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lunes, 27 de julio de 2009

LOS DIABLOS DE SAN RAFAEL DE ORITUCO

Arturo Álvarez D´ Armas

Investigador de las culturas afroamericanas. Poeta, editor, promotor cultural, fotógrafo.

Fotografías: Arturo Álvarez D´ Armas.


El pueblo del Arcángel San Rafael, se encuentra ubicado en el Municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. La primera noticia de la diablada en San Rafael, nos la ofrece el ilustre Obispo Mariano Martí (1969) en visita pastoral el 23 de Marzo de 1783 y anota en su libro de Documentos “…se celebra el corpus…”. Otra cita histórica acerca de la presencia de los Diablos en San Rafael la tomamos de Don Adolfo Machado, cuando señala que el día del Corpus de 1820, el Comandante Bartolomé Martínez, en unión de algunos oficiales tropezó (Machado: 1961) con más de una comparsa de diablitos. Parece ser que las tropas patriotas aprovecharon esta circunstancia para disfrazarse de diablos y de esa manera tomar la población por asalto.

En la presente la danza de los diablos se efectúa bajo los auspicios y dirección del señor Gota heredero de Antonio Aular.

Aular era nativo de El Guapo (estado Miranda), y pasa algunos años en Batatal (estado Miranda), donde aprende este baile con Julián Benaventa. Cuando Don Antonio llega a San Rafael, encuentra el baile del Corpus; siendo sus más fieles exponentes: Juan Bautista Ramírez, Juan Ledesma y Juan Domingo Ledesma. La misa se realizaba en la plaza y en sus alrededores se ponían siete altares.

El señor Aular se viste de diablo desde el año 1945, lo cual realiza para “pagar promesa”. Aular falleció a mediados de los años 80 del siglo pasado.

La indumentaria utilizada por los promeseros es la siguiente: pantalón y camisa de diario adornado con cintas; alpargatas, algunas veces adornadas según el gusto de cada uno y en la camisa un pequeña cruz bien sea de palma o cinta. Algunos diablos visten a la usanza de los diablos de Yare. El capataz usa un mandador o látigo: un palo cubierto con un tejido elaborado con cabuya y en la punta una tira de cuero, para espantar a los intrusos y provocadores, en su mayoría muchachos.

Los instrumentos musicales utilizados son: un cuatro, el cual fue incorporado por el señor Aular y un tambor pequeño (antiguamente se usaba un tambor grande del tamaño de un redoblante). Este bimembranófono mide 17 cms. de altura se le pone cuero de venado y es amarrado con bejuco, los parches son entrelazados con mecatillo y se toca con un palo de 20 cms. de largo. Cada diablo lleva una maraca. Las personas que tocan el cuatro y el tambor no se visten de diablo.

Las máscaras son elaboradas de camasa (Lagenaria siceraria) mejor conocida como totumo. Las mismas eran fabricaba por el propio Aular. Algunas con forma zoomorfita y por ojos espejos: antiguamente eran de papel y madera. Como la máscara solamente cubre el rostro, se complementa con tela. Generalmente roja. Cubriendo el resto de la cabeza, al igual que en África.

El día de Corpus comienza a las 8 de la mañana con la llegada de los promeseros. Se efectúa el primer toque, luego van a la iglesia, bailando al frente de esta. Hacen una visita a la jefatura donde han pedido el permiso correspondiente. Igual que en la época colonial ese permiso era solicitado a los amos o caporales de las haciendas por los esclavizados. Durante el día siguen las visitas a las casas hasta altas horas de la noche, o se trasladan a pueblos vecinos: Altagracia de Orituco, etc.

Mientras se baila frente a una casa el diablo mayor o capataz saca un pañuelo y lo entrega a uno de los miembros de la familia visitada y este lo devuelve con algún donativo.

Los diablos de San Rafael de Orituco no tienen una cofradía en el sentido exacto de la palabra. Antiguamente en la vivienda del señor Aular se guardaban el tambor, las mascaras, el cuatro, las máscaras y la ropa. El dinero recabado durante el jueves de Corpus se reparte entre los promeseros para comprar las velas del Santísimo.

Aunque puede haber variado el objeto y el sentido ancestral de la fiesta de Corpus en San Rafael, esta conserva su forma.

Fuentes consultadas:

ÁLVAREZ D´ ARMAS, Arturo. Notas de unas visitas a San Rafael de Orituco. Inédito.

BALOGUN, Ola. “Forma y expresión en las artes africanas”. En: Introducción a la Cultura Africana: aspectos generales. Barcelona: Serbal/UNESCO, 1982.

MACHADO, Adolfo A. Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). Introducción de Don J.A. De Armas Chitty. Notas del Dr. Pedro Rafael Arévalo. Madrid: Publicaciones Amexco, 1961.

MARTÍ, Mariano. Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas 1771-1784. II Libro Personal. Estudio preliminar y coordinación por Lino Gómez Canedo, OF.M., Academy of American Franciscan History. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1969. (Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 9).

LOS DIABLOS DANZANTES DE SAN HIPÓLITO

Prof. Elvin Barreto-Guédez
Personal Académico del Departamento
de Formación General y Ciencia Básicas
Universidad Simón Bolívar
Sede del Litoral
Orígenes

Acerca de los orígenes de los Diablos Danzantes de San Hipólito, hasta el momento no se han encontrado fuentes históricas, que ofrezcan una información distinta a los datos producto de la tradición oral, que se ha transmitido entre las sucesivas generaciones de Diablos.
Según testimonios de BrígidoVela, Lucindo Guevara y José Atanasio Pérez, recogidos en trabajo de campo realizado en San Hipólito, en el mes de junio del 2002, dijeron que esta danza tradicional y popular data del año 1810, aproximadamente, siendo originaria de la misma población San Hipólito, ubicada en el municipio Alberto Arvelo Torrealba del estado Barinas.
La memoria de nuestros informantes alcanza a afirmar que Dionisio Silva, de quien no se tiene seguridad si era oriundo de San Hipólito, fue su promotor. Que luego Julián Picado continuó la tradición como capataz de los diablos, para posteriormente ser Brígido Vela, su hijo y nuestro informante, quien hoy ocupa esta responsabilidad.
Entre los viejos integrantes de los diablos, que para el año 2002 se encontraban vivos, están: Pablo Fajardo, Rafael Frías, Manuel Vela, Pedro Avendaño, entre otros.

Características

Esta danza no tiene intencionalidad religiosa: no se venera santo ni virgen alguna; así como tampoco se realiza en cumplimiento de promesas ni milagros concedidos. Su intención es entretener y hacer disfrutar a los pobladores con las travesuras y bailes de los diablos y diablitos. Pero a pesar de esto, la agrupación danza los días: 24 de junio (Día de San Juan), 29 de junio (Día de San Pedro y San Pablo), 5 de julio y 16 de julio (Día de la Virgen del Carmen), de cada año.
El grupo está conformado por un “Diablo Viejo”, una “Diabla Vieja” y diez “Diablitos” que se presentan como hijos de los dos anteriores y tejen las cintas en el sebucán. También participan un “Capataz”, quien es responsable de la comparsa y no va disfrazado, el “Varero”, quien sostiene el sebucán y los músicos: el cuatrista, el mandolinista, el guitarrista, el maraquero y el ejecutante de las charrascas.
Para el momento del trabajo de campo, BrígidoVela, funge de Capataz, Lucindo Guevara, hace de Diablo Viejo y José Atanasio Pérez, de Diabla Vieja.
Los diablos viejos y diablitos salen en comparsa desde las 6 de la mañana por las calles visitando las casas del poblado: bailando y asustando a los niños y jóvenes. El Capataz va ofreciendo las cintas de colores a cambio de ofrendas y colaboraciones.
Cintas que posteriormente los Diablitos tejen y destejen alrededor de un sebucán – que es una vara pintada de blanco, con 5 metros de largo aproximadamente, de una madera liviana llamada balso – al compás de la música de polka.
Al finalizar la labor en el sebucán, los Diablitos y sus padres: la Diabla y el Diablo viejo, bailan al compás de un merengue y/o un joropo ejecutado con cuatro, mandolina, guitarra grande, maracas y charrascas. No entonan cantos algunos, sólo acompañan sus saltos y bailes con sonidos particulares, que suelen durar hasta tarde la noche.

Indumentaria y Accesorios

Señalan los informantes, que en sus inicios los Diablos iban vestidos con hojas de plátanos, cambur y demás follaje natural, propios de la zona. Sus rostros van cubiertos con máscaras elaboradas con conchas del fruto del totumo o taparo que eran pintadas con onotos, carbón y minerales. A partir de mediados de 1960, el vestuario natural se sustituye por el de tela, estando ahora compuesto por pantalones y camisas mangas largas de colores vistosos y tiras de telas. Se mantiene la máscara de concha de taparo, pero se embellece con pinturas sintéticas de colores negro, rojo, rosado, blanco y amarillo.
La máscara del Diablo Viejo, lleva una larga barba y bigotes de crines de caballos. Así como cachos largos, que en ocasiones son de vaca y su color predominante es negro y rojo. Las máscaras de los Diablitos, no llevan ni barba ni cachos grandes. La máscara de la diabla vieja, tampoco lleva cacho y está pintada con colores claros, como el rosado, el blanco y el amarillo. Cada integrante de la comparsa lleva consigo un mandador formado por una vera bien adornada y atada con flecos de cueros. Calzan alpargatas, llevan guantes y un pañuelo alrededor del cuello.
La indumentaria debe cubrir todo el cuerpo del diablo porque la intención es que ninguno de los trajeados sea identificado.

Cambios e Innovaciones

Como toda manifestación popular, los diablos han experimentado algunos cambios, algunos de ellos ya señalados. Cambios que no buscan alterar lo esencial de la tradición. Al principio, era una danza con participación exclusiva de los hombres, hoy permiten la participación de mujeres vestidas de Diablas. Antes eran ocho (8) los Diablitos que tejían el sebucán, ahora, desde 1973 son diez (10). Las cintas se elaboraban con cabuyas de colores. Hoy, son cintas que se adquieren en el comercio. En cuanto al acompañamiento musical, ahora se incorporan instrumentos como el requinto, el bajo y la guitarra eléctrica.
Al principio, los Diablos realizaban travesuras pesadas, como por ejemplo, se metían a las casas y se llevaban los alimentos sin consentimiento de sus dueños, le pegaban con el mandador a quienes no les daban obsequios o a quien identificaban a los trajeados de diablos. Hoy en día, estas actividades rara vez se realizan para evitar inconvenientes con el público.
Al sonido de una detonación, los diablos simulan su muerte lanzándose al suelo, pero son el Diablo y la Diabla quienes lo reviven haciéndolos levantar y bailar.

Un Patrimonio de Diablos

Los Diablos Danzantes, no sólo se ocupan de bailar en San Hipólito y sus alrededores. Su influencia trasciende del estado Barinas, haciendo presentaciones y encuentros en los estados Carabobo, Miranda, Aragua y Caracas.
Según sus cultores, los Diablos Danzantes de San Hipólito son reconocidos como Patrimonio Vivo Cultural de Venezuela, cuestión que los llena de orgullo y
compromiso.