VIDEOS DE INTERES

lunes, 7 de julio de 2014

DANIEL “CHINO” CANÓNICO


                                                                                  Manuel Soto Arbeláez


En toda su vida periodística, a partir de 1941, Abelardo Raidi se ocupó de echarnos el cuento de la victoria que ocurrió el 22 de octubre de 1941 en el Estadio La Tropical, en La Habana, y el evento se convirtió en un hecho histórico en los anales del béisbol de Venezuela. Conrado Marrero frente a Daniel Canónico en el partido decisivo de la IV Serie Mundial de Béisbol Amateur, fueron los grandes protagonistas. Los cubanos, hasta ese momento peloteros invencibles en el amateurismo, marchaban invictos faltando un partido frente a los venezolanos, que habían perdido sólo un juego ante República Dominicana. Julio "Jiquí'' Moreno, un veloz serpentinero fue el designado el 17 de octubre para buscar la victoria final. Pero los antillanos fueron silenciados por Canónico, un pitcher no muy veloz, pero de buen control que se llevó el triunfo 4-1 para empatar el torneo y obligar a un juego extra, pues la “Serie” se había empatado.
El desafío decisivo estaba señalado para el día siguiente, pero la delegación venezolana, hábilmente encabezada por Raidi, solicitó cuatro días de descanso en busca de que pudiera lanzar nuevamente su pitcher estelar. El Comité Organizador del evento aceptó la solicitud al vislumbrar un aumento en el número de fanáticos que iban a asistir pagando al estadio para presenciar el duelo entre Canónico y Marrero. Las tribunas se llenaron varias horas antes que los árbitros salieran al diamante. Había público en lo alto de las tribunas abiertas, en los bleachers, en las tribunas techadas y también sobre el terreno que estaba controlado por sogas que corrían paralelas a las rayas de foul. Dice Raidi que “De manera oficial, se reportó una asistencia de 32,185 aficionados, la más alta cifra registrada hasta ese momento en un partido de béisbol en Cuba, aunque para algunos historiadores la concurrencia fue superior a los 40,000 fanáticos. Marrero, cuya arma principal era su excelente control, no encontró la zona de strike en la primera entrada, situación que aprovechó Venezuela para anotar tres carreras. El serpentinero cubano se recuperó de su mal comienzo y metió en un puño a sus rivales en el resto del desafío, pero ya el mal estaba hecho, pues nuestro Daniel Canónico volvió a marear a la artillería cubana tolerando una solitaria carrera en el noveno acto”(..)
Continúa Abelardo Raidi diciendo que “Lo cierto es que al sacar el out 27, la pizarra marcaba 3 por 1 a favor de Venezuela. Parte de la afición cubana, con sentimientos mixtos por la derrota y por el respeto a la actuación del contrario, decidió invadir el terreno para cargar en hombros a Canónico junto a los jugadores venezolanos. La repercusión de la victoria fue tan grande aquí (en Venezuela), que se le comenzó a llamar a los integrantes de ese equipo, los “héroes de 1941”, y dicha novena tiene una mención especial en el Salón de la Fama del Béisbol Profesional de Venezuela”(..)
En 1942, en la propia capital cubana, se produjo la venganza de los antillanos al vencer 8-0 al propio Canónico con Marrero en la lomita. Cuarenta años después, en 1981, se reunieron en Caracas varias glorias de aquel memorable juego, actividad a la que asistió como invitado especial, Conrado Marrero. El mánager de Venezuela fue Manuel "El Pollo'' Malpica, mientras que por Cuba dirigió Joaquín Viego, que tuvo como asistente al inmortal pitcher amateur de la década del treinta, Narciso Picasso.
Grandes hazañas han ocurrido en la historia de las Series Mundiales de Béisbol Amateur desde que éstas se iniciaron en 1938, una de ellas fue el triunfo de Daniel "Chino'' Canónico en duelo frente al "Premier'' Conrado Marrero y la artillería cubana en el Estadio La Tropical de La Habana, en 1941. Pero algo sucedió que no compensó “la inmortalidad” de Daniel “Chino” Canónico, a quien, a pesar de muchas alabanzas del gobierno de entonces, no se le ayudó económicamente de acuerdo a lo prometido. A pesar que “El Chino” probó suerte en el béisbol semi profesional (Los Sapos 1943-1945) y profesional a partir de 1946 con varios equipos de Caracas, Barquisimeto y Maracaibo: (Ayarí, América, Japón, Gavilanes, Pastora, etc.), terminó sus días en Barquisimeto vendiendo periódicos y revistas en un quiosco de esa ciudad. Abelardo Raidi todos los años recordaba la hazaña del 22 de octubre de 1941. Muerto Abelardo nadie se ha ocupado del asunto.
MSA fax (0212) 285 8957, E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en librería Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.

jueves, 1 de mayo de 2014

ARÉVALO CEDEÑO Y SU PASO POR ARICHUNA EN 1921


-->
-->
Ponencia presentada en el
III ENCUENTRO DE CRONISTAS E HISTORIADORES
CALABOZO 29 Y 30 DE MARZO DE 2008

ELISUR EMILIO LARES BOLÍVAR
CRONISTA OFICIAL DEL MUNICIPIO ACHAGUAS, APURE




-->
-->

PRESENTACION
En el mes de Agosto pasado, se cumplieron 86 años del paso del general Rafael Emilio Arévalo Cedeño por la población apureña de Arichuna cuando en 1921 efectuaba su cuarta campaña de cinco meses por los llanos venezolanos contra el gobierno dictatorial de Juan Vicente Gómez.
Este acontecimiento revolucionario importante para la historia de Apure, me ha obligado a recabar información al respecto, realizando entrevistas a arichuneros, que vieron y vivieron esos momentos de emoción y agitación mezclados con miedo y terror; y consultado, indudablemente libros escritos sobre dicho suceso.
Es importante destacar que las diferentes invasiones del general Rafael Arévalo Cedeño, como las de otros venezolanos con verdaderos sentimientos patrióticos y democráticos, fueron importantes porque --aunque no consiguieron acabar con la larga tiranía de Juan Vicente Gómez-- mantuvieron viva la llama de la libertad política y vivos los ideales democráticos de muchos venezolanos de esa época por sus constantes, aunque fallidas tentativas de derrocar al dictador.
Es bueno aclarar que en sus 7 invasiones a Venezuela --contra Gómez-- jamás fue capturado, cosa que honra a cualquier luchador.
La importancia del paso del general Arévalo Cedeño por Arichuna cuando daba comienzo a su cuarta invasión a Venezuela, la expresa él mismo al explicar en su obra “El Libro de mis Luchas”, que es allí donde obtiene su primera victoria militar en territorio venezolano. Además, con esa invasión (al apresar el pequeño destacamento del gobierno o guarnición que ahí se encontraba), se eleva la moral y la fe de su gente para seguir adelante y se despierta el optimismo, interés y entusiasmo por alcanzar nuevas victorias en dicha campaña.

¿QUIÉN FUE EL GENERAL RAFAEL EMILIO ARÉVALO CEDEÑO?
Nació en Valle de la Pascua, estado Guárico, el 02 de diciembre de 1882. Hijo del general Pedro Arévalo Oropeza, de descendencia española, y de Dionisia Cedeño de Arévalo de descendencia indígena. Desde niño le gustó el estudio. A la edad de 8 años asistió al Colegio “Juan Germán Roscio” de Altagracia de Orituco, donde se había trasladado su familia: Sus maestros en ese instituto fueron el Br. Grafe Calatrava y luego el Dr. Camejo Fargós. Este último, hijo del Br. José Ramón Camejo Sabino, notable docente de grata recordación en el oriente del Guárico.
Estudió Filosofía y se preparaba para bachillerato cuando el colegio fue eliminado. Además, estudio por su cuenta Francés e Inglés. Fundó un periódico en Altagracia, de corta duración denominado ‘’Titán’’. En esa actividad periodística fue como aprendió Radiotelegrafía. En 1909 fue Segundo Operario en la estación telegráfica de Ciudad Bolívar y en 1910 fue Jefe de la estación de Calcará de Maturín.
En esta última población conoció a la que va a ser su primera esposa: la señorita Antonia Ledesma Guzmán. A los 9 meses de casado enviudó, por lo cual abandonó el telégrafo y se dedicó a las actividades ganaderas recorriendo gran parte del llano venezolano. Posteriormente contrajo nupcias con la señorita Josefa “Pepita” Zamora Zamora.
En 1914 tuvo problemas comerciales con Juan Vicente Gómez por la compra-venta de unos caballos, lo cual trajo como consecuencia que se levantara en armas por primera vez contra el dictador en Cazorla ese mismo año. A partir de 1914 invadió 7 veces el territorio nacional durante los años 1914, 1915, 1920, 1921, 1929, 1930, 1930 y 1931. Luchó durante 21 años contra la dictadura y jamás fue capturado: un caso único y verdaderamente excepcional.
Muerto Juan Vicente Gómez retornó al país y el general Eleazar López Contreras le ofreció, y él aceptó, la Gobernación (Presidencia para la época) del estado Guarico. En 1935 dejó una obra escrita: ‘’El libro de mis luchas’’ el cual, según el historiador José Antonio de Armas Chitty es ‘’un recuento de angustias, reto y suma de miserias y grandezas’’.
Estuvo rodeado de miseria en los años finales de su vida. Enfermo mentalmente, falleció en Caracas en 1962 con 8 décadas encima.

ANTES DE PASAR POR ARICHUNA
En año de 1921 fue de mucha agitación para el general Rafael Emilio Arévalo Cedeño, pues en él desarrolló su cuarta invasión al territorio venezolano.
El treinta de enero, luego de un largo acecho logró sitiar, apresar y fusilar al sanguinario gobernador del territorio Amazonas: Tomas Funes, hombre que tenía a cuestas la responsabilidad de haber asesinado a más de 400 personas durante 8 años de su despiadado despotismo. Con este triunfo, el general Arévalo se revistió de prestigio y empezó a ser “hombre de cuidado” para el dictador Juan Vicente Gómez.
Este hecho ocurrido en San Carlos de Río Negro, Amazonas, es pues, el primer acontecimiento importante del año 1921 para “La Revolución Constitucionalista”.
En mayo del mismo año se enfrentó en una escaramuza con el propio presidente del estado Apure Dr. Hernán Febres Cordero, en los corrales del fundo “La Ceniza”. Dicho enfrentamiento no lo dirigió el general Arévalo sino el Dr. Roberto Vargas, y fue un fracaso para los revolucionarios, porque --aún cuando estaban ganando la batalla-- el Dr. Vargas permitió la retirada y no hizo preso a Febres Cordero.
Los días 22 y 23 de junio Arévalo Cedeño intervino en la célebre batalla de Guasdualito contra el jefe del cuartel de dicho pueblo general Binicio Jiménez. Al principio de la contienda, los revolucionarios la estuvieron ganando, pero por otro desacierto del Dr. Vargas, (quien ordenó una retirada indebida), volvieron a fracasar.
Luego de los dos errores estratégicos ya citados del Dr. Vargas, el general Arévalo decidió “abrirse camino él solo” y desde finales de junio, después de la Batalla de Guasdualito, el ejército revolucionario se dirigió rumbo al este, pasó el río Arauca por Elorza y acampó a 20 kilómetros al sur en el hato Santa Elena, cerca de Capanaparo. Hasta allí les llegó a los revolucionarios comunicación del presidente del estado Apure Hernán Febres Cordero ofreciéndoles garantías a todos los jefes y oficiales sí se entregaban pacíficamente (los generales Alfredo Franco y Pedro Pérez Delgado “Maisanta” y el coronel Roque Puerta se acogieron a dichas garantías).
Posteriormente dicho ejército revolucionario se enrumbó hacia el Meta llevando consigo 400 hombres entre soldados, oficiales y jefes, además de muchos enfermos.
Se debe acotar que al llegar a la frontera del Meta, se quedaron en Colombia el Dr. Carmelo París y el general Francisco Parra Pacheco (quienes más adelante traerían 300 hombres desde la frontera colombiana hasta San Fernando de Apure para enfrentarse el 20 de mayo de 1922 al lado del general Waldino Arriaga Perdomo al gobernador Hernán Febres Cordero), además de muchos oficiales y gran parte de la tropa agotada y enferma.
Fue pues, a partir de ese momento cuando el general Arévalo Cedeño emprendió su campaña fugaz, (la cuarta) internándose en el territorio nacional.
El general Arévalo se hizo acompañar por gran cantidad de oficiales y soldados, quienes inspirados por amor a la libertad y a la patria, compartieron con él muchas vicisitudes. Estos valientes combatientes fueron el general Fernando Ramírez; los coroneles José Antonio Cadevilla, Amenodoro Sandoval, Ricardo Gil, Augusto Riobueno, Elías Aponte Hernández, Antonio José Delgado Gómez, Ulpiano García, Francisco Melían Rojas, el capitán Smitter Russian y otros oficiales de menor grado.
El 7 de agosto de 1921 encontrándose en ‘’El Porvenir’’ a orillas del río Meta, y ese mismo día se enrumbó hacia el Orinoco y llegó a la confluencia Meta-Orinoco el 10 de agosto, empezando allí --como ya dije-- su cuarta campaña contra Gómez.


ARÉVALO EN ARICHUNA
El general Arévalo Cedeño con 94 hombres (y mujeres), bajó por el Meta en esquifes (canoas) y curiaras. Al llegar a su desembocadura en el Orinoco siguió por éste y entró por Arauquita a las sabana inundadas del bajo Apure, las atravesó y llegó al río Arichuna, llamado también Payara, lo remontó, alcanzó el río Arichunita y llegó al vecindario denominado “Las Brisas”.
Acá decidió separa su gente de la siguiente manera: le entregó la jefatura del grupo de esquifes al coronel Amenodoro Sandoval alias “El Tuerto” y le impartió instrucciones precisas para que siguiera remontando el Arichunita, reclutando voluntarios por la costa del mismo, y él, del sitio ya nombrado, se dirigió directamente hacia Arichuna, por la sabana.
Esta travesía la realizó con gente embarcada (navegando por las sabanas inundadas) y a caballo por las partes más secas. (Arévalo montaba un bello caballo, regalado por Don Timoteo González, cuando aquél se detuvo en la hacienda “Santa Inés” a orilla del río Arichunita). En dicha travesía sirvió de jefe de los “moscas“, (grupo de soldados que van delante del pelotón), el valiente soldado Ramón Sebastián Heredia.
Mientras tanto, el esquife que remontó el Arichunita tuvo un encontronazo con una ”Comisión del gobierno”, que iba hacia la costa del mismo río con la tarea de reclutar hombres para reforzar las filas “gobierneras”. En este breve choque el saldo negativo fue un muerto, pero el positivo fue para “”El Tuerto” Amenodoro Sandoval, pues logró apresar al Jefe de la Comisión, un señor de apellido Tamayo Yépez, quien era el Jefe de policías, lugarteniente y “mano derecha” del jefe civil Sr. Celso Arnesen, un verdadero esbirro de la dictadura gomecista.
El 15 de agosto arribó finalmente a la pintoresca población ubicada más al este del estado Apure: Arichuna.
Según lo escrito por el investigador arichunero González Gamarra (1970, 37) en su libro “Arichuna Bicentenaria, poliantea de esta hermosa región apureña” el general Arévalo Cedeño entró a Arichuna de la siguiente manera: “Las tropas penetran en la población por tres vías: por el sur, camino de “Las Palmitas”; por el sureste, vía “La Manga”, y por el (oeste) río Apure, procedente de Arichunita, utilizando una gran cantidad de esquifes. Entonces el pueblo se llenó de gente armada ante el asombro de todos sus vecinos”.
Pero dejemos al propio general Arévalo (1977) que cuente en su trabajo bibliográfico titulado “Viva Arévalo Cedeño, El libro de mis luchas” cómo ocurrió su llegada a este pueblo:
Por boca Arauquita entramos a esas sabanas inundadas del bajo Apure…. lo atravesamos para caer al río Apure y asaltar la población de Arichuna, donde pusimos en fuga la guarnición que allí se encontraba, dando comienzo felizmente a las operaciones militares de nuestra cuarta invasión armada al territorio de la patria. Ya los valientes compañeros que me secundaban con tanta bravura, despertaban al entusiasmo por nuevas victorias, y llenos de fe pasábamos al estado Guárico, navegando por sus sabanas…. ” (p. 151).
Analizando un poco la cita, se observa que el general Arévalo le concede “un granito de importancia” a su llegada a dicha población, pues como el mismo acota “los valientes compañeros que me secundaban… despertaban al entusiasmo por nuevas victorias”, y se llenan de optimismo para seguir la lucha por Venezuela”.
Es importante mencionar los nombres de algunos de los arichuneros que resultaron reclutados por Arévalo Cedeño y su pequeño ejército de revolucionarios en el momento en que marcharon hacia Arichuna, entre otros se tienen a Isidoro Camacho, (Comisario de “El Caral”), y don Antolín Arana, Nicolás Hidalgo, quien siguió con Arévalo en su campaña, fue de los pocos en hacer esto; José Evaristo Torreyes, Juan Manuel Reyes, Juan Gregorio Pérez, Isabelito Reyes, un Sr. de apellido Naranjo, Martín Diamond, Eduviges Hidalgo y Mónico Pérez.
Así mismo, es importante hacer notar que estas personas al llegar a Arichuna se les dejó en la libertad de escoger entre seguir en las filas de la revolución o quedarse en su pueblo. La mayoría optó por lo último. Y así como a estos caballeros sucedió igual con algunas damas que acompañaban a Arévalo desde Río Negro y San Fernando de Atabapo. En Arichuna, así como en otros pueblos por donde pasó, se quedaron algunas, entre quienes se pueden mencionar a Maria Blanco y Marcelina Rumbo, quienes posteriormente fueron excelentes madres de familia dedicadas al trabajo; y que nunca dejaron de recordar a “Mi general Arévalo”.
Pero volviendo a la llegada de Arévalo al pueblo. Al arribar los revolucionarios a Arichuna, todo fue confusión, miedo, carreras, agitación. Unos se escondieron. Otros salieron de sus casas a la calle dando vivas al vencedor de Río Negro, al ejecutor de Funes. Otros como los jóvenes Adolfo Fuentes, Juan Maximiano Echenique, Juan Clemente Garrido, y Martín Delfín González (quienes daban una serenata en la pulpería que poseía el primero de los nombrados) corrieron a esconderse en sus casas, la iglesia u otros sitios que les ofreciera seguridad. Se oían gritos de madres llamando a sus hijos pequeños y niños llorando llamando a sus madres. Como ya se dijo: Todo era confusión.
Arévalo Cedeño llegó directamente a la Jefatura Civil (como se le conocía para entonces) y al no encontrar al jefe civil Sr. Celso Arnesen en ella, emprendió su búsqueda hasta que finalmente fue hallado debajo del fogón de la casa de familia de don José María Saldeño, sacado del mismo y llevado ante Arévalo, por un acompañante de este, el coronel cazorleño José Antonio Cadevilla.
En vista que el susodicho jefe civil era un hombre de acciones ásperas y desapacibles, borrachón, holgazán y amigo de cometer fechorías con su lugar teniente y “mano derecha” Tamayo Yépez, el general Arévalo estuvo dispuesto a pasarlo por las armas en la propia Plaza Bolívar y a la vista de todos los presentes.
Y lo hubiera hecho si no hubiese sido por la noble actuación de su prima la poetisa doña Cruz Lina Cedeño de Matiz, quien no dejó que lo ejecutara alegando que ese era un hombre caballeroso con todos, buen amigo y otras tantas mentiras más, hasta que finalmente el general Arévalo desistió de la idea de fusilarlo.
Este momento también lo aprovecho doña Cruz Lina para presentar a su primo, ante el pueblo, como un hombre bueno, de nobles y justos ideales que buscaban solamente la paz y el bienestar del país y por ende el de todos los venezolanos.
Las pocas horas que estuvo el general Rafael Emilio Arévalo Cedeño en Arichuna las utilizó para: dejar que su tropa descansara y comiera unas “terneras” regaladas por personas pudientes de la localidad y pedir colaboración económica entre los más prósperos ganaderos y comerciantes, “en lo que ellos pudieran y tuvieran a su alcance”. En ningún momento presionó para que les dieran gruesas sumas de dinero.
Visitó algunas casas y recibió mucho apoyo moral y material de sus dueños. Como ejemplos se tienen los del maestro don Pedro Manuel Armas y don Timoteo González Leal. En la casa de este último, (quien era casado con doña Dionisia Meza Contreras, padres de Concepción, Heriberto, Toribia, María Cleofe y Dionisita) se les pegaron los “cuellos” a unas cobijas de pelo nuevas, regaladas por un comerciante caritativo. Esta labor fue realizada por doña Dionisia y sus hijas, quienes eran excelentes costureras.
Se comenta entre algunas personas que quedan de la Arichuna de aquella época, que el general Arévalo Cedeño le regaló a la patrona de ese pueblo --Santa Bárbara-- una hermosa corona de oro con perlas incrustadas, (a manera de promesa cumplida. Recuérdense que Santa Bárbara es la patrona de los guerreros). Esta corona posteriormente desapareció y más nunca se supo se ella.
Arévalo Cedeño y su tropa salieron de Arichuna cerca de la media noche hacia Mangas Coberas.
Hay que hacer notar que se fueron como llegaron: súbitamente. Se estima que atravesaron el río Apure a la altura de la boca del caño Raicero en terrenos clementeros, un poco más abajo (o al este) del pueblo, pues el verano siguiente fue localizada en el lecho de dicha boca una trompeta de guerra (un poco dañada por la boquilla) por Julián López, quien trabajaba de becerrero en el fundo pecuario de don Clemente Garrido.
Luego que Arévalo Cedeño pasó por Arichuna, sus habitantes quedaron recelosos y temerosos de que volviera “reclutando gente” para alistarlos en sus filas. Muchos fueron los casos de personas que “veían” a cada momento “gente de la revolución”, sin ser cierto.


HACIA GUÁRICO Y OTROS ESTADOS
Según el capitán Garbi Sánchez (1977) en su libro “Alzamientos, cárceles y experiencias, (Historia Contemporánea)” este valiente ejército de revolucionarios, de Arichuna --atravesando el río Apure-- pasó a Mangas Coberas, cerca de Cazorla, estado Guárico. Luego recorrió la parte oriental del mismo, enfrentándose a las tropas “gobierneras” y llevando a todas las poblaciones y caseríos su palabra de fe, optimismo y esperanza.
De Guárico se trasladó hacia Anzoátegui, Miranda, Aragua, Guárico nuevamente, Cojedes, Portuguesa, Zamora (hoy Barinas), Apure de nuevo y finalmente Colombia, donde llegó el 16 de diciembre de 1921, dándose por terminada --para esa fecha-- su cuarta invasión a Venezuela.
Todo este recorrido de 8 estados se hizo en 5 meses, desde agosto hasta diciembre; embarcado (por ríos y caños), a caballo y a pie; efectuando batallas y escaramuzas; persiguiendo al enemigo algunas veces y siendo perseguido por éste en otras.
El general Arévalo fue un hombre incansable, inagotable. Con una gran voluntad para la lucha. Su lema de siempre fue: “VIVIR PARA LUCHAR POR LA LIBERTAD Y POR LA CAUSA DE LA REPÚBLICA”.


CAUSAS DEL FRACASO DE LA CUARTA INVASIÓN
Entre las causas principales del fracasó de esta cuarta invasión del general Arévalo Cedeño al territorio Venezolano, se podrían mencionar las siguientes:
1° En momentos decisivos, contaron con escasas municiones para atacar.
2° Tuvieron un enemigo numeroso y constante por todas partes. Aún cuando nunca se decidió atacar, siempre hubo una expectativa que “presionó” mucho a Arévalo y a su gente.
3° En el transcurso de la campaña el general Arévalo se enfermó gravemente, al extremo que los médicos del trayecto decían que estaba completamente tuberculoso. Esto le llegó a bajar grandemente la moral a él y a su tropa.
4° También enfermaron con gripe más de 200 soldados.
5° Se encontraron con un invierno inclemente, copioso, (hasta finales de octubre), y por ende con sabanas inundadas e intransitables.
6° Las fuerzas militares hostigantes de los estados Aragua, Guárico, Anzoátegui, Cojedes y portuguesa, lo hicieron retroceder hasta que finalmente desistió de continuar la campaña.
En realidad, Arévalo cuando ya se dirigía hacia la frontera colombiana iba gravemente enfermo. Al llegar a Arismendi (en el hoy estado Barinas) a finales de noviembre tenía una virosis gripal complicada con problemas respiratorios, al punto que el médico de ese pueblo le recomendó absoluto reposo.


BIBLIOGRAFIA Y OTRAS FUENTES DE INFORMACION

ARÉVALO CEDEÑO, EMILIO (1977) Viva Arévalo Cedeño: El libro de mis luchas. Caracas, Autobiografía de Emilio Arévalo Cedeño. Prólogo de José Antonio Armas Chitty. Publicaciones: Seleven. C.A. 404 páginas.

BOTELLO, Oldman (2005) El general Waldino Arriaga Perdomo y su familia. La toma de San Fernando de Apure en 1922. Maracay. Editorial Miranda – Villa de cura.

Fundación Polar (1997) Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas. Segunda Edición. Editorial Libris.

GARBI SÁNCHEZ, José (1977) Alzamientos, cárceles y experiencias (Historia Contemporánea). Caracas. Prólogo de José Antonio Armas Chitty. Editora Venegráfica. C. A. 175 páginas.

GONZÁLEZ GAMARRA, Leopoldo (1970) Arichuna Bicentenaria. Poliantea de esta hermosa región apureña. Bogotá. Editorial Andes. Primera Edición. 315 páginas.

SÁNCHEZ OLIVO, Julio César (1981) Sangrienta batalla en San Fernando de Apure el 20 de mayo de 1922. San Fernando. 2da. Edición. Publicaciones del Cronista del estado Apure.


Entrevistas personales realizadas en 1981 a los siguientes arichuneros que presenciaron la llegada del general Arévalo Cedeño a Arichuna:

a. Florencio Aponte. 85 años
b. Nery Hidalgo de Aponte. 77 años
c. Rosa Amelia Armas (viuda) de Delgado. 76 años.
d. Hermógenes Bolívar Romero. 85 años
e. María B. Gómez. 86 años
f. Evangelista Jiménez. 70 años

-->
ACHAGUAS, 27 DE MARZO DE 2008

viernes, 17 de enero de 2014

ERROL GARNER*



Arturo Álvarez D´ Armas

Errol Louis Garner nació en Pittsburg el 15 de junio de 1921. Pianista y compositor de formación autodidacta. No sabía leer ni escribir música, siendo por ello uno de los más originales intérpretes de piano. Sus comienzos son en Nueva York entre 1939 y 1944 en el The Slam Stewar Trio. En 1947 trabaja junto a Charlie Parker. Allí Parker y Garner llegan a lo “máximo” en Cool Blues; en esa misma sesión acompañan al cantante Earl Coleman, en el éxito “This Is Always” (Charlie Parker On Dial. Vol. 2). En la misma época graba en vivo “Blue Lou” con Gene Norman y Wardell Gray (Jazz Scene USA), de ese recordado concierto dicen Case y Brit (1984: 75) “Garner está asombroso”.
Incursiona en los años 50 y parte de los 60 en la televisión de Estados Unidos; era considerado uno de los grandes del swing. Sus improvisaciones (Inurria, 1988: 54), sobre las melodías están enriquecidas con unas prodigiosas introducciones que inician la atmósfera requerida. Y siempre su peculiar teclear impone la personalidad del artista al motivo elegido.
El investigador francés André Francis (1972: 93), precisa de manera exacta como Errol Garner tocaba el piano: “En los tempo lentos su ejecución se echa a perder por una sobrecarga de arpegios, mientras que en tiempo medio o rápido es tan pleno como movido” (…) “la derecha con la libertad rítmica muy atrayente. Sus dos manos, una muy retardada de la otra, crean un gran swing, realzando aun por un ataque decisivo”.
En la década de los años 50 conforma un trío, junto a Denzil Best en la percusión, sustituido después por Kelly Martín y Eddie Calhoum en el bajo.
El no poder leer y escribir música no le impidió componer joyas musicales como “Misty”, “Laura”, y “Dreamy”; también compuso la banda sonora del film “A New Kind of Love” realizada en 1963.
Esta llama del jazz se apagó el 2 de enero de 1977 en Los Ángeles, California.

Fuentes consultadas:
CASE, Brian y BRITT, Stan. Enciclopedia ilustrada del jazz. Edición al cuidado de Jorge Arnaíz. Madrid: Ediciones Júcar, 1984. 218 p.
FRANCIS, André. Panorama del jazz. Caracas: Editorial Tiempo Nuevo, 1972. 196 p.
INCURRIA, Ángel Luis. “Un teclado inconfundible”. En: Reseña. Madrid: Nº 190, diciembre 1988. P. 54.
The New Grove Dictionary of Music and Musicians. Edited by Stanley Sadie. London: Macmillan Publishers Limited, 1980. Vol. 7. P. 167.

Discografía consultada:
Close-up in swing. Phillips 632200BL. Monaural.
Concert by the Sea. /Presentación/ by George Avakian. Columbia CL883.
Concierto. Círculo Musical Nº 60. Caracas: Colección Jazz.
Gems. CBS S 21062. Serie I love jazz.

*Publicado originalmente en La Prensa. San Juan de los Morros: 12 de abril de 1989. P. 8. (Suplemento cultural BONGO, Nº 53).

sábado, 21 de diciembre de 2013

Crónicas del Olvido

RUINAS VIVAS


                                                                                     
Alberto Hernández

1.-
De ruinas estamos hechos, de abandonos. Mientras camino por las páginas de El país de las últimas cosas, mi diálogo con Paul Auster me acerca mucho más a Ruinas vivas(Editorial Eclepsidra/ Colección Vitrales de Alejandría, Caracas 2013), el poemario de José Luis Ochoa que emerge de “la corrupta muerte cotidiana”, de las piedras y sus “lugares enfermos”  y me somete a la obligación de salir de ellas ileso aunque golpeado interiormente. Y es así, cada verso de Ochoa (Valle de la Pascua, 1965) nos empuja (ya en plural) a pisar los restos de un mundo que se convierte en palabras, en voces sueltas, en gritos ocultos, en gestos que metaforizan el estado de ánimo de quien los lee. Este poemario, herencia de tantas experiencias, viene de lejos, de muchas andaduras, de silencios, de imágenes dolorosas, aguantadas en el pecho, expulsadas en estas hojas que hoy deletreamos con calma, con la calma que estas horas de abulia y bruma promueven nuestro ánimo. Nada es fácil en estos tiempos, mucho menos abordar un libro en el que somos parte de esas ruinas que se mueven, que se articulan y vuelven a su estado original, como dice Camus en uno de los epígrafes, “las ruinas se han tornado piedras…han regresado a la naturaleza”.
2.-
Nada es gratuito. El repaso a este libro, vértebra a vértebra, me advierte la cercanía del viejo Quevedo, el que dice: “Miré los muros de la patria mía,/ si un tiempo fuertes, ya desmoronados,/ de la carrera de la edad cansadas,/ por quien caduca ya su valentía”, y así al libro de Ochoa, vertiente de seis instancias por donde circula la sangre de unos versos expatriados por la dura inflexión de su lectura: Palabra entre ruinas, Variaciones sobre un mismo cielo, Bajo la ceniza nocturna, Música antigua, Poemas Hiperamorosos y Días de viajes y renaceres. Instancias y estancias por las que andan estos poemas que, como dice Lázaro Álvarez en la presentación, se trata de una “experiencia hondamente vivida de la gran Ley de la entropía que todo lo domina o lo somete: esa tendencia de todo a desgastarse, a envejecer y erosionarse sin retorno…”.

 El poeta José Luis Ochoa

Muchos son los temas que maneja Ochoa en su libro, pero me aferro al primero de ellos: al de la ruina, toda vez que, como afirma Antonio Colinas, “las ruinas están en nuestra memoria, en el origen de nuestra memoria”, lo que nos conduce a pronunciar con el autor: “Con el aleteo en las almas/ de aquel tiempo/ todo era un andar sin pausa ni sosiego/ tras las rocas renegridas del paisaje/ tantas veces recordado/ en los relatos  míticos/ de nuestra novela familiar”. Es decir, de la memoria de quien tantas veces habla de las piedras, toca las piedras, las siente polvo, retorno al origen. El mismo Colinas desliza que las ruinas son “espacios de vida”, “un espacio de ruinas arqueológicas es un espacio vivo”. Creo entonces que José Luis Ochoa anduvo por esos lugares con las palabras y el silencio, por los límites entre lo olvidado y lo que aún es lugar para crear, para no borrar la poética del tiempo tan dada a decir por el poeta José María Heredia en su tradición por la pirámide de Cholula y que bien destaca Antonella Cancellier en Estética Romántica de la Arqueología: La poética de las ruinas de José María Heredia: “El Teocalli ha mantenido la esencia de algo que ya no existe pero que la memoria puede reavivar. Hacia sus ruinas, Heredia dirige una meditación especulativa y evocativa al pueblo que lo elevó y crea un Spatium memoriae en que la ausencia puede convertirse en visible”.
3.-
Y así como una ruina vive y respira en nuestro imaginario, porque no es más que eso: el pasado nos designa, nos habita y nos resucita a diario, igual van las palabras aparejadas a este designio. ¿Cuánta ruina verbal, cuánto silencio luego de alguna voz que en el desierto gritara su agonía?
Palabras perdidas/ en la desmemoria de nuestras voces/ tan pesadas por su carga/ de años olvidados/ de cháchara inútil.// Vocablos huecos/ cortados en su tronco virgen/ ofrezcan una oración amorosa/ sencilla entre esta confusión/ de escombros
Palabras que luego se convierten en la densidad del afecto, en lo amoroso estricto desde quien pronuncia y deja caer el sabor de unos sonidos “en el seno de los labios más dulces”.
Los tantos sentidos que mueven este libro develan la altura en un cielo con nombre propio, el de Barquisimeto, despejado. Cielo que se desdice y alisa sus significados con las horas. Y bajar a tierra significa saber del desamparo en medio de la casa, de una memoria que perdura, que también es parte de aquella ruina hecha vida presente.
4.-
La voz que habita en estos poemas es una voz desterrada, moradora de un exilio que ubica una ciudad y la confronta. “Esta ciudad de seres exiliados”, pero sobre ella, pueden ser Barquisimeto, San Felipe, Valle de la Pascua, Tenerife, hay un cielo, un valle, un volcán que, precipitado por las ruinas aún ofrece la posibilidad de asirse de las manos y orar, volver a la infancia perdida, trasladarse al firmamento a veces vacío, a veces tormentoso.
La voz que habla en estos poemas emerge de una casa donde el “miedo está tras las puertas” y se pasea por “los cuartos del pasado”. Y así el desamparo. Imaginamos al niño en aquella tierra casi baldía del Llano, empujado por las sombras, por el silencio y la terquedad del clima. Los miedos infantiles, esa ruina perversa que formó parte de nuestras angustias cotidianas.
Ese mismo ser que luego se refleja en el cielo, en el cielo de la infancia extraviada, ida, es el que le canta al amor, al amor férreo, al amor atado a través de dos perros callejeros, metáfora que derrumba la sensatez de la unidad y la convierte en revelación.
Y como Ave Fénix, la ceniza que ha pasado por estas páginas, abruma con su presencia la voz que cierra “cuando reiniciamos el viaje hacia/ el sitio de los orígenes/ hacia el hogar fiel”.
Si bien José Luis Ochoa viaja y se detiene sobre las ruinas, las vivas y las que presiente que lo están, queda, como afirma –una vez más- Lázaro Álvarez “…la posibilidad de la posibilidad: la constante y permanente esperanza humana”.

Imágenes tomadas de  http://yaracultura.blogspot.com/2013/11/jose-luis-ochoa-leera-sus-ruinas-vivas.html y http://yaracultura.blogspot.com/2013/12/jose-luis-ochoa-en-ruinas-vivas-ando.html

jueves, 19 de diciembre de 2013

EL APARTHEID, NELSON MANDELA Y NOSOTROS*



Arturo Álvarez D´ Armas

 *Este artículo fue publicado originalmente en: Lectura Dominical. Valencia: Nº 41, 4 de marzo de 1979. P. 2. (El Carabobeño)

 Estatua de Nelson Mandela. Plaza del Parlamento. Londres. Foto: Sandra de Rivero. Abril 2012.

El Apartheid es la forma más brutal e inhumana de represión y racismo. La más moderna esclavitud del siglo XX.
Apartheid es una palabra proveniente del afrikaaner y significa “separación”. Ese es el idioma de los blancos sudafricanos. La raíz de esta lengua se encuentra en el holandés del siglo XVII, hablado por los primeros inmigrantes establecidos en el territorio de este país. Ha incorporado algunos elementos lingüísticos indígenas. Con este término el gobierno de los Boers designa el régimen económico, político y social que, bajo la máscara del “desarrollo separado” de las razas que viven en esa región, se pretende convertir en fundamento  “jurídico” para decidir los destinos de la nación y de sus bienes sin intervención de sus habitantes no blancos, que constituyen la gran mayoría del país.
Por luchar contra ese monstruo, el cual es sostenido y financiado por las naciones “occidentales” (Inglaterra, Francia, Alemania, Canadá, Israel y Estados Unidos) es, que se encuentra en prisión desde hace 16 años el Dr. Nelson Mandela.
Madiba nació en Mvezo, una pequeña aldea a orilla del río Mbashe, cerca de Umtala, capital del Transkei, el 18 de julio de 1918. Procedente de la familia real era el hijo mayor de un jefe “tembu”. A los 16 años ingresa en Fort Hare University College donde conoce a Oliver Tambo, con quien más tarde fundaría un bufete en Johannesburgo. Tiempo después Mandela, Tambo y algunos jóvenes fundan la Asociación Juvenil del Congreso Nacional Africano. Se gradúa de abogado en la Universidad de Witwiatersrand.
Casado con la señora Nomzamo Winni Mandela, quien se encuentra confinada en la remota población de Brandfort.
Para conocer un poco la personalidad de Mandela dejemos que sea su amigo Oliver Tambo el que nos lo cuente: “Como hombre Nelson es apasionado, emotivo, sensible, llega fácilmente a la amargura y al desquite ante las injurias y el abuso de poder. Tiene un aspecto natural de autoridad. No necesita ayuda para magnetizar a una multitud: da órdenes con excelente, hermoso porte. Confía en los jóvenes y tiene confianza de ellos, porque su impaciencia refleja la suya propia. Atrae a las mujeres. Es abnegado e intrépido. Es el líder de masas nato”.
A raíz de la Conferencia Mundial para la acción contra el Apartheid, celebrada del 22 al 26 de agosto de 1977, en Lagos, Nigeria, fueron creados en diferentes países del mundo los Comités de Lucha contra el Apartheid. Siendo Venezuela un país “líder” del Tercer Mundo, y una gran parte de su población tiene sangre de africanos nos preguntamos por qué no se ha creado un Comité contra el Apartheid, para luchar desde nuestro terruño por la libertad de Nelson Mandela y otros luchadores negros, indios y blancos que se encuentran en distintas prisiones de la República Sudafricana.
Hago un llamado a la conciencia democrática de Venezuela, a personalidades como José Herrera Oropeza, Demetrio Boersner, Miguel Acosta Saignes, Alfredo Chacón, Sindicatos, Universidades y Partidos Progresistas para luchar por la erradicación del Apartheid en Sudáfrica, Namibia y Rodesia del Sur. Es necesario luchar contra el sistema de separación de ciudadanos y cualquier otro tipo de racismo.