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jueves, 20 de septiembre de 2012

BORBURATA

Fotografías: Arturo Álvarez D'Armas


Ya es tradición en Arturo Álvarez D'Armas dedicar los meses de agosto y septiembre a explorar un rincón de la geografía venezolana. Los años anteriores fueron los pueblos playeros del oriente venezolano. Esta vez prefirió el centro, eligió un poblado del estado Carabobo, Borburata. No  he visitado este sitio de soles, arena y mar. 
A Borburata la conozco es por la literatura. Forma parte de aquel conjunto de novelas escritas por Ramón Díaz Sánchez, novelística poderosa dedicada a lo azaroso de los enfrentamientos y cruces raciales venezolanos. Particularmente el argumento de la novela Borburata avanza sobre la historia de una fascinante y tormentosa sexualidad  que florece con fuerza narrativa en medio de la aromática complicidad de los sembradíos  de cacaotales. 
Las soleadas imágenes que hoy Arturo nos ofrece tienden a mostrarnos la faceta franca de lo monumental, tanto en su flancos  simbólicos de lo sagrado, lo patriótico, lo artístico, lo cotidiano y tradicional. Las imágenes urbanas donde el hombre como multitud oficializa su dominio sobre el paisaje natural. 

Jeroh Montilla



 Suspiros.

Santuario Diocesano Santo Cristo de la Salud.

Santo Cristo de la Salud.

San Pedro. Santuario Santo Cristo de la Salud.

Plaza Bolívar.

Monumento al tambor.

Monumento a San Juan Bautista.

Monumento a Jesucristo crucificado.

Las tres cruces.

Calle de Borburata.

Calle de Borburata.

Altar. Santuario Diocesano Santo Cristo de la Salud.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La Cara de Bolívar



Ponencia presentada en el
ENCUENTRO DE HISTORIADORES Y CRONISTAS DE CALABOZO-GUÁRICO
Villa de Todos los Santos de Calabozo


 Eduardo López Sandoval


“No se parece al mío”, así titula un artículo de opinión el Cronista de La Victoria, Germán Fleitas Núñez, escrito donde se refiere a la nueva cara de Bolívar, la que se le presenta a los venezolanos de este siglo XXI como la cierta. Todas las demás versiones son para esta decisión administrativa del presente gobierno, mentiras.
 El Historiador disiente de la decisión del gobierno que pretende  cambiar la cara del  Libertador de nuestros recuerdos.
Fleitas Núñez toca aspectos que hacen  la esencia del estudio de la Historia, como lo son la memoria y la interpretación. La memoria esculpida en piedra por los recuerdos de nuestros abuelos, que a su vez recuerdan a sus abuelos, que también claramente recuerdan a sus abuelos. Corta cadena de tres eslabones que mira de cuerpo presente el perfil del General Simón Bolívar. Sesenta y seis años y siete meses,  que convenimos como la edad promedio de todos nuestros  abuelos, la multiplicamos por tres generaciones, y vemos a Bolívar sobre un no manso caballo cruzando las sabanas de  El Guayabal, pasa por el Hato La Chinea, para atacar a Morillo atrincherado en la Villa de Todos los Santos de Calabozo en febrero de 1812. Y pasa con  un perfil que es muy diferente  al negrito que pretenden presentarnos como  Bolívar.
El citado Cronista nos dice: “Cada venezolano tiene su propia imagen del Libertador, como la tiene  de Dios, de la Virgen María, de Cristo, de Guaicaipuro, del Negro Primero o del Conde de Tovar. Es la imagen que hemos ido construyendo con los años, de tanto mirar sus retratos y oír sus descripciones…”.
Fleitas Núñez dixit , “Cada venezolano tiene su propia imagen del Libertador”, a lo que agregamos, cada historiador tiene pleno derecho a realizar su propia interpretación. Y es legítimo que existan diferentes interpretaciones cuando los hechos se prestan para tener diferentes aristas y posiciones de pensamiento razonable. Entre Historiadores, reitero. Porque otros gremios, los políticos, los pintores de brocha gorda, los habladores de la esquina, los brujos sin clientela, pueden tener sus “razones”, - la palabra razones se destaca entre comillas-, para disentir acerca del acuerdo tácito entre lectores e Historiadores acerca del perfil de Simón.  En este caso, acerca del fenotipo europeo del Libertador. Como también ocurre con un hecho vanamente controvertido, nos referimos a las causas de la muerte del personaje. No existe acerca de ambos casos alguna  posición controvertida entre Historiadores. Este Historiador se escribe con H mayúscula.
Exponemos de seguidas palabras de un artículo nuestro denominado LA CARA DE BOLÍVAR LA CARA RELATIVA:
Relativa dijimos. No porque es la cara del libertador, también la cara del conquistador es relativa. O la cara del navegante, del comerciante, del indio o del trabajador, por decir algunas. Todas son relativas.
Por ejemplo, tome usted algún documento que lo  identifique, supongamos que es una fotografía de frente con corbata del año 2006, ese no es usted, es una imagen de hace tiempo, además tú no usas corbata y sí usas lentes. Usted quizá es quien puede verse en el espejo ahora, o lo que puede dejar verse por la entrecerrada puerta de la subjetividad. Seguro se va a ver una cara en el espejo si su hija recién le ha dicho que ya no le deposite más  como estudiante, porque ya concluyó la etapa académica de pregrado, otra cara vas a ver si acabas de matar accidentalmente al perro del vecino, …
Objetividad versus subjetividad. La cara de Bolívar tiene mil caras. La más cierta es la que usted se imaginó en la Escuela, es suya, es subjetiva en grado total. La subjetividad impera incluso sobre el ojo del fotógrafo, mucho más afectado por los sentires está quien use la antigua técnica del retrato en pintura. Hay mucho más que un clic que deja espacio para las simpatías por el adelantado pago, o lo contrario.
Objetivamente la cara de Bolívar debe parecerse bastante a la cara que la generalidad de los americanos recuerda. Me aventuro a decir que es  la imagen que recordamos del Bolívar de la Escuela.
Ahora nos presentan a un señor como el Libertador, con serias pretensiones  de sustituir al Bolívar de nuestros recuerdos.
Entendamos la palabra relativa con la RAE, “Que no es absoluto”. Nuestros recuerdos no son absolutos, lo reconocemos. Pero se pretende sustituir con la “TOTALIDAD” de la mentira: “Este negrito es Bolívar”. Mentira.
(Vale este paréntesis, la palabra totalidad cuando se usa en el párrafo anterior para calificar a la palabra mentira, se ha escrito en negrillas, mayúsculas sostenidas y entrecomilladas. La interpretación es libre).
Confiesan los “científicos que cobraron” por su trabajo, (que no son Historiadores, por cierto), que copiaron las características de los huesos e hicieron que se reflejara en la imagen. Confiesan que para la proyección tomaron en cuenta la imagen de variados venezolanos, de hoy,  de esa edad en la que murió Bolívar.
(Otro paréntesis que no está contenido en el artículo, un abogado diría a confesión de partes, relevo de pruebas).
Es necesario realizar la siguiente interpretación en contrario, la Venezuela de Bolívar era una sociedad de castas, que si bien los compartimientos étnicos no eran completamente herméticos, no había tal mezcla como la del nuevo Bolívar que se nos presenta.
Sin especular acerca de la veracidad o no de la intervención de una rama negra en el árbol genealógico de Bolívar, es necesario concluir que si Bolívar hubiese tenido esta nueva presencia fenotípica no hubiera sido el Libertador. Ese negrito de Teniente de Caballería de Páez no hubiera pasado, o quizás un buen granadero de López de Matute hubiera sido. Recuérdese la etiqueta de “El Hijo de la Panadera” que endilgó esta casta de los blancos criollos a Francisco de Miranda
Los “científicos que cobraron” dicen que “fotografiaron” la imagen de la calavera, preguntamos, ¿esta fotografía es la de la cara de un hombre muerto que murió de esa penosa enfermedad?  Valga la repetición.
El Cronista de la ciudad de La Victoria, estado Aragua, Germán Fleitas Núñez, escribe recientemente:Confieso mi error. Pero si de algo estoy completamente seguro, es de que  ese Simón Bolívar,  no se parece al mío.”. De acuerdo.
El Bolívar de nuestra memoria escolar es la imagen del Bolívar que hizo el Dr, Reverend en mascarilla de yeso que está en la Quinta San Pedro Alejandrino de Santa Marta. Muestra el perfil de la muerte y la necesaria objetividad, ¿tendría algún sesgo la objetividad de la ciencia médica en mostrarlo para la posteridad más o menos europeo? Ver:





O la imagen marcada por la subjetividad del propio Simón, que dijo que este es el retrato que más se le parecía, el del pintor limeño José Gil de Castro.
A los considerandos expuestos le agregamos,  que el acto público que tiene el serio propósito de cambiar este aspecto de la esencia de nuestra historia, sin que hayamos observado reacción alguna, de parte del gremio de Cronistas e Historiadores, -que aquí tiene una importante representación. Agregamos, entonces, que tal decisión administrativa denigra de por lo menos veinte mil años de experiencia de la ciencia pictórica del hombre sobre la tierra. El acto administrativo ha decretado inservible a miles de años de sapiencia artística, que se resumen, entre otros, en el pincel del pintor limeño José Gil de Castro.
Proponemos a este Encuentro de Historiadores se dirija a la Academia Nacional de la Historia solicitando:
Uno) Se pronuncie acerca de esta incongruencia de hoy, que se nos presente a Bolívar con un perfil, -que como hipótesis planteamos-, que hubiera sido rechazado por la sociedad de castas donde bien se desenvolvió como un blanco criollo de inmensa fortuna.
Dos) Que se pronuncie esta persona de Derecho Público, la Academia Nacional de la Historia, acerca de la incongruencia entre el perfil en tres dimensiones de hoy y la mascarilla de yeso realizada sobre el cadáver, que reposa en la Quinta San Pedro Alejandrino, en Colombia, que es, por supuesto, también en tres dimensiones.
Tres) Solicite a su vez lo basamentos históricos que han tenido para realizar esta nueva interpretación.

martes, 11 de septiembre de 2012

EL AZAR COMO ASUNTO CINEMATOGRÁFICO EN KIESLOWSKI


Jeroh Juan Montilla


Todo en la realidad es un sin sentido, mejor dicho, ningún paso que intentemos  nos favorece. Esto es lo que podríamos concluir después de ver la película Azar (Pazypadeh) del polaco Krzysztof Kieslowski. Excelente film donde se combinan con maestría, bajo una gran trama estética, el asunto político con el existencial. Una película donde todo lo bueno está tan concentrado que uno se abruma hasta sentir un agradable desconcierto, resulta un tanto increíble ver tanta calidad al mismo tiempo. 

¿En resumidas cuentas que diablos es la política? Un amasijo de solemnes vacuidades y calculadas traiciones. Este padecimiento social, bajo la firme y hábil mano de Kieslowski, resulta el escenario temático perfecto para desarrollar la tesis filosófica del inapelable propósito de los destinos. Por más que se ejercite la variedad dentro de un mismo gesto no podemos escapar del mal gusto de la redundancia existencial. No basta tomar o no tomar el tren, lo que vale es el acento al decidir entre estas alternativas, se puede abrir una puerta de muchas maneras, pero no todas las aperturas dan al mismo pasillo. Sin embargo, el lugar común se impone. Todos los caminos, todos los ríos se precipitan al mismo boquete, por eso la inapelable lógica del final inesperado en esta película de Kieslowski, un desenlace tan obvio, pero tan tramposamente fortuito. Es trazar firmemente la dura metáfora de un sistema, la certeza del símbolo definitivo, ¿acaso no hay dados en la desesperanza colectiva? En verdad preguntar es  intentar el optimismo, caer atrapado en la remota posibilidad de trocar el juego de la muchedumbre a nuestro favor.
 
El guión fue escrito por el mismo Kieslowski. Este polaco nació en 1941 y muere en 1996, todo en una misma ciudad, Varsovia. Vivió poco pero realizó una obra intensa. La crítica recomienda su famoso Decálogo, diez irónicas películas, cada una sobre un mandamiento cristiano. Esta película, Azar, se terminó de realizar en 1982, sin embargo solo pudo estrenarse en 1987, durante cinco años fue prisionera de la censura del régimen socialista polaco. La anécdota individual del personaje  Witek tiene como borroso telón de fondo los alzamientos obreros de comienzos de la década de los ochenta, estos son referidos apenas, el hincapié está en tramar existencialmente la articulación de la rueda del azar sobre subtemas como la creencia en Dios, la relación paternal, el compromiso burocrático, la omnisciencia del Partido, la delación política, el vaivén amoroso, en fin la corrosión subterránea del sistema. La historia de Witek es una sola hasta que en su desesperada carrera por alcanzar el tren se bifurca en tres ramales, son tres crónicas paralelas y a pesar de todo es la misma alma. El espíritu del personaje parece mantenerse incólume a los azares metafísicos, a los juegos dimensionales del destino.

Finalmente es de entender la fuerza creativa de un artista como Kieslowski, el cual jocosamente confesaba que no creía en Dios pero mantenía buenas relaciones con él. La amistad divina debe ser un terrible agobio para un descreido, pero puede, de vez en cuando, ser una buena influencia ante los burocráticos caprichos del sobrehumano azar.