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jueves, 9 de octubre de 2008

LAS MANOS INVISIBLES DEL MERCADO: ¿USAN GUANTES DE TITIRITEROS?


Rafael Gustavo González P.*



Lo peor que le ha podido pasar a las manos es que junto al uso de empuñar armas asesinas, oprimir botones de bombarderos, se les atribuya la mágica perversidad de controlar y direccionar el mercado, dios del neoliberalismo.

Les confieso que he tratado de imaginarme como serían esas manos de enormes, habilidosas, ora sutiles, ora indolentes. Inmensas como para meterse en el último rincón del planeta en el cual haya algo que negociar. Invisibles, ¡qué imaginación!

Gargantúa orinándose a torrentes sobre París se quedó pendejo.

Les invito a hacer un ejercicio de memoria y creatividad, con ayudadita y todo.

Vamos a ver. ¿Recuerdan aquella cuña del banco de Venezuela, en la cuál, y casi a oscuras, sin abrir las carpetas de los clientes o interesados en créditos, se discriminaban en aprobados y desaprobados? Sólo se veían sombras de manos; los rostros a media luz ¡Ajá! ¿Y se recuerdan cuando comenzó aquella guerra accionaria para controlar ese mismo banco? ¿Las ofertas abiertas, publicadas a gran despliegue, pagando las acciones muy por encima de su valor? Guerra a dentelladas, pero eso sí, con los reales de los ahorristas. Recuerdo que hasta se produjo un suicidio.

Lo más curioso, los venezolanos y venezolanas vivimos aquello como un espectáculo.

¿Y el estado? Bien gracias. Como el muerto en su propio velorio.

Apenas resulto electo en diciembre de 1988, C.A. Pérez encomendó las finanzas del país al Dr. Pedro R. Tinoco, hijo; quien en un “raspinflai” convenció a las fuerzas vivas, que más bien eran las fuerzas de los vivos, de la necesidad de poner todas nuestras barras de oro, depositadas en los sótanos del Banco Central, como garantías de pago de la deuda externa. Deuda por la que Jaime Lusinchi firmó en inglés “el mejor refinanciamiento del mundo” para luego decir que fue engañando. Por ello la primera gran escena que nos ofreció CAP después de su coronación, en febrero 1989, fue el desfile de camiones blindados llevándose nuestro oro. Que por cierto reposa en bóvedas europeas. Después vino la otra dosis del paquetazo de los IESA boys, con Miguel Rodríguez de madrinero y el consecuente caracazo.

Ahora pregunto: ¿Alguien vio la mano invisible que movió todos esos hilos? ¿Verdad que no?

En el 1992 se hizo extremadamente grave la situación que padecieron miles de familias venezolanas como consecuencia de verse sometidos a un acoso implacable de la banca hipotecaria. Es decir, la mano invisible del mercado. Habían firmado créditos hipotecarios con facilidades al comienzo, primeros meses o pocos años, y después intereses flotantes. Y ¡BOOM!

Explotaron. Y también más de un corazón y un cerebro. ¿Cuántas familias perdieron sus casas o apartamentos? ¿Y quién motivó todo eso?: La mano invisible del mercado.

En el primer trimestre de ese año, en lo que espabila un cura loco, el Congreso Nacional aprobó una ley chucuta de Política Habitacional, sometido a una fuerte presión, desde las tribunas, por deudores hipotecarios muy angustiados y muy molestos.

Durante el segundo mandato del Dr. Caldera la mano invisible raspó los ahorros de quienes confiaron en los bancos. Insaciables como son se llevaron los auxilios financieros, y por supuesto la mano invisible e intocable que financió a la generalidad de los políticos del status, se salió con las suyas.

Si los ejemplos están claros pasemos a otra cara de la misma marramuncia.

Como “la culpa no la tiene el ciego sino quien le da el garrote” es decir el estabisment, representado por las formas de poder y los políticos que las encarnan. El estado aborrecido y maloliente sirve para que a decir de Julio Flores: “las huellas del delito no se ven cuando las cubre un diamante bien tallado”. Mientras el estado reprima, mientras los ejércitos aplasten pueblos, mientras las economías poderosas se traguen a las débiles, mientras las transnacionales se muevan a su antojo y reciban los mayores beneficios al amparo de la corrupción y la vulneración de las soberanías nacionales y por supuesto impunemente; las manos invisibles no tendrán a que temer.

La invasión a Irak, está próxima a completar el millón de civiles muertos. Mayoría de ellos mujeres, ancianos y niños; más de 5.000 soldados estadounidenses muertes, cifras records de suicidios en las fuerzas invasoras, decenas de miles de lisiados y psicópatas, para citar algunos efectos. Ahora bien, ¿Quiénes han sido los principales beneficiados de esta invasión? Las empresas que suministran pertrechos de toda naturaleza, alimentos, calzados, higiénicos, drogas para la tropa y pare de contar. Además de saquear museos y apropiarse del petróleo.

Vínculo estrecho del gobierno de EUA con esas transnacionales, asociación mercantil con el propio presidente y su familia, guerra mediática para asustar a la población norteaméricana ante la inminencia de ataques terroristas; es el explosivo que las manos invisibles del mercado mantienen en cuenta regresiva.

Nuestro petróleo, gas, el agua de la amazonía y la gran reserva de otras riquezas naturales y la biodiversidad impresionante; unido al despertar de nuestros pueblos que han empezado a transitar caminos distintos y a desalambrar conciencias, son cada día más codiciados y motivos de desvelos de las manos invisibles el mercado.

La humanidad, poco a poco va tomando conciencia de sí misma, es una revolución de hormigas pacientes; los pueblos saborean otras maneras de existir y comprometerse con su propia realización. El estudio conciente de nuestra realidad, nuestra identidad y el compromiso que debemos asumir desde las cosas mas sencillas, la convivencia pacífica, la solidaridad, la racionalización del consumo, el sentido de pertenencia como pueblos y como cultura; deben ocupar nuestras reflexiones y acciones.

Hay que estar pendientes de las reacciones del pueblo norteamericano, que en primera instancia recibe el impacto de su crisis financiera en desocupados, familias sin viviendas, reducción de mercados y asistenta social, entre otras calamidades.

……y prepararnos por si nos alcanza la ola.

P.S. Mis disculpas titiriteros y titiriteras, pedagogos y pedagogas de las sonrisas y alegrías de los niños y las niñas por valerme del símil de sus guantes para algo tan escabroso y duro. Desde mi alma de niño les escribiré un artículo bien bonito que se parezca a los sentimientos de ustedes. (Maracay,06-10-2008)


*Docente universitario venezolano (Maracay, estado Aragua)