Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

jueves, 1 de enero de 2009

La lucha de clases en Wall Street*

Por Slavoj Zizek.


Fuente: http://www.lemonde.fr/opinions/article/2008/10/09/lutte-des-classes-a-wall-street-par-slavoj-zizek_1104997_3232.html Traducción de Ramón Castillo

Lo primero que salta a la vista cuando se observan las reacciones actuales ante el derrumbe económico es que nadie sabe lo que hay que hacer. Esto surge debido al hecho de que la incertidumbre es parte del juego económico; la manera en cómo reaccionará el mercado depende no solamente de la confianza que los principales actores otorguen a las intervenciones gubernamentales, sino también, y es esto aún más importante, dependerá del grado de confianza que ellos estén dispuestos a otorgar a los otros actores implicados; es decir, no se puede tener en cuenta, con certeza, los efectos de sus propias intervenciones. Estamos así obligados a hacer elecciones sin disponer del conocimiento necesario que nos permita elegir claramente, o, como dice John Gray: “Estamos obligados a vivir como si fuésemos libres”.
Pero, puesto que no cesamos de repetir que la confianza y la credibilidad son determinanantes, nos deberíamos de preguntar en qué medida el hecho de que la administración americana esté, justo en medio del pánico, aumentando el riesgo de sus apuestas, no ha agravado el peligro que ella misma intenta conjurar. Es fácil señalar la similitud entre el lenguaje utilizado por el presidente Bush en sus discursos tras los ataques del 11-S y aquel utilizado ante el colapso finaciero: se podría decir que son dos versiones de un mismo discurso.
En ambas ocasiones, Bush alude a una amenaza que se cierne sobre la “American way of life” misma, y por ende, la necesidad de reaccionar, de manera rápida y decisiva, con el fin de hacerle frente. De manera reiterada, hace un llamado para abandonar, provisionalmente, los valores típicos americanos (las garantías concernientes a las libertades individuales, el capitalismo del mercado, etc.) para poder salvar precisamente esos mismo valores. Acaso, ¿es inevitable la paradoja?

La presión dirigida a “hacer cualquier cosa” ante un problema, aparece aquí como una compulsión supersticiosa por hacer algo, lo que sea, cuando observamos un proceso sobre el cual no tenemos ninguna influencia verdadera. Llega también en esas ocasiones en que actuamos para eludir el tener que hablar o pensar sobre aquello que hacemos. Por ejemplo, para responder rápidamente a un problema, el liberar 700 millones de dólares en lugar de preguntarse cómo es que esta situación llegó a este punto.

Recordemos que el pasado 15 de julio, el senador republicano Jim Bunning atacó al presidente de la Reserva Federal de Estado Unidos, Ben Bernanke, afirmando que su propuesta confirmaba que “el socialismo está bello y saludable en América”: “ La FED quiere ser, de ahora en adelante, el regulador del riesgo en el sistema. Pero, la FED es el riesgo en el sistema. Incrementar el poder de la FED vendría a ser como darle a un niño que ha roto nuestra ventana, mientras jugaba beisbol, un bate más grande, pensando que eso resolverá el problema”.

Bunning fue el primero en exponer públicamente las grandes líneas del razonamiento que justifica la oposición del Partido Republicano contra el rescate federal. Dicho argumento amerita que lo miremos más de cerca. Podemos, así pues, remarcar que la resistencia al plan de salvamento fue formulada en términos de “luchas de clases”: la Bolsa, Wall Street, contra la calle, Main Street (1). ¿Por qué deveríamos ayudar a los responsables de la crisis (Wall Street), y dejar que sean los simples prestatarios (en Main Street) los que paguen la mayor parte? Esto último se define como “el riesgo que alguien asume, de manea inmoral, debido a que se sabe protegido por medidas de seguridad, leyes u otras instituciones, contras los prejuicios que su comportamiento podría engendrar”. Dicho de otra manera, si yo estoy asegurado contra los incendios, entonces tomaría menos precauciones contra é (o, llevando esta lógica al extremo, yo mismo metería el fuego al edificio asegurado que me está generando pérdidas). La misma cosa sucede con los grandes bancos. ¿No están protegidos contra las grandres pérdidas, todo para ser capaces de conservar sus ganancias? No nos tomará por sorpresa el saber que Michael Moore ya ha escrito una carta pública en la que califica al plan de rescate como el robo del siglo. Estas inesperadas imbricaciones entre la izquierda y los republicanos conservadores deberían darnos algo sobre qué pensar.

Ambos comparten el desprecio por los grandes especuladores y los CEOs (2) que se hacen de grandes beneficios a costa de decisiones azarosas que, sin embargo, están protegidas de fallos por “paracaidas dorados”. ¿No va esto mismo en relación con el escándalo de Enron en el año 2002, que se ha interpretado como una clase de comentario irónico sobre la idea de sociedad de riesgo? Los miles de trabajadores que perdieron su empleo y sus ahorros fueron expuestos a un riesgo, pero sin tener realmente ninguna otra opción. Aquellos que, por el contrario, tuvieron un real conocimiento de los peligros, y también la posibilidad de intervenir en la situación (los dirigentes), minimizaron los riesgos e hicieron efectivas sus acciones y sus opciones antes del derrumbe. Si es verdad que vivimos en una sociedad de elecciones riesgosas, entonces, algunos (los patrones de Wall Street) hacen las elecciones, mientras que son otros (las personas ordinarias que pagan hipotecas) los que asumen los riesgos…

Entonces, ¿el plan de rescate es realmente una medida “socialista”, el alba del socialismo de Estado en los Estado Unidos? Si ese fuera el caso, es claro que lo es en un sentido muy singular: una medida “socialista” en la que el primer objetivo no es ir en ayuda de los pobres, sino de los ricos, no de aquellos que piden prestado, sino de aquellos que prestan. La ironía suprema reside así en el hecho de que la “socialización” del sistema bancario es aceptable cuando sirve para salvar al capitalismo: el socialismo es nefasto, excepto, claro, cuando permite estabilizar al capitalismo.
¿Y si, al mismo tiempo, un “riesgo moral” estuviera inscrito en la estructura fundamental misma del capitalismo? En otras palabras, el problema es resultado del hecho de que es imposible separar ambos aspectos, en el sistema capitalista, el bienestar en Main Street está subordinado a la prosperidad de Wall Street. Así, entonces los populistas republicanos que se oponen al plan de rescate financiero actuan incorrectamente, motivados por buenas razones, y los partidarios del rescate actuan correctamente movidos por malas razones. Para decirlo en los términos más refinados de la lógica proposicional, su relación no es transitiva, pues aquello que es bueno para Wall Street no lo es necesariamente para Main Street, y Main Street no puede prosperar si a Wall Street le va mal. Y dicha asimetría le otorga, a priori, una ventaja a Wall Street.

Todo eso muestra claramente que no existe algo así como un mercado neutro; en cada situación particular, las coordenadas de la interacción mercantil están siempre reguladas por decisiones políticas. El verdadero dilema no es aquel de saber si el Estado debe o no intervenir, sino bajo qué forma debe de hacerlo. Y en este punto nos confrontamos a la verdadera política: la lucha por definir las coordenadas “apolíticas” de nuestras vidas. Todos los problemas políticos son en un sentido no partidistas, ellos se relacionan más con la pregunta: ¿Cuál es la naturaleza de nuestro país?

Así, es precisamente el debate sobre el plan de rescate lo que constituye un verdadero problema político concerniente a las decisiones a emprender sobre los elementos fundamentales de nuestra vida social y económica, yendo hasta el movilizamiento del fantasma de la lucha de clases (¿Wall Street o los acreedores hipotecarios? ¿Intervención del Estado o no?). No encontraremos niguna posición claramente “objetiva” que nos baste aplicar aquí; debemos tomar partido politicamente.

¿Cuál es la solución? El gran filósofo idealista de origen alemán Emmanuel Kant respondió a la divisa conservadora: “¡No piense, obedezca!”, no con otra como: “¡No obedezca, piense!”, sino con: “¡Obedezca, pero piense!”. Cuando somos sometidos a un chantaje como el del plan de rescate finaciero, debemos vigilar la intención de dicho chantaje, y esforzarnos entonces por resistir a la tentación populista de dar expresión a nuestra cólera y darnos de golpes. En lugar de ceder a una expresión impotente como esa, debemos dominar nuestra molestia para transformarla en la firme resolución de pensar, reflexionar de una manera realmente radical, de preguntarnos sobre el tipo de sociedad, que estamos en camino de dejar, que hace posible chantajes de este género.


Notas.
1. - Main Street es el nombre genérico que reciben las avenidas principales de algunas ciudades pequeñas, villas o pueblos en los Estados Unidos y algunos otros países. (N. del T.)
2. - CEO, iniciales del inglés Chief Executive Officer; el equivalente en español sería Presidente Ejecutivo o Director Ejecutivo de una empresa. (N. del. T.)


Aparecido originalmenente en la edición del 10/10/2008 del diario francés Le Monde. http://www.lemonde.fr/opinions/article/2008/10/09/lutte-des-classes-a-wall-street-par-slavoj-zizek_1104997_3232.html

*Tomado de http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=1182

LA FILOSOFÍA DE LO COTIDIANO… Y/O LO COTIDIANO DE LA FILOSOFÍA

Rafael Gustavo González Pérez*


Ponencia presentada en el evento “Teoría social y vida cotidiana” efectuado los días 25 y 26 de abril del 2008 en el Instituto Pedagógico “Rafael Alberto Escobar Lara” en Maracay.


Para evitar cualquier expectativa o apreciación exagerada de lo que pueda exponer en este evento, siento el deber de declararme de entrada como un ser esencialmente cotidiano, es más, orgullosamente cotidiano. Seguramente esto me está pasando desde hace mucho tiempo y con toda seguridad no lo había concienciado o me estaba haciendo el desentendido.
La revisión y ordenación de ideas que se me alborotaron como pájaros asustados, llevó inevitablemente a establecer un orden mínimo de las ideas y vivencias; unas referencias, un tiempo y un espacio para ubicarnos en el contexto y en el origen de este dulce mal.
Me disculpo ante ustedes tanto por el uso de la primera persona (cuestión tabú en los medios académicos) como por referir experiencias personales para ilustrar esta disertación. Pero me pregunto: ¿Cómo hablar de vida cotidiana y su relación con la filosofía sin comentar la mía?
Mi hijo Hernán, aún sin cumplir los cinco años de edad, me vio pasar hacia el espacio doméstico donde no tenemos más opción que desvestirnos, y en observando que portaba un libro, me inquirió: ¿Para dónde vas con ese libro, papá? Por toda respuesta, le dije…”Voy a filosofar”. Sin comentario, que sus pensamientos vuelen.
Pasados unos días, él viene cargando, con gran esfuerzo, un tomo de la enciclopedia “Quillet”, la pregunta lógica: ¿Para dónde vas con ese libro Hernán? Y por toda respuesta, me devolvieron mi medicina, con un nítido…”Voy a filosofar”
Mi padre, quién fue Masón, además de modelarnos en la tolerancia, nos indujo a la lectura sin obligarnos jamás a leer un libro o un periódico. Trabajaba fuertemente y a la hora que llegara dedicaba tiempo a la lectura. Muy temprano buscaba la prensa y era fácil observarle el interés y concentración con que se adentraba en ese mundo de noticias y opiniones. Luego muy discretamente, dejaba la prensa a nuestro alcance. ¿Quién, viendo esa avidez, no se sentía picado de la curiosidad por entrar en ese mundo que él disfrutaba?
Hay otra clave en la evolución de mi formación, que indefectiblemente me lleva a confesarles mi participación en un robo. Ciertamente, participé en un robo. Les cuento. Comenzábamos tercer año de bachillerato, en mi San Carlos natal. Año 1958. 15 años de edad. Un día observamos que a la puerta del liceo llegan dos camiones volteos cargados de libros, amontonados como piedras, como tierra, como arena….y así mismo los confinan en un cuarto del piso superior de la instalación educativa. Por mucho tiempo esos libros simularon escombros y un día decidimos incursionar en rescate de toda la sabiduría arrumbada, a expensas de polillas y otros insectos y sometidos a la humillación de plantas ignaras que los pisoteaban.
Ocurrió algo que hoy califico de mágico: La escogencia de libros que hicimos ha guardado estrecha relación con las profesiones y actividades que asumimos en nuestras vidas. Muchos de esos libros aún los preservamos. Por mi lado predominaron los de Filosofía, Literatura e Historia.
Transcurría el año académico 1964-65, de nuestra carrera de Filosofía y Ciencias de la Educación, en el Instituto Pedagógico Nacional, y en el curso de Filosofía de las Ciencias, se nos asignó el análisis de la obra : “La Naturaleza del Mundo Físico” (1919) escrito por Sir Arthur Eddington. Obra que seguramente será familiar para quienes se han formado en la Ciencia Física y/o en algunas de las ramas de la Filosofía vinculadas a las Ciencias Experimentales. Como se puede suponer para un joven de 21 años, proveniente del campo de las Humanidades, involucrado hasta los pelos en las luchas estudiantiles y políticas de la época, cotidiano en esencia y sin recibir una sola instrucción de la aspiraciones del docente sobre el propósito del trabajo y menos sobre técnicas, estructura, método, entre otras menudencias; resultó como una oportunidad de exponer sus ideas.
Comienza el físico inglés por afirmar que se sienta ante sus dos mesas: La primera “es un objeto común dentro de ese ambiente que llamo mundo…..tiene extensión…es permanente…está pintada…es sustancial”.La número 2: “es mi mesa científica…mi conocimiento de ella es más reciente..por eso no me es tan familiar..no pertenece a ese mundo que aparece espontáneamente cuando abro los ojos…….mi mesa científica es casi toda un vacío. Desparramadas en ese vacío hay numerosas cargas eléctricas moviéndose a gran velocidad, pero su volumen conjunto no alcanza siquiera a una trillonésima parte del volumen de la mesa”
Pues bien, este mortal se propuso hacer algo original, distinto a todas las maneras como sugerían realizar los compañeros de curso el análisis y presentarlo al profesor. Lo primero, la lectura, el resumen y las anotaciones sobre la impresión que causaba el texto en cuestión; además de la escogencia del formato de presentación.
Se le dio formato de libro, con lo dificultoso que resultaba esa opción, escrita en una vieja Adler.
Se organizó en cuatro capítulos el texto.
De entrada comenzó la declaratoria sincera, espontánea, de mi sujeción a la cotidianidad en un “…me siento frente a mi mesa de cuatro patas, que es la única que conozco y tengo a mi alcance….” Y el menudo atrevimiento de comparar al universo con una esponja que al aplicársele presión se comprimía. ¡Qué imaginación tenía!
En los restantes capítulos de lo que escribí, me limité a tratar de acercarme a una explicación de las ideas del autor y a asignarle ejemplos comunes a las teorías por él expuestas
Nunca recibí ni retroinformación ni nota por ese trabajo, de lo que estoy seguro, pasado el tiempo, es que por poco me trunca la carrera.
El texto que escribí se desapareció por algunos años, hasta que a mediados de los años ochentas rescaté el primer capítulo y se lo di a leer al Prof. Alfio Montoro, quien después de analizarlo me dijo: “Compadre, realmente eso fue una gran irreverencia suya, ese profesor debe haberse armado tremenda arrechera”
Ahora en la frialdad del tiempo transcurrido, más no de las ideas, llego a una poderosa conclusión y es que esa distancia cognitiva, comprensiva, conceptual que hay entre la mesa sustancial y la mesa atómica, entre la mesa palpable y la cuántica es proporcional explicativamente a la distancia que hay entre lo cotidiano y lo filosófico; distancia en la que hay o debe haber un intermediario necesario que establezca el puente de aprehensión entre una y otra realidad. Esa danza de neutrones y protones lo es de esa sustancia.
La vida cotidiana llevada a abstracciones filosóficas, es fuente de verdad para la reflexión y comprensión de la realidad. La Filosofía no es una entelequia ni una supra esencia que está más allá de lo humano. Si es cierto que la Ciencia de las Ciencias en la medida que ahonda en explicaciones y reflexiones va generando conceptos, abstracciones, explicaciones, pero para nada, la Filosofía es una revelación.
Es una verdad irrefutable que del mundo cotidiano, de la experiencia cotidiana se construyen símbolos.
Pues bien, las barreras de comprensión y comprehensión son obra de los humanos, no de las Ciencias como tales y mucho menos de la Filosofía.
El hombre es como el perro y donde vaya llevará sus pulgas.
La esclavitud en la que aún vivimos del mundo griego y las chocantes diferenciaciones que se han impuesto en el mundo como si en verdad y de verdad existiera una cultura occidental y una oriental, o un mundo de dos hemisferios, ha condicionado el pensamiento y la creencia de que eso es así y sólo así.
Ello también sigue pendiendo sobre lo cotidiano y distanciándolo de lo filosófico.
Doxa y Episteme le colocaron un hierro al saber. Atribuida a Platón está diferenciación; una para catalogar lo cotidiano, lo común, lo superficial, la opinión; mientras que, al otro, el saber de la ciencia, de la alta y profunda reflexión. Sin embargo la praxis de esa visión antecede a ese concepto por cuanto Grecia era una sociedad esencialmente clasista y los filósofos griegos, para vivir en actitud contemplativa, al menos necesitaban quienes los mantuvieran. Más aún quienes sobre sus hombros llevaran la carga de producir, que no eran otros más que los esclavos.
En la realidad ya estaba presente esa diferenciación, en la escuela socrática había dos tipos de disciplinas y por ende dos tipos de alumnos. Las exotéricas y las esotéricas. Las primeras para el común, para el pensamiento llano sencillo, para el público poco adentrado en el saber, eran clases abiertas, y las segundas para avanzados, clases cerradas, para disciplinas ocultas. De manera pues que Platón lo que hizo fue bautizarlas y Aristóteles confirmarlas.
Los griegos no inventaron la Física porque los filósofos no se ensuciaban las manos. Mientras tanto, los esclavos prácticamente obligaron a que se inventaran nuevos equipos, se hicieran aleaciones de metales con las que se sustituyeran los arados de madera, que ellos destruían como un modo de librarse de las condiciones infrahumanas de explotación.
Este combate dialéctico de lo cotidiano con lo teórico, con lo científico, con lo filosófico; es sin duda una expresión de las contradicciones perennes de la sociedad humana y por qué no decirlo del enfrentamiento de clases.
La historia del conocimiento humano, de las ciencias, de la filosofía arrastra toda esa pesada carga, con la diferencia que el hierro contemporáneo es difícil de ver, de percibir.
A la imposición de los saberes como válidos porque se derivan de una autoridad se le ha sustituido por formas sutiles pero no por ello menos dominadoras. Es la serpiente que cambia de piel.
La enajenación de la ciencia y por ende de la filosofía y su arrastre a una sujeción a poderes y/o intereses es sin lugar a dudas la expresión de esas contradicciones en la sociedad. Y mientras más excluya la cotidianidad como fuente de saber, más será su alejamiento de la condición humana.
Independientemente de lo que digan filósofos, teóricos, políticos y demás asomados, la vida cotidiana es y existe, es fuente de vida y creación. Es más, seguirá mientras vida humana haya. Tendrá un peso específico en su complejo de redes y organizaciones que se manifiestan en cambios, en valores, en creación.
A comienzo de los años ochenta, en entrevista publicada por el diario “El Nacional” el Dr. Ernesto Mayz Vallenila afirmó, palabras más, palabras menos, que “para ser filósofo, para pensar filosóficamente, hay que pensar en alemán” No tengo comentario.
Ludovico Silva sostiene como de mucha importancia en su vida y su formación intelectual, en principio, haber aprendido y dominado bien la lengua materna. Reclamaba eso sí, que para conocer la obra de Marx, había necesariamente que leerla en su lengua original.
Ludovico siempre se situó desde su cotidianidad y nunca dejó de referirse a ella y valorar la importancia y peso específico en su vida creativa. En su libro, (que por cierto es la única lectura que voy a sugerir en esta ocasión) “Filosofía de la ociosidad” (1987) publicado con el No. 88 en la colección “Estudios, Monografías y Ensayos” por la Academia Nacional de la Historia, está el mejor de los ejemplos de una relación de gran fertilidad entre la vida cotidiana y la filosofía en todo el sentido y extensión de la palabra. Ludovico es el filósofo que va al baño, que come, que bebe, que se enamora, que sufre, que se pierde y se vuelve a encontrar, que duda, que tiene existencia terrena y que es capaz de expresarse poéticamente y escribir profundos textos filosóficos.
La lectura y aprehensión de “Filosofía de la ociosidad” es como ese momento previo al inicio de un concierto en el cual los maestros aprestan sus instrumentos, extraen notas sueltas que aparentemente no se relacionan…y de pronto la magia de una sinfonía, una sonata, una pasión, un tema, un sentido.
Por eso que aparentemente el ser humano ha perdido, la sensibilidad al asombro, no apreciamos ese momento de aporcamiento de los sentidos.
La Filosofía ni se aprende ni se enseña, es una actitud. Se cultiva, se vivencia, se asume. No hay cara de filósofo, ni pose de filósofo, pero si postura filosófica. Se van a quedar esperando quienes crean que los filósofos para interpretar el mundo se acoplan a la pose de El Pensador de Auguste Rodin.
Los estudios avanzados sobre el funcionamiento del cerebro, la psiquis humana, la vida social, el origen de la vida, la cotidianidad, entre otras expresiones de la existencia humana, plantea nuevos retos a la Filosofía y a los filósofos.
Es conveniente precisar que un pragmatismo inmediatista, un predominio exagerado del tener sobre el ser, del individualismo y egocentrismo sobre el ser social, de un utilitarismo sobre la necesidad de preservar el ambiente, del consumismo; se han trocado en una forma de enajenación colectiva que ha impactado la vida cotidiana, llevándola a emitir señales equivocadas sobre su realidad, sobre su esencia. Aun así, es desde la misma cotidianidad de donde sale y seguirán saliendo las señales para su interpretación. La misma complejidad de su desempeño propicia las claves de su interpretación.
Contaba mi abuela Nina, que en San Carlos vivió un personaje que se llegó a creer a sí mismo que era un ser superior, quien aparte de quererse diferenciar en el vestir lo procuraba también en el uso del lenguaje. En una ocasión se detuvo a conversar con gente humilde y sencilla; pasaba por el lugar un conocido ante el cual siempre se simuló con clase y sin dar tiempo a cualquier duda o suspicacia alguna espetó: “Heme aquí Fortunato Castro confundido entre los plebeyos”
Así que, señores filósofos, señores científicos sociales.. ¡a mancharse su plumaje en el pantano!
Señores educadores, que es decir colegas, ¡a desalambrar! A tumbar paredes. A pulverizar todos estos edificios que se han convertido en campos de concentración de las ideas.
Con esto, incursiono en el campo pedagógico, considerado en este evento en su relación con la cotidianidad. Fíjense colegas, en ese agujero negro entre la mesa 1 y la mesa 2, entre doxa y episteme, entre la afinación de los instrumentos y el concierto, entre Fortunato Castro y los plebeyos, entre la cotidianidad y el saber, cabe la acción pedagógica para despertar el deseo de saber, para parecerse a la vida, a la existencia. Para encender luces, jamás para apagarlas.
Un día, un físico y un matemático se encontraron con un ciempiés, a quien se dirigieron de este modo: “Mira ciempiés, dijo el matemático, fíjate que cuando tu caminas hay una relación matemática, proporcional, expresable científicamente. Cuando mueves la 1ra. pata derecha accionas la 5ta. Izquierda
la 9ª….y así sucesivamente”. Interviene el físico: “Algo más hermano del alma, cuando tú caminas describes a perfección una onda proporcionalmente equivalente a la onda lumínica que describen los rayos solares en un ocaso en Juan Griego, además chico entre el punto que ocupa tu cabeza y la punta posterior de tu cuerpo se puede trazar una línea recta”. Ambos científicos se marchan orgullosos de la clase magistral que le dieron al sorprendido animalito. Pasados unos meses, regresan y el ciempiés esta inmóvil en el mismo lugar tratando de aplicar todo lo expuesto por los doctos señores y temerosos de haber olvidado las sabias instrucciones.
Más beneficio tendría la ciencia si estos científicos en vez de querer impresionar con su sapiencia, se asumieran humildemente como poco conocedores del ciempiés para aprender de él matemática, aritmética, física,….ecología.
(El origen de esta anécdota no lo he podido determinar, me excusan)
Ahí radica la gran diferencia entre un educador y alguien que se cree educador.
El ciempiés es la vida cotidiana. Es el discípulo y a la vez el docente.
Concluyo, con este concepto de maestro que nos legó Simón Rodríguez, respetando la construcción original:
Maestro
Es el dueño de los principios
De una CIENCIA, o de un Arte, sea Liberal, sea Mecánico, ¡
que, transmitiendo sus conocimientos,
sabe hacerse ENTENDER i COMPRENDER, con GUSTO
i es el MAESTRO¡ por excelencia,
si aclara los Conceptos, i ayuda a estudiar,
si enseña a aprender, facilitando el trabajo,
i si tiene el DON!
De INSPIRAR a uno, i EXITAR en otros, el DESEO de SABER,

Muchas gracias, con todo respeto, deseo haber sembrado en ustedes muchas dudas.
Maracay, abril, 2008

*Docente universitario venezolano (Maracay, estado Aragua., rgustavogonzalezp@gmail.com


Fotografia tomada de: http://www.fecitlux.com.ar/blog/?p=28

LA LLANERIDAD


Eduardo Camps V*


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Debo, de entrada, confesar que no logro entender la importancia que se le da a este tema de la llaneridad. No sucede lo mismo con los andinos quienes no poseen, ni han desarrollado, un ideario en torno a la andinidad. Tampoco lo han hecho los centrales ni los orientales que poseen un folklore tanto o más rico que el llanero.

Como caraqueño me cuesta pensar que lo llanero significa lo venezolano ni que mi identidad cultural esté representada por la supuesta llaneridad. Reconozco que el joropo, el liquiliqui, el arpa, cuatro y maracas juegan un papel muy importante en la identidad nacional, pero no son los únicos. Más bien me parecen recuerdos de la dictadura de Pérez Jiménez que celebraba la Semana de la Patria con empleados públicos vestidos de liquiliqui y las damas con un atuendo que nunca se vio en el llano, acompañados de música llanera compuesta por los hermanos Torrealba y cantada por Magdalena Sánchez o Mario Suárez

Si Pérez Jiménez y sus asesores trataron de imponer esta limitada visión de lo nacional, allá ellos y quienes aún continúan viendo nuestra identidad nacional con tan pobres criterios.

Si el tema viene de la polaridad que Don Rómulo Gallegos usara como metáfora para comprender a personajes de sus novelas: la barbarie vs. la civilización, me parece que le hacen un pobre servicio a nuestra patria quienes no saben distinguir entre una metáfora literaria y una realidad histórica. Y esto por partida doble pues llanero no es sinónimo de bárbaro como urbano no lo es de civilización.

Recordemos, a fin de poner cierto orden en nuestras ideas, que Gallegos es portador de la mentalidad criolla que navega entre sus anhelos metropolitanos, en su caso los valores de la hispanidad, y su conocimiento de una Venezuela rural al borde de la extinción por obra de la globalización. Para ilustrar esta mentalidad habría que preguntarse porqué Don Rómulo no tomó como uno de sus personajes principales a un indígena o un tema indigenista situado en la época de la conquista, que hubiese sido válido para proclamar de manera indudable la dicotomía cultural que otros encuentran en sus obras.

Por el otro lado, podemos revisar los discursos presidenciales de Don Rómulo en los que el plural vosotros y otros frecuentes giros literarios encuentran inspiración en los de sus pares españoles.

Esto se comprende bien si tenemos en cuenta que Don Rómulo era, como tantos influyentes latinoamericanos, inconsciente de ser portador de los valores y principios de la civilización cristiana occidental.

Tenemos un buen ensayo sobre este tema en particular, escrito por el Dr. Germán Carrera Damas cuya lectura recomiendo y los invito a revisar el siguiente sitio de Internet en el cual el profesor Carrera traza un cuadro referencial para los historiadores venezolanos y extranjeros.

http://aladecuervo.net/logogrifo/0502/sem4/conciencia_nacional.htm

Por otra parte hay que reconocer que el llanero, nativo de las riberas del Arauca y del Capanaparo si tiene conciencia del ser llanero. El califica a cuibas y llaruros como no racionales y al indio que entiende los oficios del jinete lo llama “medio racional”. De nuevo, aún en el más apartado rincón de nuestra patria, puede constatarse que los valores criollos son prolongación de los europeos y consubstánciales de la “llaneridad”.

La pretensión de ubicar la disputa en términos de identidad nacional no es sino un señuelo que nos aleja de la obligación que tenemos para con nuestra historia nacional y la supervivencia como país, ambas amenazadas hoy por la idea de reconstruir la Gran Colombia, la satanización del General Páez y un discurso que nos hermana constantemente con culturas ajenas como la iraní o la china. Venezuela fue, a lo largo de su rica historia, un país de rebeldes que pagaron con sangre sus afanes por la libertad. No podemos darnos el lujo de que tan rica tradición se diluya en una polémica tan irrelevante como peligrosa.


*Historiador y profesor universitario venezolano (San Juan de los Morros, estado Guárico)

martes, 30 de diciembre de 2008

FUNDO "EL CAIMÁN", DONDE NACIÓ EL LLANERO

De: Eduardo López Sandoval* (eduardolopezsandoval@yahoo.es)
Enviado: lunes, 29 de diciembre de 2008 09:08:59 p.m.
Para:
CC: jerohmontilla_601@hotmail.com; jerohmontilla601@hotmail.com

Buenas noches profesor. Le comunico, hemos avanzado un tanto en el camino hacia El Caimán, el lugar donde nació el Llanero. Gracias, otra vez, a Internet, a una entrevista que realicé en el Hato El Corozo donde hablé con los administradores y con un conocedor de la zona, y a una que otra lectura, le informo: 1) En este hato hay un potrero que llaman Caimán, no saben informar porque se llama así, porque recibe este nombre antes de ellos llegar hace 25 años. Este Sitio coincide con la ubicación que indica Internet en siguiente link...
Y también en este sitio:
http://www.maplandia.com/venezuela/guarico/ortiz/paso-caiman/
Pero no coincide con este sitio de caño que también me indica Internet:
Posiblemente este caño está confundido con el caño Mapurite, de acuerdo a lo informado por un conocedor de la zona. (Mapurite es el anterior nombre de Matafrailes
2) Las distancias de los Sitios indicados en el Informe Iturbe coincide con la distancia indicada por Internet, por los conocedores de la zona y por Internet en el segundo link.
3)Tienen toda la disponibilidad para que se haga un trabajo de exploración. Pienso que este trabajo requiere de una pericia que no tenemos, debería ser, -creo-, un arqueólogo, o algo así. Solicito su intervención Profesor. Los amigos José Osbwaldo Pérez y Fernando Rodríguez del "Curato de Hortiz" -Mariano Marti dixit- están prestos a ayudar. Debemos unir fuerzas. (Internet nos indica las coordenadas de este Sitio, nacesitamos URGENTE contar con alguien que tenga y disponga un equipo GPS)
Saludos: hacia la celebración del Día del Llanero en Ortiz el 17 de febrero. O del Descubrimiento del Llanero...
PS Le anexo algunos comentarios que me ha enviado el Historiador José Obswaldo Pérez... Por supuesto, estoy en desacuerdo con el parecer de José Pérez estabñlecido en su numeral 5. El Paso Caimán está dentro del Hato El Corozo hasta tanto no se me indique otra cosa...

Estimado amigo:

1.- Gracias a Google Earth, he podido precisar la ubicación del sitio El Caimán, el cual existe actualmente, a unos 3,59 kilómetros de longitud del Caserío Mata Fraile (antiguamente Mapurite), muy cerca del río Guárico.

2.- Paso Caiman, así aparece en la web, pero el verdadero nombre es Paso del Caño del Caimán, se sitúa aproximadamente a unos 4,15 kilómetros del denominado sitio El Caimán.

3.- Ambos lugares son importantes para nuestro de estudio de investigación.

4.- Las coordenadas de ambos sitios nos podrían permitir recorrer el lugar a pie o en vehiculo.

5.- En mi consideración, El Corozo no tiene nada que ver con nuestra investigación.

6.- Nuestra exploración de campo debe centrarse en estos tres lugares: paso Caiman, Caiman y Mapurite (Anexo fotografía).

7.- La desmemoria de pobladores de El Caiman ¿ por qué no sabe dónde está o dónde estuvo? Es un problema de uso.

8.- EL HATO EL CAIMÁN fue una antigua unidad ganadera del siglo XVIII, ubicada en la actual jurisdicción del municipio Ortiz. El nombre del hato se debe a un caño llamado el Paso del Caño del Caimán. Sin embargó, aquel hato se le conocía también como La Guadalupe.

En las Actas del Cabildo de Nueva Valencia del Rey se menciona con quinientas reses y cuatro esclavos.

En 1687 existía una capellanía en el lugar.

En 1791, el hato pertenecía a don Juan Esteba Solano[1], nativo de San Carlos de Austria, Cojedes, con 300 reses.

Humboldt describe que El Hato de La Guadalupe o El Caimán, estaba aislado "en la soledad soleada, cubierto de siseo, rodeado de chozas miserables, cubiertas de pieles de animales o cañas"[2]. El escritor venezolano Dezil Romero menciona el lugar en su novela Recurrencia equinoccial (2002), que trata sobre Alejandro de Humboldt y para el momento que llegan los viajeros, el hato era propiedad de Rubén Páez y estaba administrado por un viejo negro llamado Champolión Urbáez, que lo gobernaba en ausencia del amo.

Para 1813, el Hato El Caimán pertenecía al doctor Francisco Xavier Ustariz . En las Memorias del General O'leary‎ hay una descripción del lugar donde se señala que Hato El Caimán es un hato destruido, donde hay un caño llamado el caño del Caimán.

Para 1873 existía el sitio El Caiman, según las Memoria de la dirección general de estadística al presidente de los Estados Unidos de Venezuela.

Seguimos investigando, Saludos, José Obswaldo

*Abogado e historiador venezolano, Calabozo (estado Guárico)