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viernes, 27 de noviembre de 2009

Edgar Colmenares del Valle: “Yo soy llanero”


EN EL ESPEJO DE LA MEMORIA

Alberto Hernández


1.-

La arcillosa memoria, la que corre en los sueños del llanero, irrumpe en el eco de Edgar Colmenares del Valle. Sabio de su tierra, este hombre apureño, escritor, de aulas tomar y entendedor de los huesos del idioma, nos anima a reconocernos en un libro, En el espejo de la memoria, que obtuvo el Premio Municipal “Humberto Febres Rodríguez” y luego editado por Fondo Municipal de Barinas.

Con estas palabras bien entra Colmenares del Valle en la escritura que luego navega por el centro mismo de su pertenencia, de sus corrientes interiores: “Desde luego, hablar del río que somos, de la sabana, de los pájaros, del misterio de los montes, del tránsito peregrino de las estrellas, de las bestias y de los hermanos, no es difícil y aquí está esa historia”.

Y la historia se hace cien páginas donde protagonizan los 300 mil kilómetros de sabana que cubren parte importante del territorio venezolano.

Luego de verificarse ens su habitantes, el autor abreva en la absolutez del paisaje, “de vida total”, que abunda en la mirada del que lo silencia o lo nombra.

2.-

Nacido en San Fernando de Apure en 1942, Edgar Colmenares del valle es un estudioso de su tierra, profesor universitario en la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV, este indagador y curioso llanero expresa el apego a su origen, pero más allá de eso comprende y hace comprender lo que es el llano.

Este libro, tan avisado como el Diccionario del hato, de José Antonio Armas Chitty, revela los misterios, los colores y sonidos de una geografía extremista: sequía e inundaciones, dos paisajes que forman parte de la angustia y alegrías del habitante de esas soledades.

En medio de la inmensidad, el llanero entona: Mientras más trabajo tengo/ canto con más alegría, / porque los mismos trabajos/ me sirven de compañía., y navega su imaginación entre el polvo y el barrizal, mientras las bestias hacen camino hacia los bebederos. “Y a medida que el verano se agiganta, la sabana, en silencio de aves que huyen, de animales nerviosos, ve pasar al llanero que a caballo o a pie, va arreando el rebaño hacia el charco que aún tiene agua va en auxilio de la res vieja y macilenta que se quedó atascada en el barro espeso y putrefacto de la laguna. Todo escasea, menos la sed y el trabajo”.

3.-

Todo el llano respira en este libro, desde el comienzo hasta el dudoso final porque el Llano es eterno, terriblemente interminable. El mismo libro es una sabana donde habitan los seres que se esconden, los que vuelan a ras del agua o vigilan desde lo más alto del cielo en procura de un reptil o roedor desprevenidos. El Llano, temperatura y sueño, sobresalto y polvo peregrino.

La tierra avisa de su bondad. El agro básico, el que salva la cotidiana existencia, mientras el ganado mastica largamente, macera la vegetación que se convierte en leche. Semovientes, lentos animales que cobran la proeza de verse sobre un caballo. Allá, a lo lejos, canta el jinete: El toro pita la vaca/ y el novillo se retira; / como el novillo era toro, / la vaca siempre lo mira. Y el ordeño, la vaquería, los asuntos de la mañana y la noche, el día colgado de la quesera mientras la luna asoma su barriga en el horizonte. Los pasos de la bestia avisan de la llegada del agotado llanero, quien retoza la voz mientras el astro rey escapa sobre la laguna: Los tres amores que tengo, / yo los voy a enumerar: / buena silla, buen caballo/ y una soga pa´enlazar.

Y así, hasta el último punto del Llano, el libro comenta el íntimo afecto y regocijo del autor: “Yo vengo de donde todo es lejanía y sin embargo todo queda ahí mismito. Allá, en pleno Cajón de Arauca, con la Cruz de Mayo hilvanando luceros en un cielo azul como ninguno, nací un jueves de Corpus Cristi”.

Un nombre; Manuel, alarga el cuento que nos relata el libro, Yo el llanero, declaración que recoge la biografía de la memoria, hecha espejo en el tiempo de Edgar Colmenares del Valle, quien confiesa que “más que nunca estoy orgulloso de ser llanero y de que ellos también lo sean porque lo que soy y lo que tengo, al Llano se lo debo”.


Fotografia tomada de http://www.uney.edu.ve/universidad/encuentro_cronistas_historiadores_yaracuy_nov_2008.htm

Bolívar, un mito de varias caras

Por: Sara Araújo Castro
El historiador francés Georges Lomné habla de los mitos que se tejen en torno a personajes como Simón Bolívar.


Georges Lomné, historiador francés
Foto: Kiko Kairuz

Además de conocerse a sí misma, ¿por qué a una nación le interesaría saber más, debatir y cuestionarse hechos políticos de hace doscientos años? Con esa pregunta partió el encuentro de historiadores el miércoles en Cartagena, para cerrar en el día de hoy con una mirada hacia el futuro.

Aunque respuestas hay tantas como historiadores, lo cierto es que más que obtener conclusiones estudiando el pasado de manera objetiva, sucede que se buscan en los hechos de entonces los mitos de la actualidad. De alguna manera, así lo explica el historiador Georges Lomné, quien habló con El Espectador.

En relación con su conferencia de este jueves, ¿por qué una sociedad compacta como la neogranadina se divide entre realistas y criollistas?

La idea romántica (acuñada por Humboldt) de que los criollos creían tener una esencia americana, es errónea. Ellos, incluso Nariño, Caldas o Camilo Torres, se pensaban españoles de ultramar y no americanos. Esta nueva identidad americana fue producto del shock que generaron los mensajes provenientes de la Regencia española en enero de 1810, cuando les dijeron: “Ustedes no son colonos en tierras foráneas, son españoles de América”. De ese desengaño brota la ambigüedad entre realistas y nacionalistas y también el mismo Memorial de Agravios.

Pero hoy es difícil entender que la motivación de la Independencia no fuera crear naciones americanas. Para nosotros es como una gran desilusión.

Sí había un deseo de autonomía, pero para hacer una patria dentro del Reino de España. Es que todavía en 1810 los descendientes de españoles quieren mucho al rey. Sólo en 1813 se empezaron a levantar. Pero durante la Junta todavía querían ser una patria dentro de un reino, como una especie de Commonwealth hispana.

Entonces la influencia de la Revolución Francesa en la Independencia es un mito?

¿Sabe quién le pasó a Nariño el libro de los Derechos del Hombre? El mismo virrey Ezpeleta, que había traído el libro de Francia. Nariño no pensaba traicionar al reino al hacer la traducción, pues para él eran principios abstractos, con un matiz bastante cristiano. Sólo cuando lo distribuyen en la plaza, un cura le dice a Nariño que debe tener cuidado porque esto podría ser mal interpretado. Entonces los recogen y queman. Pero hay otras evidencias de la influencia de la Revolución: los pasquines violentos en contra del régimen español que se pegaron por todo Bogotá en agosto de 1794. Cuando Ezpeleta hace la investigación criminal, le cuentan que Nariño tradujo los Derechos del Hombre, pero eso había sido casi un año antes. Además, hay rumores de complot antichapetón. Todos estos elementos y los impresos con documentos traducidos del francés prueban que había interés en lo que había sucedido en Francia. Sólo que los fiscales exageraban para justificar sus investigaciones, entonces los historiadores que se basan en la versión de los documentos de la investigación criminal le dan más énfasis a esto que lo que en realidad tuvo.

¿Del primer centenario a este han cambiado las verdades históricas?

Respondo con el aforismo de Benedetto Croce: “No hay historia si no es contemporánea”. Es decir, que cada período escoge sus paradigmas de interpretación. En 1910, la Independencia se conmemoró bajo el lema del centralismo bolivariano y del catolicismo y así lo quiso el presidente Reyes. En este bicentenario el lema es la diversidad cultural. El énfasis está en las regiones, se habla de “Las independencias”, otro paradigma. Hay que aprovechar el bicentenario no para conmemorar, sino para pensar la independencia. Me inquieta el aumento de imaginarios, de mitos nuevos que generan una gran conmemoración. Por ejemplo, es interesante pedir a los niños que lo pinten, refleja los imaginarios, pero en realidad añades capas de mito.

Que seguramente refleja deseos...

Sí, pero uno se aleja del verdadero desarrollo histórico.

¿Como se relaciona esto con la actualidad. Por ejemplo, el bolivarianismo de Hugo Chávez hace parte de esas nuevas capas de mito?

Este es todo un tema aparte. Chávez ha escogido uno de varios Bolívares, el de Angostura. Le conviene éste y no el de 1813 o el de 1829, que era dictador. Bolívar es un personaje proteico que cambió de posiciones. Cuando él dice que va a sentarse en la doctrina de Bolívar, es complejo porque no hay tal, pues Bolívar cambió de opinión sobre muchos temas. De joven era masón y terminó su vida como católico acérrimo, firmando un nuevo concordato con el Vaticano. Cambió de federalista a centralista. De jacobino terminó casi monárquico. O sea que la doctrina bolivariana no existe, a menos de que uno escoja un solo discurso, como el de Angostura, en donde habla del cuarto poder, el poder moral, etc.

O el momento que le acomode...

Lo que busca Chávez es tener instituciones con el espíritu que mencionábamos. Como dijo Montesquieu y también Simón Rodríguez, “no imitemos, inventemos; si no, erramos”. Así, mientras la Constitución de Cúcuta esta inspirada en las posiciones francesa y norteamericana, la Constitución boliviana del 26 trata de acercarse, pero se enfrenta a un problema ético pues plasma el ejercicio del poder vitalicio, que es lo que intenta hacer Chávez ahora. Entonces el suyo es el Bolívar de Angostura, pero está fascinado por el período de 1826 y quiere replicar ese gran proyecto continental, que fracasó porque Lima no aceptó. Sólo Bolivia y Quito fueron los aliados de Bolívar, en otras palabras, la de 1826 y 1827 era la misma configuración de hoy.

Si la larga duración puede explicar la geopolítica actual, en este caso es precisa: Perú y Colombia enfrentados a Venezuela, Bolivia y Ecuador. Bolívar dio su nombre a Bolivia porque era su país preferido; como era el más indígena, él creía que podría ser el crisol de una verdadera americanidad. Por eso deja a Sucre de presidente y a Simón Rodríguez de ministro de Educación y se va a Quito por razones sentimentales, una de sus provincias más queridas. El Bolivarismo de los indígenas bolivianos hoy es posible porque data de entonces. Por el contrario, en Ecuador el movimiento indígena pachacuti odia a Bolívar, como lo hicieron los indígenas de Quito. Y así como los limeños odiaban a Bolívar y las gestas de independencia, hoy no van a celebrar Bicentenario, para ellos fue un atropello.

Tomado de http://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso168195-bolivar-un-mito-de-varias-caras

LA DILIGENTE ÉTICA Y LA VEHEMENTE E INESTABLE MORAL

Manfredo A. González P.


Sin duda alguna, cuando la escuchamos nombrar o nos topamos con ella en algún estante de multifacéticas publicaciones, nos da la impresión de estar ante cierto tipo de interruptor o moderador conductual. Incluso en muchas ocasiones notamos cómo es catapultada, con voz chillona e iracunda, a cualquier abusador manifiesto en medio de la cola del banco, en una convención de políticos o de una epiléptica reunión del consejo comunal. Y es que la ÉTICA y la MORAL, en nuestros turbulentos días, han sido convertidas en una suerte de objetos contundentes para ser llevadas en cajas de herramientas, prestas a cualquier momento de ofensiva o defensiva lingüística.
“¡Tu no tienes moral! ¡Tú no tienes ética!”. Es el dúo dinámico que sale a la palestra cuando se quiere sentenciar al contrario o disfrazarlo de cucaracha civilizada ante la opinión pública.
Es normal confundir a la ética con la moral, y viceversa, puesto que de alguna manera tomada por los cabellos, etimológicamente, se refieren a lo mismo. Pero un filósofo pelaría los ojos ante tal propuesta, puesto que la ética es una disciplina propia de la filosofía que estudia a la moral; lo que en lenguaje coloquial sería como decir, que la ética debe sus ojeras al trasnocho de tanto analizar el por qué la moral cambia impulsivamente de color, vestimenta y comportamiento. ¿Verdad que parecen una linda parejita?. Ambos tratan de comprenderse, pero aún así, cuando en ocasiones no parezcan coincidir en algo, no pueden vivir el uno sin el otro.
Tal propuesta nos permite dilucidar que el material del que está hecha la ética consiste de un conjunto de normas (políticas, religiosas, etc.), mientras que la moral es el grado en que los sujetos le “paran pelotas” a las normas que gobiernan al grupo social. Y dicho esto, volvemos al principio, puesto que superficialmente ambos términos parecen morochitos, sólo que uno es más activo y la otra pasiva, pero a “vuelo de pájaro” son igualitos. Esa es su esencia, la ética prefiere la teoría (o la biblioteca) y la moral le pela los dientes a la práctica (el club de intercambios).
Pero si le ponemos la lupa a la escurridiza moral nos daríamos cuenta de que está hecha de un cúmulo de valores gobernados por la conciencia propia, que a su vez ha sido moldeada por costumbres aprendidas o (creencias) heredadas, y de allí la razón del por qué no hay especimenes de moral idénticos. ¡Así es… metamos en este mismo saco a la ética!. Ambas no son universales sino más bien tan personalizadas como esos carrazos modificados a los que llamamos “tuning”.
Todo este revoltijo conceptual rige, de una manera dinámica (y a veces impredecible), la dirección que toma el autobús que llamamos “civilización”, creando escollos que se infiltran hasta los preceptos educacionales, dejando cierto halo de incertidumbre con respecto al destino del hombre. Y digo esto porque muchísimas veces hemos escuchado con denotada insistencia que “la moral y las buenas costumbres se han perdido”. Y esto nos obliga a pensar cuál sería entonces la estrategia a tomar para poder solventar la profunda crisis de valores que bombardea nuestra cotidianidad y, cuáles criterios deberían regir la solución a un sinnúmero de situaciones conflictivas?.
Pareciera que la respuesta se la dejamos a la “bola de cristal”, puesto que reporta menos esfuerzo despreocuparse por el comportamiento mundano, antes que ponerse a clasificar, detallar y etiquetar cada manifestación espontánea de las infinitas expresiones morales.
¡Y la cosa se pone peor si nos ponemos a analizar el impacto que la tecnología y la globalización irradia sobre la moral y la ética, tomando en cuenta el bombardeo de culturas que como virus tratan de fusionarse con otras culturas, hasta convertirlas en identidades completamente ajenas a sus humildes orígenes!.
Esto nos ayuda a contemplar un paisaje de constante cambio. Donde antes había una bodeguita de valores dispensados por un viejito de desgastada guayabera escupidor de chimó, ahora se erige un moderno edificio donde un desagradable barbudo promueve una manera “novedosa” de redimensionar los valores para enfrentar una artificiosa modernidad, aún cuando sabe que irremediablemente perderá su negocio ya que lo tiene hipotecado con un mafioso trajeado con un “Scutaro” que hace galas de modificar a su antojo los valores establecidos, lo que básicamente conlleva a la pérdidas de identidades de la “incauta” humanidad, quien ataviada con su balbuceante malinterpretación de “lo que es bueno y lo que es malo”, convierte su día a día en un calvario que abarrota, generosa y eficientemente, las páginas de sucesos de los (irremediablemente amarillistas) medios de comunicación.
Bueno; lo que realmente nos importa en esta ocasión, es que estemos conscientes de que el objeto de estudio de la ética, no es todo tipo de conducta en sí, sino sólo aquellas que son regidas por normas morales. Y es que la pregunta del certamen sería: ¿Qué es más difícil, entromparse con la ética por criticona, o revolcarse con la moral por abusadora?.

Estudiante de la Especialidad Docencia Universitaria (UNERG, Venezuela)