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jueves, 24 de julio de 2008

LA ETICA Y LA MORAL. Crecer hacia adentro para ayudar hacia afuera


Víctor Villavicencio*




A pesar de que desde el punto de vista etimológico el término ÉTICA tiene raíz griega Hetos que significa costumbre, y la palabra MORAL tiene raíz latina MORIS que también significa costumbres, ambos términos en nuestra sociedad no significan lo mismo.
La ética es una rama de la filosofía que estudia la moral, y aun cundo sigue siendo la ciencia que estudia las costumbres de los seres humanos, ella profundiza sobre la bondad o la maldad de sus actos a partir de juicios basados en criterios profundamente arraigados en la sociedad.
Tiene carácter científico en razón de que obedece a paradigmas fundamentados, y con base a ellos estudia modelos o patrones de comportamiento de la realidad indicando como debe ser el comportarse un fenómeno de acuerdo su patrón conductual estudiado , en fin es ciencia porque presenta un paradigma de conducta que el hombre debe realizar, tiene carácter racional porque estudia las causas, razones, perjuicios y bondades de una conducta; por otra parte es normativa porque estudia lo normal, no de hecho sino de derecho, es decir que no estudia lo que sucede si no lo que debería suceder..el deber ser.
La ética presenta dificultades debido a la gran diversidad de sistemas morales que existen en la sociedad, por ejemplo, la libertad como derecho humano le confiere al individuo la potestad de escoger sus modelos o patrones conductuales de acuerdo a sus valores individuales y sociales.
Otro de los problemas con que se enfrenta la ética se refiere a los criterios individuales sobre la manera de usar los medios para lograr los fines, cuestión que sirve para justificar conductas sin consideración de sus consecuencias.
Sin embargo, cuando el individuo estructura una conducta en razón de sus criterios éticos desde su conciencia y auspiciada por su convicción profunda, actúa desde su obligación moral.
Estos criterios se definen a partir de la influencia que ejerce sobre él aspectos como el placer o el instinto, sus motivaciones subconscientes, la presión social, normas morales y civiles, normas legales, valores. Cuando actúa con base a las inclinaciones producto de su mundo interior, fundamentado en valores humanos y universales y orientados hacia el servicio a sus semejantes y a la comunidad, el individuo esta actuando desde su yo profundo.
La ética se diferencia de la moral en que la moral esta representada por las normas que se trasmiten generacionalmente propias de cada sociedad y contexto histórico y que orientan la conducta de los individuos que conviven en ella; mientras que ética son normas, principios y razones que el individuo adopta por convicción propia. Ahora bien, esta postura ética no siempre coincide con las normas morales de su sociedad generándose en ese caso conflictos ético-morales que generan presiones psicológicas en él y lo colocan en situaciones frustrantes o de aislamiento social o en otros en posición de rebeldía que se expresa por actitudes de hostilidad y violencia.
Es saludable un análisis introspectivo sobre este tema, sobre nuestros criterios éticos y en que forma éstos se contrapones con las exigencias morales de nuestro medio, quizá encontremos las causas de muchas de nuestras inconformidades subyaciendo en esas conductas que tenemos y no nos explicamos y por otra parte entendamos la necesidad de explorar y fortalecer nuestro yo profundo a través de un trabajo individual permanente que nos haga crecer hacia adentro como única forma de expandirnos hacia nuestro entorno con solidaridad social que podamos expresar a través del trabajo comunitario. Crecer hacia adentro para poder ayudad hacia afuera.
*Médico, docente universitario y estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG (San Juan de los Morros, estado Guárico)

EL CAMBIO QUE TODOS ESPERAMOS


Ruth Galán*



Hablar y opinar acerca de la educación no es tarea fácil para esto seria necesaria realizar una investigación exhaustiva y comparativa del direccionamiento de la educación a nivel mundial. Sin embargo, resulta inevitable que nuestras opiniones se escapan con el día a día. Para nadie es una sorpresa la situación político-social por la que nuestro país ha transitado en los últimos nueve años y exalto estos últimos nueve años porque son los que en mi opinión puedo juzgar responsablemente debido a mi corta edad.
Cambios radicales y deliberados se han suscitado durante este periodo en Venezuela, cambios que han afectado distintas aristas del argot social, mismos que han sido aprobados y desaprobados por la base, situación que ha causado contentura y descontento en el pueblo ahora llamado “soberano” (y el pueblo no ha sido siempre el soberano?) lo mas grabe de esta situación es que entre tanta alharaca, discusiones, acuerdos, desacuerdos e insultos, impresos, televisados y radiados los proyectos se presentan pero nunca se concretan y la educación en nuestro país en todos y cada uno de sus niveles ha sido una de estas vertientes de componente social que ha mi parecer a sido golpeada e irrespetada duramente por este periodo de gobierno.

La perdida de valores y principios es una de las faltas mas graves que podemos notar actualmente en nuestra educación, misma que empieza en neutros hogares trancita por las calles y termina en nuestras escuelas, liceos y universidades .Según Criti Cou: “cuándo hablamos de valor, generalmente nos referimos a las cosas
materiales, espirituales, instituciones, profesiones, derechos civiles, etc., que permiten al hombre realizarse de alguna manera”. El valor es, entonces, una propiedad de las cosas o de las personas. Todo lo que es, por el simple hecho de existir, vale. Un mismo objeto (persona o cosa) puede poseer varios tipos de valores, por ejemplo, un carro puede ser útil además de ser bello. El valor es pues captado como un bien, ya que se le identifica con lo bueno, con lo perfecto o con lo valioso. El mal es, entonces, la carencia o la ausencia de bien. Se llama mal al vacío, es decir, a lo que no existe. Por ejemplo, el agujero en un pantalón, es la falta o ausencia de tela, entonces que pasaría si el agujero no fuese en un pantalón si no en nuestros niños que pretenden crecer a pasos agigantados experimentando y realizando actividades a destiempo
sin permitirse una corrección por parte de sus tutores, niños que se crían con una convicción errónea de la realidad, es así como son capaces de amenazar un docente de llevarlo a la LOPNA , “porque ellos tienen derechos”… hasta llegar a las universidades con las mismas convicciones que se describen en una falta radical de valores, es por eso que no les importa quemar cauchos y cerrar avenidas porque por ejemplo: el presidente estudiantil de una determinada Universidad no logró que un profesor de vieja data vendiera sus principios suspendiendo un examen para que sus estudiantes asistir a un mitin político. Ahora yo me pregunto: ¿está es la educación que queremos? Una educaron a mi juicio incierta donde no sabemos si nuestros hijos van a las universidades a formarse como doctores, ingenieros o abogados, una educación donde se trueca indiscriminadamente una evaluación por una asistencia a una marcha? ¿Será que ese examen que mi medico perdió en su formación universitaria fue la que ocasionó la muerte de mi familiar?¿porque los educadores se prestan para esto? o peor aun por que los estudiante se lo permiten? ¿Son las universidades el escenario adecuado para los movimientos políticos? el asunto se torna complicado y esto es por que nuestros estudiantes han dejado de lado los principio y los valores héticos de la edición que yo tanto extraño y tan solo tengo 25 años…. y también he transitado por ellos, pero mi formación se hizo de bases sólidas, de un aspecto del pasado que espero regrese. La educación exige una formación de autentica personalidad individual, pero también con un claro sentido social de la manera que se puedan evitar dos amenazas unilaterales , por una parte la amenaza individual que hace a la gente antisocial , y por otra, la amenaza colectiva que la hace antipersonal , Efraín Gonzáles Secretario de Educación del estado de Jalisco expone que “el reto difícil de la vida humana y tan bien de la orientación educativa es formar individuos capaces de mantener y desarrollar la responsabilidad personal y la cooperación sin desespersonalizarce en la relación con los demás en que se busque el bien común del grupo pero sin caer en excesos de falta de identidad masificada”. Es por esto que solo reconociendo nuestra existencia sucesiva y nuestra vinculación de unos con otros como personas y como generaciones, tiene sentido relacionarse tan abstractamente con el servicio a nuestra patria porque a cada quien le toca una tarea durante el tiempo concreto de su existencia sucesiva, un país no se construye con una sola persona ni con una manera radical y totalitaria de pensar se contruye con tú mano, la mía, la de el …misma que permitirá una patria común, el rescate de una educación que agoniza y pide a gritos su salvación.
Para finalizar, voy a citar a la profesora Maria Fernanda Myerston quien dijo en una clase de periodismo I en pleno paro petrolero a su grupo de estudio: “Los periodistas son imparciales ante todas las situaciones… no callan, hacen sentir la voz del pueblo, transmiten y utilizan adecuadamente los géneros periodísticos.” Es por esto y respetando mis principios y mis valores formados y arraigados en mi casa, mi escuela y la universidad que me formó que expreso esta preocupación a través de este artículo de opinión, pienso que esta es mi tarea en mi existencia sucesiva como periodista, mi granito de arena, como aporte al cambio que todos esperamos…..

*Licenciada y estudiante de la Especializacion en Docencia Universitaria de la UNERG (San Juan de los Morros, estado Guárico)

UNA REALIDAD PELIGROSA


Italo José Ramírez *



Según lo acota L. E. Raths, en algunos estudios aparecidos en los últimos años se ha planteado la cuestión de la influencia que el sentido de los valores puede tener en la conducta de un niño. El autor asegura que “tanto los jóvenes como los adultos, se enfrentan a un mundo de problemas y decisiones que reflejan la complejidad de la vida del hombre. En estas decisiones están en juego los valores como fuerzas directivas de acción. Éstos, con frecuencia entran en conflicto; en parte por la poca claridad del sistema de valores de la sociedad y la desorientación de la existencia humana”. Ahora bien ¿como ocurrió esto? ¿Porqué se fue de las manos de padres y educadores? El buen sentido de la educación, la transculturización siempre ha existido, el intercambio cultural así como la adaptación de modas y conductas. En mi opinión, el problema inicia en nuestras casas cuando encontramos que en un núcleo familiar una niña de 15 años que ya es madre. Esta situación, también se extiende a la escuela. Quizás, el estado tiene cierta responsabilidad ya que no actualiza ni crea programas realmente convincentes para que estos jóvenes cambien su perspectiva ante una realidad extremista y desenfrenada.
La naturalidad de las cosas también nos hace imitables, no es posible que nos hagamos los sordos, ciegos y mudos ante una realidad peligrosa que atenta contra el futuro de un país una realidad que no deja ver los pocos rastros de una educación formada en valores y principios.
Algunos afirman que vivimos en una sociedad sin valores; otros que han aparecido nuevos valores asociados al nuevo paradigma socioeconómico y cultural; también hay quien dice que el problema está en la existencia de multivariedad de valores, lo que produce confusión, desorientación, actuación y valoración de los seres humanos. Quizás esté ocurriendo todo ello, valdría la pena abordar el asunto teniendo en cuenta que en todas las sociedades y en las diferentes épocas el hombre como guía ha tenido que enfrentar sus propios retos de desarrollo, ¿por qué no podría hacerse ante el acelerado desarrollo científico-tecnológico y la globalización del mundo actual?
No obstante a esta realidad, no es ajeno el hecho de que existen cuestiones no resueltas en la comunicación y en la vida de los hombres, en su educación, en su calidad de existencia, que impiden el desarrollo de una personalidad integral y adecuada a la sociedad en que ésta se despliega.
La Dra. Martha Arana Ercilla realizó un estudio sobre el comportamiento humano y en el acota que ha sido y es interés de diferentes ciencias: la filosofía, la psicología, la sociología y la pedagogía, las que desde sus diferentes objetos de estudios enfocan su campo de acción. Así los debates pueden ser desde los distintos puntos de vista. No obstante, el objetivo común está en la comprensión e interpretación de los porqué de las actuaciones de los seres humanos, para lograr orientar el comportamiento humano hacia las tendencias más progresistas y desenajenantes de la humanidad, su crecimiento espiritual y material, todo ello dentro de los requerimientos que impone la sociedad, de ahí que, en el centro de su análisis se hallen los conflictos entre el ser y el deber ser, y derivado de ello entre el hacer y el saber hacer.
Para concluir, se puede acotar que, en general, el ente formador debería otorgar a las nuevas generaciones los elementos necesarios para que aprendan a vivir, sabiendo que al hacerlo, tendrán que elegir. Es decir, optar por unos valores. En otras palabras, el objeto de los educadores cuando educan en valores es pronunciar al alumno nuevas pautas correctas de convivencia tales como el respeto, el dialogo y además una serie de actitudes que le capaciten para llevar a cabo una vida digna y conciente en una sociedad democrática y participativa.

*Licenciado y estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG. (San Juan de los Morros, estado Guárico)

REFLEXIONES ÉTICAS SOBRE LA DOCENCIA UNIVERSITARIA


María de los Ángeles Badra Damore*




La ética como norma que se desprende de la moral, implica un correcto proceder en el ejercicio de un arte, trabajo, profesión u oficio. Es la vocación o dedicación que debe internalizar toda persona que se dedica a la prestación de un servicio en su conducta habitual para con el público. Es un deber ser, de principios imperativos de conductas del sano y correcto ejercicio, que en algunos casos es de carácter subjetivo; es decir son normas de carácter autónomo donde el obligado crea la norma, la internaliza en su mente, la acepta como una obligación y la exterioriza con su desempeño o quehacer diario ante aquel que requiere o necesita de sus servicios. En estos casos, cuando el que presta servicios cumple su obligación negativamente, se dice que se ha faltado a la ética y en consecuencia lo que pudiera sobrevenir no es la sanción del Estado sino aquella que nace de la opinión pública; es decir el desprestigio y el repudio del colectivo, como es el caso del comerciante, o del trabajador independiente. En el caso de los profesionales, la ética lleva consigo normas de conducta de carácter jurídico impuestas por el Estado a través de los Códigos de Ética, conjunto de reglas o mandatos que ante su incumplimiento no solo pueden conducir al repudio y desprestigio público, sino a sanciones administrativas, civiles y penales inclusive.
La institución docente universitaria no escapa de los supuestos de hecho y de derecho anteriormente descritos. Al profesor universitario por mandato de ley entre muchos requisitos y cualidades se le exige además uno de suma importancia y ese no es otro que “la Probidad”. Este es un principio ético que refleja en grosso modo la vocación de servicio del docente universitario, pues de el se desprenden otros tales como: la honestidad, integridad, rectitud, seriedad, lealtad, y sabiduría, valores morales que deben nacer con el educador, y no serle impuestos por mas ley que la de su propia conciencia.
El docente universitario debe ser digno ejemplo para sus alumnos, demostrar ante ellos conocimiento y don de justicia, porque a fin de cuentas ellos serán sus jueces y quienes crearan su prestigio, desprestigio o repudio.

*Médico y estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG. (San Juan de los Morros, estado Guárico)

EL DOCENTE QUE TENEMOS Y EL DOCENTE QUE QUEREMOS, REFLEXIONES EN TORNO A UNA DISYUNTIVA ÉTICA

Tibisay Vargas Rojas*






Cuando accedemos al máximo documento legal que rige las acciones del Estado, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y leemos el Capitulo VI, de los Derechos Culturales y Educativos, el artículo 104, encontramos el siguiente texto: “La educación estará a cargo de personas de reconocida moralidad y de comprobada idoneidad académica”. Quedan más que explícitas las condiciones requeridas para ejercer el papel básico en la guía de los destinos que regirán el país y que se responsabilizarán de su desarrollo: el papel del maestro.
Este título, “maestro”, del latín magister, “principal” o “perfecto”, ha sido a través de los siglos, el término que se acuña a quien ejerce la función de docente, término este último también derivado del latín docens, entis, “que enseña”, y por supuesto quien enseña tiene el deber de ser perfecto.
No es irse al extremo del concepto que encierra el término “perfecto”, puesto que el mismo seria inaplicable a una naturaleza en particular, sobre todo a la humana en términos relativos y discutir sobre lo mismo llenará eternamente páginas filosóficas, sino situarse sobre la altísima responsabilidad que debe asumir quien tiene a su cargo la dúctil naturaleza de niños y jóvenes que merecen el mejor y mas justo de los tratos tanto físicos, intelectuales, morales, mentales, y por qué no estéticos, para construir, definir, y desarrollar sus naturalezas y potencialidades.
El actual paradigma educativo venezolano, sienta sus bases en el modelo constructivista, que asegura cumplir la premisa de satisfacción integral del individuo, promoviendo la construcción de su conocimiento a partir de si mismo, teniendo como guía responsable de ello al docente a su cargo, quien responderá a las pautas de la política educativa del estado, que en el caso de Venezuela, y yendo de nuevo a La Constitución; Capítulo III, art. 103 , expone que: “Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación, y aspiraciones”, en otras palabras, que cada quien manifiesta y entrega según su naturaleza y potencial, hablando del estudiante, y alguien ayuda y guía en el proceso, hablando del docente.
La tradición educativa venezolana ha sido muy clara en la exposición de estos motivos. Si se hace retrospectiva a las primeras décadas del siglo XIX, se encuentra a El Libertador Simón Bolívar, cuando ya la Gran Colombia era un hecho y con motivo del regreso a América de su maestro Don Simón Rodríguez, dirigiéndole en una carta fechada 19 de Enero de 1.824 las siguientes palabras: “¡Oh mi maestro! ¡Oh mi amigo! ¡Oh mi Robinson! Usted en Colombia, usted en Bogotá y nada me ha dicho, nada me ha escrito. Sin duda es Ud. El hombre más extraordinario del mundo… Con que avidez habrá seguidos mis pasos dirigidos por Ud. Mismo. Usted formo mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. Me señaló.”
Son líneas más que explicitas de una concepción que se ha mantenido a través ya de dos siglos, y que hoy más que nunca urge de aplicarse: el docente ético e idóneo.
Repasando el devenir social y político del estado venezolano, y enfocando particularmente el caso de la educación sistematizada, destaca el hecho de que siempre se ha puesto énfasis en las exigencias que se hacen a quien aspira el desempeño docente, más la respuesta en el “deber ser”, que se traduce necesariamente en el desarrollo integral de país, ha dejado mucho que desear. ¿Es que acaso la realidad de la educación venezolana se manifiesta en la dualidad: el docente que se tiene y el docente que se quiere?, y, ¿a quién compete la responsabilidad de ello?. Evidentemente al mismo estado, pues yendo al citado art. 104, también se lee: “El ingreso, promoción y permanencia en el sistema educativo, serán establecidos por la ley y responderá a criterios de evaluación de méritos, sin injerencia partidista o de otra naturaleza no académica”. Nuevamente la ley es más que clara y puntual, sólo que tal vez no se cumple puesto que los resultados, evidenciados en la calidad del producto que es el estudiante, no es la esperada, y esto se evidencia año tras año, bástese tomar la muestra de cualquier proceso evaluativo final, en cualquier periodo, de cualquier institución educativa, en cualquier nivel.
Claras están las pautas, y siempre ha sido así, que se espera un docente probo, idóneo, ético, competente y actualizado, sin temor al cambio, que es la tónica de los tiempos, hoy más que nunca que la dinámica tecnológica, la superpoblación y la condición cada vez menos rural del país se patentan. Sin embargo ese docente no se manifiesta.
Tiempo atrás se achacaba esta deficiencia a la actitud que muchos maestros tomaban en su desempeño: el distanciamiento, la suficiencia basada en el desprecio de un criterio que difiriera del suyo, los métodos de evaluación netamente cuantitativos, el espacio inadecuado para el desarrollo del proceso enseñanza- aprendizaje (cuatro paredes en un aula), la falta de recursos, entre otros. Hoy día es inexcusable dicha actitud tomando e cuenta el énfasis puesto en el desarrollo del paradigma constructivista en la educación que requiere un docente cuyo perfil comprenda ser creativo, innovador, estimulante, motivador, comprensivo, tolerante y crítico, y sería verdaderamente “mala fe” obviarlo. Cursos y más cursos de capacitación, amén de la formación académica para la docencia, los medios de comunicación, y hasta el discurso cotidiano en las relaciones humanas, enuncian a vox populi la propuesta.
Es pobrísimo entonces asegurar que ello se debe a la falta de formación e información, puesto que de ser así se pondrían en entredicho las propuestas de las entidades formadoras de docentes: universidades y pedagógicos, que dependen del Ministerio de Educación como ente rector, y quien se guía a su vez del prospecto legal subrayado en la Ley Orgánica de Educación y su Reglamento. Y si no es la formación y el esfuerzo puesto en ello quien falla, no queda otra que volver los ojos al individuo, a su realidad , a su satisfacción. ¿Está satisfecho el docente?. Para nadie es desconocido que ha sido subpagado y desconsiderado, tomando en cuenta que la compensación socio-económica proporcional a su esfuerzo y desempeño ha dejado mucho que desear, y no es menos cierto que en los últimos tiempos se ha tratado de paliar la situación con políticas que se proponen mejorar su economía (aumentos y bonos.). Pero, ¿son totalmente satisfactorios?, ¿llenan sus expectativas y/o necesidades?, ¿están a la par de las exigencias de la economía nacional?, ¿el costo de la vida y el poder adquisitivo del docente están en justo equilibrio?. La corriente humanista manifiesta que la satisfacción de las necesidades, optimiza las acciones del individuo. Tal vez dentro de estas reflexiones repose la respuesta al por qué se tiene al docente que “se tiene”, y no al docente que “se quiere”, que debe ser el que “se debe”.
Las fotografías corresponden a la película "La lengua de las mariposas" (1.999) del director español José Luis Cuerda.
*Poeta, docente universitaria y estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG. (San Juan de los Morros, estado Guárico)