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sábado, 26 de julio de 2008

LA ÉTICA Y LA POLÍTICA, SUS COINCIDENCIAS Y DESENCUENTROS


Jeroh Juan Montilla*



Ante todo hay que decir que la ética y la política tienen sus diferencias fundamentales una frente a la otra. Y eso implica que ellas funcionan en terrenos propios, aunque, puede ocurrir que debido a circunstancias coincidan y hasta se apoyen mutuamente pero que no necesariamente esto significa que una sujete o justifique a la otra.
Mucha gente está convencida que la ética es un especie de panacea universal, que en ella están todas las respuestas, que muchos de los problemas que abruman a la humanidad solo persisten porque extrañamente el hombre no ha vuelto sus ojos hacías ese catálogo de fórmulas que siempre nos está ofertando la ética. Tengo amigos que me comentan su perplejidad, no entienden como el hombre no se ha dado cuenta, o peor aun, se mantiene indiferente o desdeñoso a esas bondades que rayan casi en el lugar común en lo que de perogrullo es lo razonablemente moral. Pero la realidad, tanto la humana como la natural, es verdaderamente más compleja de lo que nosotros apenas sospechamos.
La ética y la política coinciden en una cosa, ambas se asientan sobre un variopinto piso de valores propios. Son haceres humanos creadores y sustentadores de valores. Peor, muchos valores de la política, así nos parezca absurdo, no tienen nada que ver con la ética, y así en viceversa. Fernando Savater (1998) nos dice: “La distinción entre ética y política es imprescindible. Mezclar las dos cosas, decir que los males de la política se pueden remediar apelando a la ética, me parece un profundo error. Creo que tratar de detener los males de la política con la ética, es como intentar apagar un incendio con un hisopo de agua bendita” (p. 9 y 10). Para Savater la función de la ética no es remendarle el capote a la política. La ética es mas bien un ejercicio comprometedor de la libertad. Desde ese práctica la reflexión ética parte del conocimiento primeramente de lo que somos cada uno, yo mismo soy a quien primero tengo a la mano. La ética es un asunto solo de nuestra propia incumbencia. Y yo no me puedo dejar de lado a mi mismo, no puedo aplazarme, darme una licencia y dejar la moral para después, no, esa pretendida licencia ya en si misma es implacablemente una decisión ética, sus consecuencias negativas y positivas son otra cosa.
Ahora bien, la política si puede tener plazos. Usted si quiere se inscribe hoy en un partido político, si no, lo deja para dentro de un año o simplemente no lo hace nunca. Regresando a Savater podemos decir con él: “… la ética se preocupa de lograr mejores personas y la política de lograr mejores instituciones” (p. 10). Las relaciones entre ética y política no son directas, ocurren de soslayo, allí radica lo delicado y lo creativo de esa situación. Hay decisiones políticas que indudablemente encierran compromisos éticos, pero en un nivel distinto. La política es un hacer acuerdos necesarios circunstancialmente, pero la ética no. La transformación de lo personal es una cosa radical, en el sentido de lo que se pone en juego, uno mismo. Nadie discute que es necesario lograr un mejor salario, el juego político lleva a la consecución de frecuentes aumentos generales de salario, pero la cantidad que se logre en el pulsar político está sometida por otros azares, no hay en fin una cantidad que exprese realmente lo que es justo, eso es tan difícil por no decir imposible, ya que depende de muchas circunstancias e intereses. Aquí lo justo se relativiza. En cambio, es indiscutible, es absoluto el tema de la autonomía de la persona, o la inviolabilidad de su dignidad.
Entonces, hay que entender que vivir en medio de un sistema democrático implica que siempre habrá un montón de cosas que no nos gustan frente a otro montón de cosas a las cuales no estamos dispuestos a renunciar. Vivir en democracia es un ejercicio frecuente de tolerancia, un accionar sin tregua ni descanso. Para finalizar, citamos nuevamente las acertadas palabras de Savater: “la tolerancia es aprender a convivir con cosas que no te gustan. Vivir en una democracia es vivir rodeado de cosas que le fastidian a uno, que en ocasiones nos tiene que doler, pero ese es el síntoma de que uno esta viviendo realmente una democracia, cuando no estás totalmente a gusto” (p. 19).
Fernando Savater (1998). Ética y Ciudadanía. Caracas: Monte Ávila Editores

*Docente y escritor venezolano. Estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG (San Juan de los Morros, estado Guárico)

LA ÉTICA UN ATRIBUTO DEL HOMBRE




Marbelia Coromoto León*






Existen estilos de vida el ser humano se distinguen por su actividad y energía, estos estilos de vida conducen al individuo a elegir éticas que son garantizadas por la educación familiar, escolar y por la medios de comunicación.
La humanidad es hoy el producto por el cual el individuo y sus sistemas educativos acuerdan de manera consciente o no, la responsabilidad de sus acciones.
Con todo lo antes expuesto nos preguntamos: ¿Qué se considera ética?, ¿Qué hacer para que los seres humanos adquieran conciencia de que el sentido de la vida radica en construir juntos un mundo de mejor calidad?.
La ética es un atributo, una cualidad, es un tipo de saber que busca pretender, orientar la acción humana en sentido racional, se caracteriza por emplear un lenguaje valorativo, prescriptivo o normativo. En el siglo IV a de C. los filósofos y griegos se distinguían entre un saber teórico y un saber practico. El primero se preocupaba de averiguar ante todo que son las cosas, sin interés explicito por la acción y el segundo buscaba la manera de discernir que deberían hacer y como orientarían la conducta.
Actualmente la ética se propone reencontrar la autentica dimensión del hombre, claro esta tratando de superar sus desviaciones y buscar su presencia equilibrada consigo mismo y su entorno. La ética es ante todo una perspectiva personal, que toma a cada individuo, atendiendo solamente lo que es mejor para su buena vida en un momento determinado y sin esperar a convencer a todos los demás que es la forma como resulta satisfactoriamente humano vivir.
La ética aporta los soportes sobre cuales se establece la teoría educativa. Esta indica e ilumina los fines a los que se dispone dirigir la educación superior. Esta adquiere un verdadero principio, rectores que conducen a una convivencia inspirada en el bienestar del ser humano, en armonía con su entorno social, cultural y natural.


*Estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG (San Juan de los Morros, estado Guárico)

LA EDUCACIÓN EN VALORES, COMPROMISO ACTUAL


Aleidys Lugo*



Uno de los grandes dilemas que enfrenta el mundo de hoy y, en general, la humanidad en sus períodos de revoluciones, es la confrontación entre los valores y principios, y los hechos sociales concretos.
La educación en valores es una de las tareas fundamentales del docente. El docente además de ser un forjador de conocimientos también lo es en la conducta a través de la emisión y ejemplificación de su ética como valor. Entender de este modo la educación actual que se pretende, da razones suficientes para justificar la convivencia de que hoy la universidad tiene como objetivo.
El conjunto de cualidades reconocidos como valores proporciona utilidad para satisfacer necesidades. Es así que los valores no son iguales para todas las personas, sino están de acuerdo a la escala de prioridades o necesidades. Por consiguiente, los valores son las predisposiciones morales y emocionales que ayudan a las personas a juzgar la importancia de las cosas, ideas o sucesos. Son las cosas en que la gente esta interesada; cosas que necesitan, desean ser o llegar ser; son modos de organizar la conducta, principios, significados y afectivos que guían el comportamiento humano.
Al impartir valores se pretende facilitar el desarrollo y la formación de todas aquellas capacidades que intervienen en el juicio y la acción moral, a fin de que los educandos sean capaces de orientar de forma racional y autónoma en aquellas situaciones que les plantea un conflicto de valores.
El valor tiene un contenido empírico social como ente personal de actitud o conciencia individual, ya que son compartidos por la sociedad que los genera inmersos en un mundo dinámico que cambia ininterrumpidamente. Un planteamiento eficaz requiere el compromiso de toda la sociedad y de manera especial de las instituciones educativas y familiares, que debe actuar siempre plenamente coordinados.

*Estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la Unerg (San Juan de los Morros, estado Guárico)

EL PROYECTO EDUCATIVO ACTUAL, ENFOQUE ÉTICOMORAL


Natalia Berroterán*



La educación de hoy asume el aprendizaje ético como dimensión vital de su función formativa y de su responsabilidad pública enmarcada en la socialización de nuevas formas de comprensión del mundo y de nosotros mismos, la generación de conocimientos y de prácticas pedagógicas que propicien una cultura académica de carácter inter y transdisciplinario conectada con la comprensión de nuestra realidad y con los objetivos sociales del desarrollo integral de la nación.
La organización y el quehacer académicos de las instituciones de educación superior en los que se aprende a saber, se sabe aprender y se sabe enseñar, tienen como finalidad fundamental la formación integral de sus estudiantes, esto implica un proceso complejo, abierto e inacabado mediante el cual se contribuye no sólo a desarrollar competencias profesionales, sino también y, fundamentalmente, a forjar en los estudiantes nuevas actitudes y competencias intelectuales; nuevas formas de vivir en sociedad movilizadas por la resignificación de los valores de justicia, libertad, solidaridad y reconocimiento de la diferencia, tanto como por el sentido de lo justo y del bien común; nuevas maneras de relacionarnos con nuestra memoria colectiva, con el mundo en que vivimos, con los otros y con nosotros mismos; lo que implica la sensibilización ante las dimensiones éticas y estéticas de nuestra existencia.
El enfoque de la formación integral permite revitalizar la función educadora de dichas instituciones y su importancia parte del reconocimiento relativo al hecho de que nuestros problemas no son sólo de orden técnico, científico y económico, sino también de carácter social, cultural y ético, es decir, problemas cuya comprensión y solución requieren capacidad de análisis social para una sociedad más justa, con el ejercicio de valores éticos. De ahí que las instituciones deban fortalecer la formación integral asumiéndola como el aspecto central de su función docente y de su responsabilidad social.
El proyecto educativo actual se basa en la revitalización del enfoque de formación integral de profesionales con profundo sentido de país y al servicio de los intereses nacionales y, por consiguiente, la preocupación por la integración de la dimensión ético-política en la formación universitaria. Preocupación que traduce, sobre todo, un cambio de perspectiva en relación con lo que hoy significa lograr un buen nivel de formación universitaria, y con lo que debería significar el compromiso con lo público de una universidad que pretende formar no sólo buenos profesionales sino mejores ciudadanos y ciudadanas, en esto se basa la transmisión de valores como función primordial del educador.
*Estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG (San Juan de los Morros, estado Guárico)

LA EDUCACIÓN MORAL, UN DEBER INDISCUTIBLE


Yenny Bolívar*



La educación es uno de los derechos fundamentales del ser humano que debe ser impartida con amplio sentido de responsabilidad y corresponsabilidad. Actualmente existen novedosos instrumentos pedagógicos que se proponen para hacer posible el tratamiento de las cuestiones de valor, instrumentos estos que deben ser individualizados de acuerdo a las necesidades del educando en particular.

La educación moral es uno de los aspectos que más se han insistido en los últimos tiempos y uno de los temas que sé esta cuidando especialmente durante el desarrollo de la reforma del sistema educativo, por lo que tiene un papel relevante en el conjunto de actividades educativas en nuestras universidades.

La educación moral no es más que una serie de acciones intencionadas tendente a que los educandos construyan racional y autónomamente sus propios valores y normas, adopten actitudes coherentes con los mismos y se comporten de manera consecuente; de acuerdo a esto, toma gran importancia la función formadora de los docentes y aunque fácil se plantea, está dotado de una serie de factores que sobre ello influye y que muchas veces lo dificulta haciendo entonces que sea un proceso complejo, y es aquí donde el docente debe ser capaz de derrumbar cualquier obstáculo que dificulte la internalización de los valores las cuales son importantes para el desarrollo de un individuo capaz de enfrentar una sociedad.

La educación moral es un deber incuestionable que debe impartir el docente y trasmitir profundamente a los educandos, caracterizado por el carácter social que lo desborda, es por ello que el docente debe tener una preparación suficiente para optimizar al máximo la eficiencia de las tareas realizadas y el aprovechamiento personal.

La educación moral debe convertirse en un ámbito de reflexión individual y colectiva, y es el docente el ente formador que lleva a conductas y ámbitos más coherentes con los principios y las normas con el fin de interiorizarlas. La educación moral quiere formar criterios de convivencia que refuercen valores como la justicia, la solidaridad, la cooperación o el cuidado de los demás; puede concebirse como algo más amplio, referido sobre todo a los procesos mentales de asunción y/o crítica, y en su caso de elaboración, de esos valores, capacidad que en líneas generales se refiere a la estructura moral del ser humano, y que tiene mucho más que ver con su actividad ética. Entonces es deber indiscutible de las universidades y por ende de sus formadores no dejar atrás esta actividad tan importante para los educandos ya que serán el reflejo de las sociedades.

*Estudiante de la Especialización en Docencia Universitaria de la UNERG. (San Juan de los Morros, estado Guarico.