Germán Fleitas Núñez
Cronista de La Victoria
La muestra de ADN del Padre de la Patria, obtenida durante la exhumación
de sus restos, nos permitirá comprobar si realmente era el padre de los
hijos que se le atribuyen. Existe numerosa descendencia de sus
presuntos hijos y ya la ciencia está en capacidad de ayudarnos a
despejar dudas genéticas y genealógicas.
A nuestro Libertador se le atribuyó la paternidad de cinco hijos, dos
hembras y tres varones; dos europeos y tres americanos; que fueron: 1)
La Niña de Achaguas, 2) Doña Flora Tristán, 3) Simoncito Biffard 4) Don
Miguel Camacho y 5) Don José Costas.
Sobre estos "presuntos hijos" -como dicen los periodistas- existe
abundante documentación y noticias en la prensa del siglo XIX, XX y en
libros; pero muy poco interés le han prestado los historiadores, con el
socorrido argumento de que "los grandes hombre no han dejado
descendencia", lo cual es una verdad que tiene demasiadas pruebas en
contrario. El viento parece haberse llevado las palabras del gran
hombre cuando el 18 de mayo de 1828 dijera que: su esposa"...murió muy
temprano y no ha vuelto a casarse, pero que no se crea que es estéril o
infecundo porque tiene prueba de lo contrario".
Dentro de los estrechos límites de una crónica, ofrecemos información
ligera sobre estos cinco "presuntos" hijos del héroe, en espera de que
algún día el ADN diga la última palabra.
1) La referencia a la primera niña, la trae en sus Memorias, publicadas
en 1847, el pintor Carmelo Fernández Páez, sobrino del general Páez,
quien desde muy niño anduvo con Bolívar y lo acompañó hasta el fin de su
vida. Autor de la efigie del Libertador que está en nuestras monedas, y
de las efigies de casi todos los próceres, a quienes conoció
personalmente, don Carmelo dice que en la huida hacia el oriente,
durante el año 1814, muchas de las familias de Caracas se radicaron en
Cumaná; otras siguieron a Angostura (hoy Ciudad Bolívar), y cuatro de
ellas llegaron hasta Achaguas;"...en una de estas familias tuvo una
hija El Libertador". Viniendo de un compañero fiel, que anduvo con él
todo el tiempo hasta que murió, el dato es digno de crédito y de
respeto. Algunos genealogistas creen que se trata de una niña de la
familia Toro, de nombre Clorinda, cuya madre casó luego con el
victoriano Manuel García de Sena. La niña CLORINDA GARCÍA DE SENA Y
TORO, casó con Don Manuel Antonio Carreño, gran músico, autor de la
"Urbanidad de Carreño" y es la madre de la gran pianista Teresa Carreño
García de Sena, quien sería nieta del héroe (sus restos también reposan
en el (Panteón Nacional y será muy fácil obtener muestras de su ADN).
2) La segunda, doña FLORA TRISTÁN, cuyo retrato revela un gran parecido
físico con el genio, era hija de doña Teresa Laisney de Tristán, esposa
del coronel peruano don Mariano de Tristán, de la alta aristocracia del
Perú. Bolívar la conoció en su segundo viaje a Europa que comenzó en
1803 y dura hasta su regreso en 1806, vía Estados Unidos. Lleva la
tristeza de su prematura viudez y tiene apenas veinte años. Con Teresa
hace un largo viaje hasta Bilbao, ella queda embarazada y al poco
tiempo, en Paris, nace Flora. Vivió de 1804 a 1844; casó y tuvo dos
hijos: un varón cuyo nombre desconocemos y una hembra llamada Aline, que
es la madre del pintor Gauguin, quien sería bisnieto del Libertador.
Flora fue una destacada dirigente política, fundadora del Partido
Socialista Francés, luchó por el proletariado, por los derechos de la
mujer y por el establecimiento del divorcio. Fue muy infeliz en su
matrimonio, publicó libros, entre ellos "Peregrinaciones de una Paria"
en 1838; viajó a Arequipa en busca de su tío Pío Tristán. Publicó las
cartas cruzadas entre su madre y Bolívar, y murió en 1844. Los obreros
agradecidos le hicieron un monumento en el cementerio de Burdeos donde
reposan sus restos.
3) Del tercero apenas conocemos, por habérselo oído decir a don Juan
Uslar Pietri -hermano menor de don Arturo- que en 1805 nació en París un
niño al cual apadrinó el futuro guerrero y le puso su propio nombre. La
madre del niño había sido su amiga íntima. En una carta que le envía en
1823 Fanny Tobrian y Aristeguieta Du Villars, su prima, amante y
confidente, al Libertador, le dice:"Vuestro ahijado Simoncito Briffard
(espero que sea el solo que usted tenga en Europa) es digno de sus
bondades y tiene el vivo deseo de ir a encontrarlo". No sabemos nada más
de SIMONCITO BRIFFARD. Es a esta Fanny a quien le escribe en 1830 la
carta que dice: "Me tocó la misión del relámpago; rasgar un instante la
tiniebla, fulgurar apenas sobre el abismo, y tornar a perderse en el
vacío".
4) El cuarto, don MIGUEL CAMACHO, nació en Pie de Cuesta, El Socorro,
Santander del Norte, Colombia, pero vivió toda su vida en Quito donde
murió el 10 de julio de 1898. Era más alto que Bolívar, pero tenía faz
trigueña, frente alta y elevada, cabello ensortijado, bigotes bien
poblados, nariz aguileña y barbilla perfilada, delgado pero bien
musculado, ojos negros, de mirada penetrante y que en veces miraban al
suelo y en veces, de lado.
Al día siguiente, el 11 de julio de 1898, el cortejo fúnebre era
presidido por el General Eloy Alfaro, Presidente del Ecuador, por
tratarse de un hijo de Simón Bolívar, pues como tal se le tuvo siempre.
Poseía muchas cartas del Libertador y de"mi tía María Antonia,
referentes a mi persona y particularmente a los gastos de mi manutención
y crianza". Al fallecer, su criado era un hombre como de setentinco
años, llamado Lorenzo Camejo, hijo de Pedro Camejo, el Negro Primero,
quien lo acompañaba desde su estancia en Caracas, en tiempos de Guzmán
Blanco, y llamaba la atención de los quiteños "por su color negro, su
altura, y porque llevaba en la oreja un arete de oro".
Don Miguel Camacho tuvo dos hijos llamados Margarita y Carlos.
Margarita casó con don Manuel de J. Benalcázar, honorable comerciante de
Quito y tuvo tres hijos llamados Miguel Ángel, Antonio y Manuel.
Antes, don Miguel había tenido otro hijo llamado don Aquilino Camacho,
profesor. Sus descendientes viven en el Ecuador.
5) Por último, el más conocido de todos es don JOSÉ COSTAS. Su origen
remonta a los días de octubre de 1825, cuando el Padre de la Patria
llegó a Potosí, para cumplir con su compromiso de clavar las banderas de
la libertad, en el Cerro de la Plata. El 5 de octubre fue coronado por
una linda mujer de veintiún años, de nombre María Joaquina Costas,
esposa del general Hilarión de la Quintana, colocó sobre sus sienes una
corona "de filigrana de oro, tachonada de diamantes", obsequio de la
Municipalidad de Potosí. María Joaquina tenía "piel fina, ojos color
azul, boca pequeña nariz fina y un hoyuelo en la barbilla".
En el momento de coronarlo le advirtió:"Cuídese general porque esta
noche tratarán de asesinarlo". Esta oportuna información permitió
debelar la conspiración del general León Gandarias, y salvar la vida
del héroe. Esa noche el suntuoso baile vió aparecer a "otro Bolívar";
por primera vez sus compañeros de armas lo contemplaron sin bigote y sin
uniforme. Bailó toda la noche con María Joaquina; surgió una intensa
relación y el caraqueño decidió prolongar en Potosí su estada hasta el
próximo 28 de octubre, para celebrar allí "su cumpleaños". María
Joaquina quedó embarazada y nació su hijo a quien, a pesar de estar
casada, presentó como José Antonio, hijo natural suyo y del señor Simón
Bolívar. Al conocer Bolívar el nacimiento del niño envió al Coronel
José Miguel de Velazco, con la misión de llevarlos a la "Quinta de la
Magdalena". En el Perú se hicieron varios retratos de doña Joaquina con
el niño en los brazos. La comisión le valió a Velazco su ascenso a
General y la Presidencia de Bolivia. Por su parte José Costas vivió
sesentinueve años, casó con doña Pastora Argandoña y procrearon a Urbano
y Magdalena, ambos con numerosa descendencia. En su partida de
matrimonio se lee: "...casé y velé a José Costas, hijo natural de la
señora finada María Costas y del finado señor Simón Bolívar."
Murió el 7 de octubre de 1895. Existe una fotografía de doña Joaquina a
los setenta años, tiene en las manos un libro, su rostro es simpático e
imponente, ojos soñadores, boca pequeña nariz bien perfilada, su vestido
es una saya de anchos pliegues y una mantilla andaluza. Sus
descendientes viven en Caiza, un pueblito a noventa kilómetros de
Potosí.
El 26 de octubre de 1925, se celebró en la Villa Imperial de Potosí el
centenario del ascenso de Bolívar al Cerro de la Plata; allí en acto
presidido por la Academias, la Sociedad de Geografía e Historia y el
Presidente de la República, se reconoció a las familias Costas y Rosso,
como descendientes de Bolívar. En el momento de su muerte, cuando Doña
María Joaquina se confesó con el cura Ulloa, le pidió: "que no sea
separado de mi cuerpo en la tumba, este precioso relicario que lleva el
busto del Libertador, y que me fue ofrecido por él en prenda de amor
(...) Dios le haya premiado y me perdone a mi esta única falta grave de
mi vida, que siempre consagré al bien de mis semejantes y al recuerdo
del héroe, mi único y solo amor en el mundo".
Por su parte, dos años antes de morir, el Libertador confesó: "El Potosí
tiene para mi tres recuerdos: allí me quité el bigote, allí usé por
primera vez un vestido de baile, y allí tuve un hijo".
Dedicado a compartir asuntos de historia, crónicas, sociología, educación, ciencia y tecnología, política, teatro, tradición, cine, literatura, artes y filosofía (San Juan de los Morros, Venezuela)
Obituarios de un no-país — video a Alejandro Aguilar
sábado, 18 de agosto de 2012
EL CRONISTA COMO FUNCIONARIO PÚBLICO
Ponencia
presentada en la XL Convención Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela,
realizada en Coro, estado Falcón del 23 al 26 de mayo de 2012
ALBERTO
PÉREZ LARRARTE
Cronista
Oficial de la Ciudad de Barinas
Me animó la idea de traer ante ustedes estas palabras
de reflexión sobre el deber ser del cronista en la vida pública venezolana, de
verdad me entusiasme a exponer tal asunto en este encuentro, rodeado de un
conjunto de hermosas e históricas edificaciones, que constituyen un patrimonio
histórico para la humanidad y sentir el calor del sol falconiano, en la ciudad
del viento, con la misma intensidad del afecto de su gente; es una sana manera
de desgarrarme el alma ante este auditórium, tal vez por la vehemencia que le
ponemos a las cosas; pero con la firme convicción de expresar mi preocupación
por el destino y vocación de los hombres y mujeres que tenemos la hermosa y
delicada misión de escribir la historia en un país que vemos cada día más
alienado y convulsionado por cosas intranscendentes, lo que hace que
aceleradamente se desborone el basamento moral y ético de la sociedad.
Si
hacemos referencia del cronista como funcionario público, no debemos apegarnos únicamente a la ley, aunque la ley
es la ley; considero que nuestra misión y visión va mucho más allá de ejercer
un cargo público, debemos ser auténticos promotores culturales, humanistas por
excelencia, constructores de
sueños, creadores de la palabra, defensores del patrimonio y acervo cultural de
nuestros pueblos, investigadores, propulsores y protectores de nuestra
identidad. Eso es el deber ser.
Nuestro
ejercicio de poder en la administración pública debe estar apegado a las más
diáfanas normas que deben regir a un funcionario público, sin olvidar que los
funcionarios públicos no están para que le sirvan, sino para servir a todos los
ciudadanos y debe fundamentarse su servicio en los principios de honestidad, participación, celeridad,
eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad.
Además, como hemos dicho, sin dejar de tomar en
cuenta que el ejercicio de cronista va mucho más allá de ejercer un cargo
público, su función debe ser ejemplarizante en el servicio colectivo, como
asesor de los Poderes Públicos Municipales, su actuación debe ser diáfana y
apegada a las más estrictas normas de imparcialidad política partidista, por lo
que no debe inmiscuirse en los asuntos de participación partidista, que aún
consciente que es un derecho natural que promueve la fe democrática,
marchitaría su independencia y capacidad creadora y defensora de los más
sagrados derechos patrimoniales y culturales de su localidad y si en ello
incurriría, estaría convirtiéndose en un borrego y servil de los políticos de
turno y su conducta ética y moral ante la sociedad, produciría el declive de
tan noble y leal oficio. Perdonen mi crudeza.
Como referente a tan loable y delicada
responsabilidad, don Alfonso Marín, en la primera Convención de Cronistas
Oficiales de Venezuela, reunida en Valencia en marzo de 1968, sostiene que: “Un
cronista de una ciudad, no debe ser nunca un funcionario decorativo, que se
conforme con la idea de su presencia en ese cargo que representa para él un
honor excepcionalmente alto. Ese honor existe, realmente, pero se encuentra
ubicado en los límites imperativos de un profundo deber y de un grave
compromiso”.
En la actualidad el
oficio de cronista ha evolucionado
convirtiéndose en un funcionario
público, con rango de Órgano Auxiliar de los Poderes Públicos Municipales,
estando al nivel del Secretario o Secretaria de Cámara Municipal o de quien
ostenta el cargo de Sindico Procurador municipal.
El cronista es un escritor, investigador, historiador
y orientador de las aspiraciones colectivas de su comunidad, recomienda
alternativas en materias de vialidad y urbanismo, propone políticas
transformadoras que humanicen su Municipio, es el guardián de las memorias de
su pueblo, le corresponde asesorar a los poderes públicos municipales, en las materias o asuntos de su
competencia, debe propiciar la creación de museos, archivos, hemerotecas y bibliotecas.
No amerita un titulo académico para ejercer tan
honroso oficio; pero si la humildad, honestidad, vocación, dignidad y entrega
necesaria para con decoro ser la voz obligada del Municipio.
El cronista, no es una pluma tarifada, es un libre
pensador. Muchas veces debe enfrentar las barbaridades que pretenden cometer
algunos mandatarios o funcionarios de gobierno contra el patrimonio y acervo
cultural, debe propiciar programas educativos y formativos para su comunidad.
El
cronista debe pensar y actuar diligentemente y sin rodeo, porque tiene bajo su
responsabilidad una delicada misión, no debe ser simplemente un contemplador
nostálgico de los sucesos de su pueblo, su pensamiento y actuación deben
dignificar tan alta misión. Para Wilfredo
Bolívar, cronista de Araure, "es una especie de conciencia de la
ciudad, un defensor del patrimonio, o el alcalde moral de un pueblo".
Por ello, vayamos con nuestra conciencia y combatamos
con nuestras armas tanta mediocridad que carcome el alma nacional. Nuestras
armas son las ideas, el libre pensamiento y las letras que describen la
historia, en tal sentido debemos ser la antítesis del marasmo y la barbarie. No
nos convirtamos en aduladores de los gobernantes de turno, porque nos tragará
el tremedal.
Como la ley es la ley, como diría nuestro amigo y
admirado poeta y colega Guillermo de León Calles, cronista Oficial de
Carirubana, estado Falcón, cuando insta que debemos referirnos con insistencia
saludable sobre este logró de ser reconocidos en la vigente Ley
Orgánica del Poder Público Municipal, en su contenido que le da al cronista el
rango de uno de los Órganos Auxiliares del Poder Público Municipal.
En
este sentido el poeta De León Calles, refiere que: “Con esta herramienta jurídica en posesión nuestra, no habrá excusa
alguna que defina su incumplimiento. Los cronistas tenemos que acrecentar, con
el mayor grado de autoestima, lo que representamos para el curso cotidiano y
trascendental de las comunidades a las cuales servimos, con la necesaria
asesoría, si es que viene al caso, de
los profesionales específicos o de los colegas que hayan logrado que la ley
sea, con todas las mayúsculas del mundo, letra viva”.
Pero,
el incumplimiento de la ley, esta latente en varios Estados del país, son
innumerables los Municipios que no gozan del servicio de este funcionario
público que ha venido dejando de ser una figura decorativa y convirtiéndose en
un gestor y promotor de las principales
actividades que tienen que ver con el desarrollo integral del Municipio; además
que con el fallecimiento de los cronistas existentes en algunos Municipios, no
se ha dado el mandato de ley o se ha comenzado con el reparto de la torta como
nos los dijo en su oportunidad Germán Fleitas Núñez, cronista de La Victoria.
Cuando
muere un cronista de alguna manera, muere por pedazos un pueblo, con su desaparición
física se va la voz moral de un pueblo, son varios los cronistas, que nos han
dejado su legado para la posteridad, imitémosles.
Elevemos una plegaria no
sólo porque sus restos descansen en paz, sino porque su obra y pensamiento,
sean guía y ejemplo en el cumplimiento de nuestro oficio y faro de luz para las
nuevas generaciones.
Por ahora, los cronistas debemos hacer
que nuestro oficio impregne de conciencia a la ciudadanía y aclare la mente de
muchos funcionarios públicos alérgicos y desinteresados por las cosas sublimes
que alimentan el espíritu y acarician el alma y que entiendan de una vez por
todas, que el cronista que cumple con su deber, es el gendarme, el guía y constructor de sueños que engrandece la
vida municipal y el mejor aliado, de alcaldes, concejales y demás funcionarios
públicos y por consiguiente de la comunidad en general.
Eso
si, hagamos justicia de defender las bondades que ofrece ejercer el oficio de
cronista; pero con absoluta humildad, dignidad y con la autoridad moral
suficiente para hacer valer y respetar el sitial ganado en la colectividad,
hagámoslo con inmensidad creadora, el cronista debe ser un poeta y como señala
mi colega y amigo Antonio Trujillo, cronista de San Antonio de los Altos, estado
Miranda, quien afirma, que: "Un
poema es una crónica espiritual. La poesía es una crónica desde Homero hasta
aquí…Porque la crónica también es para defender un país”.
Se dan cuenta queridos
colegas del hermoso legado que nos corresponde atesorar, no permitamos que se
degrade nuestra misión, en fin como diría el pionero de los cronistas de
Venezuela, el celebrado, don Enrique Bernardo Núñez, "El pueblo mismo
es el cronista por excelencia".
Recuerdo con orgullo
afectuoso a mis dos grandes maestros, uno, José León Tapia, quien me dijo un
día, “hijo sigue con tu empeño creador,
acuciosidad y celo de hacer de Barinas un eslabón más de la grandeza de nuestra
patria” y con exceso afectivo, me animo al decirme: “Tu trabajo tiene gran trascendencia en una ciudad donde tantas veces,
en nombre de un falso progreso, se ha borrado nuestro patrimonio cultural y
arquitectónico, para pena de quienes llevamos a Barinas en el corazón”.
El otro, José Esteban Ruiz-Guevara, un verdadero
revolucionario y libre pensador que dignificó nuestro gremio; cuando fui
seleccionado por un jurado calificador me dijo: “Alberto, eres el primer cronista del municipio Barinas nombrado de
acuerdo con las disposiciones legales establecidas en la legislación
correspondiente y las pautas señaladas por la Asociación de Cronistas de
Venezuela”. Menos olvido cuando me dijo:
“Vayamos al ejercicio imparcial de nuestro oficio e indudablemente, no dejemos
que nuestra asociación se contamine”. El aplauso es por la memoria de estos
insignes venezolanos. Muchas gracias…
miércoles, 18 de julio de 2012
Misoginia y racismo según dos afro-descendientes
Rafael
Lara-Martínez
Tecnológico
de Nuevo México
Desde
Comala siempre…
A
Si
“olvidar (lethe)
es perder la ciencia que se tenía antes” (Fedón,
Platón), la historia salvadoreña ya perdió toda índole científica
al eludir su carácter de verdad (a-lethe).
0. De la exclusión de la mujer
y de los afro-descendientes
I. De la mujer
II. De lo africano
III. De la mujer africana
IV. Hacia la diversidad
0.
De la exclusión de la mujer y de los afro-descendientes
Cuando
la historia la define un tipo de escritura, su lugar es el de la
ficción. La historia es una literatura, una retórica letrada. En
nombre de una nueva ortodoxia, construye un simulacro del pasado sin
documentación primaria.
Al
respecto léase:
http://es.wikipedia.org/wiki/Levantamiento_campesino_en_El_Salvador_de_1932.
Ignoro su autor, pero ni las “secuelas del levantamiento
campesino” ni “el levantamiento campesino en la ficción” se
justifica con fuentes primarias de la época. No se cita ni una sola
revista cultural de los años treinta.
Basta
disfrazarse de izquierda para tildar toda posible crítica de
reaccionaria. La memoria y la historiografía serían retrógradas,
ya que no proponen la quema inquisitorial de toda fuente primaria.
En la
fogata que honra al nuevo estalinismo se excluyen la diferencia
racial y la de género. Su discurso sería un racismo y una
misoginia encubiertos por una retórica política que se reclama
correcta y liberadora.
I.
De la mujer
Hacia
1932, no habría cabida ni para la mujer ni para los
afro-descendientes. Veamos cómo esta relación —mujer
afro-descendiente— la establece la verdadera ficción, ahora vuelta
historia, ya que la historia se vuelve ficción “en el jardín de
los senderos” que se entrecruzan.
Ninguna
de las dos novelas tempranas sobre los eventos de enero de 1932
aparece en el artículo: El
oso ruso (1944) del
sandinista Gustavo Alemán Bolaños y Ola
roja (1948) de Francisco
Machón Vilanova. Pese a su carácter reaccionario, ambas novelas
presentan a una mujer indígena violada por un hacendado blanco como
una de las líderes políticas, comunistas, de la revuelta. Se
llaman Rosa María, violada por un hacendado, y María Gertrudis, al
acecho sexual de los hacendados cafetaleros.
En
ambos casos, la primera comunista de América es La Chingada. Al
negársele todo derecho sexual, se inclina por una acción armada que
la ficción denomina “la honra” en los Cuentos
de barro (1933) de
Salarrué. Si la revuelta fue comunista, en El Salvador existiría
el comunismo de La Chingada. A falta de derechos de género, el
comunismo es su paliativo.
Distante
por una generación, en el artículo, la voz de Julia Ama no
satisface el requisito de género, ya que ella restituye la memoria
de un líder masculino de su propia familia. La voz de la mujer
indígena —de la mujer como agente social— queda a la espera.
¿Acaso no serían quienes se le entregan chulonas a la mirada viril
de José Mejía Vides, a la de todo citadino que la espía con morbo?
Se le
pediría demasiado a cierta izquierda salvadoreña del siglo XXI que
admita la existencia de la mujer. “La participación formidable de
la mujer; la mujeraquí[dice Zapata] se pone al frente” (Alemán
Bolaños). Esa misoginia la testimonia el borrar su liderazgo
histórico en 1932 y escribir una historia que sólo menciona a los
hombres.
Si
hacer historia es cuestión de hombres, le corresponde a la ficción
hablar de la mujer. Por correlaciones extrañas el hombre es a la
mujer, como la historia radical del siglo XXI es a la novela
reaccionaria de los treinta, el lugar que otorga una voz.
RETRATO DE MUJER NEGRA de MARIE-GUILLEMINE BENOIST (1800)
II.
De lo africano
Pero
la omisión de esas dos novelas no sólo atestigua la masculinidad de
la propuesta. En el artículo de wikipedia, la historia es cuestión
de hombres. La supresión de la mujer redunda en el tachón de la
presencia africana en el país y de su participación directa en los
eventos.
Tal
como lo declara el novelista nicaragüense, uno de los primeros
poetas comprometidos con la izquierda marxista era
afro-descendiente.“Chinto representaba el tipo negroide, de labios
gruesos y pelo ensortijado”. El exalta al pueblo de Juayúa a la
rebelión en un acto teatral de “poesía francamente bolchevique”
(Gustavo Alemán Bolaños, El
oso ruso, 1944). Su
presencia también hay que borrarla.
El
recuadro siguiente transcribe un largo fragmento tachado de la
historia de la negritud en El Salvador. Lo africano se caracteriza
por su ambigüedad y oportunismo que—en su esquizofrenia o escisión
del yo— oscila del “bolchevismo” al “fascismo” (observación
que debo a Arturo Alvárez D’Armas). En flagrante paradoja, Chinto
acaba siendo miembro de un régimen tildado de racista. Parecería
que sólo el liderazgo blanco —Farabundo Martí “era blanco y
bien parecido”— le asegura una lealtad al marxismo salvadoreño.
XXXIII
La agitación llegó a Juayúa en
forma de un recitador de la lengua llamado Chinto, cuyo éxito
consistía en declamar teatralmente poesías de otros, desde un
escenario cualquiera. Le acompañaba un propagandista y al propio
tiempo cobrador de entradas en la taquilla. El teatrito de la
localidad se vio cubierto de afiches en que Chinto, en actitud
dramática, aparecía como un predicador de reformas sociales. Algo
de ello daba a entender el programa que anduvo regando en el pueblo
el propagandista de Chinto, un individuo llamado Quino. En éste,
por su nombre reconoció Rosa María [la indígena violada, La
Chingada, sujeto político femenino denegado por la historia actual]
al preceptor de conscriptos en el Cuartel de Artillería, de San
Salvador, a que se refería su conocido, el soldado. Luna y Zapata
confirmaron que efectivamente Quino era profesor de reclutas en aquel
cuartel, haciendo que se trataba de un individuo dual, por
consiguiente peligroso.
Dos noches después tenía lugar el
acto, con concurrencia numerosa. Chinto comenzó recitando versos
románticos, con buena entonación. Siguió con poesías pesimistas,
como el Nocturno
de José Asunción Silva, y, como remate del programa, había versos
de rebelión. El público se dio a aplaudir a Chinto a cada final.
Se inspiraba a su vez, Chinto. Reservaba para lo último el toque
maestro de su recital. Era una poesía francamente bolchevique, que
pintaba al campesino proletario rebelándose al patrón, hasta el
extremo de darle muerte cruenta, y de mostrar en una mano el machete
vengador, y en la otra, “la cabeza del patrón”…
Allí fue el clímax del entusiasmo,
en parte de los obreros y campesinos que había en la sala, como si
él mismo fuera el ejecutor de una venganza colectiva, que muchos en
Juayúa deseaban [el término de “degollar” lo emplea Salarrué
para caracterizar a “el comunista”].
XXXIV
[…] Chinto representaba el tipo
negroide, de labios gruesos y de pelo ensortijado. Su secretario y
propagandista era aborigen, de pelo lacio caído hacia atrás. Se
las daba de poeta, pero había solicitado una plaza de cabo preceptor
del Cuartel de Artillería. Luna y Zapata previnieron a Apolinar [el
padre de Rosa María] y sus hijos, acerca de esas mala fichas [nótese
la división racial interna entre los presuntos líderes de la
revuelta, los citadinos y “blancos”, Luna y Zapata, contra el
“logrero […] negroide”, Chinto de carácter “dual” a
revelar].
Un día domingo, 24 de enero,
supieron unos pocos en San Salvador que el siguiente día iban a ser
ejecutados Martí y los estudiantes Luna y Zapata […] Chinto a la
sazón Secretario Privado del Presidente Hernández Martínez,
asistiese a su ejecución. Había sido una vez su camarada y luego
pasó a servir a los intereses de un poder adversario al comunismo.
Ahora quería reprocharle su doblez, en esa tremenda forma.
A las seis de la mañana, el carro
fatal —una ambulancia cerrada— llevaba de la Penitenciaría al
Cementerio General a los tres [Martí, Luna y Zapata], conducidos por
un pelotón. Allí iba Chinto, forzado a asistir …] estaba
demudado.
[Queda sin anotar que “Iván, el
oso ruso tomó el tren que conduce de San Salvador al puerto de La
Unión”. Se escapa del “riñón salvadoreño [que] sangraba”
sin asumir ninguna responsabilidad por los sucesos (XLV)].
Gustavo Alemán Bolaños, El
oso ruso (1944)
Pero,
la cuestión no se detiene en este nuevo tachón que, en nombre de un
discurso disfrazado de izquierda, elimina a la población negra de El
Salvador. No se detiene en ese borrón tan evidente, porque otra
afro-descendiente reclama su presencia desde 1932.
Se
llama Gnarda y, a lo mejor, se trata de una pariente de Chinto quien
desea que “la honra” le haga justicia a su causa. A su causa
sexual denegada por el poder sexual de los blancos bajo el derecho de
pernada. Previsible por el tabú racial centroamericanista, el
divertimiento astral con una “negra” pasa desapercibido mientras
se le erige un altar a la relación de Salarrué con una amante
blanca: Blwny (J. Gold, Sagatara
mío, 2005).
Su
figura “desnuda como toda mujer”, apetecible para la mirada
masculina, aparece en la única novela que publica Salarrué en 1932:
Remotando el Uluán.
De nuevo, el artículo menciona una novela tardía del autor,
Catleya luna
(1974), cuyo título hasta mediados de los sesenta es La
Selva Roja (Javier
Peñalosa. “5 noticias literarias importantes del mes en México.
I. Salarrué”. Guión
Literario, No 107,
Noviembre de 1964: 4).
Se
trata de otro borrón para crear un simulacro de historia sin fuentes
primarias. Se trata de un 32 sin 1932. Hacia 1935, el escrito
central que, tardíamente, denuncia la matanza —“Balsamera”—
ni se preocupa por tales sutilezas sociales de un etnocidio. En
cambio, le interesa la muerte del líder pacifista, Hoisil, que
precipita a los Izalco a una “locura llamada política comunista”
encaminada a “degollar” (Salarrué, “Mi respuesta a los
patriotas”, 1932).
En las
propias palabras del autor, su intencionalidad original es el
siguiente. “Estoy preparando “La Selva Roja”, una novela sobre
una mujer, sobre una familia, sobre la humanidad”. “Entonces es
una selva genealógica”. “Exacto; es una selva genealógica en
donde la unidad es el “árbol de sangre” (Rafael Heliodoro Valle
(Entrevista), “Diálogo con Salarrué”. Ars.
Revista de la Dirección General de Bellas Artes,
enero-marzo de 1952: 17-20).
El
hecho crucial no lo declara que se suprima el nombre y la intención
originales del autor, para que el historiador omnisciente del siglo
XXI afirme su superioridad racial y sexual, su arrogancia
intelectual. Lo concluyente de la historia como tachón es que
elimina el único documento novelístico de Salarrué publicado en la
fecha clave de 1932.
III.
De la mujer africana
Precisamente
en ese documento, Salarrué declara su placer sexual con una
afro-descendiente. Que la lectura habitual sea la de un viaje astral
cuyo sentido profundo se le revela “sólo a los iniciados”
—“regiones de contenido mágico”; “alegoría esotérica”—
no significa que no existan otras lecturas posibles.
Si
estas interpretaciones no existen es porque vivimos bajo un sistema
de terror y de falta de democracia que anula toda libertad de
lectura. No hay conflicto de interpretaciones bajo la dictadura de
un nuevo estalinismo. Al menos el artículo no le da cabida a otras
visiones posibles de lo real.
Por
fortuna, el exilio y la cercanía de la Muerte me limpian de todo
miedo a declarar que existe una mujer “negra” en 1932 que cierta
izquierda salvadoreña del siglo XXI tacha en su doble acto de
misoginia y racismo. Leamos la experiencia “esotérica” de
Salarrué en 1932.
El
“fumbultaje musical” místico “con Gnarda [perfectamente negra
y perfectamente bella [que] iba desnuda como toda mujer] abr[e las]
aguas vírgenes” de la verdadera experiencia poética de Salarrué,
“tras [las] caricias y mimos” teosóficos de “una abertura
circular [¿femenina?] que tenía el aspecto de laguna” (¿la
vulva?). En la “glorieta del deseo” —pleno de “emociones
sensuales”— “se unieron nuestros labios y nos besamos”.
“Mostraba […] sus bellos senos de mármol”. Entre “las
nebrunas sensuales y las alectaras sensitivas”, el autor se hunde
en un “enorme lirio de embriagador perfume” y de “deleite
indescriptible”. Al concluir el contacto libidinoso, “nuestros
cuerpos se sentían exhaustos, flácidos como si su energía emotiva
hubiese sido agotada (¿luego del orgasmo y de la eyaculación?)”
(Remotandoel Uluán,
1932).
Sin título (S./fecha), Salarrué
(Salarrué, el
último señor de los mares
(2006))
Gnarda suspiró, por fin
profundamente y murmuró un nombre: mi nombre. Dí algunos pasos
hacia ella y tendiéndole los brazos la llamé: “¡Gnarda!...”.
Nos estrechamos fuertemente. Cuando su sorpresa hubo menguado, se
unieron nuestros labios y nos besamos. El chasquido de aquel beso
hizo estremecerse los árboles…
No hay
que callar que una neta diferencia de color distingue al autor
—hombre blanco— de su amante “negra”, además de la
indumentaria, rasgo cultural, que caracteriza a la figura masculina.
“Hombre-blanco-vestido” versus “Mujer-negra-desnuda” señala
una neta dicotomía de jerarquía social, cultural y étnica.
¿Por
qué un hombre blanco se deleita con una “mujer negra” y la
reversión de la raza y del género resulta imposible? Chinto con
una mujer blanca desnuda, con Zelie Lardé de Salarrué, por ejemplo;
o bien Gnarda con un hombre desnudo… ¿O la igualdad de derechos
sexuales es inimaginable?
Prosiguiendo
la ficción, “iniciado” por la Muerte, me preguntaría si Chinto
no tendría razón de reclamar “la honra” de Gnarda. La respuesta
resulta obvia. Ni cierta izquierdadel siglo XXI le otorgaría ese
derecho. En El Salvador, para la imaginación histórica radical del
32, no hay ni mujeres ni afro-descendientes.
IV.
Hacia la diversidad
Por
tal razón, me complace vivir muerto en Comala y en el exilio. Desde
este “lugar de los vientos” —del silencio y del abandono—
doy constancia que me acompañan Chinto, la esquizofrenia de lo
salvadoreño, yGnarda. Se trata de dos amigos entrañables —más
muertos que yo—sin derecho a la palabra.
Ellos
me piden que transcriba su testimonio tachado adrede por los nuevos
racismos y misoginias encubiertos de ideas liberadoras. Por una
imaginación histórica que, disfrazada de ciencia y de libertad
virtual, le niega la palabra a los afro-descendientes y a la mujer.
Le niega la palabra a la mujer afro-descendiente. Gnarde existe.
Afirmo
la existencia de la mujer —de Rosa María y de María Gertrudis,
líderes del 32— y de los afro-descendientes. En su nombre reclamo
legalmente el reconocimiento de su actuación histórica. A los
autores del artículo de enmendarlo si acaso en el siglo XXI existe
aún honestidad intelectual y existe el derecho de respuesta, es
decir, una diversidad de enfoques sobre lo real.
Con
Chinto y Gnarda siempre… Con Rosa María y María Gertrudis
siempre…
Por
“lonra e la Juana” y de Gnarda, “por lonra” de Rosa María y
de María Gertrudis, pongo en la mano del tata”, del historiador
autoritario, “un fino puñal” hendido de palabras “con mango de
concha”, en sus fuentes primarias. Tachadas adrede por una
historia sin memoria…
V.
Cuadro conclusivo
jueves, 14 de junio de 2012
Dos topónimos de origen africano en el estado Apure
Arturo
Álvarez D´ Armas
La
esclavitud en Venezuela se inicia a partir de 1545. Su desarrollo y
consolidación
se establece a finales del siglo XVIII, con el cultivo del cacao en
la región norte costera. Este fruto de exportación fue la base de
la riqueza de los criollos, llamados “los
grandes cacaos”.
África. Congo. Corte del Rey del Kongo. Siglo XVI.
El
africano resultó insustituible como mano de obra, por su alto
rendimiento en el trabajo de las plantaciones de caña de azúcar,
tabaco, algodón, así como en el desempeño de las minas. Una
porción gozó el privilegio de trabajar en el servicio doméstico.
En
el estado Apure,
los esclavizados laboraban en las casas de familias de los
terratenientes y en los hatos llaneros. Muchos de ellos fueron
mayordomos en esas unidades de producción ganadera. Un alto número
eran cimarrones, vivían de robar ganado, el trueque, el contrabando
y cultivar pequeñas parcelas (conucos o vegas) a orilla de los ríos.
Uno
de los tantos aportes que dejaron las etnias africanas
se encuentran en la toponimia apureña. En este artículo se hace un
pequeño estudio de dos nombres de origen africano en esa entidad
llanera.
CASIMBAS, LAS: Centro poblado ubicado en la Parroquia Cunaviche del Municipio Pedro Camejo. Salazar Quijada (1983) dice:”Con este nombre se conoce a una troja o casucha para guardar cereales”. También puede ser un pozo, vasija o barril para almacenar agua de llovizna o de manantial. Acosta Saignes en su trabajo sobre Gentilicios africanos nos informa que en las Minas de Cocorote se encontraba un negro con el gentilicio Casimba. El señor José Manuel Puerta habitante de Cunaviche indica que Las casimbas se ubica entre el caserío El Oso, el caño río Clarote y el hato El Milagro. Actualmente la mayor parte de sus habitantes son indígenas yaruros.
Casimba
es una voz que proviene del Kimbundu,
uno de los principales idiomas de la República de Angola. Se escribe
Kixima
(Tanque, cisterna). En el sur de Angola esta un topónimo denominado
Casimba. Ortiz
(1985): cree que es un una palabra que viene del árabe. Los
investigadores Fuentes
Guerra
y Armin
Schwegler
opinan que viene del kikongo
(Ká:
“lugar,
sitio”
y nzímba:
“hueco,
cavidad”).
ÑAME:
Con
el nombre de ñame encontramos dos topónimos en el estado Apure, uno
es el “Fundo
los ñames”,
centro poblado situado en la parroquia Bruzual, del Municipio José
Cornelio Muñoz y el sitio “los
ñames”
perteneciente a la parroquia San Miguel de Cunaviche, Municipio Pedro
Camejo.
El
ñame pertenece a la familia de las Dioscoreáceas
y
género Dioscorea.
Son plantas herbáceas, de tallos trepadores, volubles, que necesitan
donde apoyarse. Hojas acorazonadas. Se cultivan por sus rizomas
harinosos, de muchas proteínas y minerales. En Venezuela y en gran
parte de América tenemos tres tipos de ñames: ñame común
(Dioscorea
alata L.)
originario de la India y Malaya; el ñame congo (Dioscorea
bulbifera L.)
originario de África y el ñame de guinea (Dioscorea
cayennensis Lam.)
también africano.
Aproximadamente,
entre los años 6000 y 5000 a.C., en la cuenca del río Níger eran
cultivados el ñame, junto al arroz africano (Oriza
glaberrima),
mijo, sorgo y la palma de aceite, los cuales se difundieron hacia el
norte y el noreste, en dirección al valle del Nilo.
La dispersión histórica
del ñame se debe a los viajes de los portugueses en el comercio de
esclavos. En los buques donde transportaban a los africanos les daban
de comer “dos veces al día”: ñames cocidos, arroz africano,
medio litro de agua o patilla (llamada melón de agua) y de vez en
cuando un poco de “carne”. La voz inhame ya existía en el
vocabulario portugués del siglo XV, y Colón, quien había estado en
Guinea, llama mames o names a una variedad de batatas americanas.
Gonzalo Fernández de Oviedo dice en 1535 los nombres mames, names o
nnames, pero ya aplicados al verdadero ñame, diciendo que es “fruta
extranjera que vino /a Indias/ con esta mala casta de los negros”.
El
profesor Megenney (1983) en una importante investigación dice que el
término ñame aparece en una serie de lenguas africanas que son las
siguientes: Wolof
(nyambi),
Mende
(yambi), Dyolof (ñambi), Grebo (nyambi) y Fulani (ñama).
En Venezuela toda sopa
lleva ñame y en los pueblos todavía se elaboran torticas de ñame y
los famosos buñuelos de ñame.
Acosta
Saignes,
Miguel. Gentilicios
africanos en Venezuela.
Caracas: Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y
Educación, Instituto de Antropología e Historia y de Filología
“Andrés Bello”, s.a. 24 p.
Álvarez
D´Armas,
Arturo. Apuntes
sobre el estudio de la toponimia
africana
en Venezuela.
San Juan de los Morros: Universidad Nacional Experimental Rómulo
Gallegos, Oficina de Comunicación y Extensión Cultural, 1981. 18
p. (Serie Acervo II).
Álvarez
Nazario,
Manuel. El
elemento afronegroide en el español de Puerto Rico. Contribución al
estudio del negro en América.
San Juan de Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1974.
489 p.
Escalante,
Aquiles. “Afrocolombianismos”.
En: Magazing
Dominical.
Bogota: 2 de enero de 1977. Pp. 5-6. (El
Espectador).
Fuentes
Guerra, Jesús
y
Schawegler, Armin.
Lengua y ritos del Palo Monte Mayombe. Dioses
cubanos y sus fuentes africanas.
Madrid:
Iberoamericana-Vervuert, 2005. 258 p.
Lopes
Cardoso,
Carlos. Do
uso da “Cegonga” no Distrito de Mocamedes.
Luanda: Instituto de Investigacao Científica de Angola, 1963. 17
p.
Megenney,
William W. Sub-Saharan
Influences in the Lexicon of Puerto Rico.
Separata de Orbis. Louvain: Tome XXX, N° 1-2, 1981 /1983/. pp.
214-260.
Ministerio
del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables,
Dirección de Cartas, Sección de Nombres Geográficos. Gacetilla
de nombres geográficos.
Caracas: Publicaciones de la Dirección de Cartografía Nacional,
1978. 339 p. (Edición provisional, 5).
Ortiz,
Fernando. Nuevo
catauro de cubanismos.
La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1985. 526 p.
Puerta,
José Manuel. Información
oral.
Puerto Miranda, estado Guárico: 29 de marzo de 2008.
Salazar
Quijada,
Adolfo. La
toponimia venezolana en las fuentes cartográficas del
Archivo
General de Indias.
Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1983.
723 p. (Estudios, Monografías y Ensayos, 40).
Vélez
Boza,
Fermín y Valery
de Vélez,
Graciela. Plantas
alimenticias de Venezuela. Autóctonas e introducidas.
Caracas: Fundación Bigott. Sociedad de Ciencias Naturales La Salle,
1990. 277 p.
viernes, 8 de junio de 2012
SOBRE EL LIBRO HISTORIA REGIONAL Y MICROHISTORIA
Edgardo
Malaspina
El
profesor Luis González-del Colegio de Michoacán de México define
la labor del cronista en su ensayo “Microhistoria y Ciencias
Sociales”.El cronista debe estudiar todo lo relacionado con su
terruño, la aldea, la parroquia, el municipio y la patria chica, a
la cual denomina “matria”. Afirma González que a pesar de que no
existen unos valores culturales netamente propios en un municipio es
posible hablar de cultura local y de cioertos valores originales.
El
cronista o microhistoriador puede ser uno de los ancianos del pueblo
que conoce o sabe narrar muchas anécdotas, puede ser también una
persona con una cultura general amplia que escribe historias o un
especialista propiamente dicho en la materia.
“La
e encopetada y los hechos de fuste son asuntos de la macrohistoria
tradicional. No así la gente humilde y la vida cotidiana, objetos de
la microhistoria”, dice el profesor González. El microhistoriador
debe hacer grandes caminatas o investigaciones pedestres,
excavaciones arqueológicas, entrevistas, consultas en archivos
públicos, privados y en bibliotecas. El microhistoriador no es
precisamente un científico pero si un artista. La microhistoria más
que el saber aspirar al conocer. Es la menos ciecia y la más humanas
de las ciencias del hombre.
En
síntesis, González habla en su libro de la importancia de las
historias locales, de la microhistoria como rama fundamental de las
ciencias sociales para elaborar, de manera sólida y fidedigna, los
perfiles generales de los pueblos, entendiéndose por estos la
historia, tradiciones e idiosincrasia de los países, verdaderos
mosaicos de microcosas.
EN LA CASA DE RAFAEL RANGEL
Edgardo
Malaspina
(28
DE ABRIL DE 2012)
La
casa donde nació Rangel el 25 de abril de 1877, y que hoy funciona
como museo, es pequeña. La custodia el señor Venancio Leiteler, un
uruguayo que llegó a nuestro país hace varios lustros. Nos ofrece
café y amablemente nos muestra el microscopio de Rangel con el cual
hizo sus descubrimientos. Luego vamos a las vitrinas con las
pertenencias del sabio, sus libros, sus documentos, implementos de
laboratorio, fotografías y el pequeño ataúd, donde fueron
colocados los restos exhumados de Rangel para trasladarlos al Panteón
Nacional en 1977.
Salimos
y en el patio-jardín de la casa conversamos de la vida y calidad
humana de Rangel. Sus primeros
trabajos de laboratorio se relacionaron con pacientes anémicos.
Rangel descubrió el anquilostomo como causante de la enfermedad y
eso le valió el premio Vargas de la Academia Nacional de Medicina.
Luego vinieron los estudios sobre la derrengadera en los caballos, la
uncinariosis, el carbúnculo, un nuevo tipo de micetoma, una nueva
especie de mosquito; es decir su radio de acción como investigador
lo extendió hasta la bacteriología, la histología, la micología,
la entomología, la anatomía patológica (fundador del primer museo
de anatomía patológica de Venezuela) y la epidemiología.
Sobre Rangel se ha escrito mucho. Víctor
Manuel Ovalles fue el primero en hablar de su grandeza. El sabio
Torrealba dijo: La pasión por la investigación científica y las
angustias económicas le impidieron terminar sus estudios de
medicina. Pero así, siendo simplemente el Br. Rangel, inició los
estudios de parasitología en Venezuela y funda escuela. Arìstides
Bastidas dijo que la inmortalidad de Rangel fue bien ganada. El
doctor Beaujon lo catalogó de hombre sencillo, sabio y humano. José
Gutiérrez lo coloca como uno de los más grandes de las ciencias
médicas venezolanas de todos los tiempos. Moisés Feldman explica su
suicidio como consecuencia de una depresión endògena. Pero el
doctor Marcel Roche, su mejor biógrafo, explica que Rangel se
envenenó porque no soportó la envidia y la intriga política luego
de que combatió la peste en la Guaira.
Rangel
lucha contra esa enfermedad en esa ciudad; y es el mismo doctor
Bernard Rieux, de La Peste de Albert Camus, peleando contra el mismo
mal en Oràn: Cumplen un mismo apostolado, tienen la misma angustia
, y ambos son centro de la ingratitud y la envidia.
A
la caída de Castro, el protector de Rangel, Gómez y su gente le
negaron la beca (que ya se había ganado por sus descubrimientos) y
esta injusticia no la pudo soportar el hombre de ciencia. Dicen que
Rangel escribió unos minutos antes de suicidarse: “La esperanza
es un suplicio infinito.” El siquiatra Feldman recuerda que Van
Gogh antes de matarse dijo: “Es inútil la tristeza dura toda la
vida.”
LA INTERVENCIÓN DE LA LIGA DE OCCIDENTE ANTE EL CONTINUISMO DEL PRESIDENTE ANDUEZA PALACIO
Felipe Hernández G.
Cronista de Valle de la Pascua
El año 1892, los estados Zulia, Falcón, Lara, Los Andes y
Zamora conformaron la llamada Liga de Occidente, para preservar los
intereses de estas entidades federales con independencia del gobierno y de la
denominada Revolución Legalista del general Joaquín Crespo Torres, quien
comandaba las fuerzas que luchaban contra el continuismo del presidente Andueza
Palacio. La Liga
se proponía la defensa de la autonomía de los 20 estados creados por la Federación en 1864. El
movimiento era comandado por el general Eleazar Urdaneta, hijo del prócer
Rafael Urdaneta; las fuerzas del general Urdaneta se desplazaron hasta el
centro del país y el primero de agosto de 1892, dirigieron una proclama a los
venezolanos desde la ciudad de Puerto Cabello para informar a la nación los
objetivos de la Liga.
El Dr. Raimundo Andueza palacios no contó, durante su ejercicio de la
presidencia de la república, con un jefe militar de ascendencia en el ejercicio
que pudiera defender con lealtad su desprestigiado régimen. Su favorito, el
general Sebastián Casañas –que según fue quien lo indujo a quedarse en el
poder-, cuando ya tenía casi asegurado el triunfo sobre Crespo en la batalla de
Jobo Mocho, sin razones valederas se replegó del Apure y se dirigió
apresuradamente al Centro.
El valeroso general Ramón
Guerra, al saber el alzamiento de Crespo se presentó al despacho del presidente
a ofrecerle sus servicios, pero por culpa de un edecán que lo hizo esperar por
largo tiempo sin anunciarle al presidente Andueza su presencia, se disgustó con
este, saliendo de allí a incorporarse a las fuerzas legalistas. Más tarde, los
generales Julio Sarría, ministro de Guerra, Domingo Monagas, jefe del ejército,
y Luciano Mendoza, su voluntario aliado, en lugar de brindarle apoyo para
sostenerlo, lo indujeron a abandonar el país, para evitar conflictos.
Ya encargado interinamente del ejecutivo el Dr. Guillermo Tell Villegas, los
generales Monagas y Mendoza, quienes pudieron liquidar las fuerzas de Crespo en
la Cortada
del Guayabo, dejaron que este se retirara, y ellos muy tranquilos, se volvieron
a la capital. Mucho se rumoró de la conducta de los generales continuistas,
llegándose a decir, que su regreso obedecía a la intención de adueñarse del
poder.
En la aspiración por la presidencia, se movían tanto los
militares como los civiles, y como había empeño en reunir al congreso para
buscar una solución, personeros de ambos factores trataban de insinuarse en el
ánimo de los legisladores. En eso andaban, en aparente preocupación civilista,
los doctores Juan Pablo Rojas Paúl y Laureano Villanueva. Los militares, que
procedían por su cuenta y riesgo sin obedecer a ninguna disciplina, hacían lo
que creían más conveniente y pensaban en los medios más expeditos. La situación
se presentaba muy explosiva y nadie podía predecir lo que podía suceder. Todo
era confusión, intriga y anarquía, cuando se presentó en La Guaira, el general Eleazar
Urdaneta, hablando en nombre de la
Liga de Occidente, pedía la entrega del
gobierno.
Teóricamente la Liga
de Occidente, estaba formada por los estados Falcón, Zulia, Lara, Zamora y Los
Andes, pero era temeraria la representación que se había tomado Urdaneta, pues
nadie se la había otorgado.
No obstante, como el Dr. Guillermo Tell Villegas andaba
ya en ánimo de abandonar el gobierno y alejarse del país -teniendo el problema
de que el general Manuel María Iturbe, consejero de turno, era crespista-,
concibió una maniobra con Urdaneta y le hizo subir a Caracas. Reunió Villegas
el Consejo Federal y propuso la reforma de la numeración de los consejeros,
propugnado otro orden, de manera que quedara Urdaneta como sucesor inmediato y
pudiera asumir el poder.
Sin embargo, los otros
consejeros se negaron a aceptar cualquier reforma, especialmente el general
Luciano Mendoza, quien ya de hecho, por encima de Villegas, ejercía
arbitrariamente la autoridad con acentuadas características dictatoriales. A
Urdaneta no le quedó otra alternativa que volver al puerto de La Guaira, desde donde enfiló
sus barcos con rumbo hacia Occidente.
Para este tiempo ya el general Joaquín Crespo había tomado la ciudad de Puerto
Cabello y se disponía a asaltar el castillo, cuando apareció frente a la rada
el general Urdaneta, dispuesto a auxiliar con su armada a los que estaban en la
fortaleza. Ordenó Crespo responder al ataque de los buques con los fuegos de
las baterías del Fortín Solano, logrando rechazarlo exitosamente. Más, Urdaneta
rescató las tropas que habían hecho la defensa del Castillo Libertador, aun
cuando dejó en la playa algunos heridos y enfermos, armas y municiones que no
pudo recoger.
De Puerto Cabello el general Urdaneta se dirigió a La Vela de Coro, donde se unió a
las fuerzas comandadas por el general Diego Colina.
Informa el general Joaquín Crespo, que “Resonaban aun
en sus oídos, los vítores del triunfo alcanzado, cuando nos llega la noticia de
la batalla dada en La Vela
de Coro por uno de los más gallardos veteranos de Venezuela, el general León
Colina; batalla en que, después de encarnizado combate, despedazó las fuerzas
del general Diego Colina y las que en su auxilio había levado el general
Eleazar Urdaneta, después de su retirada de Puerto Cabello, quedando así
aniquilada la alevosa farsa que se bautizó con el nombre de Liga de Occidente y
dejándonos dueños del estado Falcón”.
En conclusión, la campaña que pretendía reclamar y
preservar la soberanía y autonomía de
los estados según los preceptos federales establecidos en la constitución
de1864; con independencia del gobierno y de la Revolución Legalista
del general Joaquín Crespo, que comandaba las fuerzas que luchaban contra el
continuismo del presidente Andueza Palacio, tuvo poco o ningún éxito, el
general Urdaneta debió regresar al estado Falcón y sumarse a las tropas del
general Diego Colina, que en La
Vela de Coro combatían contra el general León Colina, jefe
crespista de la región. En esta acción, las tropas del general Urdaneta fueron
derrotadas y la Liga
de Occidente se disolvió luego de una corta existencia.
En sus postulados afirmaban que sus
intereses eran independientes, tanto a los del gobierno como a la oposición
encabezada por Joaquín Crespo.
REFERENCIAS
Y FUENTES
CARRILLO BATALLA,
Tomás. (1999): De Finales del Siglo XIX al Año 1908 (Del Guzmancismo y
Post-Guzmancismo al Castrismo). En: Boletín de la Academia Nacional
de la Historia Nº
327. Julio-Septiembre de 1999.
CONGRESO DE
LA REPÚBLICA.
(1983): El Pensamiento Político de la Restauración Liberal. Colección Pensamiento Político Venezolano del siglo XX. Documentos
para su Estudio. Caracas.
FERRER,
Dilian Coromoto. (2007): La
Participación del Zulia y Los Andes en el Proyecto de
Rehabilitación Autonomista de Ignacio Andrade. En: Ágora -Trujillo. Venezuela.
ISSN 1316-7790- Año 10- Nº 19. Enero-Junio-2007. pp. 133-158.
MAGALLANES, Manuel Vicente. (1983): Los
partidos políticos en la evolución histórica venezolana. Caracas: Ediciones
Centauro.
PICÓN SALAS,
Mariano. (1991): Los Días de Cipriano Castro. Caracas: Monte Ávila
Editores.
PINO
ITURRIETA, Elías y otros. (1991): Cipriano Castro y su época. Caracas,
Monte Ávila Editores.
RANGEL,
Domingo Alberto. (1964): Los Andinos en el Poder. Mérida, Venezuela:
Talleres Gráficos Universitarios.
URDANETA Q.
Arlene. (1992): El Zulia en el Septenio de Guzmán Blanco. Caracas: Fondo
Editorial Tropikos.
VELÁZQUEZ,
Ramón J. (1999): La caída del Liberalismo Amarillo. Tiempo y drama de
Antonio Paredes. Caracas: Fondo Editorial Nacional. José Agustín Catalá,
Editor.
Ponencia leída en: XL Convención
Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela, en honor a Santa Ana de Coro,
ciudad primogénita, en sus 485 años de fundación. Coro, Estado Falcón 23, 24 y
25 de mayo de 2012.
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