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sábado, 14 de febrero de 2009

Reportaje a la memoria (Una visión de recuerdo sobre la enseñanza de la Antropología)

Carlos Ríos Roldán*


I

Todo comienza con el polvo dorado del Maghreb y el Llano.



“Todo ha terminado, todo ha comenzado por la Danza. Tal vez en ese Maghreb polvoriento y dorado, Dios no había acabado de morir. Quizás el mensaje semítico, que llegó como un grito del desierto y se mezcló aquí al canto pagano del Mediterráneo proclamaba todavía un nombre, agitaba su fantasma sempiterno”.

Estas son las palabras iniciales de capítulo I titulado “La Historia y la Danza del libro La Descolonización del Mundo” de Jacques Baque, que nuestro profesor y antropólogo Efraín Hurtado, nacido en el llano venezolano, recitaba extasiado de memoria en marzo de 1972, en la Universidad Central de Venezuela. Iniciábamos un curso de Antropología Social.

Baque fue su amigo y compañero, con el que compartió en Francia seguramente angustias tercermundistas. Efraín pretendía guiarnos por el camino de la Hermenéutica, todos con el texto en la mano, escrito de suyo en un lenguaje en donde lo antropológico se sometía a los rigores del pensamiento complejo. El fue uno de los pocos maestros en el sentido literal, que nos fue introduciendo por los vericuetos del habla y el espíritu.

Otra de las que saco en claro de este registro personal con base en el recuerdo, es que tal vez ese Maghreb polvoriento y dorado, abrasado por el sol, debió parecerle a Efraín a su visión del llano venezolano, lugar de horizontes abiertos, de sabanas sin límites. Llano y norte de África una visión de relación, o una comunidad de historias entrelazadas de manera conmovedora. Tal vez uno surgió del otro. No en balde al oír atentamente un

“pajarillo” un viejo género de la música tradicional del llano, notaremos la cadencia andaluza, que lo emparenta con géneros musicales de la España Andalusí y por qué no, con el norte de África. Es más, la palabra jinete, que es sinónimo de llanero y de historia patria, es de origen árabe.


II

Recuerdo, luego existo…


Luego de varias décadas de borramiento inclemente de la memoria, intento acercarme a mi recuerdo de Efraín Hurtado. Total, soy un testigo más de su vida, al igual que muchos otros, que todavía con vida, lo recuerdan. Por ello este reportaje a la memoria.

Se ha llegado a decir que para los griegos el género literario por excelencia fue la tragedia; para los romanos y con ellos los cristianos, la epístola. En el Renacimiento el gusto se desvió hacia el soneto y para la modernidad, la novela. En estos tiempos, de múltiples nombres, pero con una profunda crisis de la verdad se hace necesario redefinir los gustos. En este sentido George Steiner postula que la novela dejó de ser el género literario predominante para dar paso a la crónica, el reportaje, el registro, o el testimonio, todas formas documentales, de la memoria. Los géneros de la memoria, como los nombramos de una manera general, ganan el terreno dejado por los otros. Es por ellos que he acudido a mis recuerdos. Ya no me serviré de lo que otros dicen o dejan de decir, ya no me serviré de lo que otros recuerdan o saben. Conocí a Efraín, fui su alumno y amigo. Compartimos el pensar y el sentir.

Este es un reportaje a mi mismo, una crónica de mis recuerdos. Pero como toda crónica deber ser escrita para dirigirse al “otro”, para ser dicha, para ser oída, para ser compartida.

Todavía hay presencia de Efraín, todavía queda un “gentío” que lo conoció y que seguramente quedo electrizado con su poesía, con sus escritos y con su muerte repentina.


III

Y llovió… y vaya que llovió


Para todo antropólogo el trabajo de campo es la prueba de fuego, el rito iniciático, la hora de las verdades en donde el “otro siempre gana y uno, algo pierde”. En la Guajira, territorio compartido entre Colombia y Venezuela, nunca llueve… o llueve poco… es polvorienta y dorada como el Maghreb africano. En 1972 un grupo de estudiantes de la Escuela de Sociología y Antropología de la Universidad Central de Venezuela organizamos el proyecto de investigación EITERU JUYA… “Y lloverá, y escogimos a Efraín como profesor jefe de grupo. Cerca de treinta muchachos nos adentramos en el fuego, para muchos el primero.

En los meses que van de julio a septiembre se multiplicaron las angustias, el calor, las soledades y el aislamiento. Sed, polvo, polvo y más polvo. Me robaron la ropa y mis libros y quede solo con lo que llevaba puesto. Solidaridad: con los regalos llegué a tener más ropa que todos… y allí recuerdo a Efraín, guiando, conversando, discutiendo sentado en su chinchorro llanero. Guajira y Llano se hermanan al vaivén del lecho que cuelga. Su risa, casi con pena.

En la Guajira pudimos afrontar nuestra “JIHAD” superior, que, tal como lo leímos en Berque a instancias de Efraín, no es mas que el combate del alma contra si misma para la trascendencia y no esa guerra de terror que vemos en las pantallas de T.V. enfrentamos nuestros miedos e inseguridades a los veinte años (promedio de edad del grupo) en ese y en subsiguientes viajes a la Guajira. De hecho yo mismo cumplí años en agosto, allá en la Península. Hubo coincidencialmente una fiesta con bebidas tradicionales: “Chirrinche”, “Hínama” y quien sabe que otras más. Mi borrachera fue de pronóstico… pero fue generalizada y Efraín volvía a reír al saber que hasta comí con los perros, en el suelo arenoso de la cocina de la casa donde se celebró la fiesta.


IV

La hoja nuestra de cada día


Todos los días de sus clases, Efraín se presentaba con una hoja suelta, mimes o multigrafiada, aunque ya para los inicios de los años 70´s del siglo XX se contaba con una novedosa tecnología: la fotocopiadora. Éramos pocos, diez o doce en el salón, como debería ser. En esa hoja que repartía estaban escritos los comentarios, ideas, pensamientos y propuestas que guiarían las discusiones en clase. Estaban escritas con un estilo compuesto por largas y por qué no, inínterminables frases. Pensamientos complejos sobre Antropología y Sociología, sobre la descolonización, o sobre la lucha contra el imperialismo fueron temas de sus hojas. No descartó tampoco la crítica literaria. Llegue a pensar en algunos momentos que las hojas eran más poesía que teoría… o tal vez teoría en poesía. Veinticinco años después, y quien sabe si guiado inconscientemente por lo aprendido, un poeta también llanero y guariqueño como Efraín y yo, hicimos una serie de reportajes y entrevistas públicas cuando compartíamos labores en la Dirección de Cultura y que titulamos ANTROPOETICA.

En fin, aquellas hojas estaban destinadas a promover profundas e intensas reflexiones en torno a la teoría y a la poesía. Han pasado años, todavía no se con certeza su impacto y su alcance. Intuyo eso sí, que cambiaron nuestras visiones del mundo.


V

Fruto de la vid y del trabajo del hombre…


Mucho se ha dicho, es un lugar común que la mayor parte de la producción literaria de la parte occidental de la humanidad, si es que eso existe, se ha hecho bajo los efectos de los espíritus del alcohol. Vino, whisky, cerveza o lo que sea han jugado papel de primer orden.

De Francia, Efraín trajo esposa y el gusto por las buenas bebidas. Sus alumnos lo sabíamos. Tenía la suerte de vivir cuando lo conocí a principios de los años 70 en el sector de Sabana Grande en Caracas, justo en un edificio de esquina que tenía en la planta baja lo que estaba de moda: una tasca. Creo que todavía funciona eso allí y debe haber o rondar el recuerdo de un poeta que se hizo antropólogo; que gastó algunas noches de licor, bohemia y poesía, al calor de una conversación entre amigos. Sabana Grande siempre fue un sector de Caracas que exhibía “Repúblicas” de intelectuales izquierdosos, poetas beodos, escritores noctámbulos, actores de reparto… todos comprometidos con la noche.


VI

Dime lo que lees y te diré…


Hay una antigua conseja popular que dice: “dime con quien andas y te diré quien eres”, pero si la arreglamos para un lector podría quedar así: dime lo que lees y te diré lo que eres… si eso hubiese aplicado al lector que fue Efraín Hurtado, una pléyade de autores, especialmente franceses que representaban el cenit del pensamiento social y de la crítica literaria de los años 60 y 70, habrían emergido de los estantes y anaqueles. Althousser,

Eliade, Levy-Strauss, Lacan, Berque, Douvegnaud, Caseneuve, Barthes, Bachelard, Vattimo, Foucauld… y otros tantos que por razones de espacio no citaré. Muchos de ellos fueron sus maestros y amigos en su estadía de estudiante de Francia.

Revisando y recordando, dos de las tareas esenciales de cualquiera que se aventura por los caminos de la crónica, encontré en mi biblioteca un libro de Sigmund Freud, Totem y Tabu, que tenía dentro una ficha de la Biblioteca Central de la U.C.V. que sirvió para anotar una lista de autores que nos sugirió Efraín, para el desarrollo de su asignatura. Mitología, Psicoanálisis, Marxismo eran materias de su dominio y por allí nos enrumbó. Eran otras épocas, cada uno de nosotros, sus estudiantes, seguramente en nuestras casas y oficinas tengamos una colección de libros logrados o comprados gracias a las exigencias de Efraín. Total, los costos de un buen libro en aquellas épocas, no eran de la exagerada magnitud de los costos del siglo XXI.

Por cierto, parte de sus libros reposan diluidos en la colección de la pequeña biblioteca pública “Ana Luisa Llovera” en Calabozo, su ciudad natal. Recuerdo un día en que revisaba los anaqueles cuando saque un libro de Antropología y Oh… ¡Sorpresa!, en la primera página estaba su firma, prueba de que al menos ese fue suyo. Firma y fecha… ¿Cuántos quedarán? ¿Cuántos se habrán perdido?... pero hay una pregunta aun más importante:

¿Cuántos habrán servido para incitar a un desprevenido lector a adentrarse en el mundo del pensamiento complejo?


VII

La última vez… la muerte


Inicios de Octubre de 1978, yo estudiaba la Maestría de Antropología en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Al departamento de Antropología llega una invitación de la televisora estatal Venezolana de Televisión (VTV) canal 8, para grabar un programa sobre la trascendencia histórica y social del “12 de octubre”. Me proponen para que represente a la institución y total, como también soy “Farandulero”, me presento en el canal a la hora señalada. Allí, en el estudio de grabación estaba como representante de la Universidad Central de Venezuela, el profesor Efraín Hurtado. Emprendimos la discusión con el moderador y los otros invitados. Efraín tomo la palabra, como todos para convencer al público de la importancia de la fecha para una revisión y reflexión del presente y del futuro de los pueblos y naciones indígenas de América y en especial de Venezuela. De repente, la discusión tomó una faceta que tenía como centro un punto que Efraín propuso: la idea de la muerte; distinta en cada uno de nosotros pero aún mas, tan distinta para los pueblos indígenas. Raro nos pareció que un programa que debía tener un aspecto positivo y vital, de cara al futuro, terminara así, con la consideración de la muerte… El tiempo de grabación terminó… 15 días después se enfrentó a ella.


VIII

Por decir, hacer y recordar…


Faltaría mucho por hablar, por decir y por recordad. Allí están todavía su poesía, sus escritos; los recuerdos de su malestar físico, de su rodilla lisiada, su tic nervioso, de su calvicie prematura y sus grandes ojos negros, redondos y escrutadores. Allí esta el recuerdo de su pensar en Antropología: la descolonización y los argelinos, el marxismo y el estructuralismo. El “barroquismo” de su estilo. La vida inquieta del enfermo, sabiéndolo al estilo de Silvia Plath para quien al igual que Efraín, morir era un arte…

Falta recordar su sentido de utopía, que pretenda armonizar lo anacrónico y lo disperso (al estilo de Berque) lo uno y lo múltiple. Una propuesta indecente al Ateneo de su ciudad natal, o a la U.C.V. o a quien le caiga: reunir (nos) a varios de sus alumnos y amigos luego de treinta años de su magisterio, amistad y desaparición. Grabar y registrar lo recordado y vivido con Efraín. Todos seremos testigos con memoria, y compartiremos otra vez ese deseo de saber que Efraín nos inculcó.


BIBLIOGRAFÍA


BERQUE, Jacques. La Descolonización del Mundo. México: Fondo de Cultura

Económica, 1968. 225 p.

CARMONA PARRA, Jaime. Psicoanálisis y Vida Cotidiana. Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2002. 224 p. ISBN 958-665-051-0.

STEINER, George. Lenguaje y Silencio. Barcelona: Editorial Gedisa, 1994. 383 p. ISBN 84-7432-539-0.


*Antropólogo, egresado de la U.C.V., estudios de Maestría IVIC y Doctorado en ciencias sociales U.C.V. Profesor de Antropología en la Escuela de Medicina de la Universidad Rómulo Gallegos. (San Juan de los Morros, estado Guárico)


Foto del desierto: http://www.webislam.com/?sec=imagenytexto&id=9

Foto de rio Matiyure: Arturo Álvarez D'Armas.

Pedagogía de la llaneridad

José Obswaldo Pérez*


LA LLANERIDAD no es un concepto vano y sí un hecho fenomenológico producto de una conjunción histórica de varias culturas”, como señala Mariano Herrera Cerpe. Su significado va más allá de eventos, es sociológico y biológico: y, al mismo tiempo, implica todo lo que conforma la identificación identitaria de la cultura llanera. El lenguaje, la simbología, los valores, las costumbres, su quehacer, su tipología y cualquier conjunto de elementos culturales como mitos, ritos y creencias.

La llaneridad se entiende como los rasgos históricos y culturales que identifican al hombre de nuestras comunidades llaneras dentro de un paisaje humano, en este caso el guariqueño. Esta noción está entrañablemente asociada a la identidad regional, que no es otra cosa que el reconocimiento de los ”otros”, y se distingue de nuestra nacionalidad (Rago A, Víctor,1999) con una conceptualización de “alteridad sociocultural” (Rodríguez, Adolfo, 2008).

La llaneridad tiene una significación propia, y su sostenibilidad cultural una pedagogía que” se transmitía directamente, de adulto a jóvenes, mediante las múltiples formas del aprendizaje” (IZARD 1988: 28). Esa enseñanza partía de un intercambio de experiencias y conocimientos que hoy debemos rescatar y aprovechar para la construcción de conocimientos e investigaciones sobre la cultura llanera. El método freireano sirve aquí para desarrollar el concepto y poner en práctica una educación socializada desde las aulas de clase dentro de una pedagogía crítica, por medio de la cual se haga posible reinterpretar la sociedad y la historia a la luz de los nuevos cambios sociales, culturales, económicos y políticos de la región. Se trata de una educación sencilla y de integración, no de invasión cultural.

Mi antiguo profesor de historia, Eduardo Camps Vega, ha puesto en debate en el blog del escritor Jeroh Montilla una reflexión sobre el concepto de llaneridad, al cual le da poca importancia (realegándola a una discusión simplista) y la subyuga a una mera perspectiva geográfica y espacial: de lo urbano a lo rural; de la civilización a la barbarie en mero discurso galleguiano. Pero, sin embargo, recojo de él una conclusión de que la llaneridad es algo así como “una prolongación” de la conquista europea. Y subrayo esto porque creo en esta premisa conceptual de la evolución ribeireana de las sociedades y grupos sociales, la cual no se reduce a sólo una composición étnica entre indígenas y españoles. Hay otro componente en esa cosmogonía mestiza, ligada a los límites libertarios y a la fuerza de trabajo que se inició en los hatos ganaderos, en las rochelas y cumbe llaneras: los negros africanos.

La negritud, imagen del café con leche, es el tercer elemento en la construcción de nuestra cultura venezolana que, en la América hispana y en nuestras regiones llaneras, dio paso a la cimentación de una nueva cultura única o como lo llama el doctor Adolfo Rodríguez: una nueva neoétnia. Su definición epistemológica nos sirve para identificar, desde la perspectiva histórico antropocultural, al hombre llanero o la llaneridad como producto de ese contacto étnico-cultural. El paisaje y la cultura convivencial, con relación estrecha con el trabajo de las vaquerías, donde la fuerza y la habilidad constituyeron los elementos esenciales de la forja y supervivencia de la identidad llanera. Pero, sobre todo, los elementos culturales constitutivos del ser criollo, concebidos como "llaneridad" han sido objeto de enseñanza de la historia, verbigracia, el pionero de Guárico Adolfo Rodríguez. Los llaneros aprendieron a domesticar animales y a practicar la ganadería, actividad que se usó para la construcción del Estado-nacional, más el propio pellejo que colocaron estos hombres en el triunfo de la Guerra de la Independencia.


BIBLIOGRAFÍA


ÁLVAREZ ÁLVAREZ La etnografía como modelo de investigación en educación. http://www.ugr.es/~pwlac/G24_10Carmen_Alvarez_Alvarez.html

CAMPS VEGAS, EDUARDO (2009). La llaneridad. historiografias.blogspot.com/2009/01/la-llaneridad.html.

CHARIER, ALAIN (2000) Le Mouvement Noir au Venezuela: Revendication identitaire et modernité. Paris: L'Harmattan.

HERRERA CERPE, MARIANO (1985) Reflexiones acerca de un grupo cultural popular: los llaneros de Venezuela. Barcelona: Revista Boletín americanista. No. 35

IZARD, MIGUEL (1988) Orejanos, Cimarrones y arrochelados: Los llaneros del Apure. Barcelona Sendai Ediciones.

RAGO A, VÍCTOR (1999, Enero). Llano y llanero: contribución al estudio del forjamiento de una imagen. Boletín Antropológico del Centro de Investigaciones Etnológicas. Vol.45, p.27-47. Mérida: Universidad de los Andes.

RODRÍGUEZ, ADOLFO (2008). La llaneridad venezolana en el siglo XXI entre etnocidios y etnogénesis. historiografias.blogspot.com/2008/09/la-llaneridad-venezolana-en-el-siglo.html


*Docente, periodista e historiador venezolano (Ortiz, estado Guárico)

¿EXISTE LA LLANERIDAD?

Adolfo Rodríguez*



Recién ha concluido la Semana de la Zulianidad y nos preguntamos por aquí, si estamos en lo correcto al hablar de Llaneridad. Hace más de treinta años que celebramos reuniones conjuntas con los llaneros de Colombia para debatir el tema. Y unos 15 que lo hacemos municipio por municipio en Guárico. Y otros menos en que se propuso el 17 de febrero Día de Los Llaneros por la Proclama que Bolívar les dedicó en El Sombrero. Cien años de su nacimiento se conmemoraron el año pasado de De Armas Chitty y Julio De Armas y se recordarán ahora los de Sánchez Olivo.

La Semana de la Llaneridad puede celebrarse a partir del 15 de febrero, en que se cumplen 80 de la publicación de Doña Bárbara o entre el 2 de agosto - natalicio de su autor- y el 9 de ese mes en que serán los cien de la muerte de Francisco Lazo Martí. Que decidan las instituciones.


*Docente, poeta e historiador venezolano (Los Teques, estado Miranda)

Fotografía: Arturo Álvarez D'Armas