VIDEOS DE INTERES

jueves, 24 de septiembre de 2009

DIARIO DE INVIERNO MOSCÚ-2009

Edgardo Malaspina*


VIERNES, 9 DE ENERO

16 grados bajo cero.

Vamos hasta el Parque Sokolniki (de los halcones). Aquí los rusos se sienten como pez en el agua, porque cae bastante nieve. Estamos en un bosque completamente blanco por la nevada. En una plazoleta bailan los ancianos. Practican una especie de bailoterapia, mitad nostalgia, mitad gimnasia para contrarrestar el frío. Un señor renco baila animadamente. Una doñita se mueve al compás de la música con su bastón. La juventud patina alegremente .Natalí también lo hace, pero acusa el fuerte frío. Yo doy un paseo en un trineo tirado por un caballo. Siento dolor en las manos y los pies por el frío. Natalia me aconseja tomar un vaso de glintvein .La tal bebida es vino caliente con canela, concha de naranja, jengibre y clavos de especia. Varios sorbos reconfortan con un calorcito que recorre todo el cuerpo. Almorzamos, y ya renovados vamos a la Ciudad de las Nieves, un lugar con paredes y estatuas de hielo. De toda esta decoración gélida me atrae el iglú o casa de un esquimal.


SÁBADO, 10 DE ENERO

11 grados bajo cero.

Ayer, después de la cena, conversamos sobre la historia rusa. Serguei habló de Iván El Terrible, de la locura de Gógol en sus últimos años y también de ciertas ironías. Recordó, por ejemplo, que hace algún tiempo, durante el socialismo, los rusos bromeaban con el siguiente chiste: “En los libros se escribirá que Brezhnev fue un político de los tiempos de Ala Pugachova, una famosa cantante rusa”. La ironía histórica radica en que Pugachova aún sigue siendo una estrella del canto ruso, y de Brezhnev casi nadie se acuerda. En cada broma hay un grano de verdad, por lo visto.

Voy a la iglesia de San Simeón. Fue creada en 1625 en madera. Más tarde, en 1679 , fue reconstruida en piedra. Gogol vivía cerca y la visitaba diariamente para rezar. El escritor en sus últimos años hablaba sólo de temas religiosos, del cielo, los ángeles, el infierno, los castigos para los pecadores, la vida eterna, etc. De allí el rumor sobre su locura. En el lecho de muerte llamó al sacerdote de la iglesia de San Simeón y le pidió una escalera. Para llegar al cielo, tal vez.

En el tiempo de los soviets en esta iglesia funcionaba una sociedad de protección de la naturaleza; y en vez de imágenes sagradas tenía jaulas y animales. Yo pasaba cerca de ella cuando visitaba Don Knigui, una libería muy grande, ahora transformada en centro internacional de venta de libros.

En la noche asisto con Natalia y Natalí al Teatro Mali. Tenemos boletos para la obra de Chejov El Jardín de los Cerezos, pero al entrar nos enteramos que fue cambiada por una de Ostrovski, un reputado dramaturgo que retrató la vida cotidiana de la Rusia del siglo XIX. La pieza en cuestión (llamada “No teníamos ni un kopeck y de repente apareció un altín”. El altín es una moneda antigua de plata.) trata de un señor que sólo habla de sus dificultades económicas y envía a su sobrina a realizar los trabajos más denigrantes para subsistir.

El tal señor, muy avaro, se suicida al perder un fajo del dinero que siempre mantenía escondido. Luego se descubre toda la riqueza que tenía acumulada; y esta circunstancia salva a la muchacha de seguir degradándose. En fin , una comedia sencilla con algunos momentos de humor. Salimos del teatro y caminamos cerca de una estatua de Ostrovski, sentado, pensativo y muy serio.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Grupo Manifiesto Historia a Debate

Manifiesto de Historia a Debate

Después de ocho años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y últimamente Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes historiográficas, asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1) el continuismo de los años 60-70, (2) el posmodernismo, y (3) el retorno a la vieja historia, la última "novedad" historiográfica.

Estamos viviendo una transición histórica e historiográfica de resultados todavía inciertos. Historia a Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de los historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su escritura una nueva primavera. A tal fin hemos elaborado 18 propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas, que presentamos a los historiadores y a las historiadoras del mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y posterior desarrollo.

METODOLOGÍA

I
Ciencia con sujeto

Ni la historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye.

Tomar en consideración las dos subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y plurales, por lo tanto rigurosos.

Ha llegado la hora de que la historia ponga al día su concepto de ciencia, abandonando el objetivismo ingenuo heredado del positivismo del siglo XIX, sin caer en el radical subjetivismo resucitado por la corriente posmoderna a finales del siglo XX.

La creciente confluencia entre las "dos culturas", científica y humanística, facilitará en el siglo que comienza la doble redefinición de la historia, como ciencia social y como parte de las humanidades, que necesitamos.

II
Nueva erudición

Somos partidarios de una nueva erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios, errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de valorar procurando también la objetividad en la pluralidad de las fuentes.

Una nueva erudición que se apoye con decisión en el conocimiento no basado en fuentes que aporta el investigador. La historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan además a construir/descubrir las fuentes.

Una nueva erudición que vaya más allá de la historiografia renovadora de los años 60 y 70 incorporando la nueva relación con las fuentes aportada por la historia de las mujeres, la historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global y otras novedades productivas surgidas o desarrolladas en los años 80 y 90, así como la "nueva historiografía" que está naciendo en Internet y de la cual formamos parte.

Una nueva erudición que, reconociendo que el necesario trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades de historiadores, desenvuelva el debate y el consenso en ámbitos colectivos.

Una nueva erudición, en suma, que nos permita vencer el "giro positivista" y conservador a que nos ha conducido, recientemente, la crisis de las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que amenaza con devolver a nuestra disciplina al siglo XIX.

III
Recuperar la innovación

Urge un nuevo paradigma que recobre el prestigio académico y social de la innovación en los métodos y de los temas, en las preguntas y en las respuestas, en resumen, en la originalidad de las investigaciones históricas. Una nueva historiografía que mire hacia adelante y que devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la renovación y por los compromisos historiográficos.

Brotarán nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de los métodos y de los géneros; llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas, de una sociedad sujeta a una profunda transformación.

La historiografía del siglo XXI precisa de la ilusión y de la realidad de enfoques auténticamente innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de Lot, en una estatua de sal.

IV
Interdisciplina

La nueva historiografía que proponemos ha de acrecentar la interdisciplinariedad de la historia, pero de manera equilibrada: hacia adentro de la amplia y diversa comunidad de historiadores, reforzando la unidad disciplinar y científica de la historia profesional; y hacia afuera, extendiendo el campo de las alianzas más acá y más allá de las ciencias sociales clásicas.

Es menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas. Al mismo tiempo, la historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques, además de con las ciencias sociales, con la literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de la naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las disciplinas emergentes que tratan de las nuevas tecnologías y de su impacto transformador en la sociedad, la cultura, la política y la comunicación.

Aprendiendo de experiencias pasadas, tres son los caminos que hay que eludir, en nuestra opinión, para que la interdisciplinariedad enriquezca a la historia: 1) perseguir una imposible "ciencia social unificada" alrededor de cualquiera otra disciplina, sin menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar tanto individual como colectivo; 2) hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica de la "crisis de la historia", que nosotros entendemos como cambio de paradigmas; 3) diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos proponen hoy en día los narrativistas extremos en relación con la literatura.

V
Contra la fragmentación

El fracaso de la "historia total" de los años 60 y 70 abrió la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció detenerse en los años 90 y resulta cada vez más anacrónica en el mundo que viene, basado en la interrelación y la comunicación global.

Nuestra alternativa es avanzar, en la práctica historiográfica, nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros y niveles de análisis.

Para hacer posible una historia a secas, integral, hay que experimentar, pues, iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida, y no como "horizonte utópico": líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades; incorporación a la historia general de los paradigmas especializados más innovadores; combinar enfoques cualitativos y cuantitativos; articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos, aún potencialmente abarcantes, como mentalidad y civilización, sociedad, red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos; indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global; servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando investigación y divulgación; impulsar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras disciplinas.

HISTORIOGRAFÍA

VI
Tarea historiográfica

Sabiendo como sabemos que el sujeto influye en los resultados de la investigación, se plantea la necesidad de indagar al propio historiador en aras de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando integrar los individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas, implícitas y explícitas, que condicionan, se quiera o no, la evolución interna de la historia escrita. Estudiando a los historiadores y a las historiadores por lo que hacen, no sólo por lo que dicen; por su producción, no sólo por su discurso. Aplicando, con matices, tres conceptos clave de la historia de la ciencia pospositivista: el ‘paradigma’ como conjunto de valores compartidos; la "revolución científica" como ruptura y continuidad disciplinar; la ‘comunidad de especialistas’ por su poder decisorio, a su vez condicionada por el entorno social, mental y político. Practicando, en conclusión, una historiografía inmediata que procure ir por delante de los acontecimientos históricos que inciden en los cambios historiográficos que estamos viviendo.

VII
Historiografía global

El agotamiento de los focos nacionales de renovación del siglo XX ha dado paso a una descentralización historiográfica inédita, impulsada por la globalización de la información y del saber académico y superadora del viejo eurocentrismo. La iniciativa historiográfica está hoy más al alcance de todos. El auge, por ejemplo, de una historiografía latina crítica y de una historiografía poscolonial, lo demuestran. Las comunidades transnacionales de historiadores, organizadas en Internet, juegan ya un papel importante en la formación de nuevos consensos en detrimento del anterior sistema de dependencia de unas historiografías nacionales de otras y de intercambios académicos elitistas, jerárquicos y lentos.

No entendemos la globalización historiográfica como un proceso uniformador, pensamos y ejercemos la historia, y la historia de la historia, como docentes e investigadores, en diferentes ámbitos superpuestos e interrelacionados: local, regional, nacional, continental e internacional/global.

VIII
Autonomía del historiador

Conforme los proyectos colectivos del siglo XX fueron entrando en decadencia, sin ser todavía reemplazados por un nuevo paradigma común, ha crecido de manera exagerada la influencia del mercado editorial, de los grandes medios de comunicación y de las instituciones políticas, en la escritura de la historia, en la elección de temas y métodos, en la formulación de hipótesis y conclusiones, con un sentido cada vez más evidente de promoción de la vieja historia de los "grandes hombres".

Recuperar la autonomía crítica de los historiadores y de las historiadoras respecto de los poderes establecidos para decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación histórica nos exige: reconstruir tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos historiográficos, más allá de las convencionales áreas académicas; utilizar Internet como medio democrático y alternativo de comunicación, publicación y difusión de propuestas e investigaciones; observar la evolución de la historia inmediata, sin caer en el presentismo, para captar las necesidades historiográficas, presentes y futuras, de la sociedad civil local y global.

IX
Reconocer tendencias

La vía más nociva para imponer la propia tendencia historiográfica, normalmente conservadora, es negar que existan o que deban existir tendencias historiográficas. El imaginario individualista, los compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan lo que tenemos de común, muchas veces sin saberlo o sin decirlo: por formación, lecturas, filiaciones y actitudes. Somos partidarios y partidarias, en consecuencia, de sacar a la luz las tendencias actuantes, más o menos latentes, más o menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones extra-académicas, con frecuencia negativas para su desarrollo. El compromiso historiográfico consciente nos hace, por lo tanto, libres frente a terceros, rompe el aislamiento personal, corporativo y local, favorece el reconocimiento público y la utilidad científica y social de nuestro trabajo profesional.

X
Herencia recibida

Nos oponemos a hacer tabla rasa de la historia y de la historiografía del siglo XX. El reciente retorno de la historia del siglo XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, aunque justo es reconocer también que dicho "gran retorno" pone en evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas tendencias protagonizaron. El imprescindible balance, crítico y autocrítico, de las vanguardias historiográficas no anula, por consiguiente, su actualidad como tradiciones necesarias para la construcción del nuevo paradigma. Porque simbolizan el "espíritu de escuela" y la militancia historiográfica, así como el ejemplo de una historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico, social y político, con unos medios de comunicación muy superiores a los existentes en los años 60 y 70 del ya pasado siglo.

XI
Historiografía digital

Las nuevas tecnologías están revolucionando el acceso a la bibliografía y a las fuentes de la historia; desbordando las limitaciones del papel para la investigación y la publicación; posibilitando nuevas comunidades globales de historiadores. Internet es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico si se utiliza de acuerdo con su identidad y posibilidades, esto es, como un forma interactiva de transmitir información instantánea de manera horizontal a una gran parte del mundo.

Según nuestro criterio, la historiografía digital ha de seguir siendo complementada con libros y demás formas convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos, y viceversa. Este nuevo paradigma de la comunicación social no va a reemplazar, en consecuencia, las actividades presenciales y sus instituciones seculares, pero formará parte de una manera creciente de la vida académica y social real.

La generalización de Internet en el mundo universitario, y en el conjunto de la sociedad, así como la educación informática de los más jóvenes irán imponiendo esta nueva historiografía como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre el siglo XX y el siglo XXI.

XII
Relevo generacional

En la segunda década de este siglo tendrá lugar un considerable relevo generacional en el cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación de los nacidos después de la II Guerra Mundial. ¿Supondrá esta transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado de paradigmas? No lo podemos asegurar.

La generación del 68 fue más bien una excepción. Entre los estudiantes universitarios actuales contemplamos parecida heterogeneidad historiográfica e ideológica que el resto de la academia y de la sociedad. Podemos encontrarnos con historiadores e historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y de su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros alumnos.

TEORÍA

XIII
Historia pensada

Es esencial para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación.

Somos contrarios a una "división del trabajo" según la cual la historia provee de datos y otras disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben relatos de amplia difusión). Las comunidades de historiadores profesionales tienen que asumir su responsabilidad intelectual tratando de completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo hasta la valoración y reivindicación de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y en la política.

El aprendizaje de los estudiantes universitarios de historia en cuestiones de metodología, historiografía, filosofía de la historia y otras disciplinas con base teórica, es el camino para elevar la creatividad futura de las investigaciones históricas, subrayar el lugar de la historia en el sistema científico y cultural y fomentar nuevas y buenas vocaciones historiográficas.

Nuestra meta es que el historiador que reflexione intelectualmente haga trabajo empírico, y que el historiador que investiga con datos concretos piense con alguna profundidad sobre lo que hace, obviando así la fatal disyuntiva de una práctica (positivista) sin teoría o de una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de la teoría y la práctica hará factible, por lo demás, una mayor coherencia de los historiadores y de las historiadoras, individual y colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que se hace, empíricamente.

XIV
Fines de la historia

La aceleración histórica de la última década ha reemplazado el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre los "fines de la historia".

Asumiendo que la historia no tiene metas pre-establecidas y que, en 1989, dio comienzo un profundo viraje histórico, cabe preguntarse, también desde la historia académica, adónde nos lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué intereses y cuáles son las alternativas.

El futuro está abierto. Es responsabilidad de los historiadores y de las historiadoras ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, a los hombres y mujeres de todas las razas y naciones.

Las comunidades de historiadores han de contribuir pues a construir una "nueva Ilustración" que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del progreso que hoy demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías del Norte y del Sur, del Este y Oeste, el disfrute humano y ecológico de los avances revolucionarios de la medicina, la biología, la tecnología y las comunicaciones.

SOCIEDAD

XV
Reivindicar la historia

El primer compromiso político de los historiadores debería ser reivindicar, ante la sociedad y el poder, la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias comunitarias.

La historia profesional ha de combatir aquellas concepciones provincianas y neoliberales que todavía pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado, pasado con futuro.

Los efectos más notorios de las políticas públicas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Las comunidades de historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren ser historiadores, cooperando en la búsqueda de unas soluciones que pasan por la revalorización del oficio de historiador y de sus condiciones de trabajo y de vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la universidad y la investigación.

XVI
Compromiso

En tiempos de paradójicos "retornos", queremos constatar y alentar la "vuelta al compromiso" de numerosos académicos, también historiadores, en diversos lugares del mundo con las causas sociales y políticas vinculadas a la defensa de valores universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y democracia. Actitudes solidarias indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales. Contrapeso vital, por lo tanto, para conjurar una virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora.

El nuevo compromiso que preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de futuro. El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Resistiendo, desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables. Cooperando, y rivalizando, con otros científicos sociales y humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.

La relación del historiador con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un contexto temporal continuo. Si se acepta que la objetividad de la ciencia de la historia es inseparable de la subjetividad (plural) del historiador, debemos concluir que no existen grandes diferencias cualitativas entre una historia inmediata y una historia mediata, entre una historia más contemporánea y una historia más antigua. Todo es historia, si bien cuando más nos distanciamos de lo actual mayor es la carga que recae sobre nosotros, historiadores, por ausencia de las disciplinas más presentistas.

XVII
Presente y futuro

Nuestro objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el pasado, pero nosotros estamos en el presente, y estos presentes están preñados de futuros. El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido, y de su fluir permanente.

Contemplamos varios niveles en la relación del historiador con la inmediatez histórica: compromiso social y político, tema de investigación, historiografía de intervención o criterio metodológico general para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de la escuela de Annales lo formularon: "comprender el pasado por el presente, comprender el presente por el pasado". Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro.

La caída de la filosofías finalistas de la historia, sean socialistas sean capitalistas, ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.

XVIII
Nuevo paradigma

La historiografía depende de los historiadores y de la historia inmediata. El cambio de paradigmas historiográficos que venimos proponiendo, desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 (Seattle) y julio de 2001 (Génova) hemos observado los comienzos de un movimiento global sin precedentes, contra los estragos de la globalización, que busca ya alternativas de sociedad: el pensamiento único es ahora menos único. Son muchos los que califican de cambio de civilización la globalización y sus críticos, la sociedad de la información, la nueva revolución científico-tecnológica y el movimiento social global: no es fácil entrever lo que nos depara el mañana pero hay razones para la esperanza. Todos debemos colaborar.

Historia a Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos absolverá, esperemos.

En la Red a 11 de setiembre de 2001

(11 de febrero de 2002)

Composición del Grupo Manifiesto de Historia a Debate

  • Carlos Barros, Universidad de Santiago de Compostela, España (Coordinador)
  • Israel Sanmartín, Instituto Padre Sarmiento, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Santiago, España (Secretario).
  • Jérôme Baschet, École des Hautes Études en Sciences Sociales, París, Francia, y Universidad Autónoma de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, México.
  • Boris Berenzon, Universidad Nacional Autónoma de México, México D. F.
  • Micheline Cariño, Universidad Autónoma de Baja California Sur La Paz, México.
  • Francisca Colomer, Centro de Profesores y Recursos, Murcia, España.
  • Amelia Galetti, Instituto de Enseñanza Superior, Paraná, Argentina.
  • Sergio Guerra, Universidad de La Habana, Cuba.
  • Elpidio Laguna, University of Rutgers, Newark, New Jersey, USA
  • Germán Navarro, Universidad de Zaragoza, España.
  • Gonzalo Pasamar, Universidad de Zaragoza, España.
  • Juan Paz y Miño, Pontificia Universidad Católica, Quito, Ecuador.
  • Eugenio Piñero, University of Wisconsin, Eau Claire, USA.
  • Norma de los Ríos, Universidad Nacional Autónoma de México, Mexico D. F.
  • Reinaldo Rojas, Universidad Pedagógica Experimental Libertador Barquisimento, Venezuela.
  • José Javier Ruiz Ibáñez, Universidad de Murcia, España.
  • Juan Manuel Santana, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España.
  • Cristina Segura, Universidad Complutense, Madrid, España.
  • Miguel Somoza, Universidad Nacional de Educación a Distancia Madrid, España.
  • Guillermo Turner, Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México D. F.
  • Luz Varela, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
  • Francisco Vázquez, Universidad de Cádiz, España.
  • Jose Giraldo Vinci de Moraes, Universidade Estadual Paulista Sâo Paulo, Brasil.

© José Luis Gómez-Martínez Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

Texto tomado de http://www.ensayistas.org/critica/manifiestos/H-debate.htm

Pensamientos de luces y sombras

Daniel R. Scott

Sólo mi fe en Dios y la poesía que le saco a las cosas le dan significado a mi vida. El día que dejemos de poetizar aun nuestras propias desventuras estaremos perdidos

No le temo a los fracasos del presente ni a las incertidumbres del futuro. Yo siempre tendré despejada una ruta de escape y una isla desierta en la cual desembarcar. Allí sólo me bastara para ser feliz unos cuantos libros, tinta y papel, una hogaza de pan y la cima de una montaña para contemplar el amanecer y los ocasos.

Solo la ignorancia, el fanatismo o la estupidez ensayarían un modelo político que las cátedras y las lecciones de las historia demostraron inviable inviable y quebrado

No quiero ser cristiano de templos sino de existencias

Así es como quiero percibir y expresar la realidad: a lo Gabriel García Márquez o Isabel Allende. La materia de la existencias y de las cosas solo pueden ser abordados poéticamente. Así lo cotidiano y pueril adquiere belleza y sentido. Así no nos suicidamos.

Podría perder a Cristo por descuido, por error o voluntariamente, pero jamás dejaría de profesar la ética cristiana. Cristo seguiría presente en la virtud, en el ejercicio de la moral. Desilusionaría a mis correligionarios profesando un "Cristianismo sin Cristo" nada consono con la ortodoxia tradicional, pero no viviendo los vicios de la vida. De eso hay que huir exista Dios o no. El Cristianismo es en su médula un estilo de vida, una filosofía, un estado de conciencia. Seguiría siendo cristiano así me espere "la nada" en el más allá.

Creo en el dogma cristiano pero ya es hora de que el dogma cristiano se deje de prepotencias y le dé paso a la moral cristiana, que tanta falta le hace a nuestro mundo. Sin moral los dogmas son una farsa, una carga inútil, un insulto a toda cara.

Las ganas de vivir son infinitas, pero las horas de la vida se desgastan con el uso.

Estoy harto de llenar mi cabeza de "La Verdad", yo solo quiero ser feliz.

Creo en Cristo pero francamente no sé si eso haga de mi un cristiano. Ya no creo que existan cristianos verdaderos. Preferiría creer que soy un hombre que intenta ser bueno y muchas veces no lo consigo. O un cristiano en proceso de construcción.

La felicidad es una moneda que es fácil de perder y dícil de encontrar

¡Cuántas personas solitarias caminando entre el atestado tráfico del atardecer! Aquí los puedo observar desde este sorbo de café que me amarga el paladar del alma

¡Cuanto se espera por la persona que existe pero nunca termina por llegar!

Justo entre el asfalto de la calle y el cemento de la acera se levanta estoico y adulto un árbol solitario que no se cansa de respirar el monóxido de carbono de un trafico que no se cansa de fluir como río pestilente. ¿Hasta cuando lo soportará? ¿Hasta cuando lo torturaremos? Un día amanecerá y lo encontraremos desmembrado por las sierras de un falso podrido progreso.

No existen ideales malos sino inalcanzables. El hombre concibe un ideal que está mas allá de sí mismo para descubrir luego que no lo puede alcanzar con su mano mortal. En busca de la perfección que está mas allá de lo humano, el hombre se inventa ideas redentoras que están muy alejados de la facultad de sobrepasar. Es allí cuando te encuentras con un Bolívar que suspira "He arado en el mar" o a un pacifista como Gandhi con varios balazos en el pecho.

Pero el ideal es un adorno hermoso y hay quienes al verte hasta te admiran. Será esa única recompensa.

Jamás mendigues migajas de amor de panes enmohecidos. Te intoxicarás muy malamente. Es mejor ayunar o morirte de hambre.

No es que el bien no exista sino que el mal es comercial y vende muy bien. Cosas de la Postmodernidad. Más sabemos del nazismo que de la Cruz Roja Internacional

¿La tecnología nos ha hecho moralmente mejores? Al contrario: por momentos nos lleva a la Edad de Piedra. Lo dudo. Veo filas de caras sádicas frente al internet viendo como insurgentes de Irak decapitan muy lentamente a prisioneros anglosajones. La sangre brota de sus cuellos como surtidores.

Los bares, tu bar: vertederos de la desilusión humana.

Prefiero ser un campesino pobre que pesca bagres a la orilla de un caño de aguas sucias que un Elvis Presley millonario al que los aduladores le chupan la vida poco a poco. Preferiría no ser nadie, si os soy sincero

Marzo 2007/Septiembre 2009


Imagen tomada de http://pleine-lune-davril.blogspot.com/2008_05_01_archive.html

miércoles, 16 de septiembre de 2009

DIARIO DE INVIERNO MOSCÚ-2009

Edgardo Malaspina


JUEVES, 8 DE ENERO

20 grados bajo cero.

Ayer Lida citó un párrafo de un libro de Gilerovski. Allí el escritor anota: “Cuando el pueblo se convierte en público corre el peligro de ser manipulado”. Interesante frase para reflexionar.

El día es feriado por la navidad que aún continúa celebrándose. Las calles están vacías. Voy a Kitai Gorod, una de las regiones más antiguas de Moscú. Parte del muro construido desde el 1534 aún se conserva. Es citada desde el siglo XI. . Por este camino partió el príncipe Demetrio en 1380, para combatir a los tártaros. Rezó en una pequeña iglesia de madera. Después de la victoria en Kulikovo ordenó reconstruir el templo en piedra, ahora llamado de Todos los Santos en Kulishki. Entro al mismo. Allí hay un cuadro de la Virgen María, pintado por el propio San Lucas, dicen. Lo tenía una de las primeras sectas cristianas que vivía en Egipto. Le rezan para curar la infertilidad, el dolor de cabeza, las hemorragias.

A esta iglesia perteneció otro cuadro de la Virgen María usado para combatir la peste. En 1771 un cura contó lo que había soñado: la enfermedad se debía porque la gente no rezaba lo suficiente. El pueblo entonces empezó a venir para cumplir sus obligaciones religiosas, pero la enfermedad se diseminaba más por el hacinamiento. Retiraron el icono y el pueblo reaccionó con un levantamiento que dejó muchos muertos.

Stalin cerró la iglesia en 1930 , la cual funcionó como sede de la policía secreta. Aquí fueron fusilados los adversarios de los bolcheviques. Hace 30 años Natalia y yo vivimos al frente y nunca oímos hablar de esos fusilamientos. Por supuesto.

Estoy en Várvarka. Los bolcheviques llamaron esta calle Stepán Razin, un cosaco que se alzó contra el régimen con un ejército de siervos liberados . Lo capturaron y fue arrastrado en 1671 por donde paso ahora. Lo llevaban a la Plaza Roja para descuartizarlo. Entro a la iglesia de Santa Bárbara. Como en todos los templos eslavos en la entrada hay una pequeña tienda donde venden iconos y literatura religiosa. Le pido información a la anciana que la atiende. Me explica:

-Esta casa de Dios se construyó en 1514 en honor a Santa Bárbara, una mártir, mandada a decapitar por su propio padre por convertirse en cristiana. Un incendió la arrasó hace mucho tiempo y se reconstruyó en 1795.Luego tuvimos un gobernante que se hacía llamar el gran líder, camarada Stalin. En realidad era un tirano ateo. Cerró las puertas de la iglesia y la convirtió en depósito de cualquier cosa. Aquí funcionó una pastelería. Pero gracias a Dios la pesadilla se acabó y nos devolvieron el templo.

Llego hasta un museo que es la casa típica de un boyardo o señor feudal ruso. Se llama Cámara en Zariade. Aquí nació Mijail Feodoorovich , el fundador de la dinastía de los Romanov. Data del siglo XVI. Tiene varios cuartos con utensilios de la época. En la biblioteca hay diez libros enormes. La guía me dice: “En aquel entonces esos pocos tomos se consideraban una biblioteca grande”. En el sótano está “el cuarto de las riquezas”. Aquí se guardaba el dinero, el oro de la familia. Tiene un baúl inmenso y una chimenea.

martes, 15 de septiembre de 2009

Ángel Custodio Loyola: Matorrales y caminos

LA VOZ DE UN LLANO REMOTO


Alberto Hernández



** Por los cuatro costados de la casa se oye la voz de Ángel C. Entonces la noche era el contrapunteo cerca del sueño y los tañíos de los cantadores salían de la rockola de Fermín Moreno, allá en Guardatinajas.



1.-

La foto fue la última que le hicieron en Venezolana de Televisión. La mirada como entrando en detalles, el fuste de corres espantos y los sueños encumbrados porque ya el llano tenía nombre en su voz.

Lo cuentan la tierra y las tolvaneras de Calabozo, la Mata Arzolera, donde el sol lo alumbró por vez primera y los cantos de ordeño en los días mañaneros paseaban por el hilito de garganta que la niñez le extrañaba.

El “renco” Loyola –como pocos lo tenían cerca de la boca- ponía ojos de empeño en aquellas calles de ese Calabozo donde aún la gente lo pronunciaba con las letras completas. En la Carrera 12, o frente a la Iglesia de El carmen, o a la salida hacia El Rastro, porque su canto y su modo de silabear la llanura destacaban su comportamiento, para salirle al paso a tanto faramallero de fácil nocturnidad.


2.-

Por los cuatro costados de la casa se oye la voz de Ángel Custodio Loyola. Entonces la noche era contrapunteo cerca del sueño y los tañíos de los cantadores salían de la rockola de Fermín Moreno. Guardatinajas cantaba con José Romero bello, el Carrao de Palmarito y el “renco Loyola, verdaderas leyendas de una cultura que tenía como espacio la inmensa soledad del llano. En medio de la más temible sequía se oía el susurro de algún madrinero, la tonada bajita de quien más tarde, ya en la oscurana, marcaría con pasión el botón para hacer presente a La catira marmoleña, o irse a Puerto Miranda con el canto malcriado del hombre del pañuelito.

El llano seguía siendo un misterio. La única voz de las madrugadas emergía de los grillos de las rockolas, porque Guardatinajas y todos los caseríos del llano son islas rodeadas de botiquines por todas partes. Y en esos sueños de niño el regazo y la canción de cuna eran los pajarillos, los merecures, los gabanes y los sonidos de la sombra en la garganta de un hombre que sigue siendo en las tierras de Guárico y más de ellas.


3.-

A Luis Alberto Crespo lo mordió la curiosidad, por aquello de registrar todos los rincones de la casa, y entonces montó potro cerrero para darle riendas a su entusiasmo. Le entró al polvo de la planicie y floreó los terrones y los caminos de los cascos de su caballo. Allí lo encontraron, untado de palabras que trajo de París, sí, pero con la materia de su territorio afectivo intacto: el país que le hincó la vida desde las imágenes de la sequía de Carora y Calabozo. Con él, con el espíritu del llano, verbalizó con Ángel C. Loyola, en una escritura, la “obra” de hombre de barro y canto.

Todo el llano en la voz es la síntesis de Loyola: “A Ángel Custodio Loyola le falta tiempo y memoria para regresar a sus primeros días de cantor de corríos y contrapunteos, allá en la Mata Arzolera, donde anduvo detrás de su abuelo Rafael Loyola y de su padre Casildo Laya, becerreando y oyendo cantar los cantos de ordeño en los corrales de los hatos”, porque este señor que miraba el llano desde adentro habla de corrido tantos matorrales y caminos que el canto se le había hecho eterno, largo como el silbido del viento o el de algún animal de la sabana. Entonces Luis Alberto Crespo hizo libro con Ángel C. y abrió las primeras páginas de la publicación Ángel Custodio Loyola: La voz de un llano remoto (Serie Herrajes y Crónicas, Nº 3 de la Coordinación de Literatura, Secretaría de Cultura del estado Aragua, 1994).


4.-

Libro de contrapunteo porque el poeta Ángel Eduardo Acevedo, con su pausada y sabia mirada de llanero, lo sigue en las letras y atajos, como encontrándose con él mismo. Por la pluma de Ángel Eduardo pasan las canciones, el joropo sanguíneo y versador: “Los corazones”, “Pasaje número uno”, La guayaba”, “Tierra negra”, “San Rafael”, “Pajarillo”.

El poeta Acevedo es hombre de meterse en estas cosas. Es hombre de saber decir. Y en este libro se pasea entre declaraciones que Ángel C. hiciera, como para dejar la huella de su gentilicio: Adiós llanos del Oeste, cambio de climas para sentir el mismo ajuste con la tierra.


5.-

A José Antonio Silva lo tenemos en Calabozo. Por aquellos lados promueve cantos y eventos de la cultura. En este libro conversa con el cantor y se deja llevar por las respuestas de un hombre que jamás dejó preguntas sueltas. Entre hilos y deshilos, tanto José Antonio como Ángel Custodio hacen un lugar a la buena versación con las historias y anécdotas de quien fuera malcriado y coplero, altanero y conversador, delicado y hombre de a caballo.

La vida de un pedazo de memoria que quedará en las manos de quienes se acerquen a las páginas de un libro que guarda muchos secretos. Algunos riesgosos por lo que dice ÁngelC., otros urticantes, porque ese hombre de la resolana supo dejar bien sentado el testamento de su pasión por lo que hacía, echando a un lado la estación de quienes quisieron hacer de su voz mercado de tristezas.


Coda: Fuera del libro lo encontramos en Maracay, veguero desde su manera de respirar. En esta comarca visible fue campesino y olvidado, también parte de la memoria de una tierra que lo ha destinado a los terrenales de Calabozo, donde finalmente descansa la muerte, la eternidad de su canto.


Imagen tomada de http://llanomusical.blogspot.com/2009/01/angel-custodio-loyola-clasicos-llaneros.html

Ángel Custodio Loyola, El Cantor del Llano

Prof. Elvin Barreto Guédez

Dpto. de Formación General y Ciencias Básicas

Universidad Simón Bolívar

Sede del Litoral


Para quienes amamos y sentimos la música del llano corriendo como sangre por nuestras venas y corazón, el nombre de Ángel Custodio Loyola ocupa un sitial destacado, pues, estamos refiriéndonos a un hombre que dotado de un extraordinario talento, interpretó el genuino canto de nuestras sabanas, esteros y ríos. En septiembre, mes de su natalicio y desaparición física, rendimos un merecido homenaje a “El Cantor del Llano”, declarando a septiembre el mes Loyolero.


Aquella noche del 4 de septiembre de 1926, la silente sabana de La Mata Arzolera, entre Santa María de Tiznados y El Socorro, al oeste del estado Guárico, se estremeció con el llanto de un niño varón fruto de la unión de María Albertina Loyola y Casildo Laya. Niño a quien luego bautizaron, en la iglesia de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, con el nombre de Ángel Custodio.


La infancia de aquel niño transcurrió en un ir y venir por ese pedazo de llano, surcado por ríos y caños, que une a los estados Guárico y Barinas (Zamora, para aquel entonces). De ahí que no es difícil encontrarse hoy en día con parientes y amigos de Loyola y su familia, regados por las parroquias del municipio Arismendi, del estado Barinas. Así como hombres y mujeres que lo vieron y escucharon cantar, recordándolo con admiración infinita, desde sus inicios como cantador en tierras del extremo este barinés.


Ángel Custodio Loyola , recién llegado a Caracas.


De hecho, Loyola le confesó al poeta Luis Alberto Crespo en una entrevista titulada Todo el llano en la voz, publicada en 1994, junto a otros escritos de ängel Eduardo Acevedo y José Antonio Silva; que la primera vez que le permitieron cantar en público y entre adultos fue en Zamora (Barinas), contando Loyola en aquella ocasión con “más o menos catorce años” de edad, en un baile homenaje a San Lorenzo que se había prendido en el vecindario El Berraco, concretamente en la casa de Ramón Hernández, un primo de Loyola, quien también cantaba, al igual que Eliseo Flores, otro admirado pariente.


Como era natural en el llano, desde muy pequeño Loyola escuchó y admiró a copleros relancinos como el mentado Eliseo Flores, Manuel Pérez Acosta, Juan de la Cruz “Cucú” Pérez, Ricardo Acevedo, Ramón Delgado, Santana Peña, Valentín Díaz, entre otros que eran cantadores improvisados de fama local que no llegaron a grabar discos. Eran los años en que el contrapunteo era el género de canta llanera más popular. Como Loyola le dijo a Crespo:

“…en esa época lo que se cantaba era puro contrapunteo, la discusión cantada improvisando. El pasaje, por ejemplo, casi no se cantaba. Los cantantes de antes no cantaban joropos. Era muy raro oír a un hombre cantar, pongamos, un pajarillo…el que trajo a Caracas el grito del pajarillo fui yo. Eso es muy mío…”


Más tarde, Loyola se hizo partícipe como cantador en bailes y sitio públicos. En la medida que la fama de Loyola fue creciendo, las presentaciones se fueron haciendo más frecuentes. En una ocasión, Loyola declaró que sus descubridores fueron Germán Fleitas Beroes, Pedro Azopardo, Rafael y Mariano Hurtado Rondón, todos ellos vinculados a la canta y poesía llanera guariqueña. Pero es Juan Vicente Torrealba quien llevado por recomendación de Antonio Abraham – musiú Abraham – fue al encuentro de Loyola en Calabozo, en la casa de Raquel Jaén, para proponerle que se integrara a la agrupación Los Torrealberos.


Entre 1940 y 50, en Caracas habían intérpretes de un joropo muy peculiar: era de ritmo rápido y ejecutado con bandolín, guitarra, maracas, entre otros instrumentos. Era un joropo distinto al que se escuchaba en el llano adentro. Ese joropo caraqueño-mirandino contaba con artistas de la talla de César del Ávila, Juan del Ávila, Magdalena Sánchez, Josefina Rodríguez, Lorenzo Herrera (padre e hijo), Adrian Pérez (autor de El muñeco de la ciudad), Vicente Flores, Heriberto Escobar, entre otros.


Entonces, para el año 1947 surgieron Los Torrealberos, agrupación inspirada por Juan Vicente Torrealba, joven proveniente de una familia hacendada de los llanos centrales, con inquietudes musicales en la ejecución de la guitarra y el arpa. Los Torrealberos nacieron con el interés de imponer un estilo de joropo, con un ritmo lento para el gusto del público de salón. Querían popularizar la música llanera en Caracas. En ese ensayar el nuevo estilo, Juan Vicente se va a las sabanas en busca de una voz representativa del autóctono cantar llanero, encontrándose con Loyola, quien se va con él a Caracas, en 1951.


Long Play que contiene las grabaciones realizadas por Ángel C. Loyola y Juan Vicente Torrealba, con Los Torrealberos.

Al llegar a Caracas, Loyola se consigue con una realidad musical desconocida por él. Iniciando una despiadada crítica a ese joropo caraqueño-mirandino y a los estilos musicales caribeños – mambo y guaracha – que eran muy populares en aquellos ambientes citadinos. En uno de sus pasajes, se escucha:


Cantando al pie del arpa

óyelo bien, yo vine

y no supe cuando

porque supe que en Caracas

lo que reinaba era el mambo.

El joropo es sentimiento, alma

y dan ganas de cantar,

no es un mambo escandaloso,

ni una Guaracha vulgar.


Loyola se presentó ante el público como un representante del joropo puro, el del llano adentro; con un estilo vernáculo que fue causando interés y admiración en el público caraqueño y del interior del país. Convirtiéndose en una especie de apostol de lo que calificamos como la ética del llanero, cuestionando todo lo que a su parecer la pudiera corromper. Queremos pensar que motivado a este radical punto de vista, fue por lo que abandonó a Juan Vicente Torrealba y Los Torrealberos.


Pero antes de la separación y a pesar del breve tiempo de trabajo, hicieron juntos las primeras grabaciones de Loyola en acetatos de 78 revoluciones por minutos (r.p.m.) para los sellos disqueros REHA y Banco Largo, de los temas: El gavilán, Tierra Negra, Pasaje Nº 1, El carnaval, San Rafael, El sancocho y El pabellón. Luego, saldría a la luz pública el long play (LP) Dos criollísimos, que reúne todos los temas cantados por Loyola al pie del arpa de Juan Vicente Torrealba.


Rota la relación con Torrealba, Loyola se unió a Ignacio Ventura Figueredo – El indio Figueredo – arpista apureño que vivía cortos períodos entre Caracas y Maracay. Juntos grabaron para 1951 ó 52 un acetato de 45 rpm con los temas: El gabán y La verdolaga.


La fama de Loyola crecía y crecía. Grabaciones de discos de acetatos – que permitieron la difusión de su canto en muchas partes a través de las rocolas – programas radiales, presentaciones públicas y la televisión fueron el aliciente para la coronación de sus éxitos. Sus letras sencillas, llenas de poesía llanera, eran interpretadas por una voz pausada, clara y sonora. A nuestro parecer, la voz genuina del cantar llanero. En sus presentaciones nunca le faltó su liqui lique almidonado y sombrero ala ancha, agregando el chaparro y el pañuelo, accesorios de un atavío que lo relacionarán por siempre con su altisonante nombre. Al respecto, escribió Crespo:


“El hombre que en los años cincuenta trajo la voz y el quejido del llanero y propuso la canción auténtica de los arrieros y los amansadores de potros, había comenzado a brillar con luz propia en la Caracas de entonces… Loyola logró hacer oír el contrapunteo vivaz y pícaro del que llegó a ser maestro insuperable. La gente lo oía por la Radio nacional y miraba su porte de hombre asoleado y aguerrido en las pantallas de Televisa…”

Acetato de 78 r.p.m., el primero que grabó Ángel C. Loyola con Juan Vicente Torrealba para el año 1951

Separado de El indio Figueredo, Loyola creó su propia agrupación en 1954: Los Guariqueños, grabando varios discos de 45 rpm y L.P. para el sello Discomoda, entre ellos: Contramarcado, Buenos aires llaneros, Sentimiento llanero, Corrío Apureño, El Guachamarón, El Tigre de Masaguarito, La Catira Marmoleña. Y para el sello Cachilapo: El guariqueño si sabe.


Entre los arpistas que acompañaron a Loyola, están: Cosme Pérez, Eduardo Pérez, Manuel Luna, José Ángel Rengifo, Andrés Vera, José Ramón Valera, Rigoberto Valera, Omar Moreno Gil, Urbino Ruiz y Eudes Álvarez. Con ellos interpretó y/o grabó La catira, Pajarillo, La paraulata, La quirpa, El carnaval, Versos tristes, Puerto Miranda, Cajón de Arauca apureño, La guayaba, El guachamarón, El Carnaval, Tierra Negra, Por los caminos del Llano, Triste despedida, A Barinas, El guariqueño si sabe…


Fue el 24 de septiembre de 1985 cuando dejó de existir físicamente Ángel Custodio Loyola. Un infarto al miocardio le cortó el hilo de la vida en su casa de la Urbanización La segundera, próxima a Cagua, en el estado Aragua. Esta vez, las amplias sabanas se quedaron en silencio por el dolor de haber perdido a uno de sus ejemplares hijos. En aquella ocasión, sus familiares decidieron enterrarlo en el Cementerio Metropolitano de Maracay. Años después, mediante gestiones lideradas por Juvenal Rodríguez Tabares y con autorización de los familiares, los restos de Loyola fueron exhumados y finalmente trasladados al Cementerio General de Calabozo el 27 de septiembre de 1997. Todo lo anterior junto con una serie de actos religiosos y protocolares de homenaje póstumo a El cantor del Llano.


Ocho años después, el 4 de septiembre de 2005, la Cámara Municipal de Calabozo, por sugerencia del Alcalde Teófilo Rodríguez Díaz y del pueblo calaboceño, decidieron darle el nombre de Ángel Custodio Loyola al Terminal de Pasajeros de aquella localidad. Un amigo y admirador de Ángel Custodio, el Coronel Raúl Valero, en palabras ofrecidas a los asistentes al acto protocolar de bautizo del Terminal de pasajeros, escribió esta décima:


Incansable cabestrero

de la canta nacional

ocupaste primer sitial

haciéndolo con esmero.

Eres eterno pionero

muy difícil de olvidar

serás ejemplo a emular

en el espacio, en el tiempo

y con puro sentimiento

te venimos a recordar