VIDEOS DE INTERES

miércoles, 20 de abril de 2016

REQUIEM PARA MI PERRO

José Natalio Estrada Torres*


Dile al gallo en vigilia
que prenda un clarín de silencio en la ribera
más enlutada de la noche:
se me murió mi perro.
Se acurrucó a mi lado
cuando sintió a la muerte
espiándolo en silencio.
Los animales también sienten
el temor del misterio.

Hubiera preferido no mirar su agonía,
o quizá fue mejor que yo la viera
para así comprender cuánto lo quise.
Fue una noche vacía, sin respuestas,
como un dolor cansado que se queda sin lágrimas.
La estancia se llenó del olor de su muerte
y al mismo tiempo murió algo
de lo mejor de mi mismo.

Por tantos años
vagó nuestro querer por la sabana,
dos soledades en un trotar sin tregua
por los mismos caminos del ensueño.
Nos encontramos al azar;
una mano malvada lo privó de su sexo
y así se pudo dar entero
a la amistad del hombre.

Esquivo hacia el halago
y poco zalamero con su amigo
fue fiel hasta el más duro sacrificio.
El sol de marzo le mordía los lomos
le arrancaba la piel y lo hacía llorar
pero él no me dejaba.

Al transcurrir un tanto melancólico
de las entradas de aguas,
en el espanto del verano
o en las frustraciones del invierno,
dimos a la sabana lo mejor que tuvimos
en la plenitud de cada hora.

Era el sentirse alegre y olvidado
en la soledad del soliloquio;
y era el decirle cosas a mi perro
que siempre respondía
con la sonrisa de su cola.
Y era el reír y el cantar sin normas,
y el hablar a las cosas y a los seres
en la infinitud de la sabana
cual sólo un hombre solo suele hacer.
Estar alegre,
y dar un puntapié a la seriedad
como una máscara molesta;
y atesorar la soledad
como una rara joya.
Y al cruzar los rebaños
era la acometida temeraria de las reses
celosas de sus crías
con su odio ancestral hacia los perros;
y era el esguince y la carrera loca
para librar el cuerpo magro
de la cornada;
y era el correr tras los alcaravanes,
y el mojar los ijares en las charcas
y el lambetear un poco el agua
para ahuyentar la insolación.

Luego en invierno era el largo nado
cruzando los esteros y lagunas
detrás de mi caballo.
Era todo esto y era mucho más;
en las noches sin luna
el mudo interrogante de los astros,
y en noches luminosas
el tardío anhelar del corazón.

En mis ausencias
era buscarme y no encontrarme y no parar.
En la inquietud de la separación
se ponía a repasar los caminos
que ambos trillamos juntos
en un afán de hallarme.
Luego a mi vuelta
la ansiedad de marchar y de llegar
nos aventaba lejos.

Esta es la historia de mi perro
y un poco de mi historia
en el largo regreso hacia mi mismo.

Noviembre 1962.

*Poeta Venezolano,
San Fernando de Apure,


31 de marzo de 1901- 30 de noviembre de 1992.

lunes, 4 de abril de 2016

UN VIAJE…UN MUNDO!

Rebeca Vargas



Inmersa en un mar de constantes decisiones, diariamente alzo las velas para viajar en ellas, viendo cómo afectan la paz de las aguas, bien sea para dar vuelco en mi cuerpo, al ver y sentir la forma en que los vientos rozan mi rostro, despeinando aquello que ni yo misma consentía el control. Siento unas ganas cursis y dolorosas en breves segundos, de ver algo en el mar, ver a la corta distancia cómo emerge la figura de lo que tenemos en nuestras utopías más placenteras, haría de mi viaje algo fascinante, estaría segura de ello, al tiempo que un corazón agitado por la euforia de llegar a puerto y tocar lo que a distancia parece tan decidido. Pero en un devenir de emociones, subyacen aquellas que hacen tomar las velas con más fuerza, queriendo evitar un rumbo distinto, donde pierda el ir de mi respiración…quizás mi única noción de equilibrio, sea la urgencia de decir nosotros, quizás mi única noción de equilibrio sea este regreso al propio desconcierto a bordo de este viaje, donde la esperanza es puesta a prueba con congojas variantes, hemos de esperar rodeados por incertidumbres escalofriantes que nos impulsan a desvelarnos de por vida.

Con el corazón tenue por los roces del mar, sigo adelante, mis ojos anhelan observarte de la misma forma que lo hacen mis sueños, los cierro para que tomen control de este sentir, por lo menos no habrá sido fácil, donde la mejor violencia se permitía por segundos razonables treguas para volverse una brisa en bondad…efímero y acertado, deseado y cuestionado. En medio de este viaje, la noche se ve a la distancia, tan profunda que ahoga los sentidos, tan lenta que da tiempo para albergar recuerdos y repensar aquellos que nos hicieron daño, vulnerable y frágil está mi alma, desnuda por las estrellas más brillantes, me encuentro quieta, flotando con los pensamientos…río por momentos grises y es que la noche abarca todo color en mi, el frío empieza adentrarse en mi cuerpo, no puedo huir de esto, sigo allí, casi esperando que vengas por mí, levantándome con el calor de la vida… sólo en segundos llega la luz de una estrella flotante sobre la nada, más grande del resto, parece que quiere decirme algo, las voces se hacen más claras, más consistentes, al entenderlas quisiera no poder escucharlas, pero no puedo, sigo siendo yo tratando de gritar lo que la razón da la espalda…como un susurro, suavemente y sin hacer daño, ella me dice con voz de razón: “no puedes hacer que sienta lo que no hay”, mis ojos se cierran, mis labios descansan de momento, el frío toma lugar a mi lado, casi queriendo abrazarme, casi dándome consuelo…me dejo llevar, el luchar es más débil, sin fuerzas, sin sentido veo el sendero…las respuestas se vislumbran con la neblina…el amor abre paso en medio de las sombras de la noche, los fríos vientos dejan de ser, tomo el primer haz de luz, me aferro a él, soportando las gotas del sacrificio… en pie, puerto a la vista, con ello, una decisión más, salir del lugar donde estoy, entrar en otro…esperando volver alzar las velas de incertidumbres, esperando un segundo para seguir viviendo…

Imagen tomada de http://mujeralegreencristo.blogspot.com/2010/12/cuando-las-estrellas-sean-azules.html

miércoles, 23 de marzo de 2016

MEMORIAS DE ITALIA

Edgardo Malaspina

IV
  En la madrugada observo desde el balcón el jardín que rodea el hotel. Hay un silencio absoluto, extraño y misterioso. Es la misma ciudad, cuya historia no se puede conocer sin asociarla a hechos ruidosos, sangrientos, tumultuosos. Enfrentamientos bélicos, conquistas, intrigas palaciegas, pugnas familiares impúdicas e inmorales por el poder, vesania con sangre real, patricios, plebeyos ,los senadores clavando sus puñales sobre el cuerpo de César ,la algarabía de la turba enardecida en el circo…Todo cruza mi mente en una mezcla de cine y lecturas en la vigilia del parque inmóvil.
A las seis de la mañana los pájaros cantan, pero no veo ninguno. Salgo. El rocío se siente en los zapatos ; aquí, el crujir de mis pasos; más allá, un  rumor de aguas . Un cuervo grazna sobre un pino. El manto de los olivos cubre el camino de rosas blancas. Unas tupidas enredaderas son las fronteras del hotel.
Saludo al vigilante. Se llama Alfonso . Alimenta a unos gatos que están a su alrededor con aspecto callejero, mientras comenta que la ley los protege.
-Los animales merecen respeto, dice, y agrega: Roma es una ciudad tranquila. Está urbanización se llama Fuente Maravillosa. Aquí viven los ricos. Estamos cerca de la Vía Apia…
 La Vía Apia es la construcción que simboliza la grandeza romana en materia de caminos. Sirvió a los romanos  no sólo para triunfar en encuentros bélicos importantes, sino también para derrotar a los pantanos palúdicos , expresión redundante porque paludismo en latín evoca a los pantanos ( cuyo otro nombre en italiano es malaria: mal aire , ) que antiguamente cubrían el sendero. Ambos términos, como se nota, surgen entre los romanos y relacionan la etiología de la afección con algunas emanaciones perniciosas. No eran tiempos de pensar en mosquitos.
  Las laderas de la Vía Apia se convirtieron en  la última morada de los esclavos derrotados que acompañaron a Espartaco. Fueron crucificados.


V
 Hoy recorrimos las calles de Roma; tal vez tuvimos un orden en nuestro paseo, pero en mis recuerdos  reina el caos. Las termas de Caracalla no sólo era un espacio para la diversión, sino también una fuente para mantener la salud, cuya triada en el mundo grecorromano la conformaban la higiene, las dietas y el ejercicio físico. Los baños calientes y fríos tomados en las termas de Caracalla eran un mecanismo para fortalecer las defensas del organismo al aumentar su capacidad de adaptación. El Circo Máximo , construido en el lugar donde fueron raptadas las sabinas, recuerda las carreras de carros, pero también la forma primitiva de conformar una familia, la guerra  entre romanos y sabinos y su reconciliación, hechos que simbolizan la paz como destino final de odio entre los pueblos.
 El Palatino , legendaria morada de Remo(754 a.C),  luego residencia de Augusto y  de los reyes que le sucedieron. Augusto se hizo amigo de los médicos después que Antonio Musa  trató exitosamente sus padecimientos de reumatismo(10 d.C). Como Musa además de médico era botánico, Carlos Linneo usó su apellido para denominar a la familia de vegetales parecidos al plátano (Musa Paradisíaca).
El Foro, el templo de Hércules y la Fortuna son apenas fugaces visiones llenas de historia. La Colina del Capitolio, en cuyos terrenos se encuentra la Roca Tarpeya, alegoría del fin de los traidores: la romana Tarpeya colaboró con los sabinos en contra de su gente, siendo despreciada por ambos pueblos en pugna y arrojada desde la roca que lleva triste y vergonzantemente su nombre. El teatro de Marcelo, construido en honor de Marco  Claudio Marcelo, sobrino de Augusto, quien murió (23 a.C) con sólo 19 años de edad de una enfermedad sospechosamente parecida a un envenenamiento. Cruzamos la Vía del Corso y llegamos a la Plaza Venecia que alberga las ruinas del Ateneo de Adriano, quien en el 118 d. C liberó a los médicos del servicio militar. La Columna de Trajano, la Basílica  de San Juan de Letrán, la primer iglesia del cristianismo,los restos de la Basílica de Constantino. La leyenda afirma que enfermó de lepra y el paganismo aconsejaba bañarse en la sangre de tres mil niños, cuyas madres pidieron clemencia. San Silvestre se le apareció en un sueño y lo curó, motivo por el cual se convirtió al cristianismo.  Las murallas aurelianas para defender la ciudad de los bárbaros. La  tumba-pirámide de Cayo Cestio, quien la mandó a construir en tiempos de la egiptomanía que envolvió a Roma tras los escándalos de Cleopatra.

  En El Vaticano, desde la Plaza de San Pedro, nos señalan las ventanas papales. Están cerradas, y eso significa la ausencia del Sumo Pontífice.
 En La Capilla Sixtina la gente recorre  su pequeño recinto  y habla en todos los idiomas. Cuando el volumen de las  conversaciones aumenta tanto que no se escucha nada, entonces uno de los vigilantes  de la Gendarmería Vaticana con su elegante vestimenta religioso-policial, pide silencio con un fuerte grito en inglés: sailen plis. Natalia y yo nos sorprendemos y no podemos evitar una sonrisa por no soltar una irrespetuosa carcajada.
 Una señora está sentada y cambia el pañal del  hijo que carga en sus brazos. Disimuladamente coloca los desechos debajo del banquillo. Lo divino y lo profano juntos; la beatería y la hipocresía dándose la mano en la más famosa y sagrada de las capillas del cristianismo, casi frente a Dios y totalmente en presencia de las magníficas  obras pictóricas de  los semidioses Miguel Ángel, Rafael y Botticelli.

Entramos a la Basílica de San Pedro  donde está enterrado el fundador de la Iglesia y primer papa. Su tumba y la  de Juan Pablo II son las más admiradas. Eso me parece.
En el Coliseo o Anfiteatro de Flavio, espacio para el ocio del pueblo romano, recorremos los pasillos  entre grandes bloques de piedra. En una de esas paredes, en su parte más alta, está dibujado un gran pene sobre un arco o fornix. Durante los espectáculos las prostitutas recibían a sus clientes bajo esas bóvedas ; y de fornix, fornicar.
 Observamos las ruinas del Coliseo: el suelo de madera, el cual se cubría de arena para los combates, está cortado especialmente para dejar ver el subsuelo, donde se alojaban las fieras. La escuela de gladiadores, llamada Ludus Magnus, estaba unida al Coliseo por un pasaje  subterráneo, a través del cual se trasladaban los combatientes hasta la arena. Me imagino a Galeno, en el siglo II, socorriendo a los gladiadores heridos. A pesar de que  Galeno hizo sus descubrimientos anatómicos y fisiológicos  en animales es muy probable que haya comprobado sus experimentos estudiando las heridas graves de sus pacientes luchadores.
 El Anfiteatro de Flavio se popularizó con el nombre de Coliseo porque muy cerca estaba una estatua gigantesca o colosal de Nerón, el emperador que temía ser envenenado y por eso agregó a la poción de Mitrídates  carne de víbora porque las mismas no mueren con su propio  veneno, suponía. Mitridatismo o resistencia  a los venenos es un término proveniente de Mitrídates IV, rey del Ponto (120-63 a.C), enemigo de Roma. Tomaba mezcla de venenos en pequeñas cantidades diariamente para obtener inmunidad y no pudieran envenenarlo. Cuando fue vencido no pudo suicidarse con veneno, método usual para evitar la humillación de la derrota. Se clavó una espada.

 Llegamos hasta la iglesia de San Pedro encadenado construida en el 442 .Alberga las cadenas que llevó San Pedro por nueve meses antes de ser crucificado con la cabeza abajo, por deseo propio al considerarse indigno de morir como Jesús, en el año 67. Aquí está también el mausoleo de  Julio II, el Papa guerrero, constructor de la Basílica de San Pedro ; y el Moisés de Miguel Ángel.

Nuestra última visita por hoy es a la Basílica de Santa María la Mayor, un verdadero compendio de historia, construida por Sixto III para rendir homenaje a la Virgen María como Madre de Dios. Nestorio, Patriarca de Constantinopla (428) decía que María era la madre de Jesús, pero no de Dios. Esa afirmación escandalosa fue considerada una herejía por el Concilio de Éfeso en el 431. Nestorio fue expulsado de la iglesia y María fue declarada Madre de Jesús y de  Dios también. Para ratificar esa doctrina mariana se construyó la Basílica. Este conflicto religioso se reflejó en la historia de la medicina: Nestorio y sus seguidores expulsados fueron perseguidos y por eso emigraron a Persia y Mesopotamia, allí  trabajaron en labores sanitarias y enseñaron la medicina griega. Tradujeron a árabe a Hipócrates, Galeno, Dioscórides (padre de la farmacología), Oribasio y Pablo de Egina, destacados médicos de Bizancio.

En esta Basílica hizo su primera Misa San Ignacio de Loyola en 1538;  se encuentran los restos del pesebre donde nació Jesús, según la leyenda; las tumbas de varios papas y la de Paulina Bonaparte, quien estando en su lecho de muerte en 1825 se vistió con su mejor traje y pidió ser enterrada entre Sumos Pontífices. No quería ser menos que su hermano, parece ser.

martes, 1 de marzo de 2016

La Reina del Guaguancó

Arturo Alvarez D’Armas*


La popular y apreciada cantante cubana Celeste Mendoza, nació el 16 de abril de 1930 en el barrio de Los Hoyos de Santiago de Cuba.
     A los 13 años viaja a La Habana; tiempo después se presentó en el programa de aficionados de CMQ Radio, cantando El Marañón, de Julio Cuevas, y triunfó. Trabajó en el Tropicana bajo la dirección de Rodérico Neyra y Rodney. En 1953 debutó en el famoso programa de televisión “Esta noche en CMQ”, dirigido por Joaquin M. Condall; cantó a dúo con el gran bolerista Miguel de Gonzalo ex integrante de la Sonora Matancera y la Orquesta de Aldemaro Romero, más tarde puso su sabor a la ranchera Que me castigue Dios, de José Alfredo Jiménez, la cual le abrió las puertas del éxito.
     En 1955 forma parte del cuarteto vocal del pianista Facundo Rivero, integrado por la Reina, Omara Portuondo, Isaura Mendoza y Gladys León. Al año siguiente actúa como solista en el programa “Alegría de Hatuey”, con la orquesta de Ernesto Duarte por radio Progreso.
     Conocida popularmente como la Reina del Guaguancó -nombre dado por la inolvidable y siempre recordada Rita Montaner-, al triunfo de la Revolución la vemos actuando al lado de Benny Moré en el Alí Bar y con Pacho Alonso en el Scherezada; dos grandes soneros de la Cuba revolucionaria.
     Ha participado en distintas producciones en los principales cabarets de su país; en radio, televisión y teatro; actuaciones en eventos oficiales para delegaciones extranjeras, instituciones culturales, políticas, de masa, y en centros de producción y docentes. En 1965 se presentó en el Olimpia de París, con un elenco formado por la Orquesta Aragón, Los Papines, Elena Burcke y Pello el Afrokán. Participó en los festivales de Música Popular Cubana y ha filmado los documentales La Rumba, Nosotros La Música y Celeste Mendoza.
     Celeste se ha distinguido por difundir la música cubana -rumba, guaguancó, bolero, guaracha y son- por distintos países como Estados Unidos, Panamá, Francia, Puerto Rico, Venezuela, URSS, RDA ex Alemania Democrática, Bulgaria y México entre otros. Por su trayectoria ha merecido diferentes distinciones y premios: El Crisol, Palma de Plata y la Orden Nacional Raúl Gómez García.
“Artísticamente, la característica más sobresaliente de Celeste- como señaló María Teresa Linares- es su voz: grave, potente, cálida, de timbre ríspido; su dominio del ritmo, sus rejuegos con el “rumbateo”, su rumbosa y galana expresión que domina el ambiente sonoro que se produce”.
     La Reina del Guaguancó cuando actúa domina el escenario, todos está pendientes de su voz, de los movimientos, de los movimientos de su cuerpo, de su más mínimo gesto. Es una artista competa con sabor y ritmo cubanos; ella es la Reina.

Discografía:
-       Celeste Mendoza. Rumba Records RLP – 5506
-       Celeste Mendoza. Eres diferente. BASF – 50.610. Cassette.
-       Celeste Mendoza. La Reina del Guaguancó. Color – 102-35162 Stereo
-       Celeste Mendoza con Sierra Maestra. EGREM

Bibliografía:
Celeste Mendoza. “La Reina del Guaguancó”. Nota discográfica. Color - 102-35162 Stereo
Vázquez, Omar. “La Reina Celeste”. En Resumen Semanal Granma. La Habana, Nº 39, 30 de septiembre de 1990, p.7.    

*ÁLVAREZ D´ ARMAS, Arturo. “La Reina del Guaguancó”. En: Cuartillas.

Maracay: 9 de junio de 1991. Cuerpo F. P. 7. (el siglo).

sábado, 27 de febrero de 2016

De clases sociales Fantasía y violencia racial


Rafael Lara-Martínez*
Tecnológico de Nuevo México
Desde Comala siempre…





















A los marxistas que rechazan el estudio de las clases sociales. 

Si “la verdad está en lo increíble —ximántara diama xitrán—“ (Euralas), es porque la fantasía duplica lo Real.  Lo calca en espejeo y lo desdobla en realidad y realeza

Abstract: “On Social Classes.  Fantasy an Racial Violence” studies two recognized works from the Salvadoran literary canon: O-Yarkandal (1929) by Salarrué and La princesa está triste… (The Princess is sad…, 1925) by Raúl Contreras.  Both narratives classify as fantastic literature influenced by orientalism, displaying an imagined monarchical empire ruled by a specific ethnic group.  A white royal population reigns over black slave residents, submitting them to torture, and hard labor.  In a epoch of increasing violence, fantasy should not only be analyzed by its fascinating mythical material, but also by the means it disguises historical inequalities, i. e. white supremacy administrates afro-descendant slavery. 
***
Si lo fantástico implica que el lector considere “el mundo de los personajes como un mundo de personas vivientes” (T. Todorov, Introducción, 37), aún su carácter etéreo extremo presupone la materia.  Lo concreto obliga al espíritu más sutil a manifestarse en lo tangible.  De lo contrario, permanecería oculto para un habitante terrestre y mundano.  Sea la lengua sonido y escrito, pedestal del sentido, sin esa huella dual no hay comunicación.  No hay idioma sin un  espectro físico e inscripción.  Sea el cuerpo biológico, cimiento de la psique, sin su rondar, no hay figura literaria, aun si se llame alma en pena.  Esta doble presencia palpable —lengua y cuerpo de un “simio gramático”— hace que la fantasía se arraigue en el reino físico de este mundo.  La fantasía se imagina como un universo posible, paralelo a la sociedad humana.

En El Salvador, dos ejemplos clásicos se intitulan O-Yarkandal (1929/1969/1971/1996) de Salarué y, menos renombrado, La princesa está triste… (1925/1996) de Raúl Contreras.  Ambas obras no sólo comparten una misma afición generacional — el orientalismo— (véase la foto de ambos junto a Alberto Guerra Trigueros, en Contreras, Obra, 1996: entre 111-113).  También describen un mismo modo esclavista de producción.  Por afición esotérica e imaginaria, a los blancos les corresponde la posición dominante, mientras a los negros se les asigna el quehacer de esclavos sometidos.  La dialéctica del amo-esclavo calca el tinte de la piel, según una literatura fantástica en reflejo de lo social sin presencia indo-americana.  
***
Léanse las siguientes citas que describen un modo esclavista y racista del trabajo en O-Yarkandal (1969):
Krosiska […] marcaba a sus esclavos con hierros candentes […] llamó a su esclava Bethez que era negra y le dijo:
            — ¡Oh tú, márfil negro […] (165-166).
 A Sirsica [mujer de alcurnia] una negra enjoyada y casi desnuda la asiste […] está como arrodillada entre sedas blancas y es bella como una sombra, como la propia sombra de Sirsica.  Al timón hay un negro robusto y en la proa, en silencio, dos esclavos y dos esclavas.  En la popa hay un mozo pálido (200).
Ulusú-Nasar vivía en un palacete […] los esclavos que atendían, se ataviaban tan sólo con entreperneras cuajadas de rubíes y llevaban el cuerpo untado de óleo, que les hacía resplandecer como si hubieran sido de ébano vivo […] Ulusú-Nazar poseía un suave matiz rosado (214).

Casi todas las referencias a los esclavos los identifican como “negros”, mientras que los amos, en cambio, son blancos.  La esclava de Sirsica, aunque bella, es la “sombra” de su patrona y el “matiz rosado” de Ulusú-Nasar contrasta con el color ébano de sus sirvientes.  El tono de la tez parece dictar la riqueza, el poder y la posición social de los personajes.  Además, el papel protagónico le corresponde a los amos.  Los esclavos aparecen exclusivamente en el trasfondo, jugando una función secundaria de ayudantes. 

Hay una marcada diferencia étnica y racial entre la servidumbre y sus amos.  La división de clases se corresponde con una distinción racial.  Aunque no exista instancia alguna de discriminación directa contra una población de origen africano, su posición dentro de la jerarquía social del imperio demarca un claro racismo.  A ninguno de los gobernantes, ni a los protagonistas pudientes, les preocupa en lo más mínimo esa equivalencia entre el color negro de la piel y la esclavitud. 

Además, al percibir la realeza como “misión sagrada” (Salarrué, 1969: 185), se presupone que una visión teocrática del poder la sustenta una ideología racista apenas insinuada en el texto.  De ahí que el modo de producción del fabuloso imperio de Dathtalía se caracterice como fundado en la esclavitud y en el racismo.  Las prerrogativas reales (real and royal) son atributo de una población marcada por una “blancura” casi “transparente” (175), una “blancura radiante” (202).  Una de sus verdaderas maravillas “vuelve rubias las cabelleras más negras” (Salarrué, 1969: 183). 

Se clasifique bajo el rubro de literatura astral, teosófica o fantástica no hace variar el hecho social en sí: la clasificación de los grupos humanos por su tinte de piel, premisa de una época anterior al ADN y al genoma.  A lo sumo, ese código legitima el hecho para sí de una sociedad dividida en clases sociales, a saber: la esclavitud de los afro-descendientes y el tributo de reinos subalternos.  La distribución espacial calca la pátina de la dermis, como si la naturaleza dictase lo social, cuanto que nada más arbitrario que clasificar los humanos o las frutas (fresa y tomate) por su apariencia.  Por un juicio crítico original, “la realeza representa la jerarquía máxima y”, por tanto, simboliza “la expresión de las jerarquías espirituales” (H. Lindo, en Salarrué, 1969: LXIV).  Acaso no habría “condición mística o iniciática” (ídem) sin esa tajante servidumbre regulada por el color.  El cuadro siguiente resume la distribución espacio-racial de los “reinos tributarios” (Salarrué, 1969: 163-164). 

Norte: Ki-Su – hombres amarillos

Noroeste: Askankán –                                        Nordeste: Edimaputa – 
hombres rojos                                  |                     hombres blancos
                                   \                                 /

Oeste: Xibalbay/      —      Samiramina  —        Este: Zunzunte –
Xibaibailá: hombres                       Capital                     hombres negros
de barro

                                    /                                 \
                                                           |                     Sureste: Bagalgaya – hombres                                                     color uva

                                               Sur: Kadputra – hombres grises

***
Como episteme de la época, la equivalencia de la raza con la jerarquía social la reitera Raúl Contreras en su obra La princesa está triste… (1925/1996).  Si los “esclavos” son “negros” (31), la belleza de la princesa destaca por su piel blanca, ojos verdes, rizos rubios (41-42).  En su enlace intermedio, se hallan los trabajos que se le asignan a quienes divierten a la realeza.  Las “bailarinas” son de “Siria” (46) y los juglares, de “Bagdad” (50).  En calco fiel, el ideal de raza caucásica lo replican los poemarios Versos del ayer (1920-1945/1996) y Niebla (1956/1996).  Mientras la primera antología implora el “cariño” de una “mujer” en el “armiño de sus manos” (155), el segundo libro, su “mirada casi verde” (268).  En preludio a Niebla, Claudia Lars anticipa que la “niña de palabras de agua pura” posee “color de nieve” y “blancura” (“A Lydia Nogales”, 257).  La fantasía jamás imagina un mundo justo, trastocado por los Derechos Humanos más elementales (artículo 1), esto es, una sociedad pos-esclavista y democrática en la cual las diversas razas y etnias posean una voz política y un voto similar. 
***
Mientras en O-Yarkandal la mezcla racial resulta un enigma acallado, en La princesa está triste… la misceginación la castiga el asesinato del juglar que osa transgredir los códigos de la jerarquía social.  Al enamorarse de un subalterno, la princesa no sólo reduciría su estatuto financiero: “es humilde su cuna”; “hablar con un artista sería rebajarte” (96), le advierte el Hada.  A la vez, enturbiaría el ideal poético del albor inmaculado que encarna su cuerpo: “es linda y graciosa/rubia como el trigo,/blanca como aljófar;/sus pupilas verdes”, idealiza el poeta (93). 

Tal es el misterio de la fantasía —sea esotérica o poética.  No se permite un mestizaje racial entre los amos blancos y los esclavos negros, ni tampoco entre el estamento superior y los intermedios sirios o iraquíes.  La estratificación étnica es rígida y castiga cualquier transgresión al deseo de traspasar esas fronteras.  La justicia socio-racial protege a la princesa blanca,  al decretar la “horca” del poeta  iraquí que se “balancea” cual péndulo humano (152). 

En su defecto, se elude toda referencia a la misceginación como si existiera un tabú de insinuarla.  Habría quizás una endogamia estricta que hace posible la separación absoluta del “matiz rosado” y del “marfil negro”. No sólo se separan en el color sino en el vestido, en la filiación étnica y en su rango social, acaso vivido como “misión sagrada” desde los orígenes.  Uno de los límites de la fantasía la ofrece la constitución de familias racial y culturalmente diversas.  Ninguna obra fantástica poetiza la existencia de unidades domésticas mixtas en raza y cultura. 




Si “habéis notado que doy preferencia a los cuentos que hablan de princesas y de reyes” (182), olvidáis su tez blanca cual la certifica “la realidad de mi realeza” (Salarrué, 1969: 230).  Por un juego de palabras —intraducible a otro idioma— lo Real remite a la monarquía y a la verdad objetiva.  Si el mundo imperial lo rige la política, lo regio administra lo Real.  Por la realeza, lo Real se vuelve realidad.

***
Al presente que combate la impunidad, reclama la justicia y anhela aplicar los derechos humanos, no le correspondería mitificar fantasías orientalistas.  En cambio, su entereza política exige investigar la manera en que se inventan diferencias sociales por el simple tinte de la piel.  Si esa disgregación social —amos blancos, artistas árabes y esclavos negros— presupone una violencia fundadora, su verdadera naturaleza se llama imaginación humana.  Un imaginario cultural —la fantasía— concibe que el color legitima la realeza y la realidad social.  Se anota de nuevo la ausencia de toda población indo-americana, aún encubierta por las premisas del silogismo maravilloso. 

La ecuación ficticia resulta más exacta que toda fórmula matemática.  La pureza de la raza blanca debe mantenerla una justicia despiadada.  Su crueldad legitima la jerarquía social por una blancura sinónima del albor y de la decencia.  El “alma negra” (165) significa el pecado, como la “blancura” de nube, lo etéreo (Salarrué, 1969: 219).  Al denunciar la violencia sinfín, la actualidad observaría en la crueldad imaginaria de la fantasía un anuncio certero de su larga dimensión en el pasado.  No hay nada nuevo bajo el sol del “crimen” organizado e institucional (Contreras, 152). 

Previo a todo “plata o plomo” a la moda, se vaticina que el quinto mandamiento jamás reza “no matarás”.  Por lo contrario, borgeanamente prescribe “si matas en nombre de lo que crees justo, no eres culpable”.  Tales asesinatos legales producen “deleites para el ojo y el oído” —según la lectura original e irrefutable del texto salarrueriano (A. Masferrer (1925), en Salarrué, 1969: 159).  Igualmente, suscitan una emoción superior, “tan poética y elegante” que sugieren el indulto (J. Cejador (1925), en Contreras, 8). 

En síntesis, al hacer del “asesinato una de las bellas artes” (T. Quincey, 1827 y 1839), la crítica literaria clásica endulza el crimen disfrazándolo de esoteria y de poesía.  Por un cambio de sensibilidad, la elegancia formal del homicidio ya no se evalúa por lo “refinado” de su estilo (Masferrer, ídem).  Ahora rinde cuenta por el acto mismo de violencia institucional solapada.  Tan “bellas son en verdad las historias que nos cuentas” (Salarrué, 1969: 242), como horrenda la división racial que ocultan.  La tortura que justifican…

Bibliografía

Contreras, Raúl.  Obra poética.  San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 1996.  David Escobar Galindo (compilador). 

Salarrué.  O-Yarkandal.  Historias-cuentos-y leyendas de un remoto imperio.     Cuscatlán: Tipografía Patria, 1929. 
---.       Obras escogidas.  San Salvador: Editorial Universitaria de El Salvador, 1969.  Selección, Prólogo y Notas de Hugo Lindo  (vii-cxviii).
---.       O-Yarkandal.  Historia-cuentos-leyendas de un remoto imperio.  San         Salvador: Dirección de Publicaciones del Ministerio de Cultura, 1971. 
---.       O-Yarkandal.  San Salvador: Concultura, Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña, No. 5, 1996.

Todorov, Tzvetan.  Introduction à la littérature fantastique.  Paris: Editions du          Seuil, 1970.


*Rafael Lara-Martínez es profesor de estudios hispanos en el Tecnológico de Nuevo México/New Mexico Tech, Socorro, NM, EEUU.  Escribe bajo supervisión de La Llorona/Cihuanahual.     

martes, 23 de febrero de 2016

Arreglos y desarreglos en la Historia de Venezuela. Respuesta al discurso de la rectora Jessy Divo en su incorporación como miembro honoraria de la Academia de la Historia del estado Carabobo (Valencia 20 de febrero de 2016

Elis Mercado Matute (*)
En primer lugar debo hacer una doble felicitación: una a la Academia por darle continuidad al gesto enaltecedor de designar como miembros honorarios de esta corporación a personalidades de la región, y en segundo lugar a nuestra rectora por ser ella la escogida para esta distinción en el dia de hoy.Soy muy poco dado a manosear frases, pero hay algunas que parecen destinadas ser recordadas ad in finitum, como la de José Martí cuando dijo que “Honrar honra”. Significando así que cada acto de justicia, y el honrar lo es, enaltece a quien rinde homenaje a la vez que magnifica a quien es recipiendario. Así queda estampado en este día un gesto que enaltece a la Academia de la Historia, en la persona de nuestro Presidente Carlos Cruz y a nuestra Rectora Magnífica Jessy Divo de Romero.
Me ha correspondido dar protocolar respuesta al discurso de la rectora, y en consecuencia empiezo por resaltar que es una buena pieza oratoria la que ha pronunciado. Y no es laudatorio consagrar la bondad del discurso, ya que comienza destacando lo que es fundamental en el ejerció historiográfico, que no es otra cosa que pensar, analizar, reflexionar y hasta debatir lo que es la historia y yendo al grano de lo factual, de los hechos, que es lo medular del ejercicio de los historiadores. Los hechos son permanentes, inamovibles, lo que cambia _ lo hemos dicho en otras ocasiones _ es el surgimiento de nuevas técnicas, de nuevos criterios, de nuevos instrumentos, de nuevos detalles que enriquecen la actividad heurística y hermenéutica que orientan la labor investigativa.
Se destaca en el contenido del discurso un eje analítico que es bueno destacar. Se trata de la distorsión, de los arreglos y desarreglos de nuestra historia. Las citas de Manuel Caballero y de Elías Pino son apropiadas y certeras. Ambas apuntan a señalar lo tóxico del fundamentalismo en la interpretación de lo histórico y del peligroso culto a la personalidad, distorsiones ambas que requieren fundar axiomas, para luego posesionarlos como dogmas, y lo de dogma tiene una acepción religiosa, cuando se trata de sustituir la fe y la creencia de la religión en una religión civil, generalmente oficiada, paradójicamente, por militares.
Se distorsiona el discurso histórico cuando la historia oficial a la que tanto combatimos ayer, hoy se transforma en la visión cautiva de una izquierda trasnochada en el poder. Se distorsiona cuando a un prócer, el mayor de todos, como Juan Germán Roscio se le pone de lado en los oficios delirantes de la gesta independentista, Se desarregla la historia cuando se edifican mitos y leyendas útiles para justificar hechos injustificables, como en el caso de Negro Primero, quien en las páginas de Venezuela Heroica de Eduardo Blanco, romanticismo exacerbado por medio, más parece un episodio de comiquita que un hecho histórico. Se intoxica la historia cuando se ubica a los “héroes” en altares, como si fueran dioses, a los cuales no se les admira, como debe ser, sino que se les adora, como si dioses fueran, y así los convierten en criaturas divinas, adoradas y adorables, infalibles: de esta manera se mitifican lideres y los colocan al lado de quienes previamente han sido deificados, Surgen así los Comandantes Eternos, salvadores del mundo y de la patria, y se comienzan a estructurar cultos , babalaos y santeros, ajenos a nuestra idiosincrasia Se atenta contra nuestra esencia como pueblo cuando se hacen ejercicios de necrofilia con los restos de Bolívar y se plasma una figura zamboide, como un intento de hacer desaparecer su indiscutible , y para nada vergonzante, abolengo mantuano, de hombre rico, por cierto miembro de la familia más rica de la época colonial, no una de las más ricas sino la más ricas. Se atenta contra la historia cuando se inventa otra independencia, para que haya un nuevo Bolívar. Se insulta al país cuando se inventa un ropaje socialista para Bolívar y hasta para Jesucristo.
No es oportuno referirme a la totalidad del discurso, aunque tentado estoy, pero no puedo soslayar la referencia a Bertrand Russel, quien junto a Huizinga termina sosteniendo que la historia es siempre una manera de la cultura rendir cuenta de si misma: y la de Michelet, quizás el más grande historiador de la Revolución Francesa, de que “ sin historia no es posible hacer política “ y agregaríamos que sin política no es posible hacer historia, y enfatizamos que no es un simple y travieso juego de palabras, sino que conceptualmente las fronteras entre lo político y lo histórico , los limites, las líneas divisorias, siguen siendo muy débiles. Rechazamos que se mienta y se le tuerza el pescuezo a la historia cuando, por ejemplo, se quiera presentar a los hechos vandálicos del 27 de febrero de 1989 como una gesta revolucionaria, o a los infaustos y cobardes intentos golpistas del 4de febrero y 27 de Noviembre de 1992 como unas proezas cívico-militares. Lo menos que uno puede pedir, por favor, es respeto a la inteligencia.
Bienvenida señora y amiga Rectora a esta institución, que como la Universidad, vela por la integridad de nuestros más caros valores, los de la libertad y la democracia.

(*) Ex Rector de la UC
Presidente del Ateneo de Valencia
Miembro de Número de la Academia de la Historia.

viernes, 27 de noviembre de 2015

“EL CHINO” VICTOR VALERA MORA, IMPECABLE CABALLERO DE LAS TINIEBLAS

Jeroh Juan Montilla





Las fotos de “El Chino” Víctor Valera Mora son insuficientes para un encuentro con seres como él, son necesarios un juego de naipes o una moneda, mucho azar para desfondar las puertas de la muerte. Le conozco miseria, apenas aquí o allá el jirón de algún poema, o por boca de Adolfo Rodríguez, la historia de un tipo jugador de pelota, un hospitalario que cantaba serenatas y bebía cervezas desde los tiempos de la botella verde.
            En realidad esto es preciso, pero es bien poco para desatar mi lengua, y el problema es que ya “El Chino” se marchó de un infarto, a la loca, como el caballo que fue, dispuesto a preñar yeguas santas, a salir de bala tras los glúteos de una quimera. Entonces yo, hombre de a pie, desde este callejón solo puedo zambullir la nariz en los ochenta kilos de poemas que son su más vivo rastro. Allí me tropiezo con esta invitación:
“Pero recoge las páginas/ donde los enamorados escriben cortando con navajas/ revisa los libros/ busca en las grandes piedras talladas en los manuscritos del mar/ desde Gutenberg hasta las Dos Declaraciones de la Habana/ busca, acumula, reúne, clasifica/ sal a la calle con la balanza y metro, pesa y mide/ blanco y negro, amor y olvido, agua y fuego/ filos geográficos y campanadas celestes. / Al final todo más claro.”
            La poesía de “El Chino” es un chorrerón de alambre, de ese que hinca cuando saltamos la cerca para remojar la boca y las manos en mujer, y robar así la antigua guayaba que los dioses nos prohíben.
            Su poética desaforada es un cerco a las cosas del cemento y la piel, citadina de pies a cabeza, hecha a ritmo de semáforo mientras el café de las tres refresca el bochorno y el amigo más próximo nos sepulta en comentarios hípicos o políticos, sin embargo, allí está el verso de Víctor para salvarnos de la dentellada del tormento cotidiano, y darnos en sus límites la tregua increíble. Porque la paradoja está en que tanta preciosa verborrea de seiscientos kilómetros por hora pueda ofrecernos un nirvana donde la revolución, la mujer desnuda sobre la estera, y las groserías del vecino, tengan la misma moldura para apaciguarnos. Nos declara, que a fuerza de descargues, se sobrelleva la ciudad más el momento que nos compromete, y que con un pie en el estribo y el otro donde mejor nos parezca, estamos listos para irnos. Por eso admite que:
“A seiscientos kilómetros por hora cuestiono todo/ me dejo llevar me gusta cuanto me sucede/ el animal que soy sobre las catedrales husmeando/ mi desmedido desenfado mi boca salvaje/ cerrando y abriendo puertas espantosas.”
            Y detrás del furor contestatario, la sonrisa del que ha descubierto que el nudo de la contradicción no nos abandonará jamás, que este hoy y el mañana serán otra oportunidad para renovar la rebelión contra la fuerza de la luz o la pesadez de las sombras. Por eso sentencia que:
“Hace bastante tiempo un incendiario/ absoluto/ fue llamado EL OSCURO/ desde entonces con algo más que/ fuego se sacian los hombres.”
            Arriba dije que “El Chino” era un caballo, debí haber dicho un centauro, uno de esos que come carne de mujer enamorada, porque estas  míticas bestias arrebatadoras de doncellas a punto de casarse, se meten en la poesía a masticar la suave carne de la amada; la que abre y cierra un libro de poemas, la mujer que suda en la grupa, la luna que duerme en nuestra cama y le decimos “querida” junto a tantas cosas irrenunciables.
“Esta mujer bocarriba desnuda en la estera llamada adiós llamada vuelta de la esquina.”
            Y así como ancla la mujer en la vida del poeta, otra figura, plenamente fémina, se cuela trazando frases maduras: la muerte. Llega con su pompa de conquista, seduce, arrastra con su aire de dama gentil, viene por él, le ahorra el esfuerzo metafísico de buscarla, y el poeta cede, se marcha con los ojos nostálgicos y el pecho alegre.
“Si sale el sol mañana partiremos/ partiremos con la implacable luna/ la hermosa luna en el puño de la gasa/ la gasa que siempre está a la orden.”
            En otro orden, en los textos de “El Chino”, también la mujer pasa, de excusas y ganas de ella, a copar palabra tras palabra las cuadras del poema; la revolución sucumbe bajo el eje verdadero de la bohemia, la “mujer en estrictos paños menores”. La rockola nivela el despecho cuando el estribillo mexicano hace un sabroso boquete en la iracundia. Valera Mora es conocido como miembro radical del grupo “La Pandilla de Lautreamont”, que Caupolicán Ovalles bautizó como “el brazo armado de la República del Este”. Horda de cañeros dispuestos a la protesta en el tino de mantener la ebriedad (libertad) en un mundo de sobrios amordazados. No es gratuito que Elena Vera ubique a “El Chino” en el ámbito de la poesía “apocalíptica”, “La Pandilla de Lautreamont” es un fiel vástago de ese otro grupo de los años 60 conocido con el nombre de “El Techo de La Ballena”. Aquí, en “El Techo de La Ballena”, según Elena Vera, “la poesía es un instrumento de implacable crítica social. Usan el lenguaje de manera directa, revestido de implicaciones políticas o, por el contrario, los subvierten mediante la utilización de una sintaxis arbitraria y desordenada.”
            También Juan Liscano, acota el papel predominante del lenguaje en su sentido más radical en el mejor momento de “El Techo de La Ballena”, a Valera Mora lo califica de extrovertido, pop, desmesurado, político, erótico, discursivo, asegurando que, junto al poeta Caupolicán Ovalles, representan “con rasgos bien precisos, la posición más extrema en el campo de una poesía de compromiso político y social”. Valera Mora se destaca por su simpatía hacia un modo de concebir el mundo, concepción que, en la década de los 60, conoce en los montes del país su efervescencia, frustración y derrota, difícil es de precisar el grado de compromiso y de identidad real de este poeta con el movimiento marxista venezolano. La militancia en el caso de los creadores, casi siempre es visceral, llena de matices, con una distancia que va de lo amable a la malcriadez o el divorcio. En Víctor, a ratos, se palpa ese distanciamiento amoroso sin prescindir de la sospecha, la cosa es hacer uso del arma más a mano y más evidente para darle duro a la injusticia, la constante ganadora en los dominios de este mundo. En “Canción del soldado justo” escribe:
“No voy a pediros/ ¡CAMBIAD DE POLÍTICA!/ No estoy para hacer bromas, / porque en este país/ los niños son muy hombrecitos/ y el mes de la masacre, Octubre, / lo llevo atravesado en la frente/ de sien a sien/ como un clavo al rojo vivo.”
            En “Con un pie en el estribo” afirma:
“Porque una noche senté a la/ Tribuna Popular en mis rodillas/ y la sentí amarga y la mandé al carajo.”
También en “Cantares Romanos” escribe:
“…el internacionalismo proletario es un burro de papel/ y con reumatismo para más vaina.”
Gabriel Jiménez Emán, califica de especialmente sacrílego el trato de “El Chino” hacia los valores morales e ideológicos. En sus libros comprobamos una emocionada disposición a denunciar la injusticia social, a cantar y celebrar la posible revolución, pero sin cegar su pluma, sin comprometerla en la ambigüedad del grupo político que le obligue a oscuras solidaridades o tramposos silencios.
Visualizando rápidamente la parte formal, nos encontramos con el peso verbal de algunos libros como “Con un pie en el estribo”, o “Amanecí de bala”, donde el lenguaje oscila entre lo orgásmico y el agotamiento feliz, aquí la sintaxis asume un rítmico desorden donde el corte brusco de lo temático se logra con la inclusión del panfleto y del collage. Por ejemplo, una imagen de la mujer amada es desatendida repentinamente para retomarla luego tres versos más abajo mientras se habla del imperialismo o de los burócratas. En Víctor se observa de modo muy claro, elementos de la poesía beat norteamericana, que tienen en Allen Ginsberg su más idóneo representante, lo cual es mostrado en la recurrencia desesperante de lo discursivo, con el fin de refrendar un lenguaje marginal donde el mensaje consiste en el relajo de posturas y roles convencionales. Personalmente encuentro correspondencia de forma y contenido entre El Chino y Ginsberg, en versos de este último como los siguientes:
“Estoy contigo en Rockland/ donde abrazamos y besamos a los Estados Unidos bajo las/ sábanas los Estados Unidos que tose toda la noche y no/ nos deja dormir.”
            Y es que Víctor, no sé, si directa o indirectamente, bebe como muchos otros de esa corriente de la poesía norteamericana contemporánea, que hace del poema una barricada contra la hipócrita escala de valores de nuestras “democráticas” sociedades de mercado.
            Ya para concluir, reitero mi complacencia por este encuentro nuestro, la cita del lector y el escritor. El Chino fue y es un poeta atado de pies y manos a la rueda de su tiempo, ejerció la vida sin medias tintas, franco, dispuesto, como buen whitmaniano, a contradecirse si al corazón le era preciso. Este es el hombre que hoy conozco en esta necesariamente accidentada lectura de sus textos, la misma no pretende concluirse. Cierro estas palabras recordando su más rotundo anatema poético:
“de posteridad seré llamado/ el impecable caballero de las tinieblas.”