Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El Libertador en negativo*

Por Luis Fernando Afanador


LIBROSEl general Ducoudray, miembro de su ejército, hace un perfil demoledor de Simón Bolívar. Sus memorias se publican por primera vez en español por una editorial colombiana.

H.L.V. Ducoudray Holstein
Memorias de Simón Bolívar
Terra Firme Editores, 2010
516 páginas
Según el general francoalemán H.L.V. Ducoudray Holstein, Simón Bolívar no tenía en su aspecto nada extraordinario ni imponente: flaco, bajito (1,62 metros), de cara larga, mejillas huecas, color de piel “bronceado amoratado”, ojos hundidos y no muy grandes. Parecía un hombre de 65 años cuando apenas había llegado a los 31. Se cansaba muy pronto, por eso, después de media hora en un sitio, regresaba a su lugar favorito: la hamaca. Usaba bigotes grandes, lo que le daba un aspecto marcial y oscuro, especialmente cuando se enfurecía. Entonces, sus ojos se volvían animados, gesticulaba y hablaba como un loco, amenazando con dispararle a todo aquel con quien estuviera molesto; caminaba rápido a través de su habitación o se tiraba a su hamaca; luego se levantaba de un salto, ordenando a la gente salir de su presencia; frecuentemente los arrestaba.

Solo era persuasivo si alguien le interesaba para su propio beneficio: lo tomaba del brazo y caminaba con él como si fuera el más íntimo de sus amigos. Después de obtener su propósito, se volvía frío, arrogante y sarcástico. Eso sí, nunca ridiculizaba a una persona de carácter en su presencia; siempre lo hacía a sus espaldas. “En los Cayos, el general Bolívar y yo vivimos bastante tiempo y fuimos muy cercanos. Un día nuestra conversación era sobre el general Mariño, y él me dijo riéndose: ‘Oh, yo desprecio a Mariño. Es un idiota y no es capaz de comandar ni cuatro hombres’. Mariño entró justo en ese instante, Bolívar lo recibió en la puerta y lo abrazó enérgicamente como si fuera un apreciado amigo y nos quedamos todos juntos como una hora más”.

Tampoco deslumbraba intelectualmente. Le dedicaba poco tiempo al estudio de las artes militares. No entendía la teoría y rara vez preguntaba sobre ese tema o sobre la administración civil, a no ser que fuera un asunto urgente de coyuntura. Cuando Ducoudray intentaba interesarlo en alguna conversación seria, Bolívar lo interrumpía de la siguiente manera: “Sí, sí, ‘mon cher ami’, yo lo sé, eso es muy bueno, pero a propósito…”. De inmediato cambiaba de conversación. No fue un gran lector y nunca tuvo una biblioteca “apropiada para su rango”. No ocurría lo mismo con las artes amatorias: “Es muy apasionado por el sexo y siempre tiene dos o tres damas de quienes una es su amante favorita, quien lo sigue a dondequiera que él va”. Tampoco con el arte de la danza: “Bailar es una diversión de la cual también es muy apasionado. Cuando se queda dos o tres días en algún lugar, él baila una o dos veces vistiendo sus botas y espuelas y hace el amor a aquellas damas que suelen complacerlo por el momento”. Luego de estas faenas quedaba exhausto y se recostaba en su hamaca para entretenerse con su amante favorita “u otros favoritos”. No atendía absolutamente a nadie, y el edecán de turno ya sabía qué responder: “Su Excelencia está profundamente ocupado en el momento y no puede ver a nadie”.

No es fácil describir el carácter de Bolívar, afirma Ducoudray. Porque era una persona voluble, que variaba según las circunstancias. Cuando había salido victorioso, era vanidoso, arrogante, de mal corazón, violento. Cuando era acosado por la adversidad, se volvía tranquilo, paciente, sumiso. “Los defectos predominantes de la personalidad del general Bolívar son ambición, vanidad, sed de poder absoluto e indivisible y una gran disimulación”.

Tremendo el perfil que nos ofrece Ducoudray de nuestro libertador. Si un hijo nuestro leyera su libro, fácilmente podría preguntarnos: “Papá, ¿qué diferencia hay entre Bolívar y Berlusconi?”. ¿Hasta qué punto es objetivo? Si Bolívar viviera en estos tiempos habría convocado una rueda de prensa para anunciar que lo demandaría “por injuria y calumnia”. Ducoudray, de inmediato, le entregaría al juez una carta en la que el Libertador lo elogia y acepta a regañadientes su petición de separase del ejército. Mi opinión es que Bolívar no era un dechado de virtudes, pero tampoco es el patético personaje que describe el alemán. Exagera. Pero resulta interesante confrontarnos con esta visión negativa. De cualquier manera, no es un libro aconsejable para regalarle a Chávez en la próxima Navidad. Mucho menos si uno es “su nuevo mejor amigo”.

*Tomado de http://www.semana.com/noticias-cultura/libertador-negativo/148063.aspx

lunes, 15 de noviembre de 2010

El Diario de Moscú

Daniel R Scott


"Si alguien quisiera tener rápidamente una idea vivaz de lo que fue la vida cotidiana en la Unión Soviética en los años 80, podría ahorrarse la pesada lectura de Alexander Soljenitsin: le bastaría por el momento leer el Diario de Moscú de Edgardo Malaspina." ( J. A. Calzadilla Arreaza)

Ando deambulando por los lares de la página 53 del libro el "Diario de Moscú" de Edgardo Malaspina. Camino por las huellas de su estadía en la hoy extinta Unión Soviética. El propio autor tuvo la amabilidad y gentileza de obsequiarme un ejemplar con la siguiente dedicatoria: "Para Daniel con el aprecio de los poetas." Es un gesto que valoro. Soy de la creencia que a un libro se le aumenta el valor literario y poético cuando viene dedicado de puño y letra por su autor. En menos de una hora ya he leído "tres años de diario". Encanto de la escritura y de la lectura que nos permite atrapar en corto tiempo y espacio las vivencias de toda una vida. Insisto e insistiré cual orate: la invención de la escritura es el supremo acto de magia realizado por el hombre. O como diría más académicamente Jorge Luis Borges: "Sólo el libro es una extensión de la imaginación y de la memoria."

Edgardo Malaspina es un personaje de nuestros llanos y horizontes guariqueños ampliamente conocido por todos. Su labor médica e intelectual es de vieja data y larga trayectoria. Pero, si acaso hay alguien que aún no le conozca, le bastará leer la flamante contraportada vinotinto de su libro aquí reseñado: "Médico internista graduado en Moscú. Profesor y traductor de ruso. Individuo de número de la Sociedad Venezolana de Médicos Escritores y representante por el estado Guárico de la Red Nacional de Escritores de Venezuela." La obra, nos sigue hablando la contraportada, es "el diario de un estudiante que marcha a cursar estudios de medicina en la Unión Soviética de los años ochenta. Va construyendo, entre anotaciones breves y las memorias grabadas como huellas esenciales, un panorama de la vida cotidiana rusa en la década final del Socialismo real." Efectivamente: Malaspina pinta con pincelada precisa, literaria y poética la "anatomía de la humanidad rusa...así como del alma Soviética." ( J. A. Calzadilla Arreaza, prologuista de la obra ) Quien lea este diario no puede menos que sentir que los párrafos exhalan un suave y si se quiere poético "saludo a la nostalgia." El haya vivido esa época de "Ideología militante" "Guerra fría" y "Equilibrio del Terror" añora de alguna manera el pensamiento y el estilo de vida engendrado en ese periodo de la historia. En lo personal, echo de menos las discusiones de mi padre el "proamericano" y me tío el "comunista": Antonio Scott y Horacio Scott. Sus confrontaciones eran verdaderas riñas de perros y gatos que yo disfrutaba perversamente con toda la pura ingenuidad que me daban mis dos décadas de vida. Es que la vida y la historia era algo más que el obtuso integrismo islámico tan de moda en el siglo XXI.

No puedo aún escribir sobre la obra de Malaspina con la amplitud que deseo porque apenas escalo su página 53, pero he aquí al menos unas dos citas con su comentario: En la primera Malaspina preservó para la posteridad la palabra de un veterano de guerra que dijo: "Los americanos se creen los ganadores de la guerra, pero sabemos que fuimos nosotros los propios vencedores, que recorrimos la mitad de Europa a pie, empujando la bestia, cuerpo a cuerpo, hasta su cueva." Y es que por prejuicio o ignorancia pocas veces consideramos el papel que jugó y lo mucho que sufrió el pueblo ruso durante la Segunda Guerra Mundial. No en balde se le denominó a la resistencia soviética a la invasión alemana la "Gran Guerra Patriótica." ¿Cuánto habrá sufrido este veterano de guerra inmortalizado en la página escrita de Malaspina? Al menos, eso sí, sobrevivió: de los 55 millones de personas que dieron su vida en los campos de batalla, 27 millones eran soviéticos. Se dice que en la toma de Berlín el ejército rojo perdió 300 mil soldados.

En otra parte se le oye a Malaspina decir: "Una cátedra de la facultad de medicina es un amplio corredor adornado con retratos de científicos relacionados con la especialidad en cuestión y carteleras alusivas a la misma. A lo largo del corredor están las aulas, laboratorios y oficinas. La atmósfera silenciosa junto a las imponentes figuras de destacados médicos nos trasmiten la sensación de encontrarnos en un templo y nos insta a mantenernos serios y respetuosos." Es el concepto y visión de lo sagrado de la vida y de las cosas. Se percibe un misticismo sin Dios, la religiosidad que le es propia al ser humano asi se le instruya sistemáticamente en los rudimentos del ateísmo científico, la necesidad consciente o inconsciente de creer en algo superior que de alguna manera nos haga trascender. En fin, ecos de una espiritualidad universal que en la Unión Soviética nada sabía de mitos, liturgias, dioses o semidioses. Al menos en las políticas del Estado

Justipreciar pues "Diario de Moscú" no es tarea fácil. Cada cita, oración y párrafo contienen suficientes datos para desarrollar por separado toda una diversidad de tópicos relacionados con el autor y su interacción con el pueblo soviético. Termino este artículo por donde debí comenzarlo, con las palabras del Veredicto del Concurso Literario Stefania Mosca Categoría Crónica: "Nosotros, Mercedes Chacín, Roberto Malaver y Ernesto Villegas, jurados del Premio Municipal de Literatura Stefania Mosca en la categoría de crónica, decidimos de manera unánime, otorgar el primer lugar a la obra Diario de Moscú, registrado bajo el pseudónimo Sergio Narod, por su originalidad, novedad y ritmo narrativo que mantiene interés de la crónica hasta el final. Por otra parte estimamos que revela interesantes detalles históricos de un estudiante venezolano en Moscú y sus posteriores impresiones luego del proceso conocido como la Perestroika."

12 Noviembre 2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

CUANTO “VALÍA” BOLÍVAR AL MORIR

Manuel Soto Arbeláez

Al que pide “Catalina”
No le dan café con leche.
El Libertador Simón Bolívar no fue un limpio de solemnidad ni mucho menos. Los cuentos sobre las veces que no tuvo ni siquiera una camisa de remuda, son fantasías de sus áulicos y adoradores que no saben lo que dicen. Tampoco fue un hombre de ocuparse de lo que consideraba pequeñeces, como se lo dice en una carta a su amigo don Fernando Peñalver el 21 de abril de 1821, justo unos pocos días antes de la batalla de Carabobo: “Sepa usted que yo no he visto nunca una cuenta, ni quiero saber de lo que se gasta en mi casa”(..).
El doctor Antonio Herrera Vaillant hizo un estudio, publicado por la Academia Nacional de la Historia, en el cual demuestra que el grande hombre, aún en las peores circunstancias de la guerra, nunca dejó de ser un empresario que vigilaba a distancia sus propiedades e intereses. Este trabajo se titula “Bolívar Empresario: También Victima de la Inseguridad Jurídica”, Boletín de la Academia de la Historia, Tomo LXXIX, Julio Septiembre de 1996. Se deja claro allí que a pesar de las donaciones hechas a sus familiares, pago de sueldos a algunos favorecidos por su munificencia, regalos, pago de pensiones anuales, siendo todos estos gastos girados contra su patrimonio privado, pero siempre reservó para sí las minas de cobre de Aroa que a pesar de los juicios, demandas y contra demandas que tenía contra una señora pisataria de apellido Zagarsazu, que él y su hermana llamaban irónicamente “La Vizcaína”, como se demuestra en la profusa correspondencia que sostenía, doquier llegaba, con su hermana mayor María Antonia Bolívar de Clemente. Él siempre fue partidario de vender esas minas al mejor precio posible y siguiendo el criterio muy capitalista y conservador de que “No hay mejor mina que la plata en Londres”. En carta del 17 de octubre de 1825 le dice a Peñalver que “Aunque estoy satisfecho de la contrata que ha celebrado María Antonia (por las minas), me ha parecido más útil vender a los mismos arrendatarios, o quienes me hagan propuestas más ventajosas de la posesión de Aroa toda entera….(porque) más cuenta me tiene contar en Inglaterra con una mina de cuatrocientos o quinientos mil pesos sonantes que una mina que yo y mis parientes hemos de poder trabajar…. El valor de ella me servirá para vivir (cómodamente sin trabajar) porque muy pronto debo retirarme de los negocios públicos a una vida privada y retirada”(..). En 1823 decía en una carta a Santander: “Mis hermanas no necesitan de nada porque yo les he señalado todas las rentas de mi caudal para que vivan”(..)
La muerte del Libertador Simón Bolívar. Pintura: E. Yepes.*
Veamos ahora algunos números para poder calcular el poder de compra de los ingresos en “pesos” que tenía el Libertador: El 10 de noviembre de 1825 había aprobado mediante poder a María Antonia, el arrendamiento de las dichas minas de Aroa más la de Cocorote, por un monto equivalente a 12.000 pesos anuales, por un lapso de nueve años. De acuerdo al Dr. Herrera Vaillant “A los hermanos María Antonia y Simón Bolívar les representaba una renta anual equivalente a Bs. 20.940.000, o sea un ingreso cercano a Bs. 1.745.000 mensuales a la equivalencia del año 1994”(..)
De las tablas referenciales de Banco Central de Venezuela, BCV, tenemos que en 1994 el valor promedio del dólar norteamericano fue de Bs. 200 c/u. Luego el ingreso mensual de estos queridos hermanos germanos fue equiparable a US $ 8.725/mes = Bs. (F) 37.517,50 calculados a la divisa innombrable a Bs. (F) = 4,30 cada uno, cantidad suficiente para llevar una vida holgada en Venezuela y en cualquier parte del mundo.
En su libro La Criolla Principal, publicado en el 2008, la licenciada Inés Quintero presenta mediante un rigurosa cálculo, basado en una vieja “cesta” de productos del Reino Unido que “Al venderse las minas en 1832 su valor fue de 38.000 libras esterlinas”(..). Al hacer la conversión del poder de compra comparado de esa “cesta” de esa cantidad referida al 2007, da la muy respetable suma de 1.980.000 libras esterlinas, igual a US $ 3.861.000. Si este capital fuera colocado ahora en Inglaterra a una tasa promedio anual del 5 %, el ingreso neto para los rentistas sería de 99.000 libras/ año = 8.250 libras/mes = US $ 16.087,50/mes.
Los números no mienten. Los mentirosos -o ignorantes- son aquellos que han pretendido hacernos creer al resto de los venezolanos que el Libertador murió pobre. No murió así, ni vivió como pobre. Siempre se sintió y pensó, en su vida privada, como un empresario, sabiendo el exacto valor que tenía el dinero en su época. MSA, fax (0212) 285 8957, E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com
*Imagen tomada de http://fichasdehistoria.blogspot.com/2009_12_01_archive.html

lunes, 8 de noviembre de 2010

Inventar lo popular sin lo africano Marroquín y la independencia salvadoreña


Rafael Lara-Martínez
Tecnológico de Nuevo México
Desde Comala siempre…
El olvido y el error histórico son un factor crucial al crear la nación salvadoreña. ER-RLM

Al terminar su Apreciación de la independencia salvadoreña (UES, 1974), Alejandro Dagoberto Marroquín concluye lo siguiente. “En la medida en que crece y se desarrolla la cultura mestiza, más se aproxima la era de su triunfo con el cual El Salvador llegará a ser una auténtica república […] de hombres libres [sin] limitaciones mezquinas del interés económico o desigualdades provocadas por la distinta pigmentación de la piel”. El ideal de nación lo identifica una concepción romántica de fines del siglo XVIII, para la cual en cada nación (de natio, nacer étnico común) existiría una sola cultura y una sola raza.
A diferencia del marxismo ortodoxo, Marroquín no cree en una revolución social ni en una simple nivelación en la economía. La emancipación sería un acto de unidad racial indo-hispano, antes que de orden estructural como lo pretende la teoría clásica. Al bienestar social, el historiador agrega la exigencia de diseminar una sola “cultura mestiza” y la de eliminar toda “desigualdad”, toda diferencia de “pigmentación de piel”.
A la homogeneidad cultural, su utopía liberadora añadiría el parecido en el color como necesidad nacionalista de “la independencia salvadoreña” (1821). Dos grandes omisiones verifican esta hipótesis en la “apreciación” de Marroquín: la exclusión de sus propios datos sobre el descalabro demográfico indígena debido a las guerras post-independentistas y el silencio sobre la existencia de una población afro-salvadoreña. El ideal de una cultura mestiza única para un país liberado oculta la diversidad étnica de lo salvadoreño.
Por estas exclusiones deliberadas, su reflexión se inscribe dentro de una bio-política la cual sujetaría a todo ciudadano salvadoreño a un norma racial y cultural indo-hispana para ser considerado como tal. Sólo ese cuerpo vivo e uniforme, indo-hispano, participaría en la construcción de la nacionalidad como utopía económica por venir. Si lo indígena sólo se admite al diluirse en lo mestizo, lo africano se equipara a lo extraño.
I. Independencia y “consunción” del indígena
Para la tragedia demográfica indígena, Marroquín detalla lo que significan las guerras fratricidas que se extienden por varias décadas del siglo XIX. Su minuciosa monografía de Panchimalco (UES, 1959, p. 97-98) ofrece una información valiosa sobre los cambios poblacionales en ese municipio para los años 1807 y luego para 1860-1890. Estos únicos datos para el siglo antepasado obligan al antropólogo a contradecir tesis en boga relativas a «la famosa “consunción”» de “la población indígena […] causada por la política de los españoles a raíz de la conquista”. Por lo contrario, las cifras de finales de la época colonial demuestran que “no hubo ningún déficit” poblacional hacia el final de ese período.
En cambio, el declive estadístico sólo lo documenta para la etapa que abarca de 1807 a 1860. Esta reducción demográfica la explica “el reclutamiento forzoso de la mayoría de los jóvenes [indígenas] en edad militar [cuyo] destino era servir de carne de cañón […] en las guerras fratricidas [lo cual] nos lo confirma la tradición [oral de] los ancianos del pueblo”.
En contraste con otras regiones de Latinoamérica, en El Salvador, la violenta vida independiente —“las guerras intestinas que abundaron tanto durante el siglo XIX”— ocasiona una disminución poblacional indígena más adversa que la provocada por la colonia. No obstante, la imaginación emancipadora indo-hispana prohíbe que Marroquín denuncie la vida republicana como una libertad abstracta que utiliza al pueblo indígena como “carne de cañón” causando su “consunción” demográfica. Lo que la antropología descubre, la historia lo esconde.
II. Lo africano bajo tachadura
Para la presencia de una población afro-salvadoreña, el documento clave se intitula Procesos de infidencia contra los próceres salvadoreños de la independencia de Centro América el cual recopila Miguel Ángel García (1940). Marroquín lo cita en varias ocasiones como prueba que estudia los diversos intentos por declarar la independencia (1811 y 1814) con documentos primarios. En una cita clave, su apreciación utiliza los procesos de infidencia para contrastar los objetivos populares con los propósitos políticos de los criollos en 1814. En específico, la página veintidós (22) de los “procesos de infidencia” oponen al presunto cabecilla popular, Pedro Pablo Castillo ((¿1780-1817?), quien llama a la revuelta, con el prócer Manuel José Arce (1787-1847), quien llama a su disolución.
Sea cual fuere el desafío entre Arce y Castillo, lo esencial de esa página clave es que ahí mismo se asienta la participación de una población afro-salvadoreña durante la revuelta fallida de 1814. Si Marroquín retiene que Arce confiesa “aquietar, contener y disponer a la tranquilidad”, acalla que “si quinientos negros hubiera de la calidad tuya ¿ha Negro!”. Por ese silencio, su trabajo sobre la independencia concluye que la población “negra” no deja “mayores rastros en la conformación somática” del salvadoreño ni en el orden social.
Para construir una imagen homogénea del pueblo salvadoreño, Marroquín omite la existencia de la diversidad étnica nacional. Si las fuentes califican a 1814 de “molote de pardos”, el presunto fundador de una antropología científica e historiador de corte marxista, excluye todo legado africano de la nación salvadoreña y de lo popular. Las referencias a lo afro-salvadoreño se prosiguen en las páginas siguientes de los “procesos de infidencia”, de suerte que la historia nacional debería reconocer la presencia de próceres de origen africano.
El “molote” lo lideran “muchos mulatos del Barrio de abajo y a quienes cabeseaban o capitaneaban el Negro Franco Reyna, Juan de Dios Jaco y Tiburcio Moran”, según continúa los “procesos de infidencia”. Su influencia es tal que un historiador moderado como Miguel Ángel Durán afirma la presencia de la afro-salvadoreño en 1811 y 1814, a la vez que le concede un giro de género a la revuelta. Si en 1811,”las mujeres eran las más exaltadas [y] José Irene Aragón citó a su casa a todos los mulatos”, en 1814, “Pedro Pablo Castillo estaba solo con sus mulatos” (Durán, Ausencia y presencia de Delgado, 1961, p. 54 y 94).
III. Final
De este breve repaso de una de las primeras investigaciones críticas sobre la independencia salvadoreña retenemos su anhelo por imaginar un pueblo uniforme, indo-hispano en su cultura y raza, como utopía emancipadora. Para lograr ese objetivo nacionalista de unidad bio-cultural, Marroquín evade mencionar su propio hallazgo sobre el declive demográfico indígena de Panchimalco luego de la independencia. Asimismo, reniega de la existencia de una población de origen africano en El Salvador, seleccionando de las fuentes primarias sólo los datos que convienen a su tesis popular anti-criollista, pero también anti-africana. Por esta doble exclusión —ante todo la que no deja rastro— Marroquín convierte a una población multiforme en un pueblo salvadoreño independiente e homogéneo.
Ante el silencio sobre la diversidad étnica de lo salvadoreño, hay que recurrir a otras fuentes menos científicas, sin un rigor antropológico, para subsanar las omisiones que Marroquín le impone a su disciplina. La literatura y la plástica serían indicadores más fieles de una presencia africana que la actualidad a penas comienza a documentar (http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=376 y Paul Lokken, “Transforming Mulatto Identity”, 2004).
A continuación se citan varias entradas bibliográficas —en su mayoría literarias— que revelan la presencia africana en El Salvador. Lo afro-salvadoreño muestra su vigencia desde la colonia, la independencia, hasta la actualidad.
IV. Nota bibliográfica conclusiva: sobre la presencia de población africana en El Salvador, hay que leer Travels in the Free States of Central America (1857) de Carl Schezer que menciona a “muchachas [zambas] guapas” pero “degeneradas”, Júpiter (1885/9) de Francisco Gavidia (“el pueblo” alzado bajo la figura alegórica de “negro”), Mentiras y verdades (1923) de Francisco Herrera Velado cuyo personaje “lo respetaban tanto como a los cangrejos de la playa por ser negro”, La princesa está triste (1925) de Raúl Contreras, la cual identifica realeza y esclavitud con una diferencia racial estricta, blanco y negro, O-Yarkandal (1917), reino imaginario de amos blancos, de “blancura” casi “transparente”, y esclavos negros (“Krosiska [de suave matiz rosado] marcaba a sus esclavos [negros, color ébano oscuro] con hierros candentes [...] llamó a su esclava Bethez que era negra”), “El negro” en Cuentos de barro (1933) y “El cuento de Punce Negroide que se quería cheliar [blanquear]” en Cuentos de cipotes (1945) de Salarrué. Por ironía, hay que hacer invisible de nuevo lo que la historia oculta desde la colonia. También hay que leer Cuentos de sima y cima (1952) de Cristóbal Humberto Ibarra que identifica “lo negrito y lo deforme”, Poesía negra, ensayo y antología (1953) de Juan Felipe Toruño, así como Pacunes (1972) de Ramón González Montalvo, entre otros.
«“En la Provincia de San Salvador de Guatimala, el año [1]625 estuvieron convocados para alçarse 2.000 negros la Semana Santa, i se supo tan a tiempo que justiciando algunos se atajó al daño. Primero octubre” (R. Barón Castro, La población de El Salvador, UCA-Ed., 1978: 163, Colección de documentos inéditos, Madrid, T. XVII, 1921: 215). Esta lista somera convida a elaborar una antología sobre la presencia africana en la literatura salvadoreña que la actualidad clamando por “la voz de los sin voz” se jacta de ignorar.
Asimismo, al forjar el nombre literario del país, “el Pulgarcito de América”, Julio Enrique Ávila acompaña su publicación de un grabado que representa a una mujer de color con netos rasgos faciales africanos (Cypactly. Revista de Variedades, Año IX, No. 140, Agosto 25 de 1939: 1, Grabado e ilustración del Br. Ricardo Contreras. Por paradoja, este corto escrito se lee durante la celebración de “la ilustre fecha de la Independencia Nacional, en la cual al general Maximiliano Hernández Martínez se le concede el título de “Benefactor de la Patria” (La República, Año V, No. 1379, 15/septiembre/1937)). El ideal de la mujer-nación lo ofrece una descendiente afro-salvadoreña en honor a un “dictador”, mientras la antropología marxista le niega el reconocimiento a toda raza de color. La popularidad actual del mote literario del país, el Pulgarcito de América, excluye toda mención de su autor original, así como tacha la imagen pictórica africana que lo acompaña. Lo selectivo de la memoria histórica salvadoreña declara que la materia de su recuerdo es el olvido.
En síntesis, en unión de los opuestos, lo que niegan la historia marxista y la antropología científica, lo afirma la ficción reaccionaria. He aquí una de las paradojas más flagrantes de la historiografía salvadoreña del siglo XX a la actualidad. La ficción y el arte evocan el olvido de la historia: lo afro-salvadoreño.

viernes, 5 de noviembre de 2010

La “y” se llamará “ye”, “guión” pierde la tilde y quórum se queda en cuórum *


Foto: Salvador Gutiérrez, director de la nueva “Ortografía de la lengua española”, una de las grandes obras de referencia de los hispanohablantes, durante la entrevista con Efe. EFE/ Emilio Naranjo
La nueva edición de la Ortografía, elaborada por las veintidós Academias de la Lengua, no cambia las reglas sustanciales pero sí contiene novedades interesantes: la “y” se denominará “ye”; en América deberán dejar de llamar “be alta” y “be baja” a la “b” y la “v”, y “guión” y “truhán” pierden la tilde.
El texto básico de la nueva “Ortografía de la lengua española”, una de las grandes obras de referencia de los hispanohablantes, ha sido aprobado esta semana por la Comisión Interacadémica de la asociación que agrupa a estas instituciones, y su contenido no será definitivo hasta que lo ratifiquen los máximos responsables académicos el próximo día 28 en Guadalajara (México).
“Previsiblemente no habrá cambios sobre ese texto”, afirmaba hoy en una entrevista con Efe Salvador Gutiérrez, director de esta gran obra panhispánica, que tendrá más de 800 páginas y que Espasa publicará antes de Navidades.
Entre las novedades introducidas figuran también la supresión de la tilde en la conjunción “o” entre cifras (5 o 6). Y deberá escribirse “exministro”, “exnovio”, y no “ex ministro” o “ex novio”.
La Ortografía es un material altamente sensible y cualquier reforma puede “ser problemática”
Habrá que decirle adiós al “ex cáthedra” o al “deus ex máchina”. Los latinismos y las locuciones latinas serán tratados como extranjerismos puros y duros y, en aquellos casos en que no se hayan adaptado a las normas ortográficas del español, se escribirán en cursiva y sin tilde: “ex cathedra”, “casus belli”, “deus ex machina”.
En la nueva edición, las Academias dan un paso más en la decisión, adoptada hace ya años, de no tildar el adverbio “solo” ni los pronombres demostrativos “incluso en casos de posible ambigüedad (”voy solo al cine” o “llega esta tarde”), “pero no se condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde”.
Además, se ha acordado que la escritura con “q” de algunas palabras (Iraq, Qatar, quásar, quórum) representa “una incongruencia con las reglas”. Para evitarla han decidido escribirlas con “c” o con “k”, según los casos: Irak, Catar, cuásar cuórum. Quienes prefieran la grafía originaria, tendrán que hacerlo como si fueran extranjerismos crudos y escribirlas en cursiva y sin tilde.
La Ortografía es un material altamente sensible y cualquier reforma puede “ser problemática”.
Las Academias de la Lengua Española lo saben de sobra y han procurado ser prudentes en los cambios, ya que se trata de normas y reglas aprendidas en la niñez “con gran esfuerzo”, de tal manera que, si una palabra “pasa a escribirse sin tilde o con ella, es como si nos arrancaran algo propio de nosotros mismos”, subraya Gutiérrez.

Foto: EFE/ Emilio Naranjo
Pues, si de tildes va la cosa, en la nueva edición se eliminan en aquellos monosílabos con diptongo ortográfico. La Ortografía de 1999 permitía escribir con acento gráfico o sin él determinados monosílabos, ya que, según los países de que se trate, se pronuncian como hiatos o como diptongos.
Así, se dejaba escribir “guion-guión”, “hui-huí”, “riais-riáis”, “Sion-Sión”, “truhan-truhán”, “fio-fió”, “crie-crié” o “Ruan-Ruán”.
A partir de ahora, este tipo de monosílabos deberán escribirse “siempre sin tilde”, tanto si se pronuncian como hiatos, como sucede en España, o como diptongos: “guion”, “hui”, “riais”, “Sion”, “truhan”…, etc.
La “ch” y la “ll” dejan definitivamente de ser letras del alfabeto y se quedan en dígrafos (en la edición de 2001 del Diccionario ya no figuraban como letras independientes), y hay más novedades relacionadas con el alfabeto.
Y es que la denominación de las letras no es la misma en unos países y en otros. Así, la “b” se llama “be alta”, “be larga” y “be”; la “v” es, según los países, “be baja” “be corta” o “uve”; a la “uve doble” le dicen también “ve doble” o “doble ve”; la “y” se denomina “i griega” o “ye”, y a la “z” le dicen “zeta”, “ceta”, “ceda” o “zeda”.
Las 22 Academias quieren que “haya una denominación única”, y estas letras deberán denominarse “be” para “b”, “uve” para “v”, “doble uve” para “w”, “ye” para la “y”, y “ceta” para la “z”.
“Pero no se condena a nadie”, si siguen utilizando la denominación de siempre, precisa el académico español, antes de insistir en la conveniencia de la unidad.
La Ortografía, señala Salvador Gutiérrez, “es el único código común a todos los países hispanohablantes. Nosotros podemos leer, casi como tuvieran la misma voz, a Neruda, Borges, Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez u Octavio Paz, y eso es un bien enorme, cultural, económico y educativo”.
Novedades también con el prefijo “ex-”, que se escribirá unido a la base léxica si afecta a una sola palabra: “exmarido”, “exministro”, “exdirector”, y continuará escribiéndose separado cuando preceda a palabras compuestas: “ex capitán general”.
Vía EFE
*Tomado de http://www.noticias24.com/gente/noticia/12376/la-y-se-llamara-ye-guion-pierde-la-tilde-y-quorum-se-queda-en-cuorum/