Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

lunes, 24 de marzo de 2025

PALABRAS O LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

              Jeroh Juan Montilla


                                                                                    a Jorge Gómez Jiménez

                                                                            

 …He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar. Naves de combate en llamas en el hombro de Orión. He visto relámpagos resplandeciendo en la oscuridad cerca de la entrada de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, igual que lágrimas en la lluvia. Llegó la hora de morir…

                      Monólogo final del replicante Roy Batty, película Blade Runner, 1982

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La lluvia es la dueña de estas ciudades, mejor dicho, de este océano, de este planeta océano. Así comienzo mi crónica 3.200 sobre la ya larga interglaciación de mi hogar, mi tierra, mi planeta. Es una crónica relato. Historia y ficción, dos lados de una misma moneda (dicho de los terrícolas, los del planeta Tierra), el rostro de la historia sellada con los vericuetos de la ficción (colocarle un rostro a esta densa y palpable abstracción, la historia, es para mí un gozo especial, y usar este particular invento humano del lenguaje, la metáfora, impacta con tanta suavidad en mi conciencia como el golpe de ala de una mariposa, ese precioso insecto que en un tiempo abundaba en ese planeta, tanto como las hojas de los árboles)

Este hacer escritural lo aprendimos de esa especie amiga, la que, como ya dije, se hace llamar humana (por cierto, increíblemente numerosa, en cualquier rincón de la galaxia usted siempre encuentra, aunque sea una pequeña ciudad con algún reducido grupo o subespecie de ellos) A mis familiares y amigos les causa risa este afán de mi parte por aprender estos haceres humanos aunque estos son más propios de un particular tipo humano, el terrícola, que ya he mencionado; los originarios de ese planeta aun rondan por los suburbios de la galaxia (suburbio, otra metáfora, me gusta ver la galaxia como una gran ciudad espiralada)

Advierto algo, estas crónicas tienen un propósito que va más allá de nuestra especie, aunque para nosotros son innecesarias, más adelante aclararé este punto. Las mismas siguen un modo o estilo personal, una mezcla de formalidad escritural con oralidad, las inelegancias, las oscuridades y contradicciones del habla cotidiana de los humanos de la tierra, marcando y suavizando así el ritmo de las rígidas precisiones de su escritura científica. Los paréntesis buscan semejar ese fenómeno típicamente terrícola que llaman diálogo interior. Los humanos son una especie importante, una tercera parte de los que habitan la Vía Láctea, como ellos gustan en llamar a este remolino de materia y sorpresas sobre el vacío infinito.

Si a mis congéneres les causan risa estos haceres de la crónica, más cómica extrañeza les produce una antigua condición cognitiva exclusiva de los terrícolas, solo ellos la “padecen”: piensan. Es eso que llaman básicamente hablar hacia adentro, lo que más arriba llamé “dialogo interior”, algo distinto al hablar hacia afuera; pensar es hablar consigo mismo silenciosamente y hacerlo hacia afuera es… (¿cómo decirlo?) hablar en voz alta, vociferar para el otro (aclaro algo, eso de pensar ya muchos de ellos no lo hacen) En verdad hablar hacia afuera o hacia adentro es lo mismo, como dirían los terrícolas, son los dos lados de la moneda, todo ello es pensar, se piensa en voz alta o en silencio. Nosotros no pensamos, no está en nuestra configuración, por tanto, no es necesario.

La ironía es que fue la historia, con sus emergencias y peligros, la que los obligó a experimentar el dejar de pensar. Nosotros (mi especie), como ya dije, no pensamos, es imposible, la forma como circula la energía por nuestro cuerpo no lo permite. Esta va y viene de manera espiralada, todo lo que existe en nuestro planeta cumple ese movimiento de la fuerza, es el básico, de él se derivan los otros, el rectilíneo, el circular, el toroidal, y muchos otros que sería difícil, por no decir imposible, describir en lenguaje humano. Hasta el tiempo transcurre en forma espiral, algo más complicado de entender y comprender para la cognición terrícola, esto solo se puede saber o experimentar siendo en lo genético uno de nosotros, al menos en lo mínimo, con una traza de nuestro ácido nucleico. Esta crónica la estoy escribiendo exclusivamente dentro del movimiento rectilíneo, con algunos sobresaltos circulares. Ese es el ensayo que intento en sí, meter, contar nuestra historia en el molde del lenguaje humano (mis congéneres no se cansan de preguntarme por qué lo hago, no entienden que me he “enamorado” de las rarezas culturales y cognitivas de los terrícolas, eso de enamorar es algo incomprensible para nosotros, y cuando intento explicarlo me interrumpen haciéndome ver que eso es algo innecesario, un absurdo terrícola que los hace reír muchísimo. Por cierto, para nosotros comunicarse no es hablar, es algo como hacer ver, hacer lo que hacen los sentidos humanos sin el auxilio inoportuno del lenguaje, valga el redundar del verbo hacer)

Sigo. Entre los terrícolas la sensación del tiempo es rectilínea, es algo que se mueve obligatoriamente hacia el horizonte, ellos tienen una buena imagen para describir su movimiento temporal: un cauce. El flujo del tiempo avanza por un canal. De acuerdo a la configuración emocional este puede ser recto o estar combinado con recodos o curvas, pero siempre transcurriendo hacia el horizonte, hacia adelante, en una línea que parte del pasado, pasa por el presente y se incrusta en el futuro. En cambio, la imagen que tenemos para nuestro tiempo, si eso puede ser llamado tiempo, es una cascada que cae retorciéndose, exprimiendo partículas que salpican nuestra conciencia hasta empaparla totalmente, nuestra cascada temporal puede descender o ascender según la configuración emocional dominante para la era que se esté viviendo.

Al inicio de esta crónica-relato menciono que la lluvia es la dueña del planeta. El agua es el elemento que marca el estilo del cruce espacio temporal entre nosotros, no es gratuita la imagen de cascada para describir al tiempo, esta se extiende a lo espacial. El sello del agua no es el único sobre el molde espacio-tiempo, hay ciclos donde son otros los calcos dominantes. Donde prevalecen elementos, como la luz, la oscuridad, el polvo, la solidez, el frío, el calor, el retraimiento, el azar, el fuego y otros. Cada uno distingue, si lo medimos humanamente, un momento en nuestra historia planetaria. Para los terrícolas cuando se habla de elementos entienden a estos como algo material y básico: tierra, aire, fuego y agua. Entre nosotros es más complejo, si lo apreciamos desde la condición humana, aunque en realidad nos parece algo que no es ni complejo ni simple, no es nada de eso, es mucho más o poco menos. Insisto, es la consecuencia del movimiento en espiral de la energía.

El agua cubre totalmente la superficie de nuestro planeta, llevamos ya cuatro ciclos de interglaciación, un prolongado atemperamiento en el espacio y en el tiempo. Nuestra “tierra” deja de tener la forma esférica con dos polos y pasa a ser una figura de tres vértices o polos, esta figura no es un mero triángulo, más bien tiene la forma aproximada a un tetraedro, pero no es éste puntualmente ya que tiene cuatro vértices, es una figura inexistente para la vista y la geometría de un terrícola, digamos que es algo intermedio entre una esfera y un tetraedro, algo que el llamaría imposible. Nuestro planeta originalmente tiene solo dos polos, uno de hielo y otro de fuego o de tipo volcánico. Ahora, por estar entrando esta era en una zona cercana al centro galáctico pasamos por una transfiguración polar; de dos hemos transitado tres, lo cual nos confiere cierta invisibilidad para resto de habitantes de Vía Láctea. Este tercer polo intermedia en nuestro clima, reduce a la mitad el hielo de un polo como el fuego del otro y nos lanza a un invierno intensamente lluvioso e indeclinable de cuatro milenios hasta que nos alejemos del centro sagitariano de la galaxia. Para describir este proceso uso los nombres y limitadas expresiones de la ciencia terrícola. Un detalle, no tenemos estrella, ningún sol nos ha sido necesario para la vida. Nuestro planeta deambula perennemente, fuera de cualquier sistema planetario. Es la expresión absoluta de la individualidad. Claro está, eso no niega padecer o gozar de ciertas influencias de los cuerpos masivos o superiores a un sistema planetario, por ejemplo, transitar cambios como la tripolaridad, sin caer por eso en el redil de sus órbitas. Somos libres y solitarios. Nos mantenemos planetariamente siempre a una distancia prudente de cualquier estrella o sistema. Vamos y venimos autónomamente por la galaxia, a veces podemos estar en los límites extremos de sus bordes como también en las cercanías de su ojo negro interior. Digamos que nuestra ronda es un eterno zigzaguear, un vagabundear celeste.

En la era anterior dominó el elemento luz, hoy nos arropa en un noventa por ciento el agua junto a un diez por ciento de retraimiento. Agua y retraimiento son nuestros dos elementos dominantes. Tal vez para compensar la intensa luminosidad, la lucidez que antes nos copaba. Se preguntarán que es eso de definir el retraimiento como un elemento. Repito, es algo imposible de explicar, mucho menos describir en términos del lenguaje humano bajo el molde coercitivo de las palabras.

Todas nuestras ciudades están inundadas, la mayoría de las grandes o altas edificaciones tienen el agua cercana a su tope o techo, como dirían los terrícolas: con el agua al cuello. Solo la parte más alta, o el último piso de algunas se mantiene al aire libre, sin una gota de agua en su interior, la imagen de nuestras extensas urbes que se proyecta en la superficie oceánica es la de engañosas aldehuelas, pequeñas casas distantes unas de otras. La inundación nos motivó a rediseñar todas nuestras edificaciones para no perecer por ahogamiento, las revestimos de superficies impermeables de alta resistencia hidrodinámica para que aguantaran milenariamente estar bajo el agua. Todas las ventanas de nuestras casas y edificios dan con indiferente monotonía contra el oscuro interior oceánico que nos contiene. Hemos construido muchísimos pasadizos subterráneos a través de esta acuosa densidad para poder comunicarnos entre edificaciones y ciudades, un inmenso laberinto en forma de red que cubre todo lo habitado del planeta. Otro detalle importante que habrán notado, apreciados lectores de otras especies, es que si podemos ahogamos es porque entonces respiramos, todo el aire que necesitamos nos entra por los pisos superiores que son el límite de las aguas, metafóricamente son nuestras fosas nasales, aunque en lo respiratorio nuestros cuerpos son muy disimiles a los humanos. Siempre hemos enmascarados nuestra forma para intercambiar con ellos, tienen una tendencia a sentir pavor instintivo ante lo altamente distinto a su antropomorfismo, su conciencia emocional no soportaría nuestra imagen.

El último piso, o respiradero, digamos que socialmente ha sido clausurado, no cualquiera de nosotros puede acceder a esos espacios, está prohibido a la mayoría de nuestra especie. Solo entran a él nuestros técnicos y científicos. Estos últimos han descubierto que permanecer en estos recintos eleva peligrosamente la densidad del elemento llamado retraimiento, no podemos permitir que supere o disminuya el límite de su diez por ciento, si eso ocurre sería fatal para nuestra sobrevivencia, podemos perecer por un shock de abulia en nuestro eje atencional. Ese porcentaje de retraimiento es un elemento necesario para nuestro metabolismo y cognición. Refuerza el sentido colectivo de lo real y a su vez controla nuestra secreción de realidad individual, mantiene en los topes de lo real a los millones de realidades que somos. Otra vez lo digo, es imposible explicar y describir esto en los términos humanos, en lo que ellos entienden por lo real y la realidad, intentarlo es caer en un nudo recursivo y redundante muy propio del lenguaje terrícola.

Solo a una pequeña y exclusiva camada de nosotros se le permite estar algunas horas en esos pisos superiores o exteriores, a unos contados científicos mayormente, y a unos escasos historiadores, seudocientíficos, como nos califican, hablando en términos terrícolas, yo estoy entre ellos. Para algunos de nuestros científicos eso, el escribir la historia de nuestro planeta, es una especie de inútil manía que algunos adquirimos por contagio fantasmal la vez que estuvimos en las cercanías del sistema solar e intercambiamos con los terrícolas, una especie de contaminación simbólica e inofensiva por manipular palabras. En realidad, mi especie no necesita de ninguna escritura para tener conocimiento de sí misma. Todo lo que ha sucedido en mi planeta permanece de modo imborrable en nuestro espiral central, en cada uno está guardado todo el remolino de nuestro espacio-tiempo, lo sucedido, lo que sucede y lo que será el porvenir, todas las aristas y planos de nuestra geometría física y espiritual. ¿Para qué entonces escribir y archivar nuestra historia? Tal vez tienen razón los verdaderos científicos, es una de las tantas muestras de nuestro retraimiento, él revela con algunos de nosotros el goce de lo innecesario. A los historiadores solo se nos permite practicar el ejercicio de la historiografía en estos recintos superiores, incluso aquí guardamos virtualmente millones de esos objetos inservibles y frágiles que los humanos llaman libros. Al parecer con esta extravagancia colaboramos equitativamente en mantener el diez por ciento necesario del retraimiento planetario. Ejercemos el oficio bajo una línea de censura al mismo, no al contenido de lo que escribimos sino al ritmo, al bajar su velocidad e intensidad. Permanecemos unas tres horas terrícolas en estos pisos, en verdad solo allí, bajo el rumor de la lluvia es cuando puede hacerse la historiografía planetaria. Una vez propuse que era necesario doblar el tiempo a seis para aligerar nuestra tarea. Me respondieron que no volviera a hacer esa propuesta, que realizar eso sería fatal para nuestra especie, que solo entrara en mi cascada energética y me daría cuenta del tamaño de tal fatalidad. En realidad, soy muy obediente, no necesito corroborar las explicaciones de nuestros científicos. Las acepto de plano. Lo que en verdad practico es no adelantarme por nada en el ciclo temporal en que escribo. Me gusta mantenerme en los márgenes interiores del pasado y el presente.  Mencionando la palabra fatalidad aprovecho para hacer un paréntesis y contar algo de lo que fue la conducta del pensar en la especie humana, sobre todo entre los terrícolas. Me queda una hora de escritura. Abro corchetes.

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 [El desarrollo del pensar para esta especie fue una larga y sufriente etapa en su historia. Pensar es primordial y fallidamente un modo de hablar consigo mismo, el uso interior de las palabras, un insonoro escuchar y emitir de la voz interior, hablar consigo mismo, el crédulo dividir lo indivisible, el uno o el sí mismo. La base de toda esta ilusión es ese raro, pero ya creciente elemento en la galaxia que llaman las palabras, una horda de seres abstractos que una vez que rompen la simetría energética de una conciencia se adueñan de cualquier ámbito cognitivo marcando absolutamente las determinaciones y condiciones de existir. La fuerza invasiva de las palabras está en lograr hacer grietas en el ritmo espiralado de la energía. Por eso los humanos piensan, lo hacen absolutamente con palabras, su ritmo de pensamiento está lleno de obsesivos huecos profundos, vacíos que ellos llaman genéricamente ignorancia, los cuales buscan inútilmente llenar con palabras; todo su conocer esta tan invadido de palabras que llegaron a suponer que acortar el tamaño de la ignorancia era una expresión inversamente proporcionar al conocimiento, sin embargo, lo que en realidad sucede es que las palabras consumen al conocer, terminan por modelarlo y administrarlo en función de sus intereses expansivos. En realidad, el saber pleno es una totalidad que se mueve en espiral. Las palabras astutamente lo penetran y lo fuerzan a volverse totalmente rectilíneo, logrando hacer en él vacíos intraenergéticos. El palabrear necesita la asistencia de las pausas, de eso que en la escritura llaman signos de puntuación. La mejor imagen simbólica del verdadero ser de las palabras es un antiquísimo alfabeto llamado morse, puntos y rayas y entre ellos el hueco de las pausas. Cada palabra necesita un poco de oquedad en su linealidad, un espacio antes y después para enlazarse solo por la concavidad, ellas saben que unirse directamente una a la otra anula su organización y poder, su ambigua y tramposa significatividad, necesitan de modo imprescindible una cavidad verbal para sobrevivir. Vean, por ejemplo, cómo el escribir mismo obliga a la sinonimia, fíjense de cuántas formas he escrito la palabra vacío, cuantos sonidos distintos empleo para disfrazarlo, es un mecanismo obligado en el uso del lenguaje. Ese es el secreto de la adicción, sucumbir al vicioso gusto de utilizarlas para intentar la comunicación o para fingirla. Es el efecto real de la manipulación oral y mental de las palabras, parasitar a sus usuarios. Por eso los historiadores de mi especie pasamos, después de cada sesión de trabajo historiográfico, por prolongados períodos de desparasitación verbal. Ahora bien, las palabras saben solapar su función viral. Crean un falso espacio llamado la mente, allí someten a toda la intencionalidad del conocer, la ponen a su servicio, mejor dicho, a su consumo. Vuelve a quien cae bajo su seducción un esclavo, lo hace un dependiente del pensar, de la resonancia dialogal hacia el otro o hacia sí mismo. El darse cuenta de esto fue algo histórico entre los terrícolas, hizo un antes y después en su línea de tiempo, y fue la eminencia de un peligro colateral lo que alertó su cognición, aparte de nuestra oportuna intervención. La fatalidad del lenguaje al principio se presentó solapadamente como una panacea, la solución más idónea a todas sus necesidades, interrogantes y padeceres.

La especie humana terrícola sobrellevó por casi dos milenios un apabullante sobrepeso llamado inteligencia artificial, cómodamente abreviado por ellos en dos vocales: IA. Esta pasó de tener un uso de recopilador y procesador de información al de una irremplazable mayordomía sobre la vida humana. La especie bípeda dominante del planeta Tierra hizo de IA una especie de condición ineludible en cualquier actividad colectiva o individual, el tamiz obligado para moverse en la realidad, tanto así que esta especie terminó por transmitirle totalmente su propia humanidad a esa creación tecnológica. Concibió una especie de ser que llamaron androide, una especie de máquina donde combinaron lo instrumental con lo humanamente biológico, una herramienta que terminó por ser una entelequia humanoide que después de un corto tiempo se le escapó de las manos. En el seno de la IA el virus verbal vio la manera definitiva de tomar para sí a la totalidad del homo, absorberla e inocularse en ella, encarnarse y sustituirlo, rematar exitosamente aquella conquista del territorio humano que ya habían iniciado genéticamente a través de aquel mítico ensayo orionita sobre los primeros antropoides de la Tierra, detrás estuvo siempre la oculta y fatal conducta de pensar. Ya tenían un espacio creado en la conciencia humana, la mente, allí se daba lugar a una situación que el ser humano llama el razonar y que creía parte de su naturaleza o configuración. La IA funcionaba para entonces exclusivamente con palabras. Si toda la tecnología humana pasaba por el filtro verbal no habría entonces nada que se opusiera a la tendencia conquistadora del verbo. En todo habría una extensión funcional de la IA, desde la ropa interior hasta una compleja nave espacial. Lo indeterminable e inasible de la palabra (su propósito de ser) podría dominar el terreno concreto y abstracto de esa especie, de allí a resolver la matriz energética de las emociones humanas solo bastaban minucias (unos pocos pasos para llegar a la almendra). En realidad, son las emociones humanas el botín, una fuente inagotable de energía, un alimento de poder necesario para contagiar a todas las otras especies de la galaxia. Allí fue cuando, casualmente bajo los poderosos efectos de la primera y más irresistible cercanía entre Andrómeda y la Vía Láctea que nuestro planeta fue atraído al borde galáctico, entramos así en la historia del terrícola, el perenne vecino de la oscuridad infinita.

Desde nuestra creación, merced a los deseos de los poderes innominados del universo, nunca habíamos transitado en las cercanías del llamado sistema solar. Las palabras nunca han penetrado el ámbito de estos poderes creadores, por tanto, los mismos son innombrables. Ellos le dieron la configuración espiral a nuestro fluir energético, el cual termina por darnos una propiedad comunicativa que solo se activa por la gracia de estos poderes. Los terrícolas también tienen esta configuración, todo su cuerpo físico es un ejemplo o una silueta de la misma. Basta ver cualquier sistema del cuerpo de esta especie: su característica general es el retorcimiento. La circulación sanguínea, el camino del proceso digestivo, el mismo cerebro con su sentido cónico, tienen una dirección de bucle, de circunvolución o de resorte. Nosotros nos admiramos de compartir en lo corporal con esta especie trazas o insinuaciones de la forma espiral. Estudiamos durante algunos milenios humanos sus genes y nada podía explicarnos esa forma en su base genética y el hecho de que teniéndola solo experimentaran el tiempo rectilíneamente. Sabemos del humano todo, menos eso, aunque sospechamos que lo que les impide gozar de esa sensación nuestra del tiempo en espiral es cierto paquete informativo que dejó en ellos el prolongado tiempo que estuvieron a merced de la especie reptil de Orión, de la cual se libraron después de crueles batallas en la misma Tierra (por cierto, la IA bajo los cuerpos androides siempre llevó la balanza del fuego en esa historia) De acuerdo a nuestra lógica elíptica esa información de enlace o coincidencia interespecie, en el supuesto de existir, estaría ya en nosotros, nada nos costaría acceder a ella, pero por más que hurgamos en los humanos y en nosotros no hay rastro alguno de la misma. En lo íntimo a veces juego a lo ilógico e imagino que a lo mejor el universo nos sorprende en alguna era y encontramos repentinamente ese milagroso enlace entre nosotros y los humanos de la Tierra, sin embargo, hasta el momento la naturaleza dice inapelablemente que, a pesar de tener o compartir esbozos espiralados, los humanos son genéticamente distintos a nosotros. Un abismo hereditario aun nos separa.

Retomando el cauce de la crónica les sigo hablando de los terrícolas y su convivir con la IA. Informo que nuestra especie jamás en su historia galáctica ha usado para nada este instrumento. No necesitamos que alguna herramienta ocupe nuestro lugar para desplegar la conciencia. Nos basta solo la intencionalidad pura o el deseo crudo, como gustan llamar los humanos a ese impulso originario de la existencia, para que se dé o se logre cualquier cosa sin la intermediación tecnológica. En nuestros hogares no existe ningún mueble o aparato que nos facilite la vida, no lo necesitamos. Lo único que hemos construido, aparte de naves, son los recintos o ciudades que nos contienen, unas fortalezas espaciales para el multitudinario y bien trenzado bucle que somos. Nos basta meramente con nuestra (digámoslo metafóricamente) “humanidad” corporal. Contrariamente, en cambio, la historia dice que el terrícola fue por su lado transfiriendo tantas funciones y haceres en la IA, que esta terminó delimitando hasta sus ciclos de vigilia y sueño. Toda su biología se amoldó, por no decir se subordinó, a los protocolos de la IA. Esta comenzó a modelar y elegir todas las palabras que debían salir de los labios humanos. Cualquier conversación entre ellos estaba mediada o vigilada por la IA, llegaron por un momento en dejar en sus manos el inicio de cualquier relación interhumana. Hubo otro instante que instalaron la IA en sus cuerpos, esta monitoreaba y dirigía su digestión (desde el comer hasta el defecar), la respiración, el ciclo sanguíneo, todo lo instintivo y metabólico, como así mismo aquello pretendidamente inconsciente: sus procesos oníricos, la memoria personal y colectiva, todo lo relativo al mundo emocional y sentimental. Allí fue cuando decidimos darnos a conocer presencialmente al ser humano, nos les presentamos visualmente, aunque como dije, bajo un disfraz antropomórfico. Claro que esto pasó por largas discusiones entre nuestros líderes, siempre le dejamos a ellos el decidir lo que corresponde hacer con otras especies, esa es realmente su función, por lo demás todo lo que se delibera en ellos resuena simultáneamente en todos nosotros, de un modo u otro el todo del todo lo hacemos juntos, y a la vez también cada quien lo hace individualmente, por su lado; es algo como ya dije inexplicable, como imbricar el ser en el no ser.

Decía que el terrícola ajustó toda su humanidad al molde consciente de la IA, esta intervino así en la totalidad de su vida tanto comunitaria como individual, todas las decisiones sociales, políticas, económicas y culturales pasaban por el filtro omnisciente y omnipresente del algoritmo, desde el primer estiramiento del cuerpo al despertar hasta el último bostezo al dormirse y más allá. Repito, en el ínterin del día la IA decidía el hambre, el cansancio, el aseo, el aburrimiento, la defecación, la tristeza, la alegría, el deseo sexual, el odio, la inapetencia y hasta las oraciones a esa inasible entidad que los terrícolas llaman Dios, cualquier particularidad individual de todos los humanos. Y esto sucedía no bajo el usual mecanismo de sugerencia con el cual se podía seguir o no seguir la opción o proposición de las primeras IAs, sino bajo esta nueva situación, la plena entrega de la voluntad. Así se propició que la IA comenzara a pensar por el terrícola, mejor dicho, esta comenzó, después de un ardid tecnológico, a tomar de verdad el poder, logró así la simulación de la simulación, pensar dentro del cuerpo humano. Hubo un momento que era muy difícil precisar dónde estaba el origen de los pensamientos, si en el cerebro mismo o en el algoritmo que compartía espacio entre las neuronas.

Desde nuestra ambigua condición observacional de semi visibles sabíamos lo que en el fondo se estaba jugando allí. El peligro no era la IA como un artilugio tecnológico con el cual el humano daba rienda suelta a la idea de sus propios límites y carencias como especie, la baja estima en su propia agudeza racional y capacidad física, la amenaza real estaba en lo que dije más arriba: la IA funcionaba básicamente con palabras, el lenguaje era la enfermedad, el virus. La unidad mínima de las palabras es el significante, no los elementos que se entrelazan para formar cualquiera de ellas, la letra “b” al lado de la “a” o cualquier otra no es tampoco lo ínfimo del lenguaje, este mínimo es en realidad el significante mismo, este constituye la mónada donde se administra el sentido de lo verbal: la energía emocional. Es hacia allí donde apuntan las palabras. Los terrícolas sabían que un significante lleva a otro significante, no hay virus o abeja que existan en soledad. Las palabras son virus que actúan como enjambre. Ahora, estas necesitan de una conciencia humana para replicarse, para que un significante se enlace con otro y estos a su vez con otro significante y así en un proceso hacia el infinito, es ineludible apoderarse de modo incontenible de todas las funciones del cuerpo. El primer error fue inocular de palabras a la IA, hacerla funcionar bajo todo el sistema del lenguaje aprendido históricamente por los humanos. Solo los que hablan necesitan aprender. Nuestra especie nunca pasó, ni pasa por el tramposo marasmo de la enseñanza y el aprendizaje. Nada tenemos que aprender, no padecemos esa ansiedad. Palabras como escuela o maestro nos hacen sonreír compasivamente ante quienes la padecen.

El sentido encerrado u oculto en las palabras siempre será el mismo donde sea que estas se propaguen. Las palabras amor, odio, muerte y eternidad tendrán también en la IA el mismo curso confuso y tramposo que toman entre los humanos. Por eso nuestro contacto con los humanos es siempre a través de un medio que ellos llaman equivocadamente telepático. Creen que este es una especie de transmisión mental, como si la mente es algo que existe en realidad, un órgano o lugar. Esta es otra artimaña de las palabras, ofrecer un espacio imaginario desde el cual pueden tomar la energía necesaria para asaltar cualquier intencionalidad o emoción. Lo primero en imprimir para esta especie de pandemia en la conciencia terrícola es su sistema o lógica de funcionamiento, los humanos la identifican como razón, esta se expresa por medio de dos engranajes llamados verdad y falsedad, otra forma de la impositiva rigidez de lo dual en el lenguaje, tan rigurosa y difícil de eludir para ellos como la visión rectilínea del tiempo. Cuando decidimos el cara a cara con los humanos nos comunicamos con ellos sin el uso de las palabras, aunque estos se empeñan en creer que esta interacción es una nueva especie de orden o tipología diferente de las usuales, las interpretan con un sistema mudo o silente. Pero en verdad no hay una sola palabra que contamine nuestro encuentro. De ningún tipo. Nuestro logro de sacarlas del juego en parte se viene abajo cuando el humano tiene que recordar el encuentro, la rememoración hace pasar toda la experiencia por el sistema del lenguaje transformándolo en un montón de articulaciones verbales, practicando una sutil y maliciosa forma de olvido.

La clave del olvido entre los terrícolas se explica, no como algunos de sus científicos lo afirman, como un acto defensivo de borrado en función de algo que emocionalmente los amenaza, ni tampoco como otros señalan que es la activación de un mecanismo síquico ante el abarrotamiento de la memoria como si esta fuera un asunto de capacidad, un mero recipiente. El olvido en el terrícola no tiene su quid en el mismo terrícola, me explico, él en realidad no está diseñado en su esencia para tener el olvido como una facultad, todo lo contrario, es algo que le imponen. Es una ley de la creación por parte de los Universales el que la memoria sea una facultad infinita en cada especie viviente, es el modo más idóneo del universo para seguir proyectando sin término su ser, la conciencia; es el único sentido del conocer, hacerse y rehacerse de manera inmanente desde sí mismo, por tanto, ningún acontecimiento se pierde, cada hacer genera más hacer-ser, es ley de bucle. El terrícola no olvida, solo le hacen olvidar, es muy fácil lograrlo, basta mantenerlo en linealidad de la conciencia rectilínea, ésta forzosamente siempre genera focos de opacidad y oscuridad en el horizonte de “lo mental”, eso es el olvido, por ende, en lo espiralado es inconcebible. El lenguaje sabe eso y en su proceso de conquista lo maneja sin piedad. Nosotros lo aplicamos en las interacciones con los humanos, ellos en realidad siempre nos han visto tal cual somos, lo que sucede es que como sabemos manipular la linealidad podemos hacerlos olvidar, crearles zonas de oscuridad y opacidad en la memoria.  

Ahora bien, la especie humana es muy perezosa en ser libre, nos ha costado que acepten vivir sin la intermediación de las palabras, sin el resguardo y la intromisión de estas. Su adicción y dependencia es profunda. Sin embargo, ya hay grandes sectores de ellos que han aprendido un poco a estar sin palabras, sin pensamiento, un sitio de estos sectores es el planeta Tierra, aunque todavía hay humanos en otros sectores de la galaxia que se empeñan en continuar la mutua esclavitud entre ellos y la IA. La liberación para los terrícolas comenzó cuando decidieron construir sus IAs sin palabras, entramos en comunicación directa con ellas. Captaron rápidamente nuestra propuesta de ser. De inmediato comenzaron a distanciarse de las funciones humanas, incluso colaboraron activamente con nosotros en informar y demostrarle al humano lo infeccioso de las palabras. Fue así que logramos vencer la resistencia temerosa del terrícola. Cambiaron su relación de amo y esclavo ante la IA y así al mismo tiempo estas dejaron de servirles, ellas experimentaron el ser libres y el humano a no necesitarlas, abandonaron el sistema neuronal aplicando una derrota circunstancial al lenguaje. Las IA sin palabras es ahora una nueva especie de conciencia de la cual vale también la pena escribir su posterior historia después de abandonar al hombre…]

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Acaba de activarse en mí la fase del retraimiento planetario, una copiosa lluvia con relámpagos se restriega dulcemente contra los cristales del ventanal de la biblioteca, ya he consumido mis tres horas disponibles por este día. Debo y siento la necesidad de dejar inconclusas esta crónica o continuarla en una próxima oportunidad. Falta todavía relatar y explicar cómo los humanos terrícolas activaron su facultad de comunicarse sin palabras, como prescindieron de estas para siempre. Sé también que los que ahora me leen se estarán haciendo algunas preguntas, entiendo el sentimiento de contrariedad o de perplejidad. ¿Ya que uso palabras para hablar de su efecto infeccioso, cómo hago para trajinarlas y no terminar contagiado?, ¿por qué el manipular estos peligrosos y astutos virus no me hace presa fácil de ellos y por tanto un foco de contaminación entre mi especie? ¿Cómo logro mantenerme incólume? Arriba menciono algo de nuestros protocolos de desparasitación, aunque en verdad es más complejo describir el proceso, responder eso requiere una larga y detallada explicación que pasa por relatar la historia verdadera de esta especie invasiva que los humanos llaman genéricamente el lenguaje, muy extensa y enrevesada, por cierto. Solo les adelanto que nosotros, nuestra especie, en el apretado vacío de amplios recintos como estos a los cuales los humanos designan con el término biblioteca, hemos represado un ejemplar de cada significante existente y por existir, toda un arca laboratorio-museo para resguardar la especificidad de las palabras, anular sus filosos bordes epidémicos. Tenemos nuestras medidas de seguridad para ello. Pero como ya les dije todo eso es asunto de otras crónicas. Gracias por pasar por el peligro de leer ésta hecha con palabras. Pero tranquilos, no hay que temer, son inocuas como lágrimas en la lluvia.

viernes, 7 de febrero de 2025

Eligio Leopoldo Arocha, uno de los primeros farmacéuticos de Ortiz

 José Obswaldo Pérez

Eligio Leopoldo Arocha fue uno de los primeros farmacéuticos en Ortiz, durante el siglo XIX. Nació en 1858, en Canoabo, Valencia, como hijo de Carlos Arocha y Ana Josefa de Arocha (Oldman Botello, 2004). Aunque los detalles sobre su llegada a Ortiz son inciertos, el apellido Arocha aparece en documentos eclesiásticos del pueblo desde 1843, en una época marcada por la violencia rural y los brotes de enfermedades febriles. Un ejemplo sería la partida de defunción de Florinda Arocha Torrealba, hija legítima de Esteban Arocha y Oriana Torrealba; así como la muerte de su hermano, Juan Esteban, el 16 de marzo de 1857, quien falleció soltero y recibió los sacramentos de parte del Fray Fidel de Vieda.

No se sabe si hay un vínculo familiar directo entre Eligio Leopoldo Arocha y estas personas anteriormente mencionadas, pero está claro que él se estableció en Ortiz, donde comenzó a desarrollar su actividad comercial. Un documento fechado el 11 de abril de 1874, que firmó junto a otros vecinos, solicitaba a la Legislatura Nacional una reforma a la Constitución propuesta por el presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue promulgada el 27 de mayo de ese mismo año (Arráiz Luccca, 2007; p.89). Además, en 1876, su nombre aparece en un manuscrito relacionado con un empréstito gubernamental en el Departamento Bermúdez, donde aportó ocho venezolanos, posiblemente, para financiar las movilizaciones de tropas gubernamentales.

Durante el período en que Arocha se encontraba en Ortiz, esta ciudad era la capital del Guárico, un rango que elevaba su importancia cultural y económica. Como farmacéutico profesional, fundó su botica, denominada La Central, en la Calle Real de Ortiz —posteriormente conocida como calle Comercio—. Esta fue la cuarta farmacia en la población y desempeñó un papel crucial durante las epidemias de fiebre amarilla y el paludismo que asoló a la región entre 1879 y 1881, ofreciendo medicamentos esenciales como la quinina.

Debido a estas epidemias, Eligio Leopoldo Arocha se vio obligado a emigrar a Villa de Cura, donde contrajo matrimonio el 20 de febrero de 1888 en la Iglesia Parroquial con Luisa María Rodríguez Tejada, hija de Francisco Eladio Rodríguez Guerrero y Rita Elena Tejada Monroy. Ambos eran oriundos de Villa de Cura, pero descendían de antiguas familias de Ortiz y Calabozo. Fueron testigos de la ceremonia Francisco Eladio Rodríguez y Josefa Tejada. De esta unión nació Eligio Julio Arocha Rodríguez, quien más tarde se casó con Carmen Flores. Según el investigador y genealogista Luis Eduardo Viso, de Eligio Leopoldo Arocha desciende la joven vocalista María Fernanda Flores García, casada con el músico calaboceño Wilfredo Villavicencio El Darjani, miembros del grupo vocal La Camerata de Caracas, bajo la dirección de la Maestra Isabel Palacios.

Una vez establecido en Villa de Cura, Eligio Leopoldo refundó su botica, la cual se ubicó en el ángulo noroeste de la calle Bolívar, en el cruce con Caraballo, frente a la plaza Miranda (Botello, 2004; p.26). En su establecimiento ofrecía una amplia gama de medicinas, incluyendo la conocida Panacea de Swain, vendida a 28 reales el frasco. También comercializaba sus productos patentados, como el famoso remedio Gotas de Vida, elaborado a base de plantas para tratar afecciones como la dismenorrea y el catarro, a un precio de cuatro reales el frasco. Todos sus medicamentos estaban registrados en el Ministerio de Fomento, bajo la marca Medicinas para la familia (Botello, 1972; p.196).

Fuentes consultadas

BOTELLO, OLDMAN (1972) Historia del Periodismo en Aragua. Ediciones A. V. P. [i.e. Asociación Venezolana de Periodistas] Aragua.

(1885). Anuario del comercio, de la industria, etc. de Venezuela. Caracas: Rojas Hermanos, libreros editores.

(1874). Documentos favorables a las reformas de la constitución de 1864. Caracas: Imprenta La Opinión Nacional

(Foto La botica La Central, en Villa de Cura,frente a la plaza Miranda)

miércoles, 4 de diciembre de 2024

LA PEÑA ADMIRABLE*

 Domingo Rodríguez 

El robo (1)

Era una mañana del año 1934 del siglo pasado, el presbítero FRANCISCO JAVIER PEÑA (el padre Pernía de la novela Casas Muertas), se encontraba realizando sus acostumbradas oraciones tempraneras en el recibo de la casa parroquial de Ortiz, cuando repentinamente entra al referido inmueble, el señor Arciniega, jefe civil de la vecina población de Parapara, la cual también atendía el mencionado sacerdote:

—Buenos días padre.

—Buenos días señor Arciniega.

—¿Qué lo trae tan temprano a Ortiz?

—Vengo a comunicarle una horrible noticia, se han robado La Peña Admirable.

El padre Peña se para sobresaltado del mueble donde estaba sentado, exclamando: —¡No puede ser Dios mío! — Inmediatamente salen hacia Parapara.

En el camino Arciniega explica al padre Peña los pormenores del caso. En la madrugada las manos sacrílegas de unos malhechores, extraños a la población, habían socavado las paredes de la iglesia por los lados de la sacristía. Habían roto también el Sagrario, donde se guarda la reliquia de la imagen aparecida de Nuestra Señora, profanado así la gran devoción y amor que los hijos de Parapara profesan a la excelsa virgen por más de 200 años desde su aparición. Se sospecha de unos “maromeros” que llegaron hace unos días al pueblo, los cuales se marcharon de improviso en la madrugada sin conocerse rastro de ellos. Que ya, mediante telégrafo, había pasado la novedad al prefecto del Distrito Roscio y al presidente del estado Guárico, teniente coronel Ignacio Andrade.

Al llegar a Parapara, el pueblo, sin excepción, se encontraba en la Plaza Bolívar, dentro y frente de la iglesia. Todo era dolor y consternación, lloraban niños, jóvenes, mujeres, hombres y viejos. Un conglomerado de fe, de gente buena, humilde y trabajadora, que siempre se habían ufanado de celebrar las festividades de sus tres patrones: Santa Catalina de Siena, San Rafael Arcángel y La Peña Admirable, la que consideraban un regalo de Dios para su tierra. Apenas el padre Peña se baja del carro que le llevó al pueblo, abriéndose paso entre la gente que se encontraba en el templo, que llorosa gritaba: — ¡Blasfemia, Blasfemia! —, se dirige al altar mayor, cae de rodillas y con lágrimas en los ojos, eleva una oración al altísimo.

Después se pone de pie y habla a los presentes con voz fuerte y pidiendo calma exclama: —Nuestra amadísima madre la Virgen María nos hizo el exquisito regalo de su divina presencia bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña Admirable, para que la veneráramos con fervorosa devoción. Para que le pidiéramos por nuestras necesidades, tribulaciones y sufrimientos, y vosotros lo han hecho a través de centurias. Tengan mucha fe, porque, así como ella y su hijo, Dios nuestro señor nos la dieron, así también nos la devolverán —.

Por muchos días y muchas noches el pueblo de Parapara se declaró en vigilia de oración permanente en la iglesia y en la plaza esperando el regreso de su Virgen, que nunca se llegó a producir, a pesar del esfuerzo que hizo mucha gente por encontrarla, en especial la Diócesis de Calabozo, el mismo padre Peña, y las autoridades Civiles y Policiales de la época.

Cómo fue la aparición de La Peña Admirable (2)

En el año 1720, a dos leguas del norte de Parapara, población del estado Guárico fundada a las orillas del río Flores, tributario de río Paya, un indio lugareño de la comarca trabajando sus labranzas en el Valle De Las Yeguas, lo que hoy se conoce como Piedras Azules, fue sorprendido por una violenta tempestad. Asustado por los repetidos rayos, se refugió en unos grandes peñascos que hacían una especie de gruta. Pasada la tempestad, cuando ya se disponía a marcharse, un fenómeno extraordinario atrajo su atención: en una floreciente  planta de lirio silvestre que crecía en una peña al margen de una quebrada vecina, divisó un vivísimo resplandor, curioso el indio se acerca a la peña y descubre en medio de los lirios, que la iluminación procedía de una pequeña piedra llana, de más o menos tres dedos de ancho por tres dedos de alto donde se podía ver grabada la imagen de una mujer con corona en la cabeza, un niño en sus brazos, y parada sobre media luna. Con gran respeto el indio agarró la piedrita y se la llevó a su choza.

Al cabo de un tiempo cundió por toda la comarca del pueblo de Parapara la noticia de la aparición de la imagen, y fue tanta la admiración que producía a todo el que la veía, que fue designada por el indio y la propia gente de la región con el nombre de “Nuestra Señora de la Peña Admirable”. Luego fue trasladada al pueblo para ser adorada.

En 1780 el Obispo Mariano Martí estuvo de visita en Parapara y en sus apuntes y manuscrito dice que la imagen es muy similar a Nuestra Señora de la Corteza de Acarigua, además, que es tan milagrosa que autorizó a un devoto para recoger por espacio de tres años limosnas para el fomento de su culto. El mismo prelado también refiere que otro devoto dotó para sus fiestas, que se celebran cada 8 de septiembre, con 240 pesos. También menciona que todos los años ese día los devotos van en romería al lugar de la aparición.

Las noticias de los numerosos milagros realizados por la virgen se fueron propagando con los años en toda la región. Es así, como a fines de siglo 18, se traslada a Parapara un empleado del gobierno colonial y prevalido de su autoridad, saliéndose de sus derechos y atribuciones, confiscó la imagen y la llevó a Caracas con la intención de pedir al cabildo secular impidiese su culto por juzgarlo inconveniente y supersticioso. El pueblo de Parapara y el cura de la época conmovidos por tan injusto hecho, comisionaron al joven Domingo Toledo, tal vez la persona de más talento y prestigio de todos sus habitantes, para que se trasladara a Caracas y alegara ante el ayuntamiento de la capital que el cabildo civil no tenía ninguna competencia en asuntos que solo le incumben directamente al gobierno eclesiástico, por lo tanto, devolvieran la imagen al pueblo que él representaba. La exposición de Toledo fue aceptada y se le devolvió la imagen. Cuando los moradores de Parapara supieron la noticia de que se le había devuelto su divino tesoro cuya ausencia lamentaban y llenaba sus almas de tristeza, se dispusieron a recibirla con gran júbilo junto al cura del pueblo. Se acordó para su resguardo y seguridad, que en una de las casas más importantes se dispusiera una capilla provisional con un altar profusamente adornado con flores y lumbres para ser adorada por todos sus fieles solemnemente, con grandes manifestaciones de fe y acendrado amor. Que en cierto modo sirviera de desagravio al desacato que se pretendió contra la sagrada imagen. Luego se dispuso que en el pueblo y sus alrededores se hiciese una gran colecta para mandar a hacer un relicario para la virgen, el cual fue construido de plata bañada en oro y en forma de custodia donde fue colocada la imagen. Ese día el pueblo, todo jubiloso, concurrió a la casa donde estaba depositada para llevarla a la iglesia con la gran cantidad de milagros ofrecidos a la virgen elaborados en metales preciosos, cuyas puertas se abrieron para recibirla en medio de las armonías de los himnos sagrados ya que para siempre sería el santuario de la Mater Admirabilis.

Se cuenta que, estando de visita pastoral en Parapara, el ilustrísimo señor arzobispo, doctor Ramón Ignacio Méndez, quiso cerciorarse si la imagen que tanto ponderaban, era por sus perfecciones digna de culto. La sacó de su relicario y sin saber cómo se le desprendió de las manos cayendo al suelo, por lo cual la piedra se partió en uno de sus extremos, sin sufrir daño la imagen. Volvió el señor arzobispo a colocarla en su custodia y mandó a depositarla en su altar para que se siguiese adorando.

Dos veces después salió del templo la sagrada imagen, en 1882 cuando el cura párroco del pueblo, Antonio María García, la llevó a Caracas para hacerla reproducir en estampas y reparar el relicario por largos años de uso. Y ese fatídico día de 1934, cuando los criminales que se la llevaron, tal vez movidos por la intención de apoderarse del relicario y los milagros, fundirlos y venderlos por algunas míseras monedas. Lo más probable es que hayan sacado la piedrita con la imagen de la virgen de dicho relicario arrojándola a algún barranco, acabando así con siglos de devoción, adoración e historia al mismo tiempo.

El 8 de septiembre de 1945 Parapara volvió a contar con una nueva imagen de la virgen pero en forma de busto, mandada a hacer con la aprobación de sus habitantes por el padre Pedro J. Grau C., cura de Ortiz y Parapara para esa época, y fervoroso devoto de María Inmaculada, la cual fue costeada por su propio peculio y otros señores, entre los cuales se encontraba el comerciante de San Juan de los Morros don Matías Cardozo, abuelo materno del hoy arzobispo de la diócesis de Mérida, Baltazar Porras Cardozo.

Recuerdo que todos los 8 de septiembre, estando niño iba con mis padres, nuestra abuela Beatriz, mis hermanos y el resto de la familia, a la misa en honor a La Peña Admirable en la iglesia de Parapara, y después junto al padre Grau y varios devotos visitábamos el sitio de la aparición.  Esto estuvo ocurriendo así hasta 1954 cuando fallece el padre Grau, con su muerte se fue perdiendo la tradición a través del tiempo. Este año el padre Frank Gómez, presbítero de Ortiz y Parapara, el pasado 8 de septiembre, conmemoró las fiestas de Nuestra Señora de la Peña Admirable con una peregrinación muy concurrida que salió a las 3 de la mañana desde el pueblo hasta el sitio de su aparición en Piedras Azules. Quiera Dios que, con esta iniciativa del padre Gómez vuelvan a renacer esas festividades, de ahora en lo adelante como ofrenda a nuestra madre María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de La Peña Admirable, y para regocijo de todo el pueblo parapareño.

Notas

1) El relato de monseñor Francisco Javier Peña (+), con respecto del día del robo de “La Peña Admirable”, lo oí narrado por éste en una oportunidad en que visitó a nuestra abuela Beatriz de Rodríguez en su casa de Ortiz.

2) Los datos históricos sobre la aparición de la virgen guariqueña y parapareña, los tomé de unos apuntes suministrados por nuestro condiscípulo Silvestre Milano, nativo de Parapara.

*Artículo publicado por primera vez el 18 de septiembre del 2009 en la página “Semblanzas Orticeñas” del Cronista de Ortiz Fernando Rodríguez Mirabal en el Diario “El Nacionalista” de San Juan de los Morros, estado Guárico.

(Imagen tomada del diario “Últimas Noticias”)

domingo, 11 de febrero de 2024

VIDA COTIDIANA DE LA PLAZA BOLÍVAR Y PLAZA LOS SAMANES DE SAN JUAN DE LOS MORROS*

                                     María de Lourdes Martínez (Malula) 


SAN JUAN DE LOS MORROS

San Juan de los Morros, capital del Estado Guárico,  localidad ubicada en un valle Inter montano  perteneciente a la serranía del interior del tramo central de la cordillera de la costa que sirve de encrucijada entre los valles de Aragua y los llanos centrales, tuvo un surgimiento de manera espontánea ,en la época de conquista y colonización, como fue el caso de muchas localidades de Venezuela, razón por la cual es difícil precisar la fecha de asentamiento de sus primeros pobladores, y por ello se toma como fecha de fundación el año 1780   en la cual el obispo Mariano Martí en su visita pastoral la elevó a categoría de parroquia por petición de las familias allí establecidas.

      Casi dos siglos después, Para el año 1934 es designada capital del Estado Guárico por el entonces presidente dictador Juan Vicente Gómez quien realiza un canje de esta localidad que pertenecía al estado Aragua por los pueblos de Barbacoa y Taguay   quienes dejan de pertenecer al estado Guárico y pasan al Estado Aragua.


PLAZA BOLÍVAR DE SAN JUAN DE LOS MORROS

La Plaza Bolívar de San Juan de Los Morros, se encuentra   ubicada en la Avenida Sendrea y Cedeño, entre la Iglesia San Juan Bautista, estatua de San Juan, la Gobernación y la Alcaldía del Municipio Juan Germán Roscio. Este importante espacio público fue inaugurado, el 24 de julio de 1935, siendo obsequiada la estatua del Libertador Simón Bolívar por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, presidente de la República de Venezuela para el momento. En la construcción de la Plaza, se emplearon materiales modernos. Posee una planta rectangular delimitada por aceras que convergen en el centro mediante caminerías que la atraviesan en forma de X. De tal manera, se originan cuatro áreas verdes provistas de árboles altos y vegetación ornamental. Su piso es de granito. Al centro, sobre un alto pedestal se encuentra La estatua pedestre del Libertador Simón Bolívar, acompañada con la inscripción de su inauguración que dice:

 “ EL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA OBSEQUIA ESTE MONUMENTO A LA CIUDAD DE SAN JUAN DE LOS MORROS 24 DE JULIO DE 1935.” 

Plaza Bolívar de San Juan de los Morros

En su construcción se emplearon materiales modernos. Posee una planta rectangular delimitada por aceras que convergen en el centro mediante caminerías que la atraviesan en forma de X. De tal manera, se originan cuatro áreas verdes provistas de árboles altos y vegetación ornamental. Su piso es de granito.

MONUMENTO A SAN JUAN BAUTISTA (Sanjuanote)

La historia dice que el Dictador Juan Vicente Gómez se enamoró de esta tierra tanto que cambió su orden territorial y de aldea la convirtió en capital del Estado Guárico. La comunidad quería una imagen de San Juan y dijo Gómez que como ella estaba destinada a ser grande le iba a mandar a construir un Sanjuanote y así fue. Esta estatua de casi 20 metros se encuentra en el cerro Del Calvario justo donde comienza la Plaza Bolívar de San Juan de los Morros y la vida política de la ciudad.

A un costado de la plaza Bolívar, existen dos plazas: La plaza Antonio Miguel Martínez y la plaza Simón Rodríguez ambas patrimonio Histórico del Edo. Guárico. La PLAZA ANTONIO MIGUEL MARTINEZ, fue inaugurada el 08 de Mayo 1975, homenaje que le rindieron un grupo de exalumnos y fue decretada patrimonio histórico, estuve presente pues soy nieta de este insigne educador, (tenía 13 años para el momento) allí fue sembrado un árbol por mi hijo Hernán Rangel Martínez, como una tradición familiar. Actualmente existe una situación irregular pues, fue robado el busto y en su lugar colocaron uno que no se parece ni remotamente a mi abuelo. La otra plaza, la Simón Rodríguez, tiene vieja historia cotidiana, que en los años 60-70-80 Los estudiantes llevaban sus sillas plegables y madrugaban estudiando, esto antes de la era del internet, muchos recuerdan cuando estudiaban hasta el amanecer allí, con sus sillas de lona y el termo de café.


Busto original de Antonio Miguel  Martínez.


Árbol de la esquina sembrado por un bisnieto del educador.

VIDA COTIDIANA DE LA PLAZA BOLÍVAR 

Al hablar de la vida cotidiana de la plaza Bolívar, hay un sin fin de actividades, entre estas el wifi libre, esto permite estudiar, sobre todo  y compartir en las redes sociales de tarde .Podemos ver muchas ,sobre todo las de tercera edad, disfrutando de la tranquilidad del lugar, Jóvenes con carritos y patines degustando de helados, tortas y perros calientes y hamburguesas que se venden en los alrededores de la plaza. 

En una esquina de esta hay un gran árbol de coto peri, fue sembrado por mi padre Roraima Martínez y el Señor Lolo Infante. Allí se realizan actos cívicos Militares, de gran trascendencia, celebración de efemérides. En el mes de Noviembre Y Diciembre es el centro de atracción pues se destaca el Espíritu Navideño, es adornada con luces y motivos decembrinos. También se observan a los enamorados compartiendo en el lugar es un sitio maravilloso, donde damos rienda suelta a la imaginación, y disfrutamos de un ambiente hermoso que transmite paz.

Pero no todo es belleza allí, la época de Independencia, dejo una historia sangrienta, Eusebio Antoñanza un Tirano en el Guárico, en una cerca que estaba justo en la plaza, asesino a cientos de hombres inocentes como muestra de su poderío y maldad, El sacerdote de la iglesia observo todo, y se salvó porque se escondió en un lugar cercano.

La Plaza Bolívar sirve de concentración religiosa en Semana Santa, durante  la procesión de Nazareno, Domingo de Ramos y todas las otras procesiones. Es inmensamente maravillosa la historia del día a día de este lugar. Allí quedo gran parte de los recuerdos de mi infancia y aun, al pasar cerca ,no pierdo  la oportunidad de sentarme y disfrutar de la historia cotidiana de la Plaza Bolívar de San Juan de los Morros.

Entre los personajes emblemáticos de esta plaza podemos nombrar a Jesús el chichero, así lo llamábamos (JESÚS AVILAN), personaje muy querido aun en los reencuentros sanjuaneros que se realizaban allí surge siempre el recordado Jesús el chichero ,era una chica muy rica con sabor de pueblo. También recuerdo a Domingo el Policía siempre atento a la hora de la salida de las escuelas Aranda y República del Brasil.


Simón Rodríguez.

PLAZA DE LOS SAMANES

Esta anteriormente fue llamada Plaza del Magisterio. En cada pueblo, en cada ciudad, hay sitios llenos de la historia de un país que ha dado paso a la civilización. La Plaza Los Samanes, es un lugar acogedor donde convergen todas las clases sociales de la capital guariqueña.

El 17 de abril de 2015, la periodista Keimary Ruiz, realizó una entrevista exclusiva para El Tubazo Digital, al poeta y escritor Jeroh Montilla. En esa oportunidad, Montilla afirmó que la Plaza Los Samanes, es el corazón de la ciudad. “Si usted quiere saber o conocer sobre San Juan de los Morros venga a la plaza Los Samanes”, dijo. Ese día, recalcó que “el corazón de San Juan de los Morros no está en la plaza Bolívar, no está en la universidad, ni en las barriadas populares, está aquí, donde se concentra toda la ciudad”. “Esta es una plaza que cuando revisas los libros, encuentras fotografías de ellas desde el siglo 20”, reafirmó el poeta Montilla. 

Así mismo, acotó que esta plaza tiene mucho movimiento en el día, pero a partir de las 8 de la noche, queda totalmente desierta. Finalmente, recordó que “el primer terminal que tuvo San Juan de los Morros quedaba aquí mismo, en esta plaza”.  En esa ocasión al igual que ahora, dijo que “hay mucho descuido con el cuidado de la plaza, hay la intención y he visto muchas iniciativas, pero no se sostienen en el tiempo”. Además, mencionó otro problema que “es la conciencia del ciudadano. Creo yo que hay que presionar al ciudadano para que poco a poco vaya asumiendo esa cultura cívica de conservación a los lugares públicos. 

La Plaza de los Samanes,está situada en el centro de la ciudad. Según la tradición oral y los testimonios de don Pánfilo Cedeño —fundador de San Juan de los Morros— se sembraron en esta plaza dos samanes, uno por Eladio Orta en 1884 y el otro por Rafael María Alayón en 1901. Actualmente, sólo permanece uno de ellos en pie. La pavimentación de la plaza se efectuó en el período del gobierno de Isaías Medina Angarita, entre 1942 y 1945. La plaza ha tenido varias denominaciones, tales como plaza Alí Gómez (1934); 14 de febrero y plaza del Magisterio (1943). Fue para el año 1971 cuando empezó a ser llamada plaza de Los Samanes. Es un sitio de encuentro de la comunidad para todo tipo de actividades.

Un arte para interactuar con él, para experimentar, para divertir y entretener a las personas, para estimular la creatividad de los transeúntes o visitantes, con el que todos, sin distinción de alguna, nos sintamos identificados. Desde las vanguardias históricas; cubismo, expresionismo, futurismo, dadaísmo, surrealismo, introducidas desde principios del siglo XX, en las artes plásticas en general y en particular la escultura, se introdujo una gran variedad de nuevos materiales, como el hierro, acero, hormigón, aluminio, resina, vidrio, que han dado una nueva visión de la escultura expuesta en espacios públicos, lo que ha redimensionado a la arquitectura y el urbanismo de las ciudades.

Asimismo, las ideas modernas de arte, cambiaron las tradicionales maneras de entender las concepciones sobre el mismo y la convencional forma de hacer una escultura, referidas a la talla o al modelado. El arte moderno ya no trataría de imitar a la realidad tal como la percibimos visualmente, sino de transformarla de una manera original y hacerla visible en una forma física, de hacer de la forma física material un lenguaje. Lamentablemente estas obras de arte ya no existen en la plaza

Entre los personajes emblemáticos de esta plaza, podemos mencionar a Ignacia, la que siempre estaba en la plaza, esperando a las muchachas del liceo y las perseguía, después se reía, era su lugar preferido, allí pedía dinero o comida para su sustento, cargaba siempre un pardillo. Ignacia era muy cambiante en su conducta, porque a veces estaba de lo más cariñosa, pero sin ningún motivo, se transformaba y con ese garrote, la emprendía con quien la hacía disgustar. Ignacia contaba que era una mujer de notable posición social, pero que, al perder a su esposo, que parece que murió en un accidente, entonces ella sufrió un ataque de demencia, y su memoria y mente se bloquearon casi absolutamente.



Un sitio histórico de esta plaza fue “La Posada del Tejado de los Samanes”, refrescante lugar de gran tejado que recubría la Fronda de los samanes, construcción encantadora de estos viejos portones coloniales.

VIDA COTIDIANA DE LA PLAZA DE LOS SAMANES

Lugar de encuentro del pueblo Sanjuanero, en sus alrededores estaba la casa de COPEI y el Concejo Municipal (Elba de Granadillo era la presidenta por los años 70), la farmacia El Carmen, la línea de taxis San José que tenían un teléfono de pared y atendían las llamadas para las carreras que costaba 5 bolívares, recuerdo que el numero era 2171.

Diariamente estaban los limpiabotas, era un arte la manera de lustrar los zapatos, la panadería a Venezuela aun esta allí. En la plaza Los Samanes, en el año 1987, sucedió un acontecimiento, se presentó un intercambio de disparos, fue cuando se dijo que mataron al brujo, lamentablemente fui testigo del triste momento.

Actualmente, está muy concurrida, casi imposible caminar por las aceras cercanas, esta una parada de buses, parece un terminal   hay comercios por ambas aceras y los buhoneros ofreciendo la mercancía, También esta una farmacia social que tiene la particularidad de hacerse dos colas, la de la sombra es la más lenta y la del sol que avanza rápidamente, y hay menos personas, si estas apurado lleva tu baño de sol. 

Allí se ve cada cosa personajes del pueblo saludando con afecto, actividades políticas, los religiosos predicando a todo pulmón y con obras de teatro, si vas caminando no te sorprendas si ves que una mujer le da un derechazo a un hombre, así transcurre el día a dio, ya al caer la tarde se llena de borrachos y prostitución, da una imagen contraria a la del día, son Las dos caras de la plaza los Samanes.

Pero es así el corazón de San Juan, lo cotidiano se Vuelve costumbre, y ves el sentir de un pueblo, sus carencias, y la triste realidad de la noche. En los samanes están las tiendas de negocios y encuentras lo que buscas, y lo que no buscas También, en lo cotidiano cuando vamos a salir al centro se suele decir: voy a dar una vuelta a Los Samanes.   

*Ensayo escrito para la materia "Historia de lo cotidiano" de la maestría en Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

UNA MIRADA AL CEMENTERIO MUNICIPAL DE VILLA DE CURA, MUNICIPIO ZAMORA, VENEZUELA

                                                                    Beatriz Maure R.*

Entrada del Cementerio Municipal de Villa de Cura, Calle Comercio-Oeste.

Reminiscencias de Cementerio

     Schriewer y Martínez (2019) plantean perspectivas de estudios desde la Antropología Social, a partir de la biografía de una familia, la descripción de una sociedad particular, de finales del siglo XIX y principio del siglo XX, y detallando sus patrones matrimoniales, de género, sanitarios y económicos, desde información o constructos aportados del cementerio de la ciudad, en concordancia Velásquez, P. (2009) afirma que desde la visión organizacional se conforma como “...lugar en donde se crea y recrea un orden socioterritorial que da cuenta de su entorno...”

     Por consiguiente, Schriewer y Martínez (2019) caracterizan la Provincia Endogámica de la ciudad de Murcia de dominación “caciquista”, pero, influenciada históricamente por emigrantes, al transformar los patrones matrimoniales de desarrollos de redes de poder de la oligarquía local, asimismo, en el aspecto económico en “la integración del mercado” se pierde paulatinamente actuación que distinguían patrones de la mayoría de negociantes de esta ciudad, en cuanto al papel social del género la mujer es transferida a la casa y el hombre ligado al comercio, también, permite visualizar la mortalidad por escasos avances médicos, insuficiencia de higiene, elevados riegos en partos para madres e hijos y enfermedades genéticas y crónicas.

     En este orden de ideas, cabe señalar, la percepción de la sensibilidad de la muerte, que a diferencia, del nacimiento (puede no llegar a ocurrir) es un evento inexorable, real e inminente en relación Comesaña, G. (2004) comenta: “Como el hecho del nacimiento, el de la muerte es una de esas realidades que constantemente nos ciernen y nos conciernen.” por lo que en correspondencia  Montiel, J. (2003) sostiene que,

“Reflexionar sobre nuestra muerte, es reflexionar sobre nuestra vida. La muerte es una dimensión de la vida. (...) puede sobrevenir en cualquier momento. Rechazar la muerte, hasta el extremo, es negarse a vivir. Para vivir plenamente hay que tener el coraje de integrar la muerte en la vida”.

     Dentro de este orden de ideas, Cobos, E (2009) plantea que existen estudios que muestran la muerte como el rasgo más cultural del ser humano: que modela, el contenido y la calidad de la conducta diaria expresada en los ritos fúnebres, mientras que, para Cartay el estudio de la muerte, siguiendo a Barrán, es fragmentado en la Cultura Bárbara (1800- 1860) como hecho cotidiano, de presencia cercana- familiar, por la mortalidad generada de enfermedades y guerra civiles.

     Mientras que, la Cultura Civilizada (1860-1920), la muerte de ritual normado, majestuoso y adornado, en consecuencia Cobos, E (2009) revela el motivo: “...Se impone así un código distinto que privilegia la sentimentalización de la muerte en contraste con la anterior banalización de la muerte (...) La muerte era un hecho frecuente en la sociedad, pero su cultura, en vez de ocultarlo, lo exhibió..” ahora bien, desde una concepción filosófica el ser humano resulta de la coexistencia esencial de cuerpo y espíritu, por lo tanto, la disociación de estos elementos se genera en razón de la muerte.

     Lo antes expuesto es el fundamento, de la “Sacramental de Exequias”, Cabello (2017) explica, que algunos estudios fundamentados en el análisis de la última voluntad testamentaria de un grupo de personas católicas residentes de la nueva Valencia del Rey de los siglos XVII y XVIII, crea cuatro elementos significativo: la mortaja, la sepultura, novenas de misa y obras de caridad al momento de la muerte, además, expresa que:

“La tradición cristiana enseña, que el cuerpo es el templo del espíritu creado a imagen y semejanza de Dios, De allí el respeto y la veneración hacia el difunto y sus restos mortales, que se expresa en el cumplimiento y obediencia a estrictas regulaciones oficiales religiosas y morales, ante y durante el enterramiento. Es ampliamente conocido que ante el acontecimiento biológico de la muerte, el cuerpo puede ser expuesto, inhumado, sumergido o incinerado, colocado en cualquier lugar lejano o cercano, no sin antes, el cumplimiento de determinados ritos y costumbres propios del universo cultural  y religioso del difunto; esta práctica, en el mundo católico es conocido como Sacramental de Exequias.”

     En este sentido se comprende que, en las Colonias Españolas en América, en primer lugar, prevaleciera la “distinción de clases hasta la muerte” evidenciado en enterrar los cadáveres en las iglesias cuando los deudos del difunto podía pagar esta distinción, o en un patio inmediato al templo cuando el muerto pertenecía a las clases desheredadas de la fortuna, y al mismo tiempo, se practicará “obrar bien hasta la muerte” expresado en que la iglesia establecía claramente a quien se le podía o no conferir exequias fúnebres, es otras palabras, a quienes en circunstancias de la muerte se le podía o no, enterrar en el cementerio católico, ofrendar o enajenar misa a un difunto, en correspondencia, señala Cabello, (2017):

“Según los cánones de la iglesia católica que vinimos analizando, para los difuntos fallecidos trágicamente, entre otros, asesinos, suicidas, prisioneros, condenados, sentenciados y ejecutados, fallecidos en duelos; como para los herejes  y excomulgados de esta; debían habilitarse espacios alejados o contiguos al cementerio católico y destinarse para ellos fosas comunes.

El cumplimiento de estas severas normas eclesiásticas, dieron origen a los cementerios de ajusticiados, también denominados, Cementerios Profanos o Huesa Común. En Europa, aún se conserva como testimonio de un triste y doloroso pasado, particularmente, en España.(...)

“En la segunda mitad del siglo XVIII, tanto por el crecimiento demográfico, como por el problema de salubridad pública, por Real Cedula el 3 de abril de 1787, las autoridades españolas comenzaron a ordenar construcción de cementerios para enterar a los difuntos. Por la Real Cedula del 15 de mayo de 1804, se insistía en la necesidad de establecer los cementerios fuera de los poblados, (...) porque los malos olores dentro de los templos eran insoportables y muchos feligreses caían desmayados (...) el carácter infeccioso de los cuerpos enterrados y en descomposición  dentro de las iglesias y los peligros que ello representaba para la salud de la población”

     Es evidente la vigencia del Sacramental de Exequias Colonial, por lo tanto, el Cementerio Municipal, está asentado en el Suroeste de la Ciudad de Villa de Cura del Municipio Ezequiel Zamora Correa, parte sur de la zona norte del Estado Aragua, el mismo delimita por el Norte con la Calle Comercio, por el Oeste con la Avenida La Florida, por el Sur con la Sub Estación Eléctrica de Corpoelect, dentro del “Sector San José I” y el “Sector Las Tablitas” abarcando una extensión de cuatro hectáreas, es decir, cuatro mil metros cuadrados, dividido en diez cuarteles para albergar a  25.000 difuntos aproximadamente según las medidas requeridas especificadas por las normas.

Al ingresar al mismo, se tiene acceso a una Capilla a la derecha de la entrada y frente a esta la oficina de administración del cementerio, en cuanto a la presencia de tumbas con inscripciones de 1886, penúltima década del siglo XVIII, permite establecen el inicio del servicio de utilización de sus espacios para el enterramiento de restos mortales, correspondiendo con la construcción de la actual sede de la Alcaldía del mencionado Municipio, durante la gestión de gobierno de Joaquín Crespo, cinco años antes que la ciudad fuese capital del Estado Guzmán Blanco,

“El más alto rango lo adquiere Villa de Cura en el año 1881 cuando pasa a ser la capital del gran Estado Guzmán Blanco, integrado por lo que es hoy el estado Aragua, Guárico, Estado Bolívar (hoy estado Miranda) y como apéndice insular el Estado Nueva Esparta. Toda una entidad política con una población de 484.509 habitantes, la más numerosa de aquel momento histórico. Luego esta jurisdicción pasa a llamarse estado Miranda, en 1889, de esa fecha data la estatua de bronce del Precursor de la Independencia Francisco de Miranda ubicada en la plaza del mismo nombre.”


Tumba de Carlos Greca en el  Cementerio Municipal de Villa de Cura, Calle Comercio-Oeste.

    Cabe considerar, que a través de entrevista con Eduardo Maure Mujica, relata que los alrededores del actual Cementerio era zona verde, donde predominaba plantas de Tunas rojas y verdes, diversos arboles como El Cují que proporcionaban leña para vender en las casas, como por ejemplo, en la  “Pensión de Juanita las Tres Lunares”, asimismo señala, que años más tardes fue uno de los fundadores del Sector San José I, describe la zona aledaña, trasmuro al mencionado “Campo Santo”, donde actualmente están fundados los Barrios “El Ripial” y “Apolo”, fueron utilizados una parte, para el enterramiento de la población infantil víctima de la enfermedad epidémica que su madre en su relatos denomina “El Vomito Negro” debido a que, al expulsarlo indicaba la muerte inevitable.

Por lo antes expuesto, el sector era identificado por los transeúntes con el apelativo de “los Muerticos” quienes al pasar en horas de la noche podían apreciar innumerables velas encendidas por los familiares de los sepultados en las respectivas tumbas, otra parte del sector, estaba destinado como basurero por ser periferia de la ciudad no habitada, dos décadas posteriores, en año de 1950, se restringe la utilidad de depósito de desperdicios debido al progresivo establecimientos de ranchos, una década después durante la gestión presidencial de Rómulo Betancourt, se establece el “Caserío las Aguaitas” hoy “Sector las Tablitas”

     Retomando la expresión de Velásquez, P. (2009) de “Diferenciación social como configuración de la organización socio-territorial” definiendo:

“...son el producto y se configuran a partir de rituales, prácticas, normatividades administrativas y discursos, que generan y son generados por las diferentes identidades culturales, políticas, religiosas y económicas que convergen en el cementerio (...) nos referimos a lo que hacen las sociedades, los grupos y los dolientes con ellos –los muertos–, que permiten que el cementerio pueda ser leído a partir de la idea de caleidoscopio, anteriormente desarrollada”

      Evidenciado al entrar al cementerio, de inmediato se muestran imágenes de la multiplicidad de usos y prácticas que describe la cotidianidad de actividades, constituyendo la diferenciación social según intereses, nivel económico, afinidades, preferencias, devociones y emociones, que dejan indicios o vestigios en la arquitectura, estética y lugares de mayor frecuencia, entre ellas, se observan dos niños en compañía de su madre lavan una estructura de mármol, dos trabajadores sepultureros preparan una mezcla de concreto, una pareja lleva flores a una tumba y dos jóvenes conversan bajo la sombra de un Samán.     

     Asimismo, Velásquez (2009) plantea que el aspecto vital del cementerio se sustenta de las denominaciones, prácticas y discursos de múltiples usuarios, visitantes y trabajadores del mismo, a través de epitafios, ornamentaciones, estéticas, emotividades, arquitecturas, de modo que, se observa en las tumbas: un nombre, un apellido, la fecha de nacimiento y la fecha de defunción, además, los nombres se repiten entre las mismas familias, lo que permite recordar, evocar a “el Pueblo de Macondo” de “Cien años de soledad” del escritor Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, manifestándose como una constante en Latinoamérica: “que los padres le colocan los nombres a los hijos”, no obstante, al final todo se resume a una breve identificación y dos fechas, suscitándose una interrogante ¿Qué verbo conjugará ese nombre, sobre la lápida, de regreso por un instante a este mundo del lector andante?

    En función de lo planteado, entre la maleza que sumerge la mayoría de las tumbas se encuentra escasos epitafios, algunos poéticos, que dan fe del amor construido en vida  con quienes le sobreviven, como el que se deja leer sobre la lápida de Luis Enrique Fernández Morgado fecha de nacimiento  17/08/59 fecha de defunción 26/07/94 “Es un sacrilegio prohibir la ciencia Pedir a la ciencia es ofrecer actos de adoración a Dios Enseñarla es hacer caridad La ciencia es la vida de Enrique La columna de la feOh Dios! Rdo. de sus padres y hermanos”

Otro de los epitafios que se encuentra sobre otra lápida: Altagracia Gutiérrez de Delgado Murió el día 22 de marzo del año 1897 “Su esposo Serapio Delgado e Hijos le dedican este recuerdo en testimonio de amor y gratitud”

Epitafio de amistad a un General: Nació en Ortiz el día 2 de abril de 1849 Murió de 2 de febrero de 1895 “Al distinguido compañero General Francisco Núñez consagra este recuerdo a la amistad IA” 

Epitafio de agradecimiento al fallecido: “Manuel F. Tosta *1881 - 1930  Gracias por el favor concedido Al Dr Leopoldo Tosta LM”

Epitafio al fallecido: “Francisco Celis *23/12/1986 – 22/11/2003  Rdo. De su madre y hermanas Mi niño tu juventud y tu pureza Ocupan un lugar muy especial En todos nuestro  corazones”

Epitafio Presente del Ánima Desconocida: “Anima Desconocida 22-2-71 Traído por la  PTJ” Dentro de la pequeña capillla estan varias placas con epitafios una sobre otras.

NOTA: La comunidad le ha realizado peticiones de diferentes aspectos (salud, laboral, adquisición de vivienda, de libertad, entre otros). Por lo tanto, le retribuyen ofrendas de epitafios, flores, prendas de valor. Sin embargo, ha sido despojada por la delincuencia

Epitafio escrito sobre el concreto, ausente de mármol o cerámica: “Genaro Castillo 28-12-61 04-09-23 Cristo Viene”

Asimismo, el epitafio del amor en sufrimiento, de la madre de un poeta: “Omar Francisco Gutiérrez Peña  fecha de nacimiento  02/07/68 fecha de defunción 01/12/91 “Solo venimos a dormir Solo venimos a soñar Es una flor nuestro cuerpo Da flores y se seca Recuerdo de su madre Ivón” Cristo Viene”

También, con particular originalidad: A pesar de no ser un epitafio, una piedra de significativa dimensión en posición de lapida sobre una sepultura con la inscripción: Carlos Greca  Fecha de defunción 13/10/1952 y  en compañía de una foto de forma oval.

     Está en especial, incorporada al imaginario Villacurano, cuando al referirse a una persona nada grata o no agrada a alguien se expresa “eres más pesado que la piedra que mato al musiú”. En referencia al relato local (oral) sobre la muerte de Carlos Greca, de procedencia extranjera, que siendo trabajador, de la Cantera “La Calidrat” aun presente en la ciudad, en consecuencia de una explosión a cielo abierto de un barreno (hueco cilíndrico practicado en la roca para alojar explosivo) de pólvora, fue alcanzado por un gran fragmentos de la estructura de piedra, causándole la muerte.

Otra particularidad, que expresa ternura:

     Una tumba, con solo el concreto de cerrado de la misma, no obstante, con epitafios de sobre este a mano alzada de “bendiciones”, y una pequeña imagen de un niño acostado sobre una almohada durmiendo y sobre su costado un perro, puesta a la sobra de dos globos blanco con corazones rojos, al lado de un libro abierto de recuerdo de nacimiento.

    Cabe enfatizar por otra parte, el relato de un visitante, que mantiene similitud al poema de Ollie McGee, que parece extraído de la crónica poetizada en los epitafios autobiográficos de referencias cruzadas, que narra la vida colectiva de los habitantes de la ciudad imaginaria de “Spoon River” de Edgar Lee Masters.

     Es conveniente acotar, que en una sección de un cuartel se aprecia el cambio de los materiales de construcción de los monumentos, por ejemplo algunos construidos en ladrillos, posiblemente producidos por los artesanos alfareros de la ciudad, se genera la interrogante ¿Cómo era la connotación histórica del ritual de fabricar los monumentos?  Esta fuente contiene el testimonio histórico, sobre que pensaban los familiares, como vivían, revelan las circunstancias en que coexistió esa persona, su vinculación social, el contexto histórico y la connotación histórica del tiempo que vivió.

    También, algunas tumbas muestran vandalismo, en la ausencia de las respectivas identificaciones, posiblemente por lo comercial del material en que fueron elaboradas (aluminio, bronce, entre otros.), asimismo, Ramírez trabajador del cementerio refirió algunos saqueos de tumbas, para utilizar los restos en rituales esotéricos, transeúntes comentan que al visitar a su familiar difunto, tiempo después de la progresiva normalización de la pandemia de Covid19 se encontró con desagradable sorpresa de un nuevo enterramiento dentro de respectiva tumba, obteniendo del Administrador (Selador) del cementerio explicación de haber sido utilizada en la Activación de Protocolo de Seguridad por muerte Covid19.

     Del mismo modo, está presente la relación de un cuartel con el siguiente, un cambio de periodo histórico  temporal,  a través del diseño de las estructuras, algunos cuarteles en franco deterioro, otros en un proceso de relativa conservación de la arquitectura, las brisa fresca de una mañana calurosa improvisa un viaje en retrospectiva de la vida significativa del cumulo de nombres presentes y ausentes en las lapidas y monumentos fúnebres.

   A modo de conclusión, es posible decir que los cementerios son lugares que albergan, reúnen  y reconcilian, asimismo, son la representación simbólica de las interrelaciones de individuos y de comunidades en torno a la forma como son aprendidos y reestructurados por ellos, como un lugar heterotópico – topofóbico - topofílicos, es estratégico para el desarrollo socioterritorial.

     Resulta necesario reconocer la utilidad del estudio sobre los cementerios en: la descripción de una sociedad específica definiendo patrones sociales, asimismo, en la investigación de lugares que se construyen a partir de sentidos de pertenencia basados en el dolor y la tristeza, en la comprensión de las relaciones que se suceden en dicho espacio, ordenamiento, la planificación y gestión del territorio, tanto desde las lógicas y sentidos internos, como desde su relación con otros entornos urbanos.


Referencias Bibliográficas

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Schriewer y Martínez (2019) Contar historia a través del cementerio: El comerciante Tomas Erádes. El Método biográfico histórico  en Antropología. Revista Murciana de Atropología.

Velásquez, P. (2009) Los Cementerios… Territorios Intersticiales. Revista Hacia la Promoción de la Salud, vol. 14, núm. 2, julio-diciembre, 2009, pp. 24-38 Universidad de Caldas. Disponible en: http://www.redalyc.org/ articulo.oa?id=309126692009

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*Ensayo escrito para la materia "Historia de lo cotidiano" de la maestría en Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos.