Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

viernes, 14 de septiembre de 2012

La Cara de Bolívar



Ponencia presentada en el
ENCUENTRO DE HISTORIADORES Y CRONISTAS DE CALABOZO-GUÁRICO
Villa de Todos los Santos de Calabozo


 Eduardo López Sandoval


“No se parece al mío”, así titula un artículo de opinión el Cronista de La Victoria, Germán Fleitas Núñez, escrito donde se refiere a la nueva cara de Bolívar, la que se le presenta a los venezolanos de este siglo XXI como la cierta. Todas las demás versiones son para esta decisión administrativa del presente gobierno, mentiras.
 El Historiador disiente de la decisión del gobierno que pretende  cambiar la cara del  Libertador de nuestros recuerdos.
Fleitas Núñez toca aspectos que hacen  la esencia del estudio de la Historia, como lo son la memoria y la interpretación. La memoria esculpida en piedra por los recuerdos de nuestros abuelos, que a su vez recuerdan a sus abuelos, que también claramente recuerdan a sus abuelos. Corta cadena de tres eslabones que mira de cuerpo presente el perfil del General Simón Bolívar. Sesenta y seis años y siete meses,  que convenimos como la edad promedio de todos nuestros  abuelos, la multiplicamos por tres generaciones, y vemos a Bolívar sobre un no manso caballo cruzando las sabanas de  El Guayabal, pasa por el Hato La Chinea, para atacar a Morillo atrincherado en la Villa de Todos los Santos de Calabozo en febrero de 1812. Y pasa con  un perfil que es muy diferente  al negrito que pretenden presentarnos como  Bolívar.
El citado Cronista nos dice: “Cada venezolano tiene su propia imagen del Libertador, como la tiene  de Dios, de la Virgen María, de Cristo, de Guaicaipuro, del Negro Primero o del Conde de Tovar. Es la imagen que hemos ido construyendo con los años, de tanto mirar sus retratos y oír sus descripciones…”.
Fleitas Núñez dixit , “Cada venezolano tiene su propia imagen del Libertador”, a lo que agregamos, cada historiador tiene pleno derecho a realizar su propia interpretación. Y es legítimo que existan diferentes interpretaciones cuando los hechos se prestan para tener diferentes aristas y posiciones de pensamiento razonable. Entre Historiadores, reitero. Porque otros gremios, los políticos, los pintores de brocha gorda, los habladores de la esquina, los brujos sin clientela, pueden tener sus “razones”, - la palabra razones se destaca entre comillas-, para disentir acerca del acuerdo tácito entre lectores e Historiadores acerca del perfil de Simón.  En este caso, acerca del fenotipo europeo del Libertador. Como también ocurre con un hecho vanamente controvertido, nos referimos a las causas de la muerte del personaje. No existe acerca de ambos casos alguna  posición controvertida entre Historiadores. Este Historiador se escribe con H mayúscula.
Exponemos de seguidas palabras de un artículo nuestro denominado LA CARA DE BOLÍVAR LA CARA RELATIVA:
Relativa dijimos. No porque es la cara del libertador, también la cara del conquistador es relativa. O la cara del navegante, del comerciante, del indio o del trabajador, por decir algunas. Todas son relativas.
Por ejemplo, tome usted algún documento que lo  identifique, supongamos que es una fotografía de frente con corbata del año 2006, ese no es usted, es una imagen de hace tiempo, además tú no usas corbata y sí usas lentes. Usted quizá es quien puede verse en el espejo ahora, o lo que puede dejar verse por la entrecerrada puerta de la subjetividad. Seguro se va a ver una cara en el espejo si su hija recién le ha dicho que ya no le deposite más  como estudiante, porque ya concluyó la etapa académica de pregrado, otra cara vas a ver si acabas de matar accidentalmente al perro del vecino, …
Objetividad versus subjetividad. La cara de Bolívar tiene mil caras. La más cierta es la que usted se imaginó en la Escuela, es suya, es subjetiva en grado total. La subjetividad impera incluso sobre el ojo del fotógrafo, mucho más afectado por los sentires está quien use la antigua técnica del retrato en pintura. Hay mucho más que un clic que deja espacio para las simpatías por el adelantado pago, o lo contrario.
Objetivamente la cara de Bolívar debe parecerse bastante a la cara que la generalidad de los americanos recuerda. Me aventuro a decir que es  la imagen que recordamos del Bolívar de la Escuela.
Ahora nos presentan a un señor como el Libertador, con serias pretensiones  de sustituir al Bolívar de nuestros recuerdos.
Entendamos la palabra relativa con la RAE, “Que no es absoluto”. Nuestros recuerdos no son absolutos, lo reconocemos. Pero se pretende sustituir con la “TOTALIDAD” de la mentira: “Este negrito es Bolívar”. Mentira.
(Vale este paréntesis, la palabra totalidad cuando se usa en el párrafo anterior para calificar a la palabra mentira, se ha escrito en negrillas, mayúsculas sostenidas y entrecomilladas. La interpretación es libre).
Confiesan los “científicos que cobraron” por su trabajo, (que no son Historiadores, por cierto), que copiaron las características de los huesos e hicieron que se reflejara en la imagen. Confiesan que para la proyección tomaron en cuenta la imagen de variados venezolanos, de hoy,  de esa edad en la que murió Bolívar.
(Otro paréntesis que no está contenido en el artículo, un abogado diría a confesión de partes, relevo de pruebas).
Es necesario realizar la siguiente interpretación en contrario, la Venezuela de Bolívar era una sociedad de castas, que si bien los compartimientos étnicos no eran completamente herméticos, no había tal mezcla como la del nuevo Bolívar que se nos presenta.
Sin especular acerca de la veracidad o no de la intervención de una rama negra en el árbol genealógico de Bolívar, es necesario concluir que si Bolívar hubiese tenido esta nueva presencia fenotípica no hubiera sido el Libertador. Ese negrito de Teniente de Caballería de Páez no hubiera pasado, o quizás un buen granadero de López de Matute hubiera sido. Recuérdese la etiqueta de “El Hijo de la Panadera” que endilgó esta casta de los blancos criollos a Francisco de Miranda
Los “científicos que cobraron” dicen que “fotografiaron” la imagen de la calavera, preguntamos, ¿esta fotografía es la de la cara de un hombre muerto que murió de esa penosa enfermedad?  Valga la repetición.
El Cronista de la ciudad de La Victoria, estado Aragua, Germán Fleitas Núñez, escribe recientemente:Confieso mi error. Pero si de algo estoy completamente seguro, es de que  ese Simón Bolívar,  no se parece al mío.”. De acuerdo.
El Bolívar de nuestra memoria escolar es la imagen del Bolívar que hizo el Dr, Reverend en mascarilla de yeso que está en la Quinta San Pedro Alejandrino de Santa Marta. Muestra el perfil de la muerte y la necesaria objetividad, ¿tendría algún sesgo la objetividad de la ciencia médica en mostrarlo para la posteridad más o menos europeo? Ver:





O la imagen marcada por la subjetividad del propio Simón, que dijo que este es el retrato que más se le parecía, el del pintor limeño José Gil de Castro.
A los considerandos expuestos le agregamos,  que el acto público que tiene el serio propósito de cambiar este aspecto de la esencia de nuestra historia, sin que hayamos observado reacción alguna, de parte del gremio de Cronistas e Historiadores, -que aquí tiene una importante representación. Agregamos, entonces, que tal decisión administrativa denigra de por lo menos veinte mil años de experiencia de la ciencia pictórica del hombre sobre la tierra. El acto administrativo ha decretado inservible a miles de años de sapiencia artística, que se resumen, entre otros, en el pincel del pintor limeño José Gil de Castro.
Proponemos a este Encuentro de Historiadores se dirija a la Academia Nacional de la Historia solicitando:
Uno) Se pronuncie acerca de esta incongruencia de hoy, que se nos presente a Bolívar con un perfil, -que como hipótesis planteamos-, que hubiera sido rechazado por la sociedad de castas donde bien se desenvolvió como un blanco criollo de inmensa fortuna.
Dos) Que se pronuncie esta persona de Derecho Público, la Academia Nacional de la Historia, acerca de la incongruencia entre el perfil en tres dimensiones de hoy y la mascarilla de yeso realizada sobre el cadáver, que reposa en la Quinta San Pedro Alejandrino, en Colombia, que es, por supuesto, también en tres dimensiones.
Tres) Solicite a su vez lo basamentos históricos que han tenido para realizar esta nueva interpretación.

martes, 11 de septiembre de 2012

EL AZAR COMO ASUNTO CINEMATOGRÁFICO EN KIESLOWSKI


Jeroh Juan Montilla


Todo en la realidad es un sin sentido, mejor dicho, ningún paso que intentemos  nos favorece. Esto es lo que podríamos concluir después de ver la película Azar (Pazypadeh) del polaco Krzysztof Kieslowski. Excelente film donde se combinan con maestría, bajo una gran trama estética, el asunto político con el existencial. Una película donde todo lo bueno está tan concentrado que uno se abruma hasta sentir un agradable desconcierto, resulta un tanto increíble ver tanta calidad al mismo tiempo. 

¿En resumidas cuentas que diablos es la política? Un amasijo de solemnes vacuidades y calculadas traiciones. Este padecimiento social, bajo la firme y hábil mano de Kieslowski, resulta el escenario temático perfecto para desarrollar la tesis filosófica del inapelable propósito de los destinos. Por más que se ejercite la variedad dentro de un mismo gesto no podemos escapar del mal gusto de la redundancia existencial. No basta tomar o no tomar el tren, lo que vale es el acento al decidir entre estas alternativas, se puede abrir una puerta de muchas maneras, pero no todas las aperturas dan al mismo pasillo. Sin embargo, el lugar común se impone. Todos los caminos, todos los ríos se precipitan al mismo boquete, por eso la inapelable lógica del final inesperado en esta película de Kieslowski, un desenlace tan obvio, pero tan tramposamente fortuito. Es trazar firmemente la dura metáfora de un sistema, la certeza del símbolo definitivo, ¿acaso no hay dados en la desesperanza colectiva? En verdad preguntar es  intentar el optimismo, caer atrapado en la remota posibilidad de trocar el juego de la muchedumbre a nuestro favor.
 
El guión fue escrito por el mismo Kieslowski. Este polaco nació en 1941 y muere en 1996, todo en una misma ciudad, Varsovia. Vivió poco pero realizó una obra intensa. La crítica recomienda su famoso Decálogo, diez irónicas películas, cada una sobre un mandamiento cristiano. Esta película, Azar, se terminó de realizar en 1982, sin embargo solo pudo estrenarse en 1987, durante cinco años fue prisionera de la censura del régimen socialista polaco. La anécdota individual del personaje  Witek tiene como borroso telón de fondo los alzamientos obreros de comienzos de la década de los ochenta, estos son referidos apenas, el hincapié está en tramar existencialmente la articulación de la rueda del azar sobre subtemas como la creencia en Dios, la relación paternal, el compromiso burocrático, la omnisciencia del Partido, la delación política, el vaivén amoroso, en fin la corrosión subterránea del sistema. La historia de Witek es una sola hasta que en su desesperada carrera por alcanzar el tren se bifurca en tres ramales, son tres crónicas paralelas y a pesar de todo es la misma alma. El espíritu del personaje parece mantenerse incólume a los azares metafísicos, a los juegos dimensionales del destino.

Finalmente es de entender la fuerza creativa de un artista como Kieslowski, el cual jocosamente confesaba que no creía en Dios pero mantenía buenas relaciones con él. La amistad divina debe ser un terrible agobio para un descreido, pero puede, de vez en cuando, ser una buena influencia ante los burocráticos caprichos del sobrehumano azar.  

miércoles, 22 de agosto de 2012

LAS ORDENANZAS DE LLANOS (1771-1811)


FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez56@yahoo.es

            Las Ordenanzas de Llanos constituyen el primer cuerpo de leyes escritas aplicadas a los llanos de la antigua Provincia de Caracas, con una finalidad primordial: preservar el derecho de propiedad sobre la tierra (requisito fundamental para lograr el arrebañamiento de ganado cimarrón, base social de la riqueza en los llanos) y asegurar el establecimiento de un orden social, necesario para la consolidación de las fundaciones de hato.
            Responde este cuerpo de leyes a toda una problemática, y se instaura efectivamente a raíz de la petición que con fecha 17 de septiembre de 1771 presentara un selecto grupo de hacendados ganaderos ante el Gobernador de Caracas, Mariscal de Campo don Felipe de Font de Viela y Ondiano (Marqués de la Torre), solicitando su inmediata intervención, con miras por el saqueo, abigeato, y el sacrificio indiscriminado de las reses (desjarretaderas) para el aprovechamiento de su cuero, sebo y manteca, con el consecuente menosprecio de la carne; irregularidades cometidas por un creciente núcleo de población volante (esclavos fugitivos de sus amos, morenos libres arrochelados, blancos sin tierra, etc.), ajenos a todo concepto de ley, que saqueaban los hatos y rondaban libremente, amparados en la soledad y extensión de la llanura.
            Los antecedentes históricos más remotos de estas Ordenanzas las encontramos en la sesión del Cabildo de Caracas correspondiente al 27 de julio  de 1668, fecha en que por intermedio del Capitán don Juan de Ochoa y Oñate, un grupo de hacendados ganaderos, dueños de hatos en los partidos de Paya, Aricapano y Las Palmas en los Llanos del Guárico (actuales poblaciones de Ortiz, El Sombrero, Barbacoas y Chaguaramas), presentó un extenso plan, tendiente a eliminar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses y a la par prevenir la inminente ruina de los criadores.
            En virtud de la problemática planteada, el Gobernador de Caracas, don Félix Garci González de León, designa con fecha 16 de diciembre de 1668, al Capitán don Juan de Ochoa y Oñate, como Juez privativo de los llanos conocidos como de San Sebastián de los Reyes, confiriéndole atribuciones judiciales y extrajudiciales y la potestad para: establecer un justo reparto de las pesas de carne entre los criadores, asegurar el abastecimiento de carne para la Provincia de Caracas, velar por el mantenimiento de la paz en los llanos, asegurar el cumplimiento –en el tiempo previsto— de rodeos, vaquerías, decidir respecto a pleitos entre los criadores y erradicar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses.
            En este primer intento de la oligarquía criolla para regular la situación de la inestabilidad social en los llanos, no se obtuvieron los resultados previstos; las medidas adoptadas resultaron insuficientes para frenar el sacrificio de las reses, pero sobre todo para frenar el desplazamiento de las masas marginales incorporadas a los núcleos de población volante –rochelas, cumbes, cimarroneras— que cobraban vigor y se localizaban con mayor frecuencia en las afueras de las grandes haciendas y hatos ganaderos. De esta manera, a todo lo largo del siglo XVIII, la oligarquía criolla, dueña de hatos y ganado, trató de legislar en función de establecer el control absoluto no sólo sobre la población móvil y dispersa de los llanos, sino también sobre el ganado, sobre todo el ganado cimarrón, orejano susceptible de arrebañamiento, y asimismo sobre la actividad pecuaria; control que les aseguraba la vinculación de la tenencia de la tierra con el semoviente (ganado), a través del más estricto cuerpo de leyes escritas aplicadas a los llanos: las Ordenanzas de Llanos, que cobran forma como tales, en el seno de la Junta de Hacendados Ganaderos reunida en la ciudad de Caracas, con mayoría de dueños de hatos, en septiembre de 1771.
            En su empeño de establecer una legislación represiva, para la zona de inestabilidad que conformaba los Llanos de la Provincia de Caracas, se reúne la primera (y única) Junta de Hacendados Ganaderos, constituida por cuatro directores trienales: el señor Conde de San Xavier, don Martín de Tovar y Blanco, don Francisco de Ponte y Mijares, y don Martín José de Rivas, todos ganaderos-dueños de hatos en el territorio correspondiente a los llanos del Guárico de la Provincia de Caracas, firmaban asimismo como miembros conocidos de la Junta: don José de la Sierra, don Diego José Monasterios, don Martín Pérez de Aristiguieta, don Juan Bautista de Lugo, don José Ignacio de la Plaza, don Santiago de Ponte y Mijares, don Martín de Tovar y Bañes, don Diego de Blanco, don Juan José Blanco, don Antonio Pérez y Padrón, don Tomás del Castillo, don José Francisco de Nieves, don Sebastián Sánchez Vélez de Mier y Terán, don Luis Rodríguez, y don José Tomás Aguirre.
            El texto original, es sometido a revisión y aprobado por el Gobernador de Caracas  José Carlos de Agüero, el primero de diciembre de 1772, cumpliendo con otra parte, una vieja aspiración de los hacendados ganaderos: la creación de la figura del Juez de Llanos con poderes excepcionales, y potestad para decidir en el ámbito jurídico-regional, cargo que debía ser desempeñado por un funcionario electo por los mismos hacendados y hateros, y que debía cubrir el siguiente radio de acción: 1º) desde el río Guárico hasta el límite natural con la Provincia de Cumana (; 2º) desde el río Pao hasta la región de Portuguesa; 3º) desde la otra banda de Apure (San Jaime, San Antonio, Apure), hasta Guanare. Quedaban designados como Jueces de Llanos los siguientes criadores: don Diego de Montesinos, don Tomás del Castillo, don Cornelio Hidalgo, don Martín de Araña, don Andrés de Ponte y don Carlos Álvarez, con sus plenos conocimientos sobre el llano y sobre la vida en el llano.
            Quedaba asegurado de esta manera para los criadores de ganado el ejercicio de la potestad política  local, con lo cual aseguraban la legalización de la propiedad nacida del arrebañamiento de ganado orejano. Para 1789, se amplía el contenido inicial de las Ordenanzas con la creación de las llamadas Cuadrillas de Ronda para los llanos de la Provincia de Caracas; en 1794 se dicta Instrucción Provisional para las Patrullas de la Provincia de Caracas y, por último, como máxima expresión de la legislación represiva colonial, se dictan y publican en 1811: Las Ordenanzas de Llanos de la Provincia de Caracas, dictadas por el Estado republicano, y que constituye un verdadero compendio de normas coloniales que abarcaban el control sobre la venta y comercialización del ganado y de la carne, el decomiso de todo ganado, carne, sebo, manteca que circulase sin la guía correspondiente, el control absoluto sobre los comerciantes itinerantes y la prohibición del comercio sin licencia o guía emanada de una autoridad competente, la persecución de toda persona que no pueda demostrar su oficio, lugar de residencia y etnia, prohibición de circular por caminos que no sean los reales, eliminación de todo foco posible de rebeldía, control sobre el rodeo y las vaquerías, en líneas generales abarcaba todos los aspectos de la actividad pecuaria y de la actividad, respondiendo al temor del Estado republicano y de los criadores de ganado, ante el auge casi desenfrenado alcanzado por las llamadas rochelas, vagos, mendigos, bandoleros de ambos sexos y que desconocían todo tipo de autoridad civil o religiosa.

            Valle de la Pascua, 11 de julio de 2012.