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viernes, 21 de mayo de 2010

-Este domingo 23 de mayo en Calabozo-

CLASE MAGISTRAL DEL PROFESOR UBALDO RUIZ
EN LA CATEDRA LIBRE DRA. IRMA MARINA MENDOZA

Arturo Álvarez D’Armas y Jeroh Juan Montilla informamos a toda la comunidad de amigos internautas que este domingo 23 de mayo se estará realizando la segunda conferencia de la CATEDRA LIBRE DRA. IRMA MARINA MENDOZA. Creada y sostenida por nosotros con el fin de homenajear permanentemente a esta ilustre historiadora venezolana. Esta vez será el historiador Ubaldo Ruíz Rodríguez quien estará dictando una lección magistral tocante a la historia regional. Anteriormente la había realizado. el historiador Felipe Hernández. Dicha actividad se llevará a cabo a las 10 de la mañana en la sede del área de Derecho de la UNERG en Calabozo, ubicada en la avenida 23 de Enero, cerca del Liceo Humboldt.
Esta conferencia está relacionada con las investigaciones documentales realizadas por el profesor Ubaldo Ruiz en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Caracas y en el Registro Subalterno de Calabozo, y las cuales tienen como centro el origen de la edificación colonial conocida como Iglesia de El Carmen de esta ciudad. En esta conferencia se dilucida los pormenores históricos de esta edificación que ha estado en el centro de un debate, donde algunos la ubican dentro del periodo republicano y otros en los momentos finales de la colonia. Se pretende que con este trabajo se pueda realizar una contribución significativa a la historia local y mantener viva la memoria de esa dedicada historiadora que fue la profesora Irma Mendoza, espíritu guía de la Maestría en Historia de Venezuela del Postgrado de la UNERG y sembradora de esa semilla ya hoy convertida en la creciente y frondosa carrera de Historia dentro del pensum de estudios unergista calaboceños. Finalmente es importante reconocer que la realización de esta conferencia cuenta con los auspicios del Ateneo de Calabozo, la Universidad Rómulo Gallegos y el prestigioso Grupo de Historia de Calabozo.

Fotografía: Arturo Álvarez D’Armas.

Salida de Los Bravos de Apure para el GLORIOSO Campo de Carabobo el 10 de mayo de 1821

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Celebración del CLXXXIX Aniversario de la Salida de Los Bravos de Apure para el Campo de Carabobo el 10 de mayo de 1821
Elisur Emilio Lares Bolívar
Cronista Oficial del Municipio Achaguas
Achaguas, 10 de Mayo 2010

Unos años antes
Desde 1810 y hasta 1813 José Antonio Páez sentó plaza en el escuadrón de caballería de don Manuel Pulido, quien fue nombrado Gobernador de la Provincia de Barinas por la primera Junta de 3Gobierno que se formó el 5 de mayo de 1810. En 1813, siendo Páez sargento primero, pide la baja del ejército patriota y posteriormente recibe del gobernador realista de Barinas, Antonio de Tíscar y Pedroza, la orden de recoger un ganado, específicamente doscientos caballos y mil reses, y conducirlo a su cuartel general. Esta comisión la cumplió Páez cabalmente; sin embargo, rechazó el cargo que Tíscar le ofreció como capitán. Con este rechazo, ya el Centauro de los Llanos había definido su destino.
Días después de estos acontecimientos Páez se reincorporó a las tropas republicanas que comandaba, su antiguo patrón en el hato La Calzada, el coronel Manuel Antonio Pulido en Santa Bárbara de Barinas, quien para conquistarlo a favor de la causa republicana --luego de aquel servicio para el aprovisionamiento del gobernador Tíscar-- le dio el mismo cargo que había rechazado en el ejército realista. Páez (1973) en su obra Autobiografía del general José Antonio Páez, comenta: “El gobierno de Barinas me confirió el grado de capitán en el ejército patriota, como recompensa por haberme negado a aceptar el mismo nombramiento en el ejército español”. Con el coronel Pulido siguió hasta la ciudad de Barinas que había sido evacuada por los realistas como consecuencia de la ofensiva del brigadier Simón Bolívar en su Campaña Admirable. De esta manera, José Antonio Páez comenzó tímidamente su ascenso y figuración en el ejército patriota.
Más tarde recibió órdenes en Barinas de atacar al comandante realista Miguel Marcelino, quien ocupaba a Canaguá con unos 400 soldados de caballería y el 27 de noviembre de 1813 salió a cumplir la orden, sorprendió y derrotó al comandante Miguel Marcelino y cayó prisionera la mayor parte de su ejército. Este fue el primer triunfo de Páez. Posteriormente viajó a Mérida y sirvió bajo las órdenes del comandante Antonio Rangel. De allí se dirigió a los llanos a fin de conquistar para el ejército patriota a los mismos hombres que habían luchado bajo las órdenes de Boves: Los Llaneros venezolanos y neogranadinos.
Al llegar José Antonio Páez a los llanos de Casanare, en Nueva Granada, reclutó a muchos de aquellos llaneros para el ejército republicano, lo cual se tradujo en un factor decisivo para las posteriores victorias de los patriotas. Los mismos lanceros que antes habían derrotado a los ejércitos patriotas, ahora luchaban a su favor bajo las órdenes de Páez. Fue así como con sus lanceros, el Comandante de un Escuadrón de Caballería José Antonio Páez venció en los combates de El Banco de Chire (el 13 de octubre de 1815 en Nueva Granada), Mantecal y Mata de la Miel (16/02/1816). En este último sorprendió al coronel realista Francisco López y tomó más de cuatrocientos prisioneros, además, quedaron en su poder una importante cantidad de caballos y todo el equipo de guerra. Y así, de combate en combate, el teniente coronel José Antonio Páez y sus llaneros fueron haciéndose conocer por amigos y enemigos.
Para septiembre de 1816 considerando la importancia del coronel Páez y sus lanceros para el desenvolvimiento de la guerra en los llanos fue ascendido a General de Brigada r inmediatamente se sucedieron importantes triunfos para estos llaneros liderados por Páez: El Yagual (11/10/16), y Mucuritas (28/01/1817) donde derrotó al brigadier Miguel de la Torre luego de prenderle fuego a la sabana y realizar repetidas cargas contra la infantería realista, la cual se salvó de una muerte segura gracias a la existencia de una cañada cercana que aún tenía agua y por la cual escapó.
Ese mismo año de 1817 continuaron las victorias de Páez y sus lanceros llaneros en San Antonio (13 de abril), Paso de Apurito (18 de junio), Paso de Utrera (20 de junio), Barinas (14 de agosto) y Apurito (8 de noviembre). Esa exitosa campaña militar fue el preámbulo del encuentro que sostuvieron el 30 de enero de 1818, en el hato Cañafístola entre San Juan de Payara y San Rafael de Atamaica, el general de brigada José Antonio Páez y el general en jefe Simón Bolívar, quien venía de Angostura con su ejército para iniciar por los llanos de Apure la Campaña del Centro. El encuentro de ambos jefes y sus ejércitos sería decisivo en las operaciones contra el ejército del general Pablo Morillo, a favor de la independencia de Venezuela.
Las operaciones comenzaron el 6 de febrero de 1818 con la Toma de las Flecheras, una maniobra ideada por Páez donde él y 50 de sus lanceros capturaron unas canoas realistas que permitieron al ejército libertador cruzar el río Apure por el Paso del Diamante. Luego, como comandante del ejército patriota José Antonio Páez dirigió la vanguardia en la batalla de Calabozo (12/02/1818) donde fue derrotado Pablo Morillo. Posteriormente combatió en la Uriosa (15 de febrero), El Sombrero (16 de febrero), y el 22 de ese mes recibió el nombramiento de Gobernador de Barinas y la misión de liberar a San Fernando de Apure que estaba en poder de los realistas, lo cual realizó el 6 de marzo de dicho año.
Días más tarde ocurrió el combate de El Trapiche de Gamarra en la orilla norte del río Apure Seco entre Guasimal y Achaguas el 27 de marzo de 1819. Luego de todos estos triunfos, hazañas y otros en enfrentamientos menores, José Antonio Páez al frente de 153 lanceros, derrotó el ejército realista del general Pablo Morillo comandado por el teniente coronel Narciso López en las sabanas de Las Queseras del Medio al sureste de Guasimal el 2 de abril de 1819 con su brillante estrategia de “Vuelvan Caras”.
Señala Páez en su “Autobiografía” que los muertos del ejército realista ascendieron a casi quinientos; mientras él sólo tuvo cuatro heridos y dos muertos. Bolívar, quien con los demás jefes del ejército presenció la batalla desde la banda sur del río Arauca, no dudó en calificar aquella batalla como ”la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones”. Al siguiente día de esta acción bélica, El Libertador premió la hazaña condecorando estos héroes con la Cruz de los Libertadores, leyendose la siguiente proclama:
A los Bravos del Ejército de Apure”:
Soldados! Acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta hombres, mejor diré ciento y cincuenta héroes, guiados por el impertérrito General Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo. Artillería, infantería, caballería, nada ha bastado al enemigo para defenderse de los ciento y cincuenta compañeros del intrepidísimo Páez. Las columnas de caballería enemiga han sucumbido al golpe de vuestras lanzas; la infantería ha buscado un asilo en el bosque; los fuegos de sus cañones han cesado delante de los pechos de nuestros caballos. Sólo las tinieblas habrían preservado a ese ejército de viles tiranos de una completa y absoluta destrucción. ‘¡Soldados! Lo que habéis hecho no es más que el preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate, y contad con la victoria que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas’” (Simón Bolívar, Proclama Firmada en el Cuartel General de los Potreritos Marreñeros, a 3 de abril de 1819).
Traigo a colación esta interesante y hermosa proclama para dejar constancia que para esos momentos el propio Libertador Simón Bolívar reconoció el arrojo, brío, voluntad, energía, esfuerzo y sobre todo el sobrado valor que tenían y de mostraban estos bravos llaneros venezolanos y neogranadinos.
Luego de la célebre batalla en las sabanas de Las Queseras del Medio, el general Bolívar y los integrantes de su Alto Mando Militar comenzaron a pensar en serio traspasar las fronteras venezolanas, llegarse hasta Nueva Granada y liberarla definitivamente del yugo español. Por ello, el 23 de mayo de ese año de 1819 los miembros de dicho Alto Mando convocaron una Junta de Guerra, se reunieron en la aldea de El Setenta, cerca de Mantecal, y acordaron emprender la Liberación de Nueva Granada, campaña donde el “catire” Páez y sus bravos llaneros no participaron, quedándose en Apure custodiando el territorio conquistado con sangre y valor. Luego, con las batallas de Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá se liberó Colombia del despótico gobierno español.
El historiador Miguel Ángel Mudarra (1984) en su libro Manual de Historia de Venezuela, explica que para la llegada de 1820 el panorama militar venezolano era el siguiente:
El Oriente, Guayana y parte de Occidente era ocupado por los patriotas, su moral ascendía y los recursos y preparativos aumentaban. Mientras que el dominio realista comenzó a disminuir. Cada vez estaban más acorralados por los patriotas, se mantenían a la defensiva y su moral descendía. Mientras aquello ocurría, en España se sentía preocupación por los continuos y firmes triunfos de Simón Bolívar y sus lugartenientes por lo cual se creía en un fracaso total de El Pacificador Pablo Morillo, quien recibió --de parte del gobierno español-- instrucciones para tratar y lograr con los patriotas un acuerdo mediante la oferta de que los jefes quedarían en sus puestos y comandos con la condición de reconocer la Soberanía de España. Instrucciones que no encontraron eco en los patriotas, pues lo primero que ellos exigían era el reconocimiento de su Independencia por parte de la corona española.
Después del fracaso de varias reuniones de distintos comisionados de ambos ejércitos, por fin se llegó al acuerdo de firmar --el 25 de noviembre de 1820-- los Tratados de Armisticio y de Regulación de la Guerra: Con el primero cesó oficialmente la “guerra a muerte” y con el segundo se suspendieron las hostilidades durante seis meses, con lo cual se favoreció el rearme y organización del ejército patriota así como la creación de un clima de tranquilidad militar. Una vez firmados estos tratados se acordó una reunión entre El Libertador Simón Bolívar y el Brigadier don Pablo Morillo, máximo jefe del gobierno español en Venezuela, la cual se celebró, dos días después, el 28 de noviembre de 1820 en Santa Ana, ciudad del hoy estado Trujillo. Esta célebre entrevista podría considerarse como la despedida diplomática de Morillo, pues poco tiempo después regresó para siempre a España.
Estos acuerdos o Tratados de Armisticio y de Regulación de la Guerra no fueron otra cosa que el acuerdo mutuo de un cese al fuego, una tregua, y sirvieron para que ambos ejércitos, Patriota y Realista, tomaran un respiro, un descanso y se prepararan para una confrontación final que sería la Batalla de Carabobo a mediados del siguiente año.
Antecedentes inmediatos al 10 de mayo de 1821
Se inició el año de 1821 con una línea divisoria para ambos bandos que comenzaba en el Delta del Orinoco, seguía el curso de este río y continuaba por el Apure en el bajo llano, remontaba los Andes venezolanos, bajaba hasta Maracaibo y seguía hasta el río Magdalena en Nueva Granada. Dentro de ese gran arco se situaban los realistas, cuya posición y dominio se estrechaban más. Se encontraban aislados, pero con la ventaja de tener el mar Caribe al frente por donde le podía llegar un refuerzo desde España o simplemente escapar a última hora; estaban en plena desmoralización con motivo del regreso a España del antepenúltimo Capitán General español don Pablo Morillo y de la rivalidad entre Miguel La Torre (penúltimo) y Francisco Tomás Morales (último).
Todo este caos realista lo aprovechó el Libertador para planificar y organizar la definitiva campaña de Carabobo, cuyas principales operaciones se dieron de la siguiente manera: Desde Oriente se dirigieron hasta las sabanas de Tinaquillo, hoy estado Cojedes, las tropas de José Francisco Bermúdez. Desde Occidente (Lago de Maracaibo) avanzaron las de Rafael Urdaneta. Desde Trujillo se desplazaron las de Cruz Carrillo. Desde Achaguas hicieron lo propio las de José Antonio Páez. Y finalmente el Libertador con el grueso de las tropas se concentró en San Carlos de Cojedes. Fueron casi 7.000 soldados comandados por Páez, Cedeño, Plaza y el propio Simón Bolívar. Ello constituía el núcleo principal de las fuerzas patriotas.
Pero veamos lo que afirma Julián Fuente-Figueroa Rodríguez (1976) en su obra Historia de Venezuela en relación a la salida hacia las sabanas de Tinaquillo del general José Antonio Páez desde el histórico pueblo de Achaguas el célebre día 10 de mayo de 1821.
El diez de mayo salió Páez de Achaguas al frente de 1000 infantes (…). Ya para el 20 había cruzado el río Apure por el Paso Enriquero. El 31 de dicho mes llegó a Tucupido (hoy estado Portuguesa), desde donde siguió a San Carlos por la vía de Guanare. El 7 de junio llegó a San Carlos con la mayor parte de la caballería. Dos días después entro en dicha ciudad el resto de los jinetes, y el 11 hizo acto de presencia en ella la infantería.
Por su parte, el propio José Antonio Páez (1973) en su Autobiografía…, informa lo siguiente:
Prepararonse todos los jefes para la nuevas operaciones, y yo recibí orden de Bolívar de marchar con el ejército de mi mando a reubicarme en su Cuartel General en Guanare.
El 10 de mayo salí de Achaguas con mil infantes, mil quinientos jinetes, dos mil caballos de reserva y cuatro mil novillos.
No son de contar las molestias y trabajos que nos hizo pasar durante nuestra marcha la conducción de tan crecido número de animales. Todas las noches los caballos se escapaban en tropel (…) Por fortuna, corrían juntos y era fácil seguirlos por las huellas que dejaban en la tierra, muy blanda entonces, pues para mayor aprieto estábamos en la estación de lluvias. (…)
Al fin mis llaneros los cogían, y al otro día me alcanzaban con ellos en la marcha, que yo aceleraba todo lo posible para reunirme con Bolívar.
En el pueblo de Tucupido supe que este se había movido hacia Araure, cuya villa había abandonado La Torre para replegarse hacia San Carlos, punto que también abandonó cuando supo que había ocupado Araure, retirándose finalmente a Carabobo donde se proponía presentar batalla a las tropas republicanas.
Sabiendo yo que el Libertador llevaba muy poca caballería, dejé la infantería al mando del coronel Miguel Antonio Vásquez, y con la caballería me adelanté hasta San Carlos donde alcancé al general en Jefe.
Y así, a San Carlos de Cojedes fueron llegando los jefes de la fuerzas patriotas y se fue reuniendo --de esta manera-- todo el ejército emancipador, el cual se organizó en tres Divisiones: La Primera, al mando del general Páez, compuesta por los batallones Británico y Bravos de Apure. La Segunda, a las órdenes del general Manuel Cedeño, a quien Bolívar calificó como “El bravo de los bravos”. La Tercera dirigida por el intrépido coronel Ambrosio Plaza.
Todo el ejército patriota compuesto por jefes, oficiales y soldados comprendió cabalmente la importancia de una batalla decisiva batalla, la cual se realizó el 24 de junio de 1821 en la gloriosas sabanas de Carabobo.
En esta oportunidad, en esta disertación, no vamos a tratar el magistral desarrollo de esta extraordinaria campaña carabobeña donde el general José Antonio Páez y sus valientes lanceros que conformaban el batallón Bravos de Apure al lado de la no menos voluntariosa Legión Británica se esforzaron grandemente, demostrando mucha táctica, habilidad y destreza, y cuya actuación plena de arrojo, brío y energía, fue decisiva para alcanzar un indiscutible triunfo republicano.
A continuación se expone muy brevemente la significación histórica de dicha batalla considerando lo aportado por el ya citado historiador Miguel Ángel Mudarra (1984) y tomado de su libro Manual de Historia de Venezuela:
La Batalla de Carabobo fue la principal acción de guerra de nuestra independencia y la mayor de las realizadas en el territorio nacional hasta el presente. Con ella quedó afianzada la Independencia de Venezuela, si bien en lo posterior fue necesario eliminar algunos focos realistas como en los casos de Maracaibo y Puerto Cabello. En ella estuvieron representados todos los sectores sociales y regionales de Venezuela pues la unificación alcanzó su mayor apogeo; por lo cual fue el triunfo del Pueblo Venezolano unido. Por último, cabe destacar que fue la operación militar mejor concebida y perfectamente ejecutada de la estrategia bolivariana.
Sin comentarios.
Pero hasta Carabobo no llegaron las acciones de los llaneros de Páez, también intervinieron en el sitio y bloqueo de Puerto Cabello en 1823 y en muchos otros combates dentro y fuera del territorio patrio.
Otro aspecto importante dentro de la historia local narrada por los llaneros achagüenses es el hecho que tradicionalmente se ha creído y comentado que pocos momentos antes de salir de la población el general Páez con su tropa de valientes lanceros el 10 de mayo de 1821, entró a la pequeña Iglesia, oró fervientemente y prometió sí se ganaba el divisivo enfrentamiento bélico que entre patriotas y realistas se llevaría a cabo en el centro del país, él donaría para esa pequeña capilla una imagen de El Nazareno.
La batalla se ganó. Transcurrió el tiempo y en 1833 siendo José Antonio Páez Presidente de la República, encargó al tallista y ebanista caraqueño José de la Merced Rada una imagen de El Nazareno para regalársela al pueblo de Achaguas en pago de la promesa que hiciera antes de su marcha hacia el campo de Carabao en 1821. Dos años después la imagen fue traída hasta Achaguas y desde 1835 está entronizada en su iglesia la Imagen milagrosa de “El Nazareno de Achaguas”.
¿ Por qué el 10 de Mayo es el Día del Llanero Apureño ?
Entre las razones que nos llevan a reflexionar sobre la designación ---por parte del Concejo Municipal de Achaguas--- del 10 de mayo como el Día del Llanero Apureño se destacan las siguientes:
El 10 de mayo de 1821 salió de su cuartel general de Achaguas el general José Antonio Páez acompañado de los batallones “Bravos de Apure” y “Británico” rumbo al Glorioso Campo de Carabobo. Llevaba 1500 hombres de caballería y 1000 de infantería, más de 2000 caballos de reserva y 4000 novillos para alimentar el ejército patriota.
En esta importante fecha dentro del calendario de efemérides apureñas marca un hito en la historia militar y estratégica venezolana por cuanto fue un hecho planificado y ejecutado por el general José Antonio Páez, lo cual contribuyó grandemente con la logística aprovechada en la proeza ejecutada en el Célebre e Inmortal Campo de Carabobo.
La marcha que emprendió el Batallón Bravos de Apure desde Achaguas hasta Carabobo sirve de ejemplo y de refulgente espejo a las actuales y futuras generaciones de venezolanos y apureños, por cuanto representa el espíritu de sacrificio puesto al servicio de la noble causa patriota.
En los días posteriores a la heroica salida del general José Antonio Páez de su Cuartel General en Achaguas, El Libertador Simón Bolívar manifestó un justo y elocuente reconocimiento al desprendimiento, magnanimidad y grandeza de estos llaneros apureños en su desinteresada lucha por la independencia de la Patria.
Con la ardua marcha iniciada el 10 de mayo de 1821 desde Achaguas se demostró una vez más la lucha por el rescate y conservación de los valores que han caracterizado y caracterizan la idiosincrasia del llanero achagüense y que el Libertador expresó tan acertadamente en proclamas y documentos posteriores.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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FUNDACIÓN POLAR (1997) Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas. Segunda Edición. Editorial Libris.
LAYA, Carlos Modesto (1979) Del Apure Histórico. Caracas. Imprenta Nacional. (Publicaciones de la Presidencia de la República y Biblioteca de Autores y Temas Apureños, N° 1).
LARES BOLÍVAR, Elisur Emilio (2007) Cronología histórica de Achaguas (1774- 1986). Caracas. Ediciones del Ministerio del Poder Popular para la Cultura. CONAC: Editorial El Perro y La Rana.
LARES BOLÍVAR, Elisur Emilio (2009) Apuntes Geográficos del municipio Achaguas. San Fernando de Apure. Libro Ganador Concurso Historia de Barrio Adentro, Serie Gris. Fundación Editorial El Perro y La Rana. Sistema Nacional de Imprentas – Capítulo Apure.
LECUNA SALBOCH, Vicente (1960) Crónica razonada de las guerras de Bolívar. Caracas. 2ª edición. Publicación Fundación Vicente Lecuna. 3er. Vol.
MUDARRA, Miguel Ángel (1984) Manual de Historia de Venezuela. Caracas. Publicaciones Mudbell. (Mapas).
PÁEZ, José Antonio (1973) Autobiografía del general José Antonio Páez. Caracas. Biblioteca de la Academia Nacional de Historia de Venezuela (Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela, N° 1). Tomo I.
POLANCO ALCÁNTARA, Tomás (2001) José Antonio Páez. Fundador de la República. Barcelona - España. Edición GE.
O' LEARY, Daniel Florencio (1981) Memorias del general Daniel Florencio O' Leary. Caracas. 2ª edición. Ministerio de la Defensa. 34 volúmenes.
TAPIA, José León (2008) Muerte al amanecer Domingo López Matute, de Boves a Facundo Quiroga. Barinas. Ediciones de la Fundación Cultural Barinas. Producciones Editoriales C.A. Mérida – Venezuela.
VELASQUEZ, Ramón José (Coordinador) (1983) Los Libertadores de Venezuela. Caracas. Ediciones de MENEVEN, Filial de Petróleos de Venezuela S. A. Noviembre de 1983.

Crean la primera célula artificial de la historia



(Chapulín Colorado).- Un artículo publicado este jueves en la prestigiosa revista Science asegura que ha sido creada la primera célula sintética autoreplicante, hecho inédito en la historia de la Humanidad.
Esta investigación fue realizada por un equipo de científicos del Craig Venter Institute, centro de investigaciones liderado por el llamado padre del Proyecto Genoma Humano, el bioquímico Craig Venter.
La célula ha sido fabricada hospedando en una célula anfitriona – provista de sus propias proteínas, lípidos y otras moléculas orgánicas – un genoma enteramente artificial cuyos pares de bases fueron seleccionados por un programa de computación y posteriormente emsamblados en un sintetizador químico.
A continuación la reseña de
EFE:
Washington, 20 may (EFE).- Genetistas estadounidenses anunciaron hoy que han producido por primera vez una célula controlada por ADN elaborado por el ser humano, un paso que acerca la ciencia a la creación de vida artificial.“Esta es la primera especie autoduplicable que existe en el planeta cuyo padre es un ordenador”, dijo en una rueda de prensa Craig Venter, uno de los genetistas más famosos del planeta.
Desde hace décadas científicos de todo el mundo manipulan algunos genes de animales y plantas, pero es la primera vez que alguien cambia el genoma completo.
Los autores de la gesta, que publicaron su investigación en la edición de hoy de la revista Science, replicaron en el laboratorio el genoma de la bacteria Mycoplasma mycoides, al que agregaron una secuencia de ADN con una dirección de internet, para quien desentrañe los misterios de su experimento.
A continuación colocaron ese genoma ajeno en la bacteria Mycoplasma capricolum, a la que le habían retirado previamente la mayoría de su información genética.
El nuevo genoma pasó a controlar la célula, que comenzó a producir las proteínas que el ADN trasplantado le pedía.
“Esta es la primera célula sintética que se haya hecho y la llamamos sintética porque está totalmente derivada de un cromosoma sintético”, manifestó Venter.
En realidad, sólo es sintético el genoma, mientras que el resto de la célula es natural.
El objetivo final de los investigadores es instalar en una bacteria un genoma elaborado en el laboratorio que le ordene realizar labores de utilidad para el ser humano.
Synthetic Genomics, una compañía fundada por Venter, ya cuenta con un contrato por valor de 600 millones de dólares con la compañía petrolera Exxon Mobil para producir algas que atrapen el dióxido de carbono y generen biocombustibles.
El procedimiento también podría usarse para crear ingredientes alimentarios, vacunas y hasta en la limpieza del agua, mantienen los investigadores.
“Esto se convierte en una herramienta muy poderosa para tratar de diseñar lo que queremos que haga la biología. Tenemos una amplia gama de aplicaciones en mente”, dijo Venter.
Al mismo tiempo se trata de una invención que abre la posibilidad de eventualmente crear una especie artificial, con toda la carga ética que eso implica.
“Este es un paso importante , tanto científica como filosóficamente. Ciertamente ha cambiado mis opiniones sobre la definición de la vida y cómo funciona la vida”, afirmó Venter, quien se hizo famoso en el 2000 al ser uno de los primeros secuenciadores del genoma humano.
El equipo científico, que trabaja en el Instituto que lleva el nombre de Venter, aspira ahora a sintetizar “la célula mínima que contenga sólo los genes necesarios para sostener vida en su forma más simple”, explicó Daniel Gibson.
Lo hará retirando fragmentos de ADN uno a uno hasta que se quede el genoma más pequeño posible, que será una plataforma para analizar la función de cada gen esencial para el mantenimiento de la existencia de la célula.
El anuncio de hoy representa la culminación de 15 años de trabajo de este grupo de científicos en la “biología sintética”, un campo de investigación nacido de los avances humanos en el control de los genomas.
En 2007 lograron reemplazar el ADN de M. capricolum con el de M. mycoides, y un año después montaron el primer genoma sintético.En el último experimento juntaron las dos experiencias. Primero identificaron la secuencia total de ADN de M. mycoides, compuesta de más de un millón de unidades, y le enviaron la lista a la compañía Blue Heron Biotechnology.
Esa empresa produjo artificialmente cromosomas de acuerdo con las instrucciones, a partir de los cuatro compuestos químicos que son la base de los genes.
El equipo de Venter usó células de levadura para unir los fragmentos, hasta tener la secuencia genética completa de M. mycoides y procedió a instalarla en la bacteria M. capricolum.
Para dejar su marca, añadieron al genoma la dirección de internet a la que debe enviar un mensaje quien lo decodifique, los nombres de las más de 40 personas que trabajaron en el proyecto y algunas citas famosas.
Gracias a ellos, una célula mitad artificial mitad natural lleva grabada en lo más íntimo de su ser las palabras de Richard Feynman: “Lo que no puedo construir, no lo puedo entender”.



martes, 11 de mayo de 2010

La llaneridad: ¿Metáfora o paradoja?

Luisa Talmay Rivas García

Resumen:

Esta ponencia hará un recorrido por las nociones de cultura, consumo y producción, que manejamos, es decir, qué consumimos culturalmente y qué producimos. Para ello nos remontamos al pasado y hurgamos en la historia y en la literatura de nuestra región llanera, ambas, nos dan pistas sobre lo que hemos venido considerando como cultura y lo que hemos heredado de nuestros antepasados. Busca abrir una brecha en lo que consideramos cultura e intenta impulsar nuevas visiones sobre ello, desde una perspectiva dialógica.

Descriptores: Llaneridad, cultura, consumo, producción, historia, literatura, dialogía.

Preliminar

El Llano es el inmenso lugar donde nací, inconmensurable, sin límites; cuando me preguntaban que de dónde venía, del Llano era la respuesta inmediata que brotaba del alma. La llaneridad la podemos ver plasmada en el idioma, la música, la pintura, la escultura, la geografía, la gastronomía y otras expresiones más. La naciente República de Venezuela se ordenó (1811) y marcó límites, se territorializó, pasó por varias distribuciones geopolíticas hasta llegar a la que conocemos hoy; dentro de la distribución actual tenemos cinco estados llaneros, a saber, Guárico, Barinas, Cojedes, Portuguesa y Apure.
De Llano y los llaneros han hablado, cantado y escrito infinidad de artistas y escritores, en la literatura se exalta el Llano y sus costumbres, pero realmente, es importante escudriñarnos a nosotros mismos. Acompáñame por ese recorrido fugaz a la cultura vista desde nuestra propia perspectiva. Para ello, iremos al pasado, y hurgaremos en él, para reconocernos en este presente, de esta manera, nos aproximaremos a lo que se considera cultura, es decir, lo que se produce y lo que se consume actualmente.

1. De la cultura

Los conceptos de cultura y producto cultural son objeto de polémica y confusión; la cultura siempre ha sido un tanto denostada y su difusión poco reflexionada, pero, ¿qué entendemos en realidad por cultura? Actualmente la cultura es entendida como un "camino para hablar de entidades colectivas" y remite a la idea de una forma que caracteriza al modo de vida de una comunidad. Parafraseando a Beatriz Sarlo[1], podemos decir que, el cambiante paisaje urbano, la constante modernización de los medios de comunicación, el impacto de estos procesos sobre las costumbres y la cultura en general, son el marco y el punto de referencia respecto del cual se articulan las muchas respuestas producidas en la sociedad. En el curso de muy pocos años, ésta ha debido procesar, incluso en su propia biografía, cambios que afectan relaciones tradicionales, formas de hacer y difundir la cultura, estilos de comportamiento, modalidades de difusión y funcionamiento institucional.
Partiendo de la certeza de que en América Latina se ha caminado firmemente al establecimiento de enfoques teóricos propios, basados en grandes enfoques humanistas, es importante notar que el interés mayor se centró en la comunicación humana, las relaciones dialógicas, la democratización de las comunicaciones y los procesos de apropiación crítica por parte de los receptores.
En 1970 Armand Mattelart dio a conocer el modelo de la Comunicación Alternativa que rescataba la dimensión humana del fenómeno y planteaba interrogantes en torno a las relaciones dialógicas del proceso. La base de este modelo fue la concepción de la comunicación aportada por los filósofos latinoamericanos Paulo Freire (1973) y Antonio Pascuali (1972 y 1979). Freire con su análisis sobre educación y dependencia sustentaba que la comunicación dialógica es la base de la liberación del educando y por ende de la liberación cultural e ideológica.
Por otro lado el investigador venezolano Pascuali enfiló sus planteamientos filosóficos hacia la delimitación del fenómeno de la comunicación como “COMPARTIR” y “PONER EN COMÚN”, reserva la comunicación a las experiencias humanas de intercambiar, compartir y consaber en igualdad de condiciones. Ya a finales de los ochenta y durante la década de los noventa Jesús Martín-Barbero (1987) pone a circular su teoría de las mediaciones, en la que enfatiza “la forma de concebir al receptor como un sujeto activo que se `apropia` de la cultura masiva y con sus códigos culturales resemantiza los mensajes desde su contexto cultural y social, es un proceso que no sólo se produce en el momento de la percepción del mensaje sino que abarca las etapas de la producción y de la recepción, atravesadas por mediaciones diversas”[2].
A partir de este teórico latinoamericano, los estudios en la región hicieron posible el acercamiento del sujeto en su relación con su cosmos, en un contexto determinado local y macro-real, poniendo en evidencia los problemas de la cultura popular en su relación con la cultura masiva. La atención por la cultura en el sentido antropológico no se pone en las nociones intelectuales de los individuos singulares sino en el saber colectivo y distintivo de todos los grupos sociales. Así que podemos pensar la cultura como comunicación en tanto trama abierta con varias redes concurrentes y multiplicidad de interacciones.
El teórico latinoamericano Adolfo Colombres plantea la cultura como el producto de la actividad desarrollada por una sociedad humana a lo largo del tiempo, a través de un proceso acumulativo y selectivo.[3] Entre el planteamiento antropológico y el sociológico-semiótico, otros autores, como el sociólogo mexicano Jorge González, estudioso de las problemáticas culturales de Latinoamérica, la conciben como "un modo de organizar el movimiento constante de la vida concreta, mundana y cotidianamente. Es el principio organizador de la experiencia y mediante ella ordenamos y estructuramos nuestro presente, a partir del sitio que ocupamos en las redes de relaciones sociales".[4] Ya en la década de los noventa, se llega a aceptar como válida la definición general de Talcott Parsons de cultura como la del "discurso simbólico colectivo que toma en cuenta los conocimientos, creencias y valores sociales".[5]
Si tenemos en cuenta un diccionario más específico y reciente como el Diccionario crítico de política cultura: cultura e imaginario,[6] vemos que han existido dos macroenfoques de abordamiento de la cultura, el idealista y el materialista; el primero ve en la cultura el indicador de un espíritu formador global de la vida individual y colectiva manifestada en comportamientos y actos sociales varios, y el segundo -de inspiración marxista-, la considera como reflejo de un universo social más amplio y determinante. En realidad estas visiones son herederas de las dos grandes concepciones confrontadas en la segunda mitad del siglo XIX: la francesa y la alemana. La primera trataba la cultura como "civilización", como "cultura universal". Era un logro distintivamente humano, progresivo y acumulativo, basado en la razón, en la verdad, en la ciencia y en el conocimiento.
Los alemanes, por el contrario y siguiendo las explicaciones de Adam Kupper,[7] utilizaban el término "kultur" para referirse a los valores espirituales, a las artes y a las manualidades creadas por el genio individual que -según N. Elias- debía alcanzar la perfección espiritual y su "estado cultural". Los defensores de "kultur" tenían en cuenta las emociones, las tradiciones nacionales y, como indicaba A. Weber, el mundo del arte y de la religión no tenían fines racionales a los que servir. El capitalismo era un conjunto de fuerzas corrosivas y vulnerables. La cultura, además, no era cuestión de élites, sino que era la clase media universitaria la base de los intelectuales.
Una tradición en parte heredada por los liberales intelectuales ingleses que, críticos de la tecnología y de la civilización moderna propia de la industrialización, abogaban por los valores culturales de la tradición en el arte y la filosofía. Tenían en cuenta "the history of the human spirit" y consideraban que la cultura estaba bajo la amenaza de la civilización material y la incipiente cultura de masas (hoy arraigada completamente). Según Kupper, T. S. Eliot consideraba que la cultura era la manera de vivir juntos en un espacio. Williams, por su parte, veía la cultura en conflicto con un industrialismo; lo que había que hacer era buscar un punto medio entre la tradición y lo moderno, dejando espacio para la diversidad cultural.
Actualmente se conjugan las visiones materialista e idealista y tienen como objeto la cultura vista en sentido totalizante, antropológico y sociológico. Estas políticas culturales se orientan por estos distintos conceptos de civilización. Cultura y civilización pueden surgir como términos equivalentes, la cultura puede ser entendida como componente de la civilización o, desde otra perspectiva, se puede considerar la civilización como la etapa avanzada de la cultura. La cultura, sin embargo, no es un concepto tan pragmático: es subjetiva y no tiene leyes universales. No existe una naturaleza humana común y lo que hay son distintas concepciones, desarrollos culturales, adquisiciones, aprendizajes e influencias. Frente a la consideración de la cultura como ley y hecho natural tras la publicación de la teoría de la evolución darwinista (y que fundamentó el llamado "nacionalismo cultural") parece ser que al final la aceptación mayoritaria es la de la corriente boasiana que se desarrolló en los EU y que sentencia: "la cultura es lo que nos hace".[8]
En el desarrollo de estas visiones antropológicas y sociológicas la acción comunicativa es vital. Siguiendo el modelo de acción comunicativa de Jurgen Habermas podemos decir que el mundo de la vida se compone de cultura, sociedad y persona, siendo la cultura el cúmulo de conocimientos que adoptan las personas para tener una comprensión del mundo y la acción comunicativa el proceso interactivo de transmisión y renovación del saber cultural; la transferencia de la promoción de la integración social a partir de la solidaridad y la formación de la identidad de la solidaridad.

2. Del consumo

Néstor García Canclini define el término consumo como “el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica”[9]. Así pues, ve el consumo como sistema de integración y comunicación. El autor considera que, todos los actos de consumo son hechos culturales, llega a esta reflexión basado en la afirmación de que la apropiación de cualquier bien es un acto que diferencia simbólicamente, integra, comunica, objetiva los deseos y ritualiza su satisfacción. Consumir considera el teórico es intercambiar significados. García Canclini concluye que “es tan fundamental en el consumo la posesión de objetos y la satisfacción de necesidades como la confirmación y reconfirmación de significados y valores comunes”[10].
Entre lo que se usa y se consume intervienen escenarios decodificadores y reinterpretadores como la familia, la escuela, la universidad y otras instancias más. Cada objeto destinado a ser consumido es un texto abierto, es decir, susceptible de ser “leído” según las apropiaciones de los usuarios.
El proceso de socialización hoy no está sólo en la escuela, en la familia, sino también en los medios de comunicación social. La cultura de masas ya no significa anonimato, pasividad, conformismo, es la que va a facilitar la comunicación entre los diferentes estratos de la sociedad. “Las diferencias sociales no son tanto de clases como de niveles culturales, de expresiones culturales como nuevos indicadores de la organización social”[11] Los medios, especialmente radio y TV, ocupan un papel central en el consumo cultural. La mediatización de lo popular supuso la incorporación en los MCS de expresiones tenidas como “auténticas”. Manifestaciones culturales populares son readaptadas para su consumo masivo e incluso, para consumo de la élite (p. ej. artesanías).
El hecho de que la cultura se quiera aproximar a un público general propio de una sociedad de masas no debe llevar a la disminución del rigor y el análisis de los contenidos propios.

3. De la producción

Los "productos culturales" son en muchos casos productos propios de la cultura de masas y de la misma globalización cultural. Desde el punto de vista de las formas culturales tradicionales, se observa claramente una uniformidad de la sensibilidad. En la mayoría de ocasiones no se busca un cultivo del espíritu como se consideraba en la Alemania del XIX ("kultur") sino más bien un entretenimiento, una ocupación para ratos de ocio, primando la visión materialista de la cultura frente a la idealista.
Para muchos la desproporción en la difusión de productos culturales extranjeros y nacionales es notoria, así como la compra de libros respecto a la lectura de libros y la marginación de géneros como la poesía. En relación a esto el hábito cultural de los públicos es esencial, es decir, el fomento de las actividades de recepción cultural. Existen diversos tipos de públicos y por ello deben existir distintos tipos de producción y mediación cultural. El carácter mercantilista de la cultura es aceptado por la mayoría como lógico e inevitable pero no hay que caer en excesos. Sin embargo, lo que más copa los estantes de lo que llamamos cultura, son los programas de televisión, las revistas sobre moda, la forma de vestir y la música comercial, que en muchos casos, no tiene ningún arraigo o apego con lo que somos.
Es notable el afán de consumo del conocimiento, un gran auge de masificación de la educación universitaria. La educación universitaria se propone formar un público específico para las ciencias, el arte y la literatura, una audiencia que, toma en cuenta los méritos simbólicos de las producciones y no tan sólo su valor monetario. Podemos ver al universitario como un consumidor-productor, que desde su perspectiva reelabora los mensajes que recibe en el proceso de enseñanza-aprendizaje; el universitario como consumidor-productor debe ser “un lector activo”, capaz de hacer crítica y también de transformar su entorno, tener voz y voto en los cambios proyectados y en la vida social.

4. Postliminar

Con estas nociones debemos revisar ¿qué producimos culturalmente y qué consumimos? Nos hemos concentrado en actividades religiosas, regionalistas, folclóricas, en realidad, hemos hecho un sincretismo cultural, esto no es nuevo. En el 2007 publiqué un reportaje en la Revista Nacional de Cultura sobre la celebración del día de San Fernando, esa es una de las pocas cosas sincréticas que se realizan, pero, ¿cuáles otras expresiones? ¿Cuántos diarios tenemos?, ¿qué publican? ¿Cuántas emisoras de radio y televisión?
Cuando hablamos del Llano, lo que marca el imaginario de la gente, es el joropo, el canto recio, el humor fácil, lo folclórico, lo chabacano. Pareciera que no nos hemos dado cuenta de que somos otros en un mundo que ha desdibujado las fronteras, así que, en el imaginario, somos una metáfora hermosa, susceptible de ser loada, pero, en la realidad, ¿qué vivimos?
Si partimos de que la educación como práctica difunde y consolida imaginarios, símbolos valores y tradiciones, entonces, debemos empezar por la escuela y verla como el escenario más democrático y amplio del mundo, construir una visión de mundo desde ella. Si la escuela es un lugar de integración de placeres y saberes, entonces éstos cobrarán significativa importancia para quien así lo sepa y viva. Rescatemos el lugar preeminente de la escuela, pero no podemos frenar en este ámbito.
La universidad debe estar concebida para hacer una sinergia con la sociedad en la cual se vive: “los intelectuales de ahora son orgánicos por su directa vinculación a un nuevo modo de producción de conocimiento, el de la industrias de la conciencia. La especificidad de éstas reside, precisamente en su objetivo; la fabricación, cultivo y mantenimiento de la opinión.”[12]
La academia produce conocimiento que a su vez debe ser difundido por los medios de comunicación de masas, en este sentido, los medios tomarán los contenidos que serán difundidos para adaptarlos al público destinatario del mismo; esa acción afecta los contenidos, las prácticas profesionales y a las ciencias sociales mismas. La competencia que se desarrolla es el cultivo del conocimiento y de los mecanismos que permiten su comunicación.
En la alianza que deberá reforzar la Universidad con los medios de comunicación de masas está el sustentar de manera concreta el saber que se difunda, hacerle seguimiento, darle complejidad y sistematización para que puedan darse los procesos de reflexión, con el propósito de crear productos culturales de calidad que trasciendan la moda, el mito, los personajes y hasta las corrientes de pensamiento.
La reflexión intelectual debe retomar su lugar en la comunicación de masas, de discusión y crítica pero también como integradora.Debemos considerar a la Universidad como lo que es, una comunidad hermenéutica de consumidores, que contribuye continuamente a crear escenarios de integración y comunicación de individuos de una misma sociedad, desde un punto de vista autónomo, independiente y crítico.
La praxis que se propone viene gestándose por la periferia, y ésta es la del comprometido, que rechaza la violencia y defiende la vigencia de los derechos humanos, que asume su responsabilidad, que fija posición frente a los hechos observados, y además, toma decisiones que atañen al hecho analizado, porque selecciona unas partes y desecha otras, esto quiere decir, que con estas acciones asume el riesgo de ser subjetivo.
La cultura ha acabado siendo la conciencia colectiva de las ciencias sociales y los antropólogos han sido designados para su estudio, de ahí que se llegue a afirmar, como A. Kupper, que prácticamente todo aquel que escribe sobre temas sociales debería ser contado como antropólogo. Las fuentes deben ser los documentos y el mundo y que éste último debe ser descifrado a partir de la lógica y de la sensibilidad. A lo que se escribe se le tiene que agregar rasgos de las demás artes y construir el mundo recuperando la identidad y la memoria colectivas.
Tenemos que abrir una brecha para insertarnos realmente en la comunidad y la comunidad en nosotros, una sinergia, para poder crecer, la escuela, la comunidad, la universidad, todos, requerimos el concurso de todos, centrarnos en el compromiso, buscar un punto de equilibrio y que seamos la voz de la comunidad, y al mismo tiempo, educar a esa comunidad, en el diálogo, la crítica, la lectura, para luego accionar, todo esto de manera simultánea.

Referencias bibliográficas

Barbero, Jesús Martín: De los medios a las mediaciones, G. Gili, Barcelona. 1993
Barei, Silvia: El sentido de la fiesta en la cultura popular, Alción Editora, Córdoba, 1991
Colombres, Adolfo: Sobre la cultura y el arte popular, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1987
Diccionario Crítico de política cultural, Pandora, México, 2000
García Canclini, Néstor: Los estudios sobre comunicación y consumo: el trabajo interdisciplinario en tiempos neoconservadores. (Trabajo mimeografiado)
Habermas, Jurgen: Facticidad y Validez, Madrid, Editorial Trotta, 1998Harris, Marvin: El desarrollo de la Teoría Antropológica, Siglo XX Editores, México, 1999
Kupper, Adam: Culture, Harvard University Press, 1999Mancini, Ugo: de la Universidad de Bolonia, disponible en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm
Muñiz Sodré: Reinventando la cultura, Gedisa, Barcelona, 1998
Ortega, Félix: El mito de la modernización. Bogotá, Anthropos, 2001
Parsons, Talcott: La Estructura de la Acción Social, Guadarrama, Madrid, 1968
Sarlo, Beatriz: Una Modernidad Periférica, Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988
Definición e información sobre la semiótica de la cultura en http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/04/osorio05.htm.

[1]. Beatriz Sarlo. Una Modernidad Periférica, Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988, pp. 262
[2]. Jesús Martín Barbero: De los medios a las mediaciones, G. Gili, Barcelona. 1993
[3]. Adolfo Colombres: Sobre la cultura y el arte popular, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1987
[4]. Silvia Barei,: El sentido de la fiesta en la cultura popular, Alción Editora, Córdoba, 1991
[5]. Talcott Parsons: La Estructura de la Acción Social, Guadarrama, Madrid, 1968
[6]. Diccionario Crítico de política cultural, Pandora, México, 2000
[7]. Adam Kupper: Culture, Harvard University Press, 1999
[8]. Ugo Mancini, de la Universidad de Bolonia, disponible en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm
[9]. Néstor García Canclini: Los estudios sobre comunicación y consumo: el trabajo interdisciplinario en tiempos neoconservadores. (Trabajo mimeografiado).
[10]. Op. Cit., p. 8
[11]. Op. Cit., p. 13
[12]. Félix Ortega: El mito de la modernización. Bogotá, Anthropos, 2001

Fotografía: Palmas en el estero. Entre La Negra y Puerto Miranda. (Arturo Alvarez D´ Armas)

lunes, 10 de mayo de 2010

Detalles Historiográficos: Analizando un poco a José de Oviedo y Baños en: “Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela”



Profra. Mirza M. Camacaro R.*










El autor José de Oviedo y Baños en su obra Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela, se muestra como un cronista que aunque sin dejar de serlo, rompe con la monotonía de algunas otras obras de Crónicas de Indias como tal; para acercarse más al relato histórico. Curiosamente en este libro se describe como “un peso efímero” a la oralidad en la historia; aunque a mi parecer las palabras ya expresadas no se pueden reconstruir para ofrecerlas de nuevo otra vez primera; y la historia de nuestro acontecer se desarrolla fluidamente en las formas tanto oral como escrita, teniendo las mismas sus relativos grados de significación y relevancias. Continuando en este orden de ideas, dicho libro demuestra un estilo fluido y secuencial, haciendo ciertos análisis y observaciones ejemplares, para de esta manera acercarse a la historicidad aún cuando sigue siendo una obra de crónicas como tal.


Este autor presenta los datos, a partir de secuencias plasmadas por hechos, y aunque expresa no parcializarse, debido a su investigación en archivos provincianos, y su gran esfuerzo en no rayar en lo trivial como antiguos cronistas de la época; la parcialización en el texto se observa, en el hecho sencillo de que por lo general y a mi humilde opinión, todo archivo histórico va aunado al poder político y económico de los pueblos en el transcurrir del mundo.

En este mismo tópico, se palpa que el autor muestra rasgos de contemporaneidad en su obra a nivel vago, ya que maneja hechos que reescribe sin el análisis de diversidad de autores, manifestando por lo general interpretaciones ya manejadas, tales como el “Descubrimiento de América” efectuado por colon en 1492 de la misma manera que sus antecesores y esto lo muestra en su Capítulo I titulado: “Descubre Alonso de Ojeda la Provincia de Venezuela: Síguele en la derrota después Cristóbal Guerra que la costea toda”. Para concluir está por demás hacer notar, la importancia vital para el estudio histórico, de la disciplina historiográfica en la investigación y de sus diversas obras y autores como fuentes de consulta, tales como el historiador Oviedo y Baños quien aporta un gran haber nuestro acervo.

Mayo, 2.010


*Estudiante de la Maestría en Historia de Venezuela, UNERG.

viernes, 7 de mayo de 2010

DISCURSO EN EL AULA MAGNA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA


Germán Carrera Damas
Profesor Titular III, jubilado
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Educación
Universidad Central de Venezuela





Es muy alto el honor que hoy me confiere esta Casa, de la que soy hijo intelectual y, en no menor parte, hijo espiritual. En ella sentí consolidarse la convicción de la que hablé a mis colegas, profesores y estudiantes de mi Escuela de Historia, en el acto conmemorativo de su cuadragésimo aniversario. Dije en aquella también honrosa ocasión, que estudiar historia es aprender libertad. Y de esa libertad históricamente aprendida me valgo hoy para decirles lo que esta conmemoración representa para mí: Tenemos doscientos años defendiéndonos de la amenaza del despotismo.
Enfrentar el despotismo es la forma más inhumana de luchar por la libertad, que es el más humano de los valores después de la vida; porque sin libertad la vida derrama su savia. Ese es el mensaje que esta Casa nos envía cada vez que escuchamos su himno; cada momento en que tenemos presente que su misión institucional es vencer las sombras. No hay sombras más aciagas que las echadas por el despotismo sobre la libertad. Esas sombras no sólo oscurecen los caminos hacia el futuro, sino que ocultan y desvirtúan el pasado,
Durante doscientos años los autócratas que han logrado hacerse del gobierno, han alimentado la conciencia histórica del pueblo con la perversa confusión entre Independencia y Libertad; que no son en absoluto sinónimos. Y se ha hecho de nuestra obra, iniciada el 19 de abril de 1810 y proseguida el 5 de julio de 1811, una víctima de esa perversidad, alevosamente manejada por los mandones de toda pinta para escudar su despotismo tras la conseja de que “Venezuela es un país libre”; y así poder mantener oprimido a su pueblo; sin que logre mediar la solidaridad internacional. Se valen esos déspotas, y sus cómplices en mala hora borlados, de una grande y alevosa mentira. Se escudan tras una coartada que ha brindado impunidad a las etapas de la privación de su libertad a este pueblo, que ha luchado por ella con su sangre y su sudor durante doscientos años. Para que el engaño quede al descubierto basta recordar que se puede lograr independencia hacia el exterior, sin que haya libertad en lo interior.
Nacimos, como República, definitiva y perdurablemente conformada, en el seno de nuestra más grandiosa creación sociopolítica: en el seno de una República de Colombia que reiteradamente se proclamó independiente por sus armas y libre por sus leyes. Pero durante doscientos años se ha pretendido que las armas sirvieran sobre todo para ahogar los períodos de libertad en los que los venezolanos hemos persistido patrióticamente, porque no concebimos una Patria sin libertad; porque así la institucionalizaron los constituyentes de Cúcuta en 1821, siguiendo con fidelidad mejoradora la “Ley fundamental de Colombia”, también promulgada en Angostura, el 17 de diciembre de 1819, por el mismo gran arquitecto de estados independientes.
La definitiva institucionalización de la República venezolana, en el seno de la institucionalización de la República de Colombia, moderna y liberal, marcó la proyección de lo iniciado, para la mayoría de los pueblos que conformaron esa República, en Caracas, el 19 de Abril de 1810. Fue una fecha civil, que debemos rescatarla hoy como una acción civil, de una enorme trascendencia civil, histórica. Nunca militar. A esa fecha se le ha querido desvirtuar, en su significación, con un desfile de pantomimos. Vale la pena recordar, a este respecto, lo que señalan los obispos en su Carta Pastoral sobre el Bicentenario, acerca del hecho de que el 19 de Abril y el 5 de Julio “ocurrieron dos acontecimientos en los que brilló la civilidad”.
Permítanme invocar un título que podría contribuir a legitimar mi presencia en esta tribuna. Hace medio siglo, en esta mi Casa, escribí y publiqué un incipiente ensayo sobre los que denominé “Los ingenuos patricios del 19 de Abril y el testimonio de Bolívar”, refiriéndome a los tan denigrados pioneros de nuestra procura de baluartes legales para propiciar la búsqueda de libertad, salvaguardándola del despotismo. Sobre esos patricios y los el 5 de julio de 1811 han caído, con ahistórica perpetuidad, el desdén, y hasta la burla, de los hombres fuertes; fuertes de la irracionalidad; porque ningún enemigo de la libertad puede ufanarse de racionalidad.
Pero sobre ellos ha caído, también, la extrapolación abusiva de la injusta recriminación bolivariana, estampada en el Manifiesto de Cartagena. Ignoran quienes repiten esos cargos, -con ánimo que benévolamente califico de extraviado-, que al repetir esos cargos exhiben un flaco sentido histórico. El mismo airado joven que intentó eclipsar con sus infundadas imputaciones sus propias fallas, luego en Angostura, aquietado por la tenaz realidad de la lealtad popular a nuestra Corona; y vapuleado por la adversidad militar y política, rindió un encendido tributo a los que había tildado de repúblicos aéreos; refiriéndose a la obra constitucional de una elite civil ilustrada que representó, en aquel difícil momento, la esencia institucional de la inminente República. Permítanme que, de paso, me apiade de quienes, pretendiendo hacerse pasar por historiadores, dicen que esos ilustrados patricios representaban una especie de burguesía colonial, ajena a los intereses del pueblo, contraviniendo lo dicho por el barbudo de Trevis y su compañero de pluma, en ese librito que recorre el mundo, sembrando fantasmas, desde 1848: “La burguesía ha jugado en la Historia un papel altamente revolucionario.”
Hoy, también en esta mi Casa, digo que para honra y salud de nuestra Patria, aquellos ingenuos patricios siguen vivos y luchando, en las aulas de esta Casa; en las calles y barrios de esta Patria; en las cárceles secuestrados; en el exilio; y acosado su legado por la agresión del engendro parajudicial, que arroja sombras de ingratitud sobre esta Casa comprometida a vencerlas.
Ilustre Rectora
Honorables Vicerrectores y Secretario
Distinguidos miembros del Consejo Universitario
Colegas profesores
Compañeros estudiantes, y decirles así no es por halago, tampoco por cumplido: soy estudiante de la Historia, escrita con H grande.
Universitarios de todos los sectores, áreas y niveles profesionales.
Me niego a dejar esta tribuna sin confiarles algo que me ha tomado más de medio siglo aprender. Es esto: Los hombres interrogamos la Historia, no tanto para comprender el pasado histórico, -vale decir el que sintetiza las etapas del tiempo cronológico- sino para contrarrestar el temor a la incertidumbre. Pero, a su vez, los pueblos comparecen ante la historia, ante su historia. No lo hacen porque ésta sea tribunal, sino porque es la manera cierta de rendirse cuentas a sí mismos. Y me pregunto: ¿Cómo debería sentirse un pueblo que tras doscientos años de padecer y vencer, alternativamente, el despotismo, se halla hoy asediado por el despotismo?
Sería fácil, engañosamente fácil, sintetizar la respuesta en una sentencia: ese pueblo debería sentirse abrumado. Pero nosotros, pueblo venezolano, no nos sentimos abrumados. Que no se me interprete a la ligera, porque digo tal cosa. No soy optimista, si por serlo se alude a quienes optan por evadirse de la realidad. Cultivo la certidumbre histórica; y ésta me dicta una lección, que es extensa,-muy al gusto de los historiadores-, pero que paso a resumir para ustedes: cuando yo nací, en 1930, sólo unas pocas decenas de jóvenes habían dado el paso al frente contra el despotismo que, con altibajos que apenas presentaba mella en su esencial continuismo, dominaba esta tierra, que falazmente proclamaban libre sus tiranos. Cuando era liceísta vi nacer, a partir de 1945, la Democracia. Venezuela se llenó de hombres, mujeres y jóvenes que nos empeñamos en descubrir la verdad de la Libertad y de la Igualdad. Hoy me siento inconteniblemente orgulloso de pertenecer a un pueblo heroico que no sólo ha resistido, y resiste, los embates del despotismo, sino que avanza resuelto a obligarlo a disiparse.
Y me siento particularmente orgulloso de haberme formado en esta Casa; de pertenecer a esta Casa, que dio un paso al frente en 1928, y que lo da ahora, probándose consecuente en el cultivo de la Libertad y en el rechazo de todo lo que pretenda empañar el resplandor de la Libertad.
Sí, es un alto honor el haber sido encargado de hablar ante ustedes. Pero debo confesarles que temo haber sorprendido a quienes pudieron esperar de mi que dictase una clase magistral. Y espero que esa sorpresa sea motivo de agradecimiento, pues éste no me parece el lugar, ni ésta la oportunidad, de una nueva radiografía de los hechos del 19 de Abril, que todos ustedes conocen. He podido hacerlo; y lo hubiera hecho de no ser porque creo que comienzo a comprender la Historia; y habiendo penetrado un palmo en su sentido, me siento más comprometido con una suerte de precepto que alguno de Ustedes quizá me haya escuchado decirlo: “Soy historiador, y por serlo me interesa el pasado; me interesa mucho el presente; me interesa sobre todo el futuro”. Y es la observancia de este precepto, lo que me induce a vivir en esa dimensión especial, ya mencionada, que denomino el tiempo histórico, es decir la dimensión que sintetiza, dinámicamente, las tres también mencionadas etapas del tiempo cronológico.
Como historiador, he sido honrado con la oportunidad de hablarles. Como historiador que ha predicado sobre la responsabilidad social del historiador, he hablado. Pero, también, como historiador no puedo sustraerme a uno de los lugares comunes del oficio, que consiste en hacer citas textuales con indicación precisa de las fuentes. Debo, por consiguiente, hacer cuando menos una de esas citas; y se me ocurre ésta: ….”Estamos de regreso de la larga etapa sombría. La historia trabaja en el mejor rumbo. Y a ayudarla se ha dicho. Porque no camina sola.” Eso escribió Rómulo Betancourt a Juan Bosch, el 30 de diciembre de 1955. (Rómulo Betancourt. Antología política, Vol. VI, p. 430).
Permítanme despedirme exclamando: ¡Por una Universidad Central autónoma, libre y democrática, en una Venezuela independiente, libre y democrática!
Caracas, 21 de Abril de 2010