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miércoles, 8 de noviembre de 2023

UNA MIRADA AL CEMENTERIO MUNICIPAL DE VILLA DE CURA, MUNICIPIO ZAMORA, VENEZUELA

                                                                    Beatriz Maure R.*

Entrada del Cementerio Municipal de Villa de Cura, Calle Comercio-Oeste.

Reminiscencias de Cementerio

     Schriewer y Martínez (2019) plantean perspectivas de estudios desde la Antropología Social, a partir de la biografía de una familia, la descripción de una sociedad particular, de finales del siglo XIX y principio del siglo XX, y detallando sus patrones matrimoniales, de género, sanitarios y económicos, desde información o constructos aportados del cementerio de la ciudad, en concordancia Velásquez, P. (2009) afirma que desde la visión organizacional se conforma como “...lugar en donde se crea y recrea un orden socioterritorial que da cuenta de su entorno...”

     Por consiguiente, Schriewer y Martínez (2019) caracterizan la Provincia Endogámica de la ciudad de Murcia de dominación “caciquista”, pero, influenciada históricamente por emigrantes, al transformar los patrones matrimoniales de desarrollos de redes de poder de la oligarquía local, asimismo, en el aspecto económico en “la integración del mercado” se pierde paulatinamente actuación que distinguían patrones de la mayoría de negociantes de esta ciudad, en cuanto al papel social del género la mujer es transferida a la casa y el hombre ligado al comercio, también, permite visualizar la mortalidad por escasos avances médicos, insuficiencia de higiene, elevados riegos en partos para madres e hijos y enfermedades genéticas y crónicas.

     En este orden de ideas, cabe señalar, la percepción de la sensibilidad de la muerte, que a diferencia, del nacimiento (puede no llegar a ocurrir) es un evento inexorable, real e inminente en relación Comesaña, G. (2004) comenta: “Como el hecho del nacimiento, el de la muerte es una de esas realidades que constantemente nos ciernen y nos conciernen.” por lo que en correspondencia  Montiel, J. (2003) sostiene que,

“Reflexionar sobre nuestra muerte, es reflexionar sobre nuestra vida. La muerte es una dimensión de la vida. (...) puede sobrevenir en cualquier momento. Rechazar la muerte, hasta el extremo, es negarse a vivir. Para vivir plenamente hay que tener el coraje de integrar la muerte en la vida”.

     Dentro de este orden de ideas, Cobos, E (2009) plantea que existen estudios que muestran la muerte como el rasgo más cultural del ser humano: que modela, el contenido y la calidad de la conducta diaria expresada en los ritos fúnebres, mientras que, para Cartay el estudio de la muerte, siguiendo a Barrán, es fragmentado en la Cultura Bárbara (1800- 1860) como hecho cotidiano, de presencia cercana- familiar, por la mortalidad generada de enfermedades y guerra civiles.

     Mientras que, la Cultura Civilizada (1860-1920), la muerte de ritual normado, majestuoso y adornado, en consecuencia Cobos, E (2009) revela el motivo: “...Se impone así un código distinto que privilegia la sentimentalización de la muerte en contraste con la anterior banalización de la muerte (...) La muerte era un hecho frecuente en la sociedad, pero su cultura, en vez de ocultarlo, lo exhibió..” ahora bien, desde una concepción filosófica el ser humano resulta de la coexistencia esencial de cuerpo y espíritu, por lo tanto, la disociación de estos elementos se genera en razón de la muerte.

     Lo antes expuesto es el fundamento, de la “Sacramental de Exequias”, Cabello (2017) explica, que algunos estudios fundamentados en el análisis de la última voluntad testamentaria de un grupo de personas católicas residentes de la nueva Valencia del Rey de los siglos XVII y XVIII, crea cuatro elementos significativo: la mortaja, la sepultura, novenas de misa y obras de caridad al momento de la muerte, además, expresa que:

“La tradición cristiana enseña, que el cuerpo es el templo del espíritu creado a imagen y semejanza de Dios, De allí el respeto y la veneración hacia el difunto y sus restos mortales, que se expresa en el cumplimiento y obediencia a estrictas regulaciones oficiales religiosas y morales, ante y durante el enterramiento. Es ampliamente conocido que ante el acontecimiento biológico de la muerte, el cuerpo puede ser expuesto, inhumado, sumergido o incinerado, colocado en cualquier lugar lejano o cercano, no sin antes, el cumplimiento de determinados ritos y costumbres propios del universo cultural  y religioso del difunto; esta práctica, en el mundo católico es conocido como Sacramental de Exequias.”

     En este sentido se comprende que, en las Colonias Españolas en América, en primer lugar, prevaleciera la “distinción de clases hasta la muerte” evidenciado en enterrar los cadáveres en las iglesias cuando los deudos del difunto podía pagar esta distinción, o en un patio inmediato al templo cuando el muerto pertenecía a las clases desheredadas de la fortuna, y al mismo tiempo, se practicará “obrar bien hasta la muerte” expresado en que la iglesia establecía claramente a quien se le podía o no conferir exequias fúnebres, es otras palabras, a quienes en circunstancias de la muerte se le podía o no, enterrar en el cementerio católico, ofrendar o enajenar misa a un difunto, en correspondencia, señala Cabello, (2017):

“Según los cánones de la iglesia católica que vinimos analizando, para los difuntos fallecidos trágicamente, entre otros, asesinos, suicidas, prisioneros, condenados, sentenciados y ejecutados, fallecidos en duelos; como para los herejes  y excomulgados de esta; debían habilitarse espacios alejados o contiguos al cementerio católico y destinarse para ellos fosas comunes.

El cumplimiento de estas severas normas eclesiásticas, dieron origen a los cementerios de ajusticiados, también denominados, Cementerios Profanos o Huesa Común. En Europa, aún se conserva como testimonio de un triste y doloroso pasado, particularmente, en España.(...)

“En la segunda mitad del siglo XVIII, tanto por el crecimiento demográfico, como por el problema de salubridad pública, por Real Cedula el 3 de abril de 1787, las autoridades españolas comenzaron a ordenar construcción de cementerios para enterar a los difuntos. Por la Real Cedula del 15 de mayo de 1804, se insistía en la necesidad de establecer los cementerios fuera de los poblados, (...) porque los malos olores dentro de los templos eran insoportables y muchos feligreses caían desmayados (...) el carácter infeccioso de los cuerpos enterrados y en descomposición  dentro de las iglesias y los peligros que ello representaba para la salud de la población”

     Es evidente la vigencia del Sacramental de Exequias Colonial, por lo tanto, el Cementerio Municipal, está asentado en el Suroeste de la Ciudad de Villa de Cura del Municipio Ezequiel Zamora Correa, parte sur de la zona norte del Estado Aragua, el mismo delimita por el Norte con la Calle Comercio, por el Oeste con la Avenida La Florida, por el Sur con la Sub Estación Eléctrica de Corpoelect, dentro del “Sector San José I” y el “Sector Las Tablitas” abarcando una extensión de cuatro hectáreas, es decir, cuatro mil metros cuadrados, dividido en diez cuarteles para albergar a  25.000 difuntos aproximadamente según las medidas requeridas especificadas por las normas.

Al ingresar al mismo, se tiene acceso a una Capilla a la derecha de la entrada y frente a esta la oficina de administración del cementerio, en cuanto a la presencia de tumbas con inscripciones de 1886, penúltima década del siglo XVIII, permite establecen el inicio del servicio de utilización de sus espacios para el enterramiento de restos mortales, correspondiendo con la construcción de la actual sede de la Alcaldía del mencionado Municipio, durante la gestión de gobierno de Joaquín Crespo, cinco años antes que la ciudad fuese capital del Estado Guzmán Blanco,

“El más alto rango lo adquiere Villa de Cura en el año 1881 cuando pasa a ser la capital del gran Estado Guzmán Blanco, integrado por lo que es hoy el estado Aragua, Guárico, Estado Bolívar (hoy estado Miranda) y como apéndice insular el Estado Nueva Esparta. Toda una entidad política con una población de 484.509 habitantes, la más numerosa de aquel momento histórico. Luego esta jurisdicción pasa a llamarse estado Miranda, en 1889, de esa fecha data la estatua de bronce del Precursor de la Independencia Francisco de Miranda ubicada en la plaza del mismo nombre.”


Tumba de Carlos Greca en el  Cementerio Municipal de Villa de Cura, Calle Comercio-Oeste.

    Cabe considerar, que a través de entrevista con Eduardo Maure Mujica, relata que los alrededores del actual Cementerio era zona verde, donde predominaba plantas de Tunas rojas y verdes, diversos arboles como El Cují que proporcionaban leña para vender en las casas, como por ejemplo, en la  “Pensión de Juanita las Tres Lunares”, asimismo señala, que años más tardes fue uno de los fundadores del Sector San José I, describe la zona aledaña, trasmuro al mencionado “Campo Santo”, donde actualmente están fundados los Barrios “El Ripial” y “Apolo”, fueron utilizados una parte, para el enterramiento de la población infantil víctima de la enfermedad epidémica que su madre en su relatos denomina “El Vomito Negro” debido a que, al expulsarlo indicaba la muerte inevitable.

Por lo antes expuesto, el sector era identificado por los transeúntes con el apelativo de “los Muerticos” quienes al pasar en horas de la noche podían apreciar innumerables velas encendidas por los familiares de los sepultados en las respectivas tumbas, otra parte del sector, estaba destinado como basurero por ser periferia de la ciudad no habitada, dos décadas posteriores, en año de 1950, se restringe la utilidad de depósito de desperdicios debido al progresivo establecimientos de ranchos, una década después durante la gestión presidencial de Rómulo Betancourt, se establece el “Caserío las Aguaitas” hoy “Sector las Tablitas”

     Retomando la expresión de Velásquez, P. (2009) de “Diferenciación social como configuración de la organización socio-territorial” definiendo:

“...son el producto y se configuran a partir de rituales, prácticas, normatividades administrativas y discursos, que generan y son generados por las diferentes identidades culturales, políticas, religiosas y económicas que convergen en el cementerio (...) nos referimos a lo que hacen las sociedades, los grupos y los dolientes con ellos –los muertos–, que permiten que el cementerio pueda ser leído a partir de la idea de caleidoscopio, anteriormente desarrollada”

      Evidenciado al entrar al cementerio, de inmediato se muestran imágenes de la multiplicidad de usos y prácticas que describe la cotidianidad de actividades, constituyendo la diferenciación social según intereses, nivel económico, afinidades, preferencias, devociones y emociones, que dejan indicios o vestigios en la arquitectura, estética y lugares de mayor frecuencia, entre ellas, se observan dos niños en compañía de su madre lavan una estructura de mármol, dos trabajadores sepultureros preparan una mezcla de concreto, una pareja lleva flores a una tumba y dos jóvenes conversan bajo la sombra de un Samán.     

     Asimismo, Velásquez (2009) plantea que el aspecto vital del cementerio se sustenta de las denominaciones, prácticas y discursos de múltiples usuarios, visitantes y trabajadores del mismo, a través de epitafios, ornamentaciones, estéticas, emotividades, arquitecturas, de modo que, se observa en las tumbas: un nombre, un apellido, la fecha de nacimiento y la fecha de defunción, además, los nombres se repiten entre las mismas familias, lo que permite recordar, evocar a “el Pueblo de Macondo” de “Cien años de soledad” del escritor Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, manifestándose como una constante en Latinoamérica: “que los padres le colocan los nombres a los hijos”, no obstante, al final todo se resume a una breve identificación y dos fechas, suscitándose una interrogante ¿Qué verbo conjugará ese nombre, sobre la lápida, de regreso por un instante a este mundo del lector andante?

    En función de lo planteado, entre la maleza que sumerge la mayoría de las tumbas se encuentra escasos epitafios, algunos poéticos, que dan fe del amor construido en vida  con quienes le sobreviven, como el que se deja leer sobre la lápida de Luis Enrique Fernández Morgado fecha de nacimiento  17/08/59 fecha de defunción 26/07/94 “Es un sacrilegio prohibir la ciencia Pedir a la ciencia es ofrecer actos de adoración a Dios Enseñarla es hacer caridad La ciencia es la vida de Enrique La columna de la feOh Dios! Rdo. de sus padres y hermanos”

Otro de los epitafios que se encuentra sobre otra lápida: Altagracia Gutiérrez de Delgado Murió el día 22 de marzo del año 1897 “Su esposo Serapio Delgado e Hijos le dedican este recuerdo en testimonio de amor y gratitud”

Epitafio de amistad a un General: Nació en Ortiz el día 2 de abril de 1849 Murió de 2 de febrero de 1895 “Al distinguido compañero General Francisco Núñez consagra este recuerdo a la amistad IA” 

Epitafio de agradecimiento al fallecido: “Manuel F. Tosta *1881 - 1930  Gracias por el favor concedido Al Dr Leopoldo Tosta LM”

Epitafio al fallecido: “Francisco Celis *23/12/1986 – 22/11/2003  Rdo. De su madre y hermanas Mi niño tu juventud y tu pureza Ocupan un lugar muy especial En todos nuestro  corazones”

Epitafio Presente del Ánima Desconocida: “Anima Desconocida 22-2-71 Traído por la  PTJ” Dentro de la pequeña capillla estan varias placas con epitafios una sobre otras.

NOTA: La comunidad le ha realizado peticiones de diferentes aspectos (salud, laboral, adquisición de vivienda, de libertad, entre otros). Por lo tanto, le retribuyen ofrendas de epitafios, flores, prendas de valor. Sin embargo, ha sido despojada por la delincuencia

Epitafio escrito sobre el concreto, ausente de mármol o cerámica: “Genaro Castillo 28-12-61 04-09-23 Cristo Viene”

Asimismo, el epitafio del amor en sufrimiento, de la madre de un poeta: “Omar Francisco Gutiérrez Peña  fecha de nacimiento  02/07/68 fecha de defunción 01/12/91 “Solo venimos a dormir Solo venimos a soñar Es una flor nuestro cuerpo Da flores y se seca Recuerdo de su madre Ivón” Cristo Viene”

También, con particular originalidad: A pesar de no ser un epitafio, una piedra de significativa dimensión en posición de lapida sobre una sepultura con la inscripción: Carlos Greca  Fecha de defunción 13/10/1952 y  en compañía de una foto de forma oval.

     Está en especial, incorporada al imaginario Villacurano, cuando al referirse a una persona nada grata o no agrada a alguien se expresa “eres más pesado que la piedra que mato al musiú”. En referencia al relato local (oral) sobre la muerte de Carlos Greca, de procedencia extranjera, que siendo trabajador, de la Cantera “La Calidrat” aun presente en la ciudad, en consecuencia de una explosión a cielo abierto de un barreno (hueco cilíndrico practicado en la roca para alojar explosivo) de pólvora, fue alcanzado por un gran fragmentos de la estructura de piedra, causándole la muerte.

Otra particularidad, que expresa ternura:

     Una tumba, con solo el concreto de cerrado de la misma, no obstante, con epitafios de sobre este a mano alzada de “bendiciones”, y una pequeña imagen de un niño acostado sobre una almohada durmiendo y sobre su costado un perro, puesta a la sobra de dos globos blanco con corazones rojos, al lado de un libro abierto de recuerdo de nacimiento.

    Cabe enfatizar por otra parte, el relato de un visitante, que mantiene similitud al poema de Ollie McGee, que parece extraído de la crónica poetizada en los epitafios autobiográficos de referencias cruzadas, que narra la vida colectiva de los habitantes de la ciudad imaginaria de “Spoon River” de Edgar Lee Masters.

     Es conveniente acotar, que en una sección de un cuartel se aprecia el cambio de los materiales de construcción de los monumentos, por ejemplo algunos construidos en ladrillos, posiblemente producidos por los artesanos alfareros de la ciudad, se genera la interrogante ¿Cómo era la connotación histórica del ritual de fabricar los monumentos?  Esta fuente contiene el testimonio histórico, sobre que pensaban los familiares, como vivían, revelan las circunstancias en que coexistió esa persona, su vinculación social, el contexto histórico y la connotación histórica del tiempo que vivió.

    También, algunas tumbas muestran vandalismo, en la ausencia de las respectivas identificaciones, posiblemente por lo comercial del material en que fueron elaboradas (aluminio, bronce, entre otros.), asimismo, Ramírez trabajador del cementerio refirió algunos saqueos de tumbas, para utilizar los restos en rituales esotéricos, transeúntes comentan que al visitar a su familiar difunto, tiempo después de la progresiva normalización de la pandemia de Covid19 se encontró con desagradable sorpresa de un nuevo enterramiento dentro de respectiva tumba, obteniendo del Administrador (Selador) del cementerio explicación de haber sido utilizada en la Activación de Protocolo de Seguridad por muerte Covid19.

     Del mismo modo, está presente la relación de un cuartel con el siguiente, un cambio de periodo histórico  temporal,  a través del diseño de las estructuras, algunos cuarteles en franco deterioro, otros en un proceso de relativa conservación de la arquitectura, las brisa fresca de una mañana calurosa improvisa un viaje en retrospectiva de la vida significativa del cumulo de nombres presentes y ausentes en las lapidas y monumentos fúnebres.

   A modo de conclusión, es posible decir que los cementerios son lugares que albergan, reúnen  y reconcilian, asimismo, son la representación simbólica de las interrelaciones de individuos y de comunidades en torno a la forma como son aprendidos y reestructurados por ellos, como un lugar heterotópico – topofóbico - topofílicos, es estratégico para el desarrollo socioterritorial.

     Resulta necesario reconocer la utilidad del estudio sobre los cementerios en: la descripción de una sociedad específica definiendo patrones sociales, asimismo, en la investigación de lugares que se construyen a partir de sentidos de pertenencia basados en el dolor y la tristeza, en la comprensión de las relaciones que se suceden en dicho espacio, ordenamiento, la planificación y gestión del territorio, tanto desde las lógicas y sentidos internos, como desde su relación con otros entornos urbanos.


Referencias Bibliográficas

Amunategui y Barros (1876)  El entierro de los Muerto. Revista Chilena Tomo IV. Santiago.

Cabello, H (2017) Manuel Piar... y su trance al más allá. Editorial Miranda. Villa de Cura Estado Aragua. Venezuela.

Cartay, R. (2002) “La muerte” en Fermentum. Mérida, N° 34, mayo-agosto de 2002, pp. 447-470.

Cobos, E (2009) La muerte y su dominio. El cementerio general del sur en el guzmanato 1876-1887. Colección Monografías El pueblo es la historia. Fundación Centro Nacional de Historia.- Editor. Caracas Venezuela.

Comesaña, G, (2004) La muerte desde la dimensión filosófica: una reflexión a partir del ser –para– la muerte heideggeriana. En: Agora Trujillo. Revista del Centro Regional de Investigación Humanística, Económica y Social Año 7 - Nº 13 enero-junio 2004, pp. 113-125. También en: www.saber.ula.ve/... /alexandr/db/ssaber/Edocs/ pubelectronicas/agoratrujillo/agora13/articulo_5.pdf

Montiel J. (2003) El pensamiento de la muerte en Heidegger y Pierre Theilhard de Chardin. En: Utopía y Praxis latinoamericana. UPL, Vol. 8, N° 21, Maracaibo, marzo 2003, pp. 59-72, http://www.serbi.luz.edu.ve/ scielo.php?script=sci_ arttext&pid=S1315-52162003003000005&lng=es&nrm=is

Schriewer y Martínez (2019) Contar historia a través del cementerio: El comerciante Tomas Erádes. El Método biográfico histórico  en Antropología. Revista Murciana de Atropología.

Velásquez, P. (2009) Los Cementerios… Territorios Intersticiales. Revista Hacia la Promoción de la Salud, vol. 14, núm. 2, julio-diciembre, 2009, pp. 24-38 Universidad de Caldas. Disponible en: http://www.redalyc.org/ articulo.oa?id=309126692009

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*Ensayo escrito para la materia "Historia de lo cotidiano" de la maestría en Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos.