YEAN CARLOS OLIVO*
El
estudio o investigación de la historia en nuestro país representan un desafío
gigantesco debido a la diversidad de limitaciones con las que cuenta un
estudiante de pre y posgrado. Vamos a comenzar mencionando las limitaciones
económicas: el estudio de la historia requiere de consulta in situ de
documentos originales, cuando esta fuente se encuentra fuera de la jurisdicción
el investigador debe asumir los gastos de traslado, hospedaje, alimentación y
en los casos donde se debe realizar alguna comparación con archivos que se
encuentran fuera del país los gastos sufren incrementos considerables. Las
publicaciones académicas con arbitraje internacional, así como las bibliotecas
digitales (Family Search) operan bajo la modalidad de una parte gratis y otra
con pago por revisión; la casi nula existencia de becas de estudio en cualquier
nivel y la situación actual de nuestro país hacen que estudiar sea un verdadero
reto para sembrar y cultivar el conocimiento. Ahora pasamos a las limitaciones
tecnológicas, ya que, mientras algunos países avanzan al ritmo de las
innovaciones digitales, el nuestro se encuentra estancado en el contexto de los
problemas estructurales de conectividad, equipos en mal estado y la casi nula preservación
automatizada de nuestros archivos. Nuestro patrimonio de archivos se encuentra
en soporte físico lo que genera un gran riesgo en la conservación de los
mismos, la baja velocidad en las conexiones unido a los constantes cortes de
energía eléctrica dificulta la descarga de archivos pesados. También limita la
participación en seminarios en línea y las consultas de bibliotecas
internacionales. Otra situación fundamental es la marcada posición partidista
del gobierno de turno, ya que ejercen políticas en la educación que van
marcadas según la polarización de sus ideas por medio de la selección
deliberada de ciertos pasajes, fechas o próceres para justificar decisiones
ideológicas, relegando al olvido aquellos procesos o personas que contradigan
el enfoque gubernamental.
Los
hechos recientes hacen que los gobiernos de turno tomen decisiones difíciles,
esto hace que las coloquen en una situación de clasificada o bajo reserva por
seguridad nacional genera que la investigación se vea obstaculizada para hacer
de conocimiento público y notorio los hechos de relevancia. La estigmatización
del pensamiento se convierte en una pared difícil de atravesar, ya que en el
momento de expresar la opinión o realizar preguntas incomodas para algún
representante de alguna institución estos suelen colocar el remoquete del color
político contrario a la pregunta, lo cual coloca al investigador con una idea
que no se sabe si es partidario o no. Esto produce un cambio en la secuencia
investigativa optando por evitar el estudio por temor a represalias
institucionales.
Actualmente
existe una negativa de los jóvenes a estudiar, imagínense, a estudiar historia.
Los muchachos, hoy en día, se ven atraídos por la codicia del dinero y no por
la sabiduría del genio del barrio, del artista que pinta un cuadro, del tío que
lee a Carrera Damas debajo de la mata de mango en casa de la abuela. Se siente
atraído de las vainas materiales que observa en el vago de la moto azul que
lleva una camisa marca Tommy, unos zapatos Nike, con unos pantalones pegaditos
que no recuerdo que marca son. Todo eso adornado con unas cadenas tan grandes
que parecen unos collares de un rottweiler millonario. Sin embargo, debemos
cambiar esa conducta para cambiar nuestras generaciones, estos chicos tienen un
motor de tractor que camina a su máximo nivel y poseen unos frenos que no se
terminan de aceitar para que funcionen de la mejor manera.
Es
por ello que las limitaciones antes mencionadas debemos superarlas, hacerlas a
un lado para crear espacios y estrategias que nos ayuden a mejorar la
percepción de lo que queremos hacer entender. En tal sentido, desde nuestro
pequeño hato, crear grupos de lectura que atraigan a las personas de cualquier
edad, apoyarnos de las redes virtuales para realizar videos donde se puedan
multiplicar la información y llegar a un número mayor de personas. Utilizar no
solo el espacio físico de las paredes si no también los espacios de recreación
del sector donde nos encontremos, y nunca debe faltar mencionar las personas
que dejaron huella en nuestro sector.
Más
que imponer algo, les digo que el pasado deja de ser inerte cuando entendemos
que el presente es su consecuencia y nuestras acciones lo definen.
*Maestrante
de Historia de Venezuela, Unerg.
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