numeroso público asistente, la cámara enfoca con insistencia al atento Michael Palin, cuyos libros de viajes y aventuras copan las estanterías de los pulcros mercados la más variada literatura esparcidos por todo un país donde todo el mundo lee. Entre las obras de Palin que observamos en los exhibidores en Woking: Polo a Polo, Himalaya, New Europe, Sahara. El premio obtenido por este emblemático escritor fue: ´Outstanding Achievements´ que, según Clara Rosa, puede traducirse como Logros Sobresalientes

.

Cada categoría es financiada por diferentes empresas británicas.


Imagenes tomada de

http://www.publishingnews.co.uk/bba/pnbb_index.asp

http://www.guardian.co.uk/books/galaxy-awards

sábado, 8 de agosto de 2009

LAS "AYAS Y NODRIZAS" AFRICANAS Y SUS DESCENDIENTES : APORTES CULTURALES TANTO EN LA VENEZUELA COLONIAL COMO DURANTE EL SIGLO XIX.


Ponencia presentada en el III Congreso Internacional de Ciencias Históricas.

XIII Jornada deInvestigación y Docencia en la Ciencia de la Historia.

Barquisimeto, del 28 al 31 de julio de 2009.

Mesa: “Estudios Afroamericanos”.



José Marcial Ramos Guédez.

Prof. y Dr. en Historia.

E-mail: ca53ve@hotmail.

“...las negras eran parteras y ayas. Todo blanco

llegaba al mundo en manos de la partera negra.

Todavía duró esto hasta el primer cuarto del

presente siglo. Y el aya, la ‘criadora’, siempre

fueron negras […] Muchos blancos tenían sus

hermanos de leche. El ama negra tenía bajo su

custodia la educación del niño por la confianza

que a través de los años se fue depositando en

ella; sin existir promiscuidad, se notaba una

impalpable plasmación del espíritu infantil a

través de esta segunda mamá que fue la esclava

…” Acosta Saignes, Miguel. Estudios en an –

tropología, sociología, historia y folclore. pp.

266-267



INTRODUCCION.


A partir de 1492 se inicia en el continente americano, un paulatino exterminio de la población autóctona y dicho fenómeno ocurrió tanto por los enfrentamientos bélicos entre los conquistadores y los indígenas como por la expansión en el nuevo mundo, de múltiples enfermedades traídas por los europeos, las cuales ocasionaron la muerte a millones de seres humanos nativos del continente antes mencionado. En tal sentido, vemos que para sustituir a la población indígena, los europeos fomentaron la trata de africanos en calidad de mano de obra esclavizada, para trabajar en la pesca de perlas, en la minas, en la agricultura, en la ganadería, en los oficios artesanales y en el servicio doméstico. Siendo en éste último sector, donde encontramos a las nodrizas y ayas africanas y sus descendientes, quienes ocuparon una función de gran importancia, ya que sobre ellas, recayó la responsabilidad de atender no solamente las tareas y menesteres de las casas de sus amos, sino también, la ardua labor de amamantar y criar a los hijos e hijas de las familias mantuanas o grandes cacaos. En sus efectos, apreciamos que las nodrizas y ayas negras, zambas y mulatas, intervinieron en el proceso de transculturación e interculturalidad que aconteció en la Venezuela colonial y sus supervivencias en nuestra época contemporánea, pues ellas, además, se vieron obligadas a fomentar el mestizaje étnico, el arte culinario, la difusión de mitos-leyendas, el pensamiento mágico-religioso en el contexto del santoral católico; sin omitir sus múltiples enseñanzas en torno a las ideas de libertad e igualdad entre todos los seres humanos.


I.- AYAS Y NODRIZAS EN EL SERVICIO DOMESTICO.


En la Venezuela colonial y durante gran parte del siglo XIX, observamos la presencia de negras, mulatas y zambas, quienes sometidas a la esclavitud o como mujeres libres, ejercieron las funciones de nodrizas y ayas, las primeras les daban la leche de sus senos a los hijos e hijas de las mujeres blancas pertenecientes a las clases sociales dominantes y las segundas, estaban destinadas al cuidado y protección de los infantes y jóvenes nacidos en las familias aristocráticas antes mencionadas. Según la acertada opinión de Miguel Acosta Saignes : “…Mientras la madre achacosa, remilgada, o deseosa de conservar los dones de la juventud, encargaba a la ‘criadora’ el amantamiento del hijo; éste llegaba a ver en su ‘máma negra’ como todavía hace pocos años se decía en Venezuela, a su verdadera mamá, a su efectiva madre…”(1) Asimismo, podemos ampliar lo antes señalado, al tomar en consideración la siguiente cita:

“Las mujeres, que vienen en calidad de esclavas, en gran parte sustituyeron a las indias en el servicio doméstico, utilizándose como cocineras, lavanderas, planchadoras, criadoras y ayas de los niños blancos. […] El aporte femenino de los grupos negros provenientes del continente africano fue importante y marcó un hito en la estructuración socioeconómica de estos tiempos.”(2)

En el caso específico de Venezuela bajo el dominio de la Corona Española, encontramos que las esclavizadas empleadas en el trabajo doméstico, cumplían tareas como lavar, cocinar, coser, planchar, amamantar y cuidar a los niños, cargar el agua (3), buscar la leña y “…la atención general de la casa, donde realizaban el llamado servicio de adentro [además] actuaban como asistentes de las niñas y jóvenes de los amos…” (4) También, observamos la presencia de esclavizados y esclavizadas en las faenas domésticas que se llevaban a cabo en las unidades de producción: haciendas de cacao, de caña de azúcar, de añil, en los hatos de ganado vacuno, etc.(5) Sin olvidar que muchos negros y negras sometidos al régimen de la esclavitud, fueron destinados como sirvientes en los hospitales, en los seminarios y en los conventos. Con relación a esta última institución veamos el siguiente ejemplo:

“El 18 de octubre de 1611, los Frailes de la orden de Santo Domingo del convento de San Vicente de Ferrer de Predicadores de Mérida, xtendieron un poder en el nombre del Padre Fray Miguel de Rojas, superior y vicario provincial y del padre Fray Cristóbal Suárez, sacerdote conventual, a Juan de Teydra vecino de la ciudad de San Antonio de Gilbraltar, para comprar una esclava negra para el servicio del convento, en los puertos de Gibraltar o en otros de la Laguna de Maracaibo, en Cartagena o en cualquier que hubiere comodidad para hacerlo. En esa ocasión, el convento de Santo Domingo ofreció como hipoteca en la compra de la esclava negra el estipendio que recibía ese convento con el adoctrinamiento religioso que impartían a los indígenas del pueblo de Torondoy” (6).

Con la finalidad de ampliar lo antes aludido, debemos tomar en consideración que durante el período colonial la Iglesia Católica también tuvo sus esclavos para cumplir con “…las diversas labores de ayuda al culto y muchos fueron los donantes de esclavos quienes, en un acto de fe cristiana, los regalaban a santos, capillas e iglesias” (7). En torno a los esclavizados dedicados al servicio doméstico, el científico y viajero Alejandro de Humboldt nos señala que cuando visitó a Cumaná (1800) conoció a un viejo comisario de la marina, quien vivía en dicha ciudad con una negra y dos negros, además el viajero alemán agrega que él y Aimé Bonpland alquilaron “…por 20 pesos al mes una casa agradable del todo nueva, con dos negras, de las que una sirve la cocina…” (8)

Según el viajero francés Francisco Depons “...los esclavos domésticos son muy numerosos en Caracas. Se cree que la riqueza de una casa está en proporción al número de esclavos de ella. En cada casa debe de haber cuatro veces más que los realmente necesarios. Lo contrario pasa por tacañería denunciadora de pobreza y ésta se ha de esconder cuanto se pueda. Cualquier blanca, aunque su fortuna no se lo permita, va a misa seguida de dos esclavas o mulatas. Las verdaderas ricas llevan cuatro o cinco esclavos, y si una persona de la misma casa va a otra iglesia lleva consigo igual número de esclavos…” (9)

En la compresión del fenómeno relacionado con los esclavos en el servicio doméstico, debemos señalar que éstos gozaron de muchos privilegios a diferencia de los esclavos localizados en las faenas agrícolas, pues, la cercanía a los amos les permitía “…crear lazos de afectos y confianza que en muchas oportunidades determinaron cláusulas a favor del esclavo en los testamentos o ciertas ventajas a la hora de la manumisión o la coartación. De hecho, puede afirmarse que, invariablemente, los esclavos a los cuales los amos otorgan su libertad en sus testamentos son esclavos domésticos…” (10)

Observamos que en la Venezuela colonial, hubo un predominio de mujeres negras en el servicio doméstico principalmente en la ciudades, pues, las fuentes consultadas señalan presencia de esclavizadas negras, mulatas o zambas en centros urbanos como Caracas, Mérida, Coro, Maracaibo, San Carlos, Barquisimeto, Cumaná, San Felipe, Valencia, Maracay, La Victoria, San Sebastián de los Reyes, Angostura (actual Ciudad Bolívar), Barcelona, etc. En el caso específico de la ciudad de Caracas, podemos apreciar el contenido de la siguiente cita:

“…En Caracas hay casas que tienen doce o quince esclavas, sin contar

con los sirvientes de los hombres…” (11)

Según comentarios de Wilmer E. González Lucero “… la población esclava en la ciudad de Caracas promedia un 64,13% de elementos femeninos es decir, que dos terceras partes de la población esclava total estuvo conformada por mujeres, lo cual como ya dijimos, da visos de especificidad […] Dentro de la ciudad, encontramos una gran concentración de esclavos dedicados a oficios que inclusive escapan de los criterios racionales de producción. Fundamentalmente la forma de trabajo o de explotación esclavista se vincula a la explotación del trabajo doméstico” (12).

Con relación al excesivo número de esclavizadas que generalmente poseían las familias caraqueñas o las de otras ciudades de Venezuela, observamos que muchos amos, permitían que ellas realizaran oficios domésticos en otras casas y recibieran un salario, el cual debían compartir con sus propietarios y con la parte que les quedaba, podían comprar su propia “carta de libertad”, y optar a la condición de mujeres libres (13).

En muchos testamentos elaborados en la Venezuela Colonial, encontramos datos sobre la utilización de esclavizadas en el servicio doméstico. Un ejemplo concreto de lo antes mencionado, vemos en el Testamento de Don Feliciano Palacios y Sojo (abuelo materno del Libertador Simón Bolívar), quien señala entre otras cosas que su “…hija Doña María de Jesús Palacios, tomó estado de matrimonio con Don Juan Nepomuceno de Ribas el año pasado de mil setecientos ochenta y tres a la cual he mantenido siempre en mi Casa para que me ayudase a llevar la carga y gobierno de mi familia haciendo las funciones de madre para con sus hermanas Doncellas, y cuidado de todo la casa por cuyo motivo, y por especial amor que le tengo y servicios que me ha hecho la he mantenido dándole solo alimentos a ella y a su familia, es mi voluntad que nada se le compute, ni cargue en cuenta pues aun es corta gratificación para tanto servicio que me ha hecho y mas teniendo como tengo obligación de alimentarla como a mi hija que es declárolo así para que conste y ser mi voluntad […] Item declaro que desde tierna edad le apliqué para su servicio una esclavita de nombre Silvestre y otra nombrada Encarnación, luego que se casó, es mi voluntad mejorarla en estas dos esclavas y lo declaro para que conste” (14).

Para ampliar el análisis relacionado con los esclavizados negros y mulatos en el servicio doméstico, apreciamos que en la Provincia de Caracas, se evidencia “…que la proporción de hijos, familiares, esclavos y sirvientes variaba según el oficio que desempeñara el cabeza del hogar […] En efecto, si se dirige la atención hacia la composición de los hogares y se concentra especialmente sobre los esclavos y sirvientes, resulta evidente que los bodegueros y pulperos, a excepción de los hogares ricos, tenían más esclavos y sirvientes que los otros grupos […] sería válidos argumentar que si bien es cierto que los bodegueros y pulperos tenían más esclavos y sirvientes que otros sectores de la sociedad, no menos cierto es que también tenían la menor proporción de esposas, hijos y familiares, y que por ello es por lo que podían comprar esclavos y contratar sirvientes” (15). Con respecto a los bodegueros y pulperos en la Venezuela colonial, existe un libro (16), el cual nos suministra información sobre sus orígenes, clasificación, legislación, licencias y patentes, regulación de precios, registro de comercio (1793-1810) y casos concretos de personas dedicadas a dicha actividad económica.


II. CUATRO NODRIZAS Y AYAS RECONOCIDAS EN LA HISTORIA DE VENEZUELA.


Para comprender a cabalidad la propuesta antes mencionada, debemos destacar que el fenómeno etnohistórico de las nodrizas y ayas africanas, fue común en la mayoría de las familias mantuanas o de los grandes cacaos, lamentablemente los nombres y apellidos de muchas de esas mujeres esclavizadas o en situación de libertad, quedaron omitidos tanto en la Venezuela colonial como durante el siglo XIX. Sin querer agotar, en ningún momento dicha temática, hemos seleccionado en esta ocasión cuatro casos de nodrizas y ayas, que gracias a diferentes fuentes documentales y bibliográficas, hemos podido localizar. En sus efectos veamos los siguientes ejemplos:

Elena Cornieles (caso ocurrido en la ciudad de Mérida el 17 de marzo de 1671). Se le menciona como una mujer de color pardo, sin hogar reconocido y fue acusada de ocasionar “…escándalo con su mal vivir por no estar recogida en donde sirva y tenga el salario de que sustentarse…”(17) Además, acababa de parir y por tal motivo, el Capitán Francisco de Uzcátegui le solicitó al Alcalde Ordinario de Mérida, Capitán Sebastián de Soto, que le entregara a la susodicha Elena Cornieles “…por concierto para criar un niño nieto suyo y, a quedado huérfano por haver fallecido su madre Doña Catalina de Uscátegui luego que lo parió y no ha hallado en esta ciudad persona que pueda acudir a la dicha crianza…”(18) Vemos en esta ocasión como funcionó el ejercicio del poder político, para utilizar los servicios de una nodriza en las circunstancias relacionadas con un niño huérfano, perteneciente a una familia de destacada influencia económica y militar en la Mérida colonial.

Socorro Gómez ( aya del General Manuel Carlos Piar). Se señala que fue esclava de Doña María Isabel Gómez, madre de Carlos Manuel Piar (Willemstad, Curazao-28-04-1774 – Angostura, Edo. Bolívar, 16-10-1817) (19). Con relación a la esclavizada aludida, la escritora Carmen Clemente Travieso, entre otras cosas nos dice: “-Socorro, negrita, dame un vaso de agua, me muero de sed…Y la negra esclava-su preferida-aparece por la puerta del comedor con el vaso de agua fresca llenado en la tinaja, que ofrece a Isabel [Gómez] Después que se toma el último trago, pregunta: ¿Dónde está Manuel? Ahí mismito que usté se fue cogió para la mar…Iba a jugar con un barquito…-contesta la negra- Ve a buscarlo, Socorro…Ese niño tan desobediente, tan insubordinado. No voy a sacar nada de él, Socorro, y tú que me lo concientes tanto…Para ti, todo lo que hace Manuel es una gracia, y me lo tienes perdido…- Pero si es un angelito, su mercé, ¿qué quiere usté?...Le gusta el mar, la libertad, el juego…El no hace nada malo…”(20) Vemos en dicho texto, la interconexión existente entre la aya esclavizada y el niño, quien siempre recibe de esta última, un gran afecto e infinita protección, evitando que los padres les puedan aplicar algún tipo de castigo.

La Negra Hipólita ( nació en San Mateo, Edo. Aragua, el 13 de agosto de 1763 y murió en la ciudad de Caracas el 26 de junio de 1835) (21). Fue la nodriza que amamantó y arrulló con sus cantos infantiles al niño Simón Bolívar y Palacios (1783-1830). La negra Hipólita, durante varios años, permaneció esclavizada en la hacienda-trapiche de caña de azúcar “El Ingenio” de San Mateo, en los Valles de Aragua “…pero la vida rutinaria de trabajo en su lar nativo se suspende cuando, en los días finales del mes de julio de 1783, se le trae a Caracas para que sirva de nodriza a un niño recién nacido en la casa de sus amos, vendrá a desempeñar la obra que significará su grandeza y hará perdurable su nombre […] Hipólita no solamente hizo de madre alimentándolo, sino que como fiel y abnegada servidora de la familia se encargó completamente del niño dirigiendo y cuidando sus primeros pasos, enseñándole las primeras palabras, sustituyendo al padre y compensando los mimos que la madre enferma no podía prodigarle […] Entre los pocos personajes del recuerdo de años infantiles que aparecen mencionados en los escritos de Bolívar destaca la figura de la negra Hipólita, a la que considera y reconoce como madre y padre”(22)

Ahora bien, no podemos omitir en este estudio, la descripción que realizó el sacerdote Carlos Borges (1867-1932) en torno a la Negra Hipólita : “…Hermoso tipo de su raza, inteligente, vigorosa, limpia, honesta, de carácter dulce y jovial, Hipólita es la flor de las esclavas. Tiene veintiocho años y está avaluada en trescientos pesos […] Hipólita desempeña sus funciones de aya. Vedla qué mona y qué galana, con más adornos que la palma del arzobispo el Domingo de Ramos, ‘con su blanca risa de negra’, cien cocuyos en cada ojo, en la mano una onza de oro, regalo del padrino, y el Sol del Perú, limpio de toda mancha, amaneciendo entre sus negros brazos!” (23). Observamos en el texto citado, la voz de un poeta romántico, quien concibe a los esclavizados como seres humanos llenos de virtudes y una gran alegría en el desempeño de sus oficios, según el Padre Borges, no hay oprimidos ni diferencias de clases sociales, solamente impera la galantería y la “blanca risa” de las negras y negros sometidos al régimen de la esclavitud.

Observamos, que nuestro Libertador Simón Bolívar, jamás olvidó a la negra Hipólita, tal como lo demostró en varias oportunidades, siendo algunas de ellas, cuando estaba en la ciudad del Cuzco (Perú) y le escribió a su hermana María Antonia, el día 10 de julio del año 1825 y le recomienda “…que le des todo lo que ella quiere; para que hagas por ella como si fuera tu madre, su leche ha alimentado su vida y no he conocido más padre que ella…”(24) Posteriormente, vemos que cuando Bolívar realiza su último viaje a Venezuela en el año de 1827, no desatiende a su antigua nodriza y aya, pues, le escribe de nuevo a su hermana María Antonia, el día 2 de junio del año aludido, señalándole que “…Del dinero que queda en tu poder procedente de la letra, tendrán la bondad de dar a Hipólita cuarenta pesos. Yo te la recomiendo…”(25)

Advertimos, que en los múltiples escritos de Simón Bolívar plasmados en cartas, discursos, proclamas, decretos y otros (26), no hemos encontrado ninguna referencia emitida por nuestro Libertador sobre la negra Matea, quien según muchos historiadores, biógrafos y aficionados a los estudios de los anales patrios, también fue aya del máximo hijo de la ciudad de Caracas. Además, algunos autores (27) consideran que la negra Matea, aunque fue una esclavizada de la familia de Bolívar, sin embargo no estuvo vinculada con la crianza del niño Simón y fue identificada como la susodicha aya por el General Antonio Guzmán Blanco (1829-1899), durante los actos oficiales con motivo a la celebración del Centenario del Nacimiento de Simón Bolívar en el año de 1883 (28).

María Josefa (de eslavizada a manumisa, encargada del servicio doméstico de la familia Pardo Monsanto, segunda mitad del siglo XIX) (29). El matrimonio entre Isaac Pardo (comerciante de origen judío) y María de Jesús Monsanto (caraqueña también de origen israelí), se consolidó durante varias décadas y tuvieron trece hijos, muchos de ellos se dedicaron a las actividades comerciales y otros se destacaron en las profesiones liberales de la época : el derecho, la medicina y otras (30). Sobre el caso específico de María Josefa, Isaac J. Pardo, nos señala lo siguiente: “En aquella casa, después de don Isaac y doña Jesusita, la persona más importante fue una negra, esclava, manumisa, de nombre María Josefa, a quien los niños llamaban Pepa. En principio, sus funciones fueron las de cocinera […] Mi abuela fue una persona extremadamente delicada, extremadamente sensible, extremadamente mimada por su marido […] María Josefa la protegía con una sombrilla de los quemantes rayos del sol tropical cuando la abuela cruzaba el patio de la casa. La inquietud y las voces de sus numerosos hijos la hacían sufrir, y quien se ocupaba de ellos era María Josefa. Y así, de detalle en detalle, el gobierno de la casa fue descargado en María Josefa […] Yo oí decir a mi padre con un ligero temblor de emoción en la voz : ¡Aquella negra fue nuestra madre! Y uno de mis tíos, ya anciano, clamaba por Pepa, en su agonía, Es explicable que aquellos «hijos» de María Josefa le proporcionaran todo el bienestar posible hasta el fin de su vida” (31) En el caso citado, observamos a una mujer, negra y manumisa, quien se entregó de lleno a la crianza y protección de una familia adinerada de la Caracas de finales del siglo XIX, situación que generalmente era frecuente entre las mujeres, pertenecientes a las clases sociales dominadas y más aún si eran descendientes de los africanos que llegaron a nuestro país en condición de esclavizados.

Finalmente, podemos señalar que tanto en la Venezuela colonial como en la del siglo XIX, los esclavizados africanos y sus descendientes, fueron piezas fundamentales en el desarrollo de las faenas agropecuarias, los oficios artesanales y los servicios domésticos, tal como lo vimos a lo largo del presente estudio. Esas actividades productivas sustentaron las clases dominantes de la época, tanto a nivel nacional como internacional; todo ello en el contexto del comercio triangular de esclavizados y las relaciones Europa, África, y América. Asimismo, pudimos apreciar el papel de las nodrizas y ayas, como símbolos de prestigio social y al mismo tiempo como seres humanos que se entregaron en cuerpo y alma a la alimentación y crianza de los hijos e hijas de sus “amos”, sacrificando en muchas ocasiones a sus propios niños o niñas; sin olvidar en ningún momento su labor educativa en la transmisión de tradiciones, mitos, leyendas y otras expresiones culturales originarias del continente africano.


NOTAS Y REFERENCIAS DOCUMENTALES Y

BIBLIOHEMEROGRAFICAS.


(1) Acosta Saignes, Miguel “La Negra Matea” En: Dialéctica del Libertador. p. 56

(2) Troconis de Veracoechea, Ermila. “El papel de la mujer en la conquista y la colonia”. En: Sartenejas. Organo de difusión de la Fundación de Investigación y Desarrollo FUNINDES-USB y Dirección de Extensión Universitaria. Sartenejas, Baruta ( Edo. Miranda), Nº 7, marzo de 1992 . p. 11; Herrera Salas, Jesús María. De cómo Europa se apropió de la leche de las madres africanas en el Caribe : un ensayo sobre “barbarie” y “civilización”. pp. 19-51, Ramos Guédez, José Marcial “Las «Ayas Negras» y sus aportes a la cultura en Venezuela colonial” En: Conferencia Internacional presencia de África en América. p. 299 y Ramos Guédez, José Marcial “El trabajo de los esclavos negros en el Valle de Caracas y zonas adyacentes en el siglo XVIII” En : Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas. Cali –Colombia [1977]. pp.134-137

(3) Con respecto a las mujeres esclavizadas cargadoras de agua, veamos el siguiente testimonio: “…en la conducción a la nueva ciudad situada en el valle de este nombre de San Felipe que dista de esta ciudad [Barquisimeto] un día y medio de camino y donde las sementeras de cacao se aumentan cada año considerablemente por la excelente disposición de su terreno. Los vecinos viven lo más del tiempo en sus haciendas de azúcar y cortijos de maíz que llaman los primeros retiros y los segundos conucos de que cogen abundante cosecha […] no tiene otra agua que la del río y así es grande el trajín de negras que van en cántaros por ella…” Ver: Santiesteban, Miguel de. “Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra […] desde Lima hasta Caracas, el año de 1740” En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, Tomo XLVIII, Nº 191, julio-septiembre de 1965. p. 450.

(4) Acosta Saignes, Miguel, Vida de los esclavos negros en Venezuela. p.201.

(5) Un ejemplo concreto sobre el servicio doméstico en las áreas rurales, lo podemos apreciar en el caso de la faena pecuaria que se realizaba en los llanos, en la cual los “…esclavos se localizaban en [dicho] servicio […] y salvo el mayordomo – figura especial en el contexto – ocupaban los escalones inferiores de esta organización interna del hato”. Ver: Rodríguez Mirabal, Adelina C. La formación del latifundio ganadero en los llanos de Apure. 1750 – 1800. p. 285.

(6) Samudio de Chaves, Edda O. “Los esclavos negros en la Mérida colonial”. En: El Nacional. Caracas, 18 de noviembre de 1981. pp. II-12. Edición Especial Día de la Chinita. (Se conserva la ortografía de la época)

(7) Troconis de Veracoechea, Ermila. “Aspectos generales de la esclavitud en Venezuela”. En: Tierra firme. Revista de historia y ciencias sociales. Caracas, Año 2 Vol. III, Nº 8, octubre-diciembre de 1984. p. 448.

(8) Humboldt, Alejandro de. Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente hecho en 1799,1800, 1801,1802, 1803 y 1804. Tomo I, p.462.

(9) Depons, Francisco. Viaje a la parte oriental de tierra firme en la América Merdidional Tomo II, pp. 232-233.

(10) Duharte Jiménez, Rafael. El negro en la sociedad colonial. p. 26

(11) Depons, Francisco de. Ob.Cit. Tomo II, pp. 232-233.

(12) González Lucero, Wilmer E. “La esclavitud doméstica al servicio del prestigio social en el Valle de Caracas (Finales del siglo XVIII – principios del siglo XIX)” En: Tiempo y espacio. Publicación del Centro de Investigaciones Históricas “Mariano Briceño Iragorry”. Caracas, Año VIII, Nº 15, enero-junio 1991. pp. 43-44.

(13) Troconis de Veracoechea, Ermila. Indias, esclavas, mantuanas y primeras damas. p. 118.

(14) “Testamento de Don Feliciano Palacios Sojo… año de 1796…”. En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, Tomo XXXIX, Nº 113, enero-marzo de 1946. p.69. (Se conserva la ortografía de la época)

(15) Almécija B. Juan. La familia en la Provincia de Venezuela, 1745 – 1798. pp. 78 -79.

(16) Castellanos, Rafael Ramón. Historia de la pulpería en Venezuela. Pp. 31-189 y 231-254

(17) “Documento Nº 20. Escritura de concierto para criar un niño huérfano, nieto del Capitán Francisco Uscátegui” En: Ramos Guédez, José Marcial. Contribución a la historia de las culturas negras en Venezuela colonial. pp. 406-407. Texto localizado inicialmente en : Samudio A., Edda O. El trabajo y los trabajadores en Mérida Colonial. Fuentes para su estudio. pp. 149-150

(18) Idem (Se conserva la ortografía de la época)

(19) González, Asdrúbal. Manuel Piar. pp. 40-43

(20) Clemente Travieso, Carmen. Mujeres de la independencia (Seis biografías de mujeres venezolanas).p. 25

(21) Paiva Palacios, Carmelo. La negra Hipólita: nodriza del Libertador. pp. 8-9

(22) Ibídem. p. 8

(23) Borges, Carlos “Discurso del Pbro. Dr. Carlos Borges en la Inauguración de la Casa de Bolívar” En: Mosqueda Suárez, Miguel. Vida y obras completas de Carlos Borges. pp. 578-579 y Borges, Carlos. Discurso en la Casa Nata del Libertador. pp. 25-28

(24) Ramos Guédez, José Marcial .”Bolívar y la abolición de la esclavitud” En: Revista de la Sociedad Bolivariana. Órgano de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Caracas, Año 55, Vols. LVII-LVIII, Nos. 183-184, 17 de diciembre de 2001. p. 75

(25) Idem

(26) Bolívar, Simón. Escritos del Libertador… 30 tomos.

(27) Rivero, Manuel Rafael. Matea Bolívar “La negra Matea”. pp. 7-8; N.E.A. “La negra Matea” En: Revista de la Sociedad Bolivariana. Órgano de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Caracas. Año 54, Vols. LV-LVI, Nos. 179-180, 24 de julio de 1999. pp. 237-244, Herrera Salas, Jesús María. De cómo Europa se apropió de la leche de las madres africanas en el Caribe: un ensayo sobre “barbarie” y “civilización”. pp. 55-57 y Bolívar, Reinaldo José. Simón Bolívar: hijo de Hipólita, pupilo de Matea y otros discursos afrodescendientes.. pp. 55-71

(28) Acosta Saignes, Miguel “La Negra Matea” En . Dialéctica del Libertador. pp. 55-56 y Sanz Roz, José “No podemos andar enseñando embustes como en la IV: La Negra Matea no fue nodriza del Libertador” (Datos en Línea) Disponible: http/:www. Aporrea.org. Consulta : 2009, Julio, 26.

(29) Pardo, Isaac J. “Cédula de identidad de Isaac José Pardo Soublette” En: A la caída de las hojas. p 16

(30) Ibídem. p. 18

(31) Ibídem. pp. 20-21


FUENTES CONSULTADAS.

BIBLIOGRAFICAS.


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Troconis de Varacoechea, Ermila. Indias, esclavas, mantuanas y primeras damas. Caracas : Alfadil Trópicos, Academia Nacional de la Historia, 1990. 227 p.


HEMEROGRAFICAS.


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Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Caracas, 2001

Sartenejas. Órgano de difusión de la Fundación de Investigación y Desarrollo FUNINDES-USB y Dirección de Extensión Universitaria. Sartenejas, Baruta (Edo. Miranda), 1992

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Tierra Firme. Revista de historia y ciencias sociales. Caracas, 1984

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