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lunes, 18 de febrero de 2008

LIBROS GUARIQUEÑOS: EL SABIO TORREALBA



Edgardo Malaspina*




El Estado Guárico ha sido una de las entidades federales de Venezuela más rezagadas en materia editorial, no obstante la existencia de muchos escritores y poetas. Estando al frente de la Fundación para el Fomento de la Cultura del Estado Guárico (FUNDACULGUA), desde 1996 hasta 1998, inicié un programa para rescatar ese importante rubro de la cultura y logré publicar diez obras.
Empecé esa tarea sacando a la luz pública la biografía de Dr. José Francisco Torrealba (1996), bajo el título de EL SABIO TORREALBA. Torrealba fue un destacado médico que ejerció su profesión en el llano venezolano e hizo investigaciones sobre el mal de Chagas con la perseverancia y la humildad de los sabios. La presentación es del Dr. Rafael Emilio Silveira, el prologo es del Dr. Edgardo Malaspina y la selección de los textos pertenece al Dr. Adolfo Rodríguez. El libro contiene varios artículos sobre la vida del médico. En el artículo de la Reto del CONICIT intitulado ¿Quién fue Torrealba? Se habla de su nacimiento en el hato San Roque, en las cercanías de Santa María de Ipire, Estado Guárico el 16 de junio de 1896.Hay una descripción del ambiente natural que rodeó a Torrealba en su infancia, el cual predispuso su espíritu para desarrollar la imaginación y el sentido de la curiosidad creativa. Se habla también de su actividad como médico rural, profesional e investigador de muchas enfermedades en el llano venezolano.
Rafael Torrealba ,hijo del científico, en “Para una mejor comprensión del Dr. Torrealba” nos enumera una serie de aspectos y circunstancias que rodearon la vida de su padre, los cuales vienen a ser signos importantes para el estudio de su obra : el medio adverso, la inexistencia o escasez de materiales para la investigación en su laboratorio, su voluntad férrea para estudiar por cuenta propia y superarse, su posición ante los problemas de la sociedad, el afán por impartir conocimientos sin mezquindad, el estilo narrativo ameno y preciso, su óptima preparación médica y su capacidad extraordinaria para el trabajo. Otros hijos de Torrealba, Ana Teresa, Ana Benigna y José Ramón escriben sobre los aportes médicos-sanitarios del padre, su destacada labor como director del Asilo de Enajenados Mentales que lo convierte en pionero de la psiquiatría en Venezuela, sus estudios de las enfermedades tropicales, la elaboración de nuevas vacunas y su incansable trabajo como investigador y divulgador de los conocimientos científicos.
José Antonio Ron Troconis en “Un hombre que alcanzó el equilibrio de la sabiduría”, lírica y nostálgicamente lo recuerda como su maestro: “Tu eres el auténtico maestro, el perfecto catedrático… no necesitabas aula, tu escuela era la propia calle, el hogar, el ambiente”.
Elisa Pineda de Belisario, en una prosa bellamente lograda, nos muestra al hombre humilde, perseverante, en constante lucha para vencer las dificultades y llevar a cabo sus proyectos científicos.
Se inserta una cronología donde se detallan los pasos y logros del científico año tras año, las distinciones que le fueron concedidas, las instituciones, premios y promociones con su nombre y los institutos y academias a los cuales perteneció.
Muy importante resulta el capítulo sobre su biblioteca personal, por cuanto nos enseña que Torrealba fue un médico filósofo no sólo por su modo de pensar ante el paciente y su tragedia, su estilo peculiar como científico y humanista, su sensibilidad social y su actitud general ante la vida; sino también por sus conocimientos enciclopédicos. Leía a Rousseau, Pascal, Montesquieu, Tomás Moró, Nietzsche, Ingenieros, Unamuno, etc., pensando tal vez como Letamendi, quien dijo que el médico que sólo sabe de medicina ni de medicina sabe. No es casualidad que una vez le vieran una sonrisa volteriana, Augusto Morillo Chacón le observara una actitud como si fuera un discípulo de Niezsche, Rafael Loreto Loreto lo comparara con Gandhi y Alexis Ramos lo llamara el Tolstoy de los llanos. Torrealba una vez dijo: “La política en la universidad perjudica mucho. ¿No decía Aristóteles que el hombre era un animal político? En el prólogo para el libro “Vida y sufrimiento” de Rafael Hernández Rodríguez, Torrealba escribió. “He evocado mucho mis lecturas de Cayo Lucrecio Caro, hace más de 35 años… toda la obra arranca de la filosofía de Epicuro y de sus discípulos”. El discurso pronunciado con motivo de la inauguración del centro de salud con su nombre, lo remató de esta manera: “¿Vendré yo de la república de Platón o de la utopía de Tomás Moro? Como se nota, siempre tenía en cuenta la riqueza filosófica del pasado.
Carlos Rafael Herrera refiriéndose al talento de este ilustre llanero del Guárico señaló: “Rara característica humana que le valió no sólo los calificativos de sabio, vidente, santo y genio; sino también los de iluminado, lunático, demiurgo o curandero, según las apreciaciones personales de quienes lo visitasen, fuesen amigos, admiradores o detractores”.
Por lo visto, nunca nadie antes con su quehacer cotidiano, su obra y su legado se ha acercado tanto como Torrealba a la sentencia hipocrática de que “el médico-filósofo es igual a Dios. Son pocas las diferencias entre la sabiduría y la medicina”.El libro ha resultado la única biografía genuinamente guariqueña sobre el sabio santamarieño, muy útil para las generaciones de galenos que se gestan en las aulas de nuestras escuelas médicas.

*Médico, cronista, poeta y escritor venezolano.