Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

miércoles, 11 de abril de 2012

LA MAGIA DE LA CRÓNICA

Edgardo Malaspina


En su libro La Magia de la crónica (Fondo Editorial de la UCV, 164 pp) Earle Herrera define la misma como un género que tiene relación con la historia, la literatura y el periodismo, siendo la forma más limpiamente literaria de este último.

La crónica apareció con la misma escritura en los albores de la civilización en Mesopotamia con las tablillas en cuneiforme. Los sumerios pensaban que todo lo registrado en sus bibliotecas tenía un gran poder más allá de lo material. En nuestro continente su origen se remonta hasta la propia llegada de los españoles: Colón fue el primer cronista con sus cartas y sus interesantes diarios donde registró con todos los detalles sus peripecias. Le siguieron conquistadores, aventureros, soldados y religiosos. Todos sintieron la suprema necesidad espiritual de escribir, relatar, comentar e historiar la nueva realidad que vivian. En Venezuela Juan de Castellano hizo crónicas en versos rimados y de esa manera recogió la historia de la conquista. Bartolomé de las Casas, Jose Oviedo y Baños, Francisco López de Gomara, Alejandro de Humboltd y el obsipo Mariano Martí escribieron sus crónicas y sentaron las bases de la historiografía nacional. El estilo de algunos de estos autores estaba en la frontera de la realidad y el mito. Esto hizo decir a Alejo Carpentier que la historia de América era una crónica de lo real maravilloso.

La crónica es el cuento de lo que ve y oye el que escribe, y contiene todos los géneros literarios; pero siempre partiendo de un hecho real aunque puede tener elementos que sobrepasan la realidad. Según Herrera, la crónica debe ser un relato fidedigno de los hechos, aunque carezca de un orden cronológico, narrados amenamente, con humor y mucha poesía y un estilo peculiar y subjetivo que identifique al autor.

Herrera afirma que el hacedor de crónicas nos va develando los secretos y encantos de lo cotidiano. Cada efímero instante de la vida del hombre logrará captarlo con su especial sensibilidad o percepción y expresarlo con gracia o con humor, con fuerza o poesía, en el breve pero iluminador espacio de la crónica, que reproduce en la escritura los momentos de la vida, con sus cosas grandes y sencillas.

Con respecto a la extensión, López Gomara prefirió hacer crónicas breves “que a todos place; solamente descontenta a los curiosos que son pocos, y a los ociosos que son pesados”. Cervantes por boca de El Quijote dijo que lo bueno si es mucho, aburre; mientras que lo malo si es poco, puede gustar.

LIBERTAD DE ESCLAVOS EN EL GUÁRICO COLONIAL Y EN LOS INICIOS DE LA REPÚBLICA

(A propósito de los 158 años de la firma del decreto que abolió la esclavitud en Venezuela)
FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista de Valle de la Pascua
El 24 de marzo de 1854 el general José Gregorio Monagas dictaminó el ejecútese del Decreto de Abolición de la Esclavitud en Venezuela, una vez que fuera aprobado por el parlamento venezolano, se ponía fin al padecimiento de quienes sufrían este sistema de explotación económica y social que se constituyó en la base del sistema colonial en nuestro país y del continente. De esta manera, lo que comenzó con una proclama de emancipación de los esclavos en Ocumare en 1816, así como los planteamientos hechos en Angostura y Cúcuta por parte del Libertador Simón Bolívar, tendrían su espacio realizable en 1854.
Ese año, la oligarquía criolla protestó la medida, puesto que toda su riqueza agrícola estaba basada en tan oprobiosa práctica. Entre los casos contrarios a la decisión, es reconocida la actitud irreverente del general Ezequiel Zamora, tenido hasta nuestros días como adalid de la libertad, la igualdad y la justicia social, quien se negó a darles libertad a sus esclavos. Con este mandato cumplió tiempo después cuando se convenció que el imperio de la ley era inexorable. Ese gesto innoble, contrasta con la actitud generosa del Libertador Simón Bolívar, quien liberó a sus esclavos mucho antes de comprometerse con el presidente de Haití, Alejandro Petión, a ponerle fin a tan odiosa práctica en Venezuela y la Nueva Granada.
Sin embargo, antes de la histórica fecha de 1854, en el Guárico, hay antecedentes de esclavos liberados en el período colonial y en las primeras décadas del período republicano. Muchos fueron los casos de manumisión en artículo de muerte, debido a que no pocos propietarios, antes de morir y “para estar en paz con su conciencia”, otorgaban papeleta de libertad a algunos de sus esclavos que habían explotado en vida, quienes continuaban trabajando las tierras de los descendientes de sus antiguos amos. A continuación se presentan algunos casos significativos localizados en fuentes documentales, de los tantos que se que se dieron:
1) En un legajo testamentario fechado en 1784 en el Juzgado de Llanos y Caminos de “La Parroquia del Glorioso San Gabriel del Chaguaramal”, doña Luisa Seferina Belisario Sánchez Albertos de Gómez Román, natural de San Sebastián de los Reyes, pero residenciada en Chaguaramal, donde casó con Dionisio Gómez Román, ya viuda, anciana y sin hijos por haber muerto en la infancia su única hija, establece en el ítem Nº 5 de su testamento:
“Declaro tener hechas cartas de libertad a María Juliana y a María Gregoria, todas hermanas y las dichas se hallan casadas con calidad que las referidas han de ser esclavas durante mi vida y los hijos que estas han tenido hasta el presente, y los que tuvieren en adelante, es mi voluntad que sean libres, los que han tenido hasta el presente están mandados a asentar por libres en los libros parroquiales y si en algún tiempo hubiere una equivocación sobre las partidas, declárolo, que se cumpla esta cláusula en todo y por todo por ser así mi voluntad, declárolo para que conste…”.
Un año después, en 1785, doña Luisa Seferina Belisario agregó un codicilo a su testamento, incluyendo la libertad de otros esclavos… declara ser dueña de más de diez leguas de tierra en los sitios de La Yeguera y El Colegio. Buena parte de los bienes los lega a la iglesia, con dos propósitos expresos y tácitos: que se forme una capellanía en honor a su difunto esposo y que la misma solo podría ser dirigida por un sacerdote nativo de Chaguaramal, mayor de 28 años, con prioridad por su sobrino José María Thoro al ordenarse de sacerdote. A la sazón, Thoro era todavía un niño…
2) En el año 1813, Juana Josefa Esparragoza, importante propietaria de los Valles de Aragua y los Llanos del Guárico, después de declarar en su testamento que las tierras que tenía en el sitio de Los Marines fueran puestas a censo y tributos redimibles en beneficio de la Iglesia, otorgaba libertad a sus catorce esclavos: María Segunda, Potenciana, Luciana, Juan Francisco, María Gregoria, Petronila, José de las Nieves, María de la Merced, Juan María, José Inocencio, Juan Clemente, José Landerico del Carmen, Ana Josefa y Francisco, permitiéndoles el cultivo de la “parte principal de la posesión Guarumen en los llanos, que heredé de mis padres desde el sitio de Rompe Cojón para abajo en el centro de las dos galeras por las filas hasta bajar de las bocas”. Declara igualmente la otorgante, que el ganado que tenía en su propiedad fuera distribuido “en partes iguales entre sus esclavos”.
3) En el año 1918, en el periódico tucupidense “Tamanaco”, se reseña otro caso de liberación espontánea de esclavos por su dueño en la cuenca del Unare. El mismo hecho es relatado por don Lorenzo Antonio Zaraza en 1933, al respecto informa, que el señor Leonardo Moleiro y Lara de “mancomún e insolidum” con su esposa doña Ana Rodríguez, dan la libertad a veinte y más esclavos en octubre de 1837, en Chaguaramal de Perales (la actual Zaraza), firmando como testigos, don Ildefonso Itriago, don José Vicente Velutini y don Bonifacio Gómez. La misma información con algunas variantes es recogida por el historiador J. A. De Armas Chitty, quien hace referencia a una esclava liberada en el año 1839. Don Leonardo Moleiro y Lara era hijo de don Joseph Moleiro y doña Manuela Lara, dos blancos criollos nacidos en Aragua de Barcelona, quienes se divorciaron en 1810, quedando doña Manuela con la custodia de los tres hijos habidos del matrimonio, de nombre José Pío, Leonardo y Agustín. Los dos primeros se residenciaron en Zaraza y el último en Aragua de Barcelona.
REFERENCIAS:
ARCHIVO ARZOBISPAL. (1813): Juana Josefa Esparragoza. Sección Testamentaria.
BRITO FIGUEROA, Federico. (1979): Historia Económica y Social de Venezuela. Tomo I. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca. Cuarta edición. p. 98.
CAMACHO, Antonieta. Comp. (1979): Materiales para el estudio de la cuestión agraria en Venezuela (1810-1865). Mano de obra: legislación y administración. Compilación, notas y estudio preliminar de Antonieta Camacho. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educación, 1979. Tomo 4, Vol. I, 736 p.
RAMOS GUÉDEZ, José Marcial. (1999): Simón Bolívar y la abolición de la esclavitud en Venezuela 1810-1830. Los Teques: Centro de Investigaciones Bibliográficas Venezolanas. 18 p.
SOTO ARBELÁEZ, Manuel. (1996): Primeros esclavos liberados en el Oriente del Guárico. Diario El Nacionalista: San Juan de los Morros, jueves 21 de marzo de 1996. p. 4.
Valle de la Pascua, 19 de marzo de 2012.

JOSÉ GREGORIO MONAGAS: EL PRESIDENTE QUE LE DIO LIBERTAD A LOS ESCLAVOS.

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista de Valle de la Pascua
El presidente José Gregorio Monagas Burgos, nació el 4 de Mayo de 1795 en el hato El Roble, jurisdicción de Aragua de Barcelona, estado Anzoátegui.
Cuando se inició en 1810 la Guerra de Independencia, se alistó como soldado en las fuerzas armadas republicanas, siguiendo los pasos de su hermano mayor, José Tadeo Monagas. Comenzó sus luchas en los llanos orientales a partir de 1813, bajo las órdenes del general Manuel Carlos Piar. Se enfrentó a Monteverde y a Boves en las batallas de Maturín, Cachipo, Bocachica, La Puerta y Urica. También asistió a la primera batalla de Carabobo. Bolívar le estimó en alto grado, al punto de bautizarlo como «la primera lanza de Oriente».
Sostuvo con las armas el gobierno de su hermano José Tadeo, que a raíz de los sucesos del 24 de enero de 1848 habían originado seria oposición, que culminaron con el asalto al Congreso Nacional por parte de José Tadeo Monagas y el alzamiento del general José Antonio Páez. Después de estos sucesos, acude en auxilio de su hermano y, en 1848-1849, actúa como segundo jefe de las Fuerzas Armadas y comandante en jefe del oriente, combatió con éxito para sostener al régimen en las campañas del Guárico, Barcelona, Maturín, Cumaná y Margarita. Restablecida la paz y debido al fortalecimiento de sus propias bases de poder, fue candidato a la presidencia, compitiendo con dirigentes liberales Etanislao Rendón y Antonio Leocadio Guzmán. Finalmente gracias al apoyo de su hermano, fue elegido presidente, asumiendo la presidencia de la República el 5 de febrero de 1851.
Durante su gobierno tuvo que enfrentar varias rebeliones militares perpetradas por los paecistas o conservadores, y se distanció políticamente de su hermano. La medida más importante llevada a cabo durante su gestión como presidente de la República, fue la abolición definitiva de la esclavitud en Venezuela, el 24 de marzo de 1854. Una sola gran decisión que fue tomada invocando las viejas aspiraciones del Libertador Simón Bolívar.
Cuando llegó al poder el general Julián Castro, acabó con la hegemonía y el nepotismo de los Monagas, José Gregorio Monagas es arrestado en Barcelona durante la Revolución de Marzo, por las nuevas autoridades encabezadas por el general Justo Briceño. Enviado preso al castillo de Puerto Cabello, luego es transferido al castillo de San Carlos en la Barra de Maracaibo, allí enfermó, y cuando era conducido a la ciudad de Maracaibo para ser atendido, falleció el 15 de julio de 1858. Sus cenizas reposan en la iglesia Santísima Trinidad de Caracas (Panteón Nacional), lugar a donde fueron trasladadas el 13 de noviembre de 1872.
Valle de la Pascua, 21 de marzo de 2012.

La destrucción del mito de Simón Bolívar

Milton Zambrano Pérez

El mito es un ave común en España que posee una larga cola blanca y negra y un plumaje blanco, rosado y negro que la hace muy notoria. Suele vivir en los bosques y tiene la costumbre de resguardarse en nidos herméticos y casi inconfundibles. El mito español no se presta para juegos polisémicos ni para interpretaciones acomodaticias.

Pero el mito construido acerca de Simón Bolívar sí que se presta para esos juegos y para las perspectivas organizadas por casi todos los sectores políticos en las diversas épocas. Con muchos mitos puede suceder eso, por cuanto su elaboración simbólica no queda enraizada en el contexto en que fue producido sino que viaja a través del tiempo soportando nuevas miradas, nuevas necesidades y, por tanto, recibiendo nuevas cargas de sentido.

Esto quiere decir que podrían significar una cosa para un grupo de gentes y para muchas otras (de tiempos y espacios distintos) otra quizás muy diferente, en razón a las apetencias religiosas, políticas o ideológicas que nutren la cosmovisión de individuos que se aferran a ellos y que no son sus creadores originales.

Como lo destaca muy bien Mircea Eliade (Mito y Realidad), los mitos son reinventados muy seguido a pesar de conservar una estructura simple y unitaria que, de todos modos, está abierta al libre juego de las interpretaciones con su cuna en el conjunto de intereses, deseos y hasta miedos que alimentan a las personas en los diversos presentes. Esta es la raíz de la recurrente polisemia del mito, muy a pesar de su aparente simpleza.

Por eso es parcialmente afortunada le definición que aporta el DRAE cuando caracteriza al mito como una “…Narración maravillosa situada fuera del tiempo y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”. Sí es una narración maravillosa pero nunca situada fuera del tiempo, pues viaja siempre a través de él de la mano de los intereses de los individuos, grupos o clases que habitan en sociedades de diferentes tipos, nutriéndose o utilizando el mito como herramienta de vida o como instrumento para construir hegemonía política, entre otros usos.

El mito es útil como arma política para producir adeptos, para desarrollar sentido de pertenencia o para mantener o ampliar la fe religiosa o las creencias que le dan razón de ser a la existencia de muchas personas. De esto deriva su fuerza, su impermeabilidad aparente al cambio y su gran poder de permanencia en los imaginarios colectivos.

El mito de Simón Bolívar comenzó a elaborarse por sus partidarios (casi desde el mismo momento en que murió) como un mito fundacional en el contexto de la construcción de las nuevas repúblicas y como un instrumento de lucha de sus antiguos amigos que habían sido derrotados en la Gran Colombia, por lo cual estaban a la defensiva luego de la partida de El Libertador hacia el destino sin regreso.

Pero ese mito político-militar y heroico ha contado por lo menos con dos problemas de fondo que dificultan su comprensión y su utilización: por una parte, el carácter contradictorio y muy complejo del legado político de Simón Bolívar, y, en segundo lugar, los intereses y los fundamentos ideológicos de sus partidarios y detractores en los siglos que han transcurrido después de su fallecimiento.

Esas dos líneas del problema plantean retos de interpretación que no pueden abordarse con la simple ingenuidad que suele caracterizar a muchos de sus seguidores o contradictores, más iluminados por la pasión provocada por las motivaciones políticas del momento que por el espíritu del análisis científico reposado.

El legado de Simón Bolívar no es homogéneo sino terriblemente heterogéneo. Fue producto (al menos) de los dos más importantes períodos que le tocó vivir: la etapa de lucha abierta contra el Estado colonial (con todos los sub-períodos imaginables) y la coyuntura de los comienzos de la construcción de las repúblicas independientes (con matices también muy difíciles de simplificar).

Ya desde la época de la Carta de Jamaica El Libertador esbozaba ideas políticas que mezclaban la experiencia internacional del momento, sobre todo la que se derivó de la Revolución Francesa y de la Independencia Norteamericana. También rescató en su análisis de las colonias españolas las peculiaridades que, según su parecer, las negaba para la aplicación de un modelo de Estado y las predisponía para el empleo de otro.

Pero, en general, su predilección siempre estuvo por el lado de la organización republicana centralista y en contra del federalismo de origen norteamericano, por considerar ese régimen demasiado perfecto para el atraso político de los pobladores latinoamericanos. No negó la posibilidad de una monarquía para el caso de México, pero siempre privilegiando la opción de la República aunque con instituciones que ayudaran a prohijar la estabilidad política.

A menudo se olvida que Bolívar en su primera época fue partidario de las ideas ilustradas y que nunca ocultó su simpatía por las tesis liberales en economía. La estructura básica de su pensamiento estuvo mediada por el anticolonialismo debido a las condiciones de los territorios del período, sometidos a la dominación española. Estos son algunos de los grandes trazos del pensamiento bolivariano de la etapa de gestación y desarrollo de la guerra revolucionaria.

Cuando los independentistas se convierten en poder reemplazando a los españoles, el escenario social cambia y los perfiles ideológicos y políticos también varían, apareciendo otros adversarios y otros tinglados de lucha. Ahora el combate no es contra el enemigo común llamado España, pues los factores de confrontación brotan de las realidades internas de los territorios americanos y de la manera como los grupos o clases quieren modelar el proceso social según sus apetencias teóricas o intereses económicos o de otro tipo.

Esta es la matriz de las divisiones que da lugar a guerras civiles y a dictaduras, como sucedió en Colombia (en la primera república) antes de la ascensión al poder de Simón Bolívar y como ocurrió en casi todos los sitios después del triunfo definitivo. La lucha entre centralistas y federalistas no fue solo la batalla por tal o cual modelo de Estado sino el combate por la unidad, la estabilidad o la anarquía destructora y, en el fondo, la pugna mediada por los intereses regionales de los grupos criollos pudientes que aspiraban a quedarse con buena parte del ponqué de tierras y riquezas luego del viacrucis de la guerra independentista.

Por esa matriz los antiguos aliados se convierten en enemigos y pelean con desesperación por obtener el poder o por mantenerse en él. Esa confrontación permite explicar la mutación de Bolívar hacia una dictadura casi confesional (Gran Colombia, 1826-1828), luego de dirigir un proceso de independencia donde ocupó un lugar hegemónico entre las huestes variopintas de los “patriotas”.

De más está decir que entre estos había de todo: liberales en política y economía que defendían las ideas ilustradas y eran partidarios de la construcción de una república de ciudadanos; grandes propietarios territoriales, de minas o del comercio que miraban con recelo tales ideas; la Iglesia y, en general, la gente religiosa que componía un grupo que se volvió muy influyente a lo largo de casi toda la historia republicana, como lo había sido durante la etapa colonial; los militares, con sus propios intereses y con sus perfiles peculiares para gobernar; entre otros grupos.

En el fragor de las batallas políticas se producían realinderamientos continuos que dificultan el estudio del proceso acudiendo a fórmulas sencillas que permitan separar a los contendientes mediante fórmulas tajantes de la clase de terratenientes versus comerciantes o liberales versus retardatarios, etcétera.

Lo que caracterizó la confrontación fue la mezcla de intereses y actitudes; por lo cual las oposiciones binarias del tipo anterior se reducen a muy pocos niveles, como el del combate de federalistas y centralistas articulado a la confrontación global entre los intereses de las élites regionales y el del grupo de militares y políticos (liderados por Bolívar) cuyo empeño consistía en construir una república grande y poderosa. Como se sabe, la batalla final la perdió El Libertador, saliendo después derrotado de Bogotá a morir a Santa Marta sin presenciar la destrucción definitiva de la Gran Colombia.

Los cambios políticos de Simón Bolívar obedecen a la mutación de sus propias ideas, provocada por las condiciones sociales que le tocó vivir. Su alianza con la Iglesia y con los grupos retardatarios en la época de la dictadura debe ser pensada en función de su máximo interés de conservar vigente su proyecto gran-colombiano y de mantener una elusiva unidad que se alejaba cuanto más insistía en su deseo político mayor, pues la oposición tenía los ojos puestos en otra cosa.

Los historiadores han intentado captar los cambiantes matices de ese proceso con resultados variopintos. Quizás uno de los que mejor se ha acercado a él sea el inglés John Lynch (Bolívar; América Latina, de Colonia a Nación, entre otras obras). De sus investigaciones se infiere que no existió un solo Bolívar, sino que hubo varios dependiendo de las circunstancias históricas. Por tal razón es inadecuado plantear que hubo un solo legado de El Libertador.

El hecho de que las ideas y la praxis política de Simón Bolívar sean tan mutantes (hasta ciertos límites) dificulta establecer con claridad un patrón unitario que sirva de fundamento para construir un mito unívoco, con un significado que no se preste a confusión. Por el contrario, la complejidad de sus posiciones y de su pensamiento se ha prestado siempre para múltiples interpretaciones que alimentan los discursos de casi todo el arco iris político en Latinoamérica.

El análisis y la comprensión del mito bolivariano pasa por el estudio de las ideas del personaje y por las circunstancias regionales e internacionales que las gestaron. Pero también pasa por el estudio de los imaginarios y de los intereses ideológico-políticos de los creadores del mito (y de quienes lo utilizan después con diversos propósitos), que lo instituyen para forjar una nación, para defender su propia forma de pensar o para garantizar el triunfo de un proyecto político contemporáneo que, supuestamente, se acopla con las ideas originales de El Libertador.

En esta segunda línea de análisis (para qué se crea el mito) no hay que descartar un culto a Bolívar que descansa en los deseos, pasiones, ilusiones y apetitos de grupos diversos con intereses políticos diferenciados y hasta muy contradictorios. En Colombia, por ejemplo, hay un culto que dio origen a un mito conservador según el cual Simón Bolívar es el padre de las ideas conservadoras y hasta del partido conservador, sin importar que antes de su dictadura haya planteado ideas contrarias a los postulados del conservatismo y que en su tiempo sea exagerado hablar de la existencia de ningún partido de ese tipo.

En el siglo XX el uso indiscriminado del mito continúa con nuevos aditamentos. A los conservadores bolivarianos cabe añadir los liberales bolivarianos, cada uno entregando la interpretación que mejor se acopla a su interés general. Pero la gente de izquierda no se queda atrás y ha construido su propio mito agregando elementos de su peculiar cosmovisión a los enfoques tradicionales que elevan a Bolívar a la categoría de héroe.

Para el chavismo, por ejemplo, Simón Bolívar es un hombre de izquierda casi asimilable a Marx o al Che Guevara (por su fuerza simbólica), en razón a su supuesto o real anti-imperialismo norteamericano o a su visión de construir una gran república poderosa, como si fuera igual alcanzar ese objetivo en aquellos años de lucha que en el contexto de los tiempos que corren.

La necesidad de enraizar las viejas ideas de la izquierda tradicional en Latinoamérica ha provocado que el chavismo retome la figura de Bolívar para convertirlo en su propio ícono, otorgándole, de paso, un tinte criollo a unos postulados teóricos que provienen de Europa. El mismo movimiento ideológico hicieron los cubanos con José Martí, con resultados quizás exitosos.

El problema es que Bolívar se resiste a lucir el ropaje socialista si nos atenemos al hecho de que ni siquiera conoció a Marx, a que su ideología fue básicamente anticolonial y estuvo siempre muy influida por el legado del liberalismo político y de la ilustración, dos bastiones del pensamiento burgués que se fueron imponiendo desde la Revolución Francesa a nivel internacional.

Pero los chavistas no tienen problema en colocar a Bolívar al lado de Marx o del Che porque lo que interesa no es el rigor histórico sino construir un imaginario que refuerce la pasión patriótica (de talante latinoamericanista) sin importar que el líder luzca mal disfrazado.

Ese mito bolivariano transnacional recorre varios países del área de la mano de gobiernos izquierdistas que se oponen a la intervención norteamericana y que aspiran a construir sociedades y economías independientes y más centradas en lo que ellos definen como los intereses populares, en contra de los intereses de la burguesía o de las élites locales.

Contra esa ola internacional se han levantado algunos ideólogos y supuestos historiadores para intentar destruir el mito de Bolívar creado por cierta izquierda en Venezuela y otros sitios. Pero los recursos que usan para destruir el invento son tan espurios como los empleados por los recreadores del mito, que le tuercen el cuello a las evidencias históricas para elaborar su discutible ícono.

Porque es inadecuado combatir el mito bolivariano de la izquierda desconociendo los méritos de un héroe que está sembrado hoy en la memoria colectiva de muchos países como el Padre de la Patria o El Libertador de muchos territorios por mérito propio, porque entregó su vida por una causa que dio origen a muchas de las actuales naciones del norte y centro de Suramérica.

Desconocer eso y negar las calidades de líder político y militar de Simón Bolívar es un garrafal error de apreciación que no se justifica con ninguna ideología decimonónica o contemporánea, ni siquiera con la de los santanderistas colombianos del pasado y de ahora, más enemigos de Bolívar y los suyos de lo que fue, quizás, el propio Santander.

Tampoco es posible destrozar el mito desde una posición política de ultraderecha que ataca en el ahora a los izquierdistas bolivarianos esgrimiendo calumnias y mentiras contra la imagen de Bolívar, como lo hace el señor Pablo Victoria apoyado en un fragmento de lo que él cree fue la vida de El Libertador.

El Bolívar hombre fue como todos los demás, contradictorio, polémico, amigo, enemigo, partidario de la guerra a muerte contra los españoles porque contra los “patriotas” se había declarado la extinción total de parte de la Corona. No se puede pedir que en una guerra tan cruenta los militares se comporten como un santo varón, porque las consecuencias serían fatales.

Los posibles o reales errores de Bolívar no oscurecen la importancia histórica de su gesta. Negar su papel extraordinario en la dirección de la revolución independentista latinoamericana acudiendo al argumento de que fue un dictador sanguinario y cruel (como lo hace el señor Victoria desde una perspectiva confesional e hispanófila de ultraderecha) es confundir los términos por dejarse transportar por la pasión ideológica y por la agresividad política contra sus enemigos de la izquierda contemporánea.

Nadie niega que Bolívar fuera un dictador en un momento de crisis de su proyecto, pero por ese hecho indiscutible nadie puede inferir la conclusión inútil y anticientífica de que Simón Bolívar no fue el líder político-militar que en efecto fue, sin el cual la quimera republicana de los fundadores se hubiera quedado en simple quimera.

Destruir (o comprender) el mito de Bolívar no es lo mismo que entenderlo a él, a su legado político o a su papel como personaje destacado dentro de la historia. Porque Bolívar no es su mito, el cual siempre se mueve de la mano de intereses, cosmovisiones o pasiones ajenas al líder y más acordes con las necesidades de los individuos, grupos o clases que se pelean el control del poder en un país o a nivel internacional.

La ultraderecha no puede ser tan ingenua de atacar a la izquierda enrumbando sus cañones contra Simón Bolívar. Si desarmamos el mito bolivariano dejamos sin ropa ideológica a nuestros enemigos, parece ser el argumento oculto de quienes destruyen el mito para destruir a la izquierda. Vana ilusión, pues la fuente principal del radicalismo de izquierda no está en Bolívar sino en Marx y los suyos, por más que el prócer venezolano les resulte ideológicamente útil.

Y menos si este trabajo inconveniente y tonto se hace acudiendo a la falsedad, a la calumnia y a la tergiversación del ídolo, lo cual parece que es un estilo dominante dentro de las huestes derechistas y ultraderechistas de Colombia y Latinoamérica (un caso patético es el de este “historiador” Pablo Victoria, de quien circula un video en la red en el que habla de su “verdadero Simón Bolívar”, adornando su discurso más con epítetos que con asertos científicos bien fundamentados).

Sobre Bolívar no se han construido solo mitos, cual más o cual menos fantasioso o inconveniente. Sobre Simón Bolívar también se ha escrito mucha historia seria, más iluminada por el espíritu de la ciencia que por los deseos de los creadores de mitos de todo el arco iris político. Porque Bolívar fue un líder descollante que se ganó su lugar en el imaginario colectivo y en los relatos históricos a punta de esfuerzo e inteligencia. Acerca de esto quedan muy pocas dudas, aunque eso irrite la sensibilidad política de sus adversarios del pasado y del ahora.

El mito de El Libertador soporta todas las interpretaciones, a favor o en contra. Su legado y su papel político-militar están ahí para el escrutinio científico de los investigadores, que deben abordarlos con un rigor y una pulcritud intelectual divorciadas de las distorsiones ideológicas contemporáneas (aunque esto sea casi imposible). Porque la obra de Simón Bolívar fue muy superior a su mito.

Tomado de http://www.zonacero.info/index.php?option=com_content&view=article&id=18530:la-destruccion-del-mito-de-simon-bolivar&catid=103:columnista&Itemid=130

miércoles, 4 de abril de 2012

Hallaron fósiles de especie humana hasta ahora desconocida en China

Fósiles de al menos tres individuos descubiertos en una cueva en China, y que datan de la Edad de Piedra, pertenecerían a una especie humana hasta ahora desconocida, reveló un estudio publicado hoy en los Estados Unidos.

Los fósiles muestran que estos individuos tenían características anatómicas muy diferentes, una mezcla de rasgos humanos arcaicos y modernos, destacaron estos paleoantropólogos en la revista científica estadounidense PLoS One (Public Library of Science One).

Es la primera vez que restos de una nueva especie que vivió en un período tan cercano al actual son hallados en el este de Asia, señalaron los expertos, añadiendo que estos individuos vivieron hace unos 11.500 a 14.500 años.

Estos fósiles son un raro aporte a una etapa de la evolución humana reciente y al inicio del poblamiento de Asia. Así, este grupo es contemporáneo a los humanos modernos desde el comienzo de la agricultura en China, una de las más antiguas del mundo, indicaron los investigadores, dirigidos por los profesores Darren Curnoe, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Sídney, Australia, y Ji Xueping, del Instituto de Arqueología de Yunnan (sur de China).

Los paleoantropólogos fueron cautos sin embargo con respecto a la clasificación de estos fósiles, debido al inusual mosaico de características anatómicas que revelan."Estos nuevos fósiles bien podrían ser de una especie hasta ahora desconocida, una que sobrevivió hasta el final de la Edad de Hielo hace unos 11.000 años", dijo Curnoe.

"También podrían descender de las tribus de humanos modernos desconocidos hasta ahora que emigraron de África mucho antes y que no contribuyeron genéticamente a las poblaciones modernas", añadió.

Los fósiles, que incluyen cráneos y dientes de al menos tres personas, fueron encontrados en 1989 en Maludong, o Cueva del Ciervo Rojo, en la provincia de Yunnan, pero no se estudiaron hasta 2008.

Un cuarto esqueleto parcial había sido encontrado en 1979 en una cueva en el pueblo de Longlin, en la vecina Región Autónoma Zhuang de Guangxi, pero permaneció incrustado en la roca hasta que finalmente se extrajo en 2009.

"Este descubrimiento abre un nuevo capítulo en la historia de la evolución humana -el capítulo de Asia- y es una historia que apenas comienza a ser contada", dijo Curnoe.

Tomado de http://mx.noticias.yahoo.com/hallaron-f%C3%B3siles-especie-humana-desconocida-china-153100596.html

jueves, 29 de marzo de 2012

GERMANA PIÑA, DESTACADA MUJER PARDA DE LA ÉPOCA COLONIAL EN LA VILLA DE CALABOZO

Ubaldo Ruiz*





Para las décadas finales del siglo XVIII, cuando la sociedad venezolana se aprestaba a encarar la gesta independentista, el grupo social denominado entonces “pardo” era el más numeroso dentro del variado espectro de castas o clases sociales, que según ciertos autores, como Antonio Mieres (1968; 241), componían la población de la futura República de Venezuela. Dice el citado autor que aunque algunos han utilizado el vocablo “pardos” para referirse a “cualquier tipo de miscegenación racial”, él prefiere darle el significado que entonces le otorgaba la legislación española, es decir, considerar en el referido grupo solo a aquellos “que tuvieran sangre negra en cualquier grado”; y remataba afirmando que “de manera general, pardo significa de color oscuro, moreno”. El grupo social de los pardos fueron de importante actuación durante la época colonial; por ejemplo, es sabido que las localidades de Curiepe, en el hoy estado Miranda, y Nirgua, en el actual estado Yaracuy, fueron fundadas por gentes de ese origen étnico.
En el caso de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, las Matrículas Parroquiales (ARCHIVO HISTÓRICO DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CARACAS, AHAC) revelan, que para el año de 1796, de una población total de 4.495 habitantes, existían 2.022 pardos; 1.639 blancos; 458 esclavos; 154 indios; 147 mestizos; y 75 negros libres. Allí se refleja lo que se afirma al principio acerca de lo numeroso de los pardos con relación a los demás grupos sociales; lo cual quiere decir que Calabozo no constituía una excepción, sino una afirmación de la situación presentada en la Capitanía General de Venezuela. Es importante considerar que en la Calabozo de finales del período colonial los pardos representaban casi la mitad de la población total de la Villa, tal como ha podido observarse.
Pero los pardos se destacaban no solo por su presencia cuantitativamente mayoritaria; es conocido que muchos integrantes de clases segregadas, como los mestizos y los pardos, lograron conquistar posiciones económicas y sociales originalmente reservadas a los blancos. Es ilustrativo el caso del mestizo Juan Germán Roscio, graduándose de abogado en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, e ingresando al Colegio de Abogados. Muchos pardos llegaron a ser dueños de haciendas y hatos, y de otros bienes muebles e inmuebles. El historiador Lucas Guillermo Castillo Lara refiere que en Calabozo, desde la época de su fundación, algunos pardos que se avecindaron en el recién erigido pueblo, se incorporaron como poseedores de fundos rurales. Castillo Lara (1996). El mismo autor afirma que con motivo de la instalación del primer cabildo calaboceño, un grupo de pardos intentó infructuosamente formar parte de ese primigenio ayuntamiento, reservado exclusivamente a los blancos; igualmente solicitaron construir un templo aparte. Esos datos hablan de un conglomerado social que de cierta forma hacía sentir su presencia dentro de una sociedad estratificada y segregacionista.
Durante esas décadas finales de la época colonial se formó en la Villa de Todos los Santos de Calabozo una comunidad ubicada hacia los límites orientales de la población, la cual fue conocida desde esos tiempos como el “barrio Arriba”. Este sector de la ciudad estuvo habitado desde un principio, de acuerdo a la interpretación hecha de algunos documentos de la época, por personas que no formaban parte de los grupos sociales considerados como de los principales de la Villa, es decir, de los blancos. En ese barrio se construyó, entre 1797 y 1804, el templo de Nuestra Señora de la Merced o las Mercedes, por lo que desde entonces se ha conocido al sector referido con ese nombre de advocación mariana. Durante la edificación de ese templo, los sacerdotes que dirigieron la construcción, afirmaron numerosas veces que ello se hacía con las limosnas que ofrendaban aquellas gentes, a pesar de sus “indigencias y falta de decencia” (AHAC); igualmente escribe el Presbítero Francisco Betancourt al Obispo el 18 de mayo de 1801, que “son los vecinos de este referido templo gente pobre y la mayor parte ruda e ignorante…”, que sin embargo lograron levantar una iglesia que hoy en día constituye un buen ejemplo del arte colonial venezolano. Las opiniones de los religiosos revelaban, no la pobreza material de los vecinos de la Merced, sino más bien su pertenencia a grupos sociales que no eran los blancos o principales de la Villa, que si tomamos en cuenta la proporción de la población parda, no sería descabellado suponer que esos vecinos pertenecían a este mayoritario grupo social.
El barrio Arriba o barrio de la Merced, que ocupó el lado Este de la antigua Villa de Todos los Santos de Calabozo, se comenzó a formar a partir de la segunda mitad del siglo XVIII con población de origen pardo, y llegó a constituir el sector más extenso de toda la ciudad de entonces. Partiendo de la plaza principal, se contaban tres calles hacia el Norte, en lo que después se llamó barrio del Río; hacia el Sur llegaron a existir dos calles, en un sector que llegó a denominarse barrio de la Sabana primero, y más tarde barrio del Cementerio; hacia el Poniente se formó el barrio Abajo, después llamado del Carmen, el cual contó con tres calles; pero hacia el Naciente, en donde se ubicó el ya mencionado barrio Arriba o de la Merced, la vieja villa colonial contaba, para finales del siglo XVIII, con al menos seis calles, en una de las cuales tuvo su casa de habitación la extraordinaria mujer objeto de este trabajo. Tenemos entonces que el sector más populoso y extenso del Calabozo colonial era el que estaba habitado por los pardos.
El fenómeno descrito, de una villa llanera de finales del ochocientos, cuyo sector urbano más importante, demográficamente y en extensión territorial, estaba conformado por los pardos, formaba parte de una realidad que armonizaba con lo que ocurría en otras localidades de la Capitanía General. Según afirma Manuel Alfredo Rodríguez en su discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia ANH (2002; 11 y ss.), los pardos de finales de la época colonial representaban “un papel muy similar al jugado en la contemporánea por la llamada ´clase media´”, y agrega además, que “adquirieron la habilidad técnica necesaria para elaborar materias primas, aprovecharon los prejuicios de la época para señorear numéricamente todos o casi todos los gremios artesanales”. El autor citado señala que, al igual que hizo la burguesía en Europa, los pardos libres de Venezuela favorecieron el proceso de urbanización en las principales ciudades de la provincia. A Calabozo habría que incluirla en ese proceso, pues en 1780, de acuerdo a lo que revela el intercambio epistolar entre el Teniente Justicia Mayor de la villa y el Gobernador de la provincia, contaba esta ciudad llanera entonces con dos compañías urbanas de blancos, y dos de pardos AGN (Gob. y Cap. Gen. 1780); además, la existencia de gremios de pardos se infiere por la presencia aquí de varios alarifes y albañiles, como es el caso del pardo Andrés José Carrera, quien participó en la construcción de dos iglesias dentro de la villa, durante el período estudiado.
La presencia de esas dos compañías urbanas de pardos en la villa de Calabozo es algo más importante de lo que parece a primera vista. Considérese que en la ciudad de Caracas, según se afirma en el Diccionario de Historia de la Fundación Polar (1988; Tomo E-O; 928), se congregaron, para el año de 1696, “seis compañías, de las cuales 3 eran de blancos, 2 de pardos libres y una de negros”; además, el hecho de que fueran urbanas, significaba que eran formados por los vecinos, quienes las sostenían con sus propios recursos; dice la misma fuente (p. 929) “En los textos y documentos consultados, con frecuencia hallamos referencias sobre milicias urbanas, milicias regladas y milicias disciplinadas. Las primeras eran aquellas unidades formadas por vecinos, sin sujeción a reglamentos y, por lo general, sostenidas a expensas de sus integrantes”. Imagínese una pequeña ciudad llanera que tuviera la capacidad de mantener el mismo número de milicias urbanas de pardos que la ciudad capital unos ochenta años antes. Definitivamente era importante la presencia urbana de los pardos en el Calabozo de finales de la colonia.
En ese barrio de la Merced, o barrio Arriba, vivió una mujer, parda precisamente, cuyo nombre ha permanecido enterrado en el olvido, pero que en su momento se destacó dentro de esa pequeña sociedad llanera de finales de la colonia. Aunque no realizó ninguna hazaña (que se sepa), solo vivió su vida cotidiana, muy probablemente de ama de casa; y aunque no se ha obtenido abundante información para elaborar una semblanza completa de este personaje, sí se tiene la suficiente como para asegurar que fue una mujer destacada. Esa mujer se llamó Germana Piña.
El historiador Lucas Guillermo Castillo Lara (1996; 67) dice que uno de los fundadores del pueblo de Todos los Santos de Calabozo, avecindado aproximadamente en el año de 1726, fue el pardo Francisco Ignacio Aparicio, y agrega que con él debió llegar su yerno Juan Francisco “Piña o Peña”. Ambos obtuvieron solar y tierras de labor. Por cierto que el mencionado historiador afirma que uno de los linderos que separaba las tierras de ambos personajes era una quebrada llamada de Juan Pobre, “nombre que tendría su origen en la pobreza de Peña”. No se sabe si este “Piña o Peña” fue pariente de Germana, aunque por lo poco abundante del apellido, existe mucha probabilidad de que lo fuera. El solar de este pardo debió ubicarse muy cerca de la plaza principal (hoy plaza Bolívar), pues alrededor de ese sitio se trazaron las primeras manzanas. En el proceso de consolidación del pueblo, con el paso de los años, ha debido acentuarse la estratificación social, originando el desplazamiento de la gente no blanca hacia las orillas de la población. Ello ha podido resultar en la formación de los primeros barrios de Calabozo, uno de los cuales fue el ya nombrado barrio Arriba o de la Merced, en donde tuvo su residencia Germana Piña.
Las Matrículas Parroquiales del 1790 AHAC (Mp. 10) revelan la existencia en la Villa de Todos los Santos de Calabozo de una casa, consagrada a San Ubaldo, la cual estaba habitada, entre otros, por Francisco Noriega, Germana Piña, “su mujer”, y un hijo de ambos, Juan Merced, todos pardos, y desde luego, sin la partícula de “don” o “doña”. Se ignora dónde estaba ubicada exactamente dicha casa. Como puede apreciarse, Germana Piña era una mujer casada y con hijos; sin embargo, y a pesar de su condición social, y de ser mujer en una sociedad patriarcal, su nombre destacó más que el de su consorte, según se advierte en los documentos consultados. Por ejemplo, por esos años de 1790 el albañil Andrés José Carrera vendió un solar a Germana Piña. El documento, ubicado en la Sección Real Hacienda del Archivo General de la Nación AGN, del mes de octubre de 1801, dice a la letra que “En veinte y dos de dicho mes me hago cargo de cuatro pesos y cuatro reales, que he cobrado de Andrés Carrera, alcabala doble, de cuarenta y cinco pesos en que vendió un solar a Germana Piña ha más de diez años, y por no haberlos pagado se le exigió doble”, y firman, Cousin, el funcionario, y Andrés José Carrera. Nótese cómo en el contrato no se menciona a Francisco Noriega, sino a “su mujer” Germana Piña.
Tal como se comentó en el caso de la casa de habitación de Germana Piña, aquí tampoco se conoce dónde estuvo ubicado ese solar; pero si consideramos que Andrés José Carrera fue un albañil, que participó en la construcción de la iglesia hoy Catedral Metropolitana, y en la de la Merced, y que su nombre nunca se escribió acompañado de la partícula “don”, ambas circunstancias serían reveladoras de que él no perteneció a los blancos, sino que por el contrario debió pertenecer al grupo de los pardos, quienes para la época se dedicaban a ese tipo de oficios. Y si se toma en cuenta que la Merced fue un barrio de pardos, podríamos suponer, que tanto la casa de Germana Piña, como el solar comprado al mencionado albañil, han debido estar ubicados en el barrio Arriba o de la Merced. Ello, además puede deducirse de la información obtenida en el Registro de Calabozo (RC).
El tradicional Registro de Calabozo (RC) contiene documentos desde el año de 1825, pero en algunos de ellos se menciona que el origen de las casas y solares se remonta a la época colonial. De esos documentos se ha tomado información que permite afirmar que en el año de 1833 existía una calle en el barrio de la Merced, llamada “de las Piñas”, en donde tuvo su casa Germana Piña. Esa circunstancia obliga a formularse preguntas relativas a si el nombre de la calle en cuestión se tomó de esta mujer. Esa calle corresponde a la actual carrera seis de Calabozo, y la residencia de nuestro personaje estuvo ubicada en la esquina que forma esa vía al cruzarse con la hoy calle cinco, antigua calle Real y después de Bolívar. Existe alta probabilidad de que tal nombramiento haya sido por la costumbre de la gente de señalar algunos sitios con el nombre (o apellido en este caso) de personas muy conocidas; el plural sugeriría que existieron varias mujeres con el citado apelativo, pero la presencia de Germana en numerosos documentos hacen inclinar la opinión hacia una preponderancia de ella.
La importancia que pudo haber alcanzado Germana Piña para el imaginario colectivo del antiguo barrio de la Merced se puede percibir en el hecho de que su nombre se utilizaba para ubicar las direcciones que se daban entonces; aun en documentos legales, como los de protocolo de compra-venta de casas y solares, se utilizaba el nombre de Germana Piña en el sentido mencionado. Por ejemplo, en uno de los citados papeles se puede leer que el diez de marzo de 1831, la señora Ceferina Hernández le vendió un solar a la señora María del Carmen Laya el cual, según indica textualmente el documento (RC), “está situado en la esquina arriba de la Merced frente de la señora Germana Piña, calle de Bolívar”. Y en un aparte se señala que el mencionado solar fue heredado por la vendedora de su legítima madre, la señora Cecilia de León, en 1794, dato que habla de lo remoto que era la existencia de esa calle que después se llamó “de las Piñas”.
Algo de especial ha debido tener Germana Piña para que tales cuestiones ocurrieran. Es probable, que por alguna razón se haya convertido en la persona más conocida del sector, o que haya realizado alguna labor social (como partera, artesana, etc.); quizás representó para la gente del barrio, una especie de matrona o mujer ejemplar en algún sentido; también habría que considerar su personalidad, que la llevó a realizar contratos de compra-venta de propiedades inmuebles, en vez de su marido (al menos no se ha localizado ninguno en donde este aparezca contratando), personalidad que estaría presente en la mente de los vecinos, cuando su nombre se utilizaba para bautizar calles, hecho aceptado hasta por las instituciones de la ciudad, como el Registro inmobiliario. En todo caso, que una mujer como Germana Piña se haya destacado en el seno de la sociedad colonial, caracterizada, entre otras cosas por ser patriarcal, y por su férrea estratificación y segregación racial, no deja de ser algo excepcional para alguien que, además de ser mujer, perteneció a la casta desdeñada de los pardos. Hoy habría que señalar el lugar en donde estuvo ubicada su casa, y recordar que la calle en donde vivió Germana Piña se llamó “de las Piñas”. Sería un acto de justicia para la memoria de alguien que mereció de sus contemporáneos ese reconocimiento, pero también constituiría un acto de justicia para esta ciudad de Calabozo, a fin de que su memoria histórica no corra la misma suerte de Germana Piña.
REFERENCIAS

BIBLIOGRÁFICAS:
CASTILLO LARA, L. G. (1996) Villa de Todos los Santos de Calabozo. El Derecho de Existir Bajo el Sol. Calabozo: Fondo Editorial Carlos del Pozo.
FUNDACIÓN POLAR (1988) Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas: Fundación Polar.
MIERES, Antonio (1968) Historia de Venezuela. Documentos Adjuntos. Primer Año de Humanidades. Caracas: Editor A. Mieres.
RODRÍGUEZ, Manuel Alfredo (2002) Discurso de Incorporación a la Academia Nacional de la Historia. Caracas: Academia Nacional de la Historia.
RUIZ, Ubaldo (2007) Un Símbolo Calaboceño. Iglesia y Parroquia de las Mercedes. 1795-1858. Caracas: Fondo Editorial Ipasme.

DOCUMENTALES:
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN AGN.
Secciones: Real Hacienda; Gobernación y Capitanía General.
ARCHIVO HISTÓRICO DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CARACAS
Secciones: Matrículas Parroquiales Mp. 10 Calabozo; Parroquias 19 Pa. Calabozo.
REGISTRO DE CALABOZO RC.
Libros de Protocolos.
*Profesor de la Maestría Historia de Venezuela (UNERG-Venezuela)

ANALFABETISMO MATEMÁTICO

Rafael María Crespo R. *


Usted, amigo lector puede ser analfabeta en matemática. Pero no se sorprenda, casi todos los venezolanos lo son, aun cuando hayan ido a la universidad e incluso habiendo obtenido un doctorado. Pues el hecho de manejar las cuatro reglas básicas no lo acerca ni al 0,001% de los conocimientos básicos en esa materia. La condición de analfabeta en matemática no es un estigma social, ni mal de morir. Pero, en el contexto de un mundo global, basado en el desarrollo tecnológico, tal característica coloca a nuestro país en desventaja para alcanzar el desarrollo del capital social que genera progreso.

Afortunadamente son muchos los docentes que comienzan a darse cuenta del peligro que esa carencia encierra. Al respecto, hace dos semanas participé en el inicio de unas actividades impulsadas por el Decanato de Investigaciones de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (UNERG) con el propósito de explorar el nivel de conocimiento y capacidades didácticas que existen en la educación primaria, para la enseñanza de la materia que nos ocupa.

Tan importante actividad es organizada por la Decana de ese centro de estudios Doctora Odalis Martínez quien es profesora de matemática en la Facultad de Economía. Los intercambios de opiniones, reflexiones y conceptos compartidos con ella durante el lapso que trabajamos juntos, evidencian su sincera preocupación por el bajo grado de conocimiento matemático que caracteriza a la mayoría de los estudiantes que ingresan en las aulas universitarias. Lo cual es grave, porque esa carencia obstaculiza la adquisición de conocimientos que son necesarios para el futuro profesional de los universitarios

Cuando me correspondió el turno de hablar, expresé sin complejos que la mayoría de nuestros estudiantes mostraban un alto grado de “analfabetismo matemático”. Esta última expresión fue usada por el Dr. Arturo Uslar Pietri, durante una entrevista en la que fue calificado como el hombre más culto de América, y el erudito respondió: “No, no soy culto porque el 50% del conocimiento de la humanidad está hecho con base en la matemática y yo no sé una “papa” de matemática; más aún, creo que sufro analfabetismo matemático”. Sin embargo, la expresión incomodó sobremanera a uno de los asistentes quien posee un doctorado en educación.

El educador antes referido, pasó de la incomodidad a la estupefacción cuando comenté que el “analfabetismo matemático” era incomprensible después dos mil quinientos años. Pues lo que enseñamos ahora es la mismo que enseñaba Pitágoras (585-500 a.C.); Euclides (365-275 a.C. y otros de la antigüedad. Mil años después de Pitágoras, Pierre de Fermat (1601-1665) y René Descartes (1596-1650), desarrollaron la Geometría Analítica tal como la conocemos, luego vinieron Sir Isaac Newton (1642-1727) y el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) quienes crearon el Cálculo Infinitesimal. Esa es la matemática que enseñamos aquí y en todas partes del mundo.

Cuando me referí a que hace dos milenios que se enseña lo mismo, no me refería a enseñar una nueva matemática. Me refiero a que es necesario revolucionar la forma de enseñarlas. Se trata de buscar un camino, un método, una estrategia, una didáctica que desde la UNERG posibilite revertir el analfabetismo matemático que traen los muchachos desde la educación básica.

Estas opiniones no son emociónales como afirmó el educador a quien molestaron mis reflexiones. Simplemente son el resultado de 37 años dedicados a enseñar matemática, en secundaria, pregrado y postgrado. Lo cual me ha mostrado que once años de vida invertidos en estudiar matemáticas desde primaria hasta diversificada para terminar sin saber calcular un interés compuesto, es un desperdicio de vida descomunal, tanto para el joven estudiante como para la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, resulta muy gratificante saber que existen docentes como la Decana de Investigaciones Doctora Odalis Martínez, quienes además de estar conscientes del problema, están tomando la iniciativa para enfrentar y vencer al peligroso flagelo del analfabetismo matemático que azota peligrosamente nuestro orden educativo. Felicitaciones a ella y a todos los educadores que investigan e innovan en nuevas formas de comunicación didáctica para facilitar la comprensión del conocimiento matemático. Pues, sin matemática, no hay desarrollo endógeno posible.

*Postdoctor en Filosofía de la Ciencia.

Profesor de Matemática jubilado de la UCV.

Profesor-coordinador del Postgrado Enseñanza de la Matemática de la Unerg.

Email: rmhatoviejo@gmail.com

Imagen tomada de http://www.elesquiu.com/notas/2011/6/4/sociedad-200690.asp

miércoles, 28 de marzo de 2012

Diplomado de Historia contemporánea de Venezuela. Caracas, 2012


Módulo
N° horas
Conferencistas
Desarrollo de las potencialidades humanas
6
Ana M. López
Continuidad y ruptura en la historia contemporánea
12
G. Carrera Damas
De la abolición de la monarquía hacia la instauración de la República (1810-1830)
24
Carol Leal
Instauración de la República liberal autocrática (1830-1899)
24
Elena Plaza yTomás Straka



Instauración del estado moderno y auge de la República liberal autocrática (1899-1935)
18
David Ruíz Chataing
Ocaso de la República liberal autocrática (1935-1945)
18
Juan Carlos Rey
La República liberal democrática. (1945-1948)
18
Simón a. Consalvi
La dictadura militar (1948 - 1958)
18
Eduardo Mayobre
La segunda República liberal democrática (1958-1998)
18
Guillermo. Aveledo

Total

162


PARTICIPANTES:. 30 personas con licenciatura o técnico superior y estudiantes del último semestre de Historia o Educación, con especialización en Ciencias Sociales. Si no se cubre el cupo no se realizará el curso.
FECHA: 21/4 a 1/12 , excepto agosto y 3 sábados de octubre DÍA: sábado. 9 am a 1 pm
LUGAR: Sede de la Fundación Rómulo Betancourt (FRB). Altamira. 8° Trans. entre 6° y 7/° Ave. Qta. Pacairigua. Teléfono 0212-261.6840, Cel. 0424-1637032 Vigilancia de vehículos.
PRE-INSCRIPCIÓN: FRB. Solicitar planilla de inscripción a diplomadohcv@gmail.com y devolverla llena por la misma vía. Depositar Bs. 500,00 en la CC de la FRB en el Banco Provincial N°0108 0027 72 0100000064. Remitir a la misma dirección voucher de depósito y copia de CI. Se devolverá el depósito si no es seleccionado o si no se da el cupo previsto.
INVERSIÓN: Bs.5.000,00 pagaderos en su totalidad o mediante cuotas mensuales, de Bs. 1.000,00, de mayo a julio y setiembre y Bs.500,00 en octubre. Los depósitos se harán en la CC de la FRB en el Banco Provincial. Se dispone de 5 becas para profesores de Historia de planteles públicos. Se devolverá el depósito de pre-inscripción si no es seleccionado o no se da el cupo previsto.
FRB. Altamira. 8° Transversal . Entre 6° y 7° Ave. Qta. Pacairigua. frbetancourt@gmail.com

Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Fundación Rómulo Betancourt

SOBRE LA OBLIGACIÓN DE PUBLICAR LAS REALES CÉDULAS EN LA COLONIA

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista de Valle de la Pascua
Una Real cédula era una orden real expedida por el rey de España entre los siglos XV y XIX. Su contenido resolvía algún conflicto de relevancia jurídica, establecía alguna pauta de conducta legal, creaba alguna institución, nombraba algún cargo real, otorgaba un derecho personal o colectivo u ordenaba alguna acción concreta. Principalmente eran promulgadas para dirigir los destinos en los dominios españoles de ultramar (América y Filipinas), con asesoramiento en la mayoría de los casos del Consejo de Indias.
En la colonia, se hizo norma que las autoridades de la provincia recibían y acataban las reales cédulas pero no las hacían cumplir, lo que dio origen al conocido adagio que dice: “se acata pero no se cumple”.
Tal despropósito generaba desinformación, malestar, perdida de derechos, sanciones e incumplimiento de obligaciones de la población en general, lo que trajo como consecuencia que el 8 de mayo de 1790 circuló en Caracas un pasquín de autor anónimo, donde se exhortaba a las autoridades coloniales a publicar las reales cédulas que enviaban a la provincia, acto que constituía una obligación de los representantes de la corona española y un derecho de los habitantes a conocer sus contenidos.
El caso que motivo la publicación del pasquín, encubierto por el manto del anonimato, hace referencia a una real cédula donde se le otorgaban algunos derechos los esclavos. El mismo decía lo siguiente:
Que desgrasias, que de llantos. Que de muertes Ce Ace saber al publico como estamos citados para que la Real Cedula que a Benido de Su Majestad a favor de nosotros los hesclavos se publique Mas a fuerza que con voluntad de los blancos y de la Real Audiencia cin señalar dia ni hora. A pesar de todos los blancos y blancas de hesta ciudad de Caracas y de toda la Provincia de Venezuela.
Como se puede apreciar, el pasquín reclama explícitamente la censura del natural proceso de publicidad que debían tener los oficios reales. El 31 de mayo de 1789 se firmó en Aranjuez una Real Cédula que abogaba por la educación, trato y ocupaciones de los esclavos en todos los dominios de las Indias y de Filipinas. En el pasquín se informa que esta cédula no se ha publicado y que debe hacerse contra la voluntad de los blancos y blancas y lo más culposo, de la Real Audiencia.
Valle de la Pascua, febrero de 2012.