Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

martes, 3 de diciembre de 2019

MEMORIAS DE UN TELEVIDENTE: LA MÁGICA NOCHE DE NOVIEMBRE


Por: M Sc en Historia Eduardo J. Anzola

Take me to the magic of the
moment
On a glory night
Where the children of tomorrow
dream away
In the wind of change

Rudolf Schenker, del grupo Scorpions


En la fría y temprana oscuridad de una tarde otoñal en un poblado belga, el conductor del transporte me dejó al pie de la entrada del modesto hotel  donde me alojaba, concluida mi jornada de asistencia a clases del programa de entrenamiento técnico al cual había sido seleccionado desde mi país.   
Teniendo ya casi dos meses de estadía en Europa, esa tarde del 9 de noviembre, estando en el lobby del hotel, estuve intentando infructuosamente de hacer una llamada telefónica por cobrar a Venezuela, para tener noticias frescas de  mi esposa Belkis. Ella estaba embarazada por primera vez de quien luego sería nuestro hijo varón. 
Para distraer mi ansiedad, me quedé mirando junto a otros más, el noticiero que transmitía la televisión. En el lobby, al igual que durante los días anteriores, se apiñaba una pequeña multitud alrededor del televisor, todos atentos al noticiero especial  que se transmitía en lengua flamenca. En un gesto de cortesía para quienes desconocíamos ese idioma, el recepcionista cambió al canal que transmitía lo mismo en francés.
Por esos días de noviembre de 1989, ya tenía una cierta  noción de la gravedad de los sorprendentes vientos de cambio que estaban soplando en el clima político de los países comunistas del Este de Europa. Ya yo estaba enterado de algunos sucesos, pero estando en Bélgica pude constatar el impacto que estaba causando esta sucesión de inusuales hechos, en muchos europeos habituados por décadas a las tensiones de cuarenta años de la Guerra Fría. 
Al inicio de 1989, con casi cuatro años como premier soviético, Mikhail Gorbachov había consolidado su base de poder y  demostraba ceñirse a métodos de gobernanza que no se fundamentaran en una política de coerción, como se habían caracterizado sus antecesores, sino en los principios de perestroika (apertura) y glasnost (transparencia).  Pero al no tener la presión de la constante amenaza de la intervención con la fuerza militar soviética, esa política tuvo consecuencias inmediatas  en los países vecinos que estaban bajo el férreo control del régimen comunista. 
En junio, Polonia, el país sede del Pacto de Varsovia, había realizado por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, elecciones libres que dieron paso al triunfo del partido Solidaridad, opuesto al régimen comunista. Habían elegido un primer ministro no comunista, provocando una inédita crisis política.  En agosto,  más de dos millones de personas de Estonia, Lituania y Letonia formaron una cadena humana de casi 600 km de extensión, reclamando su independencia de lo que entonces era la poderosa Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), potencia que se había anexado esos países Bálticos en un secreto pacto Nazi-Soviético en 1939, previamente al estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Acicateado por conversaciones casuales con mis compañeros de clase y profesores, decidí saciar mi curiosidad sobre lo que estaba aconteciendo en Europa desde poco antes de mi viaje,  mediante reportajes de prensa y noticieros. Me enteré entonces que en Hungría, hacía poco más de dos meses, se había convocado un picnic paneuropeo en las afueras de la ciudad húngara de Sopron, evento patrocinado por varios grupos de oposición, como una celebración de las relaciones de buena vecindad, ofreciendo mucha cerveza y lonjas de jamón ahumado en fogatas justo en la frontera con Austria. Por otra parte,  las autoridades comunistas húngaras y las austriacas del Bloque Occidental, acordaron abrir la alambrada de púas instalada en el paso fronterizo durante tres horas, para que los participantes en el picnic pudieran explorar lo que sería una Europa sin fronteras. Fue esa la primera grieta de lo que Winston Churchill había bautizado como la Cortina de Hierro cuarenta años antes.
El 19 de agosto de 1989, más de seiscientos ciudadanos de la Alemania comunista, enterados del picnic paneuropeo, aprovecharon esa grieta para llegar hasta Alemania Occidental desde Austria. Lo excepcional era que la policía fronteriza húngara no movió un dedo al respecto y las autoridades comunistas de la Unión Soviética tampoco mencionaron nada.
En septiembre, el primer ministro húngaro, quien había comenzado a flexibilizar las restricciones para viajar a Occidente en mayo,  ordenó desmantelar la valla de seguridad a lo largo de la frontera con Austria, aduciendo los altos costos de su mantenimiento. Al abrirse por completo esas fronteras, como si fuera un dique roto, el goteo de alemanes orientales refugiados en Hungría desde meses atrás, se convirtió en una incontenible inundación de gente huyendo hacia Alemania Occidental. Sin duda, los sometidos alemanes orientales no se iban a conformar con el paseo de un picnic.
En la época cuando llegué a Francia y Bélgica, la fuente de noticias más inmediata lo era la prensa escrita  que divulgaba  alarmantes informaciones sobre estos hechos. En aquél entonces no había Internet, no existía CNN ni ningún otro canal que transmitiera por televisión noticias diariamente durante las 24 horas, pero pude apreciar que los noticieros y programas de opinión en todas las emisoras, transmitían frecuentemente informes especiales dado lo inédito de los vertiginosos sucesos que estaban conmoviendo a los atónitos europeos occidentales, incluidos los propios periodistas, los políticos y los analistas en geopolítica. No era para menos.
En la pequeña habitación donde me alojaba, me impresionaba observar en la pantalla del televisor, cómo día tras día, oleadas de familias de refugiados alemanes, multitudes de jóvenes y niños, se desplazaban con premura, cargando las pertenencias de todas sus vidas en los atestados vehículos Ladas o autos de modelos pequeños; otros lo hacían en motocicletas, bicicletas,  carretillas y pernoctaban en precarias carpas frente al consulado de Alemania Occidental en Budapest. Aquellos que finalmente escapaban del territorio comunista, si pasaban en sus autos, tocaban frenéticamente el claxon, otros lloraban de gozo, se abrazaban o reían nerviosamente sin poder creer lo que acababan de lograr.  
Este caótico éxodo no estaba ocurriendo en África o el Medio Oriente, sino en el propio centro de Europa.
Al comenzar octubre, recuerdo con claridad la cobertura de la cadena británica BBC durante la celebración del 40 aniversario de la fundación de la República Democrática Alemana, evento que contaba con la incómoda visita del entonces carismático líder soviético Gorbachov, que se mostraba con su característico lunar en su frente calva y su mirada apacible.  Su llamado a suavizar los métodos políticos de línea dura era ignorado por el viejo líder alemán,  mientras miles de alemanes coreaban entusiasmados “¡Gorbi! ¡Gorbi!” Una vez que Gorbachov se retiró de Berlín, una muchedumbre con antorchas encendidas se dirigió para ocupar la extensa plaza central de Alexander (Alexanderplatz) cantando consignas de cambio político.
En los días posteriores, los corresponsales de las cadenas noticiosas de Europa Occidental comentaban, en medio de las restricciones impuestas por las autoridades policiales de Alemania del Este, sobre las audaces manifestaciones que irrumpían en las calles de sus principales ciudades, demandando más libertades y derechos ciudadanos. Una de las demostraciones más numerosas ocurrió en Leipzig y los reporteros de la  BBC hicieron sobre la misma, una cobertura bastante completa. Ese 9 de octubre, se aglomeró una multitud de decenas de miles de manifestantes pacíficos que osaron pasar por la temida sede de la policía política STASI cantando ¡Wir sind das Volk! (¡El pueblo Somos Nosotros!). Una semana más tarde, una multitud mayor aún abarrotó una vez más el centro de Leipzig y el clima de las protestas pronto se contagió por toda Alemania Oriental.
Después se supo que el anciano líder alemán, había ordenado una brutal represión con fuerza militar de toda forma de disidencia, pero esa medida fue derogada por otros miembros del politburó gobernante. La lucha de poderes que se generó en las altas esferas acabó por destituir a los pocos días al viejo premier, pero el caótico clima político ya desatado en ese nivel, prosiguió sin pausa. El líder sustituto intentó mostrarse más flexible que su antecesor, al permitir que la gente se manifestara con la condición que les diera participación en la tribuna a representantes del partido oficialista. Cuando éstos hablaban, la muchedumbre le respondía con rechiflas de rechazo.
El 4 de noviembre, otros cientos de miles de personas se manifestaron de nuevo en Alexanderplatz, en Berlín, exigiendo reformas democráticas y solicitaban que se les permitiera cruzar a Alemania Occidental. Esa fue una de las movilizaciones más importantes ocurrida hasta entonces. Para el estremecido gobierno comunista fue cada vez más difícil rechazar esos llamamientos.
En la memorable noche del 9 de noviembre, un alto funcionario del gobierno comunista anunció en una conferencia de prensa que las restricciones de viaje para los ciudadanos del Este se levantarían de inmediato, sin mayor demora. Esas simples palabras precipitaron la caída del Muro de Berlín.  
Yo había subido a mi habitación y volví a encender el televisor para continuar viendo lo que pasaba.  Desde poco después de las 9 y media de la noche, los noticieros occidentales de televisión  comenzaron a reportar en vivo cómo miles de personas de Alemania Oriental que se fueron hacia el Muro, exigían a los guardias fronterizos que abrieran el paso de Bornholmer a todos los que quisieran cruzar al otro lado. Mientras una muchedumbre exultante de alemanes del Este atravesaba la frontera abierta, cientos de personas de Alemania Occidental los esperaban del otro lado y todos celebraban con euforia ese momento mágico. Las cámaras de los reporteros mostraban rostros plenos de un sentimiento de alegría que reflejaban una feliz  conmoción por lo inesperado del sorprendentemente pacífico y trascendental suceso.
Yo nunca estuve físicamente en medio de esos acontecimientos, sino que fui un espectador virtual, pero de alguna forma marcaron mi existencia al igual que a todos, porque  hace treinta años, el mundo se transformó drásticamente. El Muro de Berlín, símbolo de la tensión entre dos bloques de poder  fue derribado, los gobiernos comunistas europeos siguieron  colapsando. En menos de dos años la Unión Soviética se fragmentó en 15 repúblicas, las dos Alemanias se unieron en un solo país y la Guerra Fría acabó, abriendo un camino de esperanzas y oportunidades distintas para nuevas generaciones. Para mal o para bien de unos y de otros, esos acontecimientos inesperados impulsaron la transformación global para las actuales formas de vida. Pero sin duda, en 1989, durante un breve período de meses, 70 años de historia comunista se diluyeron en medio de un vertiginoso remolino de cambios políticos, sorprendentemente sin sacrificio de vidas humanas.
Nuestro hijo que mi esposa esperaba por nacer hace 30 años, vive hoy casualmente en Alemania y recientemente me envió un programa de los actos que se celebran en ese país para conmemorar la reunificación de las dos Alemanias.
Aquel sentimiento que se vivió colectivamente entonces,  lo recogió muy bien la letra de la balada “Vientos de cambio” del grupo musical alemán Scorpions, ya convertido en un himno emblemático del suceso, cuya traducción dice:

Transpórtenme al momento mágico
De una noche gloriosa
Donde los hijos del mañana
Se pongan a soñar
Con el soplo de los vientos de cambio

martes, 5 de noviembre de 2019

LA REPÚBLICA FALLIDA (1813 -1814)


ENSAYO SOBRE UN CRUENTO PERÍODO DE LA GUERRA DE   INDEPENDENCIA  EN  VENEZUELA
                                                                                                                                                                                           
                                               Ms. C. Eduardo J. Anzola  San Felipe, Noviembre, 2019   
                                             
                                                                                                                       
1. EL DECRETO DE GUERRA A MUERTE
Luego que Simón Bolívar, con el decisivo  apoyo de las tropas neogranadinas invadiera a Venezuela desde Cúcuta a comienzos de 1813, la denominada «Campaña Admirable» tuvo una vertiginosa sucesión de triunfos sobre los realistas desde La Grita hasta Trujillo.
El memorable «Decreto de Guerra a Muerte», expedido por Bolívar en Trujillo a mediados de junio, era un documento estremecedor que solo se comprende en virtud del fragor de las circunstancias que se vivían entonces.
Hay que destacar que Bolívar mismo explicó en el texto el origen del decreto. Se trataba de una venganza ante los horrores cometidos bajo las órdenes de los jefes realistas en 1812. Se habían violado las condiciones dispuestas en la Capitulación de San Mateo y se implantó la llamada «Ley de Conquista»  mediante una política de represiones, crímenes y atropellos que los tenientes realistas aplicaban con inconcebible saña en las ciudades de todo el país. (Parra-P., 1992, pp. 587-599)
En respuesta, un antecedente del decreto fueron las medidas que en retaliación por aquellas medidas de los realistas, había tomado el brillante congresista trujillano Antonio Nicolás Briceño, apodado «el diablo» Briceño. Como comandante patriota, él estableció un  sistema de ascensos que parecía concebido en el propio infierno: por 20 cabezas de realistas, el autor de tal masacre se convertiría en alférez, por 30 en teniente y por 50 en capitán. Briceño, firmaba con la sangre de sus víctimas los documentos que enviaba a Bolívar, su comandante y pariente (Hernández G., M., 2008, pp. 207-208).
En abril, su esposa, una mantuana caraqueña, le enviaba desde Cúcuta  una carta amorosa a su marido:
«Mi querido Nicolás:
Recibí la que me hiciste (…) he tenido razones con doña Carmen Ramírez sobre el hecho de las cabezas remitidas, haciéndole ver las ventajas que podemos experimentar con solo la ejecución de estas dos cabezas (…)
En fin ha habido de todo: unos aprueban tu hecho, que creo que en el interior se han alegrado infinito. Girardot lo ha aprobado (…) Tejera lo mismo, lo ha celebrado, y en una palabra, eres el coco de estos lugares (…) y yo bien contenta.
Ignacita te da sus besitos y te manda una cajita de dulce de leche (…)
Soy tuya,
Dolores»
 (Epistolario, 1960, p. 113).
 Esta misiva era una extraña mezcla de orgullo, ternura y horror, agradeciéndole por las dos cabezas de realistas que le había remitido. Aunque Bolívar no aprobaba estos macabros procedimientos de Briceño, su decreto recogía el sentimiento de venganza entre los que continuaban fieles a la causa independentista y allí afirmaba:

«… la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan…» (Ruiz, 1999, p. 45)

En líneas posteriores, Bolívar colocaba en una disyuntiva a los españoles y canarios, señalando que pagarían con su vida los que no se sumaran a las fuerzas patriotas; si lo hacían, recibirían un indulto pleno y serían tratados como americanos. A los americanos los perdonaba, incluso si  hubiesen colaborado con los realistas. Los párrafos finales estremecen por su cruda ferocidad:
«Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América.» «Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables»
(Ruiz, 1999, p. 46)
El trasfondo que está detrás del contenido del decreto se comprende como un mensaje  para casi toda la aristocracia criolla tránsfuga al bando realista una vez celebrada la capitulación de San Mateo. Muy pocos fueron los que se mantuvieron fieles al ideal republicano perdido con aquel pacto. Bolívar jamás pretendió acabar con el estamento social de propietarios de Venezuela como había ocurrido en Haití, un tipo de revolución que no estaba en su programa. Hubiese tenido que pasar por el filo de su espada hasta a su propia familia, mayormente realistas consumados, y exterminar lo más florido de la sociedad caraqueña de la cual él formaba parte. Además, Bolívar tenía la determinación política de persuadir por todos los medios a los venezolanos a militar por la Independencia.
El efecto que tuvo semejante decreto en la población cumplió su propósito. Ello confirma que Bolívar era un estratega de las comunicaciones y de los efectos psicológicos para sacudir drásticamente a los venezolanos indecisos. A todos, patriotas, realistas o indiferentes, no les cupo duda de lo que Bolívar venía dispuesto a hacer con gran tenacidad, tal como lo demostró su actuación en la guerra.
Luego de avanzar desde las regiones andinas hasta el centro del país y seguir cosechando victorias y ocupar poblaciones como Carache, Boconó, Niquitao, El Tocuyo, Quíbor, Barquisimeto, Las Trincheras y Valencia, los ejércitos patriotas le habían allanado el paso a  Bolívar para que pudiera llegar a Caracas el 6 de agosto de 1813 (Arráiz L., 2011, pp. 118-119).
Luego de su entrada triunfal de Bolívar en Caracas,  la aparente paz no estaba asegurada, ya que en los campos, los realistas en 1812, no habían atacado con la saña que aplicaron a los citadinos partidarios de la República.
Por eso entre los campesinos, a diferencia de los pobladores de ciudades, el rey de España era visto favorablemente y se le consideraba como protector de los intereses populares contra los propietarios criollos que favorecían la causa de la Independencia.
También los esclavos de Barlovento se levantaron contra la República de sus amos, dando  vivas al rey español. Al carecer de armas suficientes, fueron rápidamente sometidos por los patriotas y toda la región  costera occidental pronto estuvo su bajo control.
Igualmente en los Llanos surgieron bandas de lanceros a caballo, proclamando al rey y acicateados por el resentimiento contra los que creían causantes  de su  marginamiento social, degollaban a los considerados como blancos criollos patriotas y saqueaban sus propiedades (Uslar P, J., 2007, pp. 90-91).
Mientras tanto,  las batallas continuaban en un proceso paralelo a la «Campaña Admirable» que estaba teniendo lugar en la zona oriental del país, donde los patriotas bajo el mando del margariteño Santiago Mariño, venían obteniendo una sucesión de victorias sobre los realistas en Güiria, Irapa, Maturín, Cariaco, Carúpano, Río Caribe, Cumaná, isla de Margarita y Barcelona (Villalba G., S., 1954, pp. 24-27).
2. EL LIDERAZGO DE BOVES DESDE LOS LLANOS
Para la primera quincena de septiembre de 1813, el realista José Tomás Boves, distanciado de sus superiores jerárquicos,  hacía la guerra por su cuenta y empezó a conformar un formidable ejército de lanceros y esclavos.
Boves lideraba con un estilo de camaradería hacia sus seguidores muy al contrario de los jefes realistas y de los patriotas, que mantenían su jerarquía distante de los suyos. En cambio, permitía dentro de sus ejércitos toda clase de libertades que en un grupo de nula cultura castrense significaban indisciplina y anarquía. Las tropas de Boves eran dirigidas por jefes que desconocían lo más esencial de la tradición militar y que en su mayor parte eran pulperos o simples llaneros habituados a sobrevivir con lo más básico y a enfrentar cotidianamente los peligros de la vida en Los Llanos.
Pese a ser él mismo un español rubio de ojos claros, Boves quería expulsar de los Llanos a todos aquellos considerados como blancos. Sus llaneros le temían pues Boves era capaz de las acciones más crueles, pero confiaban ciegamente en él porque los llevaba al triunfo y la recompensa.
Su sistema de combate era diferente al de los patriotas. Usaba como  fuerza principal en el ataque, la avasalladora avalancha de jinetes con lanzas que arrasaban a la infantería patriota en campo abierto, cuando intentaban recargar sus armas de un solo tiro.
La oficialidad patriota tenia escasa experiencia en combates reales y la mayoría se había limitado a participar en desfiles marciales. Provenía de la élite del estrato social más elevado, en su mayoría de propietarios de haciendas. No consideraban a sus tropas como iguales a ellos, sino la trataban con una cierta condescendencia de señor a inferior, pues la mayor parte de aquellos bisoños militares no habían hecho otra cosa que cambiar el mando en sus haciendas por el del ejército. Predicaban sobre derechos republicanos, justicia y libertades ciudadanas, que difícilmente se expresaban en su conducta práctica cotidiana y que sus soldados apenas comprendían.
En cambio, Boves, no predicaba a sus hombres sobre libertades teóricas y de difícil comprensión, sino en su propio lenguaje, exacerbando el odio a los considerados como blancos ricos, saqueando y repartiendo sus propiedades en total desenfreno.  Al propio tiempo que estimulaba a los pardos y esclavos marginados  contra los propietarios, les prometía los bienes de éstos, repartiéndolos entre todos sus seguidores. Con ellos organizaba regimientos y escuadrones.
La gente de su ejército, aspiraba borrar de Venezuela todo vestigio de los pretendidos republicanos, y solo esperaba una señal de su líder para degollar, quemar, violar y destruir con odio visceral todo lo que aquellos grupos de criollos elitistas representaban, para que los llamados pardos pudieran gozar de mayor protagonismo social, supuestamente bajo la bandera de la monarquía española (Uslar P., J., 2007, pp. 102-117). Se trataba de una guerra social pasional y violenta de brutalidad inusitada, sin programa político definido y de un contrasentido insostenible en el tiempo.
3. LA CONTINUACION DE LA GUERRA
En Octubre, el ejército patriota triunfó sobre Boves en la sabana de Mosquiteros, cerca de El Sombrero, pero al masacrar a venezolanos realistas ya rendidos, violando el «Decreto de Guerra a Muerte», la causa republicana perdió mucho apoyo entre los llaneros, que se sumaron a las fuerzas de Boves (Uslar P, J., 2007, p. 123).
En noviembre, los patriotas habían perdido la importante plaza de Barquisimeto, al ser derrotados en Bobare. Pero entre noviembre y diciembre de 1813, los patriotas cosecharon victorias en Vigirima, Matas Guerrereñas y Araure. Bolívar, entusiasmado con estas  victorias, dividió al ejército y siguió a Caracas. Los triunfos le hicieron creerse capaz de derrotar a los realistas sin necesitar auxilio de las fuerzas orientales de Santiago Mariño, pero poco después rectificaría ese criterio.
A partir de diciembre, habiendo triunfado espectacularmente en Calabozo, los realistas de Boves comenzaron a obtener una sucesión de victorias en los Llanos, en una orgia de masacres y saqueos. Esas victorias les dejó definitivamente abierto a los realistas, la ruta de los Llanos hacia los valles centrales (Arráiz L., 2011, pp. 124-125).
Luego de que Boves avanzaba desde los Llanos, derrotando a los patriotas en La Puerta, sus lugartenientes ocupaban a los valles aragüeños y los del Tuy, causando una profusión de sangre y horror sin precedentes, con el fin de aislar a Caracas en una operación militar de pinzas. Así llegaron los realistas hasta la ciudad de La Victoria (Uslar P, J., 2007, p. 141).
En enero, un Bolívar angustiado, finalmente pidió ayuda a Mariño y desde Caracas ordenó la ejecución de los españoles y canarios presos en La Guaira, pues se descubrió que desde allí promovían un levantamiento con habitantes de la ciudad. Bolívar temía que se repitiera lo que había sucedido dos años antes en Puerto Cabello, cuando bajo su responsabilidad, se perdió el Castillo de San Felipe. Entre el 13 y el 16 de febrero de 1814,  se calcula que mil doscientos españoles y canarios fueron despiadadamente ajusticiados. Un realista emigrado escribía (Uslar P, J., 2007, pp. 123-132):
«…horroriza oír el modo con que han matado en La Guaira setecientos cuarenta y tres españoles: los llevaron a San Carlos a pie, los acompañaban como doscientos asesinos, los metían en el Castillo, fueron sacando de cuatro en cuatro, les daban uno o dos machetazos, ya en la cara, ya en la cabeza, ya en el cuello, y en medio de los ayes y gritos que daban los infelices, los echaban a la hoguera que tenían preparada.»
A finales de enero de 1814, Santiago Mariño había salido de Aragua de Barcelona al frente de un ejército para apoyar al de Bolívar y no fue sino hasta los primeros días de abril que tuvo lugar el primer encuentro cara a cara entre Bolívar y Mariño para decidir finalmente la fusión de ambos ejércitos (Villalba G., S., 1954, pp. 40; 51-52).
Entre febrero y mayo de 1814, luego de que los patriotas obtuvieran triunfos parciales en Charallave, Yare, la Victoria, San Mateo, Bocachica y Carabobo, con elevadas pérdidas de vidas y de varios líderes militares, pudieron frenar temporalmente el avance de los realistas y recuperaron a Barquisimeto. No obstante, después de ser derrotado dos veces consecutivas, el formidable caudillo Boves logró reunir a más de siete mil  esclavos y llaneros, zambos, negros y mulatos, muchos avezados jinetes y diestros lanceros dispuestos a despanzurrar las entrañas más profundas de la República.
Con gran astucia Boves logró que Mariño llegara hasta La Puerta, sitio que conocía muy bien pues allí ya había derrotado al ejército patriota en febrero. Finalmente, a mediados de junio, Boves logró destrozar las tropas unificadas de Simón Bolívar y Santiago Mariño en la batalla de la Puerta con su poderosa caballería de lanceros, y continuó desplegando una ofensiva avasallante de destrucción y muerte en las ciudades y poblados que se encontraban en la ruta hacia Caracas. Entre junio y julio, Valencia fue defendida con ardor por los patriotas pero  ante el hambre y agotamiento de recursos, se rindieron ante Boves. Luego de haber convocado a la sociedad valenciana a un baile, bajo órdenes de Boves se realizó la espantosa degollina de los invitados sin discriminar edad o sexo, al compás de la música (Uslar P, J., 2007, pp. 141-156; 177-183).
Después de huir hasta la capital, a principios de julio, Bolívar encabezó una evacuación de la población caraqueña hacia la ciudad de Cumaná para salvarla de la tropelía realista, pero esa emigración tuvo un elevadísimo costo por la cuantiosa pérdida de vidas de gente de todos los estratos sociales, edad y sexo. 
 Luego, las acosadas fuerzas patriotas sobrevivientes al mando de Bolívar, siguieron acumulando desastrosas derrotas con saldos trágicos en casi todas las poblaciones de oriente del país. En septiembre, los otros jefes patriotas responsabilizaron a Bolívar y Mariño por la serie de fracasos militares, los despojaron del mando y enviaron al destierro. La desintegración de la organización patriota comenzaba mientras desfallecía  el segundo intento de República (Arráiz L., 2011, pp. 129-132).
Cuando Boves derrotó en octubre a los patriotas en Cumaná, allí se repitió el macabro baile y la masacre como en Valencia. Día tras día, fueron arrasadas las propiedades y exterminados los identificados como blancos, entre ellos casi todas las familias que habían sobrevivido al terrible éxodo desde Caracas y la mayor parte de las que vivían en la desgraciada ciudad, incluso los blancos criollos que se habían reclutados como realistas. Al salir Boves, solo quedaban siete u ocho blancos de la que fuera una población importante desde la colonia (Uslar P, J., 2007, pp. 210-213).
4. REPÚBLICA FALLIDA 
En Urica, a comienzos de diciembre, los realistas arrasaron con el ejército de los jefes patriotas sustitutos, y aunque Boves resultó muerto de un lanzazo en batalla, allí se selló definitivamente el fin de la restauración  republicana.
 Para los patriotas, 1814 fue un año de vértigo entre la gloria y la desolación. Murieron miles de combatientes en el campo de batalla y los rea­listas ejecutaron despiadadamente sin discriminar sexo o edad, a muchísimos civiles en las ciudades; muchos miles más fallecieron en el trágico éxodo de caraqueños, se destruyó todo vestigio de institucionalidad y la estructura económica de la mayor parte del país quedó arrasada.
La cifra de víctimas venezolanas, patriotas o no, durante ese trágico lapso en los escenarios de guerra, superó a la de los caídos durante la Revolución Francesa, a pesar que la población venezolana  era mucho menor que la de Francia.
La ferocidad de los realistas fue la causa que indujo a la reacción violenta del decreto de «Guerra a Muerte» y las masacres que continuaron en todo el país por parte de ambos bandos fueron de una espantosa atrocidad.
Precisamente estos horrores que Miranda había visto en Europa, lo condujeron a tratar de evitarlos con la Capitulación de San Mateo. En aquel entonces cuando, después de haber perdido en un costoso descuido la plaza del castillo San Felipe en Puerto Cabello, Bolívar culpaba severamente a Miranda,  ignorante de  la terrible experiencia que le deparaba el futuro. Las circunstancias lo obligaron a tomar decisiones muy similares a aquellas por las cuales dos años antes, condenara a Miranda en situaciones parecidas y también sufrió en carne propia el mismo tratamiento con que había dado al Generalísimo, cuando sus propios compañeros de armas lo enviaron al exilio.
Las frecuentes rivalidades entre los líderes militares fueron muy nocivas para que entonces se hubiese concretado la Independencia. De aquí que Bolívar, al igual que hizo antes Miranda, hubiese tenido que escoger muchos oficiales extranjeros para dirigir sus campañas, decisiones que siempre rechazaban muchos militares criollos quienes constantemente competían por comandar a los demás. Años después, un legionario británico reflexionaba  así (Uslar P, J., 2007, pp. 210-213):
«…las desgracias acaecidas a los patriotas, aquella guerra larga y agobiadora, los contratiempos y las derrotas, todo, en fin, puede achacarse a la irreflexión de los jefes independientes y, particularmente, a esa terrible emulación que los obliga a destruirse mutuamente».
El intento de restaurar la República nacida en 1811 fue un fracaso  rotundo y costoso.  En verdad, la afirmación de que la República se restauró con la «Campaña Admirable» de Bolívar y la de oriente de Mariño, no es del todo cierta.
En realidad lo que se entiende como restauración de la República se relaciona  solo en cuanto a su declaración del 5 de julio de 1811, pero nada tuvo que ver con su Constitución propiamente dicha. De hecho, el proyecto de restauración desestimaba las disposiciones federales y se concentraba el poder en la figura de Bolívar, quien terminó siendo  cuestionado por sus propios colegas de lucha, como él mismo había hecho anteriormente con Miranda. En ese intento de restauración, las prácticas civiles bajo el amparo de una Constitución republicana, no estuvieron presentes, más bien el país entero fue un sangriento escenario de luchas exacerbadas por el antagonismo de grupos sociales con visiones contrapuestas de la sociedad a la cual aspiraban.   
Con la Batalla de Urica, lo que se perdió definitivamente fue una República que no tuvo realmente ninguna oportunidad de restaurarse después de la Capitulación de Miranda.
En las circunstancias que se vivían entonces, para los partidarios de la República todo pareció haberse perdido. Pero la voluntad de los líderes republicanos de tener una patria independiente, sobre todo la de Bolívar, jamás se doblegó ante el pesimismo provocado por las dramáticas circunstancias, tal como lo demostró posteriormente cuando finalmente pudo contar con el apoyo de la avasalladora fuerza de los temibles llaneros pasados a la causa patriota, bajo el liderazgo de la lanza de otro audaz caudillo, también rubio como Boves, el «catire» José Antonio Páez.           
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ARRÁIZ L., Rafael (2012). Venezuela: 1728 -1830. Caracas. Editorial Alfa.

HERNÁNDEZ G., Manuel (2008). Los Canarios en la Venezuela Colonial, 1670-1810.  Caracas,  Bid. & Co. Editor.

Epistolario de la Primera República (1960). Caracas, Academia Nacional de Historia.

PARRA - PÉREZ,  Caracciolo (1992). Historia de la primera República de Venezuela. N° 183, 2ª  ed. Caracas.  Fundación Biblioteca Ayacucho.

RUIZ CH., David (1999). Documentos fundamentales de la historia de Venezuela (1770-1993).Caracas. Ed. Los libros de El Nacional.

USLAR P., Juan (2007). Historia de la rebelión popular de 1814. Caracas. Monte Ávila Ed.

VILLALBA G., Salvador (1954). Biografía compendiada del General Santiago Mariño. Caracas. Imprenta Nacional.                                   


viernes, 4 de octubre de 2019

LA POESÍA OCULTA DE LUZ ESTHER RANUÁREZ BALZA, VIOLETA IMPERIAL

Jeroh Juan Montilla

Los estados de ánimo son el piso del existir. Puedo sonar dogmático, pero esa condición me parece indiscutible. Los seres humanos son meramente un estado de ánimo, estamos reducidos a ello y no podemos evitarlo. El estado de ánimo nos determina tanto en lo objetivo como en lo subjetivo, filtra todas nuestras impresiones, dicta el camino de todos nuestros haceres. Los estados de ánimo son variadísimos, unos caen bajo el imperio de una emoción, otros bajo el dictado del sentimiento. En el lenguaje del filósofo Martin Heidegger a esta condición se le llama Stimmung. El límite humano donde lo ontológico y lo sicológico se vuelven una sola cosa, la puerta del mundo, en voz de otros intérpretes como Pilar Gilardi González: “un temple anímico que nos determina y antecede”
Quiero con esta nota dedicarle unas líneas a la tristeza. Decir cuánto debe la literatura a ella. El terreno de lo triste es el más fecundo para la escritura. Lo interesante es que en el cedazo de lo literario la tristeza pierde su consistencia original, esa crudeza que va de lo salobre a lo agridulce, lo literario la cuece hasta embellecerla, dándole una pátina de idealidad, volviéndola soportable y olorosa a nostalgia. Y es que la tristeza es tan pegajosa, tan envolvente que su proximidad termina contagiándonos. Nos ablanda y nos derrama.
Si usted, por comodidad u otro motivo, elude el detalle, el leer directamente a un autor, y se decide entonces por las visiones panorámicas, cuando abre un manual de literatura o un libro de historia de la literatura termina por creer que todo lo que aparece en esas páginas, escritas por un experto, revela toda la redondez de ese orbe, es la santa palabra de los breviarios explicativos. Pero esa es solo una fachada, el canonizado rostro que nos deja la mezquindad o la generosidad de la fama, ella, villana o heroína, es la que dicta casi todo lo que se reseña, critica o comenta literariamente. Pero eso no es únicamente la literatura, eso es apenas la superficie, el oleaje. Todo aquello que se ha editado no es toda la literatura existente o imaginable. Debajo hay mucho universo, hay más literatura en el anonimato que en las voluminosas enciclopedias o millones de títulos dedicados a vociferarla, esa clandestinidad creadora es un universo más inabarcable que todas las obras de cualquier género ya publicadas. Piense usted en el ingente número de escritores desconocidos, malogrados, ocultados por el férreo y circunstancial filtro del mercado editorial. Cuantos han sucumbido a la timidez. Figúrese la existencia innumerable de aquellos escritores cuyos textos quedaron atrapados en cajones y gavetas, enterrados y desaparecidos para siempre. No discuto que sean literariamente buenos o pésimos, sino me quedo en el propósito, el mero intento de volver palabras escritas un persistente estado de ánimo, gesto frustrado, opacado, ignorado para siempre por culpa del mismo escritor o del medio que le tocó padecer.
Luz Esther Ranuárez Balza parece estar en la interminable lista de este inventario. Tengo en mi mesa un libro único suyo, un solo ejemplar de factura artesanal, seguramente hecho por ella misma, hojas amarillentas transcritas a vieja máquina de escribir, recortadas y después pegadas en las páginas de un cuaderno tapa dura, de cubierta gris con el título “Aromas del camino” con recuadro y letras color oro. Un libro solitario de 61 poemas bajo la formalidad del metro y la rima, además de 8 textos en prosa. Todos escritos al parecer entre los años 40 y 70 del siglo XX, unos con su nombre, otros con sus siglas y algunos con un seudónimo, Violeta Imperial. Este libro llegó a mí como una rareza bibliográfica, un tesoro familiar impregnado del áspero olor de lo guardado por muchos años, fue, en un gesto de confianza, un préstamo que le hizo a mi curiosidad el dueño del ejemplar, mi amigo el cronista Argenis Ranuárez, sobrino de la poeta. Esta emotiva mujer nació en Zaraza, estado Guárico, en 1924, vivió muchísimos años en San Juan de los Morros, fue empleada del Banco de Venezuela y del Instituto Braille de Caracas, en los años de su ancianidad va a vivir a Barquisimeto donde a los 85 años de edad, en el 2009, fallece. Un ser humano de vida común, aparentemente sin las pretensiones de alcanzar las fulguraciones del prestigio público. Una fachada discreta que no delata ese tumulto pasional que se cocina a fuego lento en el silencio de llevar el poema como un diario personal. Todo su hacer poético se desarrolló meramente en su círculo de intimidad, un escribir para sí misma, sin ninguna manifestación pública de tal mundo, nunca publicó ninguno de sus poemas.
La tristeza es el estado de ánimo que une todo este poemario, la costura que le da cuerpo, una melancolía macerada en el desamor, aderezada con el gusto romántico por lo imposible, como si la autenticidad del amor solo puede medirse con la terrible vara del tormento, o el auto-tormento por lo que no tendremos nunca. Véase algunos títulos del poemario: Vano dolor, Traición y olvido, Triste mirada, De ti no quiero nada, Cuando no estás…, No sé qué anhelo…, Tu silencio, Volvamos al amor, Injusticia, Tu odio, Huyo de mí…, Abandonada, etc., etc.
Pregunto: ¿el dolor se padece o se cultiva? Padecerlo es lo evidente, basta tener sensibilidad. Ahora, cuando se cultiva se toma una ventaja, no es meramente que eres su presa sino que también eres su domador, no puedes desprenderte de él, es tu sombra, pero, paradójicamente, tienes el pulso necesario para educar tu dolor. Estos poemas dejan constancia de la educación de ese niño, de cómo una lacerante tristeza puede aprender cortesía, las buenas maneras del olvido y el rencor. Todo un aprendizaje para alcanzar la incertidumbre:
“No sé qué anhelo
No anhelo siquiera el vago secreto/ de tu alma, ni el porqué de tus horas…/ No pienso si ríes y menos si lloras/ Mi sentir, amigo, es pálido… discreto…// No pretendo ceñir a mis antojos/ tu sueño que va de prejuicio en prejuicio/ ni ansío siquiera el menor sacrificio/ y dejo que miren muy lejos mis ojos…// Prefiero silencio…amarga distancia/ y en mi soledad el frío y el invierno/ y en mi noche de pueblo escuchar en calma/ la voz imposible que acaso te nombra…/ Y cuando al fin mi recuerdo bese tu alma/ sienta que besa apenas tu sombra…”
Amigo o amiga lector, ¿has leído alguna vez los poemas de Christina Rossetti? Una de las voces más singulares del prerrafaelismo, inglesa (1830-1894) Mujer atormentada, de una fuerte devoción religiosa siempre bajo los embates tentadores y redentores del amor. Fuera de lo odioso u honorable de las comparaciones me atrevo a ubicar en el mismo espíritu escritural prerrafaelista el poema de Luz Esther que leímos más arriba. Seguro estoy que ella nunca leyó a esta inglesa, apenas es en 1997 cuando la editorial española Hiperión publica una primera antología en castellano de Christina Rossetti. La historia la mantuvo en el olvido hasta la década del 70 del siglo pasado cuando algunas feministas comenzaron a estudiarla. Los poetas no necesitan conocerse, ni leerse para vibrar en los mismos tonos. Por ejemplo, leamos este trozo del poema “Canción de la novia” de Rossetti: “¡Oh, es tarde para el amor, tarde para la alegría,/ tarde, demasiado tarde!/ has vagado en el camino por mucho tiempo,/ has dudado frente a la puerta:/ la encantada paloma sobre la rama/ murió sin un compañero;/ la encantada princesa en su torre/ durmió detrás de las rejas;/ su corazón se encogía de pesar/ mientras tú la obligabas a esperar.” Confrontadas ambas poetas vemos la misma finura afectiva ante las íntimas catástrofes del amor, un mismo estado de ánimo, igual excelencia escritural pero distinto destino, la inglesa, rescatada, publicada y colmada de elogios, ya un signo que marca rutas en el hacer literario de un siglo, en cambio la venezolana cayó bajo el duro destino de mucha de nuestra poesía, sobre todo la escrita por mujeres, el olvido, el encierro de la gaveta o la definitiva lápida de la inexistencia. Quiera Dios que sus familiares herederos puedan, alguna vez, publicarla completamente para beneplácito de la justicia literaria. Estas palabras que escribo pretenden lo mismo.
Para finalizar podemos concluir haciendo algunas consideraciones valorativas de estilo y forma sobre la poesía de Luz Esther, sobre la naturaleza de su intencionalidad, tanto emotiva como estética. Toda su escritura cuenta con el sello del drama, algo ajeno al gusto de estos tiempos, mas dados a la ironía y al cinismo. Yo, como lector, he aprendido a no leer exclusivamente desde mi tiempo, intento con más empeño el esfuerzo de ubicarme en otros zapatos, ahora transito con más frecuencia páginas de épocas muy lejanas donde los corazones y estados de ánimo se manifestaban de modo distinto, capaces de ingenuidades y malicias sentimentales hoy insólitas, de amar, odiar, alegrarse y entristecerse de modo tan diferente a como hoy lo hacemos. La poesía de Luz Esther está llena de mucha solemnidad romántica, sus lugares comunes e inusuales son otros, ella exprime el fruto del amor con la apropiada exageración de su tiempo, tiene un modo de entrega y arrebato cercano al vino de la desmesura y la piedad. Lo romántico es una tradición y como cualquier acervo tiene sus contextos propios que incluyen normas y artificios, todos volcados a reforzar lo característico de la práctica romántica, cuestiones como la obsesiva conciencia del yo, eje emocional simbolizado concretamente en esa víscera llamada corazón, centro y periferia de exaltaciones y retraimientos amorosos. Otro rasgo de la idiosincrasia apasionada es lo insuficiente que resulta el teatro de la vida para resistir los acosos imaginativos. También puede añadirse la disposición al mito como recurso paranoico para administrar las frecuentes recaídas en las bellas alucinaciones o deslumbramientos estéticos. En la poesía de Luz Esther podemos destacar tres vértices: el corazón, la muerte y la soledad. Del primero ella escribe: “y tenaz en la dicha que no alcanza/ persiste el corazón equivocado.” El ejercicio de lo inútil como el auténtico logro del ser obnubilado, o como sentencia en otro poema: “A lo largo del camino entristecido,/ fatigado se arrastra el corazón…” El segundo leimotiv, la presencia insobornable de la muerte: “Tu suerte no es mi suerte/ ni es la hora para amarnos/ pero si es para olvidarnos/ si es posible hasta la muerte.” Por lógica fatídica la vida es el ámbito donde se posterga el encuentro absoluto de los amantes. Y el tercer y definitivo vértice, la soledad: “En la amarga soledad de su aislamiento/ y en el vacío total de su esperanza.” El castigo como destino inexplicable, duro y paradójico, con la resignación a cuestas, “vagaré silenciosa en el desierto/ sin más tesoros que mis ilusiones.” Amar parece ser lo imperdonable. Confieso que uno de mis actuales afanes lectores es catar y disfrutar mucha literatura de este tipo, romántica y clásica, de sabor pesado o repelente a los paladares contemporáneos. Lo que ahora se califica como rimbombante y cursi, a mí me parece respetable y gustosa literatura, un delicioso descubrimiento. Solo hay que saber leerla. En si no existe, de modo absoluto, ni buena ni mala literatura, son nuestras inclinaciones lectoras que potestativamente las califican de ese modo, en verdad ella es como el amor y el odio, una cuestión de gustos. Cierro estas líneas con una epístola que la poeta le hace a su riguroso maestro de vida y escritura:
“A TI, AMIGO DOLOR….
!Oh, dolor!... soledad y misterio… caprichosa y fiera la vida me acecha y agobiada estoy, ya no sé por dónde voy y sufre también por mí la primavera deshojando pétalos y llanto… y fue mi cruz aquel cariño santo que el mismo dolor se lo llevó y es que tu dolor, no quieres nada, ni siquiera la burla compasiva de otro amor… sólo tú, fuerza invisible, ocupas mi corazón… porque ya mis labios no se espantan si te nombran.
Y es que tú, dolor, me enseñas la farsa funesta del alma y de las cosas y me deslizo contigo por el mundo, porque yo soy tuya como tú eres mío y así los dos en codicia gitana de la eterna espera, vagaremos por una senda sonámbula y oscura en la barca trágica de mi destino fatal…
Nunca más florecerán los campos, ni habrá celaje azul en la naciente aurora, no habrán arrullos de palomas, ni orquesta de alondras en los nidos, ni recuerdos sublimes y floridos, ni frescura en la vida de las rosas…Sólo tu, dolor estás en todo y me rindo a ti sumisa y muda, has de mí lo que quieras, dolor… arrástrame si es posible como un tronco derrumbado hasta el fondo de los áridos valles…
Pasa la tormenta, pasa el amor, todo se desvanece y hasta las dudas volaron con las aves del cariño… Porque tú, dolor, eres el grito amargo que en el fondo de mi silencio cubre de luto mis sueños… y me enseñaste a padecer callando en el sufrir… tú marcas la senda que habré de seguir y juntos los dos así marcharemos con la eterna promesa: ‘PERDONAR Y MORIR’…!”

viernes, 14 de junio de 2019

MANUEL MONJES, DE LUCHADOR SOCIAL A EPÓNIMO DE UN MUNICIPIO YARACUYANO


AUTOR: Amabelis Reyes
TUTOR: MSc. Reinaldo Peña Chacín
Maestría Historia De Venezuela, Universidad Experimental Rómulo Gallegos UNERG, San Juan De Los Morros, Mayo 2019

RESUMEN
Estudiar la aproximación a la historia de vida de Manuel Monjes y su participación en las luchas sociales desarrolladas en el Estado Yaracuy durante el período 1970 - 1993. Siguiendo los parámetros de investigación descriptiva; estableciendo como objetivos la indagación de los aportes historiográficos que puede generar el estudio de la historia de vida de Manuel Monjes, conocer la incidencia  y su rol de luchador social en la historia yaracuyana durante el periodo estudiado, para luego describir los aspectos fundamentales que permitieron a un luchador social ser reconocido como epónimo de un municipio. Se analiza de lo general a lo particular formulado en datos aportados por informantes claves con el fin de recolectar información necesaria para la reconstrucción de la historia de vida del sujeto de estudio a través de entrevistas guiadas por un cuestionario para respuestas abiertas, tomando como referentes los documentos legales y personales que atesora la familia y amigos del personaje, quienes facilitaron la información, aunado a la revisión hemerográfica e iconográfica que fundamenta la veracidad del liderazgo y reconocimiento humanista del personaje objeto de estudio.
Palabras Clave: Historia de vida, Manuel Monjes, lucha social, epónimo municipal


INTRODUCCIÓN
Dejar una huella por el camino transitado en el sendero de la vida, útil y trascendente a los que vienen detrás, es una virtud que poseen pocas personas; la diversidad humana va mas allá de las características físicas y sociales de cada uno, existen los que hablan mucho y hacen poco, y los que hacen sin vanagloriarse, dando origen a lo que conocemos como autores anónimos, aquellas personas que no buscan el protagonismo, prefieren dejar la obra en lugar del nombre, cual digno ejemplo de humildad y sencillez.  Sin embargo, hay ocasiones en las que se da el anonimato forzoso, al no preservar en el tiempo la identidad y la grandeza de esas personas que aportaron con su espíritu libre un gran legado a la sociedad. 
Tal es el caso de un hombre común, de la historia contemporánea venezolana que desde el liderazgo social llego a ser epónimo de uno de los municipios del Estado Yaracuy, Manuel Monjes;a quien un pueblo que no lo vio nacer, lo vio morir con idolatría. Recordado siempre por su calidad humana y por su dicho común: “No importa donde nacemos, sino donde luchamos”. Siendo meritorio describir el origen y migraciones de la familia Monjes, el panorama de la historia de su vida, así como su formación académica e ideológica y el reconocimiento como líder social humanista desde las diversas facetas y roles desempeñados. Será de gran utilidad a la historia yaracuyana, la investigación a fondo del único epónimo, de sus catorce municipios, que no forma parte de la gesta independentista, de los ancestros indígenas o santos católicos.

Manuel Monjes,
De luchador Social a epónimo de un municipio Yaracuyano

De la conducta del hombre, de su inteligencia, de su voluntad, depende a veces  el rumbo de la historia. Son los hombres quienes la hacen dentro de las condiciones  que enmarcan los acontecimientos. Como bien lo han explicado tanto Marc Bloch como Fernand Braudel, la historia es simultáneamente cambio y pertinencia y por ende, una vez más, síntesis completa e interactiva de dichas estructuras que efectivamente, permanecen vigentes durante largos periodos de la historia.
Desde este enfoque cualitativo, con el método biográfico, el objeto principal es indagar y analizar la vida y obra de una persona, la cual se realiza a través de relatos hechos por la misma persona si está viva, o por parte de familiares y amigos, o simplemente pobladores que han guardado en su memoria estos hechos y los relatan en un orden de tiempo y espacio a través de entrevistas, conversatorios

El enfoque cualitativo de la investigación, busca comprender la perspectiva de los participantes, bien sea individuos o grupos pequeños de personas o lo que se investigará, así como los fenómenos que los rodean, sus experiencias, opiniones y significados, es decir, la forma en que los participantes perciben subjetivamente  su realidad. Según Plummer (1989)  “las Memorias tuvieron su primacía hasta los albores de la Ilustración como hechos o sucesos memorables y tuvieron en países como Inglaterra gran impacto”,  además que entre los aspectos con mayor controversia en la fundamentación teórica de las historias de vida, es justamente la técnica de investigación cualitativa, cuando se trata de diferenciar convenientemente de otras técnicas y métodos similares.  Tal referencia trae a colación la afirmación de  Albert Einstein: “El gran valor de la vida no consiste en atiborrarse de datos sino en preparar el cerebro a pensar por su propia cuenta y así llegar a conocer algo que no figure en los libros…”
Panorama Biográfico
En la pintoresca comunidad de Pararille, hacia una zona adentrada y rural, allí José Santiago Morillo y Epifania de Jesús Monjes se unen y forman su hogar con nueve (9) hijos que lograron procrear, siendo el cuarto de ellos su travieso Manuel, nacido un 1 de Enero de 1.954, niño creativo y juguetón, que en sus registros de nacimiento e investigaciones biográficas aparece como nacido en Mapararí, sin embargo la Sra Epifania cuenta que Manuel vino al mundo en Pararille, donde su llanto irrumpió el silencio de su humilde hogar; sin embargo al ser registrado ante las autoridades civiles quedó el lugar donde se ubicaba el registro como su lugar de nacimiento (Mapararí). Desde su infancia mostró sentimientos de protección y solidaridad con los más necesitados y desvalidos, defendiendo a sus hermanos menores de los mayores y de los vecinos que pudiesen atentar contra ellos entre juegos.
En los años 1969 – 1970, Manuel viaja a Yaracuy por petición de su hermano mayor de nombre Saba, para integrarse a los trabajos del Terraplén Pica del Chino – Farriar – Palmarejo – Agua Negra. Encantado por este valle decide quedarse una vez concluida la obra, aprovechando la adjudicación de terrenos en los años 76 lograron construir sus casas en el sector la Playita de Marín donde poco a poco la familia va migrando desde Pararille en Mapararì hasta el Valle de Las Damas en Yaracuy, y una vez instalado, el niño juguetón y travieso empieza a utilizar su creatividad contando con 16 años de edad, realiza diversos trabajos para ayudar en la manutención del hogar y sin dejar de lado su instinto humanitario y social, siempre que puede participa en asambleas de vecinos, reuniones y gestiones de obras que sean del beneficio común. Va creciendo física e intelectualmente para inmiscuirse en asociaciones, organizaciones y movimientos que le permiten mayores responsabilidades, cargos y logros a nivel social, político, de salud, entre otros en pro de la consolidación de espacios y comunidades enteras, no solo en Marín sino también en comunidades vecinas o cercanas.

Separando su vida de luchador social de su vida familiar, los compañeros de lucha poco conocen de sus familiares y sus familiares poco conocen los detalles de sus luchas; para sus familiares eran contradictorias las emociones por sus ideales, les causaba agrado su preocupación por el bienestar del pueblo pero por otra parte les preocupaba la entrega con que se daba en cada lucha considerando que desde muy joven, aún adolescente, ingresó a las filas de seguidores revolucionarios que promovían la igualdad social y las luchas por una vida digna sin distinciones. Se le reconoce solamente una hija de nombre Odalis, quien ya ha sido responsable de traer al mundo dos generaciones de sangre valiente y aguerrida sucesivas a Manuel.
Gran hombre que alcanzo a vivir tan solo 39 años en su ideal, falleció en el hospital de San Felipe producto de un accidente automovilístico al regresar de Aroa donde se efectuó un encuentro deportivo con su equipo “Los Halcones” el día domingo 25 en horas de la tarde; cuentan sus compañeros de equipo que decidieron viajar por Yumare hacia el poblado La 32 para dejar allí uno de los jugadores, pero al transitar por las inmediaciones del Teatro de Operaciones N° 5 perdió el control de su camioneta tipo Pick up azul y se volcaron a la orilla. De los 16 tripulantes sólo Manuel resultó herido con mayor gravedad, ingresó en La Clínica Especialidades donde le fue diagnosticada fractura en ambas piernas, realizándole una intervención quirúrgica inmediata con una aceptable recuperación hasta el día  Viernes 30 cuando le indican a uno de sus hermanos que deben trasladarlo al Hospital Central de San Felipe por requerir Diálisis al presentar patología de riñones; realizan éste ingreso y mientras la aplicación de dicho tratamiento se hace necesario para los familiares salir del hospital para comprar un medicamento necesario, pero…  
Lamentablemente a su retorno con  la medicina se encuentran con la fatídica noticia del fallecimiento de Manuel. Aun con lágrimas sus familiares recuerdan aquel día….Viernes 30 de Julio de 1.993, se fue Manuel, el hijo, el hermano, el padre, el amigo, el luchador, el revolucionario.
Formación Académica e Ideológica entre las luchas sociales
Tras su llegada al sector La Playita perteneciente al Municipio San Felipe Estado Yaracuy, en los años 70, con la educación primaria y secundaria hasta 4to año cursada en Mapararí, ingresa a estudiar  en horario Nocturno los grados que le faltaban para alcanzar su bachillerato; mientras tanto trabajaba durante el día con el Sr Héctor Víez en una procesadora de Frutas, desempeñándose como quemador (encargado de proceso de cocción de las frutas); Logra titularse bachiller, ya  con la semilla de la lucha y la justicia social en su corazón. con objetivos precisos ejerció la Coordinación de Movilización en la Coordinación Regional de Asociaciones de Vecinos del Estado Yaracuy (CORAVECY), organización que en cada municipio tenía representación e íconos a nivel nacional. Desde esta tribuna encabezó la Lucha contra el latifundio en Los Cañizos, formó parte en el Proyecto Macagua para proveer de agua potable y saludable a la parroquia Albarico, Marín, San Javier y parte de san Felipe; participó en la Fundación del barrio la Conquista de Marín y la cancha múltiple de este sector, la cual se bautizó con su nombre el día de su sepelio. Participó activamente como militante del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR 200), en el golpe liderado por nuestro comandante supremo, en aquel entonces Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, el 4 de febrero de 1992, desde la tribuna de Radio San Felipe, con apoyo del movimiento RUPTURA desempeñó importantes responsabilidades  ese día histórico y patrio;  previamente había viajado a Nicaragua el 19 de Enero de

1990 a contribuir con la recolección de café como apoyo venezolano para aquella nación cuando triunfó la coalición antisandinista, Unión Nacional Opositora (UNO); Hospedándose en el Hotel Juventud (habitación 306). En el mismo año viaja a Cuba como  parte de su formación socialista, y se hospeda en el Hotel La Colina – Habana (habitación 402).

Cumplió los roles asignados aquel 4F y estuvo entre los perseguidos políticos resultado de aquel movimiento y aún en condición de perseguido, como hombre fiel a sus arquetipos sociales, se ofrecía de manera voluntaria a llevar alimentos e insumos a los compañeros escondidos en las montañas de Yaracuy; siempre colaborador, valiente y “resteado” por la causa

Litigio limítrofe entre los Estados Yaracuy y Falcón entre los años 1970 – 1993:
En El extremo norte del estado Yaracuy, entre los 10º 35 y 10º 45 de latitud norte, los 68º 37`y 68º 49´ de   longitud oeste con altitud es de 60 m.s.n.m., y sus variaciones producto de la fisiografía se encuentra el Municipio Manuel Monge, el cual limita  por el Noroeste con el Estado Yaracuy, por el Sur con el Municipio Bolívar y por el Oeste con el cauce del río Aroa.
El municipio  se encuentra en la parte media del gran valle de Aroa, ya que se encuentra entre  las dos serranías más importantes del Estado como las son de: Aroa-Albarico y la reserva forestal del Tocuyo (Los Charales). El área presenta varios tipos de paisajes, entre los que se destacan el montañoso, piedemontino y de planicie aluvial.  En las áreas  montañosas y piedemontinas las pendientes se ubican entre 30 y 50%; en las áreas intermedias o de planicie alcanzan pendientes mínimas entre 0 y 5%. Esta formada por una depresión, la cual está rodeada por dos montañas el Cerro Azul y las reservas Río Tocuyo y a través del mismo pasa el Río Aroa que desemboca en el Mar, por lo antes expuestos denominado Valles.
Se cuenta, que de manera jurídica e histórica, la pertenencia del territorio Yaracuyano en los conflictos surgidos con el Estado Falcón, específicamente entre los municipios Manuel Monge y Palmasola respectivamente. Aunque la provincia de Coro fue creada antes que la provincia de Yaracuy, “su primer límite fue con su Provincia originaria, es decir, la de Caracas, permaneciendo igual durante la creación de la Provincia de Carabobo y en lo sucesivo hasta llegar a lo que hoy constituye su límite con el Estado Yaracuy”, según lo refiere el historiador Marcos Tulio Giménez de León en el año 2012.
                Palmasola, era conocido desde el siglo XVII como San Nicolás de Tolentino. Y según cuenta el historiador aroeño Ybrain Oropeza, “tras un estudio pormenorizado de estos acontecimientos manifiesta que el 10 de Septiembre de 1620 este espacio geográfico es fundado con el nombre de San Nicolás de Tolentino, por el Capitán y Justicia Mayor Francisco de la Hoz Berrío, reubicando al grupo de indígenas a las riveras del rio Aroa y que a la vez se encargaran de trasladar el cobre desde el puerto de rio Nuestra Señora de la Concepción hasta salir al mar”. Luego estos espacios se convierten en el Hato de Aroa o Hato de Su Majestad propiedad de Don Francisco Marín de Narváez. El libro “Bolívar Empresario”, del historiador venezolano, Antonio Herrera-Vaillant, explica en cuanto a los bienes del Libertador, específicamente de la hacienda que ocupaba el gran valle de Aroa en la provincia de Carabobo, cuyas extensas y ricas tierras estaban demarcadas dentro de una circunferencia de 178 kilómetros y contenían minas de cobre -de las mejores del mundo, según opinión del mismo Bolívar-, yacimientos auríferos y de otros minerales, maderas finas, agua en abundancia y tierras fértiles para la producción agrícola y ganadera.
Los territorios que colindan con el Municipio Manuel Monge y Palmasola, se refieren en la GACETA OFICIAL DEL ESTADO YARACUY con fecha 14 de Diciembre de 1987 donde claramente explica en su capítulo 11 la delimitación del Municipio Foráneo Yumare, constituido dentro del territorio del Municipio Bolívar (lugar de las minas de Aroa y Hato su Majestad), partiendo de los territorios que fueron parroquias eclesiásticas que quedaron en dominio Yaracuyano desde su creación en 1855, con nueve leyes de división político territorial que guardan relación exacta en sus límites, a diferencia de Falcón que ha modificado sus linderos en 1929, 1993 y 1996.Manuel Monjes, se opone enérgicamente a la invasión falconiana dada entre los años 80 y noventa, haciendo acto de presencia en los organismos competentes, difundiendo la problemática a través de la prensa, y haciéndose sentir en el sitio de los acontecimientos; emprende actos y acciones en pro de la defensa del territorio yaracuyano que aún se continúan entre las autoridades municipales y estadales concernientes al caso.
La alcaldía de Palmasola, Estado Falcón, arbitrariamente ordenaba saques de arena del río La 34, originándose enfrentamientos entre la comunidad y los voceros de la alcaldía acompañados de las fuerzas policiales. Construían escuelas, cacetas policiales, paradas, entre otras obras a lo largo de la extensión de territorio en reclamación; la comunidad organizada se ha dividido entre dependientes del Estado Yaracuy y dependientes de las autoridades falconianas, los censos poblacionales registran las mismas personas (habitantes de la zona en reclamo) para ambos estados.
CONSIDERACIONES FINALES
Las historias de vida y autobiografías, son una de las formas de llegar a la pequeña historia, a los héroes de los pueblos, de la gesta emancipadora de sus localidades por la consolidación de los lugares que fundaron y que fueron evolucionando con sus luchas y gestiones. Estudiar la historia de vida de Manuel Monjes es un paseo por la historia contemporánea de Yaracuy, desde la fundación de barrios y comunidades, luchas por su consolidación, por territorialidad entre estados vecinos (Yaracuy – Falcón) y mas allá la comunidad organizada desde las bases de la misma comunidad.
Las fuentes documentales y hemerográficas fueron facilitadas por sus familiares, amigos y archivos del Concejo Municipal del Municipio Manuel Monge, cuya recopilación da fe de los enfrentamientos y sucesos por el litigio limítrofe principalmente, las fuentes iconográficas facilitadas constituyen el recuerdo físico de quienes le acompañaron y conocieron la calidad humana del sujeto de estudio. Tales informaciones se fundamentaron en las entrevistas cargadas de emotividad, lágrimas y un ambiente de confianza meritorio para la veracidad de los datos recolectados.
De este modo, un muchacho que liderizó a mujeres y hombres haciéndolos compañeros de lucha, seguidores del ideal de igualdad, revolución y amor por la patria; a ellos los condujo al deporte y a ellas las convirtió en heroínas de la historia de un municipio, les dio voz propia, y ante la realidad de vagos registros de algunas de sus luchas y obras, incluso el año de su nacimiento se presenta con errores en algunas recopilaciones biográficas, y la colectividad lo identifica como un luchador social, sin más atenuante que el liderazgo ejercido entre sus seguidores. Es de vital importancia difundir en su pueblo, en su gente, en su territorio, la historia en pleno de sus logros, movimientos nacionales e internacionales y reconocer el aporte de su nombre a la historia yaracuyana como un gran hombre contemporáneo en la gesta independentista del siglo XX, la gesta ideológica que cambió la espada por el dialogo, los derechos, la equidad y la igualdad de todos los ciudadanos.