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lunes, 12 de febrero de 2007

FEMINIDAD Y POÉTICA EN LA ESCULTURA DE BLANCA ALEGRA



Blanca Allegra es oriunda de Judibana en el estado Falcón. Realizo estudios de Arte Puro en la Escuela de Artes Plásticas "Arturo Michelena" en Valencia y paralelamente estudió Derecho en la Universidad de Carabobo. Con el escultor Roque Benavides (+1999) aprendió las diferentes técnicas de la escultura, entre ellas: vaciado en marmolina, recina y bronce.
Vive con su familia desde 1994 en la ciudad de San Juan de los Morros en el estado Guárico, donde fundó su taller de escultura y donde se ha desempeñado como profesora de educación artística.
Actualmente desarrolla con dedicación y esfuerzo su arte: la escultura figurativa, donde la conjunción armoniosa entre la mujer, su espiritualidad y la naturaleza son los protagonistas.
Exposiciones:
* Colectiva Escuela de Artes Plásticas "Arturo Michelena". Valencia 1986.
* Colectiva Escuela de Artes Plásticas "Arturo Michelena". Valencia 1989.
* Salón Anual Asociación de Artistas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia 1998.
*Salón Anual "Agustin Armario". Ateneo de Puerto Cabello. Puerto Cabello 1998.
*Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia 1999.
* IX Salón Nacional de Artes Visuales "Francisco Lazo Martí". Calabozo 1999-2000.
* Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia 2000.
* Ateneo de Coro. Edo. Falcón. Individual de Esculturas. Coro 2001.
* Individual de Esculturas. Sede de la Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia Marzo 2001.
* Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia Mayo 2001.
* XXIV Aniversario Universidad Rómulo Gallegos. Casona Universitaria. San Juan de los Morros, Julio 2001.
* Muestra escultórica en ocasión al día internacional de la mujer. Rectorado Universidad Rómulo Gallegos, San Juan de los Morros, Marzo 2002.
* Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Galería Braulio Salazar, Valencia, Mayo 2002.

EL SORGO

Arturo Alvarez D´Armas*
El sorgo también conocido como millo o mijo es un cereal utilizado desde la más remota antigüedad en África para el consumo humano, forraje para el ganado y materia prima de bebidas alcohólicas y fibra. Los sorgos son plantas de porte mediano o alto, panículas abiertas, ramas largas y granos alargados cubiertos en buena parte por glumas oscuras o claras con endosperma córneo, grueso en los lados y delgado en el ápice.
El continente de ébano es el principal centro de distribución de los sorgos cultivados. El investigador Raúl Robles Sánchez (1975) dice que el origen geográfico se determina por investigaciones hechas en todos los lugares factibles, en los cuales se podrían desarrollar, y se determina en qué lugar se encuentra la mayor diversidad de especies, el lugar que posea el mayor número es al que se le considera el sitio de origen de esa planta.
Hoy día se acepta (León: 1987), que el sorgo fue domesticado en más de un lugar, en la faja que se extiende de Senegal a Somalia, entre el Sahara y la selva del Congo. El supone que las razas cultivadas se derivan de la verticilliflorum, del grupo silvestre arundinaceum. El área de origen del cultivar bicolor pudo estar al este del lago Chad y del centro de África. El guinea, en cambio proviene de sitios más húmedos entre Senegal y Chad. El cultivar caudatum es del centro de África, de las sabanas entre Chad y Kenya, el kafir se origina en el sur de África y el durra nace en Etiopía.
De la mano del hombre se extendió al Medio Oriente y Asia. A través del Mar Rojo pasó a la India, luego fue llevado a China por la Ruta de la Seda en el siglo XII, dando lugar a las características distintivas del grupo kaoling cultivado en China oriental y central.
El sorghum vulgare, Pers., es una de las primeras plantas domesticadas por el hombre. En las pirámides de algunos faraones egipcios, pertenecientes a las dinastías más antiguas, se han encontrado granos de este cereal; en las paredes de la tumba de Ameni-Em-Het (Dinastía XII) existen grabados en los que, según diversos autores, pueden apreciarse plantas de sorgo.
De acuerdo con la mitología de los dogon (Toussaint-Samat: 1991) de Mali, se cuenta que el mijo africano fue robado al cielo estrellado por el Gran Ancestro Herrero. Pero los mossi del Alto Volta (hoy Burkina Faso) atribuyen su descubrimiento a una mujer exasperada por el hambre que capturó al pájaro malpoli para cocinarlo. Siguió con vida gracias a los excrementos de mijo que dejaba caer en la jaula.
El sorgo arriba al “Nuevo Mundo” con la infame trata africana de esclavos, entre los siglos XVI y XIX. Al igual que el pasto guinea, el gordura o capim melao, el pará, el ñame, el quinchoncho, la patilla y el melón fueron compañeros de ruta de los negros en la travesía atlántica, primero a las islas del Caribe y después a Tierra Firme. Al bajar a los ilotas de las embarcaciones, simultáneamente arrojaban los restos del cereal a la costa. Posiblemente el sorgo se nacionalizó en tierra venezolana a finales del siglo XVIII y principios del XIX, pero su cultivo no cobró importancia hasta bien entrado el siglo XX con la variedad del sorgo granífero. Casi el 100% del mismo es utilizado por la agroindustria para la elaboración de alimento para animales.
Fuentes consultadas:
Alvarez D´Armas, Arturo. Gramíneas forrajeras africanas en Venezuela. San Juan de los Morros: Ediciones Cumbe y Tambor, 1999. Mimeo.
León, Jorge. Botánica de los cultivos tropicales. San José, Costa Rica: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, 1987. 445 p.
Toussaint-Samat, Maguelonne. Historia natural y moral de los alimentos. 2. La carne, los productos lácteos y los cereales. Madrid: Alianza Editorial, 1991. 186 p.
Robles Sánchez, Raúl. Producción de granos y forrajes. México: Editorial Limusa, 1975. 592 p.

EL GENDARME NECESARIO

Eduardo López Sandoval
La Modernidad tiene más de un siglo en Venezuela o, en todo caso, -para los que poseen esa manera positivista de pensar-, tiene más de cien años intentando entrar. La mentada Modernidad está asociada al adelanto frente al atraso, al desarrollo de las fuerzas productivas hacia la industrialización por encima de lo rural. Estas ideas de Modernidad encarnaron papeles con el rostro del llamado positivismo. Venezuela y su Historia es una obra civil que se construye, se destruye, se reconstruye, se barre y se erige desde que Rodrigo de Triana nos vio por primera vez, como dice la Historiografía Tradicional, nosotros decimos que nuestra Historia comienza cuando el indio vio a las calaveras como pájaros que venían navegando por el mar, más que eso la Historia debe comenzar desde que el hombre pisó por primera vez estas tierras hace miles y miles de años. Historia, claro está, que está por escribirse.
Viviendo más acá en el tiempo, no hablando de miles de años, y hablar de modernidad es hablar de positivismo. El positivismo como paradigma ocupó todos los espacios de la sociedad, precisemos hoy algún aspecto: el referido a lo político y a lo histórico.
Como la idea de modernidad es asociada a progreso, el positivismo se asocia al orden en todas las áreas de desempeño social del hombre en sociedad. Pero,…pero en el ámbito político este orden se relaciona con los gobiernos militares, con el gobierno, con el gendarme necesario. Esta imagen sirvió para que pensadores de altos kilates, como Mario Briceño Iragory se colocaran al lado de Juan Vicente Gómez, a principios del siglo pasado, para darle sostenimiento filosófico a la presencia del Dictador.
Gendarme necesario o cesarismo, es lo mismo; este nombre se obtiene de la imagen de Julio César, como emperador, autócrata y gobernante absoluto. “Los rasgos generales de cesarismo son la concentración del poder en una figura carismática que capta todos los anhelos populares.“. Esta corriente de pensamiento no sólo justifica el gendarme necesario, más que eso lo ve como una necesidad ante el carácter disociado de nuestra raza. Ojo. este concepto eminentemente positivista que estigmatiza nuestra ascendencia, por europeo de baja clase, por negro africano, y/o por indio, principalmente por lo último, son conceptos con los que no estamos de acuerdo, ideas acerca de las cuales hablaremos en próximas entregas, y hablaremos de la opinión de los latinoamericanos que dice que prefieren en su mayoría absoluta, un gobierno militar, siempre que le solucione el problema del hambre. Ambiente de opinión latinoamericano que coloca a Venezuela en el escenario de hacer un nuevo cesarismo: El Neocesarismo de Chávez.

LA MOTIVACIÓN RELIGIOSA EN EL TOPÓNIMO VILLA DE TODOS LOS SANTOS DE CALABOZO

José Obswaldo Pérez[1]

EN EL SIGLO XVIII, la Villa de Todos Santos de Calabozo era un pueblo de “picota y horca” (Carrasquel, 1943:196). Había sido fundado por los capuchinos andaluces Salvador de Cádiz y Bartolomé de San Miguel con el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria, el primero de febrero de 1724. Sin embargo, mucho antes, en 1694, existió un sitio de vida efímera con el nombre de Jesús de Nazareno de Calabozo, fundado por el fraile Salvador de Casabermeja. Anteriormente en 1676, Fray Pedro de Berja había pedido la fundación de la ciudad (Vila, 1963). Una real cédula del 15 de febrero de 1738 confirmó la fundación, pues los terratenientes hostigaban incluso a través del gobernador, para que les fueran devueltas las tierras donde estaba la villa. En efectos a esto, el 14 de septiembre de 1741 el gobernador ordenó que les fueran devueltas de nuevo las posesiones a los dueños de hatos. El 14 de agosto de 1744, el padre Antonio de Jaén y 62 vecinos solicitaron al Consejo de Indias la reposición de la villa. El Consejo otorgó el 6 de julio de 1751 lo que le correspondía a ésta y a las Misiones de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de los Ángeles, una legua alrededor a cada una. El título de villa fue confirmado por real cédula del 20 de abril de 1774, autorizada a su vez por el obispo el 15 de diciembre siguiente (De Armas Chitty, 1974: 41-44).
De este modo, con las misiones capuchinas y andaluzas no sólo llegó al primitivo Calabozo la cruz, como símbolo del cristianismo, la conquista y la fe, sino también la espada como arquetipo de las armas para la defensa, protección y ocupación de los llanos, a fin de controlar la resistencia de tribus indígenas en la zona; y junto con ella, mosquetes, armaduras, perros, lanzas, provisiones, pendones y toda la investidura militar de la época se consolidarán en las “misiones escoltas” como una empresa religiosa-militar que tuvo una intensa importancia en el contexto histórico de Venezuela (Castillo Lara, 1975; Rodríguez, Mirabal,1987:192). Con la articulación de estos elementos y el tutelaje de los misioneros, el asentamiento creció rápidamente con el comercio generado por el desarrollo de los grandes rebaños de ganado establecido en los Llanos. Aunque su fundación fue tardía, se originó al final de la conquista y colonización de Venezuela. Mientras ciudades importantes como Barquisimeto y el Tocuyo nacieron durante la ola expansionista y globalizadora del siglo dieciséis, Calabozo empezaba como un enclave misionero a finales del siglo XVII. Había sido concebido para guarnecer un asentamiento español anclado a la creciente red de “misiones con escoltas” que se esparcían hacia los llanos, con el fin abrir paso a la penetración de criadores con sus rebaños en calidad de “quieta y pacifica (Rodríguez Mirabal, 1987:193).
En el contexto toponímico, el nombre de la Villa de Todos los Santos de Calabozo es una denominación compuesta de naturaleza antropocultural. Es un hagliotopónimo de motivación espiritual y religiosa que se divide taxonómicamente en dos elementos híbridos. Primero, Villa de Todos los Santos, que debe ser una translación toponímica de España. Un desplazamiento designativo de la madre patria que el conquistador trasladó con toda su carga cultural a las colonias hispanoamericanas y otros lugares como el Reino de Brasil. No es exagerado el sentimiento religioso de los primeros colonos-españoles y portugueses- que llevó a designar a la naciente población como Pueblo de Todos los Santos. Una herencia de siglos devenida de la época del cristianismo, y a una regla establecida por el Papa Gregorio el Grande (590-604). El bautismo no sólo fue un titulo para el culto público a una determina persona, sino que pasó a ser una creencia de quien poseía el nombre de un santo se encontraba bajo la protección del mismo.[2] De allí que años más tarde, las mismas instituciones eclesiásticas, pueblos y países se erigían bajo la amparo de un santo. Por eso, unas de las características de la colonización fue la santificación natural del espacio geográfico para el dominio espiritual del lugar. La santificación consistía principalmente en la purificación de los pecados, luego la permanencia de la vida y ascenso al camino de la virtud. En la purificación estaban incluidos todos los aspectos de la perfección espiritual: templanza, prudencia, paciencia, humildad, caridad, esperanza y fe (Goicu, 2002:303-304).
Esta realidad tuvo consecuencias en el plano toponomástico, en el cual el nombre de este lugar nos remite al “universo ibérico”, desde una percepción sensible o espiritual de los habitantes, constituyéndose en fuente inspiradora de la localidad. La denominación de un lugar por parte de los europeos consistía en poner nombres de santos a lugares, por ser descubiertos en días en que el calendario católico atribuía a determinado santo, santa o devoción (Dick, 2000:227). El topónimo Pueblo de Todos los Santos envuelve dos puntos nucleares de la conquista hacia los llanos: la propiedad del territorio por el dominio de los caminos terrestres y lacustres, a través de las emigraciones espontáneas y la colonización hispánica; y la conquista espiritual de las localidades mediante las encomiendas y misiones religiosas. Los primeros permitirán el reconocimiento de ese espacio, que les permitirá dominar las “arterias básicas” de la comunicación oriente-occidente y viceversa; y, los segundos, garantizarán la continuidad de la presencia de las emigraciones para la implantación de nuevas fundaciones, misiones, hatos, credos y otras cosmovisiones (Pérez, 2006; Rodríguez, 1991:105).
La toponimia religiosa se distingue por el carácter original de la lengua eclesiástica romana, la cual se basa en vocablos provenientes de lenguas diferentes. Su raíz cristiana y latina, supone en primer lugar los aspectos esenciales sobre la antigüedad de una palabra y segundo, su origen eslavo, en el cual se encuentran en muchas de ellas las denominaciones que designan la organización del culto, la jerarquía eclesiástica y calendario católico. Una característica que desde la perspectiva histórica, tienen una enorme influencia en la conquista del territorio. Concepción Suárez (2002) señala que su origen tiene sus comienzos en las transformaciones de ritos y cultos prerromanos que cumplen una función de “santificación” del entorno natural. El autor citado explica que una “buena parte del lenguaje toponímico se remonta a costumbres y referencias culturales preexistentes a la romanización, que, a todo más, sólo fueron reutilizadas, transformadas, reconvertidas por la cultura latina y la cristianización ulterior” (2002: 41-64). De este modo, los nombres referidos a ciertos lugares tienen raíces preindoeuropea, indoeuropea y celta, los cuales fueron utilizados por el conquistador europeo para nombrar el entorno natural habitado y, posteriormente, sacralizarlo y luego cristianizarlo.
El otro elemento taxonómico que compone la Villa de Todos los Santos es la palabra "Calabozo", la cual tiene su origen en el latín: Calare (= hender, herir) + Fodere (= hacer una fosa). Su significado se trata de una especie de excavación en roca o el suelo utilizado con la finalidad de mantener a los delincuentes o prisioneros de guerra encerrados y bajo castigo. Al parecer el topónimo tuvo una cierta evolución: de Calarfodium pasó a Calapozio (latín hispánico) y finalmente a Calabozo, un perfeccionamiento híbrido entre griego y latín. En este sentido, Corominas y Pascual (1984, I: 747) atribuyen a la palabra calabozo un origen hipotético de la voz compuesta “calafodium”, en la que podría distinguirse, junto al derivado “fodium” del latín fodere (‘cavar’) y la forma prerromana “cala”, el significado de: ‘lugar protegido, cueva’, probablemente de origen anterior al celta o al ibero. En regiones de España, como León y Salamanca se registra la etimología calabozo, lo que demuestra que es un fisiotopónimo, es decir, un nombre motivado por las características físicas del medio o las circunstancias que los rodean (Pérez, 2006).

Al igual que Corominas y Pascual, el reconocido lingüista, Fernando Navarro[3], señala la posibilidad de que la palabra Calabozo derive directamente de las palabras latinas fodiare y fodium, voces que su equivalente en español es “hoyo”. Éste vocablo se utilizaba generalmente para cualquier agujero excavado en la tierra. “nada de extraño tiene que nuestra palabra calabozo esté también emparentada con fodium; más concretamente, con el latín vulgar calafodium, compuesto con una supuesta raíz prerromana cala (subrayado nuestro) que transmitía la idea de cueva o lugar protegido” (Navarro, 2002). Sin embargo, Calabozo no es una palabra transparente. Otra interpretación del topónimo es su derivación del prerromano compuesta por Cala-, que significa lugar protegido y el sufijo –boza, que significa ‘matorral’. En otras palabras, Calabozo sería como un “matorral protegido”, que es el nombre también de un instrumento agrícola extremeño.

Finalmente, dentro del plano toponímico e histórico, se puede concluir que religión y fe son una consultación de los mitos de los hombres desde los tiempos de la colonización de los llanos. La Villa de Todos los Santos de Calabozo es el manifiesto sentimiento religioso de los primeros colonos y sus descendientes. Una nomenclatura de longitud pomposa, suerte de un sociocentrismo lugareño (Baroja, 1957; Mitchell, 1988:15) cuya medición debería indicarnos el grado de cristianismo y fe de aquella localidad colonial. Pues, resulta que la Villa de todos los Santos de Calabozo fue posteriormente sede de una de las primeras diócesis fundadas en Venezuela, después de las de Caracas, Mérida, Guayana y Barquisimeto. Fue una Diócesis que comprendió gran parte de los territorios llaneros de Venezuela. Siendo, por lo tanto, sede de un obispado que para muchos podemos interpretar que tenía una preeminencia espiritual. Pero no olvidemos que delante de la cruz después vino la espada, también símbolo de protección de la ciudad. En el siglo XVIII, Calabozo fue una plaza militar importantísima que constituyó un cerco para reducir a los grupos indígenas y contrarrestar el contrabando ilegal en la región. Cruz y espada serán la divisa con que se levantará esta localidad, con buena plaza, cárcel publica, cepo, cadenas y prisiones. Calabozo, la ciudad protegida, fue muy próspera en el pasado y lo sigue siendo en el presente. Hoy lleva el nombre simplificado de Municipio Miranda, en honra a la memoria del Precursor de la Independencia de Venezuela, General Francisco de Miranda (1750-1816)

REFERENCIAS

CARRASQUEL, FERNANDO (1943): Historia colonial de Algunos pueblos de Guárico. Caracas: Imprenta Nacional.
CARROCERA, PADRE BUENAVENTURA DE. (1972). Misión de los capuchinos en los llanos de Caracas. Tomo I. Academia Nacional de la Historia. Caracas.
CASTILLO LARA, LUCAS GUILLERMO (1984): San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
_______________________________________ (1975). Villa de todos los Santos de Calabozo. El derecho de existir bajo el sol. Caracas: Italgráfica.
CARO BAROJA, J (1957).” Razas, pueblos y linaje”.Revista de Occidente. Madrid:
COCA TAMAME, I. (1993): Toponimia de la Ribera de Cañedo. Salamanca: Ediciones de la Diputación de Salamanca.
COROMINAS, J. Y J. A. PASCUAL (1984): Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. Madrid: Gredos.
CUNILL GRAU, PEDRO (1987): Geografía del poblamiento de venezolano en el siglo XIX. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República.
DE ARMAS CHITTY, J.A (1979): Historia del Guárico. Tomo I, II. Caracas: San Juan de los Morros: Publicaciones de la Universidad Rómulo Gallegos.
DICK, MARIA VICENTINA DE PAULA DO AMARAL (2000). A investigação lingüística na onomástica brasileira. Frankfurt am Main
FRAZER, JAMES GEORGE (1980). La Rama Dorada: Magia y Religión. 7reim. México, Fondo de Cultura Económica.
GERBI, Antonello (1978). La naturaleza de las Indias nuevas. De Cristóbal Colón a Gonzalo Fernández de Oviedo. Trad. de Antonio Alatorre. México, FCE, Gráfica Panamericana.
GOICU, SIMONA (2002): Le culte des saints dans la toponymie romane. En: EMILI CASANOVA I VICENÇ M. ROSSELLÓ. Congrés Internacional de Toponímia i Onomàstica Catalanes.
LEMMO, ANGELINA (1983): Historiografía Colonial de Venezuela. Caracas: Fondo Editorial de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV.
MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN (1952): Toponimia prerrománica hispánica. Madrid: Gredos.
MITCHELL, T (1988). Violence and Piety in Spanish Folklore. University of Pennsylvania Press.
NAVARRO, FERNANDO (2002): Parentescos Insólitos del lenguaje. Madrid: Del Prado
PEREZ ASCANIO, JOSE OBSWALDO (2006).Estudio histórico sobre la toponimia del Municipio Ortiz. Una aproximación a la realidad regional. Tesis de Grado para optar el titulo de Magíster en Historia de Venezuela. San Juan de los Morros: Universidad Rómulo Gallegos.
RODRÍGUEZ MIRABAL, ADELINA (1987) La formación del Latifundio Ganadero en los llanos de Apure: 1750-1800. Caracas: Biblioteca de la Academia de la Historia.
RODRIGUEZ, ADOLFO (1992) “Definición de la Neoétnia Llanera Colombo-Venezolana como utopía realizada” en: Romero Moreno, María Eugenia (1992): Café, Caballo y Hamaca. Visión Histórica del Llano. Coedición: Quito, Ecuador, Talleres Abya-Yala y Orinoquia Siglo XXI, Santafé de Bogotá, Colombia.
______________________ (1994): El estado Guárico. Orígenes, Mundo y Gente. San Juan de los Morros: Ediciones de la Comisión regional Conmemorativa del V Centenario del Encuentro de Dos Mundo.
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SUAREZ, JULIO CONCEPCIÓN (2001) Diccionario Toponímico de la Montaña Asturiana. Oviedo: Editorial KFK.
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VILA, MARCO A (1965): Aspectos Geográficos del Estado Guárico. Caracas: Corporación Venezolana de Fomento
________________ (1979): La Geoeconomía de la Venezuela del Siglo XVI. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades, UCV.
———————— (1978): Antecedentes Coloniales de Centros Poblados de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades, UCV.




[1] Licenciado en Comunicación Social UCV. Magíster en Historia de Venezuela, egresado de la Universidad Rómulo Gallegos, UNERG. Actualmente escribe el blog Fuego Cotidiano donde expresa sus inquietudes sobre cultura e historia local.
[2] GOICU, SIMONA (2002): Le culte des saints dans la toponymie romane. p 304; Ver FRAZER, JAMES GEORGE (1980). La Rama Dorada: Magia y Religión. 7reim. México, Fondo de Cultura Económica y también Enciclopedia Católica (2001). www.enciclopediacatolica.com

[3] NAVARRO, FERNANDO (2002): Parentescos Insólitos del lenguaje. Madrid: Del Prado. Del mismo autor es recomendable el artículo Parentescos sorprendentes. En línea: http://www.elcastellano.org/parent08.html; Ver también el Diccionario Etimología de Chile (2001) en: http://etimologias.dechile.net/?calabozo