VIDEOS DE INTERES

miércoles, 22 de agosto de 2012

LAS ORDENANZAS DE LLANOS (1771-1811)


FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez56@yahoo.es

            Las Ordenanzas de Llanos constituyen el primer cuerpo de leyes escritas aplicadas a los llanos de la antigua Provincia de Caracas, con una finalidad primordial: preservar el derecho de propiedad sobre la tierra (requisito fundamental para lograr el arrebañamiento de ganado cimarrón, base social de la riqueza en los llanos) y asegurar el establecimiento de un orden social, necesario para la consolidación de las fundaciones de hato.
            Responde este cuerpo de leyes a toda una problemática, y se instaura efectivamente a raíz de la petición que con fecha 17 de septiembre de 1771 presentara un selecto grupo de hacendados ganaderos ante el Gobernador de Caracas, Mariscal de Campo don Felipe de Font de Viela y Ondiano (Marqués de la Torre), solicitando su inmediata intervención, con miras por el saqueo, abigeato, y el sacrificio indiscriminado de las reses (desjarretaderas) para el aprovechamiento de su cuero, sebo y manteca, con el consecuente menosprecio de la carne; irregularidades cometidas por un creciente núcleo de población volante (esclavos fugitivos de sus amos, morenos libres arrochelados, blancos sin tierra, etc.), ajenos a todo concepto de ley, que saqueaban los hatos y rondaban libremente, amparados en la soledad y extensión de la llanura.
            Los antecedentes históricos más remotos de estas Ordenanzas las encontramos en la sesión del Cabildo de Caracas correspondiente al 27 de julio  de 1668, fecha en que por intermedio del Capitán don Juan de Ochoa y Oñate, un grupo de hacendados ganaderos, dueños de hatos en los partidos de Paya, Aricapano y Las Palmas en los Llanos del Guárico (actuales poblaciones de Ortiz, El Sombrero, Barbacoas y Chaguaramas), presentó un extenso plan, tendiente a eliminar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses y a la par prevenir la inminente ruina de los criadores.
            En virtud de la problemática planteada, el Gobernador de Caracas, don Félix Garci González de León, designa con fecha 16 de diciembre de 1668, al Capitán don Juan de Ochoa y Oñate, como Juez privativo de los llanos conocidos como de San Sebastián de los Reyes, confiriéndole atribuciones judiciales y extrajudiciales y la potestad para: establecer un justo reparto de las pesas de carne entre los criadores, asegurar el abastecimiento de carne para la Provincia de Caracas, velar por el mantenimiento de la paz en los llanos, asegurar el cumplimiento –en el tiempo previsto— de rodeos, vaquerías, decidir respecto a pleitos entre los criadores y erradicar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses.
            En este primer intento de la oligarquía criolla para regular la situación de la inestabilidad social en los llanos, no se obtuvieron los resultados previstos; las medidas adoptadas resultaron insuficientes para frenar el sacrificio de las reses, pero sobre todo para frenar el desplazamiento de las masas marginales incorporadas a los núcleos de población volante –rochelas, cumbes, cimarroneras— que cobraban vigor y se localizaban con mayor frecuencia en las afueras de las grandes haciendas y hatos ganaderos. De esta manera, a todo lo largo del siglo XVIII, la oligarquía criolla, dueña de hatos y ganado, trató de legislar en función de establecer el control absoluto no sólo sobre la población móvil y dispersa de los llanos, sino también sobre el ganado, sobre todo el ganado cimarrón, orejano susceptible de arrebañamiento, y asimismo sobre la actividad pecuaria; control que les aseguraba la vinculación de la tenencia de la tierra con el semoviente (ganado), a través del más estricto cuerpo de leyes escritas aplicadas a los llanos: las Ordenanzas de Llanos, que cobran forma como tales, en el seno de la Junta de Hacendados Ganaderos reunida en la ciudad de Caracas, con mayoría de dueños de hatos, en septiembre de 1771.
            En su empeño de establecer una legislación represiva, para la zona de inestabilidad que conformaba los Llanos de la Provincia de Caracas, se reúne la primera (y única) Junta de Hacendados Ganaderos, constituida por cuatro directores trienales: el señor Conde de San Xavier, don Martín de Tovar y Blanco, don Francisco de Ponte y Mijares, y don Martín José de Rivas, todos ganaderos-dueños de hatos en el territorio correspondiente a los llanos del Guárico de la Provincia de Caracas, firmaban asimismo como miembros conocidos de la Junta: don José de la Sierra, don Diego José Monasterios, don Martín Pérez de Aristiguieta, don Juan Bautista de Lugo, don José Ignacio de la Plaza, don Santiago de Ponte y Mijares, don Martín de Tovar y Bañes, don Diego de Blanco, don Juan José Blanco, don Antonio Pérez y Padrón, don Tomás del Castillo, don José Francisco de Nieves, don Sebastián Sánchez Vélez de Mier y Terán, don Luis Rodríguez, y don José Tomás Aguirre.
            El texto original, es sometido a revisión y aprobado por el Gobernador de Caracas  José Carlos de Agüero, el primero de diciembre de 1772, cumpliendo con otra parte, una vieja aspiración de los hacendados ganaderos: la creación de la figura del Juez de Llanos con poderes excepcionales, y potestad para decidir en el ámbito jurídico-regional, cargo que debía ser desempeñado por un funcionario electo por los mismos hacendados y hateros, y que debía cubrir el siguiente radio de acción: 1º) desde el río Guárico hasta el límite natural con la Provincia de Cumana (; 2º) desde el río Pao hasta la región de Portuguesa; 3º) desde la otra banda de Apure (San Jaime, San Antonio, Apure), hasta Guanare. Quedaban designados como Jueces de Llanos los siguientes criadores: don Diego de Montesinos, don Tomás del Castillo, don Cornelio Hidalgo, don Martín de Araña, don Andrés de Ponte y don Carlos Álvarez, con sus plenos conocimientos sobre el llano y sobre la vida en el llano.
            Quedaba asegurado de esta manera para los criadores de ganado el ejercicio de la potestad política  local, con lo cual aseguraban la legalización de la propiedad nacida del arrebañamiento de ganado orejano. Para 1789, se amplía el contenido inicial de las Ordenanzas con la creación de las llamadas Cuadrillas de Ronda para los llanos de la Provincia de Caracas; en 1794 se dicta Instrucción Provisional para las Patrullas de la Provincia de Caracas y, por último, como máxima expresión de la legislación represiva colonial, se dictan y publican en 1811: Las Ordenanzas de Llanos de la Provincia de Caracas, dictadas por el Estado republicano, y que constituye un verdadero compendio de normas coloniales que abarcaban el control sobre la venta y comercialización del ganado y de la carne, el decomiso de todo ganado, carne, sebo, manteca que circulase sin la guía correspondiente, el control absoluto sobre los comerciantes itinerantes y la prohibición del comercio sin licencia o guía emanada de una autoridad competente, la persecución de toda persona que no pueda demostrar su oficio, lugar de residencia y etnia, prohibición de circular por caminos que no sean los reales, eliminación de todo foco posible de rebeldía, control sobre el rodeo y las vaquerías, en líneas generales abarcaba todos los aspectos de la actividad pecuaria y de la actividad, respondiendo al temor del Estado republicano y de los criadores de ganado, ante el auge casi desenfrenado alcanzado por las llamadas rochelas, vagos, mendigos, bandoleros de ambos sexos y que desconocían todo tipo de autoridad civil o religiosa.

            Valle de la Pascua, 11 de julio de 2012.   

domingo, 19 de agosto de 2012

Octavio Arleo Pignataro: Primer taxidermista de Venezuela


Naty Arleo Rodríguez

Enero de 2012


Octavio Arleo Pignataro, es el menor de los varones, de una familia de once hermanos. Nació en Los Teques, Estado Miranda, Venezuela, el 21 de abril de 1920. Hijo de Francesco Giuseppe Arleo  Stabile, natural de Santa Domenica Talao y de Filomena  Pignataro DI Puglia, natural de Mormanno, ambos pueblos pertenecientes a la Provincia de Cosenza, Región de Calabria, Italia. Sus padres contrajeron matrimonio el 04 de Noviembre de 1905 y salieron de Europa rumbo a América con un niño varón en brazos y otro en el vientre, para llegar a Venezuela el año de 1913 a visitar a los padres de Francesco: don Vincenzo Arleo y doña Nicoletta Stabile, quienes ya vivían en el país desde mediados de 1890.
 Foto: Yoel Aranguren. 
Octavio Arleo Pignataro (1920- 2005). Primer taxidermista de Venezuela. 
Artículo: ZURITA, Millie (Año 2, 2002). Octavio Arleo Pignataro. Primer taxidermista de Venezuela. Revista Cambio, No 90, pág. 8.


Octavio Arleo fue un niño vivaz, inició sus estudios en la escuela María Luisa Echiverri con el excelente calígrafo, Clodomiro León. Posteriormente ingresó al Liceo San José de Los Teques, donde desde muy joven mostró gran interés por la biología. Allí, tuvo la oportunidad de entablar amistad con el padre Puyula y el padre Ojeda, eminentes profesores de esa institución.
 Desde niño, acompañó a su padre en frecuentes viajes de cacería por el territorio venezolano, principalmente por los llanos de Guárico. El afán por la cacería, lo trajo la familia Arleo desde su patria natal, donde muchos de sus integrantes practicaban la cacería de aves y mamíferos. En Venezuela, continuaron con ese pasatiempo, particularmente con la caza del venado caramerudo, el Odocoileus Virginianus.
Esta pasión que Francesco supo inculcar en las venas a sus descendientes -quienes aún después de cuatro generaciones en el país, siguen siendo amantes de la cacería- tiene gratos y dolorosos recuerdos para la familia Arleo. Los gratos, están asociados al sobrenombre que le puso la familia en Italia a Francesco, cuando aun siendo niño, se le disparó una escopeta dentro de su cuarto y gracias a Dios no hirió a nadie, pero quemó el baúl donde guardaban las pertenencias de la abuela, convirtiéndolo en una verdadera chimenea. De ahí en adelante, siempre lo llamaron Chichilo, a tal punto que en Los Teques nadie conocía a los Arleo por su apellido, sino como los chichilos. También, son gratos los recuerdos de las aventuras que tienen que ver con tal o cual viaje y sin duda, los trofeos de cacería como el venado de 21 puntas en su caramera que fue disecado hace casi sesenta años por Octavio Arleo y aún está intacto como el primer día en que salió del laboratorio.
Los recuerdos dolorosos relacionados con la cacería en la familia, tienen que ver con la pérdida de Francisco (Nene), el penúltimo de los hijos varones del matrimonio, quien a los 17 años perdió fatalmente la vida en una cacería cuando fue alcanzado por un disparo de escopeta. Algo  parecido le pasó a Octavio en otra expedición, cuando siendo muy  joven recibió un tiro de escopeta en el antebrazo derecho y milagrosamente pudo salvar su vida. También, son dolorosos los varios accidentes sufridos con ofidios por algunos miembros de la familia, quienes han sido mordidos por serpientes, particularmente por la temida Mapanare (Bothrops venezuelensis), sin consecuencias fatales afortunadamente.
Vista panorámica actual del centro histórico de Santa Domenica Talao

El interés de Octavio Arleo por la fauna y su vínculo con la taxidermia tiene su origen en ese pasado familiar y en una expedición de campo en la que conoce al gran taxidermista norteamericano  John D  Smith, de la Universidad de Texas, contratado por el Ministerio de Educación de Venezuela para iniciar  la disciplina de la taxidermia en nuestro país. En ese viaje surge una gran empatía entre el profesor Smith  y su joven  ayudante, debido al interés demostrado por éste en los trabajos que él realizaba, y aunque los separaba la barrera del idioma, pudieron encontrar los medios para comunicarse y compartir tan hermosa disciplina.
Más tarde, después  de un concurso abierto por el Ministerio de Educación, Octavio Arleo  fue seleccionado como el primer alumno  para recibir las  instrucciones del prestigioso taxidermista, quien al poco tiempo de su labor en el país, tuvo que abandonar  Venezuela atendiendo a un llamado del gobierno norteamericano para participar en la Segunda Guerra Mundial, puesto que era considerado un gran armero. Es así como Octavio sustituye la labor de este investigador en el Museo de Ciencias Naturales de Caracas, donde desarrolla su obra como taxidermista y naturalista por más de 25 años.
Allí, establece fraternos lazos de amistad y trabajo con importantes figuras del mundo científico  e intelectual de la época, entre los que destacan: el escritor, científico y naturalista venezolano Wallter Dopouy, Director del Museo de Ciencias Naturales para el momento en que Octavio Arleo ingresa a trabajar en sus instalaciones. El Dr. Francisco Izquierdo, quien actuó como traductor entre el taxidermista norteamericano John D  Smith y Octavio Arleo. El Dr. Tobías Lasser, destacado botánico, profesor universitario y médico venezolano. El Arqueólogo Josep María Cruxent, considerado el padre de la Arqueología científica en Venezuela. El científico, ictiólogo y naturalista venezolano Agustín Fernández Yépez. El Dr. Pablo Anduze, con quien descubre y registra conjuntamente una nueva variedad de pez de la familia Doradidae en Venezuela, que lleva su nombre: el Anduzedoras arleoi Plerodoras angeli. El Dr. Eugenio de Bellard Pietri, considerado el fundador de la espeleología en Venezuela. El  Ingeniero, escritor y naturalista Edgardo Mondolfi Otero. El Dr. Ramón Aveledo Ostos, reconocido entomólogo venezolano. El naturalista y ornitólogo venezolano William Henry Phelps y su esposa Katherine Deery Phelps, quienes han publicado más de 78 libros sobre las aves de Venezuela. El Dr. Abdem Ramón Lancini V, considerado el principal herpetólogo de Venezuela. El escritor y poeta venezolano Juan Liscano Velutini, conocido por sus columnas periodísticas dedicadas a la ciencia y la cultura.  El destacado historiador venezolano Coronel Tomás Pérez Tenreiro, quien fue designado edecán del Rey Leopoldo III de Bélgica por el gobierno nacional en la expedición al Alto Orinoco, y posteriormente fue miembro de la Academia de Historia. El empresario Gustavo Ramella Vega, quien es considerado uno de los misterios más apasionantes de la aviación civil venezolana, por su desaparición  cuando despegó del aeropuerto de Maiquetía con destino a Caicara del Orinoco, un 15 de abril de 1945 y aún no ha sido encontrarlo. Y finalmente, los hermanos Miguel, Arnaldo y José Antonio Ron Pedrique, con los cuales compartió una larga amistad, particularmente con el renombrado arquitecto venezolano José Antonio Ron Pedrique.
Vista panorámica actual del centro histórico de Mormanno

En el transcurso de la vida de Octavio, existieron cuatro momentos que marcaron su vida como profesional: el primero fue su encuentro con el gran taxidermista norteamericano  John D  Smith, de la Universidad de Texas, en el año de 1939, quien le abrió el camino a la taxidermia.
El segundo, lo representó la recolección y registro de la garceta Bubulcus ibis arleoi, en enero de 1943 y la captura del pez bagre,  de la familia Doradidae en Venezuela, el Anduzedoras arleoi Plerodoras angeli, en 1948.  Ambos géneros nuevos para la ciencia en el país, los cuales fueron reportados por primera vez en Venezuela.
El tercer momento, lo representa el encuentro con el Rey Leopoldo III de Bélgica y la expedición al Amazonas, donde tiene la oportunidad de compartir una experiencia única en su vida, al lado de destacados expertos en fauna, en la cual se recolectaron importantes especies de interés científico. El encuentro con el Rey, dejó una marca en su vida, por la sencillez y desprendimiento con que actuaba. Al respecto, evocaba: “El Rey era un hombre muy sencillo, que trataba a todos con gran respeto. Al llegar a Puerto Ayacucho no tardó nada en calzar alpargatas y en adaptarse a la dura rutina del trabajo en la selva, llena de plagas, culebras y toda clase de peligros.”  
  El cuarto momento, lo constituye un accidente de trabajo en el Pico Codazzi, en el que producto de una caída, sufre una lesión en la columna que lo inhabilita para seguir ejerciendo la taxidermia, hecho que lo mantiene alejado del Museo de Ciencias Naturales de Caracas por mucho tiempo, hasta recibir finalmente la jubilación que pone fin a su carrera como taxidermista.  



 Sede del Museo de Ciencias Naturales de Caracas

Octavio Arleo Pignataro fue un hombre longevo, al igual que muchos de los científicos e intelectuales que de una u otra forma estuvieron vinculados con él, quienes en su mayoría superaron los 80 años de edad y con creces. Probablemente la esperanza de vida de estos hombres extraordinarios tiene algo que ver con la persistencia de una vida sensible y apasionada por la naturaleza, el vivir hurgando sus entrañas para develar los más profundos y recónditos secretos, el pensar y repensar en la vida y su maravillosa existencia en la tierra, hace que su cuerpo se sincronice con la luz de su mente y logren desafiar al tiempo…  Pareciera que esto resulta cierto y el más vivo ejemplo de ello, lo constituye en la actualidad el Dr. Jacinto Convit García, destacado médico y científico venezolano quien este año cumplirá cien años de edad y está desarrollando quizás la investigación más importante de su vida: la creación de una vacuna contra el cáncer, con muchas probabilidades de tener éxito.      

            Octavio Arleo Pignataro, tuvo once hijos de dos matrimonios y dejo una extensa familia. Curiosamente murió al lado de la casa donde había venido al mundo 85 años atrás, un 05 de octubre de 2005.


 Venado caramerudo, de 21 puntas en su carama. Cazado y disecado por Octavio Arleo, el año 1952. Propiedad de la familia Arleo Chicco.


Bubulcus  ibis en Venezuela . Una muestra de esta pequeña garza blanca, nativa del sur de Europa, África y Asia meridional, fue recolectada por primera vez Venezuela, el 27 de enero de 1943, cerca de San José de  Tiznados, al oeste de Calabozo, Estado de Guárico, por Octavio  Arleo P. del Museo de Ciencias Naturales de Caracas y quedo registrada como Bubulcus ibis Arleoi.



Variedad de pez (bagre) de la familia Doradidae en Venezuela, que fue recolectado por el Dr. Pabro Anduze y Octavio Arleo y  que hoy lleva el nombre de ambos: el Anduzedoras arleoi Plerodoras angeli.


 William, Kathy Phelps y Octavio Arleo Pignataro (derecha) recolectando especies de aves en uno de los túneles del tren El Encanto. ‘‘Con ellos viajé mucho e hice importantes hallazgos...’’.Octavio Arleo Pignataro. Revista Cambio (2002). Fotógrafo desconocido. 1965.



Equipo de científicos y acompañantes del Rey Leopoldo de Bélgica (centro inferior) en una expedición en la región del Amazonas. Octavio Arleo (esquina derecha inferior). 
Fotógrafo desconocido. 1952.
“...Fue una gran experiencia, asistieron muchos expertos en fauna y la colecta fue muy buena”. 
“El Rey era un hombre muy sencillo, que trataba a todos con gran respeto. Al llegar a Puerto Ayacucho no tardó nada en calzar alpargatas y en adaptarse a la dura rutina del trabajo en la selva llena de plagas, culebras y toda clase de peligros.”  Octavio Arleo Pignataro. Revista Cambio (2002).



A la luz de la hoguera: El río Sipapo desemboca en el Orinoco cerca de la isla Ratón y siguiendo su curso los expedicionarios reales llegaron hasta el caño Murciélago y el río Autana: navegaron hasta enfrentar el raudal Umaj-aye donde tuvieron que pernoctar dada la imposibilidad de remontarlo con las curiaras cargadas. Esa noche a la luz de la hoguera, Leopoldo rememoró con el profesor Cruxent la expedición al Congo Belga en que se habían  conocido y ambos especularon la posible presencia de elementos africanos en la América precolombina. Foto: Anibal Romero y texto perteneciente al Coronel Pérez Tenreiro.

 Expedición científica en los llanos de Guárico. Comisión del Museo de Ciencias Naturales. Octavio Arleo (centro). Fotógrafo desconocido. 1943.
“Estaba a orillas del río Paya en el Estado Guárico, vi pasar cinco garzas 
blancas y disparé a una con mi escopeta,  la agarré con cuidado y registré
el hallazgo en  un informe que se publicó en la Sociedad de Ciencias.
Pertenecían a una especie inmigrante de Madagascar, África. Ahora
es venezolana y lleva el nombre de Bubulcus Ibis Arleoi en mi
honor”. Octavio Arleo Pignataro. Revista Cambio (2002).

 
 Álbum de taxidermia de Octavio Arleo con imágenes de las especies 
disecadas a lo largo de su carrera. Fotógrafo desconocido. 1955.
“La taxidermia es el arte de disecar animales. Es una profesión muy
bella, artística y muy lucrativa cuando se sabe aprovechar.
Es un trabajo delicado y peligroso porque se debe utilizar
arsénico y otros químicos que obligan  a trabajar con
guantes y mascarillas, pero deja muchas satisfacciones.”
Octavio Arleo Pignataro. Revista Cambio (2002).

sábado, 18 de agosto de 2012

LOS HIJOS DE BOLÍVAR / ALGO QUE NUNCA SE DIJO EN LA HISTORIA QUE ESTUDIAMOS ¿ERAN REALMENTE HIJOS DE SIMÓN BOLÍVAR?

Germán Fleitas Núñez
Cronista de La Victoria

La muestra de ADN del Padre de la Patria, obtenida durante la exhumación de sus restos, nos permitirá comprobar si realmente era el padre de los hijos que se le atribuyen. Existe numerosa descendencia de sus presuntos hijos y ya la ciencia está en capacidad de ayudarnos a despejar dudas genéticas y genealógicas.

A nuestro Libertador se le atribuyó la paternidad de cinco hijos, dos hembras y tres varones; dos europeos y tres americanos; que fueron: 1) La Niña de Achaguas, 2) Doña Flora Tristán, 3) Simoncito Biffard 4) Don Miguel Camacho y 5) Don José Costas.

Sobre estos "presuntos hijos" -como dicen los periodistas- existe abundante documentación y noticias en la prensa del siglo XIX, XX y en libros; pero muy poco interés le han prestado los historiadores, con el socorrido argumento de que "los grandes hombre no han dejado descendencia", lo cual es una verdad que tiene demasiadas pruebas en contrario. El viento parece haberse llevado  las palabras del gran hombre cuando el 18 de mayo de 1828 dijera que:  su esposa"...murió muy temprano y no ha vuelto a casarse, pero que no se crea que es estéril o infecundo porque tiene prueba de lo contrario".

Dentro de los estrechos límites de una crónica, ofrecemos información ligera sobre estos cinco "presuntos" hijos del héroe, en espera de que algún día el ADN diga la última palabra.
1) La referencia a la primera niña, la trae en sus Memorias, publicadas en 1847, el pintor Carmelo Fernández Páez, sobrino del general Páez, quien desde muy niño anduvo con Bolívar y lo acompañó hasta el fin de su vida. Autor de la efigie del Libertador que está en nuestras monedas, y de las efigies de casi todos los próceres, a quienes conoció personalmente, don Carmelo dice que en la huida hacia el oriente, durante el año 1814, muchas de las familias de Caracas se radicaron en Cumaná; otras siguieron a Angostura (hoy Ciudad Bolívar), y cuatro de ellas  llegaron hasta Achaguas;"...en una de estas familias tuvo una hija El Libertador". Viniendo de un compañero fiel, que anduvo con él todo el tiempo hasta que murió, el dato es digno de crédito y de respeto. Algunos genealogistas creen que se trata de una niña de la familia Toro, de nombre Clorinda, cuya madre casó luego con el victoriano Manuel García de Sena. La niña CLORINDA GARCÍA DE SENA Y TORO, casó con Don Manuel Antonio Carreño, gran músico, autor de la "Urbanidad de Carreño" y es la madre de la gran pianista Teresa Carreño García de Sena, quien sería nieta del héroe (sus restos también reposan en el (Panteón Nacional y será muy fácil obtener muestras de su ADN).

2) La segunda, doña FLORA TRISTÁN, cuyo retrato revela un gran parecido físico con el genio, era hija de doña Teresa Laisney de Tristán, esposa del coronel peruano don Mariano de Tristán, de la alta aristocracia del Perú. Bolívar la conoció en su segundo viaje a Europa que comenzó en 1803 y dura hasta su regreso en 1806, vía Estados Unidos. Lleva la tristeza de su prematura viudez y tiene apenas veinte años. Con Teresa hace un largo viaje hasta Bilbao, ella queda embarazada y al poco tiempo, en Paris,  nace Flora. Vivió de 1804 a 1844; casó y tuvo dos hijos: un varón cuyo nombre desconocemos y una hembra llamada Aline, que es la madre del pintor Gauguin, quien sería bisnieto del Libertador.
Flora fue una destacada dirigente política, fundadora del Partido Socialista Francés, luchó por el proletariado, por los derechos de la mujer y por el establecimiento del divorcio. Fue muy infeliz en su matrimonio, publicó libros, entre ellos "Peregrinaciones de una Paria" en 1838; viajó a Arequipa en busca de su tío Pío Tristán. Publicó las cartas cruzadas entre su madre y Bolívar, y murió en 1844. Los obreros agradecidos le hicieron  un monumento en el cementerio de Burdeos donde reposan sus restos.

3) Del tercero apenas conocemos, por habérselo oído decir a don Juan Uslar Pietri -hermano menor de don Arturo- que en 1805 nació en París un niño al cual apadrinó el futuro guerrero y le puso su propio nombre. La madre del niño había sido su amiga íntima. En una carta que le envía en 1823 Fanny Tobrian y Aristeguieta Du Villars, su prima, amante y confidente, al Libertador, le dice:"Vuestro ahijado Simoncito Briffard (espero que sea el solo que usted tenga en Europa) es digno de sus bondades y tiene el vivo deseo de ir a encontrarlo". No sabemos nada más de SIMONCITO BRIFFARD. Es a esta Fanny a quien le escribe en 1830 la carta que dice: "Me tocó la misión del relámpago; rasgar un instante la tiniebla, fulgurar apenas sobre el abismo, y tornar a perderse en el vacío".

4) El cuarto, don MIGUEL CAMACHO, nació en Pie de Cuesta, El Socorro, Santander del Norte, Colombia, pero vivió toda su vida en Quito donde murió el 10 de julio de 1898. Era más alto que Bolívar, pero tenía faz trigueña, frente alta y elevada, cabello ensortijado, bigotes bien poblados, nariz aguileña y barbilla perfilada, delgado pero bien musculado, ojos negros, de mirada penetrante y que en veces miraban al suelo y en veces, de lado.

Al día siguiente, el 11 de julio de 1898, el cortejo fúnebre era presidido por el General Eloy Alfaro, Presidente del Ecuador, por tratarse de un hijo de Simón Bolívar, pues como tal se le tuvo siempre. Poseía muchas cartas del Libertador y de"mi tía María Antonia, referentes a mi persona y particularmente a los gastos de mi manutención y crianza". Al fallecer, su criado era un hombre como de  setentinco años, llamado Lorenzo Camejo, hijo de Pedro Camejo, el Negro Primero, quien lo acompañaba desde su estancia en Caracas, en tiempos de Guzmán Blanco, y llamaba la atención de los quiteños "por su color negro, su altura, y porque llevaba en la oreja un arete de oro".

Don Miguel Camacho tuvo dos hijos llamados Margarita y Carlos.  Margarita casó con don Manuel de J. Benalcázar, honorable comerciante de Quito y tuvo tres hijos llamados Miguel Ángel, Antonio y Manuel.  Antes, don Miguel había tenido otro hijo llamado don Aquilino Camacho, profesor. Sus descendientes viven en el Ecuador.

5) Por último, el más conocido de todos es don JOSÉ COSTAS. Su origen remonta a los días de octubre de 1825, cuando el Padre de la Patria llegó a Potosí, para cumplir con su compromiso de clavar las banderas de la libertad, en el Cerro de la Plata. El 5 de octubre fue coronado por una linda mujer de veintiún años, de nombre María Joaquina Costas, esposa del general Hilarión de la Quintana, colocó sobre sus sienes una corona "de filigrana de oro, tachonada de diamantes", obsequio de la Municipalidad de Potosí. María Joaquina tenía "piel fina, ojos color azul, boca pequeña nariz fina y un hoyuelo en la barbilla".

En el momento de coronarlo le advirtió:"Cuídese general porque esta noche tratarán de asesinarlo".  Esta oportuna información permitió debelar  la conspiración del general León Gandarias, y salvar la vida del héroe. Esa noche el suntuoso baile vió aparecer a "otro Bolívar"; por primera vez sus compañeros de armas lo contemplaron sin bigote y sin uniforme. Bailó toda la noche con María Joaquina; surgió una intensa relación y el caraqueño decidió prolongar en Potosí su estada hasta el próximo 28 de octubre, para celebrar allí "su cumpleaños". María Joaquina quedó embarazada y nació su hijo a quien, a pesar de estar casada,  presentó como José Antonio, hijo natural suyo y del señor Simón Bolívar. Al conocer Bolívar el nacimiento del niño envió al Coronel José Miguel de Velazco, con la misión de llevarlos a la "Quinta de la Magdalena". En el Perú se hicieron varios retratos de doña Joaquina con el niño en los brazos. La comisión le valió a Velazco su ascenso a General y la Presidencia de Bolivia. Por su parte José Costas vivió sesentinueve años, casó con doña Pastora Argandoña y procrearon a Urbano y Magdalena, ambos con numerosa descendencia. En su partida de matrimonio se lee: "...casé y velé a José Costas, hijo natural de la señora finada María Costas y del finado señor Simón Bolívar."

Murió el 7 de octubre de 1895. Existe una fotografía de doña Joaquina a los setenta años, tiene en las manos un libro, su rostro es simpático e imponente, ojos soñadores, boca pequeña nariz bien perfilada, su vestido es una saya de anchos pliegues y una mantilla andaluza. Sus descendientes viven en Caiza, un pueblito a noventa kilómetros de Potosí.

El 26 de octubre de 1925,  se celebró en la Villa Imperial de Potosí el centenario del ascenso de Bolívar al Cerro de la Plata; allí en acto presidido por la Academias, la Sociedad de Geografía e Historia y el Presidente de la República, se reconoció a las familias Costas y Rosso, como descendientes de Bolívar. En el momento de su muerte, cuando Doña María Joaquina se confesó con el cura Ulloa, le pidió: "que no sea separado de mi cuerpo en la tumba, este precioso relicario que lleva el busto del Libertador, y que me fue ofrecido por él en prenda de amor (...) Dios le haya premiado y me perdone a mi esta única falta grave de mi vida, que siempre consagré al bien de mis semejantes y al recuerdo del héroe, mi único y solo amor en el mundo".

Por su parte, dos años antes de morir, el Libertador confesó: "El Potosí tiene para mi tres recuerdos: allí me quité el bigote, allí usé por primera vez un vestido de baile,  y allí  tuve un hijo".

EL CRONISTA COMO FUNCIONARIO PÚBLICO

Ponencia presentada en la XL Convención Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela, realizada en Coro, estado Falcón del 23 al 26 de mayo de 2012
ALBERTO PÉREZ LARRARTE
Cronista Oficial de la Ciudad de Barinas
Me animó la idea de traer ante ustedes estas palabras de reflexión sobre el deber ser del cronista en la vida pública venezolana, de verdad me entusiasme a exponer tal asunto en este encuentro, rodeado de un conjunto de hermosas e históricas edificaciones, que constituyen un patrimonio histórico para la humanidad y sentir el calor del sol falconiano, en la ciudad del viento, con la misma intensidad del afecto de su gente; es una sana manera de desgarrarme el alma ante este auditórium, tal vez por la vehemencia que le ponemos a las cosas; pero con la firme convicción de expresar mi preocupación por el destino y vocación de los hombres y mujeres que tenemos la hermosa y delicada misión de escribir la historia en un país que vemos cada día más alienado y convulsionado por cosas intranscendentes, lo que hace que aceleradamente se desborone el basamento moral y ético de la sociedad.
Si hacemos referencia del cronista como funcionario público, no debemos  apegarnos únicamente a la ley, aunque la ley es la ley; considero que nuestra misión y visión va mucho más allá de ejercer un cargo público, debemos ser auténticos promotores culturales, humanistas por excelencia, constructores de sueños, creadores de la palabra, defensores del patrimonio y acervo cultural de nuestros pueblos, investigadores, propulsores y protectores de nuestra identidad. Eso es el deber ser.
Nuestro ejercicio de poder en la administración pública debe estar apegado a las más diáfanas normas que deben regir a un funcionario público, sin olvidar que los funcionarios públicos no están para que le sirvan, sino para servir a todos los ciudadanos y debe fundamentarse su servicio en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad.
Además, como hemos dicho, sin dejar de tomar en cuenta que el ejercicio de cronista va mucho más allá de ejercer un cargo público, su función debe ser ejemplarizante en el servicio colectivo, como asesor de los Poderes Públicos Municipales, su actuación debe ser diáfana y apegada a las más estrictas normas de imparcialidad política partidista, por lo que no debe inmiscuirse en los asuntos de participación partidista, que aún consciente que es un derecho natural que promueve la fe democrática, marchitaría su independencia y capacidad creadora y defensora de los más sagrados derechos patrimoniales y culturales de su localidad y si en ello incurriría, estaría convirtiéndose en un borrego y servil de los políticos de turno y su conducta ética y moral ante la sociedad, produciría el declive de tan noble y leal oficio. Perdonen mi crudeza.
Como referente a tan loable y delicada responsabilidad, don Alfonso Marín, en la primera Convención de Cronistas Oficiales de Venezuela, reunida en Valencia en marzo de 1968, sostiene que: “Un cronista de una ciudad, no debe ser nunca un funcionario decorativo, que se conforme con la idea de su presencia en ese cargo que representa para él un honor excepcionalmente alto. Ese honor existe, realmente, pero se encuentra ubicado en los límites imperativos de un profundo deber y de un grave compromiso”.
En la actualidad el oficio de cronista ha evolucionado convirtiéndose  en un funcionario público, con rango de Órgano Auxiliar de los Poderes Públicos Municipales, estando al nivel del Secretario o Secretaria de Cámara Municipal o de quien ostenta el cargo de Sindico Procurador municipal.
 El cronista es un escritor, investigador, historiador y orientador de las aspiraciones colectivas de su comunidad, recomienda alternativas en materias de vialidad y urbanismo, propone políticas transformadoras que humanicen su Municipio, es el guardián de las memorias de su pueblo, le corresponde asesorar a los poderes públicos  municipales, en las materias o asuntos de su competencia, debe propiciar la creación de museos, archivos, hemerotecas y bibliotecas.
No amerita un titulo académico para ejercer tan honroso oficio; pero si la humildad, honestidad, vocación, dignidad y entrega necesaria para con decoro ser la voz obligada del Municipio.
El cronista, no es una pluma tarifada, es un libre pensador. Muchas veces debe enfrentar las barbaridades que pretenden cometer algunos mandatarios o funcionarios de gobierno contra el patrimonio y acervo cultural, debe propiciar programas educativos y formativos para su comunidad.
         El cronista debe pensar y actuar diligentemente y sin rodeo, porque tiene bajo su responsabilidad una delicada misión, no debe ser simplemente un contemplador nostálgico de los sucesos de su pueblo, su pensamiento y actuación deben dignificar tan alta misión. Para Wilfredo Bolívar, cronista de Araure, "es una especie de conciencia de la ciudad, un defensor del patrimonio, o el alcalde moral de un pueblo". 
Por ello, vayamos con nuestra conciencia y combatamos con nuestras armas tanta mediocridad que carcome el alma nacional. Nuestras armas son las ideas, el libre pensamiento y las letras que describen la historia, en tal sentido debemos ser la antítesis del marasmo y la barbarie. No nos convirtamos en aduladores de los gobernantes de turno, porque nos tragará el tremedal.
Como la ley es la ley, como diría nuestro amigo y admirado poeta y colega Guillermo de León Calles, cronista Oficial de Carirubana, estado Falcón, cuando insta que debemos referirnos con insistencia saludable sobre este logró de ser reconocidos en la vigente Ley Orgánica del Poder Público Municipal, en su contenido que le da al cronista el rango de uno de los Órganos Auxiliares del Poder Público Municipal.
En este sentido el poeta De León Calles, refiere que: “Con esta herramienta jurídica en posesión nuestra, no habrá excusa alguna que defina su incumplimiento. Los cronistas tenemos que acrecentar, con el mayor grado de autoestima, lo que representamos para el curso cotidiano y trascendental de las comunidades a las cuales servimos, con la necesaria asesoría, si es que viene  al caso, de los profesionales específicos o de los colegas que hayan logrado que la ley sea, con todas las mayúsculas del mundo, letra viva”.
Pero, el incumplimiento de la ley, esta latente en varios Estados del país, son innumerables los Municipios que no gozan del servicio de este funcionario público que ha venido dejando de ser una figura decorativa y convirtiéndose en un gestor y promotor  de las principales actividades que tienen que ver con el desarrollo integral del Municipio; además que con el fallecimiento de los cronistas existentes en algunos Municipios, no se ha dado el mandato de ley o se ha comenzado con el reparto de la torta como nos los dijo en su oportunidad Germán Fleitas Núñez, cronista de La Victoria.
Cuando muere un cronista de alguna manera, muere por pedazos un pueblo, con su desaparición física se va la voz moral de un pueblo, son varios los cronistas, que nos han dejado su legado para la posteridad, imitémosles.
Elevemos una plegaria no sólo porque sus restos descansen en paz, sino porque su obra y pensamiento, sean guía y ejemplo en el cumplimiento de nuestro oficio y faro de luz para las nuevas generaciones.
Por ahora, los cronistas debemos hacer que nuestro oficio impregne de conciencia a la ciudadanía y aclare la mente de muchos funcionarios públicos alérgicos y desinteresados por las cosas sublimes que alimentan el espíritu y acarician el alma y que entiendan de una vez por todas, que el cronista que cumple con su deber, es el gendarme, el guía  y constructor de sueños que engrandece la vida municipal y el mejor aliado, de alcaldes, concejales y demás funcionarios públicos y por consiguiente de la comunidad en general.
Eso si, hagamos justicia de defender las bondades que ofrece ejercer el oficio de cronista; pero con absoluta humildad, dignidad y con la autoridad moral suficiente para hacer valer y respetar el sitial ganado en la colectividad, hagámoslo con inmensidad creadora, el cronista debe ser un poeta y como señala mi colega y amigo Antonio Trujillo, cronista de San Antonio de los Altos, estado Miranda, quien afirma, que:   "Un poema es una crónica espiritual. La poesía es una crónica desde Homero hasta aquí…Porque la crónica también es para defender un país”.
Se dan cuenta queridos colegas del hermoso legado que nos corresponde atesorar, no permitamos que se degrade nuestra misión, en fin como diría el pionero de los cronistas de Venezuela, el celebrado, don Enrique Bernardo Núñez, "El pueblo mismo es el cronista por excelencia".
   Recuerdo con orgullo afectuoso a mis dos grandes maestros, uno, José León Tapia, quien me dijo un día, “hijo sigue con tu empeño creador, acuciosidad y celo de hacer de Barinas un eslabón más de la grandeza de nuestra patria” y con exceso afectivo, me animo al decirme: “Tu trabajo tiene gran trascendencia en una ciudad donde tantas veces, en nombre de un falso progreso, se ha borrado nuestro patrimonio cultural y arquitectónico, para pena de quienes llevamos a Barinas en el corazón”.
El otro, José Esteban Ruiz-Guevara, un verdadero revolucionario y libre pensador que dignificó nuestro gremio; cuando fui seleccionado por un jurado calificador me dijo: “Alberto, eres el primer cronista del municipio Barinas nombrado de acuerdo con las disposiciones legales establecidas en la legislación correspondiente y las pautas señaladas por la Asociación de Cronistas de Venezuela”. Menos olvido cuando me dijo: “Vayamos al ejercicio imparcial de nuestro oficio e indudablemente, no dejemos que nuestra asociación se contamine”. El aplauso es por la memoria de estos insignes venezolanos. Muchas gracias…