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miércoles, 20 de febrero de 2008

CORTE BEATLE Y BRECHA GENERACIONAL


Daniel R Scott*

Entre otras cosas que no es menester mencionar aquí no le perdoné a papá que no me perdonara mi "Corte Beatle" que yo exhibía con orgullo. Lo cual no significa que despues no le haya amado, como escribí en otra ocasión. Pero esa ya es otra historia.
Porque para ¿1973-1974? ví por televisión la película "Help!" de los Beatles y a partir de ese instante mágico y limítrofe el hoy mítico cuarteto de Liverpool ejerció sobre mí una influencia casi hipnótica que no logró ser desplazada por ninguna otra influencia y que se ha prolongado sin cambio ni variaciones hasta el día de hoy. "Son jóvenes novedosos" escribía el "Daily Mirror" en 1963. "Tienen un gran espíritu y están llenos de alegría. ¡Que cambio hemos tenido!". Pero el evangelista Billy Graham, el "Pastor del Mundo", al que también profeso admiración, no era tan entusiasta: "Son una fase pasajera, síntoma de la incertidumbre de estos tiempos y de la confusión que nos rodea. Espero que cuando sean mayores se corten el cabello". Y un ministro de la iglesia preguntó: "¿En qué sitio del Reino de Dios podemos encontrar un lugar para los Beatles?" El polémico John Lennon dijo que antes de Elvis Presley no existía nada; quizá ignoraba que los Beatles mismos marcarían un antes y un despues. Para bien o para mal con la aparición de ellos cambió la moral, la cultura y en lo general el modo de ver la vida.
Mi hermana y yo, seducidos por igual por el cuarteto musical, guardabamos el dinero que se nos asignaba diariamente para la "merienda" escolar, hasta lograr reunir el monto exacto para comprar el material discografico de una agrupación que para esos días tendría unos tres años de disuelto. Nosotros llegamos tardíamente a la Beatlemanía o nacimos por error en el lugar y la época equivocados. De todos modos aun se sentía en el ambiente cultural los últimos coletazos de la década de los sesenta que finalmente cesaría con la aparición de la "Musica Disco" en 1977. Mi hermana se convirtió a la nueva tendencia y yo seguí aferrado al pasado.
Los "45 revoluciones por minuto" costaban Bs. 4,50 y el "Larga Duración" o "Long Play" valía Bs. 20. ¡Qué alborozo el día cuando al fin pudimos adquirir con nuestros exiguos ahorros el Larga Duración titulado "Hey Jude"! La percusión escandalosa pero ritmica de la canción "Rain" era soberbia y las distorsionadas melodías de "Revolutión" nos encantaban pese a lo sospechoso de su titulo. "¿Revolución?" preguntaba papá malencarado. "¿Que canción es esa si se puede saber?". Es que en plena "Guerra Fría" y con el amargo antecedente de un tío comunista en la familia la palabra sonaba amenazante y hasta grosera a los oídos paternos. De hecho, cuando mi madre me vió con un libro titulado "La Revolución Rusa" adornado en la portada con la hoz y el martillo, me obligó muy amablemente y con tacto devolverlo a la libreria o cambiarlo por otro. Yo accedí sin entender exactamente lo que pasaba. De cualquier manera mi cabeza estaba vacía de ideologías y llena con las notas de "Lucy in the Skay with Diamond" o "Yellow Submarine".
Entonces yo cometí el error de ir un poco más lejos de lo que aconsejaba el sentido común, enfrentandome por primera vez con la llamada "Brecha Generacional" o la "Contracultura": adopté el "Corte Beatle", que si bien se ve, ya era un peinado anticuado a principio de los setenta. Al verme, papá se disgustó y pegó el grito al cielo. Él, que siempre estaba atento a la longitud del cabello para decirle a mamá "este muchcho ya necesita que le corten el pelo". ¿Un hijo de Antonio Scott? inconcebible. Insólito. Una mancha en su hombría y en la mía propia, según pensaba. Nunca estuvo de acuerdo con ese "corte totuma" mío, librando una "Cruzada Santa" o "Guerra a Muerte" en mi contra que duró dos años y terminó con mi derrota, con una rendición incondicional. La "Primera República" de mi rebeldía juvenil había caído. "¡Es que un hombre no debe dejarse crecer el cabello!" repetia una y otra vez cual un disco rayado, y me mandaba directo a la infame barbería. Por un tiempo logré rebelarme y desacatar la orden del "padredios". Pero por desgracia mis rasgos finos y perfilados fueron mi perdición. Un día, allá en el Municipio Mellado, se acercó a saludarnos un viejo conocido de papá. Yo estaba sentado dentro del Jeep, al lado de mamá. Ibamos rumbo al hato Tacatinemo. Este señor al verme exclamó "buenamoza como la madre". Siempre terminaban confundiendome con una niña y no con un admirador de los Beatles, que era lo que yo deseaba. No me quedó más remedio que sentarme en la "silla de torturas" del barbero (¿o verdugo?) y ver frente al espejo como bajo las diestras tijeras mi "corte beatle" se convertía en un vulgar y anticuado "corte prusiano". Al terminar su labor, el muy bellaco del barbero me dijo "ahora si pareces un hombrecito". El muy bellaco.
Unos treinta años más tarde a mi esposa tampoco le gusta el cabello largo en un hombre. "Un hombre no se debe dejar crecer el cabello" dice ella, repitiendo sin saberlos las mismas palabras de papá. Lo que faltaba: un comando parapaternal. "Mientras más corto, mejor" dice ella. Y como la amo (como terminé amando a papá) visito la barberia muy de contínuo. De todos modos el cabello largo y ya encanecido me molesta y hace cosquillas detrás de las orejas.
Hoy llevar el cabello corto o largo es cosa que tiene sin cuidado a la gente.
Y papá en algún lugar del Universo me mira y se rie.
24 de Diciembre de 2007
*Bibliotecario y escritor venezolano.

lunes, 18 de febrero de 2008

LIBROS GUARIQUEÑOS: EL SABIO TORREALBA



Edgardo Malaspina*




El Estado Guárico ha sido una de las entidades federales de Venezuela más rezagadas en materia editorial, no obstante la existencia de muchos escritores y poetas. Estando al frente de la Fundación para el Fomento de la Cultura del Estado Guárico (FUNDACULGUA), desde 1996 hasta 1998, inicié un programa para rescatar ese importante rubro de la cultura y logré publicar diez obras.
Empecé esa tarea sacando a la luz pública la biografía de Dr. José Francisco Torrealba (1996), bajo el título de EL SABIO TORREALBA. Torrealba fue un destacado médico que ejerció su profesión en el llano venezolano e hizo investigaciones sobre el mal de Chagas con la perseverancia y la humildad de los sabios. La presentación es del Dr. Rafael Emilio Silveira, el prologo es del Dr. Edgardo Malaspina y la selección de los textos pertenece al Dr. Adolfo Rodríguez. El libro contiene varios artículos sobre la vida del médico. En el artículo de la Reto del CONICIT intitulado ¿Quién fue Torrealba? Se habla de su nacimiento en el hato San Roque, en las cercanías de Santa María de Ipire, Estado Guárico el 16 de junio de 1896.Hay una descripción del ambiente natural que rodeó a Torrealba en su infancia, el cual predispuso su espíritu para desarrollar la imaginación y el sentido de la curiosidad creativa. Se habla también de su actividad como médico rural, profesional e investigador de muchas enfermedades en el llano venezolano.
Rafael Torrealba ,hijo del científico, en “Para una mejor comprensión del Dr. Torrealba” nos enumera una serie de aspectos y circunstancias que rodearon la vida de su padre, los cuales vienen a ser signos importantes para el estudio de su obra : el medio adverso, la inexistencia o escasez de materiales para la investigación en su laboratorio, su voluntad férrea para estudiar por cuenta propia y superarse, su posición ante los problemas de la sociedad, el afán por impartir conocimientos sin mezquindad, el estilo narrativo ameno y preciso, su óptima preparación médica y su capacidad extraordinaria para el trabajo. Otros hijos de Torrealba, Ana Teresa, Ana Benigna y José Ramón escriben sobre los aportes médicos-sanitarios del padre, su destacada labor como director del Asilo de Enajenados Mentales que lo convierte en pionero de la psiquiatría en Venezuela, sus estudios de las enfermedades tropicales, la elaboración de nuevas vacunas y su incansable trabajo como investigador y divulgador de los conocimientos científicos.
José Antonio Ron Troconis en “Un hombre que alcanzó el equilibrio de la sabiduría”, lírica y nostálgicamente lo recuerda como su maestro: “Tu eres el auténtico maestro, el perfecto catedrático… no necesitabas aula, tu escuela era la propia calle, el hogar, el ambiente”.
Elisa Pineda de Belisario, en una prosa bellamente lograda, nos muestra al hombre humilde, perseverante, en constante lucha para vencer las dificultades y llevar a cabo sus proyectos científicos.
Se inserta una cronología donde se detallan los pasos y logros del científico año tras año, las distinciones que le fueron concedidas, las instituciones, premios y promociones con su nombre y los institutos y academias a los cuales perteneció.
Muy importante resulta el capítulo sobre su biblioteca personal, por cuanto nos enseña que Torrealba fue un médico filósofo no sólo por su modo de pensar ante el paciente y su tragedia, su estilo peculiar como científico y humanista, su sensibilidad social y su actitud general ante la vida; sino también por sus conocimientos enciclopédicos. Leía a Rousseau, Pascal, Montesquieu, Tomás Moró, Nietzsche, Ingenieros, Unamuno, etc., pensando tal vez como Letamendi, quien dijo que el médico que sólo sabe de medicina ni de medicina sabe. No es casualidad que una vez le vieran una sonrisa volteriana, Augusto Morillo Chacón le observara una actitud como si fuera un discípulo de Niezsche, Rafael Loreto Loreto lo comparara con Gandhi y Alexis Ramos lo llamara el Tolstoy de los llanos. Torrealba una vez dijo: “La política en la universidad perjudica mucho. ¿No decía Aristóteles que el hombre era un animal político? En el prólogo para el libro “Vida y sufrimiento” de Rafael Hernández Rodríguez, Torrealba escribió. “He evocado mucho mis lecturas de Cayo Lucrecio Caro, hace más de 35 años… toda la obra arranca de la filosofía de Epicuro y de sus discípulos”. El discurso pronunciado con motivo de la inauguración del centro de salud con su nombre, lo remató de esta manera: “¿Vendré yo de la república de Platón o de la utopía de Tomás Moro? Como se nota, siempre tenía en cuenta la riqueza filosófica del pasado.
Carlos Rafael Herrera refiriéndose al talento de este ilustre llanero del Guárico señaló: “Rara característica humana que le valió no sólo los calificativos de sabio, vidente, santo y genio; sino también los de iluminado, lunático, demiurgo o curandero, según las apreciaciones personales de quienes lo visitasen, fuesen amigos, admiradores o detractores”.
Por lo visto, nunca nadie antes con su quehacer cotidiano, su obra y su legado se ha acercado tanto como Torrealba a la sentencia hipocrática de que “el médico-filósofo es igual a Dios. Son pocas las diferencias entre la sabiduría y la medicina”.El libro ha resultado la única biografía genuinamente guariqueña sobre el sabio santamarieño, muy útil para las generaciones de galenos que se gestan en las aulas de nuestras escuelas médicas.

*Médico, cronista, poeta y escritor venezolano.

jueves, 14 de febrero de 2008

ESCLAVO, VAQUERO y PRÓCER DE LA INDEPENDENCIA


Ítalo Jiménez Laya*
italo-jimenez@hotmail.com
italojimenez44@gmail.com

Ponencia presentada en el Encuentro Extraordinario de Cronistas e Historiadores. San Juan de Payara, Municipio Pedro Camejo, Estado Apure.
(25 y 26-01-2008)
Siguiendo con la incógnita sobre ¿Dónde nació Pedro Camejo? Se acordó en el II Encuentro de Cronistas e Historiadores celebrado los días 23 y 24 de Septiembre del año 2007 en la ciudad de Camaguán. Estado Guárico, que para el día 25 y 26-01-2008, en la cuidad de San Juan de Payara, población perteneciente al Estado Apure, se llevaría a efecto un Encuentro Extraordinario de Historiadores y Cronistas donde se efectuaría un gran debate para definitivamente aclarar el verdadero lugar de nacimiento de Pedro Camejo “El Negro Primero”.
La incógnita de donde nació Pedro Camejo, conocido como “El Negro Primero”, no es otra cosa que un nudo Historiográfico, y la Historia de Venezuela se caracteriza por esa cantidad de situaciones que no están claras, transparentes y que son producto muchas veces de la Historiográfica oficial del momento.
Ahora bien, un problema de esta naturaleza debe ser abordado mediante un debate abierto, y de carácter científico si se quiere con pruebas de fuente probatorias y de documentos sobre el tema, donde prevalezca la razón y no la pasión por el sitio de nacimiento del citado personaje. Debemos extraer del debate todo aquello que sea hipotético, que no tenga base o fundamento, y sobre todo lo relacionado con aspectos de la carga literaria.
Particularmente, yo considero que es más importante conocer sobre la trayectoria de los Héroes de la Patria, que sobre el lugar de nacimiento, respetando el planteamiento del debate.
Para nadie es un secreto que ni en el pasado, ni en el presente en los centros educativos de Venezuela se abordan estos temas, al punto tal que se necesita por una parte reconstruir la historia y por la otra masificarla en todos los niveles de la Educación Venezolana.
Contestando algunas interrogantes sobre la ponencia presentada por el Dr. López Sandoval en Camaguán sobre ¿Dónde nació Pedro Camejo, “El Negro Primero”?, él mismo nos afirma que nació en San Juan de Payara.
De igual manera se le realiza la pregunta al Prof. De Historia Ubaldo Ruiz, a quien solo le falta el acto protocolar para la formal entrega del título de Maestro-Historiador de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (UNERG), la respuesta es “Yo creo que… aplicando los conocimientos, la lógica y un poquito de cariño por esta tierra, yo creo que… Pedro Camejo “El Negro Primero”, nació en Calabozo”. La lógica y el cariño por su tierra natal tienen mucho valor espiritual pero no científico.
El colega y amigo ya fallecido, quien en vida fuera el cronista de El Sombrero, Don Manuel Aquino Delgado, sostiene en el Diario El Nacionalista de fecha 3 de Noviembre de 1990, en la columna Negro Primero Guariqueño por Evidencias, que en una oportunidad cuando le oyó decir al Dr. Eduardo Hernández Cartens, Gobernador del Edo. Apure y Cronista de Achaguas, le manifestó, “Nosotros sabemos (intelectuales apureños) que Negro Primero no es apureño pero lo aceptamos”. De igual manera el apureño Manuel Moreno, pero por prudencia no solicitó de ellos dato de donde en realidad era.
Pero los intelectuales apureños están en el deber de decirlo en este momento, es decir, presentar datos comprobatorios.
Existen evidencias presentadas en un testamento del cual nos habla Don Manuel Aquino Delgado, de una compra realizada por parte de Don Bernardo Bautista Marrero que vivía en el pueblo de El Calvario, dice que adquirió un Hato llamado Merecure de 58 leguas en San Juan de Payara propiedad de Don Sebastian Mier y Terán, existía entre la servidumbre los siguiente esclavos; José Maria y su Mujer Carmen, Miguelote y su Mujer Felipa dos hijos de estos: Juana y Miguel, Juan Rafael, Pió Diego, Toribio Gregorio, Juan Blanco, Andrés, Pedro José Eusebio (supuestamente Negro Primero), Manuel José Becerra Xavier, Felipe, Juan, Carlos Francisco Aquino, Franciscote y su Mujer Amacia y con 4 hijos, Pantaleón, Mindola, José y Juana. Ahora bien este testamento se puede tomar como documento filiatorio por que demuestra que Pedro Camejo nació en San Juan de Payara.
De igual manera se dice que nació en la provincia en algún lugar del alto llano, pero no se específica si es en los llanos altos de Apure, de Guárico, Occidentales u Orientales.
También se dice en la ponencia que en cuanto al parentesco de la familia Camejo Rodríguez con el Libertador de Uruguay, José Gervasio Artigas este afirma que fue su dueño.
Sabemos que los esclavos llevaban el apellido de sus dueños hasta después de su venta.
El Dr. Adolfo Rodríguez en su obra CALABOZO SIGLO XIX en el capitulo que denomina TEATRO DE MISERIA Y CALAMIDADES, no dice que Pedro Camejo nació en Calabozo, simplemente generaliza diciendo que otros calaboceños acosados y perseguidos fueron al Apure para incorporarse a las filas del General Páez, es decir, estos eran soldados del Ejercito Regional de Calabozo, Comandado por el General Calaboceño Ruperto Delgado yerno del General Francisco Tomas Morales Guedes, también Monárquico y lugarteniente de Boves.
El General Morales al regresar a España rinde su informe, hay que destacar que es el mismo informe que se encuentra en el Archivo Militar de Segovia (España), así como también menciona la fuente bibliográfica creada por el Sr., David Wenceslao Fernández. Fuentes en la que se basa el investigador Miguel Álvarez Díaz para decirnos que Pedro Camejo era de Calabozo.
Según J.A. de Armas Chitty fueron 220 lanceros desertores para irse al Ejército Republicano, entre ellos Calaboceños, Apureños, Camaguanenses, gente de Guayabal, El Rastro, Guardatinajas, entre otros, estos mismos desertores son los que menciona el Historiador Miguel Álvarez Díaz en su ponencia presentada en Valle de La Pascua.
Entre las verdades que dice Páez sobre Pedro Camejo existe esta; “Después de la acción de Araure quedó tan disgustado del Servicio Militar que se fue al Apure, allí permaneció oculto algún tiempo hasta que vino a presentarse”. Reflexionando sobre esto yo digo que cuando uno tiene un fracaso, para donde se va a ir, sino es para su casa, con su familia, con sus amigos, sus vecinos, que lo puedan ayudar, porque lo conocen... Y es que tiene que ser Apureño, porque si fuese de Calabozo hubiese ido a esa tierra a refugiarse.
Aspectos Biográficos del Prócer de La Independencia
Pedro Camejo con muy corta edad aprendió las labores de vaquería, ya que en tiempos remotos cuando aparece el ganado, los esclavos y aborígenes tuvieron que aprender dicho oficio, en donde muchos de ellos se destacaron como administradores de Hatos Llaneros ; en lo que nos respecta, a Pedro Camejo estaba a la orden de Vicente Alonso como esclavo en Apure, su tarea era ardua, luchaba con animales salvajes, domaba potros, cruzaba ríos crecidos y caimanosos, ordeñaba, solía vivir a la intemperie; estas actividades lo iban a convertir en un extraordinario jinete, en un hombre fuerte de la llanura, la cual representaba su mayor escuela, solo los esteros cargados de garzas y corocoras, con el canto del paují eran sus fieles compañeros de gozo, viendo el cielo lleno de aves multicolores, no se doblegaba a las circunstancias que la vida le deparaba, se enfrentaba con mucha gallardía, hasta vencer y lograr su cometido.
Su infancia cargada de mucho aprendizaje propio del llano, transcurre en tierras de San Juan de Payara, Calabozo, el Rastro, Tiznado, Achaguas, y otros pueblos circundantes de la región. Cruzó en muchas oportunidades el majestuoso Estero de Camaguán. Nuestro personaje no tenía ningún grado de instrucción, a pesar de poseer una mente despierta y ágil.
Remembranzas de Páez hacia Pedro Camejo
Cito textualmente: Dentro de sus memorias, el General Páez a pesar de su grado de analfabetismo, poseía una extraordinaria memoria, y recordaba muchos sucesos de sus lanceros, no dejando sin mencionar a uno de sus mejores hombres, como lo fue “El Negro Primero”, con un alto grado de humor, cuenta Páez: “que moribundo, se le acercó para despedirse, cayendo luego muerto de su caballo, en la hora de la Victoria de Carabobo”. Prosigue el General Páez, entre todos mis lanceros recuerdo con cariño a Camejo, generalmente conocido entonces con el sobrenombre de “El Negro Primero”, esclavo en un tiempo.
“Cuando yo bajé a Achaguas después de la acción de El Yagual, se me presento éste negro, y mis soldados de Apure me aconsejaron incorporarlo al Ejército, pues le constaba a ellos que era hombre de gran valor y sobre todo muy buena lanza. Su robusta constitución me lo recomendaba mucho, y a poco de hablar con él, advertí que poseía la candidez del hombre en su estado primitivo y uno de esos caracteres simpáticos que se atraen bien pronto el afecto de los que los tratan, llamábase Pedro Camejo, esclavo del propietario vecino de Apure, Don Vicente Alfonso, quien le había puesto al servicio del Rey porque el carácter del negro, sobrado, celoso de su dignidad, le inspiraba algunos temores.”
“Después de la acción de Araure quedó tan disgustado del servicio militar que se fue al Apure allí permaneció oculto algún tiempo hasta que vino a presentárseme, como he dicho, después de la acción de El Yagual”.
“Admitirle en mis filas y siempre a mí lado fue para mi, preciosa adquisición. Tales pruebas de valor dió en todos los reñidos encuentros que tuvimos con el enemigo, que sus mismos compañeros le dieron el Título de EL NEGRO PRIMERO”.
“Estos se divertían mucho con él, y sus chistes naturales y observaciones sobre todos los hechos que veía o había presenciado mantenían la alegría de sus compañeros que siempre le buscaban para darle materia de conversación. Continúa el General Páez con los aspectos anecdóticos de Camejo “sabiendo que Bolívar debería venir a reunirse conmigo en Apure, recomendó a todos muy vivamente que no fueran a decirle al Libertador que él había servido en el Ejercito Realista. Semejante recomendación bastó para que a su llegada le hablaran a Bolívar del negro con gran entusiasmo, refiriéndole el empeño que tenia en que no supiera que él había estado al servicio del Rey.”
“Así, pues, cuando Bolívar le vió por primera vez, se le acercó con mucho afecto, y después de congratularse con él por su valor, le dijo: ¿Pero qué le movió a usted a servir en las filas de nuestros enemigos? Miró el negro a los circunstantes como si quisiera enrostrarles la indiscreción, que habían cometido, y dijo después: “Señor, la codicia” ¿Cómo así?, preguntó Bolívar.
“Yo había notado- continuó el negro- que todo el mundo iba a la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía después vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también a buscar fortuna y más que nada a conseguir tres aperos de plata, uno para el negro Mindola, otro para Juan Rafal y otro para mí. La primera batalla que tuvimos con los patriotas fue la de Araure: Ellos tenían más de dos mil hombres, como yo se lo decía a mi compadre José Félix, nosotros teníamos mucha más gente y yo gritaba que me diesen cualquier arma con que pelear, porque yo estaba seguro de que nosotros íbamos a vencer. Cuando creía que había acabado la pelea, me apee de mi caballo y fui a quitarle una casaca muy bonita a un blanco, que estaba tendido muerto en el suelo. En ese momento vino el comandante gritando: - A caballo - ¿Cómo es eso? -dije yo- ¿Pues no se acabo la guerra?- Acabarse, ¡nada de eso! , Venía tanta gente que parecía una zamurada.
¿Qué decía usted entonces?, dijo Bolívar
“Deseaba que fuéramos a tomar paces. No hubo más remedio que huir, y yo eché a correr en mi mula, pero el maldito animal se me cansó y tuve que coger monte a pie.
Dicen -le interrumpió Bolívar-, que ahí mataba usted vacas que no le pertenecían.
Por supuesto, replicó, ¿Y si no, que comía? En fin, vino El Mayordomo a Apure, y nos enseñó lo que era la patria y que la diablocracia no era ninguna cosa mala y desde entonces yo estoy sirviendo a los patriotas”.
Páez y Bolívar lo hacían hablar de ese modo durante las marchas, pues tenía una manera original y pintoresca de expresarse.
El día antes de la Batalla de Carabobo, donde fue muerto, cuenta Páez que oyó al Negro arengando a sus compañeros en el mismo lenguaje que él (Páez) empleaba en ocasiones similares, prometiéndoles paraíso si luchaban bravamente y las regiones infernales si huían.”
No es probable que Páez haya conservado notas coetáneas de esta conversación entre Bolívar y el Negro, pues en la época en que tubo lugar este incidente, Páez era casi, si no completamente, analfabeto. De modo que ha debido guardarla latente en su memoria durante más de cuarenta años. No es posible que la haya inventado, pues tiene todos los visos de ser verdad. En todo el diálogo no hay rasgo de condescendencia; por el contrario, se respira un ambiente de verdadero afecto, con esa ligera crítica amable con que vemos las debilidades de nuestros amigos, quienes sin duda no dejan de pagarnos con la misma moneda... Fin de la cita... (Robert B. Cunninghame Graham, obra de 22 Capítulos.)
En la época en que nace Pedro Camejo, en todas las iglesias existía un libro para llevar la presentación de los niños blancos y de otra casta a la religión católica, los negros e indios no se presentaban pero había curas que llevaban 2 libros, unos para blancos y otro para esclavos.
Antiguamente a los indígenas y negros se consideraba que no poseían alma, no se consideraban seres humanos, solo eran pequeñas maquinas de producción, por eso matar indios para despojarlos de sus tierras no era considerado como delito. Esto nos obliga a indagar en los tribunales donde se hacían ventas, testamentos y algunos litigios donde aparecían nombres de algunos esclavos, de igual manera en los registros de hierros con que marcaban a los esclavos, censos eclesiásticos donde aparecían las cantidades de habitantes esclavos, indios, blancos, entre otras razas, indagar de igual manera en los registros y/o libros dejados por testigos de la época.
Un dato curioso es que para esta época el esclavo de una determinada familia conservaba el apellido de su “dueño” inclusive aun después de su venta.
Es de hacer notar que el apodo o sobrenombre de “Negro Primero” se debe a sus cualidades de bravura y de mucha destreza en el manejo de la lanza, además, existía una creencia en la cual los negros por su condición de esclavos siempre encabezaban la batalla, es por ello que se decía “los negros primeros…”
Negro Primero en el año de 1816, en compañía del presbítero Trinidad Travieso interceden ante el General Páez, a favor del Teniente José Maria Córdova, quien había sido condenado a muerte por un Consejo de Guerra, por el delito de deserción, le salvan la vida y más tarde se convierte en General de División.
Casado con Juana Andrea Solórzano, quien en el año 1847 obtuvo montepío militar por ser la viuda de un prócer de la independencia muerto en La Batalla de Carabobo.
Participó el 6 de Febrero de 1818 en la Toma de las Flecheras acaecida en el Río Apure, en tierras de los llanos de Caracas (Camaguán. Estado Guárico), cerca de Puerto Miranda, entre otras.
Pedro Camejo fue uno de los 150 lanceros que participó en la Batalla de las Queseras del Medio, hecho ocurrido el 2 de Abril de 1819, recibiendo para ese momento la Orden de los Libertadores de Venezuela.
En la gran Batalla de Carabobo, batalla que marcó el grito de Independencia, fue uno de los integrantes de Caballería de la Primera División, allí dejó su vida y fue ascendido al grado de Teniente postmortem, en pro de nuestra Independencia.
En todos los pueblos y ciudades del país, se le rinde honor a este insigne patriota, con su nombre en avenidas, escuelas, liceos, calles principales, cuarteles, parques, plazas, barrio, urbanizaciones, edificios de igual manera en estatuas, tal como se visualiza en el boulevard de San Fernando de Apure (Edo. Apure), específicamente en el Monumento a la Bandera; que es alegórico al llanero y que mejor llanero que Pedro Camejo para representarlos, también en San Juan de Payara, Campo de Carabobo y Chaguaramas en este ultimo existe un busto esculpido por el escultor Camaguanense Martín Leonardo Funes.
Así también como epónimo del Municipio que lleva su mismo nombre en San Juan de Payara.
En todos estos monumentos aparece como lugar de su nacimiento san Juan de payara y no en Calabozo como dice nuestro amigo Historiador y Abogado Dr. Eduardo López Sandoval (opinión que se hace respetar) y como lugar de su muerte la batalla de Carabobo el 24 de Junio de 1.821, (Venezuela – Gran Colombia) día de San Juan Bautista, viviendo en este mundo 31 años.
Cabe destacar que en “La Nueva Familia” de billetes y monedas, Pedro Camejo “El Negro Primero” aparece en el billete de 5bs.
Desde su fama registrada en la Guerra de la Independencia, muchos cantantes, poetas y músicos , le han cantado al Negro Primero demostrando que su lugar de nacimiento fue en San Juan de Payara, en este caso me remito a Eduardo Hernández Guevara, en su poema: “Carbón de Radiante Luz”
“..Se dice que fue en payara,
Su lugar de nacimiento,
En una choza de olvido,
Con paredes de silencio,
Su madre fue la sabana,
Le dio la sabia del pecho…”
Un insigne poeta Camaguanense que lo plasmo en sus versos fue el Dr. Fleitas Beroes, he aquí un fragmento de este:
“¡Me llamo Pedro Camejo!
Realista que se fugó:
Solo aspiro Mayordomo
Una casaca marrón
Un penacho bien bonito
Que pegue con mi color;
Freno y charnelas de plata
Un caballo correlón
Una Santa Catalina,
Un machete bien cortón
Ser obediente a su mando,
Combatir en pelotón,
Encontrar para Mindola
Aperos de distinción,
Para el Negro Juan (Rafal) silla nueva con pellón”
Así pues tenemos que todas las investigaciones realizadas por este cronista conducen a que “El Negro Primero” es natural de San Juan de Payara.
Me despido de Ustedes, esperando que esta ponencia contribuya a desatar el nudo Historiográfico sobre el lugar de nacimiento de Pedro Camejo, motivo por el cual se realiza este encuentro extraordinario de Historiadores y Cronistas.
*Cronista de Camaguan, Venezuela.

lunes, 11 de febrero de 2008

MENOS PLATÓN Y MENOS PROZAC


Página/12*



Desde hace años, el filósofo francés Michel Onfray aboga en sus libros por una filosofía en completa sintonía con esta época: una filosofía hedonista. Ahora, acaba de publicar los dos primeros tomos de un proyecto sumamente ambicioso: una Contrahistoria de la filosofía en la que rescata a los pensadores cuyas ideas no conforman el tronco del pensamiento occidental. Pero, ¿puede este nuevo canon desplazar el que se ha erigido sobre Platón? Además, Onfray acaba de publicar otro libro en el que finalmente explica eso que durante años no ha querido escribir: el verdadero origen de su afán hedonista.

Por Mariano Dorr

¿Por qué leemos a Platón? En primer lugar, porque es el más grande pensador de todos los tiempos. Nunca habrá otro igual. A la vez, no debiéramos olvidar que la respuesta no puede desligarse de su propio linaje platónico. Nos guste o no, pensamos platónicamente, por conceptos. Platón es la tradición (algunos dicen que toda la historia de la filosofía no es más que una nota al pie de sus diálogos). Pero cuando una tradición se funda, naturalmente lo hace rechazando todo aquello que amenace sus fundamentos. Platón quiso quemar las casi seiscientas obras de Demócrito, el creador del materialismo. Los cristianos llegados al poder, en su momento, quemaron bibliotecas enteras. Se organizaron para perseguir y torturar a aquellos filósofos que enseñaran un pensamiento diferente. Así se ha fundado una tradición. Harold Bloom, en sus más famosas páginas, escribió que el canon es Platón y Shakespeare: la imagen del pensamiento individual, ya sea Sócrates brindando con cicuta o Hamlet sosteniendo un cráneo. Dos escenas para un mismo problema: todos vamos a morir. Y el problema del canon no es otro: Cada día nuestra vida se acorta y hay más cosas que leer.
Acaban de aparecer en Argentina los primeros dos tomos de la provocadora Contrahistoria de la filosofía (Anagrama) de Michel Onfray (autor de una treintena de libros, entre los cuales se destacan El vientre de los filósofos, El deseo de ser un volcán, Tratado de ateología y su reciente manifiesto hedonista: La potencia de existir). ¿Por qué una contrahistoria? Porque –ya se sabe– la historia la escriben los que ganan (y por supuesto, contra los que pierden). La historiografía es una de las ramas del arte de la guerra: una polemología, dice Onfray: “¿Cómo abordar el combate, medir las relaciones de fuerza, perfeccionar la estrategia, una táctica para alcanzar el objetivo, gestionar las informaciones, callar, silenciar, subrayar la evidencia, fingir, más todo lo que supone enfrentamientos incluso a la hora de determinar quién es el vencedor y quién es el vencido? La historia es débil con los ganadores y despiadada con los perdedores”. La filosofía, siempre dispuesta a repartir consejos y enseñanzas –cuando no el fundamento mismo de la verdad–, es sin embargo reacia a revisar los presupuestos de su propia historiografía. Dejando al margen el proceso de construcción de su historia, la filosofía “se presenta como única, canónica y objetiva, unívoca e indiscutible”.
“Canon” viene del griego kanón, que significaba “caña” o “vara larga”. Esta caña se utilizaba como instrumento de medición y referencia, es decir, como “regla”. Así, “kanón” se usaba tanto para decir “ley” o “modelo” como para decir “límite” o “frontera”. Entonces, ¿qué es lo que queda más allá del canon, más allá de los límites impuestos por el canon? ¿Puede un límite, una frontera, no esconder intereses políticos o morales bien definidos? Bloom responde: “El canon occidental, a pesar del idealismo ilimitado de aquellos que querrían abrirlo, existe precisamente con el fin de imponer límites, de establecer un patrón de medida que no es en absoluto político o moral”. Michel Onfray piensa lo contrario: los manuales, las antologías, las historias y las enciclopedias son “instrumentos ideológicos”, y no sólo repiten las mismas opiniones y textos de referencia, sino también “los mismos olvidos, los mismos descuidos, las mismas periodizaciones, las mismas ficciones”. Y sobre todo, “guardan silencio sobre las mismas informaciones”. Lo que se omite en una publicación, se vuelve a omitir en las siguientes; Demócrito sigue siendo llamado “presocrático” pese a haber sobrevivido casi cuarenta años a Sócrates. Claro, es que “las temáticas son presocráticas”, dirán en la Academia, argumento que casi hace de Heidegger un presocrático más.

LA CONTRAHISTORIA

El proyecto de una Contrahistoria de la filosofía (seis volúmenes en total) abarcará desde el materialismo de Leucipo y Demócrito hasta la filosofía de Jean-François Lyotard. Veinticinco siglos de filosofía hedonista, y por lo tanto “materialista, sensualista, existencialista, utilitarista, pragmática, atea, corporal y encarnada...”, escribe Onfray. La propuesta es mirar al otro lado del espejo platónico, ofrecer la historia de los vencidos, la historiografía de los pensamientos dominados. Nada de Aristóteles, Plotino, Boecio, San Agustín (aunque fuera un exquisito libertino antes de su conversión), Santo Tomás, Descartes, Kant y Hegel; Onfray apuesta a los gnósticos licenciosos, el epicureísmo cristiano, los libertinos barrocos, los ultras de la Ilustración, el socialismo dionisíaco y el nietzscheanismo de izquierda. Todas ellas, corrientes de pensamiento que, en lugar de obedecer a un criterio lineal, arborescente y hegeliano, se desarrollan de acuerdo al rizoma de Deleuze y Guattari. Es decir, no como utopías –islas desiertas del pensamiento– sino en forma de archipiélagos (o conjunto de islas unidas por aquello que las separa): “Este proyecto de enciclopedia voluntariamente mutilada tiene como finalidad el surgimiento de un continente sumergido, de una ciudad hundida desde hace siglos, para volver a iluminarla y darle vida sacándola a la superficie”. No se trata de abolir los manuales y enciclopedias, sino de una revolución metodológica del género, una invitación a construir la historiografía como disciplina necesaria en la enseñanza de la filosofía –para profesores liberados– y abrir “de par en par la ventana en las bibliotecas donde se acumulan las glosas inútiles sobre los monumentos de la filosofía dominante, para agregar a las estanterías obras alternativas que se ocupan de otra filosofía que supone otra manera de filosofar”.
Desde los griegos hasta hoy –según Onfray– la filosofía ha privilegiado una sola cara de su doble rostro: “Al salir triunfadores, Platón, los estoicos y el cristianismo imponen su lógica: odio al mundo terrenal, aversión a las pasiones, las pulsiones y los deseos, desacreditación del cuerpo, el placer y los sentidos, sacrificados a las fuerzas nocturnas, a las pulsiones de muerte”. ¿Qué sería del pensamiento, de nuestro pensamiento, si el canon fuera otro? Si en lugar de triunfar el mundo de las ideas platónicas como explicación de la realidad, hubiese triunfado la explicación atomista (no hay más que átomos, por lo tanto, o los dioses son materiales –como nosotros– o simplemente no existen), probablemente nos habríamos ahorrado, al menos, dos mil años de “monotono-teísmo” (la expresión es de Nietzsche). Del mismo modo, si en lugar de triunfar el “santo odio al cuerpo” del platonismo para el pueblo –el cristianismo–, hubiese triunfado alguna otra secta gnóstica (la de Simón El Mago, por ejemplo) probablemente hoy seríamos un poco más felices... o terriblemente desdichados, quién sabe. Borges (uno de los seleccionados por Harold Bloom en El Canon Occidental) se preguntaba qué sería de la Argentina si Lugones, en lugar de elegir el Martín Fierro como texto nacional, hubiera elegido el Facundo. Sería otro país, nada menos. Con otro canon, pensaríamos diferente; la historia habría sido distinta (lo que no es poco, teniendo en cuenta la sangre que corrió y sigue corriendo hasta hoy).
No es casual que el trabajo de “ampliación del canon” de Onfray, en dirección al hedonismo, se desarrolle en la era del gourmet, el boom de la enología, la rave multiculturalista, las cremas y caricias del éxtasis y la sintética felicidad del MDMA. Uno de los libros de Onfray se titula precisamente La razón del gourmet, donde aparece Leibniz explicando “la teoría de las burbujas” nada más y nada menos que a Dom Pérignon. ¿Leucipo y Demócrito de moda? Hace exactamente diez años salía en la colección “Biblioteca Clásica Gredos”, de Planeta Deagostini (una edición más económica), el tomo IV de Los filósofos presocráticos, Leucipo y Demócrito, a cargo de María Isabel Santa Cruz y Néstor Luis Cordero, una obra maestra sobre los atomistas. Seguramente, Cordero (docente e investigador argentino, y uno de los especialistas en filosofía antigua más importantes del mundo) no coincidiría con Onfray en que, históricamente, Leucipo y Demócrito hayan permanecido “fuera del canon”. ¿Y dejar afuera a Platón... por una buena comida? Cordero recordaba –hace ya muchos años– que en Montevideo existía un almacén llamado “El chanchito epicúreo”, y dejaba claro que una cosa era una picada y otra muy diferente la filosofía, aunque a veces se mezclaran.

Los primeros hedonistas griegos

Algunos de los filósofos que recupera Michel Onfray en Las sabidurías de la antigüedad, Contrahistoria de la filosofía, I:

Democrito de Abdera
(n. siglo V a. C.)

Sócrates es una especie de Jesucristo pagano; todo es antes o después de él, al menos para la historiografía dominante, que llama “presocrático” a Demócrito: “Es menor que Sócrates, aunque sólo diez años, y todavía le quedan entre treinta y cuarenta años de vida cuando éste muere. Para ser un presocrático, ¡vaya complicación!”. Demócrito recomienda no obedecer a otra cosa que a uno mismo, en esto consiste vivir libremente. Para ello, hay que aprender a gozar del placer en uno mismo: tranquilidad del alma, buen orden, regocijo, buen humor, buena disposición, salud moral. Pero atención: el gozo no consiste en el derroche, sino en el placer de no sufrir.

Antifón de Atenas
(n. aprox. siglo V a. C.)

Uno de los reproches que formuló Platón a los “sofistas” consistía en señalar como una inmoralidad el pago en dinero de sus lecciones, ¡la sabiduría no debería estar a la venta! ¡No es sabio quien sólo enseña a cambio de dinero! Cerca del ágora de Corinto, Antifón abre “una suerte de gabinete en el que recibe pacientes a quienes somete a un tratamiento fundado en la palabra”. La escucha y la conversación tienen como finalidad el fin del sufrimiento. Concebía “que se pueda acceder a la causa profunda del mal, situada en la materia atomística del paciente, con ayuda de la palabra que fabrica representaciones útiles para actuar sobre el cuerpo y modificar las lógicas de los sufrimientos psíquicos y, por tanto, corporales”. Es decir, “inventó” el psicoanálisis.

Diógenes de Sinope
(n. siglo V a. C.)

Es famosa la anécdota (y hay una importante iconografía) de Diógenes caminando por las calles de Atenas, a plena luz del día, con una linterna encendida mientras explica que “busca a un hombre”. Onfray propone que Diógenes “busca irónicamente al hombre de Platón”, la idea platónica de Hombre. Por supuesto, no la encontró por ninguna parte: “El ideal no existe, jamás lo encontramos, y de ahí la inutilidad de la búsqueda con la linterna”. En otra ocasión, mientras Platón, hablando en público, definió al hombre como “bípedo implume”, Diógenes, sin alterarse, arroja un pollo desplumado a los pies del filósofo, anunciando que se trata de su hombre. Platón precisa su concepto: bípedo implume... de uñas planas. Diógenes se masturbaba en público: “seguir a la naturaleza, rechazar la cultura, no preocuparse por las conveniencias, y, sobre todo, burlarse de la mirada y el juicio de los otros, es condición primordial para alcanzar la verdadera sabiduría”.

Los gnósticos licenciosos

En El cristianismo hedonista, Contrahistoria de la filosofía, II, Onfray saca del olvido, entre otros, a los gnósticos ligados al hedonismo:

Simón El Mago

Enseña en el siglo I de nuestra era.

En aquel momento, magia y milagros pertenecen al mismo ámbito de lo maravilloso: “los espíritus, los demonios, lo irracional y los mitos coexisten con el Logos sin dificultad. Lo mismo, por cierto, ocurre todavía hoy...”. Simón le pide a Pedro (el discípulo de Jesús) que le enseñe sus secretos a cambio de dinero. Al escuchar que sólo se trata de fe, Simón concluye que esa divinidad no existe. Compra una prostituta, Helena, y la transforma en divinidad y organiza su culto. Si vino el Mesías, fue sólo para auxiliar a Helena, prisionera de un ejército de ángeles. Los discípulos de Jesús no enseñaban nada que fuera más creíble que los cuentos de Simón. El relato de su muerte no tiene desperdicio: cuando Pedro ve cómo Simón vuela por el cielo durante horas, reza con todas sus fuerzas y logra que Simón se estrelle contra el suelo. Otra versión afirma que dejó que se lo entierre, prometiendo resucitar de entre los muertos al tercer día. ¿Y si saliera imprevistamente a la superficie hoy en día, casi dos mil años después?, pregunta Onfray.

Epifanio

Hijo de Carpócrates, del cual hereda una cultura enciclopédica. El “Rimbaud gnóstico”: “Antes de cumplir los diecisiete años escribe una obra titulada De la justicia, extraordinariamente provocativa, a la que parecería adecuado calificar de anarquista, a juzgar por el maltrato que da a los dioses de papel, de plata y de humo que la mayoría de la gente celebra por doquier”. A los diecisiete años, Epifanio muere... Entre sus ideas (que nos llegaron gracias a las críticas de Clemente de Alejandría), se destaca la crítica de las formas de la propiedad, el matrimonio y la monogamia. Si Dios nos dio el deseo y el placer, ¿por qué habríamos de evitarlos?

Cerinto

Casi invisible, a punto de desaparecer, es citado únicamente por Hipólito de Roma. Cerinto afirmaba que el reino de Cristo no está en el Cielo sino aquí, en la Tierra: “Nada de vida eterna, de cuerpo glorioso, de alma sin cuerpo, ni a la inversa, nada de mitos o de ficciones, sólo esta idea sencilla: la salvación en la Tierra, en las condiciones de la existencia que conocemos”. Recomendaciones de Cerinto: “bebidas a discreción, alimentos sin medida, sexualidad libertaria integral y fiestas generalizadas”.

Por qué soy hedonista

Así como la historiografía dominante ha podado el césped del Jardín de Epicuro (hasta dejarlo seco), el camino del propio Michel Onfray hacia la tierra hedonista no fue ningún lecho de rosas. En el recientemente publicado La potencia de existir (Ediciones de la Flor, 2007), cuyo subtítulo reza “Manifiesto hedonista”, Onfray escribe un “Autorretrato de un niño” a modo de prefacio, donde confiesa que cada uno de sus libros no ha sido más que un pretexto para no escribir las páginas que siguen. Se trata de sus cuatro años internado (a pesar de no ser huérfano) en un orfanato de padres salesianos, entre los diez y los catorce años de edad, antes de ser internado en otra parte. Demasiado dolor: “Morí a la edad de diez años”, comienza. La madre de Michel —abandonada a su vez por su madre, en la puerta de una iglesia...— rechazó a su hijo desde el primer día: “Lo cierto es que la mujer a la que golpearon de niña golpeaba a su hijo en forma compulsiva con cualquier cosa que tuviera a mano. Pan, cubiertos, objetos diversos, lo que fuera...”. La vida en el orfanato fue todavía peor, por supuesto.
La pasión por la razón, el placer y la felicidad que Onfray enseña en sus multitudinarios cursos no tiene su origen en una vida licenciosa sino en el sufrimiento de un niño abandonado a su suerte, entre curas mañosos y miserables reglas de conducta, donde los niños “intelectualoides” eran humillados y considerados “niñas” (dando por descontado la inferioridad de la mujer). Como Dante, que describe su propio canon en La Divina Comedia, también Onfray atravesó el infierno para encontrar el suyo.

Los grandes clásicos griegos son un furor en Buenos Aires


Laura Casanovas*

De la Redacción de LA NACION


El psicoanalista José Abadi recrea las tragedias de manera amena y sencilla

Hace 28 siglos nació la Odisea , esa gran obra de la literatura occidental que el jueves pasado por la noche convocó a una multitud en la plazoleta porteña San Martín de Tours para escuchar la historia del héroe Odiseo a través de la voz del psicoanalista y escritor argentino José Eduardo Abadi. Personas de todas las edades siguieron en absoluto silencio y con suma atención la narración de Abadi, quien relató algunos de los capítulos en forma amena y sencilla, por momentos con toques de humor, lo cual no le quitó nada de su profunda significación a la historia compuesta por el poeta griego Homero. La pendiente de la plaza, sobre la calle Posadas (frente al Palais de Glace), devino un teatro natural al que algunos vecinos se acercaron con sus propias sillas, mantas o, directamente, se sentaron sobre el pasto, para seguir las peripecias que atravesó Odiseo en el camino de regreso a su amada tierra Itaca para reencontrarse con su fiel esposa Penélope y con su hijo Telémaco, después de concluir la guerra con Troya. La propuesta forma parte del Festival de Verano organizado por la Secretaría de Cultura del gobierno porteño y comenzó una semana antes, cuando también cientos de personas se congregaron para escuchar el relato de Abadi sobre el Edipo Rey de Sófocles. Historias de siempre ¿Qué lleva a la gente a interesarse en este momento por las tragedias y poemas homéricos?, preguntó LA NACION a Abadi, quien hace cinco años, casi por casualidad, se encontró narrando con creciente éxito de público esas historias de la literatura universal, siempre vigentes. "En el caso de las tragedias se trata de relatos apasionantes que hablan de poder, lucha generacional, conspiraciones, parricidio, rebeliones, amores apasionados, entre otros temas. Por un lado, estas historias nos llevan a nuestros puntos más recónditos y, por otro lado, está la fantasía de que es más lindo que te lo cuenten que leerlo", consideró Abadi. Además, el escritor en el transcurso del relato va intercalando consideraciones sobre las significaciones que atraviesan a cada una de las historias. En el caso de la Odisea se trata de temas como el de la memoria, la profundidad de los vínculos, la necesidad de regresar a la tierra para ir en busca de la identidad, del vínculo padre e hijo. "Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo (...)." Así comienza la Odisea , que está formada por 24 cantos y cuyo nombre deriva del de su protagonista, Odiseo, también conocido como Ulises. Entre los presentes el jueves, algunas personas que no habían leído el texto escrito comentaron que la experiencia de la narración oral les generó curiosidad por el texto. "No leí el libro, pero algunas cosas sabía. Esto te lleva a meterte en el tema", opinó Esteban, de 24 años. Otro joven, Maximiliano, de 18 años, leyó la Odisea y se acercó al espectáculo porque "quería ver cómo iba a ser" y dijo que le pareció interesante. En tanto, Gloria, de 52 años, consideró: "Esto puede llevar a que la gente lea la historia. Todos empezamos a leer escuchando a nuestros abuelos contar historias". De hecho, Abadi comentó a LA NACION que cuando era chico sus padres le contaban estas historias y a él le apasionaban. Sonia, que es abogada, comentó a LA NACION que le dieron "ganas de ir a buscar el libro". Otra espectadora, Alicia, estimó que Abadi volvió ameno y actual un texto de 28 siglos atrás, lo cual consideró bueno porque es una forma de decir "Homero tiene que ver con vos". Y señaló que le hubiera gustado que se pusieran en escena breves diálogos de la obra "para dar entrada también a la voz de Homero de primera mano". La "épica griega a la abadiana" continuará este mes con dos nuevos encuentros: el 21 del actual será el turno de La Orestíada , de Esquilo, y el 28, el de la Ilíada , de Homero. Otra zambullida refrescante e iluminadora para este verano en esos textos fundamentales.

POR EL GUARDATINAJEÑO DOMINGO LÓPEZ DE MATUTE‏

Eduardo López Sandoval*
eduardolopezsandoval@gmail.com



Alberto, realizo una investigación histórica. El tema, el guardatinajeño Domingo López de Matute. Intento usar la red para explorar mi pormenor del tema, cual es el determinar la posible genealogía que dejó nuestro compatriota por allá en Argentina. El presente es un escrito que le he enviado a la gente que trabaja con genealogía, y te lo envío por sugerencia del pana Jeroh Montilla para ver en qué me puedes ayudar como guardatinajeño, -dice él. Y para tu conocimiento, digo yo.

Saludos, desde Calabozo...
Eduardo López Sandoval
PS León Tapia dejó escrito una biografía del personaje, no la he visto ni de lejo... Está en imprenta...
Saludos. Sigo una investigación histórica acerca del Prócer de la Independencia Hispanoamericana Domingo López de Matute. Es un venezolano que realizó la guerra en Venezuela y fue a parar a Salta en Argentina, donde al final muere producto de un complot que se ganó por enamorado por una mujer de otra clase social. En esta dirección aparece una breve historia: http://www.dimedonde.net/magazine/articulos.php?id=144&seccion=6Además nos enteramos de que es oriundo del poblado de Guardatinajas Estado Guárico, Venezuela. Nos parece interesante que podamos establecer la genealogía del personaje en Venezuela, pero más interesante aún sería que pudiéramos establecer contactos con los genealogistas de Argentina para establecer la genealogía del personaje en Argentina; recuérdese que el pedazo de historia de Norma Isabel Pinto dice:"En esta ciudad Matute se enamoró de Luisa Ibazeta, una muchacha de la sociedad salteña, hija de un conocido comerciante español y emparentada con una de las familias más rancias de Salta. La familia de la joven desde un comienzo rechazó la relación por la marcaba diferencia social y por el hecho que Matute presentaba rasgos indígenas muy marcados. Como veía peligrar su matrimonio, Matute decidió entonces raptar a la muchacha en medio de un baile, lo que causó un gran revuelo y enorme malestar en la familia de la joven, que aprovechando los antecedentes de disidencia del llanero, decidió acusarlo ante las autoridades con el argumento de que estaba liderando un complot para derrocar al gobierno provincial. El llanero fue citado a dar explicaciones ante los miembros del Cabildo de Salta, pero fue inmediatamente detenido y sometido a un Consejo de Guerra que lo condenó a muerte.Cuenta el historiador Rafael Gutiérrez, que antes de su ejecución Matute pidió permiso para asistir a misa, y que una vez en la iglesia se apoderó del cáliz consagrado y amenazó con derramarlo si no lo perdonaban. Por supuesto, ante tamaño sacrilegio se interrumpió la misa y los sacerdotes decidieron consultar a las autoridades eclesiásticas. Ahí fue donde se generó la famosa frase del Canónigo Gorriti cuando sentenció: "Fusílenlo con el cáliz". Al desafortunado Matute, que había peleado y sobrevivido a tantas batallas importantes, desde su querido llano venezolano hasta los lejanos valles de Salta, no le quedó más remedio que darse por vencido y entregarse."Como todas las ejecuciones que se realizaba en aquélla época, la de Matute debía llevarse a cabo en la plaza mayor, pero por consideración con la joven Ibazeta que se encontraba embarazada, el gobierno decidió más bien ejecutar a Matute en la finca las Costas, donde paradójicamente se encuentra hoy día la casa de familia del gobernador de la Provincia de Salta. Fue precisamente allí en Las Costas donde mataron a Matute, ante el horror de que sus pies tuvieron que ser cortados para poderle dar sepultar, debido a que los grilletes estaban trabados y no se podían desprender de las cadenas."Hasta aquí la historia de Domingo López de Matute, que no era colombiano como se le menciona en los libros, sino venezolano. De hecho algunos artículos hablan que "La Madrid reforzó sus tropas con colombianos mercenarios de López Matute". Quizás la confusión tenga que ver con el hecho de que Venezuela estuvo integrada durante una década (1819 a 1829) a la antigua República de Colombia, justamente para la fecha de los acontecimientos señalados. Pero apartando este detalle, lo cierto es que el llanero tiene un sitial importante en la historia de Salta, no sabemos si para orgullo o vergüenza de los venezolanos. Afortunadamente después de Matute han llegado a Salta personajes ejemplares de esa tierra maravillosa que es Venezuela, que seguramente ayudarán a redefinir la historia de la provincia."Valen, -nos parece-, las preguntas para los genealogistas, ¿hubo descendencia del llanero Domingo López Matute? La historia dice que dejó a su esposa embarazada, que al niño, ¿o niña? le negaron el apellido del padre. ¿Qué apellido le endosaron? ¿Tuvo descendencia? ¿Existe descendencia HOY? Esperamos respuesta... Saludos.

*Historiador, poeta y abogado venezolano (El presente texto es un correo del autor enviado a Alberto Hernández, periodista de El Periodiquito de Aragua)

jueves, 7 de febrero de 2008

¿APRENDEMOS DE LA HISTORIA?


Daniel R Scott*


"Pero parece que la política tiene el poder de contaminar aún a los mejores" (Ignace Lepp)
Se me escapa el autor de aquel pensamiento que reza:"De la Historia aprendemos que el hombre no aprende nada de la Historia". Y la cita, con lo antigua que es, no ha podido ser abolida por el curso de eso que llamamos civilización. Es norma vigente desde la Grecia antigua hasta nuestra actual era del internet. Es pan recién salido del horno. A la luz de esa cita, resulta increíble ver lo poco que ha evolucionado el hombre, cuestionándose las raices mismas de nuestro progreso.
Se dijo, una vez finalizada la "Gran Guerra" de 1914, que esa sería la guerra que "acabaría con todas las guerras". Después de cuatro años de enfrentamientos que dejaron un saldo de diez millones de muertos era de suponer que el sentido común se impusiera y se cumpliera tal deseo. Así de cruenta fue que se creyó que ya no se repetiría otra conflagración tan devastadora como esa. Sin embargo, unos veinte años más tarde, las mismas naciones y en los mismos continentes libraron la tristemente célebre "Segunda Guerra Mundial" que dejó otro saldo de cincuenta millones de muertos y fue mucho más cruel que la de 1914, porque en esa oportunidad se intentó industrializar el exterminio de una raza, cosa nunca antes vista. ¿Moraleja? No se aprendió de las lecciones de la Historia. El hombre cometió los mismos errores del pasado y, lo que es mucho peor, los repotenció con crueldad indefinible.
En el caso de Venezuela, ha pasado y pudiera seguir pasando lo mismo: no aprender de nuestra Historia, repetir los errores del ayer una y otra vez. Ya sucedió con la Guerra Federal, la gran guerra civil venezolana. Trató de poner punto final a una serie de conflictos de carácter político y social. Muy buenas las intenciones y los ideales, pero todo terminó en el estercolero. El Federalista José Lorenzo Arismendi dijo: "Luchamos cinco años para sustituir Ladrones por Ladrones, Tiranos por Tiranos". Triste declaración para un hombre que defendió sus ideales empuñando un fusil, superada quizá por el "he arado en el mar" de Bolivar.
Otro caso es el de la Revolución del 18 de Octubre de 1945. Con lo prometedora que fue y con los cambios políticos y sociales que posibilitó, en apenas tres años de existencia se degenero a un punto tal que fue aniquilada por el golpe de 1948. Lo cual tiene que ser observado muy de cerca por los que todos en este país tenga la intención de detentar el poder político. Ese período histórico no es una rareza embalsamada en los libros de texto para satisfacer la curiosidad de los visitantes de un museo, es letra viva que los partidarios de todas las Republicas por venir deberían estar muy atento para no caer en la misma actitud partidista-sectaria que finalmente llevó al derrocamiento al gobierno de Rómulo Gallegos. "Abandono el país bajo la presión de las Fuerzas Armadas" denunció Gallegos en un Manifiesto. "No he renunciado a la presidencia de la Republica a que me llevó la voluntad del pueblo". De nada le sirvió ni su denuncia ni su manifiesto: el 5 de diciembre de 1948 fue expulsado del país con toda su familia.
Hoy en día se entroniza la voluntad popular expresada por el voto. Que así sea. Ese es uno de los pilares fundamentales de toda democracia. Pero si la conducta política del que ha sido electo no es democrática se está invalidando y traicionando esa voluntad popular expresada en las urnas. Hay quienes incluso se valen de los mecanismos que les brinda la democracia para imponer Totalitarismos. Ya ha sucedido. Sucedió en la Alemania de Hitler. El país más alfabetizado del mundo en 1933, según lo reseña Ernesto Sábato. La Alemania que fue definida como el "pueblo de los poetas y de los pensadores". Puedes ser elegido por el voto del Pueblo, sí, pero deslegitimarte en el ejercicio del poder.
Explicando las desventuras de los adecos en aquel trienio populista que culminó en 1948, Antonio Scott Power escribió:
"Y no podía ser de otra manera, porque el partido Acción Democrática, con la apostasía de los principios políticos que sustentaba desde la oposición y con la absorción exclusivista de todas las actividades del estado en su propio beneficio, se ha encargado de sepultar definitivamente los infantiles restos de revolución, y junto con ellos, la fe democrática del pueblo venezolano" (Mayo de 1948)
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
*Bibliotecario y escritor venezolano.

EL ARREBATÓN


Eduardo López Sandoval*
eduardolopezsandoval@yahoo.es

Es esta la historia del primer arrebatón realizado en Guardatinajas.
Guardatinajas es un pequeño pueblo del Guárico donde todos se conocen. Todo guardatinajeño da la misma dirección: “Al llegar, pregúntale al primero que veas por fulanito”. Nunca falta una inmediata respuesta: “Cruce en la segunda cuadra a la derecha, la tercera casa”.
Guardatinajas está muy alejado de los centros de poder, más por el abandono que por la distancia. No hay agua, la escuela no tiene comedor, la carretera casi nunca sirve… mas no hay malandros. Sí, increíblemente ésta es una especie exótica. En la producción de delincuentes sólo se limita a ladrones de gallina, politiqueros, ladrones de ganado y sindicaleros. Por lo general es un poblado tranquilo.
Sin embargo, un mal día, dos adolescentes incursionaron en el desconocido rubro de los arrebatotes.
Todo comenzó por un acto político en la capital del Estado con motivo de la aprobación de la Memoria y Cuenta del Gobernador de turno. Les entregaron una pancarta, se aprendieron una consigna y les pagaron con ron y con dinero sustraído fraudulentamente de la Cuenta que ese día se aprobó.
Terminado el acto, los choros nuevos se dirigieron a la licorería más cercana; un choro viejo, de los más curtidos, contaba desprevenidamente a un pequeño auditorio las artes del arrebatón en moto. Nuestros amigos oyeron, entendieron y se vieron a los ojos, y con un cruce de miradas sellaron el compromiso de ser precursores del arrebatón en Guardatinajas.
Ya en el autobús de regreso…
-Y cómo hacemos sin moto?, preguntó uno.
- ¡Que moto na! ¡En la bicicleta!
Nuestros aprendices de cacos sólo tenían en sus curricula la ejecución de un robo de hallacas en la casa de Parrita. Todo les salio perfecto, solamente que con el nerviosismo metieron en el saco bollos en vez de hallacas y que uno de ellos perdió una alpargata.
En esta ocasión todo estaría planificado. La víctima el boticario del pueblo.
Era conocido que diariamente después de cerrar la botica, a la misma hora, con una bolsa en la mano, el boticario se dirigía a su casa en las afueras del pueblo.
(Los malandrines suponían que en la bolsa llevaba el producto de la venta del día. No sabía que el dinero lo llevaba en el bolsillo derecho del pantalón, tampoco sabían que en la botica no había baño).
Pues, sí, en esta bolsa llevaba el boticario, muy higiénicamente, sus deposiciones diarias.
El arrebatón fue perfecto, lo realizaron en la oscurana de la escuela, después del policía acostao.
Corrieron, corrieron y corrieron. El autor de estas líneas, que en ese momento pasaba casualmente por el lugar, observó en la cara del boticario, en pocos segundos, disímiles matices; primero asombro, luego susto, y por último una sonrisa se impuso en su boca.
Más adelante, en la vía que va hacia Monteoscuro, el pichón de azote que pedaleaba ya no podía y se paro en la pata de un guásimo. El otro que iba en la caja de la bicicleta de reparto, iba abriendo la bolsa…
-¡Pija, primo, me llené! Se oyó la exclamación en el llano.
El otro, que pensó que el pana lo quería bajar de la mula, olvidó el cansancio y se le abalanzó.
-¡¿Cómo que te llenaste?! ¡Esta vaina es pa` los dos!
Y le arrebató la bolsa. Y también se llenó.

*Abogado, poeta, escritor e historiador venezolano.

sábado, 2 de febrero de 2008

ISAAC J. PARDO


Alberto Hernández*
1.-
Por aquella porfía le entró Juan de Castellanos. El deslumbramiento, la tensión de las páginas, la voluptuosidad de la invención y todas las acepciones de la memoria derivaron en un nombre cuya estirpe canta y se utopiza, porque desde que lo vimos en Esta Tierra de GraciaFuegos bajo el agua , Isaac J. Pardo se nos hizo imprescindible, necesario, invención de su propia inteligencia. trazando
En la verba de Hernán Pérez de Oliva, tan cerca de Tomás Moro, Pardo trabajó la profundidad de esta tierra soñada en ideas. Castellanos imaginó la modernidad en las naves de Colón, como escribió Isaac J. en el prefacio de su monumental obra cuyo “rasgo poderoso” se afinca en un estudio feliz de la utopía, con la única intención –como él mismo lo señala- de “estimular la curiosidad, muy especialmente de la juventud...”. Así, toma la voz elegíaca del cronista hispano: “Al Occidente van encaminadas/ las naves inventoras de regiones...”, ese mismo verbo, pronunciado con denuedo, nos llegó hasta hace poco en los españoles que arribaron a América, a crearla, imaginarla, hallarla, amasarla en fortunas y gentilicios.
2.-
Más allá de todos los años, este venezolano de letras, médico y utopista, nos mira desde sus ojos opacos, revelados por tantas maravillas, dejadas entre vocablos y un Tomás Moro asentado en Amberes, lenguado por Pedro Egidio y el marino portugués Rafael Hitlodeo.
La espuma del mar agita la imaginación de los viajeros. Utopía no contaba lugar en las huellas. Sin embargo, el mundo desconocido seguía dando vueltas en la febril ansiedad de estos hombres. Lo refiere George B. Parks en su suficiente propensión utópica y terrena: “Como si el nombre mismo de Utopía y todas las otras afirmaciones-negaciones no fuesen suficientes, en su carta a Pedro Egidio añadió Moro: ni a nosotros se nos ocurrió preguntarle (a Hitlodeo), ni a él decirnos en qué parte de aquel mundo nuevo está situada Utopía”.
Hitlodeo confesó –verdad o mentira- haber viajado con Vespuci “en tres de sus navegaciones al Nuevo Mundo”. Deslumbrado quedóse en tierra nueva. Pero era el lugar no predestinado. Era Ceilán, Calicur en la India. Un poco antes de Juan Sebastián Elcano, una vuelta mareante por el mundo conocido, ilusos, soñadores, falsarios, llenas las bocas de asombros y barro desconocido.
Larga es la lectura, enjundiosa la entrega. Largo es el trayecto por donde optó Isaac J. Pardo para enamorarnos de esa prosa que lo reconoce como Premio Nacional de Literatura y doctor Honoris Causa de la Universidad Simón Bolívar.
3.-
Yo le reconocí en los ojos aquel universo inencontrado. Éramos Eduardo Casanova, Domingo Miliani y quien asistió en silencio a recoger todo el polvo que Isaac J. nos ponía en las manos. Caracas reverberaba y el Ávila variaba en la porosidad del trópico. Por la ventana de la oficina del Celarg, a tantos años de esta abulia de hoy, el maestro Isaac J. Pardo nos daba una clase sobre los sueños, la locura, la utopía como referencia humanística, con el afecto de un hombre lleno de tiempo y sabiduría. Erasmo de Rótterdam sonreía más allá de la puerta.
Yo le inventé los ojos de aquel día, mientras Miliani colegía en el castellano y el imaginario de todos los encuentros. El humor de Eduardo desbarataba a veces el hilo del discurso y se revelaba en la grafía de Juan de Castellanos.
Aquí lo tengo frente a mí, del lado de dormir en esta habitación-biblioteca. El lomo de sus libros me sacude hasta encontrarme con Esa palabra no se dice, destino incierto por lo que cargamos de estúpida inocencia.
Hoy y siempre lo celebro en mi silencio, el mismo de aquel día. Don Isaac J. Pardo es el padre que nos canta la utopía perdida entre los ojos.
*Poeta, periodista y escritor venezolano.

viernes, 1 de febrero de 2008

VIVE LA VIDA COCA


Efrén Barazarte*

Las pruebas remiten que vive la vida coca. Ya no se trata de la acusación de Ramos Allup y los come zanahorias de Acción Democrática o de Ledezma, que imputan de insania mental al Presidente. Es la vivencia de cada mañana, masticando la hoja. La misma hoja que mastican los indios del Perú y de Bolivia. No lo digo yo, él mismito lo dijo ante los medios de comunicación. Pero ocurre como siempre la injusticia más grande que podemos tener los venezolanos. No irse a su trabajo sin masticar tan milenaria hoja, estimulante revolucionario que Mercal o Pdvsa deberían tener en sus anaqueles de los mega mercados donde un pollo es igual a horas de cola e inversamente proporcional al hambre. Masticamos y olvidamos que existe un país sin producción agrícola decente. Hay que recordar que allá arribita en el antiguo Alto Perú, el mismo Libertador la masticaba para evitar el mal del páramo, el mareo de la montaña y para activar la agudeza mental. Atravesar a caballo esas altas montañas no era cosa fácil en esas latitudes y menos en ese frío del siglo XIX. Y si es cierto lo que dicen las malas lenguas que la hoja de coca no hace falta en nuestro trópico, infiero que masticarla aquí sería un acto de dependencia y una acción delictiva; pero no voy a ahondar en tanto asunto de criminología. Lo cierto es que en un país donde hay un notorio desabastecimiento de productos básicos, el orgullo es una nota de un discurso presidencial que apunta hacia los regalos de Evo y de Fidel. Hay hoja de coca en Miraflores pero no hay leche en Venezuela. Se habla de la hoja de la Erythroxylum coca como un acto digno de la Venezuela Heroica de Eduardo Blanco mientras se le pide a la comunidad internacional, que aprueben la beligerancia a la guerrilla colombiana que vive de la coca, la marihuana, el terrorismo y el secuestro. Ya entiendo por qué vive la vida coca. El estimulante no lo hace ver al país, sino su sombra; no le hace ver el paludismo y mal de chagas que vinieron desde el pasado gomecista. La coca también es el petróleo, el betún de nuestro subsuelo que le regala a Cuba mientras las calles del país son sólo unas líneas negras en el mapa y que la realidad está hecha de huecos. Con qué precisión Evo envía su coca, que ahora es el máximo símbolo de la revolución, que sustituye las ramitas de Olivo de los antiguos griegos por el tradicional papelón con limón. De repente, la hoja podría tener la orden del Libertador en su Primera Clase.
Entonces la vida coca se mastica como si fuese un pitcher de las grandes ligas al masticar su chicle. Nos lanza la inflación más grande de América Latina. Mientras mastica la hoja, la delincuencia mata, nos mastica la vida y nos vomita. ¿Qué le puedo decir a mi hijo de once años sobre la hoja de Coca? ¿Qué se la lleve para el recreo? Vivir la vida coca podría ser una canción a estilo de Ricky Martín donde meneamos divinamente las caderas al compás del himno nacional, o con unos poemas de Isaías junto al CD de rancheras que editaron del Presidente en el país azteca. Pero ocurre un problema al venezolano de a pie. La Guardia Nacional, donde el Honor es su divisa, no podrá incautarle a un ciudadano una pasta de coca porque sería tan legal como fumarse una lumpia, como una vez lo dijo un ex ministro de educación, que por educación omito el nombre. La vaina es tan legal como comerse un bolibomba.
Periodiquito Maracay, 31 de enero de 2008
*Poeta y escritor venezolano

YO ONÍRICO


Daniel R Scott*
Una buena amiga me pidió que fuera a cuidar su casa. "Me voy de viaje por un par de días" me explicó. Asi que, como no tenía nada que hacer este fin de semana, eso hice. "Para esos somos los amigos" pensé yo. Pero cuando llegué a los umbrales de la vivienda, en medio de las pesadas penumbras de una noche de mito, me abrió la puerta mi esposa. Llevaba en la mano derecha un candil que apenas iluminaba la oscuridad con una luz amarillenta y mortecina. Mi sorpresa fue descomunal. "¿Que estás haciendo aquí?" le pregunté desconcertado y visiblemente molesto. "En esta casa viviremos a partir de hoy" me dijo, mientras me invitaba a entrar, mostrándome las habitaciones y los corredores de la estancia. Me hicieron creer que cuidaría por un par de días esta casa tan lúgubre y ahora me encuentro que por obra y gracia de una trampa piadosa este será mi nuevo domicilio. Según cuenta mi esposa mientras revisamos las habitaciones, nuestra amiga nos dió la casa exonerándonos de todo alquiler, lo cual es una prueba evidente de su buena voluntad y una oportunidad que no se debe desaprovechar. "Para eso estamos los amigos" dijo la presunta amiga, apareciendo repentinamente y sin anuncio a nuestro lado. A la luz del candil observo su rostro sin rostro. Pero, ¿quién es esta amiga nuestra? Realmente no la conozco. O no lo conozco como debería. Me avergüenza preguntarle quien es, cual su nombre. ¿Qué sucede con mi memoria? ¿Por qué me resulta tan difícil recordarla ahora? Tendré que ir al médico para que me recete algún fármaco milagroso. Lo único que le falta a la farmacología moderna es inventar las píldoras de la eterna juventud. Me sentí incomodo. Dije que me iba y abrí la puerta para salir. Mi esposa, candil en mano, ruega que me quede. "Este es nuestro hogar" insiste, pero a mí no me gusto ni la casa ni el sector tan sombrío donde se encuentra ubicada, asi que me marché de allí, sin armar escándalos pero sí muy pensativo. Al salir de la casa, en algún lugar del camino que no recuerdo, encontré tirados y magullados en el polvo los lentes de mi jefe, quien también es mi amigo de toda la vida. Son unas gafas diminutas, ridículas, insignificantes, muy parecidas a las que lleva puestas Simón Rodríguez en esos retratos que uno contempla en ciertos textos escolares. ¿Cómo llegarían a estos sitios? ¿Qué cuernos hacía mi buen amigo por estos parajes tan desagradables y despoblados? Cada día está más loco. Aquí las tinieblas son tan densas que ya me he golpeado y tropezado con ellas varias veces, dándome unos buenos porrazos; tinieblas opresivas de las que intento inútilmente huir porque se encuentran en todas partes y en cada lugar: en esta calle polvorienta, en aquella esquina atemorizada por el viento nocturno, en la silueta difusa de esas dos personas que salen de aquella casa. No veo ningún alumbrado público, no sale la luz por ninguna ventana. Solo a mi esposa se le ocurre residenciarse por aquí sin consultarme antes. Pero de todos modos debí hacerle caso; ya estaríamos los dos juntos en la cama, bajo las cálidas cobijas compartidas en común, acariciándonos y diciéndonos al oído palabras de amor. Tomé los lentes, les quité el sucio de los cristales e iba a telefonear a mi amigo para informarle de mi hallazgo cuando sonó mi teléfono celular. Lo atendí. Era mi esposa: Me expreso en breves y dulces palabras el afecto que me tenía, acompañado sus palabras con el delicado punteo de una guitarra española, y cortó la comunicación sin darme mas explicaciones."¡Que extraño!" pensé. Y que hermosa la melodía que realzaba el tono de esa voz que fue lo primero que me enamoro de ella. Es bueno saber que puedo contar con ella, que es incondicional, que me sigue teniendo paciencia a pesar que la dejé sola con aquel candil en la mano. Seguí mi camino y atravesé, no sé por qué razón, una tétrica necrópolis sobre cuyas tumbas se veían sin orden ni concierto cientos de maniquíes maltrechos y sin rostro. Me pregunté horrorizado que podría simbolizar todo aquello. Caminaba muy lentamente, cuidándome de no tropezar ninguno de aquellos maniquíes ni dañar lo que me parecía un "happenig" o cualquier otra de las últimas tendencias del arte moderno. Pensé que al mínimo roce de mi cuerpo estos muñecos despertarían y reclamarían mi presencia en la necrópolis. "¡Vete!" me gritarían, y yo saldría huyendo despavorido. Al salir de allí llegué a un edificio desconocido con una carga de yogures caseros para la venta, pero una amiga de pelo rubio que se encontraba presente y a quien tenía mucho tiempo sin ver me hizo notar llevando con impaciencia el dedo índice a su reloj de pulsera que apenas faltaba media hora para que se terminara el año viejo. "Lo mejor que puedes hacer es apurar el paso para ver si llegas a tiempo donde tu familia y recibir juntos el año nuevo", me dijo con un tono de reclamo que me apenó "Solo a ti se te ocurre estar vendiendo yogur cuando todo el mundo está pendiente de las hallacas, el ponche crema y el pan de jamón". Seguí su consejo. Quise darle las gracias pero ya había desaparecido de mi vista. Los yogures se esfumaron de mis manos como por arte de magia. Miré alrededor y no pude encontrar nada. Pero eso ya no importaba: tenía que ir a casa y llegar a medianoche a más tardar: la hora estaba muy avanzada. Caminé apresuradamente, atenazado por el temor de no llegar a tiempo. "¿Y si cuando llegue ya se han dado el feliz año?" me preguntaba angustiado mientras aceleraba cada vez más y más el paso. Las calles seguían solitarias y oscuras. Soplaba un viento frío y desagradable. Todos estarían ya en su casa esperando el cañonazo y bailando al son de la gaita y al ritmo de la Billos. ¿Será que llego a tiempo? La tradición familiar no me perdonaría jamás la impuntualidad Al entrar sudoroso a mi casa (que resultó ser un híbrido entre la casa del extinto Hato de papá y la casa de mi infancia ) solo encontré a mamá, a una prima de mi esposa y a dos personas más, totalmente desconocidas para mí. ¿Quienes son? Me llevé una gran desilusión: esperaba encontrar más personas, o al menos un espíritu más festivo. En medio de las pesadas penumbras de la medianoche, sin el acostumbrado estampido de los cohetes anunciando la llegada del año nuevo y sin música de ningún tipo, los abracé deseándoles un feliz año nuevo. "Feliz año nuevo mamá!" le susurre al oído con un beso. "Ya veras como este año que comienza será mucho mejor que el anterior". Pero no todo estaba bien: mi hermana mayor había tenido una reyerta con uno de sus hijos ( que es un muchacho modelo, que extraño) y en vez de disfrutar las festividades al lado de sus seres queridos decidió irse a la plaza del pueblo, a participar de unos vistosos y coloridos desfiles tipo carnaval de Río. Pero, ¿se volvió loca acaso? Todavía falta un mes para el carnaval. Decidí ir yo mismo a la plaza a verificar esta locura. Allí la vi, bailando al lado de otras mujeres, con un enorme y majestuoso penacho de un verde chillón demasiado pesado para que lo pudiera sostener su cabeza. ¿Que le sucede a esta doctora? A ella, tan formal y circunspecta. Debo averiguarlo. Debo ir y averiguarlo, sacudirla por los hombros, preguntarle que le pasa, por qué asumió esa actitud tan fuera de su epicentro habitual. Me abrí paso con dificultad entre el jubiloso bullicio de sambas y cariocas y...
Entonces desperté con la respiración agitada y el corazón galopándome. Miré el reloj: eran las dos y veinte de la madrugada. Me levanté, fui a la nevera, me empiné un vaso de agua fría y me senté un rato en un intento de calmar mi excitación. Minutos mas tarde, más sosegado, tomé la Biblia y, abriéndola al azar, me topé con el Salmo 80, que tiene la particularidad de repetir en su canto tres veces la frase: "Oh Dios, ¡haz que volvamos a ser lo que fuimos! ¡Míranos con buenos ojos y estaremos a salvo!"
"Por las noches, cuando nos dormimos y empezamos a soñar, entramos en realidad en otra vida, en una existencia paralela que guarda su propia memoria, su continuidad, su causalidad enrevesada" (Rosa Montero)
8 de Marzo de 2006
*Bibliottecario y escritor venezolano.