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domingo, 16 de agosto de 2026

LA FORMACIÓN DOCENTE ANTE LOS DESAFÍOS DE LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA EN VENEZUELA

BASILIA HERRERA*

Introducción

La enseñanza de la historia en las aulas venezolanas atraviesa una crisis profunda que no puede reducirse únicamente a la falta de recursos materiales o a la obsolescencia de los programas de estudio. En el núcleo de esta problemática se encuentra la precaria formación inicial y permanente del profesorado, un factor determinante que condiciona la manera en que las nuevas generaciones perciben su pasado y su identidad. Durante décadas, los institutos pedagógicos y las escuelas de educación han priorizado un modelo de instrucción memorístico, donde el futuro docente es entrenado como un mero replicador de efemérides oficiales y relatos lineales, desprovistos de un verdadero trasfondo analítico.

Esta visión fragmentada de la pedagogía desconoce que la labor docente va mucho más allá de la simple transmisión cronológica. Al no recibir una instrucción fundamentada en la crítica historiográfica y metodológica. En consecuencia, la historia deja de ser concebida como un laboratorio social dinámico y transformador, convirtiéndose en una asignatura ajena a las contradicciones del presente y a la construcción de una ciudadanía verdaderamente crítica y consciente.

PRINCIPALES DESAFÍOS EN LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA

Para comprender mejor esta situación, la realidad de las aulas y la preparación de los profesores se divide en cuatro aspectos fundamentales:

1- La costumbre de memorizar y la falta de método: Como señala Germán Carrera Damas (1998) al reflexionar sobre los usos del pasado en la educación, "la enseñanza acrítica fomenta mitos consolidados en lugar de estimular el pensamiento reflexivo" (p. 45). Este planteamiento explica cómo la instrucción tradicional se limita a la repetición de efemérides. De este modo, se interpreta que dicha falla de origen deja al docente sin herramientas metodológicas, convirtiéndolo en un replicador de relatos oficiales incapaz de interrogar las fuentes con rigor crítico.

Desde la perspectiva de la praxis educativa actual, este fenómeno evidencia que el profesor en formación no es estimulado para cuestionar el documento histórico, perpetuando un sistema donde el aula se convierte en un espacio pasivo. Para superar esta inercia, resulta imperativo transformar los planes de estudio universitarios, dotando al futuro educador de destrezas analíticas que le permitan desentrañar los hechos más allá del simple dato memorizado.

2- El olvido de la historia local y de las regiones: Como lo plantea Luis Bigott (2010) al abordar la necesidad de una educación arraigada, los sistemas educativos tradicionales imponen un modelo centralista que "invisibiliza los procesos, memorias y saberes de las comunidades locales" (p. 88). Este argumento evidencia el vacío que existe en los profesorados al no incluir la historia regional. En consecuencia, se comprende que, al carecer de este enfoque, el docente se ve imposibilitado de conectar los grandes temas macrohistóricos con la cotidianidad del estudiante, volviendo la materia abstracta y ajena a su realidad.

Esta desconexión territorial genera una brecha profunda entre el alumno y su propio patrimonio cultural. Es fundamental que la formación docente incorpore el estudio de las memorias locales y el rescate de las tradiciones de cada entidad, permitiendo que el estudiante reconozca su entorno como un escenario vivo donde también se ha construido la historia nacional.

3- Trabajar la historia aislada de otras ciencias: Como afirman Fernand Braudel y los teóricos de la Escuela de los Annales (1970) en su concepción de la historia total, "la comprensión de los hechos sociales exige la concurrencia indispensable de la economía, la sociología y la geografía humana" (p. 112). Este principio demuestra la limitación de fragmentar el conocimiento histórico. A partir de ello, se asume que la formación docente actual comete el error de aislar la historia de estas disciplinas, impidiendo que el profesor comprenda la complejidad de los procesos sociales y perpetuando la falta de análisis en las aulas.

Desde este diagnóstico, se evidencia que un educador formado bajo parcelas de conocimiento incompletas difícilmente podrá transmitir una visión global y crítica de los acontecimientos. La integración interdisciplinaria no es un lujo académico, sino una necesidad metodológica para que el pasado deje de verse como un hecho aislado y comience a entenderse como el resultado de complejas tensiones sociales, económicas y culturales.

4- La ausencia de actividades culturales y vivenciales: Como sostiene Paulo Freire (1970) al analizar la pedagogía de la liberación, "el aprendizaje significativo requiere de la praxis, la cultura y la expresión viva de los pueblos para consolidar su identidad" (p. 64). Esta premisa señala la urgencia de integrar el arte y las dinámicas participativas en la educación. Por consiguiente, se advierte que en el contexto venezolano existe un vacío crítico donde la falta de actos, obras de teatro y expresiones culturales en la formación docente anula las herramientas más humanas para conectar emocional e intelectualmente al estudiante con sus raíces.

Conclusión

Los desafíos evidenciados en la formación de los docentes de historia exponen una urgente necesidad de transformación curricular que supere los viejos vicios de la memorización y el centralismo pedagógico. Al evaluar la dependencia de relatos oficiales abstractos y la fragmentación del conocimiento frente a otras disciplinas sociales, se comprueba que el sistema educativo actual continúa reproduciendo una enseñanza pasiva y carente de arraigo territorial. Superar este esquema requiere rediseñar los profesorados universitarios bajo una visión interdisciplinaria, donde el futuro educador adquiera verdaderas destrezas metodológicas para interrogar las fuentes y conectar la macrohistoria con la cotidianidad de sus comunidades.

Asimismo, la integración de la historia regional y de las actividades culturales y vivenciales representa el puente indispensable para vincular emocional e intelectualmente al estudiante con sus raíces. La praxis pedagógica no puede seguir reduciéndose a la lectura estática de textos en el aula, sino que debe transformarse en un espacio vivo de participación colectiva, identidad y pensamiento crítico. Solo a través de una formación docente profundamente comprometida con la realidad social, el estudio del pasado venezolano dejará de ser un requisito memorístico para convertirse en una herramienta real de construcción ciudadana.

Referencias Bibliográficas

Bigott, L. (2010). Hacia una pedagogía de la descolonización: Enfoques para el pensamiento crítico en la educación. Vadell Hermanos Editores. [Obra esencial consultada para fundamentar la necesidad de una educación arraigada que supere el centralismo curricular y rescate los saberes de las comunidades locales].

Braudel, F., & la Escuela de los Annales. (1970). La historia y las ciencias sociales: El concepto de la historia total. Alianza Editorial. [Texto clave utilizado para argumentar que la comprensión de los hechos sociales exige la concurrencia indispensable de la economía, la sociología y la geografía humana].

Carrera Damas, G. (1998). Mitologías políticas en la historia de Venezuela: Los mitos en la formación de la conciencia nacional. Ediciones de la Biblioteca (EBUCV). [Referencia fundamental empleada para analizar cómo la enseñanza acrítica fomenta mitos consolidados en lugar de estimular el pensamiento reflexivo en las aulas].

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores. [Obra básica consultada para sustentar que el aprendizaje significativo requiere de la praxis, la cultura y la expresión viva de los pueblos para consolidar la identidad y conectar al estudiante con sus raíces].

 

*Maestrante de Historia de Venezuela, Unerg.

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