Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar

lunes, 12 de febrero de 2007

FEMINIDAD Y POÉTICA EN LA ESCULTURA DE BLANCA ALEGRA



Blanca Allegra es oriunda de Judibana en el estado Falcón. Realizo estudios de Arte Puro en la Escuela de Artes Plásticas "Arturo Michelena" en Valencia y paralelamente estudió Derecho en la Universidad de Carabobo. Con el escultor Roque Benavides (+1999) aprendió las diferentes técnicas de la escultura, entre ellas: vaciado en marmolina, recina y bronce.
Vive con su familia desde 1994 en la ciudad de San Juan de los Morros en el estado Guárico, donde fundó su taller de escultura y donde se ha desempeñado como profesora de educación artística.
Actualmente desarrolla con dedicación y esfuerzo su arte: la escultura figurativa, donde la conjunción armoniosa entre la mujer, su espiritualidad y la naturaleza son los protagonistas.
Exposiciones:
* Colectiva Escuela de Artes Plásticas "Arturo Michelena". Valencia 1986.
* Colectiva Escuela de Artes Plásticas "Arturo Michelena". Valencia 1989.
* Salón Anual Asociación de Artistas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia 1998.
*Salón Anual "Agustin Armario". Ateneo de Puerto Cabello. Puerto Cabello 1998.
*Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia 1999.
* IX Salón Nacional de Artes Visuales "Francisco Lazo Martí". Calabozo 1999-2000.
* Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia 2000.
* Ateneo de Coro. Edo. Falcón. Individual de Esculturas. Coro 2001.
* Individual de Esculturas. Sede de la Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia Marzo 2001.
* Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Valencia Mayo 2001.
* XXIV Aniversario Universidad Rómulo Gallegos. Casona Universitaria. San Juan de los Morros, Julio 2001.
* Muestra escultórica en ocasión al día internacional de la mujer. Rectorado Universidad Rómulo Gallegos, San Juan de los Morros, Marzo 2002.
* Salón Anual Asociación de Artístas Plásticos del Edo. Carabobo (AVAP). Galería Braulio Salazar, Valencia, Mayo 2002.

EL SORGO

Arturo Alvarez D´Armas*
El sorgo también conocido como millo o mijo es un cereal utilizado desde la más remota antigüedad en África para el consumo humano, forraje para el ganado y materia prima de bebidas alcohólicas y fibra. Los sorgos son plantas de porte mediano o alto, panículas abiertas, ramas largas y granos alargados cubiertos en buena parte por glumas oscuras o claras con endosperma córneo, grueso en los lados y delgado en el ápice.
El continente de ébano es el principal centro de distribución de los sorgos cultivados. El investigador Raúl Robles Sánchez (1975) dice que el origen geográfico se determina por investigaciones hechas en todos los lugares factibles, en los cuales se podrían desarrollar, y se determina en qué lugar se encuentra la mayor diversidad de especies, el lugar que posea el mayor número es al que se le considera el sitio de origen de esa planta.
Hoy día se acepta (León: 1987), que el sorgo fue domesticado en más de un lugar, en la faja que se extiende de Senegal a Somalia, entre el Sahara y la selva del Congo. El supone que las razas cultivadas se derivan de la verticilliflorum, del grupo silvestre arundinaceum. El área de origen del cultivar bicolor pudo estar al este del lago Chad y del centro de África. El guinea, en cambio proviene de sitios más húmedos entre Senegal y Chad. El cultivar caudatum es del centro de África, de las sabanas entre Chad y Kenya, el kafir se origina en el sur de África y el durra nace en Etiopía.
De la mano del hombre se extendió al Medio Oriente y Asia. A través del Mar Rojo pasó a la India, luego fue llevado a China por la Ruta de la Seda en el siglo XII, dando lugar a las características distintivas del grupo kaoling cultivado en China oriental y central.
El sorghum vulgare, Pers., es una de las primeras plantas domesticadas por el hombre. En las pirámides de algunos faraones egipcios, pertenecientes a las dinastías más antiguas, se han encontrado granos de este cereal; en las paredes de la tumba de Ameni-Em-Het (Dinastía XII) existen grabados en los que, según diversos autores, pueden apreciarse plantas de sorgo.
De acuerdo con la mitología de los dogon (Toussaint-Samat: 1991) de Mali, se cuenta que el mijo africano fue robado al cielo estrellado por el Gran Ancestro Herrero. Pero los mossi del Alto Volta (hoy Burkina Faso) atribuyen su descubrimiento a una mujer exasperada por el hambre que capturó al pájaro malpoli para cocinarlo. Siguió con vida gracias a los excrementos de mijo que dejaba caer en la jaula.
El sorgo arriba al “Nuevo Mundo” con la infame trata africana de esclavos, entre los siglos XVI y XIX. Al igual que el pasto guinea, el gordura o capim melao, el pará, el ñame, el quinchoncho, la patilla y el melón fueron compañeros de ruta de los negros en la travesía atlántica, primero a las islas del Caribe y después a Tierra Firme. Al bajar a los ilotas de las embarcaciones, simultáneamente arrojaban los restos del cereal a la costa. Posiblemente el sorgo se nacionalizó en tierra venezolana a finales del siglo XVIII y principios del XIX, pero su cultivo no cobró importancia hasta bien entrado el siglo XX con la variedad del sorgo granífero. Casi el 100% del mismo es utilizado por la agroindustria para la elaboración de alimento para animales.
Fuentes consultadas:
Alvarez D´Armas, Arturo. Gramíneas forrajeras africanas en Venezuela. San Juan de los Morros: Ediciones Cumbe y Tambor, 1999. Mimeo.
León, Jorge. Botánica de los cultivos tropicales. San José, Costa Rica: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, 1987. 445 p.
Toussaint-Samat, Maguelonne. Historia natural y moral de los alimentos. 2. La carne, los productos lácteos y los cereales. Madrid: Alianza Editorial, 1991. 186 p.
Robles Sánchez, Raúl. Producción de granos y forrajes. México: Editorial Limusa, 1975. 592 p.

EL GENDARME NECESARIO

Eduardo López Sandoval
La Modernidad tiene más de un siglo en Venezuela o, en todo caso, -para los que poseen esa manera positivista de pensar-, tiene más de cien años intentando entrar. La mentada Modernidad está asociada al adelanto frente al atraso, al desarrollo de las fuerzas productivas hacia la industrialización por encima de lo rural. Estas ideas de Modernidad encarnaron papeles con el rostro del llamado positivismo. Venezuela y su Historia es una obra civil que se construye, se destruye, se reconstruye, se barre y se erige desde que Rodrigo de Triana nos vio por primera vez, como dice la Historiografía Tradicional, nosotros decimos que nuestra Historia comienza cuando el indio vio a las calaveras como pájaros que venían navegando por el mar, más que eso la Historia debe comenzar desde que el hombre pisó por primera vez estas tierras hace miles y miles de años. Historia, claro está, que está por escribirse.
Viviendo más acá en el tiempo, no hablando de miles de años, y hablar de modernidad es hablar de positivismo. El positivismo como paradigma ocupó todos los espacios de la sociedad, precisemos hoy algún aspecto: el referido a lo político y a lo histórico.
Como la idea de modernidad es asociada a progreso, el positivismo se asocia al orden en todas las áreas de desempeño social del hombre en sociedad. Pero,…pero en el ámbito político este orden se relaciona con los gobiernos militares, con el gobierno, con el gendarme necesario. Esta imagen sirvió para que pensadores de altos kilates, como Mario Briceño Iragory se colocaran al lado de Juan Vicente Gómez, a principios del siglo pasado, para darle sostenimiento filosófico a la presencia del Dictador.
Gendarme necesario o cesarismo, es lo mismo; este nombre se obtiene de la imagen de Julio César, como emperador, autócrata y gobernante absoluto. “Los rasgos generales de cesarismo son la concentración del poder en una figura carismática que capta todos los anhelos populares.“. Esta corriente de pensamiento no sólo justifica el gendarme necesario, más que eso lo ve como una necesidad ante el carácter disociado de nuestra raza. Ojo. este concepto eminentemente positivista que estigmatiza nuestra ascendencia, por europeo de baja clase, por negro africano, y/o por indio, principalmente por lo último, son conceptos con los que no estamos de acuerdo, ideas acerca de las cuales hablaremos en próximas entregas, y hablaremos de la opinión de los latinoamericanos que dice que prefieren en su mayoría absoluta, un gobierno militar, siempre que le solucione el problema del hambre. Ambiente de opinión latinoamericano que coloca a Venezuela en el escenario de hacer un nuevo cesarismo: El Neocesarismo de Chávez.

LA MOTIVACIÓN RELIGIOSA EN EL TOPÓNIMO VILLA DE TODOS LOS SANTOS DE CALABOZO

José Obswaldo Pérez[1]

EN EL SIGLO XVIII, la Villa de Todos Santos de Calabozo era un pueblo de “picota y horca” (Carrasquel, 1943:196). Había sido fundado por los capuchinos andaluces Salvador de Cádiz y Bartolomé de San Miguel con el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria, el primero de febrero de 1724. Sin embargo, mucho antes, en 1694, existió un sitio de vida efímera con el nombre de Jesús de Nazareno de Calabozo, fundado por el fraile Salvador de Casabermeja. Anteriormente en 1676, Fray Pedro de Berja había pedido la fundación de la ciudad (Vila, 1963). Una real cédula del 15 de febrero de 1738 confirmó la fundación, pues los terratenientes hostigaban incluso a través del gobernador, para que les fueran devueltas las tierras donde estaba la villa. En efectos a esto, el 14 de septiembre de 1741 el gobernador ordenó que les fueran devueltas de nuevo las posesiones a los dueños de hatos. El 14 de agosto de 1744, el padre Antonio de Jaén y 62 vecinos solicitaron al Consejo de Indias la reposición de la villa. El Consejo otorgó el 6 de julio de 1751 lo que le correspondía a ésta y a las Misiones de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de los Ángeles, una legua alrededor a cada una. El título de villa fue confirmado por real cédula del 20 de abril de 1774, autorizada a su vez por el obispo el 15 de diciembre siguiente (De Armas Chitty, 1974: 41-44).
De este modo, con las misiones capuchinas y andaluzas no sólo llegó al primitivo Calabozo la cruz, como símbolo del cristianismo, la conquista y la fe, sino también la espada como arquetipo de las armas para la defensa, protección y ocupación de los llanos, a fin de controlar la resistencia de tribus indígenas en la zona; y junto con ella, mosquetes, armaduras, perros, lanzas, provisiones, pendones y toda la investidura militar de la época se consolidarán en las “misiones escoltas” como una empresa religiosa-militar que tuvo una intensa importancia en el contexto histórico de Venezuela (Castillo Lara, 1975; Rodríguez, Mirabal,1987:192). Con la articulación de estos elementos y el tutelaje de los misioneros, el asentamiento creció rápidamente con el comercio generado por el desarrollo de los grandes rebaños de ganado establecido en los Llanos. Aunque su fundación fue tardía, se originó al final de la conquista y colonización de Venezuela. Mientras ciudades importantes como Barquisimeto y el Tocuyo nacieron durante la ola expansionista y globalizadora del siglo dieciséis, Calabozo empezaba como un enclave misionero a finales del siglo XVII. Había sido concebido para guarnecer un asentamiento español anclado a la creciente red de “misiones con escoltas” que se esparcían hacia los llanos, con el fin abrir paso a la penetración de criadores con sus rebaños en calidad de “quieta y pacifica” (Rodríguez Mirabal, 1987:193).
En el contexto toponímico, el nombre de la Villa de Todos los Santos de Calabozo es una denominación compuesta de naturaleza antropocultural. Es un hagliotopónimo de motivación espiritual y religiosa que se divide taxonómicamente en dos elementos híbridos. Primero, Villa de Todos los Santos, que debe ser una translación toponímica de España. Un desplazamiento designativo de la madre patria que el conquistador trasladó con toda su carga cultural a las colonias hispanoamericanas y otros lugares como el Reino de Brasil. No es exagerado el sentimiento religioso de los primeros colonos-españoles y portugueses- que llevó a designar a la naciente población como Pueblo de Todos los Santos. Una herencia de siglos devenida de la época del cristianismo, y a una regla establecida por el Papa Gregorio el Grande (590-604). El bautismo no sólo fue un titulo para el culto público a una determina persona, sino que pasó a ser una creencia de quien poseía el nombre de un santo se encontraba bajo la protección del mismo.[2] De allí que años más tarde, las mismas instituciones eclesiásticas, pueblos y países se erigían bajo la amparo de un santo. Por eso, unas de las características de la colonización fue la santificación natural del espacio geográfico para el dominio espiritual del lugar. La santificación consistía principalmente en la purificación de los pecados, luego la permanencia de la vida y ascenso al camino de la virtud. En la purificación estaban incluidos todos los aspectos de la perfección espiritual: templanza, prudencia, paciencia, humildad, caridad, esperanza y fe (Goicu, 2002:303-304).
Esta realidad tuvo consecuencias en el plano toponomástico, en el cual el nombre de este lugar nos remite al “universo ibérico”, desde una percepción sensible o espiritual de los habitantes, constituyéndose en fuente inspiradora de la localidad. La denominación de un lugar por parte de los europeos consistía en poner nombres de santos a lugares, por ser descubiertos en días en que el calendario católico atribuía a determinado santo, santa o devoción (Dick, 2000:227). El topónimo Pueblo de Todos los Santos envuelve dos puntos nucleares de la conquista hacia los llanos: la propiedad del territorio por el dominio de los caminos terrestres y lacustres, a través de las emigraciones espontáneas y la colonización hispánica; y la conquista espiritual de las localidades mediante las encomiendas y misiones religiosas. Los primeros permitirán el reconocimiento de ese espacio, que les permitirá dominar las “arterias básicas” de la comunicación oriente-occidente y viceversa; y, los segundos, garantizarán la continuidad de la presencia de las emigraciones para la implantación de nuevas fundaciones, misiones, hatos, credos y otras cosmovisiones (Pérez, 2006; Rodríguez, 1991:105).
La toponimia religiosa se distingue por el carácter original de la lengua eclesiástica romana, la cual se basa en vocablos provenientes de lenguas diferentes. Su raíz cristiana y latina, supone en primer lugar los aspectos esenciales sobre la antigüedad de una palabra y segundo, su origen eslavo, en el cual se encuentran en muchas de ellas las denominaciones que designan la organización del culto, la jerarquía eclesiástica y calendario católico. Una característica que desde la perspectiva histórica, tienen una enorme influencia en la conquista del territorio. Concepción Suárez (2002) señala que su origen tiene sus comienzos en las transformaciones de ritos y cultos prerromanos que cumplen una función de “santificación” del entorno natural. El autor citado explica que una “buena parte del lenguaje toponímico se remonta a costumbres y referencias culturales preexistentes a la romanización, que, a todo más, sólo fueron reutilizadas, transformadas, reconvertidas por la cultura latina y la cristianización ulterior” (2002: 41-64). De este modo, los nombres referidos a ciertos lugares tienen raíces preindoeuropea, indoeuropea y celta, los cuales fueron utilizados por el conquistador europeo para nombrar el entorno natural habitado y, posteriormente, sacralizarlo y luego cristianizarlo.
El otro elemento taxonómico que compone la Villa de Todos los Santos es la palabra "Calabozo", la cual tiene su origen en el latín: Calare (= hender, herir) + Fodere (= hacer una fosa). Su significado se trata de una especie de excavación en roca o el suelo utilizado con la finalidad de mantener a los delincuentes o prisioneros de guerra encerrados y bajo castigo. Al parecer el topónimo tuvo una cierta evolución: de Calarfodium pasó a Calapozio (latín hispánico) y finalmente a Calabozo, un perfeccionamiento híbrido entre griego y latín. En este sentido, Corominas y Pascual (1984, I: 747) atribuyen a la palabra calabozo un origen hipotético de la voz compuesta “calafodium”, en la que podría distinguirse, junto al derivado “fodium” del latín fodere (‘cavar’) y la forma prerromana “cala”, el significado de: ‘lugar protegido, cueva’, probablemente de origen anterior al celta o al ibero. En regiones de España, como León y Salamanca se registra la etimología calabozo, lo que demuestra que es un fisiotopónimo, es decir, un nombre motivado por las características físicas del medio o las circunstancias que los rodean (Pérez, 2006).

Al igual que Corominas y Pascual, el reconocido lingüista, Fernando Navarro[3], señala la posibilidad de que la palabra Calabozo derive directamente de las palabras latinas fodiare y fodium, voces que su equivalente en español es “hoyo”. Éste vocablo se utilizaba generalmente para cualquier agujero excavado en la tierra. “nada de extraño tiene que nuestra palabra calabozo esté también emparentada con fodium; más concretamente, con el latín vulgar calafodium, compuesto con una supuesta raíz prerromana cala (subrayado nuestro) que transmitía la idea de cueva o lugar protegido” (Navarro, 2002). Sin embargo, Calabozo no es una palabra transparente. Otra interpretación del topónimo es su derivación del prerromano compuesta por Cala-, que significa lugar protegido y el sufijo –boza, que significa ‘matorral’. En otras palabras, Calabozo sería como un “matorral protegido”, que es el nombre también de un instrumento agrícola extremeño.

Finalmente, dentro del plano toponímico e histórico, se puede concluir que religión y fe son una consultación de los mitos de los hombres desde los tiempos de la colonización de los llanos. La Villa de Todos los Santos de Calabozo es el manifiesto sentimiento religioso de los primeros colonos y sus descendientes. Una nomenclatura de longitud pomposa, suerte de un sociocentrismo lugareño (Baroja, 1957; Mitchell, 1988:15) cuya medición debería indicarnos el grado de cristianismo y fe de aquella localidad colonial. Pues, resulta que la Villa de todos los Santos de Calabozo fue posteriormente sede de una de las primeras diócesis fundadas en Venezuela, después de las de Caracas, Mérida, Guayana y Barquisimeto. Fue una Diócesis que comprendió gran parte de los territorios llaneros de Venezuela. Siendo, por lo tanto, sede de un obispado que para muchos podemos interpretar que tenía una preeminencia espiritual. Pero no olvidemos que delante de la cruz después vino la espada, también símbolo de protección de la ciudad. En el siglo XVIII, Calabozo fue una plaza militar importantísima que constituyó un cerco para reducir a los grupos indígenas y contrarrestar el contrabando ilegal en la región. Cruz y espada serán la divisa con que se levantará esta localidad, con buena plaza, cárcel publica, cepo, cadenas y prisiones. Calabozo, la ciudad protegida, fue muy próspera en el pasado y lo sigue siendo en el presente. Hoy lleva el nombre simplificado de Municipio Miranda, en honra a la memoria del Precursor de la Independencia de Venezuela, General Francisco de Miranda (1750-1816)

REFERENCIAS

CARRASQUEL, FERNANDO (1943): Historia colonial de Algunos pueblos de Guárico. Caracas: Imprenta Nacional.
CARROCERA, PADRE BUENAVENTURA DE. (1972). Misión de los capuchinos en los llanos de Caracas. Tomo I. Academia Nacional de la Historia. Caracas.
CASTILLO LARA, LUCAS GUILLERMO (1984): San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
_______________________________________ (1975). Villa de todos los Santos de Calabozo. El derecho de existir bajo el sol. Caracas: Italgráfica.
CARO BAROJA, J (1957).” Razas, pueblos y linaje”.Revista de Occidente. Madrid:
COCA TAMAME, I. (1993): Toponimia de la Ribera de Cañedo. Salamanca: Ediciones de la Diputación de Salamanca.
COROMINAS, J. Y J. A. PASCUAL (1984): Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. Madrid: Gredos.
CUNILL GRAU, PEDRO (1987): Geografía del poblamiento de venezolano en el siglo XIX. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República.
DE ARMAS CHITTY, J.A (1979): Historia del Guárico. Tomo I, II. Caracas: San Juan de los Morros: Publicaciones de la Universidad Rómulo Gallegos.
DICK, MARIA VICENTINA DE PAULA DO AMARAL (2000). A investigação lingüística na onomástica brasileira. Frankfurt am Main
FRAZER, JAMES GEORGE (1980). La Rama Dorada: Magia y Religión. 7reim. México, Fondo de Cultura Económica.
GERBI, Antonello (1978). La naturaleza de las Indias nuevas. De Cristóbal Colón a Gonzalo Fernández de Oviedo. Trad. de Antonio Alatorre. México, FCE, Gráfica Panamericana.
GOICU, SIMONA (2002): Le culte des saints dans la toponymie romane. En: EMILI CASANOVA I VICENÇ M. ROSSELLÓ. Congrés Internacional de Toponímia i Onomàstica Catalanes.
LEMMO, ANGELINA (1983): Historiografía Colonial de Venezuela. Caracas: Fondo Editorial de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV.
MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN (1952): Toponimia prerrománica hispánica. Madrid: Gredos.
MITCHELL, T (1988). Violence and Piety in Spanish Folklore. University of Pennsylvania Press.
NAVARRO, FERNANDO (2002): Parentescos Insólitos del lenguaje. Madrid: Del Prado
PEREZ ASCANIO, JOSE OBSWALDO (2006).Estudio histórico sobre la toponimia del Municipio Ortiz. Una aproximación a la realidad regional. Tesis de Grado para optar el titulo de Magíster en Historia de Venezuela. San Juan de los Morros: Universidad Rómulo Gallegos.
RODRÍGUEZ MIRABAL, ADELINA (1987) La formación del Latifundio Ganadero en los llanos de Apure: 1750-1800. Caracas: Biblioteca de la Academia de la Historia.
RODRIGUEZ, ADOLFO (1992) “Definición de la Neoétnia Llanera Colombo-Venezolana como utopía realizada” en: Romero Moreno, María Eugenia (1992): Café, Caballo y Hamaca. Visión Histórica del Llano. Coedición: Quito, Ecuador, Talleres Abya-Yala y Orinoquia Siglo XXI, Santafé de Bogotá, Colombia.
______________________ (1994): El estado Guárico. Orígenes, Mundo y Gente. San Juan de los Morros: Ediciones de la Comisión regional Conmemorativa del V Centenario del Encuentro de Dos Mundo.
SALAZAR QUIJADA, ADOLFO (1994): Orígenes de los Nombres de los estados y municipios de Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela.
SUAREZ, JULIO CONCEPCIÓN (2001) Diccionario Toponímico de la Montaña Asturiana. Oviedo: Editorial KFK.
TROCONIS de VERACOECHEA, ERMITA (1982). “Contribución al estudio de la formación de algunos pueblos de Venezuela”. Buenos Aires: Separata VI Congreso Internacional de Historia de América.
VILA, MARCO A (1965): Aspectos Geográficos del Estado Guárico. Caracas: Corporación Venezolana de Fomento
________________ (1979): La Geoeconomía de la Venezuela del Siglo XVI. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades, UCV.
———————— (1978): Antecedentes Coloniales de Centros Poblados de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades, UCV.




[1] Licenciado en Comunicación Social UCV. Magíster en Historia de Venezuela, egresado de la Universidad Rómulo Gallegos, UNERG. Actualmente escribe el blog Fuego Cotidiano donde expresa sus inquietudes sobre cultura e historia local.
[2] GOICU, SIMONA (2002): Le culte des saints dans la toponymie romane. p 304; Ver FRAZER, JAMES GEORGE (1980). La Rama Dorada: Magia y Religión. 7reim. México, Fondo de Cultura Económica y también Enciclopedia Católica (2001). www.enciclopediacatolica.com

[3] NAVARRO, FERNANDO (2002): Parentescos Insólitos del lenguaje. Madrid: Del Prado. Del mismo autor es recomendable el artículo Parentescos sorprendentes. En línea: http://www.elcastellano.org/parent08.html; Ver también el Diccionario Etimología de Chile (2001) en: http://etimologias.dechile.net/?calabozo

domingo, 11 de febrero de 2007

TOPONIMIA Y POLÍTICA/ NOVO NOMENCLATOR QUINTA REPUBLICANO

José Obswaldo Pérez
LA DENOMINACIÓN DE NOMBRES es un proceso complejo. Intervienen factores políticos, históricos y sociológicos. Así como antropológicos y psicológicos. Pero, principalmente, lo que corresponden a la memoria histórica de los pueblos. Cambiar los nombres a los lugares, a los espacios es asunto peligroso. Es un riesgo cuando un nombre se ha enraizado en la cultura local y después se le quiere renombrar.

En la actual administración del chavismo – régimen inaugurado en 1999, a raíz de elecciones libres y democráticas- se quiere, en esta materia, acabar con el pasado. La tesis chavista es la refundación de la república. La V republica, como la han denominado. Esa refundación de la patria pasa por una redefinición de los espacios de la vida cotidiana mediante substitución de la toponimia vigente por una toponimia nueva correlativa al “proceso revolucionario bolivariano”.

El hecho no es nada nuevo en Venezuela
[1]. A raíz de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez y posteriormente los gobiernos siguiente, incluyendo el Pacto de Punto Fijo, se bautizaron y rebautizaron sitios y espacios públicos, de acuerdo a la tendencia de turno. Hoy el chavismo, como una expresión de un proceso de cambio, que se viene gestando desde 1980, pretende, con la idea de reivindicar a personajes de la historia venezolana, borrar una etapa de la historia venezolana. Se intenta reelaborar una nueva historia, políticamente manipulada. La idea, como dice el historiador Pino Iturrieta, es cambiar la memoria del venezolano “para que se establezca un puente entre la Independencia de Venezuela y la Quinta Republica. Se busca borrar todo lo demás, pero especialmente el siglo XX”[2]


Más allá de un simple cambio de nombre, las nuevas denominaciones representan la ruptura con el Pacto de Punto Fijo y la inauguración de una nueva era. Los cambios de nombres en los últimos años son el reflejo de las líneas gubernamentales en el área política, económica, cultural o militar. ¿Pero se mantendrán en el tiempo? El historiador Damas Carrera señala que estas modificaciones no tendrán ningún efecto en la conciencia histórica.”Este es un gobierno nominalista, es decir, cree que ponerle nuevo nombre a las cosas o rehacer las ya hechas. La historia nos enseña que esa manía de gobiernos no propiamente ilustrados ha llevado a situaciones hasta ridículas”

NOTAS

[1] TORT, J. Los cambios de nombre de los municipios durante la revolución y la guerra civil españolas (1936-1939). El caso de Cataluña. Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 15 de enero de 2003, vol. VII, núm. 133, [ISSN: 1138-9788].
[2] 20 Lugares e instituciones rebautizadas por el chavismo. Siete Días, El Nacional, domingo 31 de diciembre de 2006.
En: Fuego Cotidiano. / 2 de enero de 2007. Fuego Cotidiano, es un blog.




(José Obswaldo Pérez: periodista, historiador, cronista)

CORO



En este calor
los fantasmas son puertas
piratas afiebrados
que naufragan
como azotes de Dios
la herida de un cují
inciensa la luminosa desmesura
de estos patios
el oleaje de las horas
moja de quietud cerraduras y empedrados
En estos templos
¿Quien se arrodilla
ante el dolor o el poema,
quien se esconde
en la dulzura insoportable?

Jeroh Juan Montilla

JUAN PABLO SOJO

Arturo Alvarez D´Armas*
En Curiepe la tierra del mina, la curbata, el culo e´ puya, los quitiplás y el cacao, nació el 23 de diciembre de 1908, el hijo de Juan Pablo Sojo, padre (1865-1929) y de Brígida de Sojo. Se llamó Juan Pablo Sojo Rengifo. Autodidacta, boticario, novelista, cuentista, poeta, investigador y periodista. Colaborador de los diarios El Universal, El Nacional, El Tiempo, El País y de las revistas Fantoches, Revista Venezolana de Folklore y El Farol.
A partir de 1942 inicia el rescate y difusión de la identidad del negro venezolano. Con la creación en 1946 del Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, bajo la dirección del poeta Juan Liscano, lo nombran Jefe de la Sección de Folklore Literario. Es uno de los organizadores de la Fiesta de la Tradición “Cantos y Danzas de Venezuela”, efectuada en el Nuevo Circo de Caracas, durante las noches del 17, 18, 19, 20 y 21 de febrero de 1948, en homenaje al Presidente de la República Rómulo Gallegos. Le tocó la difícil misión de seleccionar los conjuntos que vendrían de la provincia venezolana.
Como investigador de las culturas afroamericanas se ganó la amistad y el respeto del cubano Fernando Ortiz, el haitiano Lorimer Denis, los brasileños Arthur Ramos, Edison Carneiro, Raimundo Nina Rodrigues, Gilberto Freyre y el peruano Fernando Romero.
A continuación se presenta parte de la extensa bibliografía de Sojo. “Tierras del Estado Miranda; sobre la ruta de los cacahuales” (1938), “Nochebuena negra” (1943, 1968, 1972, 1976, 1997), “Temas y apuntes afrovenezolanos” (1943, 1986). Coautor de “Folklore y cultura. Ensayos” (1950), “El Estado Miranda. Su tierra y sus hombres” (1959), “Antología de cuentistas y pintores venezolanos” (1976), “Estudios del folklore venezolano” (1986) y “La fiesta de la tradición: 1948. Cantos y danzas de Venezuela” (1998).
Parte de la inmensa obra de Sojo quedó inédita y desaparecida, como las novelas “La historia de un novelista”, “La luz misteriosa” y “La tía Benedicta”. Igualmente el poemario “Salmos negros” y el libro de ensayos “Los abuelos de color”.
Este gran venezolano estudioso y defensor de la etnia afrovenezolana murió en Caracas el 8 de octubre de 1948, su cuerpo se encuentra enterrado en Curiepe al lado de sus ancestros, en esos caminos que cruzan África y América. A 98 años de su nacimiento su legado perdura en el tiempo.

CAMELOT ESTÁ AQUÍ

Camelot está aquí
en San Juan de los Morros
el oscuro castillo que me invita
a franquear sus puertas
y borrarme
en este momento
la luna muerde la cúspide
del faro
es otra luz
destrozando la noche
otra mano
la que esto escribe.


Tibisay Vargas Rojas
(Poeta, docente)

DESNUDO CON LANGOSTINO (AL ESTILO DE OLIMPIA)

Rosana Hernández Pasquier*


El cuerpo joven tendido sobre el sofá
es un ave de carne blanca
turgencia rosa de langostino
estilizado bogavante para tu mirada
de puerto anochecido
Todo él es un astro
Cuando comienza a declinar
es un poniente
una menguada luna
que al marchitarse
ofrece el desamparo del desnudo

El tiempo es una pátina
de oscurecida arquitectura
sólo le deja el resplandor
de la carne que fue
y el lejano rumor del rosado en los labios


*Poeta de Villa de Cura, editora.

SE ENTRECIERRAN MIS OJOS...

Arturo Álvarez D'Armas*
Se entrecierran mis ojos
aún puedo verla
más no tocarla
el agua corre por la regadera
cual bautizo de Jesús
me dejabas tocar
dulce cuello muslos morenos
mordí la manzana
silencio
tiemblo ante lo desconocido
anhelo de nuevo esa esperanza
vuelve desnuda
compañera de la infancia.
*Poeta caraqueño, bibliógrafo, estudioso del tema de la negritud

LO POLÉMICO DEL CESARISMO DEMOCRÁTICO

Jeroh Juan Montilla
CONTENIDO
¿Héroes, hombres representativos o gendarmes necesario?
El cesarismo
Lo polémico del cesarismo democrático
Apreciaciones finales
Bibliografía
¿HEROES, HOMBRES REPRESENTATIVOS O GENDARMES NECESARIOS?
Paradójicamente el discurso histórico tiene su espacialidad. Zonas retóricas para el encuentro y el desencuentro temático. Recintos donde el habla histórica rompe su continuidad semántica dándole cabida a términos emigrados de la geografía. Michel Foucault (1979) las llama metáforas geográficas. Palabras como territorio, campo, desplazamiento, dominio, suelo, región y horizonte son nociones que han trasladado disciplinalmente sus raíces de lo geográfico hacia lo histórico. Su uso en la dimensión temporal de lo histórico abre novedosas perspectivas al momento de observar y analizar el acontecer del hombre. No es extraño que Fernand Braudel se obsesione por lo estructural cuando aplica la noción de tiempo largo a una etapa histórica del mundo del Mediterráneo. Véase como el discurso estructuralista entre historiadores abunda en nociones geográficas. Ahora bien, siendo consecuentes con este espíritu metafórico, puede reiterarse que lo temático constituye un espacio para establecer encuentros y desencuentros historiográficos. La historiografía viene a ser entonces una hidra de innumerables cabezas temáticas, donde los acuerdos y desacuerdos se despliegan sobre una diversidad interpretativa.
En el agosto de 1833 se produce un encuentro amistoso entre un historiador inglés, Thomas Carlyle, y un filósofo norteamericano, Ralph Waldo Emerson. Este encuentro de la sencilla ritualidad de lo amistoso trasciende a la fraternidad en lo temático. Carlyle, influido por el idealismo y el romanticismo alemán publica en 1841 el ensayo histórico Sobre los héroes. Emerson, filósofo trascendentalista, publica en 1850 su ensayo Hombres representativos. Para el primero la llamada historia universal es en el fondo el hacer de los grandes hombres, los llama los forjadores y los moldes, en fin la historia, para él, es la biografía de los grandes hombres. Estos son los héroes, figuras caracterizadas por un sentido trascendente de divinidad, profecía, poesía, sacerdocio, creatividad y mando. Semidioses para el culto permanente de los pueblos. Emerson presenta en su ensayo otra especie afín, los hombres representativos o ejemplares. Aquí se destacan también seis características, ejemplificadas en el filósofo, el místico, el escéptico, el poeta, el mundano y el escritor. Todos representan las posibilidades que en potencia tiene cada ser humano. En Carlyle los modelos son Odín, Mahoma, Dante, Shakespeare, Lutero, Ben Jhonson, Rousseau, Burns, Cromwell y Napoleón. En Emerson se destacan las figuras de Platón, Swedenborg, Montaigne, Shakespeare, Napoleón y Goethe. Según Jorge Luís Borges (1978), refiriéndose a Emerson dice: “El plan de la serie es idéntico al de la serie de Carlyle. Yo sospecho que Emerson cultivó el parecido formal para que resaltaran con plenitud las diferencias esenciales” (Págs. XII y XIII) Estas diferencias, hurgando el fondo de los textos, no resultan a fin de cuentas antagónicas sino más bien cómplices, o en un mejor término, complementarias. Es evidente entonces como estos dos intelectuales del siglo XIX se encuentran en la región de lo histórico con matices del monismo platónico, lo uno recoge lo esencial, las ideas y las sombras en el famoso mito de la caverna. Sobre esa multiplicidad de seres sensibles, que son los pueblos o las circunstanciales muchedumbres, se proyecta inevitablemente la figura ideal del héroe u hombre representativo. Este es un sino indeclinable o inevitable, necesario en la contingencia histórica.
Dentro del ámbito de la historia republicana venezolana sería interesante plantearse la siguiente interrogante: ¿Hasta donde nuestros más connotados y férreos historiadores, partidarios del positivismo no siguen reproduciendo, a su manera, esta tesis histórica de héroes u hombres representativos? Ya no con los ribetes emotivos del discurso romántico sino matizados ahora bajo la funcionalidad metodológica de lo científico. Cerrando más el círculo cabría preguntarse lo mismo frente al tema del cesarismo democrático, planteamiento realizado en las primeras décadas del siglo XX por el historiador positivista Laureano Vallenilla Lanz. Este historiador, desde 1905 hasta su edición completa en1919, publica un polémico ensayo historiográfico titulado Cesarismo Democrático, donde, después de un análisis de la violencia política, social y militar de la Guerra de la Independencia y su continuidad en el transcurso del resto del siglo XIX, concluye en la tesis de que solo la figura de un gendarme o caudillo necesario resolvería esta situación de inestabilidad en función de una paz verdadera.
Ya que al principio se precisó a los temas historiográficos como regiones para el encuentro y el desencuentro el presente ensayo tiene la intención de desplegarse, hasta donde sea posible, dentro del tema del cesarismo democrático, como espacio donde se convocó, y todavía se sigue convocando, una serie de posiciones disímiles o semejantes. Auscultar, a través de la polémica desatada, hasta donde el discurso positivista de Laureano Vallenilla Lanz no sigue reproduciendo de fondo las tradicionales obsesiones de la historiografía romántica venezolana.
EL CESARISMO
En una de sus defensas Laureano Vallenilla Lanz (1983) escribe que el propósito que inspira su libro Cesarismo democrático es “contribuir a la elaboración de un sentimiento nacional” (Pág. 335). Es un libro dirigido hacia las nuevas generaciones, tiene la esperanza de que estas sepan que solo se puede fundar un derecho político es solo sobre “hechos sociales e históricos indiscutibles” (Pág. 335). El sistema de gobierno que impere será el reflejo de la idiosincrasia y nivel cultural del pueblo. Las leyes no se crean en función de darle solución a las necesidades, de facilitar el camino al progreso, sino al contrario, primero se alcanzan las bases de la prosperidad y después se elabora la legalidad. El derecho efectivo precede al derecho escrito.
¿De donde emerge la tesis del Cesarismo democrático? Las fuentes filosóficas principales de Vallenilla Lanz son Comte, Spencer, Taine y Renan. Según Ángel Cappelletti (1992) de estos autores saca sus objeciones “contra la constitución democrática y contra el régimen representativo y federal imperante en Venezuela” (Pág. 263) Estas objeciones lo acercan, en algunos puntos, a los fascistas italianos, aunque en realidad Vallenilla Lanz siempre parte de una postura más o menos ecléctica para aplicar su concepto y método histórico. Alude también Cappelletti el racismo solapado de Vallenilla Lanz a pesar de este lo ataca abiertamente, igualmente menciona su crítica al sutil ejercicio teocrático de la iglesia en las naciones americana, pero acepta la función de control social de esta sobre la población..
Otra pregunta necesaria es ¿Que se entiende por cesarismo y que entiende por esto, particularmente, Vallenilla Lanz? Según Guillermo Cabanellas: “Inspirándose en las omnímodas facultades ejercidas por Julio Cesar, luego de vencer a sus enemigos, especialmente a Pompeyo, en Farsalia (48 a. de J.C.), se denomina cesarismo el sistema de gobierno autocrático, donde una sola persona ejerce todos los poderes del Estado… Históricamente el vocablo se aplica al bonapartismo” (Pág. 134) El término tiene una referencia histórica, el gobierno absoluto de Julio Cesar. Las llamadas repúblicas nobiliarias, plutocráticas e imperialistas romanas degeneraron en un caudillismo que marca una etapa de crisis que es zanjada por el gobierno personalista de Julio Cesar. Es claro con esta referencia lo del cesarismo, pero el término “democrático” es el que resulta contradictorio si se tiene claridad ya en el primer término. Uno y otro resultan antagónicos. Pero esta nuevamente la historia aclara esta extraña alianza terminológica. María de los Ángeles Yannuzzi (1998), citando a Robert Michels dice que
"Napoleón III admirablemente caracterizó la naturaleza del bonapartismo cuando declaró de su sistema que estaba basado en la democracia, desde que todos sus poderes estaban conferidos por el pueblo, mientras en organización era jerárquico, desde que tal organización era esencial para estimular las capacidades que dormitan en los varios grados de la sociedad." (MICHELS, 1959: 218, n. S/N) (Pág. 1).
Esta definición de democracia se aparta de la tradicional, la rousseauniana, ya el pueblo no delega el poder en los representantes sino en el único representante. Esta es una “democracia” autoritaria, plebiscitaria, y el líder es convalidado por el pueblo, él la única voz. Hay una relación sentimental entre él y las masas. La fuerza de su carisma es la expresión de su legitimidad. El cesarismo es un fenómeno apasionante, tanto que Gramsci (1934), un crítico acérrimo del autoritarismo, hablaba de dos tipos de cesarismo, uno regresivo y otro progresista:
El cesarismo es progresista cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y temperamentos limitativos de la victoria, es regresivo cuando su intervención ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, también en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, los cuales, sin embargo, tienen un valor, una importancia y un significado diferentes que en el caso anterior. César y Napoleón I son ejemplos de cesarismo progresivo. Napoleón III y Bismark de cesarismo regresivo. (Pág. 1)
Estos argumentos, sin contextualizarlos histórica e ideológicamente, podrían encajar perfectamente en el Cesarismo Democrático. Para Vallenilla Lanz los cesarismos de Páez y Gómez serían progresistas, verdaderamente democráticos, ya que ellos contribuyen a establecer hechos sociales e históricos indiscutibles.
LO POLEMICO DE CESARISMO DEMOCRATICO
El Cesarismo Democrático provocó una interesante polémica para el momento de su aparición. Unos argumentos a favor y otros en contra. Las ideas en discusión básicamente fueron la apreciación por parte de Vallenilla Lanz de que la Guerra de Independencia fue una guerra civil gracias a la participación mayoritaria de venezolanos tanto en las filas de los realistas como en las de los patriotas. Otro planteamiento es el de cesarismo democrático representado en la figura del gendarme necesario, esa especie de paladín histórico, que gracias a su prestigio, carisma y firmeza militar pondría fin a ese anárquico enguerrillamiento que causaba al país la enfermiza proliferación de pequeños caudillos. A continuación se expondrán de modo breve algunas de las opiniones emitidas en vida del historiador, se tomó para su trabajo las contenidas en los apéndices del primer tomo de las Obras Completas de Laureano Vallenilla Lanz (1985), en edición del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Santa María. Se toman sólo como referencias aquellas opiniones de carácter más o menos polémico, o de figuras de reconocida trayectoria literaria o historiográfica para el momento.
Una de estas primeras opiniones fue la de Hilarión Antich (1985). Este autor admite a medias la tesis de la guerra civil para explicar el proceso militar de la independencia, para él los mismos argumentos que justifican el carácter civil de la confrontación pueden probar también el carácter internacional de la contienda: “la guerra de Independencia fue en parte guerra civil y en parte guerra internacional, pues aquellos son los hechos y esto, el espíritu de ella” (Pág. 229) Antich admite lo que el llama “la participación criolla”, pero la significación de la conflagración no la ofrece tan solo la nacionalidad de la mayor parte de sus actores, si bien en un primer momento predominan los criollos, eso, para él, no fue en todo el transcurso de la guerra. Esta significación la configura también el sentido de los intereses en pugna, y este último es de tipo internacional, es una vieja nación enfrentada a otra nación naciente.
Otro crítico a la idea de guerra civil es Samuel E. Niños (1985). El cual toma como punto de apoyo su desconfianza en las fuentes usadas por Vallenilla Lanz. Para Niños los documentos depositados en los archivos españoles es obvio que no favorezcan a los independentistas:
La parte mala eran los americanos, y en todas las comunicaciones así nos hacían aparecer los españoles. De modo pues, que de eso están abundantes aquellos viejos estantes… A los españoles les convenía decir; y así lo hicieron creer, y de ello han dejado constancia en sus archivos, que la guerra de Independencia no era tal, sino disturbios domésticos entre los mismos colonos, entre hijos de una misma madre, por disidencias y ambiciones locales (Pág. 231)
El autor para reforzar esta idea explica que el envío de Morillo con 15.000 soldados estaba bajo esa apariencia, tanto que el título que le confirieron al salir fue el de Pacificador, un mediador de la paz entre los dos bandos hermanos en pugna, aunque al desembarcar su proceder fue distinto.
Las opiniones del cubano Álvaro de Heredia y del español Emiliano Ramírez Ángel solo muestran admiración por la personalidad historiadora de Vallenilla Lanz. De igual parecer es lo que dice Cristóbal Real. Guillermo A. Sherwell dice estar en desacuerdo con la teoría del determinismo sociológico que fundamenta las tesis principales de Vallenilla Lanz, sin embargo no razona este desacuerdo y se dedica a elogiar el estilo e intenciones del libro. La de Lisandro Alvarado más que una opinión es un resumen periodístico de las tesis presentadas en Cesarismo Democrático.
Desde Colombia las opiniones son distintas. Vargas Vila (1985) desde España dice que las ideas de Vallenilla Lanz le “son tan diametralmente opuestas” (Pág. 245), aunque que parece tener por norma, en casos como este, no discutir las ideas de sus amigos. Gabriel Porras Troconis muestra reticencias al planteamiento de la guerra civil, aunque promete un detenido estudio para rebatir ésta y otras ideas del libro. Eduardo Santos (1985) viene a ser el crítico más significativo que tiene el Cesarismo Democrático para los años de su publicación, es con quien el autor tiene una polémica directa por la defensa de sus tesis. Santos de entrada expone que hay un panorama de restricción política en Venezuela, esto no permitiría un verdadero ejercicio intelectual para los escritores venezolanos, no hay condiciones para una polémica abierta. No valdría la pena discutir con Vallenilla Lanz a sabiendas de que este estaría cuidando el peso y alcance político de sus argumentos. Ellos desde Colombia si podrían hacerlo ya que allí se hay libertad de disentir. Cree que Vallenilla Lanz es:
…un escritor de primer orden, espíritu cultivadísimo, sabe presentar sus ideas en forma sugestiva y de rara elegancia; encubre lo que para nosotros son malsanos errores, con el manto de una prosa tan elegante como sabia, y hace en lo que a nosotros se refiere, afirmaciones totalmente reñidas con la realidad…” (Pág. 292)
Esto lo lleva a rebatir a una serie de apreciaciones que Vallenilla hace en su libro de la historia colombiana. Al final toca la idea central del Cesarismo Democrático: el gendarme necesario. Para Santos los países americanos, menos Colombia, necesitan de un tirano, el camino de la legalidad puede concederles igualmente todas las riquezas necesarias y si un tirano llegara gobernarlos y desarrollar las riquezas naturales del país, perderían moralmente ante el peso de un régimen opresivo que los llevaría al servilismo colectivo. En otro artículo este autor replica a la tesis de Vallenilla Lanz de que en Colombia impera un régimen teocrático. Esta tesis plantea que en Colombia la iglesia católica domina la vida política. Ante este argumento la polémica va y viene restregándose uno a otro que tanto la iglesia manipula la vida en el país del adversario.
Miguel de Unamuno muestra su acuerdo con la idea de guerra civil, la justifica como la única forma guerrera de fecundidad histórica. Para él las guerras entre pueblos distintos o razas, “que no se entienden ni consienten”, son las de conquista, estas son “más naturales que históricas”. Unamuno llama a estas guerras civiles hispano-americanas, donde los hermanos confrontados son “hermanados en la guerra y por la guerra”
Cerramos esta parte colocando en este encuentro y desencuentro las visión de un intelectual estudioso del positivismo, Arturo Sosa Abascal (1985). Sosa Abascal, sin asumir una postura crítica alguna, desarrolla una larga y detallada descripción de la obra de Laureano Vallenilla Lanz, toca aspectos, como su vida, las obras, sus aportes al pensamiento venezolano, las fuentes de sus ideas y su visión del hombre revelando el sentido de la raza, la violencia y el progreso, también el hombre como pueblo y dentro de la élite político-social. Del aspecto hombre interesan para los fines de este ensayo es la visión del hombre como héroe, por ser colindante con las tesis de Carlyle y Emerson expuestas al principio. Antes todo Sosa Abascal establece que la noción de héroe que el entiende, de acuerdo al pensamiento de Vallenilla Lanz”, es más terrenal y no la del semidiós, que “…por héroe entendemos ese hombre que en las circunstancias concretas de la historia y de la evolución de la sociedad se convierte en eje central de la situación (Pág. 156) Es el elemento que confiere significación y representa los sentimientos sociales. Es el individuo carismático que con su hacer decidido y visión penetrante tiene la capacidad oportuna para darle un camino a la sociedad. El modelo de esta definición es Simón Bolívar. Si esta última se combina con la visión que Laureano Vallenilla Lanz preconiza de la evolución social en Venezuela, “va a dar como resultado la tesis del Gendarme Necesario y su teoría del Cesarismo Democrático” (Pág.156)
La tesis del gendarme necesario parte de la idea de que un gobierno realmente efectivo no necesita ajustarse a las constituciones nacionales, ni a las mas novedosas teorías de libertad e igualdad sino que debe es acoplarse al pueblo que encabeza, sólo así logrará el mayor bienestar común. Esto lleva a Vallenilla Lanz a particularizar su concepción de la democracia, reduciéndola a una naturaleza de carácter nacional. Desde la independencia el verdadero hacer democrático del país se ejerce es función de un predominio de lo individual fundamentado en lo colectivo. Este César es la democracia personificada., el representa y regula el ejercicio de la soberanía. Sólo él garantiza la igualdad colectiva. El aparece del seno de las crisis sociales y gracias a su intuición y efectividad impulsa el surgimiento de la nacionalidad y el estado para mantenerla.
APRECIACIONES FINALES
Las tesis de Vallenilla Lanz son un acontecimiento discursivo, podría decirse, en el lenguaje del análisis genealógico que las nociones de cesarismo democrático y de gendarme necesario constituyen ser las pretendidas unidades discursivas principales. Este discurso constituye una forma de saber hecha desde el poder, más allá de la individualidad de Vallenilla Lanz su habla discursiva es la del poder vigente, es un habla que se impone y a su vez ejerce su capacidad de exclusión de discursos contrarios. Véase que las opiniones realmente polémicas para el momento se cuelan es desde la prensa extranjera. Ahora bien el discurso de Vallenilla Lanz tiene como aval el hecho de estar amparado en el saber académico vigente, el cual cuenta con el impacto escénico de ser una novedad aparentemente coherente con sus fuentes europeas. Los intelectuales positivistas venezolanos son, bajo el gomecismo, una especie logia intelectual protegida institucionalmente y de una formación respetable.
Una de las cosas que desarma y confunde a muchos opositores a las tesis del Cesarismo democrático es el manejo de una armazón conceptual con referencias científicas muy calificadas, esto deja traslucir la decadencia, la falta de vitalidad y la merma en la capacidad de respuesta en el discurso historiográfico de tendencia romántica. Ya el arrebato no es suficiente para lograr de la certidumbre retórica. Ya el país es dominado por hombres inflexiblemente pragmáticos y ladinos en el ejercicio de la violencia política. Para estos nuevos amos el poder nos un asunto de coraje, sino de cálculo, de vínculo oportuno, de colocar el saber académico a su favor, de darle una participación en el ejercicio de la dominación para doblegar su posible sentido de disidencia.
El discurso histórico de Vallenilla Lanz sacraliza académicamente la realidad política vigente. Para esto recurre al mismo historicismo de siempre, pero ya con tintes de ciencia. Para él hay algo ya dado en el ser nacional, hay un origen, una naturaleza, tan solo se está asistiendo a su despliegue. El bien del cual disfruta para ese instante la sociedad venezolana se fundamenta en ese origen que dilucida con las herramientas metodológicas del positivismo. Esa instintividad igualitaria, el individualismo indisciplinado, los predominios de casta, de clase y de oligarquía, eso marca los pasos evolutivos del país. Eso mismo incuba al gendarme necesario, no hay escapatoria, la única salida es lógica, tomar otro camino es retardar lo positivamente inevitable.
Ese proceso es presentado por Vallenilla Lanz como algo natural. Pero la realidad, desde una interpretación genealógica, es que el acontecer histórico no es natural, mucho menos necesario. Todo en él es creación humana, por lo tanto contingente. No hay proceso necesario. Eso que Vallenilla Lanz proclama como el carácter del hombre venezolano no es más que un pasado escrito desde un presente, su presente gomecista. En el presente del historiador hay intereses, no hay la tan anunciada objetividad, es solo un conocimiento que guarda detrás de su parafernalia científica un modo específico de asimilación y dominio de lo real. Como bien dice Felip Vidal Aulabell (2005) “…se organiza este nuevo saber en función de una interpretación interesada” (Pág. 1) Para Aulabell la historia es múltiple y esta misma multiplicidad no constituye nada en si misma, no hay un fundamento ontológico o teleológico que mas allá de la contingencia histórica pueda fundamentarla, la importancia sólo está en función de las expectativas, conocimientos e intereses vigentes. Para él “…si el mundo nos parece lógico es porque lo hemos logicizado (Pág. 1).
Lo importante en torno a estas reflexiones que motiva este libro de Vallenilla Lanz, no es el grado de verdad de los planteamientos del texto, interesante es acercarse y ver como esos planteamientos pudieron convertirse en una verdad con vigencia. El desplazamiento de estas nuevas interpretaciones no demuestra nada, sólo evidencia su pérdida de dominio, las verdades también son víctimas en el fragor de lucha de los asuntos humanos. Las nuevas afirmaciones genealógicas no pretenden negar el terreno positivo sobre el cual se construyó el discurso de Vallenilla Lanz, busca sólo quebrar las unidades conceptuales de su discurso, para sacar a la luz otras evidencias ocultas por legitimidades discursivas precedentes.
Finalmente diremos que Cesarismo Democrático se concibe con el fin de desmontar todo el discurso historiográfico romántico que se elaboró sobre la Guerra de Independencia. Ahora bien, esta labor negadora pasa por mantener solapadamente, a pesar suyo, elementos de ese discurso romántico. La noción héroe es tomada y reinterpretada, el discurso positivista no va al fondo en su labor cuestionadora, hay elementos románticos fundamentales a los cuales no puede substraerse. Es paradójico que un icono tan cuadradamente romántico como es el héroe y sus implicaciones terminen por ser el sustento del nuevo discurso, tan sólo se matizan las condiciones de semidios y se fortalece las aptitudes carismáticas. Podría decirse que la noción de héroe se afianza en el discurso positivista porque aquello oscuro sale a la luz y es justificado en función de las nuevas intencionalidades del poder. La crueldad y la violencia, tan obviadas o sublimadas por el discurso romántico, ahora es prácticamente legitimada gracias a las descripciones del medio donde el héroe desarrolla su personalidad política.
BIBLIOGRAFÍA
Borges, Jorge Luís (1978) Estudio preliminar. En: En Carlyle y Emerson. De los héroes. Hombres representativos. (Pp. IX-XIV) México: Editorial Cumbre.
Cabanellas, Guillermo (1989) Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual. Buenos Aires: Heliasta.
Cappelletti, Ángel J. (1992) Positivismo y evolucionismo en Venezuela. Caracas: Monte Ávila.
Carlyle y Emerson (1978) De los héroes. Hombres representativos. México: Editorial Cumbre.
Foucault, Michel (1979) Microfísica del poder. Madrid: La Piqueta.
Sosa Abascal, Arturo (1985) El pensamiento político positivista venezolana. Caracas: Centauro
Gramsci, Antonio (1934) El cesarismo [Página en línea] Disponible: http://www.gramsci.org.ar/8/50.htm . [Consulta: 2005, julio 9]
Hilarión Antich (1985) La guerra de la Independencia no fue una guerra civil. En: En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp. 227-229 ) Caracas: Universidad anta María.
Samuel E. Niños (1985) La guerra de la Independencia no fue una guerra civil. En: En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp.230-235 ) Caracas: Universidad anta María.
Santos, Eduardo (1985) Sobre las teorías del señor Vallenilla Lanz. En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp.291-303) Caracas: Universidad anta María.
Unamuno, Miguel (1985) Cesarismo Democrático. En: En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp. 227-229 ) Caracas: Universidad anta María.
Vallenilla Lanz, Laureano. (1991) Cesarismo Democrático y otros textos. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
Vallenilla Lanz, Laureano. (1983) Por qué escribí “Cesarismo Democrático” En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp. 335 y 336) Caracas: Universidad anta María.
Vargas Vila (1985) Carta. En: Laureano Vallenilla Lanz. Obras Completas Cesarismo democrático. (Pp.245) Caracas: Universidad anta María.
Vidal Aulabell, Felip (2005) La genealogía como método y el uso genealógico de la historia [Página en línea] Disponible: http://serbal.pntic.mec.es/~cmuno211/vidal29.pdf
[Consulta: 2005, julio 9]
Yannuzzi, María de los Ángeles (1998) La categoría de Cesarismo en los inicios de la sociedad de masas [Página en línea] Disponible: http://168.96.200.17/ar/libros/yannuzzi.rtf. [Consulta: 2005, julio 9]